jueves, 6 de noviembre de 2014

Pitcher prehistórico

Al ver a Madison Bumgarner afrontar el imparable de Alex Gordon, que luego se convirtió en triple por algún parpadeo defensivo, con tal entereza, con tal flujo glacial en las venas, cierre del noveno inning, séptimo juego de la Serie Mundial ante una afición delirante aupando a los Reales de Kansas City, centelleó en mis archivos beisboleros un cliché que se tambalea ante este tipo de evidencia. Muchos analistas del juego en los últimos tiempos han razonado que además de pitcheo, un equipo de béisbol necesita un equilibrio entre defensa y bateo, lo cual es acertado solo hasta el instante específico cuando el habitante del montículo, se inclina, asiente o niega con el cuello, discute las señas con su receptor y despliega tantas alternativas para dominar al bateador, asume tal o cual actitud sobre seguir confiando en sí mismo y su equipo luego de cualquier error físico o mental, demuestra obstinación al seguir efectuando sus envíos hacia las coordenadas más intrincadas de la zona de strike; entonces el rostro de Bumgarner muestra facciones de Christy Matthewson, Lefty Grove, Carl Hubbell, Lew Burdette, Sandy Koufax, Luis Tiant, Rich Gossage, Jack Morris, Curt Schilling, Mariano Rivera y tantos otros que se encargan de hacer refulgir la vigencia de que el pitcheo es el 75 % del juego. Tal como lo dice el periodista deportivo Rob Neyer, “El lanzador también tiene responsabilidad en las carreras sucias porque seguramente su estado de ánimo luego que su defensa incurre en algún error, puede influir en el tipo de lanzamiento que haga ante el próximo bateador”. Bumgarner demostró el miércoles 29 de octubre de 2014, que el béisbol, como la vida, es un evento que requiere reflexión contínua para entender que se puede mejorar si se reconocen los errores y se hacen los ajustes. Desde su blanqueo del sábado 25, empezó a decirle al manager de los Gigantes de San Francisco, Bruce Bochy, que podía contar con él si había un séptimo juego, rompiendo los ”¿tecnicismos?” del juego actual, que entre otras minucias, casi convierte al pitcher en estatua a la hora de fildear un elevado o roletazo por sus predios ¿Qué tan técnico puede considerarse un juego cada vez más limitante? Bumgarner llegó hasta asomar la posibilidad de que contaran con él como abridor o relevista desde el primer inning. Aunque tuvo pocas oportunidades de probarlo en la Serie Mundial, Bumgarner tal cual los lanzadores prehistóricos, es capaz de batear a un nivel respetable, esto describe como estudia y detalla cada movimiento del pitcher rival. En el tercer juego de la serie divisional ante los Nacionales de Washington, despachó cuadrangular de bases llenas. En el transcurso de la temporada 2014 largó cuatro jonrones, los del 11 de abril y el 13 de julio también los descargó con bases repletas. Bumgarner entiende que la función de un pitcher va más allá de soltar envíos hacia la mascota del receptor, que en la medida que asuma el juego de manera integral habrá más posibilidades de aportar al equipo. Para eso es necesario practicar todos los días hasta las rutinas más sencillas del pitcher, correr a diario en los jardines, y hasta tomar un poco de práctica de bateo el día del juego, desde el toque de bola hasta el batazo largo. Quizás parezca un pedazo de celuloide de principios del siglo XX, sin embargo, la mejor versión del pitcher reside en su conexión con todas las facetas del juego. Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Con los Gigantes en la Serie, una canción de rock sonará y sonará.

Con los Gigantes en la Serie, una canción de rock sonará y sonará. Tim Rohan. 26-10-2004. The New York Times. San Francisco.- La primera vez que Larry Baer, jefe ejecutivo de los Gigantes de San Francisco, habló con Steve Perry fue en 2008. Él recordó que Perry sonaba desconcertado. Perry, el antíguo cantante de Journey, había crecido en California central y era un furibundo fanático de los Gigantes. Se quejó con Baer de que los rivales Dodgers de Los Angeles estaban usando su canción “Don’t Stop Believin’” sin su permiso. Por supuesto, los Dodgers no era el único equipo que había convertido la canción de Journey en su himno. La canción tiene mucha conexión con los deportes, especialmente el béisbol. En la última década, por lo menos cuatro franquicias que han entonado regularmente la canción llegaron a la Serie Mundial. Los dos equipos de la Serie Mundial de este año, los Gigantes y los Reales de Kansas City, la han usado. Pero los Gigantes la aprecian como suya. La han entonado regularmente desde 2010, cuando el equipo ganó su primer campeonato desde que se mudó a San Francisco. Los Gigantes, quienes añadieron otro título dos años después, también son el único equipo que tiene a Perry, de 65 años, encabezando los cánticos en sus juegos. “Se ha convertido en una tradición local, y él es original de aquí”, dijo Baer el sábado antes que los Gigantes ganaran el cuarto juego. Él añadió: “Cuando esa canción suena en eventos públicos en San Francisco, la gente piensa en los Gigantes. Lo dejaré de ese tamaño”. Los fanáticos de los Medias Blancas podrían argumentar con otra historia. En 2005, A.J. Pierzynski, Aaron Rowe y Joe Crede, jugadores de los Medias Blancas para ese momento, oyeron “Don’t Stop Believin’” en un bar de Baltimore y la adoptaron como su himno. La sonaban en el clubhouse luego de las victorias. Hacia el final de la temporada, los Medias Blancas la sonaron en su estadio cuando estaban perdiendo. Luego que el equipo aseguró el banderín de la Liga Americana, Pierzynski agarró a un ejecutivo del equipo durante la celebración con champaña y le preguntó, “¿Puedes buscar a Steve Perry?” Perry asistió al primer y segundo juego de la Serie Mundial en el U.S. Cellular Field y estaba tan identificado con el equipo que viajó a Houston para los dos juegos finales. Los Medias Blancas barrieron a los Astros, y él encabezó la interpretación de la canción en el desfile de campeonato del equipo. Perry quería tanto que la canción, que fue estrenada en el album “Escape” de Journey en 1981, estuviese ligada a los Medias Blancas que llamó repetidamente al productor de MLB Productions para acordar que la canción fuese incluida en el DVD conmemorativo del equipo. Pero no todos los miembros de la banda darían su consentimiento para usar la canción. Aún así, eso no pudo evitar que la canción se extendiera hacia otros equipos. Los Tigres de Detroit empezaron a sonarla en 2006 y la usaron regularmente cuando fueron a la Serie Mundial de 2012, donde fueron barridos por los Gigantes. Los Reales también empezaron a sonarla este año luego que ganó una votación de los fanáticos. Pero dejaron de usarla cuando se encontraron con los Gigantes en la Serie Mundial. “Pensamos, ‘Tienen a Steve Perry; que lo hagan’”, dijo Toby Cook, vicepresidente de los Reales para asuntos comunitarios y publicidad. En agosto de 2008, Perry estaba en Dodger Stadium cuando sonó la canción durante el noveno inning de un juego cerrado. La multitud cantó cada palabra, lo cual era lo que había deseado Charles Steinberg de los Dodgers. Steinberg podría ser el experto principal en música para juegos de béisbol. Ha trabajado por casi 40 años en varios roles en el béisbol ligados a las relaciones públicas y el mercadeo. Consideren su curriculo. Él impuso “Thank God I’m a Country Boy” por años en los juegos de los Orioles. También hizo sonar a “Hells Bells” durante el calentamiento de bull pen de Trevor Hoffman en los juegos de los Padres. E hizo de “Sweet Caroline” un símbolo en los juegos de los Medias Rojas. Cuando Steinberg llegó a los Dodgers en 2008, quería saber que canción haría sonar allí. Todavía la buscaba a principios de agosto cuando el equipo adquirió a Manny Ramírez. Steinberg sintió una excitación que lo hizo sonar “Don’t Stop Believin’” en el juego de agosto cuando Perry fue al estadio. “Una canción funciona bien cuando lo hace sin provocación”, dijo Steinberg el sábado en una entrevista telefónica. “Ocurre sin ninguna manipulación. Es completamente espontáneo de parte de los fanáticos”. Los Dodgers sonaron la canción regularmente por unos pocos años. Esto eventualmente se acabó, y Steinberg se fue del equipo después de la temporada de 2009. Para entonces, Perry había planteado su caso a Baer, de los Dodgers usando su canción, dijo que quería demandar a los Dodgers, algo de lo que Baer lo disuadió, y le pidió a Baer que los Gigantes la sonaran en sus juegos. Baer le dijo que no usarían la canción mientras los Dodgers la estuvieran usando, pero que buscarían el momento apropiado muy pronto. Perry tuvo que esperar hasta el final de la temporada de 2010, cuando los Gigantes se aproximaban a los playoffs. Los Gigantes decidieron sonar una de dos canciones de Journey en el octavo inning. Si estaban ganando, sonarían “Lights”. Si estaban empatados o perdiendo, sonarían “Don’t Stop Believin’”. La primera vez que sonaron la canción, la pantalla de video mostró una toma relámpago de Perry, y como lo dijo Baer “el lugar se volvió un manicomio”. A partir de ese momento, se desarrolló una rutina. Cuando Perry asistía a un juego, lideraba a la multitud cantando las canciones, levantando los brazos y señalando. Se convirtió en un símbolo en la última fila de la Sección 219. “Era nuestra inspiración”, dijo Baer. Perry ha parecido más entusiasta con su espectáculo del octavo inning este año.. El sábado durante el cuarto juego, cuando terminó la parte alta del octavo con los Gigantes ganando 11-4, los fanáticos saltaron en la Sección 219 para darle un vistazo a Perry. Llegaron las primeras notas de “Lights”, y Perry se levantó, entendió sus brazos y llamó a que se levantara la multitud, su mano rodeaba su oreja. A medida que avanzaba la canción, corrió por el pasillo hasta el fondo de la sección y puso su brazo alrededor de un fanático. Antes del juego, trataron de entrevistar a Perry. “No puedo hacerlo”, dijo sonriendo. “Tengo mis propias supersticiones sobre ganar. Tal vez después de la Serie Mundial, después que ganemos”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 27 de octubre de 2014

