lunes, 17 de junio de 2013

Hermanos, estrellas y rivales.

Tom Clavin. 11-05-2013. Cuando Joe DiMaggio anunció su retiro en diciembre de 1951, una conferencia de prensa abarrotada observó al co-dueño de los Yanquis Dan Topping llorar y tratar de persuadirlo para que continuara jugando. Cuando el hermano menor de DiMaggio, Dom, se retiró de los Medias Rojas de Boston el 12 de mayo de 1953, le dijo a un grupo de reporteros, "Creo que pude haber jugado una temporada más de buen béisbol". Dom aceptó jugar a la sombra de Joe y nunca expresó resentimiento de que sus logros fuesen subestimados. Joe tenía poder y gracia y ganó 9 anillos de Serie Mundial; Dom era un bateador de contacto con gran velocidad quien ganó un banderín de la Liga Americana. Más de 350 grupos de hermanos han jugado en las Grandes Ligas, pero el único grupo de tres hermanos que ha sido Todos Estrellas es el de los DiMaggio. Vince, dos años mayor que Joe, fue un doble integrante del equipo de estrellas que jugó en la Liga Nacional, principalmente con los Piratas de Pittsburgh. Luego que Vince desafió a su padre pescador, Giuseppe, y se fue a jugar béisbol profesional, Joe le siguió y apareció en el roster de los Seals de San Francisco en la Liga de la Costa del Pacífico. Dom, el menor de los nueve hermanos DiMaggio, tomó el testigo como centerfielder de los Seals cuando Joe se fue a Nueva York para embarcarse en una carrera de Salón de la Fama en 1936. Dom, quién debutó con los rivales Medias Rojas en 1940, también agenció credenciales de Salón de la Fama, aunque pasó 3 de sus años de máximo rendimiento en la Naval durante la segunda guerra mundial. Durante sus diez temporadas completas, totalizó 1679 hits, más que cualquier otro grandeliga de la época. Los cuatro peloteros que le seguían, Enos Slaughter, Stan Musial, Ted Williams y Pee Wee Reese, están en el Salón de la Fama. Dom, siete veces selecionado al equipo de estrellas, fue segundo en carreras anotadas en esas diez temporadas, detrás de Williams, y fue tercero en dobles detrás de Williams y Musial. Más de unos cuantos inquilinos del Salón de la Fama tienen promedios de bateo vitalicios por debajo de los .298 de Dom. Para finales de los años '40, ya había superado a Joe como el mejor jardinero central defensivo de la liga. Dom fue uno de sólo cinco jardineros en la historia del béisbol que realizó 500 outs o más en una temporada. Su integridad era incuestionable, por eso fue voluntario como representante de los peloteros de la Liga Americana antes de existir el sindicato. Dom fue un adelantado en el tiempo cuando se declaró agente libre después de su servicio militar. Los asustados directivos de Boston lo persuadieron para firmar un contrato antes de la temporada de 1946 ofreciéndole un porcentaje de la taquilla de Fenway Park, el mismo arreglo que habían hecho en secreto con Williams. Pero Dom, quién falleció en 2009, no existió para la vista de los votantes del Salón de la Fama, ni después en el comité de veteranos. Cuando el comité eligió al menos meritorio jardinero central Richie Ashburn al Salón de la Fama en 1995, Williams quién estaba en el panel, dijo que Dom había sido un pelotero con mejores números y que "si el juego llegaba al momento crucial y hacía falta un imparable o un extrabases, él era tan bueno como el mejor" En los años '40, muchos juegos entre los Yanquis y los Medias Rojas dependían de si Williams y Bobby Doerr podían remolcar a Dom y Johnny Pesky más veces de las que Joe y Tommy Henrich podían remolcar a Phil Rizzuto y Snuffy Stirnweiss. Joe era conocido por su gran competitividad, y esta alcanzaba su clímax cuando enfrentaba a Dom, quién nunca bajó la guardia cuando enfrentó a su hermano. Después de la guerra, "Joe y yo retomamos el juego justo donde lo dejamos en nuestra competencia fraternal", escribió Dom en "Real Grass, Real Heroes", su libro de 1990 escrito con Bill Gilbert. Durante un juego en Yankee Stadium en mayo de 1946, Dom bateó una pelota a lo profundo del jardín central. Joe la persiguió y subió por la pared para hacer la atrapada. Cuando terminó el inning y los hermanos se cruzaron en el camino detrás de segunda base, Joe dijo, "Vamos 32 a 21", en referencia al número de veces que uno de ellos le había robado un hit al otro. Sólo ellos sabían que Dom lideraba la competencia. Los Yanquis y los Medias Rojas batallaron por el banderín hasta el día final en 1948. Dom y su prometida, Emily, habían fijado su boda para el 7 de octubre, pero eso no podría ser si Boston iba a la Serie Mundial. Joe le dijo a su madre, Rosalie, "Me encargaré personalmente de que Dom esté disponible para casarse el 7". Los Medias Rojas perdieron el banderín por un juego. Los Yanquis terminaron a dos juegos y medio del primer lugar. El 9 de agosto de 1949, Dom llegó a Yankee Stadium con una seguidilla de 34 juegos bateando al menos un hit, donde la había empezado el 4 de julio. En su último turno descargó un linea silbante a lo profundo de los jardines que Joe capturó para prevenir que Dom se acercara al record de Joe de 56 juegos bateando hits. Aquel octubre, los Medias Rojas llegaron a Nueva York en el primer lugar con un juego de ventaja y dos por jugar. Joe estaba en un hospital enfermo de neumonía, pero salió de allí a tiempo para el primer juego. Era el día de Joe DiMaggio en Yankee Stadium, y Dom salió del dugout de Boston para ayudar a su hermano a mantenerse de pie durante la ceremonia previa al juego. La presencia de Joe ayudó a que los Yanquis barrieran los dos juegos, ganaron el banderín por un juego. Una vez más le había quitado lo mejor a Dom. Después que se retiró, Dom se convirtió en un exitoso empresario textil quién invirtió mucho tiempo en recaudar millones de dólares para caridad en el area de Boston. Aunque más pequeño que Joe en estatura y en el libro de records del béisbol, Dom reflejó una gran sombra. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Tom Clavin es el autor de : "Los DiMaggio: Tres hermanos, su pasión por el beisbol, su búsqueda del sueño americano" (“The DiMaggios: Three Brothers, Their Passion for Baseball, Their Pursuit of the American Dream"). Ecco/Harper Collins. Mayo 2013.

