martes, 22 de octubre de 2013

Extracto de "Esperanzas entre Leones y Navegantes

3.a Pisa y corre La tarde se presentaba ardorosa y exigente en aquel pedazo de tierra aplanado en el cual bullía la efervescencia de los cálculos matemáticos con el trabajo pesado realizado por los obreros, la manos callosas y los músculos tensos de mover carretillas, cargar baldes de granza o fajarse a pico y pala. La actividad era incesante; había necesidad de terminar aquel tramo para fines de mes y sólo faltaban quince días. Todo aquel vaporón sofocaba a cualquiera, pero la terapia de relajación del ministro no le fallaba de manera alguna. Esta vez se puso a recordar la vez que Esteban, su hijo adolescente, fue a una fiesta de sus amigos de bachillerato: ¡Muchacho, ¿y para dónde llevas tú ese radio?!, preguntó sorprendido y escandalizado el hombre del despacho comunicacional a su vástago. No te preocupes papá que tengo una táctica para camuflajearlo. A la distancia en el tiempo, el funcionario público se sonríe como cualquier padre que rememora las travesuras de sus hijos. Qué muchacho del carajo ése, chico. Yo tan caraquista y él que me viene a salir magallanerísimo. Eso no lo habría hecho yo por escuchar un juego del Caracas. Y éste se las arregla para escuchar un juego entre Caracas y Magallanes en una fiesta de la época más intensa de su vida. El hecho es que al día siguiente de la fiesta hubo una conversación entre padre e hijo que no dejó de contagiar el susto. Sucedió que regresando de la fiesta, a eso de las 10 de la noche, Esteban había sacado el transistor de entre la ropa y había comenzado a escuchar el juego. Estaba tan ansioso por saber cómo iba el partido, que se adosó el aparato en la oreja, abstrayéndose de manera tal que no se dio cuenta de la embestida que venían fraguando tres malandros que caminaban empujando el cuerpo hacia adelante, contorsionadamente, como si esto les diera ánimo para asustar a los demás, a unos treinta metros detrás de él. A pesar de ir acompañado por un amigo, los sediciosos arremetieron contra ellos de manera sutil al principio: Bueno, chamo, van a tené que bajase de la mula y ya, fueron las palabras pronunciadas por el comandante de los hampones. Papá, ahí sí fue verdad que me asusté tanto que no sentía las manos. Imagínate que por instinto le di todo el volumen al radio en el justo momento en que Bob Abreu conectó un batazo inmenso que amenazaba con desbalancear el encuentro que hasta ese entonces se hallaba igualado a cuatro anotaciones. Sentí cómo la presión ejercida por el filo de la navaja del malandro se aflojaba un tanto, mientras comenzaba a desviar su atención cada vez más hacia lo que decía el narrador en la radio. "Es un batazo muy largo; Abreu una vez más está metido dentro de la jugada importante del equipo. Allá aparece Melvin Mora corriendo desesperadamente tras la bola...." Allí comenzó a volvernos el alma al cuerpo porque por lo menos esto hizo que los malandros terminaran de soltarnos a mí y a mi amigo para enterarse por el radio, repentinamente en sus manos bastas, cómo iba a terminar aquella jugada. Entonces