viernes, 28 de agosto de 2015
Duelos de pitcheo épicos.
Geoff Young. 15-12-2010. The Hard Ball times.
9 de Julio de 1971: Angelinos de California (0) Rudy May (12 IP, 3 H, 0 R, 6BB, 13 SO, 103 GSc) , Atléticos de Oakland (1) Vida Blue (11 IP, 7 H, 0 R, 0 BB, 17 SO, 100 GSc), 20 innings.
May, de 26 años de edad, quien asistió a la escuela secundaria en Oakland, lanzó el juego de su vida frente a los aficionados de su ciudad de procedencia. Lo hizo contra un buen equipo. Los Atléticos ganarían 101 juegos antes de ser derrotados por los Orioles de Baltimore en la serie de campeonato de la Liga Americana (y luego ganaron las próximas tres Series Mundiales).
Los Atléticos tenían a los veteranos Sal Bando, Mike Epstein, Reggie Jackson y Rick Monday así como a un joven Gene Tenace. En otras palabras, May no estaba dominando a un grupo desconocido.
May había sido firmado originalmente como agente libre amateur por los Mellizos de Minnesota. Luego de hacer paradas de ligas menores en las organizaciones de los Medias Blancas y los Filis, llegó a los Angelinos en un cambio de diciembre de 1964 por el zurdo Bo Belinsky. Esta noche de viernes, May abusó repetidamente de la talentosa alineación de los Atléticos.
Permitió que se le embasaran dos corredores en el segundo inning pero abanicó a su rival, Blue, para terminar la amenaza. La próxima vez que Oakland mostró señales de vida llegó en el noveno inning, cuando Jackson abrió con boleto y robó segunda base. El pitcher Blue Moon Odom corrió por Jackson (el manager Dick Williams a menudo empleaba a Odom como corredor emergente; no está completamente claro porque Odom entró en este caso, aunque Jackson estuvo ausente de la alineación el día siguiente, quizás había sufrido alguna lesión).
Luego que Tommie Davis elevara al centro, May caminó intencionalmente a Bando para enfrentar al receptor Dave Duncan, quien se ponchó. Con el débil bateador, el campocorto Larry Brown en turno, Williams llamó a Tenace de la banca; May lo ponchó también, y eso fue todo. (Tony LaRussa, cuya larga asociación con Duncan apenas comenzaba, reemplazaría a Brown en el campo).
May finalmente dio paso a Eddie Fisher en el inning 13. Durante su estadía, May enfrentó 43 bateadores y solo permitió que dos corredores llegaran a posición anotadora (Bando en el segundo, Jackson en el noveno inning). Fue una actuación dominante que resultó infructuosa gracias a una salida similar de un zurdo aun mejor.
Sin embargo May tuvo al menos un corredor embasado en varios innings. En el primero recibió imparable al centro de Angel Mangual. En el segundo caminó a Sal Bando y Dick Green bateó infield-hit. En el tercero caminó a Mangual. En el cuarto volvió a caminar a Bando. En el quinto Mangual sencilleó a la izquierda. En el octavo caminó a Blue. En el noveno caminó a Jackson y Bando. En el undécimo Monday se embasó por error de Syd O’Brien.
Blue subió con los Atléticos en 1969 y 1970, pero 1971 fue su primer año completo en las Grandes Ligas…y ¡oh, que año! A la madura edad de 21 años, él lideró la Liga Americana en efectividad (1.82) y blanqueos (8), para llevarse a casa los premios Cy Young y jugador más valioso. (Tambien trabajo un tope personal de 312 innings, quizás para ayudar a explicar porque bajó a 151 la temporada siguiente)
¿Qué tan bueno fue Blue en la campaña de 1971? Bien, ningún pitcher de 21 años quien calificara para el título de efectividad nunca tuvo una mejor efectividad +
Player Year IP ERA+
Vida Blue 1971 312.0 185
Smoky Joe Wood 1911 275.2 162
Hal Newhouser 1942 183.2 162
Bob Feller 1940 320.1 161
Mark Fidrych 1976 250.1 159
Babe Ruth 1916 323.2 158
Ralph Branca 1947 280.0 156
Bret Saberhagen 1985 235.1 145
Eppa Rixey 1912 162.0 144
Britt Burns 1980 238.0 143
WAR (otra medida sabermétrica) cuenta una historia similar, con Blue (8.8) ubicado de segundo solo de Bob Feller (9.4) en esa categoría. El punto es, que Blue disfrutó de una de las campañas más exitosas para un pitcher de 21 años. Y contra los Angelinos, en su mejor temporada, Blue lanzó su mejor juego.
Se metió un poco más en problemas que May (porque May, como se recordará, no tuvo ninguno). Los Angelinos montaron una seria amenaza en el sexto. El cátcher Jerry Moses abrió con doble a la izquierda. Luego que May se ponchara, Sandy Alomar padre sencilleó a la izquierda, y Moses avanzó hasta tercera. Con corredores n los ángulos, Blue se enserió y ponchó a Ken Berry y al una vez peligroso Tony Conigliaro (adquirido el octubre previo) para escapar ileso.
En el octavo, Blue permitió un sencillo a May con un out. Alomar, quién había conectado dos imparables, sencilleó a la izquierda, sirviendo la mesa para Berry y Conigliaro. Pero Blue de nuevo los retiró, y eso marcó la última amenaza seria de los Angelinos contra él. Salió del juego en el inning 11. A partir del duodécimo relevó Rollie Fingers.
Blue concedió imparable a la izquierda de Jim Spencer en el segundo episodio. Además de las amenazas del sexto y el octavo, en el séptimo Spencer se embasó por infieldhit. En el undécimo Berry conectó sencillo al centro.
Los relevistas también estuvieron intraficables. Fisher trabajó cinco entradas en blanco por California, escapó a una amenaza de bases llenas en el décimocuarto. En la acera de enfrente el cerrador del Salón de la Fama Rollie Fingers desplegó siete entradas de blanqueo (salvó 17 juegos en 1971 pero aun abría ocasionalmente; además, esta fue solo su tercera aparición más larga como relevista en su carrera).
En el vigésimo inning, con el derecho de los Angelinos Mel Queen comenzando su tercer episodio de trabajo, Oakland finalmente consiguió la única carrera del juego. Queen golpeó a Curt Blefary para iniciar el episodio. Luego que Epstein salió con elevado a primera base, Dick Green bateó imparable a la izquierda y Blefary llegó a segunda base. Luego, Catfish Hunter, emergiendo por el relevista ( y ganador) Darold Knowles (quién a su vez había relevado a Bob Locker en el inning 19), se ponchó. Angel Mangual probó ser un matador de Angelinos, al largar una línea imparable hacia la derecha que trajo al plato a Blefary para decretar la victoria.
De acuerdo al New York Times, el juego, el cual había pasado el límite de tiempo de la 1 a.m., habría sido suspendido si Mangual no hubiese empujado la carrera ganadora. También reporta que los dos equipos se combinaros para 43 ponches, lo cual acabó con el registro previo de 36 fijado por los Mets de Nueva York y los Gigantes de San Francisco en 1964.
