viernes, 8 de junio de 2018

Red Schoendienst, estrella de los Cardenales de San Luis e inquilino viviente más viejo del Salón de la Fama, fallece a los 95 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 06 de junio de 2018. Red Schoendienst el segunda base inquilino del Salón de la Fama de los Cardenales de San Luis, manager y coach quien tuvo una carrera de más de 70 años en las grandes ligas, falleció este miércoles en la noche en su hogar de Town $& County, Mo., en las afueras de San Luis. Su muerte fue confirmada por su hija Eileen Schless. El epítome del hombre de beisbol, Schoendienst se convirtió en figura reverenciada en San Luis. La primera vez que se puso el uniforme de los Cardenales fue en un campo de entrenamiento en 1942, era un adolescente pelirrojo, de rostro pecoso, del medio oeste quien después fue conocido en los medios escritos como un Huckleberry Finn de su época. Mientras que cuando tenía más de 90 años, fue nombrado asistente especial del gerente general. Al jugar segunda base, su posición de casi toda su carrera de pelotero activo, Schoendienst hizo pareja con el campocorto Marty Marion en una combinación de dobleplays maravillosa, principalmente en el equipo de los Cardenales de 1946 que venció a los Medias Rojas de Boston en una Serie Mundial de siete juegos. Bobby Doerr, el segunda base de Boston en esa serie, había sido el inquilino viviente más viejo del Salón de la Fama, antes que Schoendienst, cuando falleció a los 99 años de edad en noviembre de 2017. “No era deslumbrante, no era un tipo como Ozzie Smith que se lanzaba en todas direcciones”, dijo Marion a The St. Louis Dispatch en 1989. “Red siempre estaba en el lugar apropiado en el momento justo. No hacía muchos errores”. La placa de Schoendienst en el Salón de la Fama cita a Stan Musial, su compañero por mucho tiempo diciendo que tenía “el par de mano más grandiosas que hubiese visto”. Con la muerte de Schoendiesnt, el inquilino viviente más viejo del Salón de la Fama es ahora Tommy Lasorda, el antiguo manager de los Dodgers de Los Angeles. Tiene 90 años de edad. En abril de 1999, los Cardenales homenajearon a Schoendienst con una imagen de bronce en las afueras del viejo Busch Stadium que lo mostraba en medio del aire, pivoteando en un dobleplay. Cuando los Cardenales efectuaron su juego final en ese estadio en septiembre de 2005, Schoendienst recibió la pelota en la ceremonia del primer pitcheo. Su imagen ahora está en el nuevo Busch Stadium junto a la de otras estrellas de los Cardenales de todos lo tiempos. “Para Red Schoendienst, el beisbol era pura diversión”, escribió una vez Red Smith en The New York Times. “Disfrutaba cada minuto del juego, hasta aquellos recorridos relámpago que los equipos solían hacer en viajes de dos semanas desde el entrenamiento primaveral hasta casa”. Al jugar en la Liga Nacional desde 1945 hasta 1963, 15 de esas temporadas con los Cardenales, Schoendienst estuvo 10 veces en el equipo de estrellas. Bateador ambidiestro que preparaba la escena para Musial en la alineación, Schoendienst bateó .300 siete veces y acumuló 2449 imparables en su carrera. Su turno al bate más memorable ocurrió en el juego de estrellas de 1950 en el Comiskey Park de Chicago, cuando conectó el jonrón para ganar el juego en el décimo cuarto inning. Su mejor temporada ofensiva llegó en 1953, cuando bateó .342, fue segundo de Carl Furillo de los Dodgers de Brooklyn, quien bateó .344, en la carrera por el título de bateo. Luego de ser coach de los Cardenales, Schoendienst sucedió a Johnny Keane como manager solo días después que Keane llevara a San Luis a ganar la Serie Mundial en siete juegos sobre los Yanquis en 1964, entonces renunció para reemplazar a Yogi Berra como manager de los Yanquis. Schoendienst dirigió a los Cardenales desde 1965 hasta 1976, la estadía más larga en la historia del equipo, luego tuvo períodos como manager interino en 1980 y 1990. Llevó a los Cardenales a ganar la Serie Mundial ante los Medias Rojas de Boston en 1967 y otro banderín en 1968, cuando perdieron ante los Tigres de Detroit en la Serie Mundial. Fue elegido al Salón de la Fama en 1989 por el Comité de Veteranos. Albert Fred Schoendienst nació el 2 de febrero de 1923, en Germantown, Ill., a unas 40 millas al este de San Luis. Su padre, Joe, era minero de carbón y cátcher de un equipo de beisbol de caimaneras. Su madre, Mary, era ama de casa. Firmó un contrato de 75$ al mes con el sistema de ligas menores de los Cardenales en 1942 y debutó en las grandes ligas en abril de 1945 luego de ser descartado del servicio militar debido a problemas con un ojo y hombro. Ese año, jugando en el jardín izquierdo, lideró la Liga Nacional en bases robadas con 26. Schoendienst siguió siendo figura clave de los Cardenales hasta junio de 1956, cuando fue cambiado hacia los Gigantes de Nueva York en una transacción múltiple que también envió a Nueva York al joven jardinero Jackie Brandt para obtener al campocorto Alvin Dark y al primera base Whitey Lockman. “Red fue el más duro para rendirse”, fue citado Frank Lane, gerente general de los Cardenales por The Associated Press. “Era el tipo de pelotero que podía salir y hacer cinco errores seguidos y los fanáticos no se disgustaban con él”. Un año y un día después, los Gigantes negociaron a Schoendienst hacia los Cerveceros de Milwaukee. Lideró la Liga Nacional en imparables en 1957 con 200, para ayudar a propulsar a los Bravos a ganar la Serie Mundial sobre los Yanquis. “Muchas personas reconocieron que ese cambio había sido la diferencia que los hizo ganar”, le dijo Joe Torre a The Kansas City Star en 1993, cuando Torre dirigía a los Cardenales y Schoendienst fue su coach de banca. “Era un líder, la chispa que encendía el equipo”. Schoendienst se sintió muy mal gran parte de la temporada de 1958, aunque bateó .300 en la Serie Mundial, que esa vez ganaron los Yanquis ante los Bravos. En noviembre de 1958, se determinó que tenía tuberculosis, y el siguiente febrero le fue extirpada una porción de su pulmón derecho. Estuvo incapacitado hasta septiembre de 1959. Schoendienst tenía una voluntad de acero. Se había sobrepuesto a una severa lesión en un ojo que tuvo mientras trabajaba en los New Deal’s Civilian Conservation Corps en su adolescencia, y luego se repuso de una molestia crónica en el hombro. Estaba determinado a seguir jugando al recuperarse de la tuberculosis. Fue jugador de banca de los Bravos en 1960, entonces regresó a los Cardenales, jugaba ocasionalmente pero probó ser efectivo como bateador emergente y también fue coach. Se retiró como pelotero activo durante la temporada de 1963 con un promedio de bateo vitalicio de .289. En sus 14 años como manager de los Cardenales, incluyendo sus dos períodos como manager interino, tuvo un enfoque de bajo perfil, asumía las críticas públicas de sus peloteros. Tuvo marca de 1041 victorias y 955 derrotas. Después de ser cesanteado luego de la temporada de 1976, fue coach por dos años con los Atléticos de Oakland, entonces regresó a los Cardenales como coach una vez más. Además de su hija Ms. Schless, le sobreviven sus hijas Colleen Schoendienst y Cathleen Reifsteck; su hijo Kevin; un hermano, Joseph; ocho nietos y siete bisnietos. Su esposa, Mary O’Reilly, falleció en 1999. Cuando Schoendienst fue inducido al Salón de la Fama, habló de su largo amorío con el beisbol. “Todo lo que siempre quise fue estar en la tarjeta de la alineación todos los días y convertirme en campeón”, dijo. “El beisbol ha sido mi único trabajo. Todavía me emociono al ponerme ese uniforme y al oir esas maravillosas palabras, ‘Play ball’”. Jacey Fortin colaboró reportando. Traductor: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 1 de junio de 2018