miércoles, 12 de junio de 2013

Cinco décadas del juego sin hits ni carreras de Juan Marichal

Lo que llamaba más la atención de un juego donde lanzara Marichal, era la altura hasta donde levantaba el pie izquierdo. Perfeccionó ese movimiento aconsejado por el manager de los Giants de Springfield (A), Andy Gilbert en 1959. Le dijo que si lanzaba por encima del brazo iba a ser más efectivo. Marichal adoptó la patada alta para evitar que los bateadores descifraran sus lanzamientos. Antes del juego efectuado el 15 de junio de 1963 en Candlestick Park, Marichal había ganado sus últimos cinco desafíos, sin embargo hizo un pequeño ajuste en su mecánica antes de enfrentar a los Colt 45 de Houston aquel sábado. Tomó esa determinación porque los Colt 45 le habían bateado muy duro la última vez que los enfrentó. Marichal había lanzado dos juegos de un hit. Durante los primeros 4 episodios y dos tercios estuvo lanzando perfecto. En el primer inning ponchó a Ernie Fazio (2b), dominó a Brock Davis (cf) en rodado a primera base y retiró a Bob Aspromonte (3b) en elevado al campocorto. El dandy dominicano retiró por la vía rápida el segundo y tercer innings. En el cuarto Fazio ensayó un toque sobre la línea de tercera base que Jim Davenport atacó con prontitud y lo hizo out en primera. Marichal mantuvo el juego perfecto hasta el quinto inning, luego de dos outs caminó al jardinero izquierdo Al Spangler, luego fue forzado en la intermedia con rodado de Bob Lillis por la antesala. La próxima intentona de los Colts apareció en el séptimo episodio cuando Aspromonte negoció boleto luego de un out. Carl Warwick hizo el mejor contacto de un bateador de Houston en toda la noche, descargó un batazo inmenso a lo profundo del jardín izquierdo, Willie McCovey lidió con las corrientes de aire de la bahía y realizó una maravillosa atrapada sobre su cabeza luego de correr bastante hasta casi llegar a la zona de seguridad. Rusty Staub entregó el último out con elevado al centro. En el octavo, Spangler bateó elevadito a primera base, Lillis salió con globo al centro y John Bateman descargó un batazo candente por la esquina caliente que fildeó Davenport y metió un riflazo a primera. Marichal se había enfrascado en un duelo de pitcheo con Dick Drott ante una multitud de 18.869 aficionados. Los Gigantes sólo le habían bateado un infield-hit a Drott, Willie Mays en el primer inning. En el cierre del octavo Davenport descargó doble a la izquierda para iniciar el inning. Mateo Alou emergió por José Pagán y se ponchó sin tirarle. Marichal salió con bombo a la izquierda. Chuck Hiller descargó doble a la derecha para remolcar la carrera de Davenport. Marichal quizás experimentó su mejor inning en el noveno. Utilizó 11 lanzamientos. Johnny Temple emergió por Drott y Marichal lo obligó a elevar de foul hacia primera base donde Orlando Cepeda capturó la pelota. Pete Runnels bateó por Fazio y se ponchó. El último bateador fue Davis, en conteo de 2 y 2 vio una recta silbante atravesar el home para el tercer strike. Además del triunfo, Marichal se convirtió en el primer pitcher de los Gigantes que lanzaba un juego sin hits ni carreras desde que Carl Hubbell lanzara uno el 8 de mayo de 1929 en una victoria de los Gigantes de Nueva York ante los Piratas de Pittsburgh 11-0. Marichal recetó 5 ponches, concedió dos boletos. Sólo le sacaron 6 pelotas del cuadro interior. Aquella temporada de 1963 fue su primera con 20 triunfos, dejó marca de 25-8, lideró la liga con 321 innings lanzados, 2.41 de efectividad. Alfonso L. Tusa C.