Bill Buckner se desprende del estigma, y encuentra la paz

Brian Koonz. 23-10-2014. Bridgeport.- Después de 28 años, Bill Buckner ya no sufre más. Ya no cierra los ojos y desarrolla un ajuste emocional para alejarte de su alma. No era una noche de miércoles diferente en el Bijou Theatre, donde Buckner, el antíguo primera base de los Medias Rojas, firmaba autógrafos y sonreía para individualidades con la multitud de Bridgeport Bluefish. Siempre fue el hombre atracción aquí, no el segundo juego de la Serie Mundial entre Gigantes y Reales. La barajita con goma de mascar de Buckner, el árbitro estadístico de la carrera de un pelotero, dice que terminó con 2715 imparables, .289 de promedio de bateo vitalicio, un título de bateo en 1980 y una aparición en el Juego de Estrellas de 1981. Los números son ilustrativos y describen, la estampa de una carrera respetable que comenzó en Los Angeles en 1969 y terminó en Boston en 1990. Aún así, los 22 años de Buckner en las mayores, incluyendo cinco temporadas con los Medias Rojas, se ven reducidos injustamente a un juego, un momento, un error. El error que define a Buckner para muchos fanáticos, pero no para si mismo, está congelado para la eternidad en el sexto juego de la Serie Mundial de 1986. Cuando un bateador de los Mets, Mookie Wilson bateó un roletazo hacia primera base y Buckner dobló para tomarlo. Pero Buckner, el buen soldado con piernas adoloridas, no dobló lo suficiente y la pelota pasó hacia la barriga de los jardines de Shea Stadium, empujada por el rugido sísmico de la multitud local. Los Mets se apoderaron del sexto y luego del séptimo juego de la Serie Mundial. “Veo al ’86 como un gran año. Me ocurrieron cosas muy buenas y probablemente tuve mi mejor septiembre para contribuir a llegar a los playoffs”, dijo Buckner, quien empujó 102 carreras esa temporada con los Medias Rojas. “Desafortunadamente, y no tengo que recrear la Serie Mundial, todos saben lo que pasó”. Buckner vivió con esa fría noche de otoño en Queens todos esos años con la gracia de un caballero, pero con la cadencia sucinta de un pelotero quien ha sufrido momentos duros en el camino. Si es duro como revivir ese juego en público, es aún peor revivirlo en privado. Buckner, de 64 años, creció en el norte de California con Willie Mays, Juan Marichal y sus queridos Gigantes: Ellos fueron la impresión en vivo de lo que quería hacer cuando fuera grande. “No puedo decir cuantas veces, cuando jugaba pelota de goma a la edad de 8, 9, 10 años en mi patio, estaba jugando con los Gigantes”, dijo Buckner, quién fue firmado por Tommy LaSorda y los Dodgers en Napa High School. “Desarrollaba el juego como si estuviera en la Serie Mundial y bateaba el jonrón ganador en el patio cientos de veces”, dijo Buckner, sosteniendo cuidadosamente al recuerdo y la audiencia en su mano. “Nunca piensas en perder un roletazo que perjudique a tu equipo. Pero así es la vida. Así es el deporte”. El esfuerzo nunca fue una dificultad para Buckner, ni siquiera cuando sus condenados tobillos lo enviaron al quirófano luego de la temporada de 1986. Desde el primer día cuando Buckner empuñó un bate como profesional todo fue memorable. LaSorda, quien después se convirtió en manager de los Dodgers, fue el primer manager de ligas menores de Buckner. Un día específico en Ogden, Utah, LaSorda lanzaba en un juego interescuadras para ambos equipos. Buckner era el muchacho que usaba el uniforme de lana desgastado. “Al primer lanzamiento, bateé la pelota contra la pared del jardín derecho para un triple”, dijo Buckner. “Él se quitó el guante, lo tiró al suelo y dijo, ‘Tú ilustre desconocido. Si vuelves a batearme la pelota otra vez de esa manera, me voy a cortar el cuello con una hojilla de afeitar’”. “Aquí estoy, veinte minutos en mi primer juego. ¿Puedes imaginar, que tienes 18 años y tienes un manager que te habla de esa manera? No sabes por completo en que te estás metiendo”. Algunas cosas nunca cambian, especialmente en el béisbol. Después que Buckner se retiró en 1990, jugó 22 encuentros con los Medias Rojas ese año, se fue a Boise, Idaho, el lugar perfecto para un hombre cazar y pescar y encontrarse a si mismo. El ajuste emocional de Buckner ahora es cosa del pasado, probablemente fue lanzado a uno de esos grandes lagos de Idaho. Pero el juego que ama continúa, como siempre, en patios, estadios y barajitas con goma de mascar”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

¡Luces, Catcher, Acción!

