miércoles, 2 de octubre de 2013
La faceta olvidada de Rod Carew
En Cooperstown reza una placa que el señor Rod Carew merece un nicho en ese templo entre otras razones por haber alcanzado el liderato de bateo en la Liga Americana en 7 ocasiones, solo superado por Ty Cobb (11), Tony Gwynn (8) y Honus Wagner (8) y a su vez igualado por Roger Hornsby y Stan Musial. También bateó sobre .300 durante 15 temporadas seguidas (1969-1983). Fue elegido al Juego de Estrellas por 18 años seguidos. Quizás por esta habilidad sus colegas lo apodaban "Sir Rodney" mucho antes de alcanzar estos pergaminos.
Nació el 1 de octubre de 1945, en el vagón de un tren mientras su madre se trasladaba desde Gatún hacia el hospital de Colón. Rompió fuente durante el viaje y la asistió el médico Rodney Cline, he allí la razón de los nombres del futuro beisbolista. Durante su niñez atravesó momentos dificiles cuando su padre le recriminaba por ser "delicado y afeminado". Sin embargo supo salir adelante y conectó con su mejor capacidad de ajuste ese cambio de velocidad.
A los 16 años emigró a Nueva York, allí fue firmado por el el scout de los Mellizos de Minnesota, Herb Stein, recibió un bono de $5000, si hacía el grado con el equipo grande recibiría $7500 adicionales. Luego de fajarse por seis años en las ligas menores subió a la Gran Carpa en 1967. Su primer imparable lo consiguió ante el dificil Dave McNally. Gaylord Perry se quejaba de como Carew bateaba a placer su pelota grasosa, "Es el único pelotero que le pega con consistencia a mi pelota grasa. La ve con tanta claridad que imagino que le puede ver el lado seco".Lo único que lo pudo detener fue un ligamento desgarrado en su rodilla izquierda. Aún así terminó bateando .366 en 191 turnos.
El pitcher Ken Holtzman decía que bateaba con tal facilidad sus mejores envíos que parecía empuñar una varita mágica en vez de un bate.
Carew experimentó su mejor temporada en 1977 cuando coqueteó con los .400 de promedio al bate y terminó con .388, el promedio más alto desde que Ted Williams registrara igual marca en 1950. Sus 239 imparables fueron el registro más alto desde los 254 de Ralph Terry en 1930. Luego George Brett batearía para .390 en 1980 y Tony Gwynn .394 en 1994.
En Venezuela jugó con los Tigres de Aragua en la temporada 1971-72. Como manager-jugador le tocó manejar aquel momento cuando 5 peloteros importados dejaron el equipo por exigir màs dinero. Esa temporada, para variar, fue campeón de bateo, .355 (72 hits en 203 turnos). Y fue campeón de LVBP con los Tigres.
Lo que los aficionados normales al juego quizás poco recuerdan es una estadística que tiene su origen en una enseñanza que un manager facilitó a Carew. 17 robos de home en su carrera significa el premio Pulitzer, el premio Nobel, la medalla del Congreso y la triple corona, todo en uno."Empecé en 1969, Billy Martin dirigìa a los Mellizos. Se nos hacía dificil anotar carreras. Billy me dijo que no tuviera miedo de hacer el intento".
Carew empezó a estudiar a los pitchers. "Miraba la forma como sostenían la pelota en el guante, la forma como la agarraban con la mano y como hacían el wind up. Trataba de calcular cuantos pasos podía adelantar desde tercera base. Si eran bastantes, los sorprendía y arrancaba hacia el plato". En 1967 Carew robó el home en 7 oportunidades. Desde ese momento fue vigilado como cualquier jefe mafioso.
"No hay nada más humillante que perder un juego por un robo de home", dice Nolan Ryan, pitcher de los Angelinos de California en los años setenta. "Me ocurrió una vez ante Kansas City. Tenía al bateador en 2 y 2 y Amos Otis arrancó desde tercera base. El lanzamiento fue bola y él se deslizó quieto. Me sentí insignificante".
"Cuando veo a Carew en tercera base", dice Ryan, "me concentro más en lo que él hace y el tercera base está pendiente de él. Al hacer eso, dejo de hacer el wind up y dejamos un hueco grande en tercera para el bateador".
En una ocasión le preguntaron a Carew, "¿El bateador sabe cuando vas a salir hacia el plato?"
"Doy la seña. Pero los bateadores no siempre la toman", respondió Carew. "Harmon Killebrew la perdió una vez e hizo swing mientras yo salía hacia la goma. Sentí un miedo terrible. Pensé que me iba a matar".
Una situación similar asustó a Maury Wills cuando Frank Howard soltó un linietazo que pasó a centímetros de Wills. Wills temblaba cuando relató que la pelota rozando su cráneo parecía una torta de casabe y el bate de Howard tomó las dimensiones de la torre Eiffel. Quizás por eso se olvidó de los robos de home.
Carew confesó que nunca sintió miedo de fallar, su alta efectividad en robos de home así lo certifica. "Cuando empiece a sentir que no lo puedo hacer, dejaré de intentarlo".
Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Extracto de Remontada Escalofriante
Los pasos acompasados a ritmo de samba,aceleraron mi pulso. De pronto la monotonía de la acera se impregnó de las curvas más sinuosas. Casi me mareaba al seguir el ritmo de la cintura, las piernas largas y hasta los tobillos. La cabellera flotaba en el tafetán floreado que cubría la espalda. Sólo llegaba a cinco pasos de ella, los influjos de su perfume mezclados con su aroma natural me atornillaban a la acera. El morral casi se me resbalaba de las manos. Sentía un ardor en todo el cuerpo que me parecía que iba a salir disparado como el Apolo 11. Sólo cuando casi llegamos a la entrada de la escuela alcancé a ver la sonrisa de Marina. Me dijo que me había visto desde hacía dos cuadras. Que parecía desmayado. Le pregunté si le quedaba algún Pentro y ahogó una carcajada.
__¿Vas a estar esta tarde en la farmacia?
__Si, pero no te vayas a desmayar.
Recién a las cinco y media de la tarde completé la tarea de sexto grado. Salí un momento al jardín y estiré los brazos. Me sentía feliz porque ahora podía hacerlo que me gustaba. En frente se extendía el solar de asfalto donde tantas veces jugamos pelota, esta vez ocupado por innumerables tubos de concreto del futuro sistema de cloacas. La nostalgia se desdibujó al escuchar la conversación de Ferdinando y Justo. Buscaban una emisora de Valencia que transmitía comentarios preliminares al juego del Magallanes. Aquello encendió una luz en mi memoria.Me llegué hasta la cocina y le pregunté a mamá si necesitaba algo de la farmacia. Me preguntó si había terminado la tarea. Luego de revisarla, me dijoque necesitaba dos papeletas Vicky-Vicky de color anaranjado. Su mano en mibrazo me hizo patinar en el piso de granito.
__¡Ten cuidado y deja las carreras!
Aún cuando en aquella época del año las noches son más largas, cuando subí los escalones de la Plaza Montes todavía quedaban algunas líneas carmesí que se hundían en el horizonte de penumbras. Justo antes de traspasar la puerta de la farmacia escuche el ruido característico de cuando se cambia una radio emisora. La figura sinuosa de Marina apareció bajo uno delos accesos internos del local. Tenía el dedo índice adosado a sus labios. Sus ojos inmensos iluminaban más que las lámparas.