May terminó la campaña de 1971 con marca de 11-12 y efectividad de 3.02 (107 efectividad +). Él pasó partes de 16 temporadas en las Grandes Ligas, en las cuales agenció marca de 152-156 con efectividad de 3.46 (102 efectividad +). Las mejores actuaciones de May llegaron a mediados de su década de los treinta, con los Expos de Montreal (1979) y los Yanquis de Nueva York (1980, cuando lideró la Liga Americana en efectividad). May nunca fue llamado al equipo de estrellas, eso lo convirtió en el pitcher más ganador desde que apareció el Juego de Estrellas en ser excluido de las escogencias.
Para Blue, 1971 representó el pináculo de su carrera. Luego de ganar solo seis juegos la siguiente temporada, Blue se recuperó en 1973 y disfrutó algunas campañas sólidas con un equipo de Oakland muy poderoso (ganó 20 juegos en 1973 y 22 en 1975) antes de mudarse al otro lado de la bahía y mantenerse dando que hacer por algunos años más.
The New Bill James Historical Baseball Abstracts cataloga a Blue como el pitcher número 86 de la historia del beisbol, recalcando que ganó tantos juegos como Don Drysdale. En partes de 17 temporadas, Blue dejó marca de 209-161 con efectividad de 3.27 (108 efectividad +). Entre jugadores más recientes, la carrera de Blue tiene cierta similitud con la de Kenny Rogers, aunque Blue fue mucho más dominante en su pico.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 25 de agosto de 2015
Cincuenta años después que Juan Marichal de los Gigantes golpeó a John Roseboro de los Dodgers con un bate, todo está disculpado.
Bill Plaschke. Los Angeles Times. 22-08-2015.
Hace cincuenta años este fin de semana, Juan Marichal de los Gigantes de San Francisco descargó un batazo sobre la cabeza de John Roseboro de los Dodgers de Los Angeles en un tormentoso momento de la historia de los deportes.
Fue una pelea que definió para siempre la más enconada de las rivalidades, con una horripilancia que ofreció un miedo nuevo a la violencia deportiva.
Cincuenta años después, la memoria más duradera de la pelea más famosa del beisbol es que esta no define a los hombres que la protagonizaron.
Este lunes 24 de agosta es el decimotercer aniversario de un momento mucho más poderoso, uno ocurrido en el funeral de Roseboro, cuando, en un salón lleno de viejos Dodgers, un viejo Gigante de pronto caminó hacia el estrado.
Era Marichal, quién quería decir adiós, y agradecer.
“Que Johnny me haya disculpado fue una de las mejores cosas que me pasaron en la vida”, le dijo Marichal a la sorprendida concurrencia. “Deseo poder haber tenido a John Roseboro como mi cátcher”.
Ustedes seguramente habrán visto la foto, la imagen de Neil Leifer de Marichal agitando su bate sobre su cabeza mientras Roseboro cae al suelo.
Esa fue una portada de Sports Illustrated que pareció haber sido reimpresa por 50 años. Fue una foto que ilustró el programa del funeral de Roseboro.
Morgan Fouch, una de las hijas de Roseboro, dijo que esa no es la foto más icónica de su casa.
“Las fotos que tengo son unas de mi padre y Juan Marichal parados juntos sonriendo”, dijo ella.
La pelea fue incluida en la primera línea del obituario de Roseboro cuando el falleció en agosto de 2002, por encima de sus cuatro Juegos de Estrellas, tres campeonatos de Serie Mundial con los Dodgers, y su papel en dos no-hitters de Sandy Koufax.
Cuando su hijo Jaime habla de la dureza de su padre, eso no tiene que ver con la pelea real, sino con lo que ocurrió después.
“Cuando pienso en agallas, pienso en lo que hizo mi padre al hacerse amigo de Marichal”, dijo él. “Si hubiera sido yo, no se si lo hubiera disculpado. ¿Alguien básicamente viene a tu casa y te lanzaba un bate a la cabeza? Mi padre era un hombre más grande que yo”.
John Roseboro media alrededor de 1,70 metros, pesaba menos de 100 kg, pero era absolutamente grueso, la roca inamovible quién ayudó a formar la fundación de los Dodgers a través de sus tempranos años gloriosos en Los Angeles. Hablaba con tan poca frecuencia, que lo llamaban en broma “Gabby”. Pero su presencia era tan fuerte que Koufax lo consideraba quizás el cátcher más grande de los Dodgers de todos los tiempos.
“Para mí, John Roseboro fue el cátcher”, me dijo Koufax una vez. “Con él ahí, sentía que nunca estaba solo”.
No era sorpresa, entonces, que Roseboro estuviera en medio de la estufa ardiente que fue la serie final de fin de semana entre los Dodgers y los Gigantes el 22 de agosto de 1965, en Candlestick Park. Los equipos estaban en el calor de una carrera por el banderín, y ya había ocurrido un incidente entre Matty Alou de los Gigantes y Roseboro temprano en la serie que terminó con Marichal gritándole a Roseboro desde los escalones del dugout.
“Si no cierra su bocota, recibirá un bolazo detrás de su oreja”, Roseboro le gritó de vuelta a Marichal, de acuerdo al libro de John Rosengren, “The Fight of Their Lives: How Juan Marichal and John Roseboro Turned Baseball’s Ugliest Brawl into a Story of Forgiveness and Redemption”.
La tarde dominical, luego que Marichal y Koufax habían intercambiado pitcheos a la espalda ante Maury Wills y Willie Mays respectivamente, Marichal fue más allá al recostarle la pelota a Ron Fairly, en ese punto Roseboro le dijo a Koufax que él se encargaría de eso.
Cuando Marichal fue a batear, Roseboro lanzó la pelota a Koufax por detrás de la cabeza de Marichal, casi rozándole la oreja. Marichal le reclamó al cátcher, entonces Roseboro maldijo al pitcher y caminó hacia él, en ese momento Marichal levantó el bate sobre su cabeza y golpeó la cabeza descubierta de Roseboro, la madera aterrizó sobre su ojo izquierdo, le causó una cortadura de dos pulgadas y un hematoma.
“Tenía el infierno encima, sangre por todas partes”, me dijo Roseboro en 1990.
El zafarrancho duró 14 minutos, la visión de Marichal golpeando a Roseboro con el bate vivirá por siempre. Cada vez que cualquier jugador de ligas menores de los Dodgers o Gigantes pregunta porque sus equipos no se gustan mutuamente, los jugadores antíguos traen ese momento.
Marichal fue suspendido por ocho días, restringido de unirse a los Gigantes en Dodgers Stadium para dos juegos de fin de temporada, y multado con 1.750 $. Roseboro, quien necesitó 14 puntos de sutura y sufrió dolores de cabeza el resto de la temporada, demandó a Marichal, ante un tribunal por 7.500 $, y eso fue el fin de eso. O así pensaron todos.
“La percepción muestra a Marichal como el villano y a Roseboro como la víctima, y Roseboro estuvo de acuerdo con eso, pero entonces se sintió culpable por eso”, dijo Rosengren en una entrevista.
Diez años después de la pelea, los dos hombres estrecharon manos por primera vez desde entonces, cuando se encontraron en un juego de jugadores antíguos de los Dodgers. Para ese momento, Marichal se había unido a los Dodgers brevemente, como agente libre al final de su carrera. Su encuentro fue cordial, ellos participaron en una entrevista televisiva durante la cual Marichal se excusó por el incidente y Roseboro respondió con, “No se puede vivir con resentimiento”.