intercambiamos miradas desesperadas y comprendimos que era en ese instante o nunca. Primero nos movimos unos pasos mientras el narrador había subido su voz al máximo para ilustrar con lujo de detalles la jugada fantasmal que había realizado Mora para convertir el casi seguro extrabase de Abreu en un out espeluznante, como espeluznante fue la carrera que emprendimos mientras los comentarios enfebrecidos sobre lo que ocurría en el campo de juego retenían algo más a los malandros para permitir que tomásemos más de una cuadra de ventaja en nuestra huída. Caramba, Esteban, ¿ y cómo hicieron ustedes para despistar a esos tipos que deben sabérselas todas en ese tipo de persecución?, preguntó el ministro visiblemente conmovido. Bueno, papá, sinceramente la ventaja que nos dio el que ellos se quedaran escuchando cómo terminaba la jugada de Mora y Abreu fue decisiva para nosotros. Porque aunque en un determinado momento sentimos cómo nos faltaba el aire y hasta llegamos a tropezarnos, ellos nunca pudieron alcanzarnos. Quizás el chorro de adrenalina que aquella situación de vida o muerte vertió en nuestro torrente sanguíneo nos llevó a correr más duro que el mismísimo Paavo Nurmi cuando lo ponían a correr con la carabina en brazos en el ejército. ¡Pero yo ni siquiera te sentí llegar anoche!. ¡Lo que pasa es que una vez que los perdimos, quisimos estar bien seguros de que no nos iban a encontrar otra vez y pasamos un buen rato encaramados en una mata de almendrón que está frente a la plaza Bolívar. Desde allí me enteré de que el juego entre Caracas y Magallanes había estado a punto de ir a extrainning a no ser por el empuje de Carlos García, quien se vino hasta la goma desde primera aprovechando un toletazo atravesado de Raúl Chávez que lo hizo tomar aliento hasta el último alveolo de sus pulmones, cruzando de tercera para el home, así como lo tomamos todos los que seguíamos el juego y corrimos mentalmente con García los veintisiete metros que separaban al barco del muelle de la victoria para estallar en un grito de alegría que tuvo su origen en el micrófono que generaba la transmisión radial y que desencadenó un zaperoco tal que hasta nos llevó a olvidarnos de la situación en que estábamos, para bajar a celebrar con los magallaneros que estaban en la plaza y sus alrededores escuchando aquel dramático partido. Eso del triunfo magallanero es la única parte que no me gusta del cuento. Pero la alegría de saber que el mismo juego te salvó de las garras de la muerte me hace olvidar cualquier momento desagradable. Nunca pensé, cuando te vi salir con ese radiecito en la mano, que ésa iba a ser la razón para que te tuviera nuevamente con vida a mi lado, le dijo el Ministro a su hijo mientras lo abrazaba. Vamos a mandar a montar en un cuadro ese radio. Primero hay que encontrar a los malandros. Y no creo que el pobre radio haya sobrevivido a la furia de que nos hubiéramos escapado. A lo mejor, el radio se les cayó mientras corrían detrás de nosotros, o furiosos por la rabia y la impotencia de nuestra fuga es posible que lo hayan bataqueado contra el piso. Alfonso L. Tusa C.