Salvador Pérez de los Reales de Kansas City gana respeto por su juego y por el perfume 21-10-2014. Tyler Kepner. The New York Times Kansas City, Mo. __ Salvador Pérez jugaba tercera base cuando era niño en Venezuela, pero era muy indiferente a la defensiva. “Era malo”, dijo Pérez este martes 21 de octubre, riendo antes del primer juego de la Serie Mundial. “Me gustaba batear”. Pérez necesitaba una posición para ser firmado, por eso los Reales de Kansas City, impresionados por su tamaño y rapidez, trabajaron con él para que fuese catcher. Él aprobó su prueba de habilidades y ahora es un ganador del guante de oro con los campeones de la Liga Americana. La Serie Mundial le da a Pérez un beneficio colateral a su posición: mucho tiempo en la vitrina de la pantalla. “Me gusta todo”, dijo Pérez. “¡Me gusta bloquear algunas pelotas, me gusta hacer outs en las bases, me gusta llamar el juego, y estamos bajo la cámara cada vez!” Pérez rió de nuevo. Él ríe mucho, y nadie pareciera haber tenido más diversión que él durante la marcha de los Reales hacia el banderín. En el primer juego de la Serie Mundial todo se enturbió rápidamente para los Reales, pero Pérez jonroneó ante Madison Bumgarner en el séptimo inning de una derrota 7-1 en Kauffman Stadium. Luego que los Reales barrieron a los Angelinos de Los Angeles en su serie divisional, Pérez se subió al techo del dugout y blandió una escoba sobre su cabeza. Luego de barrer a los Orioles de Baltimore para ganar el banderín, Pérez salió de la celebración del clubhouse para confundirse en abrazos con los aficionados en la tribuna detrás del plato. “El se faja en el campo, pero en el clubhouse se mantiene relajado y asentado”, dijo el jardinero Lorenzo Cain. “No importa lo que ocurra, el no cambia. Esa es una gran cualidad de él”. Una cualidad menos agradable, para Cain, es la afición de Pérez para filmar películas. Pérez esgrime un iPhone como un arma alrededor de Cain, lo captura en el bus, en la habitación de terapias, la habitación de pesas y cualquier parte, luego publica videos cortos para sus 65000 seguidores en Instagram. “Sal de aquí ahora”, le dice Cain, mientras trata de hacer pesas. “Vete ¿Entiendes?” Cain dijo que no sabía porque Pérez la garraba con él. Pérez llamó a Cain un blanco fácil porque se molesta fácilmente. Pero estas travesuras no son las más inusuales de Pérez. Pérez usa perfume de mujer en cada juego. Un día, el campocorto Alcides Escobar, quien dijo que lo usaba para la buena suerte, roció un poco en la camiseta de Pérez y le dijo que batearía cuatro imparables. La profecía se hizo realidad, dijo Pérez, entonces ordenó una docena de cajas. Sus marcas preferidas son Victoria’s Secret y 212 VIP. Los árbitros están agradecidos. “Hueles bien mi amigo, gracias”, le dicen, cuenta Pérez. “Sudamos, olemos mal, tu sabes. Necesitamos ponernos algo para el terreno. Algo diferente a lo que usamos fuera del terreno”. René Francisco, gerente general asistente de Kansas City para operaciones internacionales, dijo que la personalidad de Pérez impresionó a los Reales cuando lo firmaron a los 16 años de edad, por 65000$, en 2006. Dayton Moore recien se había hecho cargo como gerente general, heredando a un equipo que se ubicaba de último en las Grandes Ligas en inversiones internacionales durante la última década. El viaje que permitió encontrar a Pérez, dijo Francisco, fue el primero del equipo a Venezuela. “Creo que fue el destino”, dijo Francisco. “O la suerte, como se quiera llamar. Estuvimos en el lugar apropiado en el momento indicado”. Orlando Estevez, coordinador de scouts de los Reales para Latinoamérica, se encargó de Pérez y recomendó que jugara como catcher en la práctica. Pérez se adaptó tan rápido que Moore estaba emocionado cuando recibió una llamada de un asistente especial durante la primera parada de Pérez como profesional, en la liga de novatos de Arizona en 2007. “Bill Fischer me llamó y dijo, ‘Acabo de ver al Johnny Bench venezolano’”, dijo Moore. “Le dije, ‘¿de quién estás hablando?’” Desde ese momentot, Pérez se convirtió en un nombre a tener en cuenta en la organización de los Reales. En 2010, en una asignación de rehabilitación de una lesión con el Wilmington Clase A (Del.), Alex Gordon notó de inmediato que Pérez sería una parte importante de la estructura de los Reales. En la próxima temporada, Pérez estaba en las mayores, ahora está bajo control del equipo hasta 2019. “Estaba casi seguro, cuando lo veía, de que este muchacho iba a ser muy especial”, dijo Gordon. “No sabía que iba a ser tan rápido, pero al verlo en la Clase A fuerte, su defensa era increíble. Y para su tamaño, moviéndose como lo hacía, era algo que definitivamente se podía visualizar”. Pérez mide un metro noventa y pesa 120 kg., 12 cm., más alto y 10 kg., más pesado que Yadier Molina, el catcher guante de oro de los Cardenales de San Luis. Pérez nombró a Molina entre sus peloteros favoritos, otro es Pedro Martínez, el antíguo lanzador de los Medias Rojas de Boston quién llamó para desearle lo mejor en esta post-temporada, y Francisco dijo que Pérez había aprendido a recibir como su maestro. “Molina es su ídolo, y Molina no se mueve detrás del plato”, dijo Francisco. “Pienso que ahí es donde ha mejorado más Pérez, estando quieto detrás del plato. Y ha aprendido, poco a poco, sobre como llamar un juego y hacerse cargo”. El manager Ned Yost, un antíguo catcher, llamó a Pérez el mejor catcher de la Liga Americana, elogiándolo por su habilidad para bloquear y su velocidad para lanzar a segunda base, la cual Yost catalogó como la más rápida que haya visto. Reconoció que Pérez tuvo dificultades con el madero en los playoffs de la Liga Americana (de 34-4, con un boleto), pero dijo que siempre fue una amenaza de poder. Pérez hizo su segunda aparición en un Juegos de Estrellas este año, bateó para .260 con 17 jonrones y 70 carreras empujadas, números sólidos que disimularon un bajo promedio con gente en base (.289). Pérez es más bateador de bolas malas que Pablo Sandoval de los Gigantes de San Francisco, un amigo desde que Pérez tenía 13 o 14 años. Ellos hablan a menudo, dijo Sandoval, se animan mutuamente durante los momentos difíciles. “Es un gran tipo, una gran persona, un tipo divertido”, dijo Sandoval. “Cuando estás desilusionado, él te apoya, es muy bueno tenerlo al lado”. Los Gigantes, por supuesto, están maravillados con su catcher, Buster Posey, el mejor jugador de los dos equipos. Pero los Reales están satisfechos con Pérez, un hombre dispuesto a alcanzar las miradas, los sonidos, y si, los olores de la Serie Mundial”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

domingo, 26 de octubre de 2014

Desde Kansas a los Gigantes, el equipaje de victorias e inteligencia de un pionero.