Pero aún persistía cierta tensión cuando, 17 años después de la pelea, Marichal telefoneó a Roseboro para pedirle un favor.
De acuerdo a Barbara, la esposa de Roseboro quién falleciera en 2012, así fue como se desarrolló la conversación.
“John, todavía estás molesto”
“No”.
“John, necesito tu ayuda”.
Marichal empezaba un tercer intento seguido por ingresar al Salón de la Fama luego de no recibir los votos suficientes en sus dos primeras oportunidades de elegibilidad. Estaba seguro de que su pelea con Roseboro era la razón de su exclusión.
Marichal necesitaba la ayuda de un hombre a quién una vez pudo haber matado, para que lo ayudara a ser inmortal. Había ido al lugar correcto.
“Mi padre era la persona a quién más fácil se le daba disculpar que conocí, y esta situación fue de verdad como cualquier otra”, dijo Fouch. “Si yo alguna vez hacía algo equivocado, le decía, ‘Papi, lo siento mucho’, y el respondía, ‘Está bien, vamos a comer helado’”.
En pocas semanas, Roseboro había volado con su familia hasta República Dominicana para aparecer en el torneo de golf de Marichal y anunciar al mundo que todo estaba disculpado. En pocos meses, el teléfono de Marichal sonaba de nuevo, era Marichal otra vez. Había sido elegido al Salón de la Fama. Pronto ambos hombres lloraban.
Muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias”, dijo Marichal.
Roseboro sintió esa gratitud el resto de su vida. Cuando el cátcher estaba en su lecho de enfermo por complicaciones cardíacas a los 69 años en el verano de 2002, Marichal me telefoneó desde República Dominicana con voz desesperada.
“Por favor, dile a John que resista”, dijo Marichal. “Por favor dile que estoy rezando por él”.
La voz de Marichal se quebró cuando agregó, “Maravilloso, es un hombre maravilloso. Desde hace mucho tiempo lo disculpé y de verdad espero que él me haya disculpado”.
Cuando Roseboro falleció el 16 de agosto de 2002, Marichal siguió rindiéndole honores al volar a Los Angeles para servir como orador honorario y pronunciar una de las eulogías en su funeral.
En ese momento, el poder de la disculpa fue más fuerte que el de un bate de beisbol agitado con rabia. Uno de los capítulos más horribles de esta a veces sin sentido rivalidad Dodgers-Gigantes finalmente había terminado, y por una vez, había triunfado el espíritu humano.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 24 de agosto de 2015
La fiebre del beisbol crece en Montreal con la esperanza de un equipo nuevo.
David Waldstein. 18-08-2015. The New York Times.
Montreal__ A lo largo de la pared del fondo de una tienda nueva de revistas y souvenir en el Trudeau International Airport de Montreal, has y despliegue de productos de equipos deportivos: camisetas, gorras, pocillos de café y cosas por el estilo.
Los logos de los artículos eran de solo dos equipos, los Canadiens, la franquicia icónica de Montreal en la liga de hockey sobre hielo (NHL), y los Expos, un equipo de beisbol que no ha existido por más de una década.
Pero durante los pasados tres años, y en particular los meses pasados, una serie de eventos ha llevado a las personas de Montreal a considerar la idea de que el beisbol podría regresar. Es una esperanza tan fuerte que de nuevo es posible comprar mercancía de los Expos en las tiendas del aeropuerto, y soñar con un día cuando un equipo de Grandes Ligas llame de nuevo a Montreal su hogar.
“No pienso que sea un asunto de condicionalidad”, dijo Warren Cromartie, un antiguo jardinero de los Expos quien ha tomado en papel de liderazgo en los esfuerzos por traer un equipo de vuelta a Montreal. “Es un asunto de cuando”.
Esta es una expresion común entre los entusiastas del beisbol en Montreal quienes sienten, que en este momento, están más cerca de traer de vuelta a un equipo que en cualquier momento desde que los expos salieron de Montreal en 2004 para convertirse en los Nacionales de Washington.
Una vez considerada una ciudad difícil para el beisbol, Montreal disfruta de un renacimiento como la mejor opción en una lista de potenciales localidades que incluye a San Antonio; Charlotte, N.C.; y Las vegas.
Y la conversación aquí ha avanzado hasta la próxima etapa: sea que los Rayas de Tampa Bay se muden a Montreal, o que la ciudad consiguiera un equipo cuando el beisbol se expanda de nuevo. Ambas opciones están rodeadas de obstáculos, pero el optimismo sigue ahí.
“Las cosas han cambiado poco aquí desde que los Expos se fueron”, dijo Andrew Farrar, un antiguo aficionado de los Expos de 37 años y artista de hip-hop quien responde al nombre de Annakin Slayd. “Diría que justo ahora, es considerado como un hecho que un equipo vendrá de vuelta”.
Farrar y sus amigos aficionados de los Expos han tenido sus corazones rotos antes, y podrían estar exponiéndose a más dolor. Major League Baseball ama la idea de que varias ciudades, aún las que han tenido un equipo antes, quieran invertir en el deporte. Pero Montreal ya perdió un equipo en medio del derrumbe de la asistencia. El beisbol necesita ser persuadido de que a esta ciudad puede confiársele otro equipo.
Con una población de más de cuatro millones de habitantes en la zona metropolitana, Montreal es la ciudad más grande de Norteamérica sin un equipo de beisbol, y ahora tiene dos canales televisivos en idioma francés necesitados de contenido, en contraste a los días cuando los Expos se fueron.
Los aficionados de aquí ven a Rob Manfred, el nuevo comisionado de beisbol, como más abierto a la idea de beisbol en Montreal más que su predecesor, Bud Selig. En una reciente entrevista telefónica, Manfred dio su bendición a Montreal como un potencial sitio futuro, con énfasis en la palabra potencial.
“O tenemos que estar en un modo donde nos estamos expandiendo o alguien está buscando reubicación”, dijo Manfred. “Asumiendo que estamos en uno de esos modos, veo a Montreal como una posibilidad viable”.
Esa clase de palabras hicieron a los una vez desesperanzados aficionados al beisbol de Montreal como Farrar entrar en histeria con anticipación. Farrar es el hijo de un antiguo dueño de abono por toda la temporada de los Expos y espera que un día pueda comprar sus propios boletos y usarlos en un reluciente estadio nuevo en el centro.
En 2010, cuando Andre Dawson fue inducido al Salón de la fama como Expo, Farrar hizo un tributo con un video musical que se convirtió en la plataforma de lanzamiento de una campaña para traer al beisbol de vuelta a Montreal, con lo impensable que era para el momento.
“Cuando lo mostré por primera vez, la gente se reía en mi cara”, dijo Farrar. “Ahora todos aquí piensan que definitivamente va a ocurrir”.
Él señaló la muerte de la antígua estrella de los Expos, Gary Carter en 2012 como un momento galvanizador porque trajo el foco de vuelta a los Expos. Hoy,en la tiendas de artículos deportivos de St. Catherine Street, es más fácil encontrar la camiseta número 27 de Vladimir Guerrero de los Expos que una camisa del quarterback de los Alouettes de Montreal.