viernes, 11 de octubre de 2013

Dick Williams: Presencia de un manager

“Su segundo nombre era Oscar. Él firmaba Charlie O. Finley, porque decía que O significaba “el dueño” (owner)”. Dick Williams. En muchas ocasiones cometemos el error de etiquetar a los seres humanos por algún rasgo de su personalidad que resalta en determinado momento. Dick Williams creó una apariencia de manager duro y despiadado, lo más cercano a un sargento en un campo de béisbol. A medida que pasa el tiempo, mientras se registran páginas de libros y se escuchan otras versiones del personaje, llegamos a entender su verdadera esencia. En una ocasión leí un libro sobre Tony Conigliaro, uno de los peloteros de los Medias Rojas de Boston en la temporada de 1967. Tenía ciertas diferencias con Williams por la forma como dirigía al equipo. Esta situación se complicó más cuando Conigliaro recibió un pelotazo en el ojo izquierdo y resintió que Williams se hubiera abstenido de visitarlo en el hospital. En su autobiografía, Williams escribió que intentó visitar a Conigliaro la misma noche del accidente y regresó la mañana siguiente. En ambas ocasiones le impidieron entrar a la habitación de su pelotero. Se sintió muy triste porque quería llevarle una palabra de aliento. En su tercera temporada como manager de los Atléticos de Oakland, Williams solicitó al dueño de los Atléticos, Charlie O. Finley, contratar a su antiguo segunda base con los Medias Rojas de Boston, Mike Andrews, quería reforzar su cuadro interior. Así luego del Juego de las Estrellas, Finley contrató a Andrews vía agencia libre. Quizás el momento más difícil en su carrera como manager llegó para Williams el 14 de octubre de 1973. Oakland había derrotado 2-1 a los Mets de Nueva York en el primer juego. Para el segundo juego en el Coliseo de Oakland. Jerry Koosman abrió por los metropolitanos, y Vida Blue por los A’s. Andrews entró a batear de emergente por Ted Kubiak en el cierre del octavo inning, quién había suplantado a Ángel Mangual al campo en la apertura del séptimo inning, éste a su vez había sustituido a Dick Green en el cierre del sexto episodio. El juego llegó igualado a seis carreras al inning 12. Bud Harrelson abrió con doble ante Rollie Fingers. Tug McGraw tocó la pelota y llegó a primera con infield-hit. Harrelson pasó a la antesala. Wayne Garrett se ponchó. Félix Millán salió en elevado a primera base. Willie Mays sencilleó al centro, Harrelson anotó la de irse arriba. McGraw pasó a segunda. Cleon Jones soltó imparable a la derecha para llenar las bases. Paul Lindblad reemplazó a Fingers. John Milner bateó un roletazo por segunda que le hizo un extraño a Mike Andrews y entraron las carreras de McGraw y Mays. Jones llegó a tercera y Milner a la intermedia. Jerry Grote descargó otro roletazo hacia Andrews, esta vez el inicialista Gene Tenace sacó el pie antes de tiempo, le cargaron otro error a Andrews. Luego en la repetición se comprobó la equivocación del árbitro por cuanto Tenace había mantenido el pie en la base. Jones anotó la cuarta carrera del inning. Milner pasó a tercera y Grote quedó en primera. Don Hahn salió de tercera a primera. Oakland amenazó en el cierre del inning, sólo pudieron anotar un carrera. Mets 10, Atléticos 7. Luego del juego Williams pasó por el club house y le dio varias palmadas a un apesadumbrado Mike Andrews. “Recuerda que los errores físicos son parte del juego. Eres un ser humano”. Finley pensaba distinto e intentó sustituir a Andrews con Manny Trillo alegando una lesión. Para ello hizo que uno de los médicos del equipo redactara un informe donde diagnosticaba dolencias en la espalda de Andrews. Al principio Andrews se negó a firmar un papel reconociendo que estaba lesionado porque no lo estaba. Luego lo firmó bajo amenaza de Finley. Ese fue uno de los momentos más duros de la carrera de Williams como manager. Hubo de pasar un buen rato acompañando a Andrews quien se sentía muy mal anímicamente. Antes del tercer juego el comisionado Bowie Kuhn anunció que Finley no podía activar a Trillo y que debía reenganchar a Andrews. También antes de ese juego Williams convocó una reunión con sus peloteros donde dejó saber que desaprobaba totalmente los manejos de Finley y que continuaba al frente del equipo sólo por los peloteros, al final de la Serie Mundial renunciaría. Los peloteros usaron un parche con el número 17 en solidaridad con Andrews. Andrews regresó al equipo para el cuarto juego. En el octavo inning de un juego que perdía 6-1, Williams sacó de emergente a Mike Andrews por el pitcher Horacio Piña. 55000 aficionados de los Mets en Shea Stadium se levantaron para ovacionar a un pelotero del equipo rival. Aunque Oakland ganó la Serie Mundial la celebración fue muda. Alfonso L. Tusa C. Mike Andrews jugó en LVBP con Magallanes en la temporada 1965-66, fue quién anotó la carrera que le dio el triunfo a Graciliano Parra en el décimo inning de un juego inaugural donde Parra mantuvo sin hits ni carreras a los Tiburones de La Guaira por nueve episodios. 32 juegos. 108 turnos oficiales. 12 anotadas. 30 imparables. 1 doble. 1 triple. 9 empujadas. .278 de promedio al bate. Dick Williams jugó en la Liga Occidental con Cabimas y Rapiños en la temporada 1962-63. 33 juegos. 130 turnos al bate.30 imparables. 1 triple. 2 jonrones. 9 empujadas. .231 promedio al bate.