David Waldstein. 22-10-2014. The New York Times. Olathe, Kan.- Un Gigante está enterrado en Kansas. Baldwin City, Kan., está a escasas 50 millas de Kauffman Stadium, el hogar de los Reales de Kansas City, los Campeones de la Liga Americana de este año. Allí fue donde Luther Taylor, quién fuera conocido como Dummy Taylor, fue enterrado en 1958, el año cuando su antíguo equipo, los Gigantes, empezó a jugar en San Francisco, al mudarse desde Polo Grounds en el Alto Manhattan. Taylor fue un pitcher pionero, un personaje carismático y colorido quien no podía oir ni hablar pero podía lanzar una pelota con experticia. Ayudó a los Gigantes a ganar su primera Serie Mundial de la era moderna, en 1905, y tendió un puente al vacío entre los atletas que oyen y los sordos, permanece como el único vínculo entre Kansas City y los Gigantes. Durante la época de Taylor con los Gigantes, desde 1900 hasta 1908, muchos de sus compañeros aprendieron el lenguaje de señas, y Taylor los hizo reir, y algunas veces gana, en buena parte de su carrera. “El permanece como una inspiración para muchas personas”, dijo Sandra Kelly, una antígua maestra y directora en la Escuela de Sordos de Kansas, donde Taylor destacó como beisbolista y luego como entrenador, en Olathe, una ciudad 20 millas al suroeste del centro de Kansas City, Mo. “Está muy claro en las historias que sus compañeros lo querían y respetaban”. Kelly ahora es directora ejecutiva del Centro Cultural para Sordos local, el cual está ubicado enfrente de la escuela- El centro aloja un museo con una exhibición dedicada a Taylor, uno de los graduados más celebres de la escuela, junto a Paul Hubbard, de quién se dice que es el inventor del círculo de conferencia del futbol americano. La Escuela de Kansas para Sordos es una institución pública, accesible a los niños sordos de todo Kansas- Taylor, quién nació el 21 de febrero de 1875, asistió a la escuela desde 1884 hasta 1895 y fue el primero de su clase y un gran prospecto de béisbol. El gimnasio K.S.D. lleva su nombre, el campo de futbol americano el de Hubbard. Luego de unos pocos años en el béisbol semi profesional, Taylor se unió a los Gigantes en 1900, y en nueve años con ellos dejó marca de 115-103 con efectividad de 2.77. En 1904, tuvo registro de 21-15 y los Gigantes ganaron su primer banderín del siglo XX( aunque no hubo Serie Mundial ese año por una disputa con la Liga Americana). El próximo año, los Gigantes ganaron el banderín de nuevo, y Taylor agenció un registro de 16-9, y jugaron su primera Serie Mundial de la era moderna. “El béisbol es un buen deporte para atletas sordos, especialmente para los pitchers porque ellos están en control del juego”, dijo en un correo electrónico Suzanne Robitaille, una aficionada sorda del béisbol y abogado de los discapacitados. Taylor fue señalado para iniciar el tercer juego de la Serie Mundial de 1905 contra los Atléticos de Filadelfia, la franquicia se mudó a Kansas City en los años ’50 y a Oakland hacia finales de los ’60, pero el juego fue pospuesto, y los Gigantes luego designaron a Christy Mathewson, quien ganó tres juegos en la Serie sin permitir una carrera. En una entrevista con The Sporting News en 1942, Taylor expresó su disgusto, porque pensaba que si hubiese lanzado ese juego se habría convertido en el primer pelotero sordo en una Serie Mundial. Pero la influencia de Taylor iba más allá des béisbol. Algunos han discutido sobre la posibilidad de que las señas del béisbol se deben a él, aunque otros dicen que las señas precedían su llegada al juego. (Algún día Dummy Hoy, un sordo quien jugó en el siglo XIX, proporcionó el impulso para las señales de mano de los árbitros). Las contribuciones de Taylor también incluían su gran sentido del humor. Hay una leyenda en la cual él como coach de base un día usó botas altas en medio de una tormenta para avergonzar a los árbitros y hacerlos suspender el juego. Fue un personaje punzante hasta en sus señas, tuvo varios encontronazos con los árbitros como jugador y luego como entrenador en la K.S.D. David W. Anderson, en un ensayo sobre Taylor, escribió del día cuando Taylor, entonces coach de primera base de los Gigantes, como hacían los jugadores de la época, se burlaba del árbitro del plato, Hank O’Day, en lenguaje de señas. Lo que Taylor no sabía, escribió Anderson, era que O’Day había sido criado por padres sordos y podía entender las señas. “Te vas para el clubhouse”, dijo O’Day con señas. “Paga 25$”. En aquellos días, los jugadores sordos y mudos eran llamados rutinariamente Dummy, y Taylor no fue la excepción. (Los Gigantes tuvieron brevemente en 1901 otros dos peloteros con ese nombre, Dummy Leitner y Dummy Deegan). Los tiempos han cambiado, pero Kelly, la antígua directora y maestra de la Escuela de Kansas para Sordos, dijo que Taylor apreciaba el apodo porque eso indicaba que podía hacer señas y estaba orgulloso de ello. Los managers de Taylor, George Davis y después John McGraw, animaron a sus compañeros a que aprendieran el lenguaje para comunicarse con él. Taylor pasó a los Bronchos de Cleveland de la Liga Americana en 1902 por más dinero pero regresó a los Gigantes porque no se sintió bienvenido en Cleveland donde los peloteros no hacían señas. En “The Glory of Their Times” de LaurenceS. Ritter, Fred Snodgrass, un jugador de los Gigantes, explicó como Taylor rechazaba a permitir que sus impedimentos lo separaran de sus compañeros. “Si ibamos a un espectáculo de vaudeville, el quería saber de que trataba el chiste, y alguien tenía que contárselo”, dijo Snodgrass. “Así que todos aprendimos”. No todos los peloteros sordos hacen señas. Cuando Curtis Pride, un pelotero con impedimento para escuchar, estaba en el sistema de ligas menores de los Mets en los años ’80 y ’90, no hacía señas porque podía leer los labios. Pero los Mets, dijo Steve Phillips, el director de las granjas del equipo a comienzos de los ’90, cambiaron sus protocolos en los jardines para que solo Pride pidiera las pelotas porque el no podía oir si los otros jardineros pedían la pelota. Pride es el entrenador de béisbol en Gallaudet, una universidad privada para sordos y casi sordos en Washington donde Hubbard, el antíguo estudiante-atleta de K.S.D., era futbolista estrella. Hubbard, quien era seis años mayor que Taylor, jugaba de quarterback en Gallaudet y se le acredita el invento el círculo de conferencia como una manera de prevenir que los rivales vean las señales del equipo. Como Taylor, Hubbard eventualmente regresó al area de Kansas City, y enseñó y entrenó en K.S.D. por décadas al lado de Taylor. El nieto de Hubbard, James, es abogado en Olathe y un gran aficionado de los Reales. El nació en 1943, tres años antes que falleciera su abuelo. Pero lo recuerda. “Puedo recordarlo”, dijo James Hubbard por teléfono. “Sé que mi abuelo y Taylor fueron ambos entrenadores y miembros de la facultad en K.S.D. por muchos años. Mi madre enseñó ahí, también, y yo solía oir todas las historias”. Hoy, Hubbard es un buen amigo y socio de golf de George Brett, la estrella de los Reales y vicepresidente senior del equip, así que Brett conoce a un hombre que conoció a un hombre que trabajaba con Luther Taylor. Ahora Taylor yace a un paseo corto de Kansas City, donde su viejo equipo está tratando de ganar otra Serie Mundial 109 años después de su primera de la era moderna, la cual llegó gracias en partea un Gigante de Kansas. Traducción: Alfonso Tusa