Doc (Halladay)

A.J.Burnett- Pitcher retirado de grandesligas. The Players’ Tribune..29 de mayo de 2018. Aquella noche de 2010 cuando oi que Roy Halladay había lanzado un juego perfecto, casi inmediatamente me vinieron dos pensamientos a la mente. El primero fue que Doc finalmente consiguiera su juego perfecto, eso tal vez era la cosa menos sorprendente en la historia del beisbol. Básicamente sonreí algunas veces cuando me enteré. Me refiero a que siempre asumí que él lograría uno en algun momento…porque si alguien fue construido para lanzar un juego perfecto, ese era él. El otro pensamiento, fue que me recordé que necesitaba llamarlo para que nos reuniéramos y planificáramos ir a pescar pronto, porque había pasado cierto tiempo desde la última vez que lanzamos los anzuelos al agua. Quería ponerme al día con él y pescar algo…pero también tenía una especie de pequeño saldo que resolver. Para ese momento yo estaba con los Yanquis, y Roy había pasado a los Filis. Pero cuando fuimos compañeros de equipo en Toronto, Doc y yo siempre íbamos a pescar durante el entrenamiento primaveral. Y constantemente discutíamos acerca de quien iba a capturar más peces. (Él era mucho mejor pescador que yo, pero de ninguna manera le iba a decir eso). Siempre bromeaba con Doc cuando los peces no mordían su anzuelo, o le lanzaba algunos gusanos de goma cuando estábamos en el agua…para tratar de molestarlo y desconcentrarlo para vencerlo en la pesca. Bien, Doc tenía un lago pequeño detrás de su casa en las afueras de Tampa, y una vez decidió hacer un torneo de pesca allí. Llevé mi bote al agua, y él estaba allí en su bote. Recuerdo que me sentía muy bien. ¿Vencer a Doc…en un torneo de pesca…que él estaba organizando…en el lago de su casa? Si, quería esos derechos. Así que todo empezó a fluir y yo estaba pescando en un lugar del lago, completamente aislado y enfocado, y no me di cuenta que Doc había llevado su bote justo detrás del mío. Lo hizo de manera silenciosa, como si hubiese flotado, porque no oi nada hasta que estuvo a un metro de distancia. Cuando finalmente miré hacia atrás y lo vi, noté que su motor estaba un poco fuera del agua. Entonces miro a Roy, y él tiene esa astuta sonrisa. Medio segundo después oigo este ruido loco, RRRRRRRRRRRR. Para ese momento, era muy tarde para mí. Todo lo que pude hacer fue cerrar mis ojos. Doc aceleró totalmente su motor y dosificó todo mi bote con agua de lago. Fue una locura. Había unos 7 metros de agua lloviendo sobre mí. Estaba completamente empapado. De pies a cabeza. El tipo me la hizo buena. Pero, en realidad debí estar alerta ese día porque cualquiera sabía que si tratabas de bromear con Doc, eventualmente él te haría una grande. Y lo haría cuando menos lo esperaras, con esa sonrisa irónica, sin decir una palabra. Él podía sorprenderte así fuera del campo algunas veces. Y dejarte meneando la cabeza, sin creer lo que había ocurrido. Pero ¿que Doc hiciera algo parecido en el diamante de beisbol? Nada de eso. Allí era diferente. Era más que predecible allí. Nada que ese tipo lograra en el terreno me sorprendió en lo más mínimo. Ni siquiera un juego perfecto El tipo era una máquina. Conocí a Doc cuando llegué a los Azulejos después de la temporada de 2005. Esa primera primavera él estaba concentrado en su trabajo y poniéndose a punto para la temporada, así que no pude conocerlo mucho de inmediato. Pero cuando fuimos a Toronto empezamos a hacer sesiones contrastantes de baños calientes y fríos, Roy en uno, yo en el otro, luego cambiábamos. Nunca había tomado el baño frío antes de llegar a los Azulejos, así que aquella primera vez Doc estuvo la mitad del tiempo riéndose de mí porque me estaba congelando, y temblaba, y gritaba, y él estaba en el otro baño diciendo, esto no es nada. Como si fuese un anfibio o algo parecido. Pero de pronto se volteó hacia mí y me dijo, “Bien…¿cual es tu enfoque?” Me quedé petrificado. No sabía que hacer. Nadie antes me había preguntado por mi enfoque para pitchear. ¿Y ahora tengo a Roy Friggin’ Halladay esperando una respuesta acerca de eso? Traté de tomarlo con calma, como si estuviera contemplando la pregunta, pero mi mente estaba a millón. Como, Hombre, ¿hay una respuesta obvia que pueda fallar? O ¿hay una clara respuesta equivocada? ¿Qué debería decir? “Umm… Solo trato de lanzarle rectas a los bateadores. Y si me pongo adelante en la cuenta, lanzo mi curva lo mejor que pueda”. Roy empezó a reirse. Por un buen rato. Ladeo la cabeza como diciendo, ¿Porqué te ríes? Mientras más trataba de explicarme…más se reía Doc. Esa primera conversación que tuvimos mientras yo tomaba el baño de agua helada, fue de verdad el comienzo de todo para mí en términos de mi transición desde tirador de pedradas hacia ser un pitcher. Todo cambió para mí después de eso. De pronto, Doc me convenció de que lanzara más adentro, y hablábamos constantemente de cosas como ajustar mi curva, o usar lanzamientos lentos temprano en la cuenta, o como trabajar ambos lados del plato para desconcertar a los bateadores. Lo más importante que ocurrió en aquellos primeros días en Toronto fue que vi a un maestro en su trabajo cada día. Me di cuenta rápidamente de la diferencia entre hacer solo lo necesario, y pitchear al más alto nivel posible. Porque Doc, honestamente, estaba en un nivel completamente diferente. Por momentos llegué a pensar que él tenía que estar loco, porque lo que decía parecía totalmente imposible. Cuando lo conocí me dijo que una de sus metas cada año era conceder menos boletos en una temporada que el total de juegos que abriera. Eso es insano. Menos de un boleto por apertura. Me decía, Este tipo está loco. Eso es imposible. Pero si usted va y mira sus estadísticas…en verdad lo hizo algunos años. No solo lo decía. Iba y cumplía lo que decía. Y la razón principal por la cual Doc era capaz de alcanzar ese nivel, era porque se preparaba como nadie que hubiese visto. Tenía varias rutinas y planes para todo lo que hacía, sesiones de bull pen, ejercicios, calentamiento antes de los juegos, todo. Nunca las cambiaba. Nunca. Si Doc tenía una de esas raras ocasiones donde lo bateaban, no entraba en pánico y cambiaba. Se mantenía con su formula, sin importar lo que ocurriera. Doc también llevaba notas de todo, reuniones de catcher y pitcher, los diferentes bateadores, equipos, acondicionamiento, todo eso. Y eventualmente estoy seguro de que no necesitaba esas notas, porque llegó a un punto donde todo lo tenía en la mente. Era tan bueno que los bateadores siempre querían sentarse a su lado en el dugout para enterarse de las características del pitcher rival al escuchar lo que Doc decía a través del juego. Entonces, cuando era su turno de abrir…era cuando veias al verdadero Doc. Tenías alrededor de 10 minutos para apurarte y saludarlo en esos días, tal vez cinco, porque después de eso…se aislaba por completo. No era que andara molesto o algo por el estilo. Era solo que veías a un hombre con un plan, alguien quien estaba 100% enfocado en salir y ganar un juego de pelota para su equipo. Y sabes que no puedes bromear con un hombre cuando está enfocado de esa manera. Todos en aquel clubhouse de Toronto respetaban eso. En aquel entonces, yo veía y