__Es que estoy aprovechando que el señor Basiliosalió a comprarse un café, para ver si ya empezó el juego de La Guaira.
Me la quedé mirando, pesaba más la espontaneidad de su sonrisa que la desilusión de que simpatizara por los Tiburones. Me dijo que en su casa todos eran magallaneros, pero a ella siemprele había gustado La Guaira. Todo iba muy bien hasta que un carraspeo resonó desde la baranda. Las papeletas de Vicky-Vicky temblaron en las manos de Marina.
__Disculpe señor Basilio, lo cambié un momentico para ver si había empezado el juego de La Guaira.
En medio de la plaza volteé varias veces hacia la farmacia. Los matices cobrizos de sus mejillas delinearon la sonrisa de Marina.Sólo escuché la caricia de su voz cuando sentí la frialdad del mármol en el parietal. Marina se llevó las manos a la boca. Pasé unos instantes sobándome la cabeza frente a la estatua. Oi las carcajadas de Marina hasta que dejé atrás el cine Royal. Bajo las ramas de los jabillos de la acequia la litografía de las papeletas relumbró con la sonrisa de labios carnosos de Marina. Varios radios soltaban espirales que rebotaban sobre el talud de arenisca que bajaba desde la escuela. “En tres entradas completas, Cardenales vence a La Guaira 2 a 0”. La vegetación apenas dejaba el espacio por donde pasaba un carro. El crujido de las suelas de mis zapatos sobre los granos de arena desapareció ante un resoplido que terminó en estruendo. Solo volteé cuando pisé el escalón de la acera que terminaba en la esquina de la casa.
Los resuellos de mi pecho desaparecieron por arte de magia al ver el rostro entre sonreído y adusto de mamá. Sólo la visión de una vaca blanca con manchas marrones, seguida por los pinchazos que dispensaba un hombre de brazos largos y un sombrero de cogollo. La cabuya silbaba entre sus manos. La vaca impregnó de mugidos toda la cuadra del hospital. Sólo aquella visión me salvó del regaño de mamá. Igual tuve que asistirla en el proceso de calentar agua en una olla grande. Agregarle varias cucharadas de sal. Y luego llevarla hasta el medio del patio. Allí abrí las papeletas. Ella las vació en el agua hirviente y luego sumergió dos blusas manga larga y una toalla. Desde el lavadero llegaban los impactos de la plancha sobre la mesa y los estornudos del radio de Carmela. “Cuando vamos para el cierre del noveno inning. La Guaira 2, Lara 2”.
Intenté sacar las prendas de la olla. Mamá me empujó la mano a un lado y colocó la tapa. Me dijo que el anaranjado solo prendería si la olla recibía todo el sereno de la madrugada. Montó dos piedras de más de dos kilos cada una y se sintió un redoble en las paredes de la olla.Del lavadero llegaba el aullido del radio. La voz del locutor comercial salía por los bloques de dibujo. Fui a ponerme el pijamas. Al regresar al patio, las sombras de dos gatos saltaron desde la olla a la mata de anón. Me acerqué más al lavadero. El ritmo expectante del narrador seguía ausente. El comentarista hablaba y hablaba. Carmela bajó el volumen del radio y debía pegarme a los bloques. “George Manz se apunta el triunfo en trabajo completo, permitió 2 carreras, 1 limpia. Le conectaron 5 imparables. Ponchó a 5 y concedió 3boletos. Aurelio Monteagudo cargó con el revés. En 8 entradas permitió 3 carreras, 1 limpia. Recibió 8 imparables. Ponchó 1. Concedió 2 boletos”.
Alfonso Tusa
jueves, 12 de septiembre de 2013
Dave Parker ahora lidia con el mal de Parkinson
La vida siempre guarda alguna sorpresa, agradable o artera a la vuelta de la esquina. De esto es muy difícil de escapar. Quizás la diferencia estribe en la actitud de cada cual ante esos momentos. Al conocer la declaración de Parker sobre su diagnóstico de mal de Parkinson, fue inevitable rememorar sus actuaciones en la liga venezolana de béisbol profesional y sus logros en las Grandes Ligas. Parker dijo que los médicos le informaron que padecía la enfermedad en febrero de 2012. Durante una revisión física, la mano le temblaba, al decir que tenía tiempo así, le informaron que sufría de Parkinson.
El primer recuerdo que guardo de Parker se remonta a algún momento entre marzo y agosto de 1974. Rubén Mijares ocupaba la gerencia deportiva magallanera. Uno de los primeros movimientos que hizo fue cambiar a Bob Darwin (quien había bajado de 19 jonrones en la temporada 1972-73 a 7 en la 73-74 y de 45 a 32 carreras empujadas) a las Águilas Cibaeñas de República Dominicana, por un novato de los Piratas de Pittsburgh llamado David Gene Parker. De inmediato empezaron las especulaciones que a partir de octubre quedaron atrás ¡y de que manera!
El mal de Parkinson es un desorden progresivo que gradualmente agota al sistema nervioso. Hasta el momento Parker ha evitado los medicamentos y mantiene a raya la enfermedad con una dieta adecuada y ejercicios físicos que incluyen una hora diaria de bicicleta.
Fue apodado Cobra debido a su bate letal y la potencia de su brazo, la cual quedó grabada en muchas memorias cuando realizó aquellas dos asistencias para retirar dos corredores en el plato durante el Juego de Estrellas de 1979 que terminó 7-6 a favor de la Liga Nacional.
Aquella temporada 1974-75 conformó un temible uno-dos con Don Baylor en medio de una alineación que incluía a Gustavo Gil, Rick Stelmaszek, Rob Andrews, Bob Bailor, Dámaso Blanco, entre otros. Parker tuvo mucho que ver con la clasificación de los Navegantes y con la victoria sobre los Leones del Caracas en una semifinal de dientes apretados. Luego cayeron ante los Tigres de Aragua en la final, pero dejando todo sobre el terreno, con Parker entre los más voluntariosos.
Alcanzó las Series Mundiales de 1979 con los Piratas y de 1989 con los Atléticos de Oakland. Dos veces terminó como lider de los bateadores de la Liga Nacional .338 en 1977 y .334 en 1978. En ese ’78 también fue nombrado el jugador más valioso de la Liga Nacional. En 1979 resultó el jugador más valioso del Juego de Estrellas. Ganó 3 guantes de oro: (1977, 78 y 79). Logró el bate de plata en 1985 (OF), 1986 (OF) y 1990 (DH). Lider en slugging: 1975 (.541) y 1978 (.585). Lider en hits: 1977 (215). Lider en bases totales:1978 (340), 1985 (350), 1986 (304). Líder en dobles: 1977 (44), 1985 (42). Lider en carreras empujadas: 1985 (125). Líder en extrabases: 1979 (77), 1985 (80). Líder en elevados de sacrificio: 1979 (9), 1990 (14). Lider en boletos intencionales: 1978 (23), 1985 (24). Líder en outs como right fielder : 1975 (315), 1976 (293), 1977 (381), 1983 (281). Líder en asistencias como right fielder : 1977 (26). Líder en dobleplays como right fielder: 1977 (9), 1987 (3). Líder en outs como outfielder: 1977 (389). Líder en asistencias como outfielder: 1977 (26).
En la temporada 1976-77 lo hizo todo con el Magallanes. Junto a Mitchell Page se echó el equipo al hombro para llevarlo hasta el campeonato. En el transcurso se coronó campeón de bateó con promedio de .414 el cual fue el más alto de LVBP hasta que Bob Abreú lograra el título de bateo con marca de .419 en la temporada 1998-99. Durante un juego de la semifinal ante las Águilas del Zulia, Magallanes llegó perdiendo 1-0 ante gran labor de Gilberto Marcano. Luego de un out en el noveno inning, Parker negoció boleto y Page largó linietazo bestial a los jardines para dejar hombres en segunda y tercera. Parker empezó a presionar desde la antesala y Marcano lanzó mal hacia esa base propiciando las dos carreras que decretaron el triunfo magallanero. En algún momento de los play offs el narrador Felo Ramírez exclamó: “¡Parker, el predestinado del Magallanes!”