jueves, 23 de octubre de 2014

Chili Davis recuerda el día cuando Pedro Martínez estaba al rojo vivo

20-10-2014. Providence Journal Bryan McPherson. Nota del Editor: Esta historia fue publicada originalmente el 12 de enero de 2010. Chili Davis, no necesariamente va a tomar crédito por los 17 ponches. Pero Pedro Martínez no empezó a mostrar que estaba en una noche memorable en Yankee Stadium en 1999 hasta que Davis le dio aquel batazo largo. “Se puede decir que desde el momento cuando calentaba tenía una recta centelleante y poderosa, y la iba a usar desde temprano”, dijo Davis, el nuevo coach de bateo de los Medias Rojas de Pawtucket (AAA), por teléfono desde su hogar en Arizona. “Iba a tratar de pasar por la alineación al menos una vez con esa recta para establecerse”. “En el segundo inning le quemó el bate a Bernie Williams y a Tino Martínez. Le dije a Tino, ‘Este tipo tiene una gran recta’. Estaba sentado viendo los turnos de los bateadores y cuan rápido llegaba la pelota a ellos. Estaba retando a todos, primer pitcheo adentro, segundo pitcheo adentro. Me dije, ‘Cuando esté ahí, buscaré un primer pitcheo adentro. Tengo que hacerlo. Recta adentro’. Me lanzó una recta adentro, y respondí’. Eso fue temprano en el juego. Desde ese momento, más nadie le bateó imparable. Se hizo más dominante. Pienso que yo lo desperté”. El jonrón solitario que Davis bateó en el segundo inning fue el único imparable que Martínez permitió en quizás el juego más grande que el futuro inquilino del Salón de la Fama lanzó alguna vez. Martínez ponchó 17, incluyendo a Davis en sus próximos dos turnos, y no permitió que nadie se le embasara luego del segundo inning. Davis usaba el uniforma de rayas en 1999, la temporada final de una carrera de 19 años en las Grandes Ligas con los Gigantes, Angelinos, Mellizos, Reales y Yanquis. Él cambiará de lado en la rivalidad Yanquis- Medias Rojas la próxima temporada cuando comience a trabajar como coach de bateo de Pawtucket. A pesar de nunca haber sido coach en las ligas menores, Davis fue anunciado este lunes como la pieza final del cuerpo técnico del equipo AAA bajo el nuevo manager Arnie Beyeler. “Todavía estoy sorprendido y feliz”, dijo Davis. “Pensaba que para regresar al juego, aun con mis credenciales de ex jugador, probablemente requeriría que fuera a trabajar a Clase A primero, a lo cual no estaba negado porque sé que puedo aportar algo al juego. He estado lejos del juego por 10 años, pero mis hijos ya están grandes, y tengo la oportunidad de regresar a algo que hice y disfruto hacer en el frente de entrenamiento. Es una oportunidad con una gran organización, una organización de respeto. Como no muchos peloteros, Davis se alejó tanto del béisbol como pudo luego de retirarse en 1999. Su hijo mayor, por necesidad, había crecido con su padre en el estadio. Pero sus otros dos hijos, aun pequeños para el momento, tenían su niñez completa por delante. Antes que dedicarse a entrenar Davis pasaba sus veranos en el estado de Washington pescando en un bote con sus hijos. Hace aproximadamente un año, sin embargo, Davis empezó a sentir la picazón. Todos lo que había hecho en el entretiempo fue entrenar durante un par de sesiones de ocho semanas con la Academia de Béisbol Australiana en 2003 y 2004, él indirectamente tuvo algo que ver en la medalla de plata ganada por Australia en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, y una aparición como invitado ocasional en un entrenamiento primaveral. “Hablé con mis muchachos de eso, y dije, ‘Ustedes están en lo suyo. Me gustaría sentir que estoy haciendo algo que beneficiará a alguien antes que estar sentado sin hacer nada’”, dijo Davis. Davis falló en su primer intento en un trabajo como coach hace un año. Simplemente empezó muy tarde. La mayoría de las posiciones de coach están ocupadas para el día de año nuevo. Pero el tres veces Todos Estrellas recibió un llamado a su puerta en septiembre de los Dodgers para un cargo como coach en la liga instruccional de otoño para prospectos de liga menor. Una entrevista con los Dodgers para su puesto de coach de bateo en Grandes Ligas no llegó a nada, pero los Medias Rojas no esperaron más para llamarlo. Como bateador, Davis ciertamente habría llamado la atención de cualquier oficina dirigida por Theo Epstein. Registró un promedio con gente en base de .380 o mayor en seis de sus últimas ocho temporadas completas en Grandes Ligas. Se embasó con un promedio de .429 con los Angelinos de California en 1995, bueno para ser quinto en la Liga Americana. Pero ser coach para Davis, es más que haber sido un buen bateador. “Uno de los factores más importantes es ganar la confianza de la gente y mostrarles que estás comprometido con ellos, no para tu promoción, sino por su beneficio”, dijo. “No necesariamente necesito ser promovido. No necesito más tiempo en Grandes Ligas. No necesito tiempo para la pension. Ya he conseguido todo eso. Tengo el deseo de enseñar. Me veo enseñando en cada forma possible. Cuando veo un juego, lo hago desde la perspectiva de un coach. He sido ese tipo de persona desde que era jugador”. Sus experiencias en el campo, ganó una Serie Mundial con los Mellizos de Minnesota en 1991, y dos más con los Yanquis, en 1998 y 1999, le darán credibilidad instantanea en el clubhouse de Pawtucket. Y si un pitcher rival sale del dugout dominando a los bateadores con rectas adentro desde el comienzo, él sabrá que hacer con eso también. Se lo hizo a Martínez en 1999 en lo que todavía puede ser el juego más grande lanzado por un pitcher de los Medias Rojas. “He visto tres juegos perfectos y numerosos sin hits ni carreras”, dijo Davis. “He visto algo en mi carrera, y no necesitaba estar más tiempo en un equipo para ver que alguien viniera y nos dominara de esa manera. Cuando estás en esos juegos, quieres batear ese imparable lo más temprano posible. Cuando enfrentábamos a Nolan Ryan, mientras yo era novato, Joe Morgan decía, ‘Bateen ese hit temprano. No hay que dejarlo pensar que va a lanzar sin hits ni carreras hoy’. Ese es el tipo de pitcher que era Pedro Martínez. No quieres que él tenga esa adrenalina y pensar que tiene oportunidad de lanzar sin hits o un juego perfecto”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 21 de octubre de 2014

Tommy Harper todavía impresionado por lo que vivió en los Medias Rojas.