lunes, 10 de junio de 2013

Luis Mono Zuloaga, una gran abnegación por el béisbol menor.

Abrí el correo eléctronico que me envió Ramón Corro, y aunque sólo supe de sus dias de pitcher activo mediante medios escritos y testimonios de otras personas, de inmediato aparecieron las estructuras del local del Centro Comercial Sambil, allí se realizó el acto de los exaltados al Salón de la Fama del Beísbol Venezolano del año 2009. Junto a Oswaldo Olivares, Jesús Ramos, Aurelio Monteagudo, Luis Tiant, Urbano Lugo Jr., el manager Regino Otero y el narrador Carlos Tovar Bracho animó aquella mañana pletórica de historia beisbolera. Cuando le tocó dirigirse a la concurrencia además de su agradecimiento llevó una voz de colaboración para con el béisbol menor, una de sus grandes empresas de toda la vida. Siempre estuvo muy ligado a las categorías menores, anduvo muy involucrado en la fundación de Criollitos de Venezuela. Fue tal la vehemencia y la integridad que transmitió con sus planteamientos, que de pronto se escuchaban los gritos de los niños en medio del más carbonizante juego de béisbol, aquel lanzamiento tenía tanta o más mordiente que su famosa curva “pollera” que tantas satisfacciones le diera en sus años con Cervecería Caracas o Leones del Caracas. Muestra de ellas es la temporada 1947-48 cuando dejó marca de 10 ganados y 4 perdidos con efectividad de 2.51, en 118 innings de 21 juegos. Completó 9 juegos. 103 hits. 33 carreras limpias. 65 ponches. 51 boletos. El Negro Prieto siempre tuvo elogios para Luis Zuloaga, decía que era uno de los pitchers zurdos más útiles con que contaba su equipo, aún cuando en su época con los Leones nunca regresó al nivel de sus años con el Cervecería. Mientras observaba la intervención de Luis Zuloaga en el Sambil de Chacao, vinieron a mi mente imágenes de aquellas barajitas de inmortales del béisbol venezolano que aparecían al final de los albumes de finales de los años 60 y comienzos de los 70. Carlos Terremoto Ascanio. Antonio Briñez. Luis Aparicio Ortega. José Pérez Colmenares. Adolfredo González. Guillermo Vento. Vidal López. Luis Mono Zuloaga. ¿Porqué lo llamarían el mono? Era una de las preguntas que nos hacíamos cuando dejábamos caer las barajitas en aquel apasionante juego de “paredita”. A medida que pasó el tiempo nos enteramos de las hazañas de todas esas glorias del béisbol y al llegar a Luis Zuloaga siempre nos reíamos por lo del origen del apodo. Alguna vez escuché que Zuloaga en muchas oportunidades discutió con el árbitro principal por la apreciación de bolas y strikes, Roberto Olivo fue uno de los hombres de azul con quién más desarrolló altercados. Zuloaga había nacido el 31 de diciembre de 1922 en Valencia. Carabobo. Falleció este miércoles 22 de mayo de 2013 en Caracas. Aquella mañana luminosa de Chacao, nos regaló la elocuencia de Oswaldo Olivares, el agradecimiento de los familiares de Jesús Ramos, la satisfacción de los seres queridos de Aurelio Monteagudo, las imágenes de las faenas de Luis Tiant, la tranquilidad de Urbano Lugo Jr., los campeonatos de Regino Otero, la alegría de la familia de Carlos Tovar Bracho y la tenacidad de Luis Mono Zuloaga, siempre al lado del béisbol menor hasta el cierre del noveno inning. Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Mike Carp lleva a Greg Halman con él a todas partes.