En Grandes Ligas vistió las camisetas de Pittsbugh (1973-1983), Cincinnati (1984-1987), Oakland (1988-1989), Milwaukee (1990), California (1991),Toronto (1991).
En 19 años y 9358 turnos al bate, Parker dejó promedio ofensivo de .290, 339 jonrones, 1493 carreras empujadas, 1272 carreras anotadas, 2712 imparables.
En la temporada 1982-83 regresó con Magallanes, hacia el mes de diciembre, su rendimiento en el terreno distó mucho de sus actuaciones anteriores. Fuera del campo mostró su calidad humana al prestar ayuda humanitaria y financiera a los damnificados de la tragedia de Tacoa.
Siempre entregaba lo mejor de sí sobre el terreno de juego, aún mantiene esa filosofía, hace poco declaró en referencia a la actuación de los Piratas de Pittsburgh en la temporada 2013. “Los aficionados de los Piratas necesitan desesperadamente una temporada ganadora. Veinte años de temporadas negativas es algo inaceptable. Cuando yo jugaba, dejábamos todo en el terreno. Es agradable ver a estos muchachos hacer otro tanto”.
Alfonso L. Tusa C.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Una forma dura de jugar béisbol
Russell Martin juega en la receptoría, la posición más dificil del béisbol.
David Waldstein. 16-06-2012. The New York Times
Era un momento típico de un juego ordinario en un día promedio para un receptor de Grandes Ligas. Esto ocurrió el 30 de mayo en Anaheim, pero pudo haber sido agosto en Kansas City o marzo en Tampa.
Un año detrás del plato.
Como receptor de grandes Ligas, Russell Martin juega una de las posiciones más exigentes en todos los deportes. The New York Times sigue de cerca a Martin a través de la temporada 2012, para examinar el valor de su trabajo y explorar su considerable significación.
Russel Martin, catcher de los Yanquis de Nueva York, parado detrás del plato y armado con 2 kilos y medio de implementos, conocidos afectivamente como las herramientas de la ignorancia, dobla sus rodillas y baja su torso hacia el suelo como un juguete Transformer reacomodándose a su forma compacta.
Balanceándose sobre los dedos de sus pies, movió los hombros hacia adelante y colocó su mano derecha detrás de su pierna derecha para protegerla de la piedra blanca que corta el aire hacia él. Detrás del plato, estaba una vez más, sobre sus piernas dobladas. Es un rasgo distintivo de posicionamiento físico para los hombres que juegan quizás la posición más importante del juego.
También puede ser un lugar miserable y despiadado para ganarse la vida.
En Anaheim, Martin levantó la mano izquierda con la mascota para recibir el pitcheo de cuenta completa, un slider, del relevista Rafael Soriano en el noveno inning de un juego de una carrera. El bate se movió. Justo sobre el plato, donde rebotó y, como cientos de pelotas se comportan cada año, encontró una de las muchas partes desprotegidas y vulnerables del cuerpo de Martin.
Con la posibilidad de que el bateador, Alberto Callaspo, podría hacer swing y fallar para el tercer strike, era necesario para Martin bloquear la pelota para prevenir que se le fuese hacia atrás.
Bloqueó la pelota. Con su cuello.
No trataba exactamente de usar su cuello. Pero alguna parte, cualquier parte de su cuerpo siempre acude al llamado al deber, y en esta ocasión fue su cuello. Así es este trabajo.
La pelota se incrustó en el cuello de Martin como el puñetazo de un peso welter furioso, y lo estremeció momentáneamente. Tosió, recuperó el aliento, sacudió la cabeza. Luego de una pausa breve, es todo lo que la mayoría de los receptores pide o consigue, estaba de vuelta en aquella familiar, vulnerable y peligrosa posición, listo para el próximo lanzamiento contra el suelo, el próximo posible foul tip, el próximo golpe furioso.
"Cada vez que recibes un golpe en el cuello, entras en pánico por un segundo", dijo Martin. "Recibí un golpe directo en la manzana de Adán el año pasado, y por un segundo temes por tu vida. Pero esta vez vez fue en un costado de mi cuello. Mantuve el aliento por un segundo, y cuando pude respirar, me di cuenta que estaba bien. Así que me preparé para el próximo pitcheo".
Agacharse para el próximo pitcheo, una y otra vez, a través de los marcadores de los juegos y cientos de innings y fajándose con miles de lanzamientos, es la esencia del trabajo de Martin. Él es, como catcher profesional, a la vez motivo de vitalidad y confianza, expuesto y exigido, su equipo cuenta con él, y es muy subestimado por los aficionados.
Desde el primer día de entrenamientos primaverales a finales de invierno hasta el fin de la temporada en otoño, un catcher tomará innumerables decisiones críticas que afectarán los resultados de los juegos. Recibirá cientos de pelotazos en docenas de partes protegidas y desprotegidas de su cuerpo.
Y someterá a una presión y desgaste inimaginados sus rodillas, piernas, espalda y cuello. Sólo con ubicarse en su posición.
"Es la posición más dura de jugar, de lejos", dijo Tim McCarver. "La gente no se da cuenta ni de la mitad de lo que exige esa posición".
McCarver recibió 1387 juegos de Grandes Ligas desde 1959 hasta 1979, y su dedo medio derecho se le partió nueve veces debido a los pelotazos en foul, usualmente generados por bateadores derechos tratando de tocar la slider de Bob Gibson. Le hicieron un transplante de rodilla hace dos años, a los 68, y su mano izquierda aun tiembla del incesante impacto de recibir pelotas. Aún con la protección de la mascota, sus manos quedaron abatidas como masa de harina de trigo, hoy los dedos índice y medio de su mano izquierda se le duermen con frecuencia.
Otros receptores veteranos confirman esa condición, a menudo en compañía de alguna otra.
"Vi a John Roseboro, y me dijo que se partió los dedos muchas veces que hubo de hacerse una operación para quitarse las cicatrices", dijo McCarver. "Veo a John Bench y Carlton Fisk y Darren Daulton, y otros tipos que catchearon bastante. Cuando nos reunimos, hablamos de la forma como caminamos, de nuestras rodillas, las espaldas, de lo que sentimos en general. Es natural. Es una pequeña fraternidad, compartimos las mismas sufridas experiencias.
Sandy Alomar Jr., recibió 1324 juegos con siete equipos en las grandes ligas desde 1989 hasta 2007, y recibió otros cientos más en las menores. Tuvo 10 operaciones en sus rodillas, siete de las en la izquierda.
"Me siento afortunado de que aun pueda caminar", dijo Alomar riendo. "Considerando todo lo que pasé, siento que vencí al juego".
En el séptimo año de su carrera, Martin, un obsesivo con la salud y la condición física de 29 años, quién ha practicado de manera intensiva artes marciales mezcladas, dice que cualquier lesión que haya sufrido hasta ahora ha sido más momentánea que duradera. Tiene esperanza, si no confianza, en el futuro de su cuerpo.
"Hasta ahora, mis rodillas se sienten bien"; dijo Martin. "Tal vez el desgaste asociado a la posición sea un mito. Pero definitivamente hay mucho abuso asociado con ella".