Bob Hohler. BostonGlobe. 21-09-2014. Por décadas, Tommy Harper se encontró con extraños ansiosos de compartir sus memorias en los Medias Rojas: sus primeros juegos con sus padres, sus primeras miradas al verde de Fenway, sus adioses a Ted y Yaz. Harper escuchaba pacientemente, aún cuando las historias se hacían muy predecibles, podía terminar de escucharlas. Pero nunca compartió sus memorias. Algunas eran inapropiadas para una conversación casual. Como figura central de la complicada historia racial de los Medias Rojas, Harper soportó años de discriminación como jugador, coach, y empleado de la oficina principal cuando el equipo estaba bajo el régimen de Yawkey. Una vez el respondió a los maltratos y recibió algún tipo de reivindicación con un acuerdo fuera de la corte. Pero luego cargó con las cicatrices de la experiencia en el otoño de su vida. Ahora, a los 73 años, Harper ha decidido develar sus historias antes de irse a la tumba. Dice que las futuras generaciones deberían saber lo que debió vivir como hombre negro en una organización que por mucho tiempo aplicó la forma equivocada de la justicia racial antes que la franquicia cambiara de manos en 2002. Como ciudadano de segunda clase en un clima de prejuicios, Harper dice que debió soportar inequidades en el pago, oportunidades y alojamiento. Dijo que oyó ofensas raciales no solo de los fanáticos del equipo, sino de su personal uniformado. Por momentos, su vida beisbolera en Boston era un ejercicio de indignidad. “Ellos la llamaban la Nación de los Medias Rojas”, dijo Harper, “pero nunca fue mi nación”. Harper, quien no le guarda rencor alguno a los dueños actuales, introdujo demandas estadales y federales contra el equipo en 1986 y recibió una compensación financiera. Él alegó que los Medias Rojas fueron retaliativos con él por denunciar al equipo por mantener una política de admitir solo empleados blancos en un club social privado cercano al complejo de entrenamientos primaverales en Winter Haven, Fla. Harper, en una serie de entrevistas recientes desde su hogar suburbano de Boston, dijo que el episodio marcó la segunda vez que los Medias Rojas lo despedían de un trabajo por denunciar la intolerancia racial. El caso del ’86 fue publicitado ampliamente, aunque no completamente reportado hasta ahora, y Harper nunca ha hablado públicamente de un episodio anterior, en el cual fue removido de un cargo en la oficina principal en 1979 luego de informar a la Comisión Contra la Discriminación de Massahusetts (MCAD) que los Medias Rojas habían violado su compromiso de mejorar la diversidad racial de la franquicia. Los Medias Rojas nunca reconocieron haber despedido injustamente a Harper en ambos episodios y lo acusaron de pobre desempeño en el trabajo en 1986. Dijo que está hablando alto en parte para contrarrestar la imagen distorsionada que ellos han transmitido de él. “No soy alguien enojado buscando revancha”, dijo harper. “Solo quiero dar mi versión de la historia sobre un equipo que me trató indebidamente y no lo admite, en público o privado. No puedo permitir que eso se quede así”. Harper dijo que no está hablando por alguien más que haya usado un uniforme de los Medias Rojas. Ni cree que los Medias Rojas fue la única institución deportiva a través de los años con un mínimo compromiso de ecuanimidad racial. Pero los historiadores han registrado el rol singular de la era Yawkey en los Medias Rojas, en desafiar el progreso racial, y la experiencia personal de Harper con la franquicia es como hablar de la de cualquiera. El presidente de los Medias Rojas Larry Lucchino, en una entrevista reciente, dio crédito a Harper por reclamar justicia racial durante las décadas de intolerancia en el equipo. “Además de ser un pelotero, coach, instructor, y personal administrativo, Tommy principalmente ha sido un agente de cambio para la organización de muchas formas positivas”, dijo Lucchino. Las crueldades de la vida. Un hijo del sur segregado en lo racial, Harper dijo que nunca se consideró un activista social. Nació en Louisiana, siendo niño se mudó con su familia a los proyectos habitacionales de Alameda, Calif., donde su padre trabajaba en un molino industrial, y su madre en una estación aérea de la naval. Harper tenìa 4 años de edad en 1945 cuando los Medias Rojas tuvieron una aparente prueba en busca de talento en Fenway Park para tres jugadores negros, que incluìa a Jackie Robinson y Sam Jethroe. Un empleado de los Medias Rojas insultó a los hombres con ofensas raciales antes de ser invitados a largarse, para nunca más saber de los empleados del equipo. Dos años después, Robinson rompiò la barrera racial de MLB con los Dodgers de Brooklyn, en ruta al Salón de la Fama. Jethroe fue el Novato del Año de la Liga Nacional en 1950, con los Bravos de Boston. Harper tenía 8 años en 1949 cuando los Medias Rojas de nuevo tomaron el lado equivocado de la historia al desechar una oportunidad de firmar a uno de los peloteros más grandes de la historia, el antiguo prospecto de las Ligas Negras Willie Mays. La intransigencia del equipo se debìa a su dueño Thomas A. Yawkey y asociados, quienes controlaron la franquicia desde 1933 hasta 2002. Su indisposición para firmar peloteros afro-americanos ayudaba a explicar la mediocridad crónica del equipo y la declaración de Robinson de que Yawkey era “uno de los tipos más intolerantes del béisbol”. Solo cuando Harper cumplió 19 años en 1959, los Medias Rojas se convirtieron en el último equipo de las mayores en integrarse a la diversidad racial, con el debut de un infielder marginal llamado Pumpsie Green. Harper pronto entendiò que el cambio sería lento, no solo en Boston sino en todo Estados Unidos. Cuando él empezó su carrera de ligas menores en 1960 con los Rojos de Cincinnati, gran parte de la nación permanecía bajo el efecto de la segregación de facto. Cuando Harper llegó al aeropuerto de Tampa en 1961 para su entrenamiento primaveral, se alineó en una cola para tomar taxi, un funcionario le dijo, “Oye, esta cola es solo para gente balnca”. Los grande ligas blancos y negros comían y dormían en alojamientos segregados por razones raciales. Cuando terminó el campamento, Harper fue asignado para viajar a un equipo de la organización afiliado a las ligas menores en Topeka, Kan., con dos peloteros blancos. En la vía, se detuvieron en un restaurant en Jacksonville, Fla., donde un camarero le informó a Harper, “No atendemos a gente negra”. Harper dijo que se fue. “afectado y avergonzado”. En una memoria que escribió a su familia, recordó inventarse una frase filosófica para lidiar con las crueldades de la vida. “Luego de alguna búsqueda espiritual, resolví disfrutar de lo que podía y soportar lo que debía”, concluyó. A finales de 1971, Harper tenía 10 años en Grandes Ligas cuando los Medias Rojas lo adquieren de los Cerveceros en una negociación que envió a dos estrellas del equipo del Sueño Imposible de Boston, Jim Lonborg y George Scott, a Milwaukee. Harper llevó una cualidad rara a la alineación de Boston: velocidad. En 1969, lideró las Grandes Ligas con 73 bases robadas para los Pilotos de Seattle. Fue un jardinero del Todos Estrellas en 1970 con los Cerveceros, terminó sexto en la votación del Jugador más Valioso de la Liga Americana y se unió a Mays, Hank Aaron, Bobby Bonds y Ken Williams, como los únicos miembros (para el momento) del club 30-30 de todos los tiempos (bateó 31 jonrones y estafó 38 bases). También lideró la Liga Nacional en carreras anotadas en 1965 con 126, ocho más que Mays. Harper, a diferencia de Reggie Smith, su extovertido compañero de equipo afro-americano, mantuvo un bajo perfil como jugador de los Medias Rojas. No hizo ningún comentario público cuando presenció como eran distribuidos pases de cortesía en el club house de los Medias Rojas durante su primer entrenamiento primaveral en Winter Haven 1972, para asistir al Elks Club. “¿Qué pasó con los de nosotros?”, Harper recordó haberle preguntado a Smith “Ninguno para