Evan Drellich, MassLive.com. 16-05-2013. St. Petersburg, Fla. Es poco usual que un jugador llegue a un equipo nuevo con algo que tenga que ver con su viejo conjunto. Tal vez tenga un bolso de implementos, unas pocas camisetas. Luego, casi siempre todo eso desaparece a los pocos días. Aún ahora, cuando ya tiene un buen tiempo con los Medias Rojas de Boston, Mike Carp todavía tiene una camiseta de los Marineros de Seattle en su casillero. La mayor parte del tiempo es muy dificil ver la camiseta. Es azul marino y siempre está embutida entre el resto de lo usual, uniformes de visitador y home club, alternados con ropa de salir. Ocurrió que en St. Petersburg, donde los Medias Rojas jugaron con los Rays de Tampa Bay en una serie de tres juegos que terminó el jueves 16 de mayo, Carp colgó la camiseta en el extremo derecho de su casillero. El casillero del lado estaba vacío, y hay una especie de ventana metálica en los casilleros del visitador de Tropicana Field. Al caminar, se puede ver fácilmente a través de la ventana metálica, la camiseta que en su dorso doce "Halman 56". Los compañeros de los Medias Rojas le han preguntado un par de veces por la camiseta. No como una corrección de algo que estuviese haciendo indebidamente, sólo como una curiosidad. ¿Por qué la tiene? La respuesta no se hizo esperar. "Les expliqué, 'Tuve un amigo que falleció'", dijo Carp. "Era un compañero muy cercano, mi mejor amigo". Greg Halman y Carp fueron de hecho los mejores amigos. Halman fue acuchillado de muerte a los 24 años por su hermano menor, Jason Halman, el 21 de noviembre de 2011, en Rotterdam, Holanda. Se determinó que Jason tuvo un episodio psiquiátrico, en agosto pasado fue liberado de la cárcel en Amsterdam para someterse a tratamiento. Un jardinero espigado y versátil, Greg Halman participó en 44 juegos en Grandes Ligas. Firmó con los Marineros cuando sólo tenía 16 años. Halman bateó 2 jonrones en su carrera de Grandes Ligas, ambos en 2011 con los Marineros. El primero llegó como reemplazo de Carp hacia finales del juego del 15 de junio. El segundo fue el 19 de julio, un estacazo de tres carreras por la izquierda, contra los Azulejos de Toronto de John Farrell. Chone Figgins anotó con ese batazo y también Carp. "Todavía hoy su mamá publica un fotografía en Facebook", dijo Carp en abril. "Es como todos los días, algun tipo de memoria, algún tipo de cosa que te dice, es definitivamente muy duro para mi corazón. Él fue el mejor amigo, el mejor compañero. Es dificil explicarlo. Pasas todos los días con un amigo y entonces de pronto ya no está, es dificil recuperarse". Carp, quién cumple 27 años el próximo mes, caminó hacia el terreno en Fenway Park a comienzos de temporada para posar en una fotografía donde sostiene la camiseta de Halman. "A su mamá le va a gustar", dijo Carp, mientras se paraba en el escalón superior del dugout, con la camiseta de Halman, frente al Monstruo Verde. A Halman le gustaba Fenway Park, aunque sólo jugara un juego allí, un juego en el que por cierto, Carp largó un jonrón de tres carreras, el 22 de julio de 2011. El atleticismo de Halman se puso de manifiesto esa noche, cuando le robó un extrabases a Jarrod Saltalamacchia, un batazo a las profundidades del jardín central. Halman tuvo un mal salto, pero lo superó con su gran velocidad. Para Baseball America en 2010, Halman fue el prospecto Nº 8 del equipo a las puertas de la temporada cuando llegó a las Grandes Ligas: "El juego de Halman está centrado en su atleticismo. Este le permite un poder explosivo en el plato y grandes zancadas en el centerfield, donde es un sólido defensor con gran brazo. Su gran poder es posible debido a una gran velocidad con el bate proveniente de su movimiento de caderas y de sus fuertes antebrazos. Halman es objeto de comparaciones físicas con Andre Dawson y Alfonso Soriano". La primera temporada de Carp con la organización de los Marineros fue 2009. El equipo que lo drafteó, los Mets de Nueva York, negoció a Carp durante el receso entre temporadas. Inmediatamente, él y Halman congeniaron. "Me cambiaron y aquella primera primavera nuestros casilleros quedaron juntos. Empezamos a conocernos", dijo Carp, "obviamente teniendo mucho talento, nunca hubiese pensado que procedía de Holanda. Pensé que era un estadounidense normal. Él no tenía acento ni nada. Hablaba varios idiomas". "Era uno de esos tipos con los que era fácil entenderse", continuó Carp. "Se llevaba bien con todos. Lo veías y tenía tatuajes en todas partes, era grande, fuerte, de gran presencia física. Pensabas 'No me animo a hablar con este tipo'. Pero el venía y hablaba contigo, se daba a conocer, y 'Hey, si necesitas algo, estoy a la orden'". El carisma de Halman aglutinó a un grupo muy unido. Cuando mataron a Halman, Carp estaba en su casa en California. Otro prospecto de los Marineros, el tercera base Matt Mangini, quién nació en Springfield, Mass., y vivió allí hasta los 10 años de edad, se enteró de la noticia antes que Carp. Los Marineros