aprendía, y hacía preguntas, y seguía el liderazgo de Doc. Y no lo puedo decir con seguridad, pero creo que él disfrutaba viéndome hacer eso. Recuerdo que una vez se me acercó en el clubhouse y me entregó un libro. Miré la portada, y honestamente pensé que era una especie de broma que trataba de jugarme. Se leía en letras grandes… EL ABC mental del pitcheo. (The Mental ABC’s of Pitching) Imaginé que me estaba probando. Hice una mueca como diciendo, ¿De verdad quieres que lea esto? Pero Doc estaba totalmente serio, como diciendo, Si, lo leo todo el tiempo. Así que miré más de cerca y noté que fue escrito por Harvey Dorfman, quien fue básicamente el psicólogo deportivo más famoso de la historia. Hmm. Entonces lo abro, y estaba resaltado. Como todo el libro…totalmente resaltado en diferentes lugares. Ahora no puedo asegurar si Doc resaltó esas cosas específicamente para mí. No lo sé. Nunca le pregunté. Pero siempre pensé que esa era una de las cosas más agradables que había visto, así que me quedé con eso. Como pensar, Doc me enganchó y resaltó esto para mí. En poco tiempo me sorprendí al pasar más tiempo preparándome, y haciendo lo mismo cada día, sin importar lo que ocurrió en el juego previo que había lanzado. Estoy orgulloso al decir que una de las cosas que tomé de Doc fue aislarme cada quinto día y enseriarme como un hombre con un plan tan pronto como llegaba al estadio. Tomé ese enfoqué de Doc, y me mantuve haciendo las cosas de esa manera sin importar para que equipo jugase después de eso. Y ¿saben una cosa? Cada vez que tenía alguna dificultad…sacaba el libro de Dorfman en un segundo y repasaba algo al respecto. Desafortunadamente, el libro no enseña como dominar a los bateadores de la forma como lo hacía Doc. Pero me siento muy afortunado de haberlo visto en acción, en primer plano, durante mi época con los Azulejos. Una de las cosas que aprecio más del tiempo que pasé con él es el hecho de que pude ver al tipo trabajar cada quinto día. Y, en muchas noches, lo que vi fue pura magia beisbolera, juego completo tras juego completo en 2008 cuando Doc ganó 20 juegos, o la vez cuando fue golpeado en la cabeza por una línea de Nyjer Morgan y se levantó de inmediato como si no fuese humano, o aquel juego completo de 10 innings que ganó en 2007. Algunas noches, se podía predecir totalmente que él iba a hacer algo especial. Y ese fue el caso aún después que ya no éramos compañeros de equipo. Cuando lanzó el juego sin hits ni carreras para los Filis en el playoff ante los Rojos, yo estaba con los Yanquis en Minnesota, Estaba sentado en el clubhouse esa tarde, y recuerdo haber dicho, “Miren a Doc salir y lanzar sin hits ni carrera esta noche”. Lo digo en serio. Eso fue lo que dije. Se lo pueden preguntar a cualquiera que estuvo en ese clubhouse. Estaban allí y lo escucharon. Fue la primera apertura de Doc en postemporada. Yo sabía que estaría aislado. “Les digo que lo miren. Honestamente no me sorprendería si lanza sin hits esta noche”. Y el tipo salió y lo hizo. ________________________________________ Al mirar en retrospectiva, definitivamente pienso que una de las razones por las que Doc y yo congeniábamos era porque éramos muy diferentes. Si se sabe algo de mí, se sabe que me gusta haraganear y bromear con las personas y ser necio a veces. Esa nunca fue la manera de ser de Doc…pero hay muchas horas que compartir durante el día para dos pitchers abridores quienes no están programados para lanzar. Así que después de un tiempo, le di un poco de lidia. Y nunca paré en darle momentos difíciles al tipo. Él trataba de mantener su casillero de cierta manera…todo agradable, limpio y ordenado. Entonces venía yo y lo desordenaba todo. O en el dugout, siempre se sentaba con las piernas cruzadas, con el codo sobre la rodilla y la mano en la barbilla, y hablaba con nuestro coach de pitcheo de entonces, Brad Arnsberg. Bien, esa era mi oportunidad. Cada vez que veía a Doc en esa pose, me acercaba y le golpeaba el codo hasta despegárselo de la rodilla. Eso me divertía. Verlo mostrar esa semi sonrisa como diciendo: “¡Madura, A.J.!” Solo experimentar ese momento, y saber que hice reir a Doc un poco…eso llenaba mi día. Jugué con muchos buenos peloteros a través de los años, y tuve numerosos buenos compañeros de equipo, pero si había un tipo con el que deseé haber jugado toda mi carrera ese era Doc. Sinceramente. Fue el único tipo en mi carrera de 17 años por quien me sentí terrible al despedirme cuando me fui a otro equipo. Luego de un tiempo me recuperé, pero cuando eso ocurrió…lo miré como diciendo: Hombre, me siento muy mal por esto. Recuerdo que después de mi apertura final con los Azulejos, había blanqueado a los Yanquis, y en ese momento no había certeza de lo que iba a ocurrir…era posible que regresara con Toronto, pero también que me fuera. Así que al terminar el juego miro a Doc, como diciéndole, “Gracias por todo. En realidad le dije, gracias”. El me respondió, “No, no, no. Soy yo quien te agradece”, Me quedé perplejo… “¿De qué estás hablando? “¿Por qué me estás dando las gracias? ¿Por qué me tiene que dar las gracias Roy Halladay?” Y él empezó a reir. Él dice, “Por esto, hombre. Por reírnos juntos como lo hacemos ahora”. Eso me desarmó por completo. Y siguió hablando. “Me ayudaste a buscar como relajarme, hombre”. ¿Me estás gastando una broma? ¿Qué tan agradable es eso? Doc básicamente dijo: Me enseñaste como divertirme de vez en cuando. Esa fue, una de las cosas más agradables que alguien me haya dicho. Y ¿saben que?...Lo creeré. Lo creeré de inmediato. Roy Halladay agradeciéndome porque nos divertimos. Eso es dificil de igualar. Por supuesto, extrañé mucho a Doc tan pronto me fui de Toronto. Ese tipo significaba mucho para mí, deseo haber jugado con él toda la vida. Nunca tuve oportunidad de decirle eso…pero de verdad deseo haberlo hecho. ________________________________________ Estos días, pienso en Doc cada vez que veo un avión pequeño en el cielo. Cada vez. Y cada vez que veo el número 32. Y cada vez que veo a los Azulejos en TV. Cuando supe lo que le había ocurrido, fue uno de esos momentos donde deseé haberlo llamado el día anterior.¿Saben lo que quiero decir? Deseé haberle dicho, Epa ¿cómo va todo hombre? Pensé que te llamaría de pronto. ¿Por qué no vamos a pescar en alguna parte? Pero no siempre se piensa así. A veces no se hacen esas llamadas, por la razón que sea. Porque estamos ocupados, o perdemos la secuencia de las cosas, o solo…la vida ocurre de esa manera. Y no nos mantenemos en contacto como deberíamos, o tenemos el tiempo suficiente para las personas quienes son importantes para nosotros. Y entonces…hombre. Es muy duro cuando ocurre algo como lo que ocurrió con Doc. Mucho más que duro. Así que no sé, lo que trato de decir es que hay que mantenerse en contacto con las personas. Porque no se puede regresar en el tiempo. Solo deseo poder haber hablado con Doc una última vez antes que se marchara. Le hubiese recordado cuanto significó para mí, como me ayudó para aprender no solo a pitchear, sino acerca de mí. Le hubiese dicho muchas cosas a ese tipo. Fue el mejor compañero de equipo que tuve. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 27 de abril de 2018