nosotros”, replicó Smith señalando el color de su piel. Así fue por 13 años más, que los peloteros negros iban y venían al Chain O’Lakes Park pero nunca al Elks Club. “Lo más irritante era que la práctica discriminatoria nunca fue un secreto para la gerencia de los Medias Rojas o los medios de Boston”, dijo Harper. Varios reporteros de béisbol de Boston después expresaron pesar por no reportar esa realidad. John Harrington, un confidente de confianza de Yawkey y su esposa Jean, trabajó en la oficina de los Medias Rojas por casi 30 años. Fue jefe ejecutivo desde 1988 hasta que dirigió la venta del equipo en 2002 en representación de Yawkey. Harrington declinó comentar. Pero mientras ha defendido a los Yawkey y los Medias Rojas contra los cargos de abuso racial, ha reconocido algunas pequeñas cosas. “Hemos tenido algunos problemas en el pasado, no tengo que mencionar nombres, pero tuvimos algunas dificultades con algunos grandes hombres de herencia afro-americana”, le dijo Harrington al Boston Globe en 1997. “Hemos resuelto eso”. Blanco del odio. Harper dijo que él y Smith recibían regularmente correos de odio racial mientras jugaban con los Medias Rojas a principios de los ’70. También fueron blanco de ofensas raciales de los patrones de Fenway. Pero cuando Smith decribió públicamente a Boston como una ciudad racista, sus compañeros y la gerencia permanecieron silentes. No solo había poca tolerancia en el béisbol para el activismo social en ese momento, sino que en Boston era normal la tensión racial. Debido a que los Medias Rojas no apoyaron a Smith cuando este habló, dijo Harper, “Fue más fácil para los medios hacer parecer que Reggie estaba exagerando algo de la nada”. En el campo, Harper se ubicaba entre los líderes en varias categorías durante sus primeros dos años con los Medias Rojas. Fue el jugador mas Valioso del equipo en 1973, cuando lideró la Liga Americana con 54 bases robadas y rompió el record de la franquicia que tenía Tris Speaker con 52 desde 1912. La marca de Harper se mantuvo hasta que Jacoby Ellsbury estafó 70 bases en 2009. En 1974, Harper tuvo dificultades en su juego y fue enviado a los Angelinos de California, sus mejores dìas como jugador habían quedado atrás. Los Angelinos lo negociaron a Oakland a mediados de la temporada de 1975, y para 1976 estaba retirado y buscando una segunda carrera en el béisbol. Luego de ser ignorado por los Medias Rojas en su búsqueda de un trabajo como coach, Harper tocó la puerta de los Yanquis, quienes le dieron un contrato de tres años como instructor de ligas menores, 25000$ anuales. Entonces los Medias Rojas fueron a buscarlo, no por sus conocimientos beisboleros, resultó ser, que era por el color de su piel, dijo él. El equipo tenía un problema racial de empleo. En 1977, la MCAD había sancionado cargos por discriminación contra los Medias Rojas, el equipo acordó adelantar varias políticas dirigidas a mejorar la diversidad racial en su fuerza laboral. Los Yanquis no rescindirían el contrato de Harper a menos que le ofrecieran un trabajo de mayor nivel. Por lo que los Medias Rojas dijeron a Harper y los Yanquis que lo querían para que trabajara como instructor de ligas menores y relacionista público, con un salario de 40000$ anuales. Solo después que Harper llegó a Fenway, descubrió que los Medias Rojas tenían otro trabajo para él.Lo supo por una reportera nacional quién hacía una investigación de la historia racial del equipo. La reportera le preguntó a Harper por su rol como funcionario de acción afirmativa del equipo. “No sabía de que estaba hablando ella”, dijo Harper. Decidió buscar a Harrington, entonces el tesorero del equipo. “¿Nadie te lo dijo?” Harper recordó la respuesta de Harrington. De hecho, él era el nuevo funcionario del equipo para la igualdad de oportunidades de empleo. “Si hubiese sabido que mi trabajo tenía ese título, me hubiera quedado en Nueva York”, recordó. Harper dijo que Harrington le entregó el documento de la política de acción afirmativa del equipo y lo puso a trabajar. Luego Harrington dejó el equipo temporalmente y Harper empezó a reportarle a Buddy LeRoux, quién lo trataba como alguien que estaba ahí por mandato de MCAD. Cuando Harper informó a LeRoux que deseaba asistir a un seminario de MCAD para aprender de que trataba su nuevo trabajo, LeRoux abortó el plan, le dijo, “Vamos a bromear con esta gente”. LeRoux murió en 2008. Semanas después de la conversación de Harper con LeRoux, un investigador de MCAD realizó una visita sorpresa a los Medias Rojas. “Les dije que los Medias Rojas estaban ignorando todo el acuerdo”, dijo Harper. “Les dije que los Medias Rojas seguían realizando sus negocios sin ninguna intención de contratar a alguien de color. Todo era una charada”. Le informóa la MCAD que los oficiales del equipo contrataban blancos para los cargos de la oficina principal sin seguir las reglas de acción afirmativa. Cuando se quejó a los ejecutivos del equipo, alegó Harper, los oficiales de los Medias Rojas respondieron dando instrucciones a un empleado nuevo para que abandonara temporalmente su cargo mientras ellos pretendieron satisfacer las prácticas justas de empleo al colocar un anuncio en el Bay State Banner, un periódico que esencialmente circula en una comunidad minoritaria. Harper reportó otras irregularidades, como entrevistas simuladas para candidatos minoritarios que habían sio enviados a Fenway por Acción Afirmativa a través de Boston Community Development. “Nunca llegaron a mi oficina”, dijo de los buscadores de trabajo. “Algunos de ellos fueron entrevistados por el recepcionista de turno y despachados”. Harper tambien reportó que cuando advirtió a los oficiales del equipo que habían ignorado un acuerdo para reunirse anualmente con los líderes de las minorías de Boston, le dijeron que eso “no era una prioridad”, de acuerdo a una carta de MCAD a Haywood Sullivan, entonces presidente de los Medias Rojas. La MCAD tomó acciones en 1979, citando al equipo por numerosas violaciones de su acuerdo de conformidad. Los Medias Rojas respondieron, dijo Harper, despidiéndolo de la posición de acción afirmativa, sin informar a MCAD o al público. Por casi tres años más, mientras Harper ejecutaba otros trabajos, los Medias Rojas continuaron identificándolo ante la MCAD como el oficial de acción afirmativa del equipo, de acuerdo a documentos que él suministró al Boston Globe. También entregó una carta de 1982 de un ejecutivo de los Medias Rojas a un representante estatal, Mel King, entonces lider de una comunidad minoritaria de Boston. El documento describía a Harper como el oficial de acción afirmativa del equipo. Para ese momento, Harper era el coach de primera base del equipo. Al despedirlo del trabajo de acción afirmativa, dijo Harper, los Medias Rojas redujeron su salario hasta 26000 $ desde 40000$. Así lo hicieron a pesar de realizar durante la temporada las tareas para las que fue empleado. Dijo que el equipo nunca reconoció sus salarios caídos. “Deposité mi confianza en las personas equivocadas y salí estafado”, dijo. La próxima primavera, Harper comenzó una estadía de cuatro años como coach de primera base de Boston, una bendición a medias. “Estaba feliz de regresar al terreno de juego”, dijo, “pero pronto descubrí que la cultura racista del clubhouse era similar a la de la oficina principal”- Nada había cambiado Harper había crecido acostumbrado en los años ’60 a oir la palabra “nigger” en el béisbol. Pero estaba sorprendido de que una generación después la oía pronunciada por peloteros y personal uniformado, incluyendo miembros de los Medias Rojas. Él declinó identificar a los individuos porque han pasado 30 años y algunos pueden haber cambiado sus actitudes. Otros fallecieron. Harper fue coach bajo tres managers: Don Zimmer, Johnny Pesky y Ralph Houk. Cuando Houk se fue luego de la temporada de 1984, tambien lo hicieron sus coaches. Harper entonces aceptó un trabajo como uno de los asistentes especiales del gerente