The New York Times, programó la crónica de una temporada en la vida de un receptor. En efecto, para considerar: los momentos cómicos, satisfacciones y retos, la mecánica de la posición y el desgaste mental de jugar detrás del plato dia tras día, los rasguños y el tedio, las jugadas obvias y las decisiones anónimas.
Aquí tenemos un reporte a grosso modo del primer tercio de la temporada de 2012 para Russell Martin: 54 juegos; 4461.1 innings, 392 outs incluyendo los ponches, 11 outs en el plato, incluyendo uno muy duro en mayo y una jugada critica en la que tuvo que buscar al corredor en un juego sabatino para preservar un empate en un juego donde recibiría 14 innings sin descanso, 2 pelotazos en el cuello, y el ocasional impacto en el dorso de la mano o la cabeza de un swing con todas las fuerzas.
Entonces ocurrió esto, una nueva lesión para un receptor dentro de una carrera llena de golpes al cuerpo: durante un juego en Baltimore el 14 de mayo, un foul tip golpeó la careta de Martin y dobló una de las barras de metal hacia su barbilla.
"No tenía bien colocada la careta, y la barra de metal se proyectó sobre mi barbilla", dijo. "No le presté atención. Seguí jugando. Algunas veces, ni siquiera recuerdo. Entonces mientras paseo con mi novia ella me toca el brazo u otra parte, y yo me quejo 'Ay, eso duele'. Y sucede que tenía un golpe ahí y no me había dado cuenta".
En 2012 el dolor ha sido más considerable para otros en la posición. Para el 10 de junio, 16 catchers estaban en la lista de incapacitados por diferentes lesiones. Los Nacionales de Washington perdieron dos catchers en tres dias en mayo. Los Tigres de Detroit tienen dos en la lista de incapacitados. Uno de ellos es Alex Ávila, quien está fuera por una lesión en el tobillo, pero también fue retirado de un juego luego de sentirse mareado por recibir un foul tip de lleno en la careta. El receptor de los Mets Josh Thole resultó con una concusión cuando fue golpeado en una jugada en el plato el 7 de mayo; perdió cerca de un mes.
El padre de Martin, un saxofonista de jazz con un don para la metáfora, ha desarrollado su propio estilo de capturar el trabajo del receptor a lo largo de la temporada:
"Es como estar parado en el medio del autopista".
La incomodidad es el trabajo numero 1.
Adelante, inténtelo: agáchese bien abajo, con los glúteos casi tocando el suelo. Quédese ahí. ¿Todavía no duele? Bien, levántese. Ahora agáchese de nuevo. ¿Todavía no duele? ¿Duele más?
Doblarse así, no es normal. En realidad, a los receptores no les gusta llamarlo doblarse. Ellos prefieren llamarlo agacharse. ¿Quién puede saber más que ellos?
Para el aficionado promedio a los deportes, después de todo, sentarse en el taburete de un bar durante un juego de la Liga Americana es suficientemente exigente.
De hecho, no es fácil imaginar otros trabajos que requieran algo como eso. ¿Un mecánico? ¿Una maestra de preescolar? ¿Un detective revisando las envolturas de las balas? Un par de minutos a lo sumo ¿Cierto? Hasta los encantadores de serpientes se sientan con las piernas cruzadas en algún momento.
Para un hombre adulto, doblar su cuerpo una y otra vez en la posición de catcher, casi siempre tiene sus consecuencias.
"Ahorita no pudiera ni siquiera agacharme", dijo el manager de los Gigantes de San Francisco Bruce Bochy, quien tiene 57 años y fue catcher en las Grandes Ligas por nueve años. "Y si lo hiciera, pienso que no podría levantarme".
Bochy dijo que cuando él jugaba, las caderas se le desarrollaron tanto que no podía comprar pantalones en las tiendas, sus pantalones debía mandarlos a confeccionar con un sastre para ajustarlos a su voluminosa cintura.
Agacharse para un catcher actual es muy normal, es tan familiar para el juego como la grama. Pero los catchers no siempre se doblaban detrás del plato. En los dias iniciales del béisbol a mediados del siglo 19, de acuerdo a los historiadores del Salón de la Fama, los catchers se paraban bien atrás del plato y recibían los lanzamientos al primer rebote, sin guante. Debido a esto, los estadios debían ser maquillados de tal manera que el area detrás del plato estuviera bien plana y lisa, de manera de producir rebotes uniformes.
Pero en la década de 1870, un estudiante de Harvard llamado Fred Thayer inventó una máscara para el catcher del equipo de la universidad, James Tyng. Inspirado en las máscaras de los esgrimistas, Thayer confeccionó la suya con alambre y cuero, muy parecida a las de los catchers de hoy. Esto cambió la posición para siempre.
Tyng, y los que le siguieron, fueron capaces de acercarse más al plato, y pronto los catchers empezaron a agacharse, lo que les permitió ofrecer un blanco en la zona de strike con sus guantes nuevos.
Los catchers tienen dos agachadas básicas. La posición primaria es relativamente relajada, con las rodillas dobladas en ángulo agudo y los talones juntos, como un excursionista prendiendo un fuego.
Pero cuando hay un corredor embasado, el catcher se moverá a su posición secundaria, un salto o paso lateral. Aquí, las rodillas están en ángulo recto, el peso del cuerpo descansa más en la punta de los pies, lo que le permite al catcher moverse con más rapidez y efectividad para poner out a un potencial robador de bases.
La mayoría de los catchers utilizan los mismos principios en sus agachadas, con pequeñas variantes, como poner una rodilla debajo de la otra para fijar un blanco más bajo. Otros, como Tony Peña, ahora coach de los Yanquis, fueron notables por extender una pierna a un lado, estirada sobre el suelo. Pero esto es inusual, una pose como de ballet, solo puede ser hecho cuando no hay corredores en base.
"Algunas veces tu cuerpo apenas te permite ser catcher", dijo Peña, quién recibió 1950 juegos en 18 temporadas. "Si no es apropiado, lo entenderás pronto y jugarás en otra posición".
El pasado de los croissants de chocolate
El padre de Russell Martin, Russell, nació y se crió en Montreal. Cuando sus sueños de convertirse en futbolista americano terminaron luego de la secundaria, el señor Martin trabajó restaurando casas. Pero a los 26 años agarró la flauta de un amigo, luego un saxofón tenor, y tenía una vocación nueva.
El señor Martin tenía habilidad natural para la música y ganas de trabajar en eso. Tocó en el metro de Montreal, especialmente en la estación Villa-Maria porque tenía buena acústica.
Cuando su hijo nació, el señor Martin le puso Coltrane por segundo nombre, en homenaje a John Coltrane, no solo por su música, también por su espíritu libre e independiente.
La familia deambuló alrededor de Canadá antes de la separación de los padres de Martin. Cuando la madre de Martin se volvió a casar, se llevó a Russell quien tenía 8 años, y a su hermana a Paris.
Russell hablaba muy bien el francés, y rápidamente perfeccionó el acento parisino, dijo su madre, Suzanne Jeanson. Aún así hubo algunas dificultades con su adaptación. Fue señalado y segregado como forastero.
"Eso fue una experiencia muy dura para él, porque siempre fue un niño extrovertido que hacía amigos con facilidad", dijo Jeanson. "Tuvo que aprender a defenderse por su cuenta, y llegó a ser muy bueno en eso". Pero lo más significativo para el eventual grande liga, fue que el futuro atlético de Martin estuvo en peligro en París. Y no por la falta de opciones de entrenamiento beisbolístico para niños que pudiera haber en Francia.