Harold Patrick Reiser (Pistol Pete)

Red Smith. The New York Times. 1981. Durante la Serie Mundial, Harold Patrick Reiser, falleció en Palm Springs, Calif. Pete Reiser, llamado Pistol Pete, tenía 62 años de edad y había sufrido de dificultades cardíacas por 25 años. Pete pudo haber sido el mejor beisbolista de la historia pero nunca hubo un estadio suficientemente grande para contener su esfuerzo. Fue un hombre de muchísimas destrezas y un espíritu indomable quien jugaba de la única manera que conocía, batear, correr, deslizarse, estrellarse contra las cercas de los jardines, hasta que literalmente rompió en pedazos su magnífico cuerpo. Pasó la mayor parte de sus 10 temporadas en grandes ligas con los Dodgers de Brooklyn y después, cuando alguien le preguntó por las siete veces que se estrelló contra las cercas, se ponía a la defensiva, replicando raudo que en cada ocasión perseguía un elevado que pudo haber costado el juego. Bill Heinz tabula sus lesiones en su libro “Once They Heard the Cheers”: Fue sacado del terreno de juego 11 veces. En nueve ocasiones recuperó la consciencia en el clubhouse o en el hospital. Una vez le dieron la extremaunción. Se rompió un hueso de su codo derecho al lanzar, y aprendió a lanzar con la mano izquierda. Siete de las nueve veces que chocó contra una cerca, se dislocó el hombro o se rompió la clavícula. Fue golpeado en la cabeza dos veces por los pitchers. Una vez fue operado para extraer un coágulo sanguíneo de su cerebro. Todo empezó en 1938, cuando tenía 19 años de edad, con el Superior, Wis., de la Northern League. Al avanzar hacia segunda base en un juego de exhibición en Oslo, N.D., sintió que algo sonó en su rodilla izquierda. Por consejo de un médico rural, quien le normalizó la articulación al llevarla a su lugar correcto, él rechazó que nadie le operara la rodilla y esta se curó por su cuenta. Fue uno de los 73 jugadores de las granjas de los cardenales de San Luis a quienes el comisionado Kenesaw M. Landis declaró agentes libres en la primavera de 1938 y los Dodgers lo firmaron por un bono de 100 dólares. En su primer turno al bate en su primer campo de entrenamientos de grandes ligas, Pete bateó un jonrón ante Ken Raffensberger, un novato de los Cardenales. En sus primeros 12 turnos al bate esa primavera se embasó 12 veces, tres jonrones, cinco sencillos, y cuatro boletos. Antes que hubiese jugado un juego de campeonato en las mayores, los Yanquis ofrecieron 100.000 dólares y cinco peloteros por él. Larry McPhail, quien estaba al frente de los Dodgers, rechazó la oferta, y envió a Reiser a Elmira. En 1941, su primera temporada completa en Ebbets Field, fue golpeado en la cabeza dos veces, se estrelló una vez contra la cerca, y aún así bateó .343 para convertirse en el primer novato en ganar el campeonato de bateo de la Liga Nacional. Lideró la liga en triples, carreras anotadas, bases totales y promedio de slugging y empató a Johnny Mize con 39 dobles. Ike Pearson de los Filis, fue el primero en golpearlo con un pitcheo. Pete despertó a las 11:30 esa noche en Peck Memorial Hospital. Caminó toda la noche, todavía tenía el uniforme puesto. Era el quinto día de la temporada. La mañana siguiente, cuando le mostró al médico que podía caminar sin caerse, este le dio de alta con la promesa de no jugar pelota por una semana. Fue a Ebbets Field y leo Durocher, el manager, lo persuadió de que se uniformara y se sentara en la banca “para animar a nuestros muchachos”. Durocher prometió no ponerlo a jugar, pero en el octavo la pizarra estaba igualada 7-7, los Dodgers tenían las bases llenas y Ike Pearson venía a relevar. “Pistol”, dijo Durocher, “toma ese bate”. Pete bateó el primer lanzamiento sobre la cerca del jardín central y Brooklyn ganó 11-7. Pete apenas pudo recorrer las bases. Cinco días después Pete persiguió una pelota bateada por Enos Slaughter de los Cardenales hacia la pared del centro. Atrapó la pelota pero se cortó la cabeza y el trasero en el rincón de la puerta de salida. Su cabeza sangraba y la sangre empapaba la parte posterior de sus pantalones. En el cuarto del masajista le pusieron una placa de metal en la cortada del trasero. “No te deslices”, le dijeron, “te vamos a coser la herida después del juego”. Eso fue en agosto, antes de recibir otro pelotazo en el cráneo. Paul Erickson, el grandote de Chicago lo golpeó. Pasó otra noche en el hospital pero la mañana siguiente se fue para unirse al equipo en San Luis. Al iniciar una gira por el oeste en Chicago en 1942 y seguir hacia Cincinnati, Pete tenía 19 imparables en 21 turnos al bate. Bateó de cinco-cinco en el primer juego de una doble tanda en Chicago, y logró otro inatrapable en el segundo, la única vez que no le concedieron boleto. Su promedio de bateo era .391. En un juego de 12 innings en San Luis, Slaughter bateó otra línea hacia el jardín central, Pete persiguió y atrapó la pelota, se golpeó contra la cerca y esa fue la única vez en su vida que soltó la pelota. Dio un paso y colapsó. Despertó en St. John Hospital donde el Dr. Robert F. Hyland habló con él para que dejara de jugar por esa temporada. Dos días después, con la cabeza vendada, Pete tomó un tren hacia Pittsburgh. Durocher habló con él para que se uniformara, de nuevo prometió no ponerlo a jugar. En el décimo cuarto inning los Dodgers tenían dos corredores en base y Ken Heintzelman lanzaba por los Piratas. Durocher se había quedado sin bateadores emergentes. Reiser caminó hacia el estante de los bates y tomó un madero. “Tienes un bateador”, le dijo. Bateó una línea sobre segunda base que empujó las carreras de la victoria pero Pete solo llegó hasta primera base con lo que debió ser un triple. Colapsó en primera base y despertó en un hospital. Allí, Leo Durocher le dijo. “Eres major conn una pierna y un ojo que cualquiera a quien haya tenido”. De regreso del servicio militar en 1946, Pete quedó inconsciente luego de hacer una atrapada lanzándose de cabeza, se desgarró los músculos de su pierna izquierda al correr para lograr un sencillo de piernas, se rompió una pierna deslizándose, se fracturó la clavícula, se dislocó el hombro y lideró la liga con 34 bases robadas. Estableció una marca de grandes ligas al robarse el plato siete veces. Dijo que debieron haber sido ocho, que George Magerkurth lo sentenció out en el plato una vez, luego se le quebró la voz y dijo, “Me equivoqué”. En un juego de exhibición en Springfield, Mo., un locutor de radio preguntaba a los Dodgers donde pensaban que terminarían ese año. “Primer lugar”, dijo Pee Wee Reese. Hugh Casey y Dixie Walker dieron la misma respuesta. “Aquí viene Pistol Pete Reiser”. Dijo el locutor. “¿Dónde piensas que terminarás este año Pete?” “En el Peck Memorial Hospital”, dijo Pete. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 27 de abril de 2018. ©