escogieron a Mangini en la ronda 52 del draft de 2007, y de inmediato hizo amistad con Halman, igual que Carp. "Ellos iban en la misma dirección", dijo Mangini de Carp y Halman. "Desde el día cuando se conocieron, si estaban en el campo, fuera del campo, estaban juntos. Y desarrollas ese tipo de relación cuando pasas esa cantidad de tiempo con las personas... Era la confianza y la calidez que le daba a las personas, era contagioso". Mangini fue quién le dio la terrible noticia a Carp. "Recibir esa llamada telefónica en la mitad de la noche, me llegó un mensaje de texto de Matt Mangini, quién estaba en la costa este, donde yo estaba eran probablemente las 3 o 4 de la mañana, el se había levantado", dijo Carp. "Fue una mañana dificil para mí. Tuve que hacer otras llamadas telefónicas para informar a otros compañeros de equipo y amigos, es algo muy duro de hacer". Carp hizo todos los arreglos para ir a Amsterdam para asistir al sepelio de Halman. Cuatro compañeros de los Marineros también hicieron el viaje de medio día: Dan Cortes, Adam Moore, Mangini y otro jugador europeo que fue a Estados Unidos, el italiano Alex Liddi. El servicio fue algo como de película, dijo Carp. Un cortejo a través de la campiña holandesa. Todos los que formaban parte del cortejo usaban sombreros. "Me senté a tratar de escribir un discurso en medio del sepelio", recordó carp. "Ellos querían que habláramos... vemos por la ventana antes de unirnos a la procesión fúnebre. Cuando salimos había como 1000 o 2000 personas con sombreros rojos. Un mar de sombreros rojos". Carp mandó hacer franelas para todos sus compañeros de los Marineros para entregarlas durante el entrenamiento primaveral del próximo año. Pero las franelas y camisetas no son el único homenjae. En el bicep izquierdo de Carp hay un tatuaje de una pelota de beísbol que encierra un mapa, con una estrella roja sobre la costa Oeste y Amsterdam. Halman tenía el mismo tatuaje. Bajo el codo derecho de Mangini está el versículo bíblico preferido de Halman, Josué 1:9, que dice en parte: "Se fuerte y corajudo. No tengas miedo y no desmayes". Carp y Mangini conocían a la familia Halman. En ESPN The Magazine se escribió un reportaje extenso sobre la muerte de Halman, una historia que disgustó a Carp y Mangini. Pero los detalles de lo que ocurrió entre Greg y Jason no importan mucho ahora. Greg está muerto. "Conocí bien al hermano", dijo Carp. "Vino de visita algunas veces. Pasamos mucho tiempo juntos, saliamos despues de los juegos, veíamos televisión, oíamos música, jugábamos video juegos. Era parte de nuestra familia tambien, como un grupo. Nos manteníamos unidos. Hasta su padre vino, y su hermano, ibamos de compras, almozábamos y cenábamos, pasábamos dos semanas de calidad juntos.Fue muy doloroso saber que él hizo eso. Obviamente, sabíamos que algo ocurría, algunos problemas psicológicos, algunos incidentes, pero nadie sabía de que se trataba". El shortstop Xander Bogaerts, el principal prospecto de Boston, es de Holanda. Él habló con Carp de Halman, y Bogaerts sabía quién era. Carp fue seguidor del equipo de Holanda en el Clásico Mundial de Béisbol de este año, cuando el equipo llegó a semifinales. "¿Te imaginas si hubiesen tenido a Greg como uno de sus centerfielders estrella?", preguntó Carp. Mangini dejó el beísbol afectado por las lesiones. Se casará pronto. Carp tiene una buena temporada como jugador a medio tiempo. Liddi está con el equipo AAA de Seattle, Tacoma. Cortes está en el sistema de los Cascabeles de Arizona, mientras Moore está con Kansas City. Sus vidas están separadas ahora, pero Halman permanece como factor unificador. Mangini vio una fotografía de la camiseta de Halman que Carp publicó. "Me dio escalofríos", dijo Mangini. "Así lo hubiera querido Greg. Quiere estar con nostros. Probablemente nos está mirando todo el tiempo, deseándonos lo mejor. Sé que él y Carp se entendían muy bien.Greg tenía mucho que ver con eso, ver su camiseta en su casillero probablemente le da esa confianza e impulso que necesita para salir a dar lo mejor". Como lo dice Mangini, Carp es de la costa occidental, Mangini de la oriental y Halman era de otro continente. Pero Halman hacía fácil la armonía. Carp y Mangini se mantienen en contacto con la familia de Halman mediante Facebook, incluyendo a su madre, Hanny Suidgeest. El sábado, el día anterior al día de las madres, Carp dijo que sus pensamientos estarían con Suidgeest. El día de la festividad, ella escribió en Twitter, "El amor nunca muere". Ni para ella, ni para Carp. "Pasamos mucho tiempo juntos", dijo Carp. "Era muy accesible, siempre venía y hablaba conmigo, '¿De donde eres? Oh, ¿Long Beach? Ah caramba, Yo soy de Holanda'. Compartir historias y tratar de reflexionar sobre la vida en Europa, ir a Estados Unidos, el tenía 16 años cuando llegó, firmó y estuvo ahí. Es muy sorprendente lo que consiguió. Fue de abajo hasta arriba. ¿Quién lo hubiera pensado?" Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 29 de abril de 2013