No, fue una pastelería francesa en Issy-les-Moulineaux del sudoeste parisiense. Agacharse como catcher es dificil. Hacerlo con una barriga pronunciada es más duro.
"Los comía todos los días", dijo. "Cuando regresé a Montreal en el verano, mi papá no podía creer cuanto había subido de peso".
El padre de Martin estuvo de acuerdo. "Eso me rompió el corazón", dijo. "Lo llevé al campo a jugar pelota, pero no se podía mover como antes".
Tocando su trompeta en el Metro, el señor Martin hizo suficiente dinero para tener tiempo libre en el verano y así jugar béisbol con su hijo hasta ponerlo de nuevo en forma. Eventualmente, envió a Russell a la prestigiosa secundaria Édouard Monpetit.
Para ese momento, Russell era uno de los muchachos más atléticos de su zona en Montreal. Y como la mayoría de los muchachos en Montreal, jugaba un poco de hockey. También incluía algo de diversión con el saxofón y la batería. Pero destacaba en béisbol. Aunque en esa etapa destacaba como shortstop y jardinero.
Como Coltrane, quetchear, pareció, que iba a ser una habilidad adquirida. Una sofisticada y a veces impactante habilidad adquirida.
Arriba. Abajo. Etc.
Hay muchas formas de apreciar la carga física que experimenta un catcher. El pelotazo en la garganta en Anaheim fue una forma. Un juego entre los Yanquis y los Orioles el 2 de mayo de 2012 fue otra.
Aquel día en Yankee Stadium, Martin e Iván Nova, el derecho que abrió el juego, caminaron hacia el bullpen a las 6:35. Una vez allá, Martín se ubicó detrás del plato y se agachó. Repitió el movimiento casi 50 veces. Se paró por completo exactamente 4 veces, una durante el himno nacional.
The New York Times contó las veces que Martin se agachó durante la noche. Por todo, contando el calentamiento antes del juego con Nova en el bull pen y los 8 a 10 envíos de calentamiento antes de cada inning, lo hizo 311 veces.
En el primer inning, Martin se levantó y volvió a agacharse 19 veces, y pasó 7 minutos, 30 segundos agachado. El inning más largo fue el séptimo, en el cual se levantó y se agachó 54 veces y pasó 10:48 minutos moviéndose agachado y casi una hora agachado.
Los números crecen inmisericordes. La temporada de 2011, la primera de Martin con los Yanquis luego que firmara como agente libre, inició 118 juegos, lo que significó que pasara 106 horas agachado. En su carrera de siete años, ha pasado el equivalente de casi 28 días agachado.
"Nunca haría eso", dijo C.C. Sabathia, compañero de Martin en los Yanquis, sobre quetchear
Las penas físicas pagadas por el catcher, por supuesto, no siempre están caracterizadas por la violencia espectacular de un receptor de fútbol americano. Ni están acompañadas frecuentemente por el ruido rabioso de los palos de hockey estrellándose en las barreras.
El precio pagado, tiene que ver con un cansancio profundo, tanto mental como físico. Se trata de lidiar con una rutina demoledora y sucia, donde en San Luis o Arlington, Texas, en agosto, un catcher puede perder cinco kilogramos en un juego. En 2007, cuando jugaba con los Dodgers de Los Ángeles, Martin inició 143 juegos detrás del plato.
Tres veces en la temporada de 2012, Martin recibió por lo menos seis juegos en seis días. Desde el 11 al 17 de mayo, recibió siete juegos seguidos, y en una ocasión, entre el 5 y el 13 de junio, recibió nueve juegos seguidos.
"Cuando estas en esa rutina, no lo notas", dijo Martin sobre el desgaste. "Solo cuando paras uno o dos días, aparecen los dolores de los foul tips y la fatiga burbujea en la piel, entonces dices 'Caramba ¿me arrolló un tren?' "
"Algunas veces prefiero seguir jugando seguido, como un soldado, porque es más duro cuando se ha descansado un día y hay que regresar".
A las Grandes Ligas por el canal rápido.
No es que quetchear carezca de encantos. Para ser honestos, no hay muchos.
Aquí está uno: cuando un catcher se agacha en su lugar, tiene una visión opuesta a la de sus compañeros, tiene todo el juego de frente. Lo mira como nadie más. Eso quizás explica porque muchos catchers se hacen managers.
"Siento que tengo la mejor vista porque es como si tuviese una gran pantalla de televisión frente a mí todo el día", dijo Martin, para describir su ventajoso punto de vista. "Me puedo sentar ahí y vigilar todo".
Nunca hubo duda de que Martin encontraría su posición detrás del plato.
Entonces llegó una mañana de rocío en febrero de 2003, en el campo número 2 de Dodgertown, para la época el asentamiento de los entrenamientos primaverales del equipo grande de los Dodgers y las oficinas de la categoría A en Vero Beach, Fla. Un pitcher grandulón de República Dominicana llamado José Díaz, se paró sobre un montículo cubierto a la espera de lanzarle rectas meteóricas a Martin, el último proyecto de los Dodgers.
Díaz, conocido como Jumbo, podía lanzar muy duro la pelota, de 97 a 100 millas por hora. Pero era aterradoramente descontrolado, y representaba una gran prueba aun para un catcher experimentado, mucho más para un neófito.
Mientras varios coaches y evaluadores del sistema de ligas menores de los Dodgers miraban, Martin se paró a 63 pies de distancia, completamente disfrazado con lo que para él eran unos implementos nuevos. Entonces se agachó.
Díaz subió las manos a la cabeza, se balanceó y lanzó. Martin atrapó el envío, y en ese momento, era un catcher.
Martin había jugado como tercera base hasta ese momento. Aunque jugó como shortstop y jardinero central en su niñez en Montreal, tercera base era su posición en las ligas menores luego que los Dodgers lo draftearon el 4 de junio de 2002.
A pesar de ser seleccionado para jugar tercera base, los Dodgers temían que no tuviera el suficiente poder en el plato para jugar la posición.
Jon Debus era el coordinador de catchers de los Dodgers, y tenía la idea de que Martin podía ser un buen catcher. Los Dodgers dijeron que era la mejor decisión. Si Debus pensaba que un jugador tenía mejor oportunidad de llegar a Garndes Ligas como catcher, le permitían hacer el cambio. Así fue como Mike Piazza, un primera base en sus inicios, se convirtió en catcher del equipo todos estrellas con los Dodgers.
Debus consultó con otros, incluyendo a Terry Collins, el manager actual de los Mets, quien era coordinador de campo de ligas menores de los Dodgers para ese momento.
"Le dije, 'Este muchacho es un tercera base muy bueno, ¿por que quieres complicar las cosas?'" dijo Collins. "Pero Debo sabía lo que estaba haciendo. Martin tenía el tipo de habilidad atlética para salir adelante".
Martin estuvo a gusto casi inmediatamente. Había recibido algunos juegos en la universidad en Florida, por lo que había alguna familiaridad. Además, siempre había oído que la forma más rápida de llegar a Grandes Ligas era como catcher.
"Siempre sentí que podía jugar cualquier posición", dijo, "pero ellos sintieron que esa era la mejor posición para mí, por lo que lo intenté".
Intentarlo significó horas de práctica con Debus, un antíguo catcher, en los campos de Vero Beach. Y practicar significó cosas como ponerse los implementos o gatear detrás del plato mientras Debus le lanzaba pelotas contra el suelo para que Martin practicara bloquearlas con la primera parte de su cuerpo disponible.