jueves, 10 de octubre de 2013

Tres…dos…uno… ¡Rombo y esférica!

Las 118 costuras centrifugarán con más vértigo que en los play offs y la Serie Mundial de Grandes Ligas. Ecos de una noche decembrina de 1968 traen la celebración de mis hermanos. La voz ebullente de Delio Amado León sacudía la tela blanca de las cornetas. El radio de tubos dominaba la escena del comedor. “La bola se va, se va, se va…joooooonróoooooon de Clarence Gaston. Magallanes deja en el terreno al Caracas. ¡Que momento tan emotivo señores, se puede sentir el latido cardíaco de los aficionados! Es una emoción que sólo se puede vivir en un juego de béisbol…” Ahora esperamos el vuelo de la esférica ante el inicio de una nueva temporada de béisbol profesional venezolano. Quizás un poco afectada por la ausencia del Winter Agreement que impide hasta el momento, la participación de todos los peloteros en roster de 40 de los 30 equipos de la Gran Carpa. Aún así, los equipos se las han ingeniado para diseñar sus equipos y mantener la esperanza de garantizar la competitividad del campeonato. Una etapa más en el largo camino de obstáculos que MLB ha venido incrementando en los últimos años con respecto a las ligas del Caribe. Hay quienes piensan que en los próximos días habrá acuerdo y los peloteros inhabilitados podrán jugar. Mientras tanto hay razones para pensar que habrá buen béisbol, a pesar de la ausencia de mucho del talento emergente venezolano. La tendencia en los últimos torneos es que esos peloteros cada vez juegan menos partidos y quienes terminan animando la parte decisiva de las temporadas son los mismos peloteros de ligas independientes, agentes libres, jugadores que se recuperan de lesiones. Son incontables los episodios de la historia cuando por diferentes razones el pelotero que debió suplantar al titular resultó tan bueno o mejor. Ahí están Wally Pip y Lou Gehrig, Humberto Pipita Leal y Luis Camaleón García. Es muy probable que en estas primeras de cambio de la 2013-14 varios peloteros asuman protagonismos dificiles de apagar, aún cuando lleguen después los peloteros de roster de 40. Ese será otro reto que pondrá más sabor a un evento que tantos momentos intensos ha proporcionado a sus seguidores. De hecho hay equipos que sin sus peloteros de roster de 40, presentan rostros respetables. ¿Quién sabe si Carlos Pérez se adueña de la receptoría caraquista? ¿O si Bob Abreu desbanca a alguno de los jardineros importados? Magallanes presentará una alineación casi completa, quizás se puedan colar Francisco Martínez y Reegie Corona se mantenga en la intermedia ante el impedimento de Rougned Odor y Wilfredo Tovar. En La Guaira Luis Sardiñas y Miguel González podrían convertirse en un agradable dolor de cabeza si están dando la talla cuando autoricen a jugar a Ehire Adrianza y Salvador Pérez. La LVBP presenta un manto de peculiaridades que quizás permita entender mejor temas de actualidad como la sabermetría, un recurso muy a tener cuenta en la conformación de cualquier equipo de béisbol, sin embargo la verdad absoluta pertenece a muchos conceptos, ideas y lugares equilibrados mediante un sin fin de circunstancias que evolucionan en una dinámica incandescente. De allí que cuando un pelotero debe partir en algún momento de la temporada, por más sabermetría que se aplique, existe un factor determinante, la actitud, la capacidad de adaptación y ajuste en un ambiente nuevo y ante contrincantes que se ajustaran a su vez de acuerdo a las fortalezas de cada quién. Es un gran reto detallar las costuras de la pelota a 140 km/h, tal vez similar al de apagarle el radio a mis hermanos aquella noche del jonrón de Gaston, tanto que una vez incrustados en la esencia del juego, resulta vertiginoso, como transcurren los días entre octubre y enero. Alfonso L. Tusa C.