martes, 10 de abril de 2018

El Juego más Representativo del Año del Pitcher.

Siempre que escucho a varios expertos decir que el beisbol sigue siendo el mismo, nueve innings por juego. Tres outs por inning. Tres strikes, cuatro bolas por bateador. Gana el equipo que anote más carreras. Aprieto los labios y recuerdo una tarde luminosa de mediados de abril de 1968. Sin conocer completamente el juego, tomé el radio de onda corta de papá y subí al techo de la casa para tratar de sintonizar la emisora que transmitía los juegos de grandes ligas. Muchos años después, mediante investigaciones hemerográficas y electrónicas cada vez estoy más seguro que el beisbol actual es cada vez más diferente que el de aquella temporada de 1968, la última que envió directamente a la Serie Mundial a los campeones de las ligas Nacional y Americana, el Año del Pitcher, el año del juego que sintonicé a un costado del tanque de agua del techo de la casa. El nombre de los lanzadores abridores me quedó grabado para toda la vida: Tom Seaver por los Mets versus Don Wilson por los Astros. Dos novatos que prometían mucho. La recta de Seaver ya era escuchada por los ciegos como dijera Reggie Jackson en la Serie Mundial de 1973. Wilson había lanzado un juego sin hits ni carreras ante los Bravos de Atlanta el 18 de junio de 1967 en el Astrodomo. Los próximos años dieron mucho de que hablar, Seaver con su deslumbrante desempeño que lo llevó a liderar a los milagrosos Mets de 1969. Todavía recuerdo la impresión de vacío que experimenté cuando lei la página deportiva de El Nacional a comienzos de enero de 1975, Don Wilson había fenecido asfixiado en el garaje de su casa, dentro su carro. Las investigaciones arrojaron un presunto suicidio, se halló el carro con la llave de encendido en posición de arranque, un fuerte olor a monóxido de carbono impregnaba el interior del carro y el garaje. Nunca se sabría más de aquel espigado pitcher de recta encendida a quien se le acusaba injustamente de problemático por sus encontronazos con los managers Harry Walker y Leo Durocher. El 14 de julio de 1968 ponchó 18 bateadores de los Rojos de Cincinnati en nueve innings, luego el 1 de mayo de 1969 los dejó sin hits ni carreras rumbo a una victoria 4-0. El 4 de septiembre de 1974 mantuvo a los Rojos de Cincinnati sin hits hasta el octavo inning. Houston perdía 2-1 y el manager Preston Gómez sacó a Wilson por un emergente. De Seaver es inolvidable aquel juego del 9 de julio de 1969 cuando llegó al noveno inning lanzando un juego perfecto ante los Cachorros de Chicago, y luego de un out Jimmy Qualls acabó con la magia al batear imparable entre el jardín central y el izquierdo. También que ganó 20 juegos en una temporada cinco veces, y lideró la Liga Nacional tres veces en victorias y cinco veces en ponches. Seaver solo permitió un imparable en los primeros nueve innings aquel lunes 15 de abril de 1968, un doble de Harold King a la izquierda en el segundo episodio, luego pasó a tercera base mediante wild pitch y fue retirado en el plato cuando el camarero Ken Boswell tomo el roletazo de Bob Aspromonte y lanzó hacia la mascota de Jerry Grote. Tom el Terrífico retiró a 11 bateadores mediante roletazos al cuadro, a siete los dominó con elevados a los jardines, seis con elevados al cuadro y ponchó a tres. En el décimo inning retiró a los dos primeros bateadores con rodado por segunda base y elevado al centro, luego recibió imparable de Rusty Staub a la derecha y terminó el episodio obligando a King a rodarla por primera base para forzar a Staub en la intermedia. Don Wilson permitió cinco imparables y 3 boletos en nueve innings: sencillo de Ed Kranepool al centro en el segundo inning, luego de 2 outs. En el tercer inning Al Weis negoció boleto luego de dos outs y Ken Boswell se embasó por wild pitch luego de poncharse. Sencillo de Art Shamsky a la derecha luego de un out en el cuarto, fue sorprendido pero fue quieto en primera por error en tiro de Wilson, pasó a segunda. Sencillo de Seaver a la derecha en el quinto, luego de un out. Sencillo de Kranepool a la izquierda abriendo el séptimo, dos outs después, Seaver negoció boleto. Sencillo de Shamsky a la derecha abriendo el noveno, boleto a Jerry Grote. Los Astros no tuvieron otro corredor en