Una recorrido de apoyo
Se puede discutir que el renacer del logo rojo, blanco y azul de los Expos, el cual a menudo es mostrado en las calles, es tanto una moda como una expresión de respaldar la causa. Pero la causa ha conseguido apoyo.
En 2011, Farrar y Matthew Ross empezaron Expos Nation, encargándose de una página de Facebook de los expos casi adormecida que ahora tiene más de 164000 likes. Por supuesto, los likes de Facebook no necesariamente se van a traducir en boletos de temporada, ni garantizan que los grandes inversionistas firmarán para financiar un nuevo estadio y persuadir al beisbol de regresar.
Aquí es donde llega Warren Cromartie. En 2012, él fundó el Montreal Baseball Project, una organización dedicada a traer de vuelta al beisbol a la ciudad donde el jugó desde 1974 hasta 1983. El grupo ya tiene un impresionante despliegue de patrocinantes, y eso ayudó a producir un estudio de 400.000 $ que concluyó que un equipo podría triunfar en Montreal.
El reporte incluyó un puñado de sitios para un posible estadio, el más atractivo de los cuales podría ser una localidad cercana a un cuerpo de agua de la ciudad.
Ese reporte fue uno de los desarrollos que agregó más optimismo en Montreal acerca del beisbol. Otro fue la asistencia sorprendente en juegos de exhibición recientes en Olympic Stadium, la antígua casa de los Expos. En 2014, los Mets y los Azulejos de Toronto jugaron una serie ahí que atrajo 96.000 en dos días. Este año, los Azulejos jugaron ante los rojos de Cincinnati otro par de juegos de exhibición, con asistencia de más de 96.000.
El alcalde de Montreal, Denis Coderre , lanzó la primera pelota en uno de los juegos de 2014 vestido con gorra y chaqueta de los Expos. Él es un abogado celoso de la causa, y el 28 de mayo, fue a Nueva York y se reunió con Manfred para oficializar el profundo interés de la ciudad por tener un equipo de vuelta. A él, le dijeron los requisitos para hacer que eso ocurriera.
Coderre también hizo una petición para tener juegos de la temporada regular de beisbol en Montreal durante los próximos años, lo cual Manfred dijo que consideraría.
Destino Reubicación.
Mientras la expansión no sea aprobada, ella no es una priorida real para el beisbol. La solución más simple, en la que la mayoría de las personas coincide, sería que los Rayas con sus asistencias bajas, quienes juegan en un estadio cerrado sin atractivo, se mudaran al norte. Tampa Bay ha tenido la peor asistencia del beisbol cada año desde 2012, de acuerdo a ESPN, y esta temporada está de nuevo en el fondo de la lista, promediando 15.903 boletos vendidos por juego.
Los Rayas juegan en el este de la Liga Americana, así que si se mudaran a Montreal, cerca de equipos como los Yanquis, los Medias Rojas de Boston y los Azulejos generarían rivalidades naturales y probablemente aumentarían la asistencia en los alrededor de 28 juegos que esos equipos efectuarían en Montreal cada temporada.
“La rivalidad entre Montreal yToronto en la misma división sería increíble”, dijo Russell Martin, un cátcher de los Azulejos. Él creció en Montreal y una vez tuvo un afiche de la propuesta de un estadio en el centro pegado en su pared. “Estoy ansioso porque eso ocurra. Pienso que definitivamente ocurrirá”.
Aunque, no hay que ir tan rápido. Los Rayas están comprometidos en un acuerdo de uso del Tropicana Field que los ata a St. Petersburg, Fla., hasta 2027. Por el momento, St. Petersburg no le permitirá a los Rayas ir a otros lugares de Tampa en busca de un sitio posible para jugar, ni pensar en mudarse a otro país. Los Atléticos de Oakland también han sido mencionados como posible candidato para Montreal, pero eso también sería complicado.
Luego está la pregunta de construir un estadio nuevo en Montreal. El beisbol no comtemplará la idea de remodelar Olympic Stadium, que es cerrado, como solución a largo plazo. Por lo que debe haber movimiento de terreno, y cientos de millones invertidos en una estructura nueva.
“Dada su historia”, dijo Manfred de los Expos, “ellos tienen que tener un plan muy concreto acerca de su estadio”.
Esa historia es una de corazones agitados. Nacieron en 1969, y jugaron en el pequeño y abierto Jarry Park hasta 1977, los Expos tuvieron una marca de asistencia mezclada. Desde 1981 hasta 1983, tuvieron la tercera asistencia más alta de la Liga Nacional, llegando a los 2.3 millones en 1982 y 1983. En 1994, cuando los Expos tuvieron el mejor del beisbol en una temporada finalizada por una huelga de peloteros, estaban promediando 24.543 aficionados por juego, más que los Mets.
Perto con la huelga empezó la muerte lenta del beisbol en Montreal. El grupo dueño para el momento, liderado por el gerente general socio Claude Brochu, empezó a vender sistemáticamente los mejores jugadores del equipo, y la asistencia empezó a erosionar.
Mark Routtenberg, un hombre de negocios de Montreal y dueño minoritario desde 1990, fue una voz disidente durante la caída. Ël dijo que el problema eran los dueños, no los fanáticos. Él planteó, infructuosamente, que el equipo debería pedir dinero prestado para pagarle a los buenos peloteros, antes que enviarlos a otra parte, y en retribución, los aficionados irían a los juegos. Fue ignorado.
“Me sentaba en las reunions, y ellos hablaban de como teníamos más victorias por dólar gastado en la nómino”, dijo él. “Yo me decía, ‘¿Qué es eso?’ ¿No es la meta ganar la Serie Mundial?’”.
Jeffrey Loria compró la mayoría de las acciones de los Expos en 1999, y algunos pensaron que era un salvador. Pero en tres años, vendió el equipo a MLB y compró a los Marlins de Florida.
Routtenberg y otros dueños minoritarios de los Expos se convirtieron técnicamente en dueños parciales de los Marlins, así cuando el equipo ganó la Serie Mundial de 2003, Loria les envió anillos de campeonato. Pero Routtenberg está mucho más orgulloso de su colección de memorabilia de los Expos, que incluye camisetas, pelotas y bates firmados por peloteros como Pedro Martínez, Rondell White y Carter.
“Tengo el anillo, pero nunca lo usaré”, dijo él de su joya de los Marlins. ¿Cómo podría? Yo ligué contra los Marlins en cada ronda de los playoffs.”.
En 2005, el beisbol mudó a los Expos a Washington, una ciudad que por dos veces a tenido equipos nuevos que se han mudado allí luego que otro equipo se había ido.
Routtenberg le da a Montreal un 80 porciento de oportunidad para ser la próxima ciudad en recibir una segunda oportunidad. Cromartie , un residente de Florida, tuvo un estimado similar en optimismo, y una promesa para tenerla en cuenta.
“Me estoy preparando para mudarme a Montreal de manera permanente cuando tengamos de nuevo un equipo”, dijo él. “Y me preparo para hacer el primer lanzamiento”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 20 de agosto de 2015
Cooperstown Confidencial: Recordando a Wes Covington
07-07-2011. Bruce Markusen.
Nunca vi jugar a Wes Covington; cuando él participó en su juego final en 1966, yo solo tenía un año de edad. Aún estaba por familiarizarme con la televisión.