En el cumpleaños de Luis Aparicio un juego que ilustra su nivel.

En el cumpleaños de Luis Aparicio un juego que ilustra su nivel. El 11 de agosto de 1961 los Medias Blancas de Chicago reciben a los Atléticos de Kansas City en Comiskey Park. El zurdo Billy Pierce abrió por los patiblancos. El tambien zurdo Jim Archer empezó el juego por Kansas City. En la próxima hora y 32 minutos, ambos serpentineros se enfrascaron en un ardoroso duelo de pitcheo. Ninguno concedió boleto a lo largo del encuentro. Pierce aceptó cinco imparables, todos sencillos. Uno de Haywood Sullivan en el segundo inning y luego fue puesto out de right fielder Al Smith al campocorto Aparicio. Otro de Leo Posada en rodado al pitcher a continuación del out de Sullivan en segunda base. El tercero salió del bate de Joe Pignatano en línea a la derecha que llevó a Posada a la tercera base. La amenaza de los Atléticos terminó cuando Deron Johnson la rodó por las paradas cortas y allí Aparicio recogió la pelota la pasó a Nellie Fox para forzar a Pignatano y este relevó a primera para completar el dobleplay en el mascotín de Roy Sievers. El cuarto imparable de los Atléticos lo despachó Wayne Causey hacia el jardín derecho en la cuarta entrada. El quinto lo consiguió Pignatano con un toque por primera en el octavo inning. Nadie más se embasó por los Atléticos. Archer aceptó 6 imparables. El primero de Jim Landis en línea a la derecha en el primer inning. El segundo un jonrón de Luis Aparicio en el tercer episodio. El tercero un sencillo al centro de Tim Lollar en el quinto inning. El cuarto, otro sencillo de Fox a la izquierda en el sexto inning. Landis siguió con el quinto en el mismo inning. El sexto fue un doble de Smith en el séptimo episodio. El otro corredor de los Medias Blancas fue Sievers quién se embasó por error de Causey en el cuarto inning. Pierce abanicó a 6 contrarios (Jerry Lumpe, Oswaldo Virgil, Deron Johnson y Archer en 3 ocasiones). Archer ponchó 3. (Fox y Pierce 2 veces). Aparicio realizó 3 outs y 2 asistencias. Alfonso L. Tusa C.