segunda base hasta el duodécimo inning. Carl Koonce relevó a Ron Taylor. Ron Davis sencilleó al centro luego. Norm Miller se sacrificó de primera a segunda. Davis pasó a segunda. Bill Short relevó a Koonce. Jim Wynn recibió boleto intencional. Rusty Staub salió con elevado en foul al cátcher. Harold King se ponchó. En el vigésimo segundo inning, Les Rohr relevó a Danny Frisella. Rusty Staub negoció boleto luego que Jimmy Wynn se ponchara. Staub pasó a segunda base por wild pitch de Rohr. Luego llegó hasta tercera mediante rodado al campocorto de Harold King. Aspromonte fue boleado intencionalmente. Gotay se ponchó. En la pizarra del Astrodomo se leía: Este es el juego más largo en la historia de las grandes ligas, 22 innings, sin que se haya anotado una carrera”. Los Mets llenaron las bases en el duodécimo inning. Danny Coombs relevó a Buzhardt y ponchó a Ed Charles. Jerry Grote sencilleó al centro. Phil Linz emergió por Taylor y bateó elevado a segunda base. Al Weis sencilleó a la izquierda. Boswell soltó otro imparable para llenar las bases, pero Tommie Agee salió de segunda a primera. Los Mets también amenazaron en el inning 19. Cleon James abrió con imparable y pasó a segunda base mediante sacrifico de Ed Kranepool. Despues que Ed Charles fue pasado intencionalmente, Grote se ponchó pero James y Charles ejecutaron el doble robo. Como se estaba quedando sin pitchers, el manager Gil Hodges dejó batear a Danny Frisella y este se ponchó. El mensaje de la pizarra en el vigésimo inning decía: “Esperamos estén disfrutando el tercer juego de esta noche, tanto como los dos primeros”. Harold King y Jerry Grote permanecieron como catchers los 24 innings del juego. Al final no solo ellos estaban cansados, la multitud de 14.219 aficionados había disminuido hasta unos cuantos miles la madrugada del martes. En la cabina de transmisión, Loel Passe anunciaba que dentro de poco la zona de refrigerios de la prensa empezaría a ofrecer el desayuno. Norm Miller estaba en una seguidilla de 14 turnos seguidos sin conectar parable cuando saludó al relevista Les Rohr con sencillo a la derecha para iniciar el inning 24. Rohr incurrió en balk y Jim Wynn fue boleado intencionalmente. Rusty Staub salió de segunda a primera y los corredores avanzaron. John Bateman emergió por Harold King y fue boleado intencionalmente. Entonces vino a batear Aspromonte y bateó un roletazo fuerte al campocorto. No se sabe si fue fatiga o querer empezar el doble play antes de tener la pelota, el hecho es que Al Weis no dobló lo suficiente y la pelota se le fue entre las piernas hacia el jardín izquierdo y Miller cruzó el plato con la carrera de la victoria. Era la 1:37 am en el Astrodomo. El juego había durado 6 horas y 6 minutos. Weis declaró desconsolado, “Boté el juego”. También había sido una larga noche para otro Astro que ni siquiera estaba ahí. El pitcher Tom Dukes había sido llamado a la gran carpa desde las ligas menores antes del juego, para reemplazar a Mike Cuellar quien fue colocado en la lista de incapacitados. Le dijeron que se presentara en Houston el día siguiente. Su equipo, Oklahoma City, jugaba en Nashville, así que empacó sus pertenencias y pasó todo el día manejando desde Dallas hacia Houston. Sintonizó la emisora local que transmitía el juego y cuando este se fue a extra innings, pensó que podían necesitarlo. Tomo el autopista de Dallas hacia Houston y estaba a 50 millas del Astrodomo cuando Miller finalmente cruzó el plato para terminar el juego. Por los Mets también lanzaron Dick Selma (0.2 inning), Al Jackson (3 innings). Por los Astros tambien subieron al montículo: Jim Ray (7 innings, 11 ponches) y Wade Blasingame (4 innings) quién se apuntó la victoria. Afortunadamente ambos equipos tenían fecha libre el 16 de abril. Los Mets tomaron un vuelo hacia Nueva York después del juego. Originalmente había sido programado para llegar a Nueva York a las 4 am hora del este, pero el juego terminó solo 83 minutos antes de esa hora. Este juego igualó la marca del encuentro más largo que terminara con un ganador, el 1 de septiembre de 1906 Filadelfia y Boston jugaron 24 innings. El juego más largo, 26 innings, el 1 de mayo de 1920, terminó en empata 1-1 entre Boston y Brooklyn. Alfonso L. Tusa C. 23-03-2018.