general de los Medias Rojas Lou Gorman, una parte del trabajo era como instructor de campo, un rol que lo llevaría de vuelta a Winter Haven en 1985. Allí, el problema arreció. Dos años antes, Harper se había airado cuando se reportó al entrenamiento primaveral y descubrió un paquete de pases de cortesía solo para blancos del Elks Club en su casillero, en apariencia una broma. Él dijo que se quejó con Sullivan y se le aseguró que se acabaría el segregacionismo. Sullivan murió en 2003. Pero cuando Harper regresó en el ’85, supo que nada había cambiado. Se quedó tranquilo en primera. Entonces su compañero de equipo Jim Rice, quien recientemente había firmado una extensión de contrato, hizo público el asunto disimuladamente al bromear con Sullivan en frente de los reporteros, “Ahora que firmé, ¿tengo derecho a un pase del Elks Club?” El secreto estaba develado, aunque enprincipio recibió poca atención. El Boston Globe reportó los comentarios de Rice al final de la columna de los Medias Rojas de la edición del día siguiente. “El Club Elks concede pases de cortesía a la delegación de los Medias Rojas, excepto aquellos que sean negros”, escribio Peter Gammons. “Crealo o no, todavía existe una institución segregada en este país, de manera que Rice, Mike Easler, Tommy Harper, y otros no pueden comer ahí”. Entonces el periodista del Globe, Michael Madden, empezó a indagar. Le preguntó a Harper de esa política y este le dijo que esa práctica estaba vigente desde 1972. “No me importa mucho lo que me ocurra, si ellos quieren que me despidan o lo que sea, pero esto ha ido demasiado lejos con este equipo”, Madden reportó lo que le dijo Harper de esta manera, “Ellos aún practican el racismo, y eso está equivocado”. Madden reportó que fue amenazado en el Elks Club por un cliente quién lo acusó de tratar de revivir la Guerra Civil. “Señor, ¿usted sabe con que se peleó la Guerra Civil? Con pistolas”, Madden reportó que el hombre dijo. “Si hay malas palabras sobre Winter Haven en lo que escribiste, yo sacaré las mías”. Los pases de cortesía del Elks Club no se vieron más en el clubhouse de los Medias Rojas. Pero Harper pagó un precio por su postura. Le detrozaron los neumáticos de su vehículo, y empezó a recibir llamadas telefónicas misteriosas nocturnas en su hotel de Winter Haven, los que llamaban se quedaban en silencio. Y, aunque él no había reportado el vandalismo o llamadas violentas a los organismos legales, después un agente del FBI le preguntó si había recibido alguna amenaza directa. No la había recibido. La postura de Harper arruinó su relación con la gerencia de los Medias Rojas. Él dijo que los ejecutivos del equipo inmediatamente lo degradaron, lo borraron de las reuniones de los entrenamientos primaverales, no le dieron asignaciones durante la temporada regular, lo aislaron hasta que fue despedido la semana anterior a la Navidad de 1985. Harper tomó acciones respecto a lo que le había ocurrido. Introdujo denuncias de discriminación racial en la MCAD y la US Equal Employment Opportunity Commission. Los Medias Rojas negaron las acusaciones, catalogaron a Harper como un empleado descontento y de bajo nivel. Los oficiales del equipo acusaron a Harper de incumplir con muchos de sus deberes regulares. Alegaron que él había recortado su estadía en un equipo afiliado de ligas menores que competía por el campeonato de la liga, falló al reportarse a la liga instruccional, y se negó a entregar los reportes de evaluación de los peloteros. Peor, de acuerdo a Harper, el equipo lo acusó de usar inapropiadamente una tarjeta de crédito de la compañía para gastos personales. “No hubo racismo ligado al despido”, dijo Gorman a los reporteros en su momento. “Solo sentíamos que él hacía un trabajo pésimo”. Harper presentó evidencia al EEOC para rechazar cada acusación, y la comisión dictaminó a su favor. El panel halló que la causa probable de que los Medias Rojas hubiesen despedido a Harper ilegalmente, era el episodio del Club Elks. La comisión también dictaminó que “había suficiente evidencia” soportada por el alegato de Harper de que los ejecutivos del equipo habían “creado y perpetuado un ambiente de trabajo hostil a las minorías”. Al llegar a un acuerdo financiero con Harper, los Medias Rojas no admitieron haber actuado indebidamente pero una vez más acordaron adherirse a las prácticas de empleo no discriminatorias. Para Harper, el acuerdo trajo una comodidad fría. El despido le costó dos años de su carrera beisbolera, dijo él, porque varios equipos rechazaron sus solicitudes de trabajo y otro retiró una oferta para no contrariar a la gerencia de los Medias Rojas. Entonces vino un hecho histórico del beisbol. En 1987, el gerente general de los Dodgers, Al Campanis desencadenó un temporal al declarar en televisión a nivel nacional que los negros “podrían no contar con los requisitos”, para ocupar cargos de manager y gerente general en las Grandes Ligas. Campanis fue despedido, pero el daño estaba hecho, sus comentarios sugerían una medida de la intolerancia racial que había en el beisbol. El Comisionado Peter Ueberroth indicó a los equipos que mejoraran su política de empleos para las minorías, y los Expos de Montreal pronto firmaron a Harper como instructor de ligas menores. Relación mejorada Harper ascendió en el sistema y para 1990, un años despues que Dan Duquette se convirtió en gerente general de Montreal, fue promovido al cuerpo técnico de Grandes Ligas. Harper fue coach de los Expos hasta 1999, cuando Duquette, entonces gerente general de los Medias Rojas, lo contrató como coach de primera base de Boston. “Me dijeron que todo había mejorado en la organización de los Medias Rojas”, recordó Harper.“Descubrí que no”. Aquel mismo año, los Medias Rojas pagaron una demanda a un antiguo manager del Club Fenway’s 600 quien alegó que había sido atropellado racialmente por sus compañeros de trabajo y el equipo había fallado en investigar de manera apropiada sus denuncias. Por su parte, Harper fue ofendido por los Medias Rojas al estos contratar en 2002 a Mike Stanley, un antìguo pelotero, con un salario de coach mayor al suyo en 50000 $, aunque Harper tenía 15 años de experiencia como coach de Grandes Ligas y Stanley ninguno. Harper dijo que informó a los dueños de los Medias Rojas para ese momento sobre la injusticia y ellos resolvieron la diferencia entre su salario y el de Stanley, algo que el equipo confirmó. Harper permaneció como coach de primera base hasta el otoño de 2002, cuando fue reasignado como consultor de desarrollo de peloteros, una posición que ha mantenido desde entonces. Los nuevos dueños de los Medias Rojas no perdieron tiempo en reconocer el “innegable legado de intolerancia racial del equipo”, como dijo Lucchino en 2002. Se hicieron cambios, mejoró la diversidad racial, y en 2010 los Medias Rojas exaltaron a Harper a su Salón de la Fama. Los ejecutivos del equipo atribuyeron la inducción de Harper a sus logros beisboleros y su batalla por la justicia racial. Lucchino emitió una declaración elogiando a Harper por su papel fundamental al denunciar el escándalo del Elks Club yaseguró que “la organización nunca más toleraría esta práctica”. Harper se reuniò recientemente con Lucchino en las oficinas ejecutivas de Yawkey Way, donde por mucho tiempo se sintió ignorado. Lucchino reconoció que los Medias Rojas deben seguir tratando de reparar los daños del pasado, y ademàs dijo que estaba impresionado con la mejorada relación de Harper hacia el equipo. Harper, por su parte, continuará representando a los Medias Rojas en charlas anuales con niños de edad escolar, sobre el legado de Jackie Robinson. Dijo que podría empezar a conversar de su propia experiencia con los Medias Rojas. “Las personas recuerdan a Jackie Robinson, Willie Mays y Pumpsie Green cuando hablan de los Medias Rojas y su historia racial”, dijo Harper. “Pienso que un día la gente podría querer saber mi historia”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.