sábado, 5 de octubre de 2013

El campeonato rotatorio de LVBP a 60 años

La temporada 1952-53 además del título de los Leones del Caracas, trajo la desaparición de los Sabios del Vargas. Al empezar los preparativos de la temporada 1953-54 el equipo Venezuela informó que no participaría por dificultades económicas. Ante esta situación los directivos de la liga central conversaron con sus homólogos de la liga zuliana y acordaron efectuar el primer ensayo de integración del béisbol profesional venezolano. Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes por la Liga Central. Gavilanes y Pastora por la Liga Zuliana, jugarían un campeonato en las ciudades de Caracas y Maracaibo. 78 juegos por equipo. Las series particulares serían a 26 encuentros. El profuso número de juegos permitió la implantación de varios records que duraron mucho tiempo y otros se eternizaron. Dave Pope, jardinero de Gavilanes implantó las siguientes marcas: 95 imparables, estuvo vigente hasta que Victor Davalillo conectó 100 imparables con los Tigres de Aragua en la temporada 1979-80. 22 dobles, vigente hasta que Adrián Jordán largara 23 dobles con Petroleros de Cabimas en la temporada 1993-94. 53 bases por bolas, hasta que Clint Hurdle negoció 59 boletos en la temporada 1977-78 Pope también fue lider bate (.345) y en slugging (567). Bill Taylor, jardinero de Magallanes impuso las siguientes marcas: 16 jonrones, hasta que Brant Alyea despachara 17 vuelacerca con Cardenales de Lara en la temporada 1968-69. 63 carreras empujadas, hasta que Clarence Gaston remolcara 64 carreras con Magallanes em la temporada 1968-69. 164 bases alcanzadas (57 hits, 20 dobles, 1 triple, 16 jonrones) El 24 de enero de 1954 en juego efectuado en Barquisimeto ante los Leones del Caracas Taylor se convirtió en el primer bateador de LVBP en conectar 3 jonrones en un juego. Taylor y Pope implantaron la marca de extrabases (37), hasta que Pete Koegel de los Leones del Caracas en la temporada 1973-74 descargara 39 extrabases. Cuatro bateadores de Gavilanes batearon al menos 10 cuadrangulares: Jim Lemon 12 Piper Davis 12 Joe Frazier 11 Dalmiro Finol 10 Wally Moon, jardinero de Pastora impuso record de carreras anotadas (58), hasta que Antonio Armas con los Leones del Caracas, marcara 62 anotaciones en la temporada 1977-78. Moon también se convirtió en el primer jugador de LVBP en batear al menos 10 jonrones y robar 10 bases (11). Pastora se tituló campeón con marca de 48-30. Buster Mills dirigió a los lacteos. 47 de esas victorias fueron conseguidas por su cuarteto de abridores, nunca ante ni despues en en béisbol profesional venezolano 4 pitchers de un equipo han ganado al menos 10 juegos cada uno. Thornton Kipper 167 innings, 14 ganados (líder), 5 perdidos, 2.96 efectividad. Tommy Byrne 119 innings, 12 ganados, 3 perdidos, 3.41 efectividad. Howie Fox 140 1nnings, 11 ganados, 8 perdidos, 3.34 efectividad. Ralph Beard 156 innings, 10 ganados, 7 perdidos, 4.09 efectividad. Emilio Cueche (Gavilanes) implantó marca de más innings lanzados (208) y de más juegos completos (18) Terminó con 13 ganados, 10 perdidos y 3.65 de efectividad. George Spencer (Magallanes) lanzó en 47 encuentros (record). 10 ganados, 6 perdidos, 2.59 efectividad, 139 innings. George Spencer lanzó en 42 juegos como relevista (record). De los cuales 17 ocurrieron de manera seguida (record). Ramón Monzant (Magallanes) implantó marca de juegos iniciados (26). 14 ganados (líder), 6 perdidos, 2.81 de efectividad, 132 ponches (líder) Foster Coleman, Luis Camaleón García, Bill Taylor y George Wilson. Todos del Magallanes, implantaron la marca de más encuentros jugados en un temporada (79). Esto ocasionado a un juego empatado entre Caracas y Magallanes que debió ser reeditado. Bill Taylor y Foster Coleman impusieron record de más turnos oficiales en una temporada (308). En esa muy particular temporada también ocurrió el debut de Luis Aparicio Montiel al recibir de su padre el guante en un juego entre Gavilanes y Pastora efectuado el 18 de noviembre de 1953. Luego de esta especial experiencia lo, Pastora y Gavilanes regresaron para formar la Liga Occidental que se mantuvo hasta comienzos de los años sesenta. Caracas y Magallanes volvieron a la Liga Central hasta que en la zafra 1965-66 ocurrió la primera expansión hacia Aragua y Lara. Entonces empezó a fraguar un ensayo más formal de integración del beisbol profesional venezolano que terminó de cristalizar cuando en la temporada 1969-70 un grupo de Maracaibo compró la franquicia de Llaneros de Acarigua. Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 2 de octubre de 2013