Rusty Staub, eterno bateador quien ganó el banderín con los Mets, fallece a los 73 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 29 de marzo de 2018. Rusty Staub, Le Grand Orange de los toleteros del beisbol y uno de los mejores bateadores de su época, las décadas de 1960, 1970 y 1980, principalmente con Houston, Montreal, Detroit y los Mets, falleció este jueves 29 de marzo en West Palm Beach. Su muerte, acaecida en un hospital, fue causada por un ataque cardíaco, dijo su hermano Chuck. Staub quien vivía en Wast palm Beach, había lidiado con dificultades de salud en años recientes, incluyendo un ataque cardíaco que sufrió en un vuelo desde Irlanda hacia Nueva York en 2015. Staub falleció temprano el día inaugural de las grandes ligas, y horas después, durante las ceremonias del primer juego de los Mets ante los Cardenales de San Luis en Citi Field, el equipo solicitó un minuto de silencio para él, descrito como “un neoyorquino icónico en su ciudad adoptiva”, y para Ed Charles, el popular tercera base de su equipo campeón de la Serie Mundial de 1969, quien falleciera el 15 de marzo. Un espigado bateador zurdo quien pesaba 120 kg al final de su carrera, para entonces era un cocinero gourmet y propietario de un restaurant, Staub delineó un figura infalible en el plato. Tenía el cabello rojo y rizado, agarraba el bate tres pulgadas por encima del extremo, usaba los pantalones del uniforme bien arriba y volaba como el dulce en invierno”, dijo una vez el periódico canadiense The National Post. Pero podía batear, y jugar en los jardines y la primera base. En sus 23 temporadas, acumuló 2716 imparables y 292 jonrones mientras asistía a seis juegos de estrellas. Floreció como bateador con los Astros de mediados de la década de 1960; se convirtió en el primer jugador estrella de los Expos; y jugó nueve temporadas con los Mets en dos estadías: en la década de 1970, cuando ganaron su segundo banderín de la Liga Nacional, y luego en la de 1980, cuando se convirtió en uno de los bateadores emergentes más cotizados del beisbol. Despues fue narrador de los juegos de los Mets, desde 1986 hasta 1995, trabajó principalmente con Ralph Kiner y Tim McCarver. Y aunque era oriundo de Nueva Orleans, el considerado el neoyorquino. En una ocasión fur propietario de dos restaurantes en Manhattan, Rusty’s y Rusty Staub’s on Fifth. Staub fue muy respetado, durante su carrera en el beisbol y después, por su participar en los asuntos de la comunidad y por su trabajo caritativo. Particularmente se encariñó en Canadá, donde jugó para el equipo de expansión, los Expos; participó en el juego de estrellas sus tres temporadas en Montreal, desde 1969 hasta 1971. Staub aprendió francés y se convirtió en embajador itinerante del equipo, ganándose e l apoyo de Major League Baseball en Canadá. Lo hizo por respeto a los aficionados. “Estaba en Quebec, y no podía hablar con un niño”, le dijo a The Montreal Gazette en 2012. “No podía decir nada para animarlo. Sentía que no estaba haciendo mi trabajo, no era capaz de responder a los medios al menos en lo más básico”. “Tomé unas 25 clases de francés después de la primera temporada, y el año siguiente tomé clases más largas”, continuó él. “No hay duda de que hacer ese esfuerzo es parte de la razón por la cual Le Grand Orange representaba a Montreal y a todos esos aficionados, ellos sabían que me importaban y que trataba de dar lo mejor”. En cuanto al sobrenombre que se quedó con él, él escribió en The New York Times, que los compañeros de equipo lo habían estado llamando Big Orange aun antes que llegara a Montreal en un cambio con Houston. “El sobrenombre no se formalizó ante el publico hasta un día cuando jugábamos en Los Angeles”, recordó él. “Bateé un jonrón y ejecuté una buena atrapada cuando Willie Crawford largó un estacazo contra la cerca. El día siguiente en los periódicos, yo era ‘Le Grand Orange’. Yeso se quedó así en los periódicos ingleses y franceses”. Los Expos lo enviaron a los Mets en abril de 1972. Un año después, ayudó a impulsarlos hasta el banderín de la Liga Nacional, al despachar tres jonrones, que fueron todos sus imparables, en la victoria de cinco juegos ante los Rojos de Cincinnati en la serie de campeonato de la Liga Nacional. También se lesionó su hombro en esa serie al ejecutar una excelente atrapada. Pero bateó .423 en la Serie Mundial, con dos dobles y un vuelacercas, aunque los Mets fueron derrotados por los Atléticos de Oakland en siete juegos. Staub empujó 105 carreras en 1975, una marca para los Mets que se mantuvo por 15 años. Pero ese diciembre fue enviado hacia los Tigres de Detroit, los Mets recibieron al pitcher Mickey Lolich, y se desempeñó principalmente como bateador designado. Staub regresó a los Expos en un cambio de julio de 1979. En su primer turno al bate de vuelta al Olympic Stadium, los aficionados le tributaron una ovación de pie. Fue una corta segunda estadía en Montreal. Pasó la temporada de 1980 con los Rangers de Texas y entonces firmó con los Mets como agente libre, jugó sus últimas cinco temporadas con ese equipo. Como bateador emergente en 1983, bateó ocho imparables seguidos en junio y empujó 25 carreras esa temporada. Staub tambie mostró sus técnicas culinarias en televisión, pero su amor por la comida resultó un reto para controlar el peso. “Es difícil”, le dijo a The Times en 1985. “Voy a mi restaurant italiano favorito, y tienen ese rissotto que disfruto mucho. Tiene salsa de champiñones, y me digo, ‘No esta vez’. Pero cada vez que voy allí tengo que comerlo”. Daniel Joseph Staub nació en Nueva Orleans el 1 de abril de 1944. Firmó con la organización de los Colt .45 de Houston en septiembre de 1961 al egresar de Jesuit High School de Nueva Orleans. La franquicia que luego se convirtió en Astros, se preparaba junto a los Mets para entrar a la Liga Nacional la próxima temporada como equipo de expansión. Despues de jugar en las menores, Staub debutó con Houston en 1963. Su temporada de consagración fue en 1967, cuando bateó para .333 y lideró la liga con 44 dobles además de ser seleccionado para el juego de estrellas por primera vez. Se retiró con los Mets después de la temporada de 1985, con 1466 carreras impulsadas y un promedio de bateo vitalicio de .279, junto a sus 292 jonrones y 2716 imparables. Además de su hermano, le sobreviven sus hermanas, Sally Johnston y Susan Tully. Despues de retirarse del beisbol, Staub se convirtió en presidente de la Rusty Staub Foundation la cual ha apoyado almacenes de comida de emergencia en toda Nueva York en colaboración con la caridad católica. También creó el New York Police and Fire Widows’ and Children’s Benefit Fund, el cual ha recaudado millones de dólares para las familias del personal uniformado fallecido en cumplimiento de su deber. (Un tío de Staub falleció mientras trabajaba como oficial de policía en Nueva Orleans). Cuando los juegos de grandes ligas se reanudaron en Nueva York luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, con los Mets enfrentando a los Bravos de Atlanta, los Mets donaron alrededor de 450.00 $, al fondo para las viudas y sus hijos. Esa noche, Staub dijo que la organización había distribuído 8.3 millones de dólares en los 15 años antes de los ataques. “Desde entonces, hemos recaudado 8 millones de dólares”, le dijo a The Times. “Si quieres conseguir dinero para las viudas y sus hijos, somos los indicados”. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 10 de abril de 2018.

jueves, 5 de abril de 2018

Jerry Moses, Antiguo catcher de los Medias Rojas de Boston fallece.