Tuvo que aprender las técnicas apropiadas de agacharse, la posición primaria y la secundaria. Tuvo que aprender como proveer un blanco al pitcher, como ubicar los envíos apropiadamente para inducir al árbitro a apreciarlos como strike, como bloquear envíos contra el suelo, como lanzar a segunda base para atrapar a un potencial ladrón, como hacer un lanzamiento sorpresivo a primera base y, lo más importante de todo, como pedir los lanzamientos.
"Fueron toneladas y toneladas de repeticiones", dijo Martin.
En 2005, Martin se convirtió en el catcher titular del equipo AA de los Dodgers en Jacksonville, Fla., recibió 117 juegos. Lo hizo bien, impresionó tanto a Debus y Collins que Collins envió reportes favorables a su jefe, Paul DePodesta, entonces el gerente general de los Dodgers. DePodesta tenía un viaje programado a Jacksonville aquel verano y Collins notó que Martin no estaba en la alineación. Era un juego diurno luego de otro nocturno, los catchers usualmente reciben descanso en esos juegos, a menos que el equipo esté en carrera por el banderín.
"Le dije, '¿Sabes quién esta aquí?'" dijo Collins que le preguntó a Martin. "Él vino a verte jugar'. Luego que le dije eso, jugó como si hubiese regresado de tres días de reposo. Hizo de todo, en el plato y detrás de este. Pienso que desde ese momento, Paul entendió que debía llevar a Russell a las Grandes Ligas".
Un año después, el 5 de mayo de 2006, en Dodger Stadium, Martin hizo su debut luego de solo 23 juegos en AAA. Le recibió a Derek Lowe y ayudó a los Dodgers en una victoria 4-3 mientras bateaba dos imparables.
Martin, luego de un desvío a París, luego de coqueteos con la tercera base, luego de un duro aprendizaje sobre como agacharse y como asumir el dolor de la mejor manera, estaba parado justo en el medio del autopista.
Y en ese momento, a un tercio de la séptima temporada de Martin, a mediados de junio, con más de 50 juegos efectuados y su equipo batallando, el tráfico pesado aún estaba por llegar.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 26 de agosto de 2013
Pitcher relevista es ahora una estrella, guiado por Gary Sheffield.
Tyler Kepner. 22-06-2013. The New York Times.
Cincinnati - Si ud quiere una vacación de lujo en el trópico, más cercana de lo que piensa y a un buen precio, Gary Sheffield se la tiene. Cerca del puente Sunshine Skyway en el golfo de la costa de Florida, en frente de Skinny's Place, el mejor lugar de hamburguesas de la zona, está el resort Anna Maria Island Beach.
"Queda cerca del campamento de entrenamientos primaverales de los Piratas, justo en la playa", dijo Sheffield, quién es dueño del lugar. "Lo llamo una joya escondida".
Sheffield terminó su carrera de 20 años en las Grandes Ligas con los Mets en 2009. Fue caminado intencionalmente en su último turno al bate, temido hasta el final. Ahora de 44 años, es un magnate financiero a pequeña escala, con el resort, una línea de tabacos y una agencia deportiva que representa a un grandeliga, Jason Grilli, otra joya escondida.
Grilli es el cerrador de los Piratas de Pittsburgh y una estrella repentina a los 36 años. Es lo suficientemente viejo para haber sido compañero de equipo de Sheffield con los Tigres de Detroit, pero lo suficientemente joven para asustarse cuando Sheffield lo invitó a cenar. De alguna manera, dijo Grilli, ellos coincidían. Eran escorpio, dijo, apasionados y tercos.
La mayoría de las personas conoce a Sheffield por su swing feroz, por pararse intimidante en el plato, moviendo su bate sobre su cabeza como un limpiaparabrisas a su velocidad máxima. Bateó 509 jonrones, ganó un título de bateo, lideró a los Marlins a un campeonato y negoció su propio contrato de agente libre con George Steinbrenner y los Yanquis.
Pero si ud. ha conocido a Sheffield, lo recuerda más que todo por su mirada punzante. Sheffield lo mirará a los ojos con una intensidad que probablemente no encontrará en nadie más. Aquellas comiquitas de Superman, con rayos x saliendo de sus ojos. Ese es Sheffield, y eso es lo que Grilli recuerda más de su primera reunión de negocios en Tampa.
Ocurrió después de la temporada de 2010, más de dos años después de que jugaron juntos por última vez. Entonces Grilli había lanzado en partes de ocho temporadas en las mayores, principalmente como relevista, con un balance de .500, 4.74 de efectividad y 2 salvados. Esa no era la carrera que el esperaba luego de haber sido escogido de cuarto en Seton Hall en 1997. Para empeorar las cosas, se había destrozado la rodilla derecha con Cleveland la campaña anterior.
"Ni siquiera podía levantar la pierna; dolía mucho", dijo Grilli. "Caminar bien, más aún pitchear otra vez, estaba en duda. Gritaba como los demonios. Quieres ver a un hombre adulto llorar por su madre enferma, así de severo era".
Grilli no lo sabía entonces, pero en verdad estaba llorando por Sheffield.Nunca lanzó un juego con los Indios, quienes no lo quisieron más. Había tenido tres agentes. Un amigo mutuo, el antíguo jugador Trenidad Hubbard, puso a Grilli en contacto con Sheffield y Xavier James, un abogado y socio de negocios de Sheffield.
Sheffield había ganado 168 millones de dólares en su carrera pero dijo que nunca compró una casa hasta que tuvo 30 años.
"Vivo una vida modesta", dijo, y agregó que le mostró a Grilli como podía incrementar sus ingresos. Grilli no había ganado un millón de dólares en un contrato desde su bono del draft, pero Sheffield dijo que el dinero era menos importante que la credibilidad.
"Gary Sheffield podría cabalgar sobre el crepúsculo", dijo Grilli. "No necesita hacer lo que hace. No tenía que hacer eso por mí. Yo no era un prospecto. Nadie me quería. Ni siquiera le estaba pagando en ese momento. Pero le dije, 'Si me tomas como tu cliente, te prometo que no te desilusionaré'. Él quería ver la llama en mis ojos".
Las reuniones de invierno de 2010 fueron en Orlando, Fla., donde Grilli vive, así que acompañó a Sheffield y a James a las sesiones de negocios.
Sheffield asume una actitud más agresiva con los equipos, "como un tigre", dijo Grilli, mientras James es más diplomático. Llegaron a un acuerdo con los Filis de Filadelfia.
Grilli lanzó en AAA hasta mediados de julio de 2011, con 1.93 de efectividad. Pero los Filis, quienes buscaban su pase a los playoffs, le dijeron a Grilli que su repertorio no se ajustaría a las Grandes Ligas. Grilli fue despedido oficialmente y Pittsburgh lo firmó el día siguiente.
En Detroit, como relevo intermedio, Grilli había utilizado sinkers y curvas para minimizar sus pitcheos y refrescar al resto del bull pen.
Sheffield no lo aprobó. Como en todo, él tomo el control mediante la asesoría de su cliente.
"Le dije a Jason mi honesta opinión de su estilo de pitcheo, supo que no me gustaba", dijo Sheffield. "Le dije, 'Tu repertorio y tus resultados no se compaginan'. Él es un tipo grande con una buena sinker y una slider escurridiza, cuando veo eso, pienso que es el repertorio de un cerrador, él tenía que creerlo. El hecho de que alguien te diga que no eres ese tipo de pitcher, eso no significa que eso sea así".