Aún así, el beisbol tiene una historia tan rica y detallada, y el internet es una herramienta tan maravillosa, que soy capaz de desarrollar una apreciación de él como pelotero.
Basado en lo que he leído y oído, Covington fue el Oscar Gamble de los años ’60, un jardinero defensivo secundario quien se ganaba la vida como bateador de ocasión, particularmente ante lanzadores derechos. Ciertamente recuerdo a Oscar Gamble, por eso tengo una mejor impresión mental de Wes Covington.
Covington, quién falleció víctima del cáncer el 4 de julio a la edad de 79 años, fue un buen jugador quien se convirtió en parte esencial de los Bravos de Milwaukee. Sin Covington, los Bravos probablemente no hubiesen ganado su único campeonato de los años en Milwaukee.
En una occasion, los Bravos consideraron a Covington un major prospecto de poder que Hank Aaron, una creencia de la que Aaron escribió en su biografía, I Had a Hammer (Yo tenía un martillo). En las ligas menores, Covington tenía un físico más fuerte que Aaron, quién aun era flaco y sin musculatura.
Como Aaron, Covington tuvo que lidiar con el sinsentido racial de la segregación y el tratamiento de segunda clase que afectaba a muchos jugadores negros de la época, particularmente en las ciudades sureñas de las ligas menores.
También estaba el llamado del servicio militar. Un período de un año en el ejército de Estados Unidos durante la guerra coreana retrasó su desarrollo en las ligas menores mientras lo dejaba con una herida en la pierna que afectó su velocidad.
Covington entró por primera vez en la conciencia nacional en 1957 cuando los Bravos lo llamaron junto al jardinero Bob “Hurricane” Hazle desde AAA a mitad de temporada. Ambos neófitos tuvieron un impacto inmediato; Hazle bateó un combinado .403 en julio y agosto, mientras Covington conseguía un papel como jardinero izquierdo alterno de los Bravos.
Covington en verdad había debutado con los Bravos el verano anterior, pero una actuación más o menos lo había enviado de vuelta al Wichita AAA para empezar la temporada del ’57. Los Bravos lo llamaron hacia finales de abril, pero realmente no empezó a ver tiempo de juego significativo hasta mayo. Aparecería en 96 juegos, descargando 21 jonrones y agenciando un porcentaje de slugging de .537
El bateo a la zurda de Covington le dio a los Bravos un tercer bateador de poder legítimo para acompañar a la combinación letal zurdo-derecho de Eddie Mathews y Hank Aaron, lo cual terminó de impulsarlos hacia el banderín de la Liga Nacional.
La Serie Mundial de aquel otoño convertiría a Covington en un nombre propio de la casa. En el segundo juego contra los Yanquis, empujó lo que terminó siendo la carrera ganadora. Aunque nunca fue reconocido como fildeador, en realidad no le gustaba jugar al campo, Covington hizo dos jugadas críticas que contribuyeron a un par de victorias en la Serie. En ese segundo juego, Covington hizo una tremenda atrapada con el guante de revés ante una línea bateada por el pitcher de los Yanquis Bobby Shantz, le robó al menos un doble, posiblemente un triple.
La jugada ayudó a preservar una victoria 4-2 para los Bravos y Lew Burdette. Luego en el quinto juego, Covington corrió hacia atrás ante una batazo profundo de Gil McDougald, se estrelló contra la cerca del jardín izquierdo, pero mantuvo la pelota en su guante para robarle a los Yanquis un potencial jonrón. Esa gema defensiva resultó clave; los Bravos ganaron el juego 1-0, de nuevo con Burdette en el montículo, en ruta a ganar su primer y único campeonato mundial en Milwaukee.
Para muchos peloteros, superar esa actuación podría haber sido difícil, no para Covington. En 1958, él tuvo la que sería la mejor temporada de su carrera. Aunque limiktado a 90 juegos debido su continuo estado como jugador alternativo, Covington bateó para .330, se embasó 38 % del tiempo, bateó un tope personal de 24 jonrones y logró el mejor OPS de su carrera: 1.003.
Con Covington jugando un papel enorme, los Bravos repitieron como campeones de la Liga Nacional y luego se fajaron con los Yanquis por siete juegos para perder una Serie Mundial muy competitiva.
La temporada de 1958 estableció a Covington como uno de los mejores jugadores alternativos del juego. Él nunca acumularía más de 378 turnos al bate en una temporada, principalmente debido a sus actuaciones como jugador alternativo. De acción limitada ante los lanzadores zurdos, Covington alcanzaba el extremo opuesto contra los derechos. Muy parecido a la manera como un pelotero como Gamble actuaría en los años ’70 y ’80, Covington destrozaba absolutamente a los pitchers derechos.
En 1957, tuvo un promedio de slugging de .578 ante derechos. En 1958, aterrorizó a los derechos a un pasó de .715 de slugging y un OPS de 1.127. Hasta algunos de los mejores derechos del juego podían fallar en detener el despliegue mágico de Covington. Uno fue el inquilino del Salón de la Fama Don Drysdale, a quién Covington castigó a lo largo de su carrera, bateándole .354 con seis jonrones vitalicios.
Covington no solo abusaba de los derechos, también los fastidiaba todo el tiempo. Sus técnicas dilatorias en el plato se hicieron legendarias. Buscando alterar el ritmo de los pitchers rivales, Covington a menudo se salía de la caja de bateo, se ajustaba la gorra, y algunas veces remarcaba la línea de la caja de bateo.
Tales tácticas de retraso lo hicieron impopular con los pitchers de la Liga Nacional, y algunos periodistas, quienes se quejaban de sus esfuerzos por dejar pasar el tiempo, pero eso se convirtió en una herramienta efectiva para desajustar a algunos de los lanzadores más temperamentales que enfrentó.
Covington no igualó nunca más su temporada pico de 1958. Permaneció como un efectivo, si no intimidante, pelotero alternativo por los próximos dos años, pero un mal comienzo en la temporada de 1961 determinó el fin de sus días en Milwaukee. Los Bravos trataron de esconderlo en waivers, pero los Medias Blancas reclamaron al veterano jardinero.
Él tendría un promedio de slugging de .508 en un mes con los Medias Blancas, pero eso solo sirvió para aumentar su valor en el mercado. El 10 de junio, los Medias Blancas lo enviaron junto a Bob Shaw y otros dos jugadores, a los Atléticos de Kansas City por un paquete encabezado por Don Larsen y Andy Carey.
Ahora un viajero, Covington duró menos de un mes en Kansas City. El 2 de julio, los Atléticos lo cambiaron a los Filis por el jardinero utilitario Bobby Del Greco. Al unirse a los Filis, Covington se convirtió en uno de un puñado de hombres en jugar para cuatro equipos diferentes en una temporada. Dave Kingman y Dave Martinez igualarían después a Covington como utilitarios de una temporada.
Afortunadamente, Covington encontró alguna estabilidad en Filadelfia. Retomó su antíguo papel de toletero zurdo contra pitchers derechos. En 1963, bateó .320 como emergente para Gene Mauch. Por tres temporadas seguidas, alcanzó doble figura en jonrones y logró marcas de OPS de por lo menos .800. Le tomó un gusto particular a la pared del jardín derecho, la cual tenía una pizarra metálica gigantesca, en Connie Mack Stadium. Durante la práctica de bateo, Covington entretenía a los espectadores bateando pelotas una y otra vez, hacia esa barrera.