La faceta olvidada de Rod Carew

En Cooperstown reza una placa que el señor Rod Carew merece un nicho en ese templo entre otras razones por haber alcanzado el liderato de bateo en la Liga Americana en 7 ocasiones, solo superado por Ty Cobb (11), Tony Gwynn (8) y Honus Wagner (8) y a su vez igualado por Roger Hornsby y Stan Musial. También bateó sobre .300 durante 15 temporadas seguidas (1969-1983). Fue elegido al Juego de Estrellas por 18 años seguidos. Quizás por esta habilidad sus colegas lo apodaban "Sir Rodney" mucho antes de alcanzar estos pergaminos. Nació el 1 de octubre de 1945, en el vagón de un tren mientras su madre se trasladaba desde Gatún hacia el hospital de Colón. Rompió fuente durante el viaje y la asistió el médico Rodney Cline, he allí la razón de los nombres del futuro beisbolista. Durante su niñez atravesó momentos dificiles cuando su padre le recriminaba por ser "delicado y afeminado". Sin embargo supo salir adelante y conectó con su mejor capacidad de ajuste ese cambio de velocidad. A los 16 años emigró a Nueva York, allí fue firmado por el el scout de los Mellizos de Minnesota, Herb Stein, recibió un bono de $5000, si hacía el grado con el equipo grande recibiría $7500 adicionales. Luego de fajarse por seis años en las ligas menores subió a la Gran Carpa en 1967. Su primer imparable lo consiguió ante el dificil Dave McNally. Gaylord Perry se quejaba de como Carew bateaba a placer su pelota grasosa, "Es el único pelotero que le pega con consistencia a mi pelota grasa. La ve con tanta claridad que imagino que le puede ver el lado seco".Lo único que lo pudo detener fue un ligamento desgarrado en su rodilla izquierda. Aún así terminó bateando .366 en 191 turnos. El pitcher Ken Holtzman decía que bateaba con tal facilidad sus mejores envíos que parecía empuñar una varita mágica en vez de un bate. Carew experimentó su mejor temporada en 1977 cuando coqueteó con los .400 de promedio al bate y terminó con .388, el promedio más alto desde que Ted Williams registrara igual marca en 1950. Sus 239 imparables fueron el registro más alto desde los 254 de Ralph Terry en 1930. Luego George Brett batearía para .390 en 1980 y Tony Gwynn .394 en 1994. En Venezuela jugó con los Tigres de Aragua en la temporada 1971-72. Como manager-jugador le tocó manejar aquel momento cuando 5 peloteros importados dejaron el equipo por exigir màs dinero. Esa temporada, para variar, fue campeón de bateo, .355 (72 hits en 203 turnos). Y fue campeón de LVBP con los Tigres. Lo que los aficionados normales al juego quizás poco recuerdan es una estadística que tiene su origen en una enseñanza que un manager facilitó a Carew. 17 robos de home en su carrera significa el premio Pulitzer, el premio Nobel, la medalla del Congreso y la triple corona, todo en uno."Empecé en 1969, Billy Martin dirigìa a los Mellizos. Se nos hacía dificil anotar carreras. Billy me dijo que no tuviera miedo de hacer el intento". Carew empezó a estudiar a los pitchers. "Miraba la forma como sostenían la pelota en el guante, la forma como la agarraban con la mano y como hacían el wind up. Trataba de calcular cuantos pasos podía adelantar desde tercera base. Si eran bastantes, los sorprendía y arrancaba hacia el plato". En 1967 Carew robó el home en 7 oportunidades. Desde ese momento fue vigilado como cualquier jefe mafioso. "No hay nada más humillante que perder un juego por un robo de home", dice Nolan Ryan, pitcher de los Angelinos de California en los años setenta. "Me ocurrió una vez ante Kansas City. Tenía al bateador en 2 y 2 y Amos Otis arrancó desde tercera base. El lanzamiento fue bola y él se deslizó quieto. Me sentí insignificante". "Cuando veo a Carew en tercera base", dice Ryan, "me concentro más en lo que él hace y el tercera base está pendiente de él. Al hacer eso, dejo de hacer el wind up y dejamos un hueco grande en tercera para el bateador". En una ocasión le preguntaron a Carew, "¿El bateador sabe cuando vas a salir hacia el plato?" "Doy la seña. Pero los bateadores no siempre la toman", respondió Carew. "Harmon Killebrew la perdió una vez e hizo swing mientras yo salía hacia la goma. Sentí un miedo terrible. Pensé que me iba a matar". Una situación similar asustó a Maury Wills cuando Frank Howard soltó un linietazo que pasó a centímetros de Wills. Wills temblaba cuando relató que la pelota rozando su cráneo parecía una torta de casabe y el bate de Howard tomó las dimensiones de la torre Eiffel. Quizás por eso se olvidó de los robos de home. Carew confesó que nunca sintió miedo de fallar, su alta efectividad en robos de home así lo certifica. "Cuando empiece a sentir que no lo puedo hacer, dejaré de intentarlo". Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Extracto de Remontada Escalofriante