La tasa de ponches de Grilli aumentó con los Piratas mientras él dejaba la curva a un lado y se concentraba en la mezcla de rectas y sliders. Luego de ponchar 90 en 58.2 innings la temporada pasada, con una efectividad de 2.91, Grilli se fue al mercado abierto y se unió a Sheffield y James en las reuniones invernales de Nashville.
Sheffield no es el único expelotero en convertirse en agente; el antiguo pitcher Dave Stewart representa a Matt Kemp, Chad Billingsley y Chris Carter, y antiguos jugadores de ligas menores como Scott Boras, Casey Close y Larry Reynolds tienen muchos clientes. Pero Sheffield dijo que su experiencia le dio una perspectiva inapreciable.
"Es divertido, sé exactamente lo que los equipos van a hacer con sus rosters", dijo. "He vivido esto por 25 años. Es automático. Le dije a Jason lo que iba a pasar".
Sheffield y James negociaron con los Cachorros de Chicago, los Azulejos de Toronto y los Piratas. (Los Mets necesitaban ayuda en el bull pen pero no mostraron interés).En el transcurso, Sheffield dijo que sabía que los Piratas planeaban cambiar al cerrador Joel Hanrahan y darle su trabajo a Grilli, aun cuando no lo dijeron claramente en las negociaciones.
Otros equipos actuaron con intensidad en el mercado de relevistas, los Dodgers de Los Angeles firmaron a Brandon League por 3 años y 22.5 millones de dólares; y los Rojos, que firmaron a Jonathan Broxton por tres años y 21 millones de dolares.
Pero esos pitchers son mas jóvenes y han sido cerradores del equipo de estrellas en el pasado. Grilli nunca ha cerrado y estaba deseando firmar por menos para regresar a Pittsburgh. (Hanrahan fue cambiado en diciembre a los Medias Rojas de Boston).
Grilli ganará 6.75 millones de dolares por los próximos dos años, mucho más de lo que haya ganado nunca, pero una ganga para los Piratas. Sheffield, quien jugó para ocho equipos, dijo que le recalcó a Grilli, un veterano de nueve organizaciones, la importancia de sentirse a gusto. Los Piratas con ganas de competir, porque buscan su primera temporada ganadora desde 1992, tienen un atractivo especial.
"Sabía que estábamos cerca de ganar y quería ser parte de eso", dijo Grilli. "Estoy aquí porque ellos me dieron una oportunidad de triunfar y la aproveché. Estoy agradecido con estos tipos".
Russell Martin, el receptor de los Piratas, dijo que Grilli confundía a los bateadores al variar el tiempo entre lanzamientos mientras usaba la misma velocidad en su brazo para lanzar la recta y la slider. El martes en Cincinnati, ponchó tres Rojos en el noveno inning para completar una victoria. Todd Frazier se ponchó con sliders desde tres diferentes puntos.
"Es complicado", dijo Frazier. "Un tipo de mezcla entre slider y curva. La otra es un tipo de pelota que se cae. Y tiene otra que parece una recta y rompe hacia otra parte. Es muy dificil batearle.
Grilli dijo que se despertó en su hotel la mañana siguiente y lloró mientras reflexionaba sobre su exsistencia. El hijo de un grande liga, su padre, Steve, lanzó en los años setenta, había celebrado el dia del padre el pasado fin de semana al salvar su juego 25 en 25 oportunidades, con sus hijos viendolo en el estadio. Un lugar en el juego de las estrella del próximo mes en Citi Field parece razonable, y Grilli había preparado un correo electrónico con detalles para su familia.
"No es una sorpresa para mí", dijo esa tarde luego de una carrera antes del juego en el Great American Ball Park. "Quería hacer algo grande. Sólo que todavía mi turno estaba por llegar".
Esa noche, el turno de Grilli llegó en el noveno inning con los Piratas ganándole a los Rojos 1-0. Ningún equipo le había anotado en más de cuatro semanas, y no había permitido jonrones en toda la temporada. Pero con un out, Grilli dejó un primer pitcheo en recta en el medio del plato, y Jay Bruce la devolvió a 417 pies en las gradas del right field.
Grilli agarró la bolsa de la pezrrubia y la lanzó a la tierra. Se recuperó sin más daños, pero los Piratas perdieron en 13 innings. Después, Grilli dijo que se sintió horrible por recargar de trabajo a un exigido bull pen, pero no ofreció disculpas.
Podría sentarme aquí y crucificarme, pero todos aquí han dado lo mejor por mí", dijo Grilli. "No voy a quejarme esta noche".
Naturalmente, mientras hablaba, Grilli miraba a los reporteros directo a los ojos.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 12 de agosto de 2013
Teodoro Obregón: cada palmo del cuadro interior supo de su guante.
“…el cambio donde pasé al Caracas, se dio porque el Valencia tenía dificultades para pagar la nómina a los peloteros. El gerente de Industriales coincidió con Oscar “Negro” Prieto en un bar de Sabana Grande. Acordaron que le prestaría el dinero. A cambio Prieto deslizó una condición. ‘Debes entregarme a Teodoro Obregón’. El gerente de Industriales cerró los ojos. Pidió unos minutos para ir al baño…”
La noticia del fallecimiento de Obregón trajo muchas imágenes del abanico del estadio Cuatricentenario (asi se llamaba cuando Industriales del Valencia apareció en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional). Allí empezó el trajinar de Teodoro por la pelota profesional. Llegaba hasta las nebulosas del hueco cual Luis Aparicio, registraba cada centímetro de la grama alrededor del montículo como Alfonso Carrasquel, llegaba al último vestigio de arcilla detrás de la intermedia cual David Concepción, saltaba en coordinaciones acrobáticas para atrapar linietazos como Enzo Hernández, perseguía elevados movidos por la brisa hacia el left field corto como Omar Vizquel, pasaba la pelota al camarero desde posiciones imposibles como Oswaldo Guillén. Todo un prodigio del campocorto. Todo esto lo escuché de mis hermanos mayores, al principio me los quedaba mirando incrédulo. Después al seguir las transmisiones radiales y revisar la literatura beisbolera, empecé a entender, porque Teodoro Obregón refulgía entre la pléyade de grandes short stops venezolanos.
Formó parte de aquellos equipos de los Industriales que ganaron varios títulos desde mediados de los años cincuenta hasta inicios de los sesenta. Junto a Teolindo Acosta, Carlos Castillo, Gustavo Gil, Luis Rodríguez, Marcelino Sánchez, Emilio Cueche, Elio Chacón, Roberto Muñoz, formaba la piedra angular criolla de aquella temible novena que hacia burbujear el verde y el blanco sobre el diamante. Obregón participó en cuatro de los cinco títulos campeoniles de los Pericos.
Junto a Castillo y Gil formó combinaciones excelsas alrededor de la segunda base, todas esas jugadas que encendían el radio de bulbos donde mis hermanos seguían los juegos, seguramente eran la razón fundamental para que aquella mañana de finales de noviembre de 1968 llegaran al cuarto como si hubiesen descubierto el tesoro de Ali Babá. “Por más que insistieran no iba a cambiar esta barajita. Es difícil de salir, además este es el tipo que hace ahogarse a los narradores con esas jugadas increíbles”. Me quedé mirando donde guardaban las barajitas. En lo que salieron a almorzar, subí al bidet y de ahí al lavamanos. Abrí el gabinete y ahí estaba el mazo de cartulinas. Estaba un pelotero ligeramente inclinado hacia delante, el guante a la altura del pecho y la mirada fija al frente. Abajo decía CARACAS en azul celeste. Arriba: Teodoro Obregón ss. Después bajé a duras penas, casi me lesiono el tobillo al saltar sobre el bidet.