Desafortunadamente, la temporada final de Covington en Filadelfia coincidió con la infame caída libre de los Filis hacia finales de septiembre, cuando permitieron que se evaporara una venta de seis juegos y medio durante un colapso horrendo de 12 juegos. Luego de ese disgusto, Covington terminó su carrera con dos deslucidas temporadas compartidas entre los Cachorros y los Dodgers, aunque estuvo con los Dodgers en la Serie Mundial de 1966.
Aunque nunca tuve el placer de verlo jugar , recuerdo a Covington hacer algunas apariciones memorables en las barajitas de beisbol de Topps. Su barajita Topps de 1961 lo muestra mirando a los fotógrafos mientras escoge un bate del estante en el dugout de los Bravos. En 1962, Topps lo retrató sosteniendo dos bates mientras expresa una gran sonrisa en el dugout de los Filis.
Pero es una de sus barajitas de 1966 que sobresale como una favorita personal. En una de las famosas barajitas de varios peloteros, vemos a Covington parado junto a su compañero de equipo Johnny Callison, sus bates entrecruzados. Una vez oi que los bates entrecruzados significaban mala suerte, pero esa pose no pareció molestar a los dos jardineros de las esquinas de los Filis, ambos parecen felices y relajados.
La barajita hace a Covington lucir como alguien de buena naturaleza, un rasgo de personalidad confirmado por muchos de sus antiguos compañeros. En días recientes, algunos de sus ex compañeros de los Bravos han elogiado a Covington por su gentileza y voluntad de participar en la diversión general del clubhouse.
Pero Covington se hizo reclusivo cuando dejó de jugar. Se mudó hacia el oeste de Canadá, donde administró una tienda de artículos deportivos, trabajó en publicidad de periódicos, fue embajador especial de los Trappers de Edmonton en la Pacific Coast League, y luego se retiró. Rara vez participaba en entrevistas o eventos de barajitas, y no regresó a Milwaukee hasta 2003, su primera aparición ahí en 40 años, cuando fue invitado a la ciudad por la Braves Historical Association.
No era que Covington se sintiera amargado hacia Milwaukee, o el beisbol. Solo no quería convertirse, en sus palabras, “en un vago del beisbol viviendo en el pasado”. Un hombre de corazón humilde, a Covington no le gustaba hablar de él, así que nos corresponde a los periodistas y aficionados hablar de él ahora. Wes Covington, especialmente para los aficionados ligados a la historia de los Bravos de Milwaukee, fue un jugador importante, un jugador que merece ser recordado.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 17 de agosto de 2015
Para Cachorros, una mirada a la maldición de la cabra de Billy.
Fred Bowen. KidsPost’s. Jueves, 17 de julio de 2008.
La gran pregunta al reanudarse las Grandes Ligas luego del Juego de Estrellas es: ¿Pueden los Cachorros de Chicago ganar la Serie Mundial por primera vez en 100 años? Los Cachorros ganarán si pueden romper la “Maldición de la cabra de Billy”. ¿Qué es eso? Démosle un vistazo a cierta historia de beisbol de Chicago.
En los muy tempranos días del beisbol profesional, los Cachorros eran una dinastía. El equipo estaba liderado por estrellas del Salón de la Fama como el primera base Frank Chance y el pitcher Mordecai “Three-Finger” Brown (los muchachos lo llamaban a sí porque había perdido parte de su dedo índice en un accidente agrícola). Los Cachorros ganaron 116 juegos en 1906 (un record de Grandes Ligas que comparten con los Marineros de Seattle), y ganaron la Serie Mundial en 1907 y 1908.
Los Cachorros ganaron el banderín de la Liga Nacional y aparecieron en siete Series Mundiales más pero nunca ganaron de nuevo el gran premio. La última vez que los Cachorros jugaron en la Serie Mundial fue en 1945, el año de la maldición.
La historia es que había un hombre, William Sianis, quién tenía una taberna en Chicago. Sianis era conocido como “Billy Goat” porque el tenía una cabra llamada Murphy en su taberna. Sianis llamó a su bar y restaurant Billy Goat Tavern.
El 6 de octubre de 1945, con los Cachorros adelante en la Serie Mundial dos juegos a uno, Sianis compró dos boletos para el cuarto juego de la Serie Mundial. Sianis llegó al estadio con Murphy. Los dueños de los Cachorros no dejaron entrar a Murphy al juego, alegaron que los animales no estaban permitidos en el estadio, además, la cabra olía mal. Sianis estaba molesto y supuestamente se paró fuera del estadio y gritó, “¡Los Cachorros no ganarán más!”
Yo no creo en maldiciones, pero los Cachorros perdieron la serie en 1945, y aunque han llegado cerca unas pocas veces, nunca han regresado a la Serie Mundial.
¿Pueden los Cachorros romper la maldición? Despues de todo, los Medias Rojas rompieron “la maldición del bambino”, la supuesta seguidilla de mala suerte que Boston tuvo debido al cambio de Babe Ruth hacia los Yanquis de Nueva York, cuando los patirrojos ganaron la Serie Mundial en 2004 y 2007.
Hasta el momento esta temporada los Cachorros han estado muy bien, tienen el mejor record de la Liga Nacional. Los Cachorros tienen una alineación sólida incluyendo estrellas como Geovany Soto como cátcher, Aramis Ramírez en tercera base, y Kosuke Fukudome en los jardines. Pero lo más importante, los Cachorros tienen cinco buenos pitchers abridores. Así que los Cachorros deben resistir a los Cardenales de San Luis y a los Cerveceros de Milwaukee y ganar la dura División Central de la Liga Nacional para llegar a los playoffs.
Pero para ganar la Serie Mundial, hasta un buen equipo necesita un poco de suerte. Y la suerte es algo que los Cachorros de Chicago no han tenido por mucho, mucho tiempo.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 14 de agosto de 2015
Esquina de las Barajitas: Lou Piniella.
11-12-2009. Bruce Markusen.
Sigo oyendo rumores de que Lou Piniella estará dirigiendo a los Cachorros por última vez la próxima temporada. El anuncio de esta semana de que la antígua estrella de los Cachorros, Ryne Sandberg, dirigirá el equipo filial AAA de la organización en Iowa le ha dado más intensidad a esta especulación. Unos cuantos en la ciudad de los vientos creen que Sandberg, un popular inquilino del Salón de la Fama, está siendo cortejado para reemplazar a Piniella luego de la temporada de 2010, cuando termina su contrato de tres años.
Dudo poco que Piniella dejará de tener otro trabajo como manager en otro lugar, lo cual encaja con una de los personajes más apasionados y pintorescos del juego. Con amor u odio, Piniella debe continuar trabajando en algún lugar del beisbol, para prolongar una carrera que empezó como jugador a principios de los años ’60.
Piniella es mejor recordado como pelotero por sus días con los Reales y Nueva York, pero empezó sus andanzas en Grandes Ligas en otro lugar. ¿Quien recuerda a Piniella como miembro de los Orioles e Indios? Yo no, pero The Baseball Encyclopedia y Baseball Reference me ilustran sobre ese otro lado. Lou jugó breves pasantías en Baltimore y Cleveland y también pasó algún tiempo con la organización de los viejos Senadores de Washington antes de ser tomado por los Pilotos de Seattle en el draft de expansión de 1968.