Los pasos acompasados a ritmo de samba,aceleraron mi pulso. De pronto la monotonía de la acera se impregnó de las curvas más sinuosas. Casi me mareaba al seguir el ritmo de la cintura, las piernas largas y hasta los tobillos. La cabellera flotaba en el tafetán floreado que cubría la espalda. Sólo llegaba a cinco pasos de ella, los influjos de su perfume mezclados con su aroma natural me atornillaban a la acera. El morral casi se me resbalaba de las manos. Sentía un ardor en todo el cuerpo que me parecía que iba a salir disparado como el Apolo 11. Sólo cuando casi llegamos a la entrada de la escuela alcancé a ver la sonrisa de Marina. Me dijo que me había visto desde hacía dos cuadras. Que parecía desmayado. Le pregunté si le quedaba algún Pentro y ahogó una carcajada. __¿Vas a estar esta tarde en la farmacia? __Si, pero no te vayas a desmayar. Recién a las cinco y media de la tarde completé la tarea de sexto grado. Salí un momento al jardín y estiré los brazos. Me sentía feliz porque ahora podía hacerlo que me gustaba. En frente se extendía el solar de asfalto donde tantas veces jugamos pelota, esta vez ocupado por innumerables tubos de concreto del futuro sistema de cloacas. La nostalgia se desdibujó al escuchar la conversación de Ferdinando y Justo. Buscaban una emisora de Valencia que transmitía comentarios preliminares al juego del Magallanes. Aquello encendió una luz en mi memoria.Me llegué hasta la cocina y le pregunté a mamá si necesitaba algo de la farmacia. Me preguntó si había terminado la tarea. Luego de revisarla, me dijoque necesitaba dos papeletas Vicky-Vicky de color anaranjado. Su mano en mibrazo me hizo patinar en el piso de granito. __¡Ten cuidado y deja las carreras! Aún cuando en aquella época del año las noches son más largas, cuando subí los escalones de la Plaza Montes todavía quedaban algunas líneas carmesí que se hundían en el horizonte de penumbras. Justo antes de traspasar la puerta de la farmacia escuche el ruido característico de cuando se cambia una radio emisora. La figura sinuosa de Marina apareció bajo uno delos accesos internos del local. Tenía el dedo índice adosado a sus labios. Sus ojos inmensos iluminaban más que las lámparas. __Es que estoy aprovechando que el señor Basiliosalió a comprarse un café, para ver si ya empezó el juego de La Guaira. Me la quedé mirando, pesaba más la espontaneidad de su sonrisa que la desilusión de que simpatizara por los Tiburones. Me dijo que en su casa todos eran magallaneros, pero a ella siemprele había gustado La Guaira. Todo iba muy bien hasta que un carraspeo resonó desde la baranda. Las papeletas de Vicky-Vicky temblaron en las manos de Marina. __Disculpe señor Basilio, lo cambié un momentico para ver si había empezado el juego de La Guaira. En medio de la plaza volteé varias veces hacia la farmacia. Los matices cobrizos de sus mejillas delinearon la sonrisa de Marina.Sólo escuché la caricia de su voz cuando sentí la frialdad del mármol en el parietal. Marina se llevó las manos a la boca. Pasé unos instantes sobándome la cabeza frente a la estatua. Oi las carcajadas de Marina hasta que dejé atrás el cine Royal. Bajo las ramas de los jabillos de la acequia la litografía de las papeletas relumbró con la sonrisa de labios carnosos de Marina. Varios radios soltaban espirales que rebotaban sobre el talud de arenisca que bajaba desde la escuela. “En tres entradas completas, Cardenales vence a La Guaira 2 a 0”. La vegetación apenas dejaba el espacio por donde pasaba un carro. El crujido de las suelas de mis zapatos sobre los granos de arena desapareció ante un resoplido que terminó en estruendo. Solo volteé cuando pisé el escalón de la acera que terminaba en la esquina de la casa. Los resuellos de mi pecho desaparecieron por arte de magia al ver el rostro entre sonreído y adusto de mamá. Sólo la visión de una vaca blanca con manchas marrones, seguida por los pinchazos que dispensaba un hombre de brazos largos y un sombrero de cogollo. La cabuya silbaba entre sus manos. La vaca impregnó de mugidos toda la cuadra del hospital. Sólo aquella visión me salvó del regaño de mamá. Igual tuve que asistirla en el proceso de calentar agua en una olla grande. Agregarle varias cucharadas de sal. Y luego llevarla hasta el medio del patio. Allí abrí las papeletas. Ella las vació en el agua hirviente y luego sumergió dos blusas manga larga y una toalla. Desde el lavadero llegaban los impactos de la plancha sobre la mesa y los estornudos del radio de Carmela. “Cuando vamos para el cierre del noveno inning. La Guaira 2, Lara 2”. Intenté sacar las prendas de la olla. Mamá me empujó la mano a un lado y colocó la tapa. Me dijo que el anaranjado solo prendería si la olla recibía todo el sereno de la madrugada. Montó dos piedras de más de dos kilos cada una y se sintió un redoble en las paredes de la olla.Del lavadero llegaba el aullido del radio. La voz del locutor comercial salía por los bloques de dibujo. Fui a ponerme el pijamas. Al regresar al patio, las sombras de dos gatos saltaron desde la olla a la mata de anón. Me acerqué más al lavadero. El ritmo expectante del narrador seguía ausente. El comentarista hablaba y hablaba. Carmela bajó el volumen del radio y debía pegarme a los bloques. “George Manz se apunta el triunfo en trabajo completo, permitió 2 carreras, 1 limpia. Le conectaron 5 imparables. Ponchó a 5 y concedió 3boletos. Aurelio Monteagudo cargó con el revés. En 8 entradas permitió 3 carreras, 1 limpia. Recibió 8 imparables. Ponchó 1. Concedió 2 boletos”. Alfonso Tusa