jueves, 18 de abril de 2013

La elección tiene preocupado al catcher de los Yanquis Francisco Cervelli

David Waldstein. 17-04-2013. Francisco Cervelli se paró en su casillero este martes, sacudió la cabeza y señaló hacia el campo, recordaba el día hace dos años cuando Henrique Capriles Radonski, el hombre que estuvo a un tris este domingo de convertirse en Presidente de Venezuela, visitó Yankee Stadium. “Él estuvo aquí”, dijo Cervelli el martes. “Fue en 2011, cuando Freddy estaba aquí. Lo conocemos. Es un buen hombre. Freddy, es Freddy García, el antíguo pitcher de los Yanquis quién es muy allegado a Capriles, al punto de que este apadrinó su boda. García y Cervelli, ambos venezolanos, fueron anfitriones de Capriles en su visita al estadio y la ciudad. Desde entonces, Cervelli ha hecho apariciones públicas en clínicas de béisbol y eventos de caridad junto a Capriles en Venezuela, y se ha convertido en su admirador. Ahora, como muchos jugadores venezolanos de Grandes Ligas, Cervelli sigue con nerviosismo lo que ha ocurrido luego de una cerrada elección que ha dividido a su país, preocupado porque la elección estuvo plagada de irregularidades, y temeroso de que la disputa pueda llegar a la violencia. “Estoy preocupado por mi país”, dijo Cervelli. “Lo que ocurrió no es justo”. En los días previos a la elección, Cervelli predecía que Capriles sorprendería a la gente, que la elección sería cerrada. En las giras con los Yanquis en Tampa, Detroit, y Cleveland, Cervelli monitoreó la campaña y tenía un gran optimismo. Cada día que pasaba, la esperanza y la excitación en su voz crecían. Él no pudo votar el domingo porque estaba jugando, y muy bien, con los Yanquis. Pero estuvo despierto hasta tarde revisando los resultados a medida que los publicaban. Ahora, Cervelli revisa constantemente su iPad o computadora para conocer los últimos acontecimientos, esperando una salida diferente. El lunes, Nicolás Maduro, el sucesor de Hugo Chávez escogido a mano, fue declarado ganador por un margen extremadamente estrecho sobre Capriles, el gobernador del estado Miranda. Se dijo que Maduro ganó con 50.8 porciento y Capriles 49.0, una diferencia de apenas 265.000 votos. Capriles ha solicitado un reconteo de los votos, el cual avalan sus partidarios incluido Cervelli. “Solo abran las cajas”, dijo Cervelli. “Tan simple como eso. Si cuentan los votos otra vez y Maduro gana, bien. Entonces cada quién se puede ir a casa. Pero cuenten los votos y háganlo una realidad”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 16 de abril de 2013

Recordando la pasión y la furia de Jackie Robinson.