Piniella bateó bien con los Pilotos durante el entrenamiento primaveral de 1969, pero su temperamento y actitud preocuparon a la jerarquía de la franquicia de expansión. Justo antes del día inaugural, los Pilotos negociaron a Piniella hacia otro equipo de expansión, los Reales, quienes entregaron a los poco recordados Steve Whitaker (jardinero) y el pitcher derecho John Gelnar. Los Pilotos debieron conservar a Piniella; como jardinero izquierdo regular de los Reales, bateó .282 con 11 jonrones y 68 carreras empujadas, lo suficientemente bueno para ganar el Novato del Año de la Liga Americana en una temporada floja para los jugadores de primer año. (Lou hasta jugó cuatro encuentro en el jardín central, lo que debió haber sido una buena imagen a observar).
La reputación de Piniella como “Sweet Lou” empezó a formarse cuando Jim Bouton reveló pasajes de sus días con los Pilotos en Ball Four. Como es común con muchos apodos, los orígenes de “Sweet Lou” derivaron de la teoría de los opuestos. Como el tipo de 200 kilos a quien llaman “Pequeño”, o al perpetuo hombre gruñón a quien llaman “Feliz”, ambos, amigos y detractores de Piniella se referían a él como “Sweet Lou” debido a sus modales ácidos, sarcástico sentido del humor y a sus explosiones temperamentales. Sobre el terreno, sus despliegues de rabia, incluyendo incidentes lanzando cascos y levantando polvareda con los pies, algunas veces alcanzaban proporciones cómicas. Siempre expresivo, él a veces mostraba rostros extraños en el plato, como se evidencia en esta barajita Topps de 1974.
Sweet Lou en realidad no jugó la temporada de 1974 en Kansas City. Después de la campaña de 1973, el gerente general de los Yanquis, Gabe Paul envió al envejecido relevista Lindy McDaniel a los Reales por Lou Piniella, quién había caído a un promedio de bateo de .250 y a un porcentaje de embasado de .291 durante su temporada final en Kansas City. Paul pensaba que Piniella había tenido un mal año, nada más. Piniella encajaba precisamente en las necesidades de los Yanquis, dada su alineación cargada de zurdos, al proveerles un jardinero y bateador designado semiregular quien jugaría contra los pitchers zurdos y ocasionalmente contra los derechos. En tres de sus primeras cinco temporadas con el uniforme de rayas, Piniella bateó por lo menos .305 mientras llenaba las necesidades diarias en el jardín izquierdo, jardín derecho y batedaor designado. Se convirtió una una pieza complementaria vital para los equipos de campeonatos mundiales de 1977 y ’78, terminando con su milagrosa atrapada de una línea en el sol de Jerry Remy en el famoso juego de desempate de 1978.
Además de su atrapada de un salto de la línea de Remy, recordaré dos aspectos del juego de Piniella sobre los otros. Primero, el tenía uno de los mejores swing hacia la banda contraria de cualquier bateador que haya visto. Mientras tomaba posición en la caja de bateo, mantenía las manos atrás, casi envueltas detrás del hombro derecho. Con su hombro izquierdo encimada hacia el plato y su espalda de frente al pitcher, Piniella empujaba la pelota hacia el jardín derecho con la misma clase de facilidad y precisión que la mayoría de los bateadores reserva para halar la pelota. Luego estaba su eficiencia en el campo. Aunque carecía de velocidad y solo tenía un brazo promedio, Piniella tenía manos de terciopelo. Si alcanzaba un elevado, lo atrapaba. Y cada vez que golpeaba el puño dentro de su guante, esa era su marca en la defensiva, estaba segura de hacer la jugada.
El swing de líneas de Piniella y sus manos seguras representaban lo mejor de sus talentos. Pero tenía sus críticos, el difunto Clete Boyer estaba entre ellos, esos que sentían que él estaba muy sobrevaluado. Piniella no bateaba con mucho poder, raramente negociaba boletos, y corría las bases deficientemente, a veces con atrocidad. (En su libro, Ron Luciano escribió acerca de cómo Piniella una vez “corrió” para la escalera, y ¡fue puesto out en todas las cuatro bases en el mismo jugo!) La mayor parte del talento de Piniella estaba relacionado a su promedio de bateo. Si bateaba .300 o más, él podía ayudar, pero si bateaba menos, estaba malgastando turnos al bate que podía haber aprovechado Roy White (un pelotero muy superior a él en todos los terrenos) o Cliff Johnson (quién tenía mucho más poder).
Mientras estuvo con los Yanquis, Piniella también aumentó su reputación como Sweet Lou. Lols narradores de los Yanquis, Bill White y Phil Rizzuto a menudo bromeaban con Piniella por sus arranques de furria en el campo y su creciente tendencia a lucir y sentirse irritado. Aún así, Piniella encajó bien en un turbulento clubhouse de los Yanquis, donde congeniaba con Thurman Munson, otro jugador conocido por arranques temperamentales que a menudo terminaban en gruñonería.
Cuando conocí a Piniella ya no era jugador, habían pasado tres años después de su retiro. Para entonces, él era manager de los Yanquis, uno de muchos sucesores de Billy Martin. En 1987, los Yanquis de Piniella se enfrentaron a los Bravos en el juego del Salón de la Fama aquí en Cooperstown. Además de recordar el episodio de Claudell Washington y Rickey Henderson en el Hotel Sheraton de Utica (esa es una historia que debe esperar para otro día), mi mayor memoria de ese fin de semana tuvo que ver con Piniella. Al cubrir el evento para Radio WIBX en Utica, yo tenía la tarea de hacer las entrevistas en el terreno de juego antes del juego. Escogí a Piniella como una de mis principales entrevistas, me dirigí hacia donde estaba él a través de una armada de distintos medios de comunicación que atiborraban Doubleday Field; pronto hicimos contacto visual. Mientras me acercaba, la expresión extraviada de Piniella se convirtió enrabia, seguida inmediatamente por un movimiento displicente con la mano. Me está diciendo que me vaya, me digo. Caramba, él ni siquiera sabe quien soy. De pronto dejó de pensar eso, al notar que Piniella estaba gesticulando hacia alguien más, alguien a quién el conocía. Aliviado de que no me hubiese despreciado, yo estaba completamente intimidado y renuncié a mi búsqueda de Sweet Lou.
Piniella no regresó a Cooperstown hasta 2008, cuando sus Cachorros estaban programados para enfrentar a los Padres en el juego final del Salón de la Fama. Los dos equipos nunca llegaron a jugar, el juego fue cancelado luego de varias precipitaciones lluviosas. Desafortunadamente, Piniella aportó la otra desilusión del día. Durante el desfile antes del juego que hizo su recorrido por Main Street, Piniella hizo obvio que deseaba estar en cualquier lugar menos en Cooperstown, exteriorizando algunos comentarios negativos que había hecho temprano sobre tener que viajar al norte de Nueva York con sus Cachorros en medio de una carrera por el banderín. De acuerdo a mis espías, un número de fanáticos gritó “¡Lou, Lou!” esperando que Piniella saludaría o sonriera. En lugar de eso, continuó lejano, manteniendo un ceño fruncido que reflejaba su disgusto por tener que venir a Cooperstown.