Resultó inevitable rebobinar todas esas imágenes cuando este sábado 10 de agosto de 2013 leí en el muro de Facebook de Pedro Reyes “Murió Teodoro Obregón”. Primero resonó aquella conversación telefónica donde hablamos de su cambio a los Leones del Caracas. Luego sus dos temporadas como mejor paracortos defensivo de LVBP, al menos desde la expansión de 1965. 1966-67 con el Valencia y 1968-69 con Caracas. Por curiosidad me fui a baseballreference.com y entre aquellos impresionantes números defensivos me llamó la atención su temporada de 1961 con los Jerseys de Jersey City de la International League AAA (filial de Cincinnati). En 155 juegos tuvo 731 lances. 242 outs. 448 asistencias. 41 errores. 95 dobleplays.
“…justo antes de regresar del baño se sintió un temblor en las paredes del local. La gente se miraba asustada, el terremoto de Caracas estaba muy cercano en el tiempo. El gerente del Valencia, llegó con el puño derecho enrojecido. La negociación se completó con el cambio que me enviaba al Caracas. El Valencia recibiría a Dámaso Blanco. Caracas siempre había estado detrás de mí, desde que jugaba amateur. El día de la firma, el scout de ellos llegó tarde y firmé con Valencia”.
Alfonso L. Tusa C.
Isaías Látigo Chávez versus Ramón Mujica. Cincuenta años de un duelo de pitcheo que estremeció el Campeonato Nacional Juvenil de Margarita 1963.
Durante la investigación hemerográfica para respaldar mi libro biográfico sobre Isaías Chávez, hallé el box score de un juego que hacía crepitar el papel amarillento del diario El Universal. En un juego nocturno escenificado en el estadio Nueva Esparta, ubicado en el mismo lugar donde juegan los Bravos de Margarita de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, se enfrentaron las novenas de Nueva Esparta y Distrito Federal. Si ganaba Distrito era campeón. Si triunfaba Nueva Esparta habría un juego decisivo al día siguiente. Los distritales nunca habían sido campeones nacionales juveniles. El calendario marcaba martes 13 de agosto de 1963. El Látigo y Mujica se enfrascaron en una batalla chispeante que, de acuerdo a lo plasmado en el box score se extendió por 13 episodios. Al revisar las páginas de La República confirmé la información. Mientras recababa información para este texto tuve oportunidad de escuchar memorias de algunos margariteños. Por una parte, el escritor y abogado Francisco Suniaga me comentó que había contactado al recogebates del equipo neoespartano. El señor Amalio González, aseguró que aquel juego fue de 9 innings, que el lo recordaba así y que además su padre, le había reconfirmado el dato. Por otra parte hablé con el ingeniero Juan José Ávila y recordó que había seguido aquel campeonato. “Ese juego fue a extrainning, estoy casi seguro que fueron 13 innings”. Me dio el teléfono de su hermano Cruz y éste me corroboró que efectivamente el juego se extendió por 12 entradas.
Aquel atardecer soldó a los jugadores de Distrito a los vidrios del autobús, las últimas cintas amoratadas delineaban un laberinto de serpentinas hacia el costado occidental del cielo margariteño. Había llovido con furia hasta las cuatro y media de la tarde. Luego el sol se encargó de escurrir el cuadro interior y aunque quedaba algo de agua en los jardines, el comité organizador determinó que se podía jugar. Dos impactos en el capó del vehículo hicieron saltar a los peloteros. Emiro Álvarez gritó con las manos alrededor de la boca. ¡Vamos! ¿O es que ya no quieren ser campeones? ¿O le tienen miedo a Nueva Esparta? De inmediato saltaron Jesús Sánchez, Hugo Párraga y Wilfredo Soublette. El Látigo estaba en el estribo, sólo tuvo que bajar los escalones. Al traspasar la entrada del estadio un enjambre de uniformes blancos con letras verdes refulgían en la práctica de bateo. En el bull pen calentaba un pitcher. Pronto Álvarez averiguaría el nombre. Se acercó a Isaías. Ahí está tu contrincante. En menos de cinco minutos el Látigo daba unas carreritas en los jardines.
En el momento cuando el cuarto menguante de la luna asomaba entre dos nubes sombrías, las luces del estadio parpadearon cuando los integrantes del equipo distrital saltaron al terreno, de las tribunas bajaba un estruendo de aplausos y silbatinas. Querían que su equipo forzara el juego extra, pero sabían del talento de sus rivales. Por eso había aficionados hasta sobre la pared de los jardines, hasta en las matas de guayacán detrás de esa pared. El Látigo venía de vencer 7-0 al siempre peligroso equipo anzoatiguense el 09 de agosto. En la ronda eliminatoria los orientales habían derrotado a Distrito e Isaías respondió al compromiso de la revancha. Ahora miraba impasible las señas de su receptor ante el primer bateador margariteño. Empezó a mezclar la curva con la recta y en un santiamén se había llevado el primer inning a paso de conga. De las tribunas seguían gritando “¡mañana hay juego!”. Isaías levantó la mirada hacia las gradas y sonrió al tiempo que se tocaba la visera.
La temperatura empezó a subir en la tribuna cuando los distritales le marcaron una rayita a Ramón Mujica en el cierre del primer episodio. El pegoste del salitre decantaba sobre el diamante y las voces de los margariteños reverberaban sobre el terreno. La gritería pareció cumplir su cometido. En la apertura del segundo inning Nueva Esparta marcó dos carreras del tercera base. Emiro Álvarez salió a conversar con el Látigo y le habló con energía, al punto de darle como cuatro palmadas en el hombro. De regreso pasó por la antesala y también arengó a Julio Vasquez. Vamos, vamos que este es el juego de la verdad. El Látigo apretó el brazo y salió del aprieto. La tribuna se mantuvo eufórica hasta el cierre del sexto episodio. Allí reaccionaron los bates caraqueños y el juego se igualó 2-2. En lo sucesivo se desarrolló un duelo de dientes apretados entre el Látigo y Mujica. Lo único que se escuchaba era el rumor de las olas en la distancia. Cada inning que el Látigo entraba al dugout Emiro Álvarez le preguntaba como se sentía, sólo sonreía y levantaba los dedos índice y medio de la mano derecha.
Los ceros invadieron la pizarra en medio del suspenso que flotaba en la afición. Tan pronto un lanzador sacaba un episodio, el otro salía con más ímpetu a retirar el siguiente. En el cierre del octavo, con las bases llenas, Brizuela bateó un saltarín por la raya de tercera que encontró al Látigo en tránsito hacia el plato y fue out por regla. En el cierre del noveno los distritales tenían hombre en segunda sin outs. Álvarez ordenó a Jesús Sánchez batear largo y falló. En lo más intenso de aquella competencia los margariteños pujando porque su equipo forzara un juego extra el día siguiente. Así llegó el décimotercer inning y Ángel Millan despachó un triple barrebases que puso el marcador 6-2. El Látigo pasó a jugar en el right field, atrás quedaban 18 ponches y 12 innings de forcejeo. Wilfredo Soublette relevó y contuvo a los margariteños. El juego terminó 6-3. Las tribunas estallaron de alegría. Habría un juego decisivo. En el dugout el Látigo cabizbajo se quedó sentado varios minutos. Julio Vasquez vino a disculparse por los errores. Cosas que pasan.
Al día siguiente Distrito Federal alcanzaba su primer Campeonato Nacional Juvenil con gran trabajo del lanzador Luis Martínez.
Alfonso L. Tusa C.
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