Dave Anderson. New York Times. 11-04-2013. El Jackie Robinson que vi en la película “42” era diferente pero también el mismo que conocí como periodista deportivo con el hace tiempo desaparecido Brooklyn Eagle y el New York Journal American. En la película, que empezó a exhibirse este viernes 12 de abril, el actor Chadwick Boseman encarna al novato de los Dodgers de Brooklyn en 1947, cuando el gerente general Branch Rickey le ordenó “no caer en provocaciones” del racismo que hervía entre algunos de sus compañeros, sin mencionar a los rivales y el público. Como adolescente, solo vi a Robinson desde la tribuna de Ebbets Field. Y era el mismo porque Boseman parecía arder con la llama que a menudo vi aflorar en él durante los juegos que cubrí de los Dodgers en las últimas cuatro temporadas de Robinson, desde 1953 a 1956. La llama que una vez pareció alcanzarme. Una vez cubrí una derrota de los Dodgers ante los Gigantes de Nueva York en Polo Grounds. Temprano en la noche del día siguiente, abordé un tren en Penn Station que llevaba a los Dodgers en una gira cuando Lee Scott, el secretario de viajes del equipo, me dijo: “Ten cuidado. Robinson te anda buscando”. Me anda buscando. No podia imaginarme que había hecho para molestar a Robinson, cuando me senté en mi compartimiento, pude oir su voz gritar, “¡Dave Anderson!” y agregar, a más volumen, que me iba a golpear. Cada vez que gritaba, esa voz se acercaba a través del tren. De pronto, ahí estaba, quemándome con la llama de sus ojos. “¿Cómo pudiste escribir eso?” “¿Escribir qué?”, pregunté. “Que Campy decía, ‘Robinson, ¿por qué no te callas?’, dijo, refiriéndose a Roy Campanella, el catcher de los Dodgers. Ahora lo entendía. Durante la derrota de la noche anterior, Robinson tuvo una fuerte discusión con un árbitro. Más tarde, en el clubhouse de los Dodgers, él todavía gruñía con aquella voz gritona que a través de los años había llevado a sus compañeros a decir: “Robinson ¿por qué no te callas?” Sin molestarse y un poco cansados. Nadie lo decía más a menudo que Pee Wee Reese, el shortstop de los Dodgers y capitán, quién ayudó a Robinson más que ningún otro compañero. “Campy no estaba enojado contigo”, le dije. “Sólo quería que dejaras de gritar”. “Pero me hizo sentir mal frente a mis compañeros”, dijo Robinson. A continuación, se volteó y avanzó hacia el vagón de los peloteros. Nunca lo mencionó otra vez, nunca volvió a hablarme enojado en todos los años antes de su muerte prematura en 1972, pero siempre he recordado con afecto haber sido confrontado por un Jackie Robinson muy molesto aquel día, cara a cara, de la manera como muchos compañeros y rivales lo vieron. De todos los momentos inolvidables que tengo de él bateando o corriendo las bases, mi favorito sigue siendo haber oido aquella voz acercarse a través del tren y de pronto ser el blanco de la rabia en sus ojos. Así como resentía lo que consideraba un comentario crítico de un compañero, él sabía como obsequiarle a un reportero un historia que coincidencialmente involucraba a Campanella. En el tercer juego de la Serie Mundial de 1953 con los Yanquis, el jonrón de Campanella en el octavo inning ante el derecho Vic Raschi, los llevó a una victoria 3-2. Cuando llegué al clubhouse de los Dodgers, Robinson me llevó a su casillero. “Antes que Campy bateara el jonrón”, me dijo tranquilamente, Casey Stengel, el manager de los Yanquis, “señalaba su oreja izquierda y le gritaba a Raschi: ‘Pégasela en la oreja. Pégasela en la oreja’”. En aquella época era común que desde el dugout, los managers ordenaran lanzamientos intimidantes. En aquella serie, los Yanquis le estaban lanzando pegado a Campanella, con éxito. En el segundo inning del primer juego, una recta del derecho Allie Reynolds había golpeado a Campanella en la mano derecha. Cuando vino a batear con un out en el octavo inning del tercer juego contra Raschi, Campanella bateaba de 11-1 en la serie, su único hit lo había conseguido en la derrota 9-5 del primer juego. “Me dijeron”, le dije a Campanella, “que antes de batear el jonrón, Stengel estaba gritando, ‘Pégasela en la oreja’. ¿Lo viste hacer eso?” “No, no lo vi”, me dijo. “¿Pero escuchaste lo que dijo?” “Si, lo oí”. Al primer lanzamiento de Raschi, el próximo sonido que Campanella y todo el mundo en Ebbets Field oyó fue el contacto de su bate descargando un jonrón a la parte baja de las gradas del left field. Ese batazo ganó el juego en el cual el derecho Carl Erskine de los Dodgers logró un record de 14 ponches. Y gracias al obsequio de Robinson, escribí una buena historia. Los Yanquis ganaron en seis juegos, pero dos años después los Dodgers finalmente ganaron una Serie Mundial, su único campeonato en Brooklyn. Quizás más que ningún otro, Robinson entendía una razón del porque aquellos equipos de Stengel vencieron a sus Dodgers en cinco de seis series. “Mickey Mantle es un gran bateador”, me dijo Robinson una vez, “pero ese Yogi Berra es el tipo que me asusta. No se le puede pitchear”. Robinson conocía a los bateadores. Cuando los Dodgers viajaban al norte luego de terminar el entrenamiento primaveral de 1954, hicieron una parada en Mobile, Ala., para un juego de exhibición contra los Bravos de Milwaukee. Me paré junto a Robinson mientras un novato de los Bravos tronaba líneas en la práctica de bateo. Robinson se volteó hacia mí y dijo: “Vas a estar viendo a ese muchacho por mucho tiempo”. Ese muchacho era Henry Aaron, quién había cumplido 20 años y todavía no era Hank o The Hammer (El martillo), era sólo un jardinero delgado que batearía .280 esa temporada con los primeros 13 de sus 755 jonrones. Años después le pregunté a Robinson cuantos grandes ligas afroamericanos le habían agradecido personalmente por romper la barrera racial. “Hank Aaron ha sido fantástico”, dijo. “Él ha mostrado su aprecio”. Cuando Aaron rompió la marca de 714 jonrones de Babe Ruth (a unos 18 meses después de la muerte de Robinson en 1972), las cartas racistas lo acosaron, pero nunca habló de ellas en público hasta años después. Y si el ve “42”, apreciará mucho más a Jack Roosevelt Robinson. Traducción: Alfonso L. Tusa C.