A pesar de mi disgusto con la actitud displicente de Piniella hacia el juego del Salón de la Fama, me gusta como manager. Excepto por Tampa Bay, él ha logrado consistentemente registros ganadores, aún para equipos con historia reciente de descalabros. En 2008, Piniella guió a los Cachorros a la postemporada por segunda otoño seguido (aunque el equipo salió temprano del playoff por segunda oportunidad seguida). Es sorprendente el impacto que él sigue teniendo en la ofensiva de sus equipos, sea en Nueva York en los ’80, Cincinnati y Seattle en los ’90, o ahora en la ciudad de los vientos. Cuando Piniella llegó a los Chicago, los Cachorros tenían una ofensiva que solo podía ser descrita como debajo del promedio. Ellos no negociaban boletos, no se embasaban, y no anotaban carreras. Para 2008, la filosofía de Piniella había empezado a funcionar. Dejando a un lado a Alfonso Soriano, casi todos los bateadores de Chicago trabajaron la cuenta con capacidad ese verano. Los jóvenes como Geovany Soto destacaron con Piniella, como lo hicieron los veteranos como Jim Edmonds. Hasta los peloteros utilitarios como Mark DeRosa, Mike Fontenot, Reed Johnson hicieron amplias contribuciones. No es sorpresa que los Cachorros anotaran 855 carreras, colocándose bien delante de los otros equipos de la Liga Nacional. En pocas palabras, las carreras anotadas se tradujeron en victorias para los Cachorros, tal como lo hizo Piniella tiempo atrás con los Yanquis, Rojos y Marineros. (Desafortunadamente, la influencia de Piniella pareció perderse en los Cachorros este verano pasado, mientras su ofensiva se estancaba en medio de las lesiones, actuaciones deficientes y falta de paciencia).
Así que con Piniella, se toma lo malo, los arranques temperamentales y los cambios de humor, con lo bueno. Durante el entrenamiento primaveral, Piniella armó otro de sus legendarios escándalos, esta vez dirigido al ahora desgraciado Steve Phillips, quien trabajaba en ESPN para el momento. El antiguo gerente general de los Mets había mencionado que la presencia de un manager impaciente como Piniella le hacía la vida más difícil a Kosuke Fukudome, un pelotero japonés quien enfrentaba una dioficil transición hacia la cultura estadounidense. Pensé que era un buen razonamiento de Phillips, pero Piniella lo tomó como una afrenta personal.
Siempre habrá arranques de Piniella, ya sea en forma de ceños fruncidos hacia los medios, visitas al montículo para regañar a un pitcher descontrolado, o esos incidentes de pataletas con los árbitros. Probablemente veremos más de lo de arriba de Piniella por lo menos un verano más. Pero con Sandberg asomándose y los nuevos dueños del equipo a cargo, Sweet Lou puede sentirse como “Lame Duck Lou” en 2010.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
About Bruce Markusen
Bruce Markusen is the manager of Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. He has authored seven baseball books, including biographies of Roberto Clemente, Orlando Cepeda and Ted Williams, and A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A’s, which was awarded SABR's Seymour Medal.
Cincuenta años de otro juego sin hits ni carreras de Jim Maloney. Cincinnati 1, Cachorros 0.
No-Hitters. The 225 Games. 1893-1999. Rich Westcott and Allan Lewis.
Era cuestión de tiempo para que Jim Maloney tuviera otra oportunidad de lanzar un juego sin hits ni carreras. Ya en la temporada de 1965 el derecho lanzallamas había pitcheado un juego de un hit y un no-hitter por 10 episodios antes de perderlo en el undécimo.
Si alguien tenía las herramientas para blanquear a los rivales, ese era Maloney. Y él cumplió la misión el jueves 19 de agosto en Wrigley Field.
Hubo otras oportunidades cuando Maloney tuvo más en la pelota que esa vez cuando enfrentó a los Cachorros de Chicago inquilinos del octavo lugar de la liga. Una había ocurrido dos meses antes cuando lanzó 10 innings sin hits ni carreras contra los Mets de Nueva York, solo para perder el juego en el undécimo por un jonrón de Johnny Lewis.
Maloney, de 25 años, estuvo inusualmente descontrolado al enfrentar a los Cachorros y Larry Jackson ante una multitud de 11.342 aficionados en el primer juego de una doble cartelera (los Cachorros ganaron el segundo 5-4). Pero Maloney, dueño de una marca de 13-6 con los Rojos de Cincinnati que ocupaban el cuarto puesto en la Liga Nacional, también estaba imbateable.
Maloney ponchó 12. Concedió la poco usual cifra de 10 boletos y golpeó un bateador. Pero al terminar el juego, Maloney se había convertido solo en el tercer pitcher que lanzaba un juego sin hits ni carreras en extrainning, en la historia de las Grandes Ligas.
Lo hizo de la manera difícil, realizó 187 lanzamientos, llegó a la cuenta de 3-2, 13 veces y cayó por detrás en la cuenta ante 15 bateadores. Llenó las bases dos veces y tuvo hombres en base en todos los innings menos cinco.
Maloney empezó a toda mecha. Ponchó a Don Landrum y a Doug Clemens y dominó a Billy Williams con elevado a segunda base en el primer inning. En el segundo también retiró en orden a sus rivales.
Sin embargo en el tercero, Maloney boleó a Glenn Beckert y Don Kessinger antes de ponchar a Jackson. Un out después, boleó a Clemens para llenar las bases, pero Williams la rodó por segunda para terminar el inning.
Luego de dos outs en el cuarto, Maloney concedió boletos a Ed Bailey y Beckert antes de ponchar a Kessinger. Luego en el quinto ponchó en orden a Jackson, Landrum y Clemens.
Los Cachorros fueron retirados en orden de nuevo en el sexto y séptimo episodios. Pero Maloney caminó a Jackson para abrir el octavo. Luego del sacrificio de Landrum, Clemens bateó la primera de pelota hacia los jardines por parte de los Cachorros un elevado al jardín central. Williams fue boleado intencionalmente y Ernie Banks sorbió ponche.
Maloney tuvo más dificultades en el noveno. Golpeó a ron Santo y caminó a Bailey. Beckert se ponchó y el emergente Jimmy Stewart levantó globo al bosque central., pero los Cachorros llenaron las bases con un boleto a Jackson en conteo de 3-2. Landrum la elevó al campocorto para terminar el inning.
Jackson, quién también había lanzado magistralmente, permitió la única carrera del juego en el décimo inning, cuando Leo Cárdenas le engarzó una pelota y se la sacó muy cerca del poste de foul por las gradas del jardín izquierdo.
Con varios pitchers calentando en el bull pen de los Rojos, Maloney empezó el cierre del décimo caminando a Clemens. Williams falló con elevado a Tommy Harper en la izquierda en cuenta de 3-1. Entonces Banks bateó un roletazo duro por los predios de Cárdenas. El paracortos le pasó la bola a Rose en segunda base y este lanzó al primera base Marty Keough para terminar el juego con un dobleplay.
Maloney concedió más boleto que cualquier otro pitcher que hubiese lanzado un juego sin hits ni carreras hasta ese momento. Terminó la temporada con marca de 20-9.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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