jueves, 12 de septiembre de 2013

Dave Parker ahora lidia con el mal de Parkinson

La vida siempre guarda alguna sorpresa, agradable o artera a la vuelta de la esquina. De esto es muy difícil de escapar. Quizás la diferencia estribe en la actitud de cada cual ante esos momentos. Al conocer la declaración de Parker sobre su diagnóstico de mal de Parkinson, fue inevitable rememorar sus actuaciones en la liga venezolana de béisbol profesional y sus logros en las Grandes Ligas. Parker dijo que los médicos le informaron que padecía la enfermedad en febrero de 2012. Durante una revisión física, la mano le temblaba, al decir que tenía tiempo así, le informaron que sufría de Parkinson. El primer recuerdo que guardo de Parker se remonta a algún momento entre marzo y agosto de 1974. Rubén Mijares ocupaba la gerencia deportiva magallanera. Uno de los primeros movimientos que hizo fue cambiar a Bob Darwin (quien había bajado de 19 jonrones en la temporada 1972-73 a 7 en la 73-74 y de 45 a 32 carreras empujadas) a las Águilas Cibaeñas de República Dominicana, por un novato de los Piratas de Pittsburgh llamado David Gene Parker. De inmediato empezaron las especulaciones que a partir de octubre quedaron atrás ¡y de que manera! El mal de Parkinson es un desorden progresivo que gradualmente agota al sistema nervioso. Hasta el momento Parker ha evitado los medicamentos y mantiene a raya la enfermedad con una dieta adecuada y ejercicios físicos que incluyen una hora diaria de bicicleta. Fue apodado Cobra debido a su bate letal y la potencia de su brazo, la cual quedó grabada en muchas memorias cuando realizó aquellas dos asistencias para retirar dos corredores en el plato durante el Juego de Estrellas de 1979 que terminó 7-6 a favor de la Liga Nacional. Aquella temporada 1974-75 conformó un temible uno-dos con Don Baylor en medio de una alineación que incluía a Gustavo Gil, Rick Stelmaszek, Rob Andrews, Bob Bailor, Dámaso Blanco, entre otros. Parker tuvo mucho que ver con la clasificación de los Navegantes y con la victoria sobre los Leones del Caracas en una semifinal de dientes apretados. Luego cayeron ante los Tigres de Aragua en la final, pero dejando todo sobre el terreno, con Parker entre los más voluntariosos. Alcanzó las Series Mundiales de 1979 con los Piratas y de 1989 con los Atléticos de Oakland. Dos veces terminó como lider de los bateadores de la Liga Nacional .338 en 1977 y .334 en 1978. En ese ’78 también fue nombrado el jugador más valioso de la Liga Nacional. En 1979 resultó el jugador más valioso del Juego de Estrellas. Ganó 3 guantes de oro: (1977, 78 y 79). Logró el bate de plata en 1985 (OF), 1986 (OF) y 1990 (DH). Lider en slugging: 1975 (.541) y 1978 (.585). Lider en hits: 1977 (215). Lider en bases totales:1978 (340), 1985 (350), 1986 (304). Líder en dobles: 1977 (44), 1985 (42). Lider en carreras empujadas: 1985 (125). Líder en extrabases: 1979 (77), 1985 (80). Líder en elevados de sacrificio: 1979 (9), 1990 (14). Lider en boletos intencionales: 1978 (23), 1985 (24). Líder en outs como right fielder : 1975 (315), 1976 (293), 1977 (381), 1983 (281). Líder en asistencias como right fielder : 1977 (26). Líder en dobleplays como right fielder: 1977 (9), 1987 (3). Líder en outs como outfielder: 1977 (389). Líder en asistencias como outfielder: 1977 (26). En la temporada 1976-77 lo hizo todo con el Magallanes. Junto a Mitchell Page se echó el equipo al hombro para llevarlo hasta el campeonato. En el transcurso se coronó campeón de bateó con promedio de .414 el cual fue el más alto de LVBP hasta que Bob Abreú lograra el título de bateo con marca de .419 en la temporada 1998-99. Durante un juego de la semifinal ante las Águilas del Zulia, Magallanes llegó perdiendo 1-0 ante gran labor de Gilberto Marcano. Luego de un out en el noveno inning, Parker negoció boleto y Page largó linietazo bestial a los jardines para dejar hombres en segunda y tercera. Parker empezó a presionar desde la antesala y Marcano lanzó mal hacia esa base propiciando las dos carreras que decretaron el triunfo magallanero. En algún momento de los play offs el narrador Felo Ramírez exclamó: “¡Parker, el predestinado del Magallanes!” En Grandes Ligas vistió las camisetas de Pittsbugh (1973-1983), Cincinnati (1984-1987), Oakland (1988-1989), Milwaukee (1990), California (1991),Toronto (1991). En 19 años y 9358 turnos al bate, Parker dejó promedio ofensivo de .290, 339 jonrones, 1493 carreras empujadas, 1272 carreras anotadas, 2712 imparables. En la temporada 1982-83 regresó con Magallanes, hacia el mes de diciembre, su rendimiento en el terreno distó mucho de sus actuaciones anteriores. Fuera del campo mostró su calidad humana al prestar ayuda humanitaria y financiera a los damnificados de la tragedia de Tacoa. Siempre entregaba lo mejor de sí sobre el terreno de juego, aún mantiene esa filosofía, hace poco declaró en referencia a la actuación de los Piratas de Pittsburgh en la temporada 2013. “Los aficionados de los Piratas necesitan desesperadamente una temporada ganadora. Veinte años de temporadas negativas es algo inaceptable. Cuando yo jugaba, dejábamos todo en el terreno. Es agradable ver a estos muchachos hacer otro tanto”. Alfonso L. Tusa C.