Patriotledger.com. 27-03-2018. BOSTON – Jerry Moses, antíguo catcher de los Medias Rojas, un veterano de nueve años en grandes ligas y miembro de la organización de los Medias Rojas desde 1964 hasta 1970, incluyendo el campeonato de la Liga Americana en 1967 en la temporada del “Sueño Imposible”, falleció este martes 27 de marzo, a los 71 años de edad. Moses, oriundo de Yazoo City, Mass., vivió gran parte de su vida en la costa norte de Boston. Luego de su carrera de grande liga, Moses dedicó un tiempo considerable para asistir a su amigo Mike Andrews en los eventos del Jimmy Fund, al aparecer en torneos de golf, dirigir cenas en honor a Ted Williams, y organizar programas de donación de médula osea en apoyo al inquilino del Salón de la fama de los Medias Rojas, Bill Monbouquette. Fue co-anfitrión de un programa de radio en WRKO con Andrews en 1984 y compartió con él durante 25 años en la organización de un campamento de beisbol para niños en Massachusetts. Entre los niños quienes asistieron al campamento estaba el presidente de los Medias Rojas, Sam Kennedy. “Fui bendecido al conocer a Jerry después”, dijo Kennedy. “A través de sus muchos esfuerzos caritativos y en sus frecuentes visitas a Fenway Park, un lugar por el cual el tenía un apego obvio. Jerry estaba orgulloso de haber jugado para los Medias Rojas, y estábamos agradecidos de que él mantuviese su contacto con nosotros por tantos años. Toda la familia de los Medias Rojas extiende sus condolencias hasta la familia y amigos de Jerry”. Andrews dijo: “Pienso que nunca conocí a un hombre mejor que él en mi vida. Todos amaban a Jerry. Era un tipo amable, quería a todos. Apoyó no solo al Jimmy Fund sino también a muchos otros esfuerzos de caridad, y fue un hombre de negocios muy inteligente y exitoso. “Cuando miro las personas que hicieron la mayor parte de su vida en el beisbol, Jerry está de primero. Se hizo cargo de su familia. Era muy orientado hacia la familia”. Moses fue firmado por el legendario scout de los Medias Rojas, George Digby, en 1964 y debutó el año siguiente a la edad de 18 años. En su segundo turno al bate, el futuro participante del juego de estrellas se convirtió en el jugador más joven de la historia de los Medias Rojas en batear jonrón como emergente. Moses, quien fue subido en septiembre de 1967 y se desempeñó como cátcher de bullpen en plena recta final de la batalla por el banderín, se fajó para regresar a grandes ligas parcialmente en las temporadas de 1968 y 1969, antes de ganarse la oportunidad de ser el cátcher de los Medias Rojas en el juego inaugural, 7 de abril de 1970. Bateó .542 en los primeros siete juegos de la temporada, y se ganó que el manager inquilino del Salón de la Fama, Earl Weaver lo convocara para el juego de estrellas, antes que su temporada de insurgencia fuese recortada por una lesión. Luego de la temporada de 1970, Moses junto a Tony Conigliaro y Ray Jarvis fue enviado a los Angelinos de California en un cambio de seis peloteros. “Eso fue triste y mi esposa estaba histérica”, dijo Moses una vez cuando le preguntaron por el cambio. “Ella iba a tener que salir de Boston por primera vez. Estábamos establecidos aquí, su familia estaba aquí, y no teníamos ninguna razón para no estar aquí. Yo estaba muy sorprendido también porque había jugado bien en 1970 hasta que me lesioné. Nada fue igual después de eso”. Moses jugó para un total de siete equipos en el curso de su carrera de nueve años en grandes ligas. Luego de sus estadías en Boston y California, jugó para los Indios, Yanquis, Tigres, Padres y Medias Blancas, apareció en su último juego de grandes ligas en Comiskey Park, el 9 de agosto de 1975, el día de su cumpleaños 29. Le bateó un triple al inquilino del Salón de la Fama, Jim Palmer, en su último turno al bate en grandes ligas. En 155 juegos con los Medias Rojas en cuatro temporadas, Moses bateó para .278 con 13 jonrones y 51 carreras empujadas, e inició 117 juegos como cátcher. En total, participó en 386 juegos, bateó para .251 con 25 jonrones y 109 carreras empujadas. “Disfruté cada minuto que jugué para los Medias Rojas”, dijo Moses. “La experiencia con los Medias Rojas de 1967 fue maravillosa fue maravillosa porque entonces fue cuando el estadio empezó a llenarse. Para tipos como yo que apenas llegaba a las grandes ligas, fue maravilloso ser un Media Roja”. Moses dio crédito a su padre, Steve, un scout de grandes ligas con los Piratas, Angelinos y Dodgers, como la persona que más influyó en su carrera de pelotero. “Estoy aquí hoy debido a mi papá”, dijo Moses. “El tuvo más influencia en mi que cualquiera. Siempre quiso que yo fuera pelotero”. Luego de su retiro, Moses empezó una nueva carrera en la industria de la comida, arrancando con la Ogden Food Service Corporation, donde estuvo 11 años. También fue copropietario de una empresa llamada Fanfare, en sociedad con el hombre de negocios de Boston Joe O’Donnell por siete años, y después fue dueño parcial de la Ann’s Boston Brownie Company. La salud de Moses estaba fallando cuando los Medias Rojas celebraron el aniversario 50 de la temporada del “Sueño Imposible” el agosto pasado, pero él asistió al evento y se deleitó con la compañía de sus antiguos compañeros de equipo, incluyendo a Jim Lonborg, el pitcher con quien más disfrutó su trabajo de cátcher. “No importa lo que hagas, una vez que has sido de los Medias Rojas tienes una pequeña ventaja”, dijo Moses. “Las personas lo notan, y estos grandes aficionados hacen que los tipos viejos como yo se sientan muy bien”. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Números de Jerry Moses en LVBP con Tigres de Aragua: 1973-74: 42 J, 154 VB, 16 CA, 37 H, 7 2b, 10 HR, 33 CI, 19 BB, 24 K, .240 AVG

lunes, 5 de marzo de 2018

El Director de ‘O.J.: Made in America’ Realizará una película biográfica de Roberto Clemente.

Justin Kroll. 5 de febrero de 2018. Variety. Ezra Edelman seguirá a la premiada “O.J.: Made in America” mostrando a otro atleta famoso. El ganador del Oscar ha firmado contrato para dirigir una película biográfica de beisbol con Legendary sobre Roberto Clemente. Legendary cerró una negociación para que Edelman desarrolle una película con el escritor Rowan Ricardo Phillips basada en la vida del famoso pelotero. John Lesher será el productor junto a Ben Silverman y Jay Weisleder de Fuego Films, con Giselle Fernandez y Sandra Condito como productoras ejecutivas. El estudio había adquirido previamente los derechos del libro de David Maraniss : “Clemente: The Passion and Grace of Baseball’s Last Hero” y llegó a un acuerdo con la familia de Clemente por los derechos de su biografía. Legendary ya ha tenido éxito en este género, al llevar la biografía de Jackie Robinson “42”, a ser éxito de taquilla y ante la crítica, y espera resultados similares con está película. Clemente jugó para los Piratas de Pittsburgh desde 1955 hasta 1972. El 31 de diciembre de 1972, Clemente abordó un avión pequeño que tendría una ruta desde Puerto Rico hasta Nicaragua para llevar ayuda humanitaria a las víctimas del terremoto. El extremadamente cargado avión se estrelló frente a la costa puertorriqueña, y el cuerpo de Clemente nunca fue hallado. Fue ingresado al Salón de la Fama del beisbol en 1973. Ganador del Whitting Award de poesía, miembro de Guggenheim, y columnista deportivo del Paris Review, Phillips también es autor de cuatro libros: “The Ground”, “Heaven” , “The Circuit”, y la colección de ensayos de 2010 “When Blackness Rhymes With Blackness”. También un prodigioso periodista deportivo, su trabajo en ese campo ha aparecido en revistas como The New Yorker asi como en “Basketball: Great Writing About America’s Game”, de Library of America. “O.J.: Made in America” de Edleman, fue celebrada no solo por su profunda Mirada a la vida de la desafortunada estrella de futbol americano, sino también por su reflexión sobre las relaciones raciales en el país. La biografía ganó un Emmy y un Oscar por mejor documental. Edleman también está ligado actualmente a la biografía de Fox: “The Ballad of Richard Jewell”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.