miércoles, 2 de septiembre de 2015
Diez lustros de aquel juego perfecto de Sandy Koufax.
Dodgers 1 versus Cachorros 0. 9 de septiembre de 1965
No-Hitters. The 225 Games, 1893-1999. Rich Westcott and Allen Lewis.
De sus cuatro juegos sin hits ni carreras, Sandy Koufax guardó el mejor para terminar. Fue un juego perfecto para establecer un record en un desafío que se cataloga como uno de los duelos de pitcheo más grandes de la historia de las Grandes Ligas.
No solo el zurdo de 29 años se convirtió en el primer pitcher en lanzar cuatro juegos sin hits ni carreras en las Grandes Ligas, lo cual ejecutó en cuatro años seguidos, su rival monticular, Bob Hendley, casi lanzó sin hits ni carreras también. Hendley permitió solo un imparable, y concedió un boleto ante los Dodgers inquilinos del segundo lugar. El juego estableció una marca para menos imparables de ambos equipos.
Koufax llegó a la batalla del jueves 9 de septiembre en Dodger Stadium, ante los Cachorros de Chicago ocupantes de la octava posición, con una reluciente marca de 21-7. Había una multitud de 29.139 personas.
Al combinar su afilada recta con una sinuosa curva y un control maravilloso, Koufax ponchó 14 Cachorros, incluyendo los postreros seis bateadores que enfrentó. Solo le sacaron seis pelotas del infield.
Los Cachorros apenas batearon con fuerza dos pelotas. Con un out en el primer inning, Glenn Beckert, antes de poncharse, despachó un linietazo por la línea del jardín izquierdo que salió de foul. Un inning después, Byron Browne descargó un lineazo directamente a las manos de Willie Davis en el jardín central.
Los Dodgers anotaron su única carrera del juego en el quinto inning. Lo hicieron sin conectar un solo imparable. Lou Johnson recibió boleto para iniciar el inning. Avanzó a segunda mediante toque de Ron Fairly. Cuando Hendley tuvo dificultades para mantenerlo cerca de la base, Johnson se robó la tercera base. Él siguió corriendo hacia el plato cuando el cátcher Chris Krug metió la pelota en el jardín izquierdo.
Johnson terminó siendo el único jugador que se embasó en el juego cuando con dos outs en el séptimo rompió el sin hits ni carreras de Hendley con doblete al jardín derecho. Ese fue el único imparable del juego.
Koufax, mientras tanto, avanzaba en el quinto inning, ponchó a Ernie Banks la segunda de tres veces. El brillante zurdo tuvo un par de jugadas cerradas en los innings postreros. Al iniciar el sexto, Krug la rodó por las paradas cortas y Maury Wills la tomó sin dificultades pero lanzó bajo a primera. Wes Parker, un fildeador sobresaliente, levantó el piconazo para completar el out. En el séptimo con dos outs, Koufax lanzó tres bolas seguidas ante Billy Williams, antes de regresar con dos strikes cantados. Williams entonces conectó un lanzamiento en 3-2 hacia la izquierda donde Johnson efectuó una fácil atrapada.
Koufax terminó el juego en un esfuerzo glorioso. Ponchó a Ron Santo; Banks y Browne en el octavo. Koufax comenzó el noveno abanicando a Krug con una recta en conteo de 2-2. El próximo bateador era el emergente Joe Amalfitano. Koufax consiguió dos rápidos strikes y luego lo ponchó con otra recta imponente. El último bateador era el también emergente, antíguo campeón bate de la Liga Americana Harvey Kuenn, quien irónicamente había sido el último out en el sin hits ni carreras de Koufax en 1963. Kuenn aguantó un strike, luego dos bolas. Abanicó y falló el próximo lanzamiento. Con la cuenta en 2-2, Koufax lanzó otra recta invisible y Kuenn hizo swing y falló.
Koufax había hecho historia en el beisbol. Terminó la temporada con una reluciente marca de 26-8. La cual sería seguida por una marca de 27-9 en 1966, el año final de la magistral carrera de pitcheo de Koufax.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 31 de agosto de 2015
Esquina de las barajitas: La vida supersticiosa de Mike Cuellar.
26-06-2015. Bruce Markusen.
Mike Cuellar ganó compartido el premio Cy Young de la Liga Americana en 1969. Aún una mirada rápida a la barajita Topps de Mike Cuellar de 1975 revela el rostro de un veterano endurecido. El primer plano extremo nos da una buena mirada lateral de su cara, la cual tiene marcas de acné y colores oscuros. Es la cara de un hombre quién ha resistido mucho en su vida, al crecer en Cuba y tener que emigrar a Estados Unidos. Luce como un veterano quién ha tenido su cuota de momentos difíciles, particularmente en sus días iniciales como pitcher profesional, antes de convertirse en pilar exitoso con varios equipos de campeonato en Baltimore.
Al hacer una inspección más cercana, también se puede notar un error en el frente de la barajita de Cuellar. Cuando miramos su nombre, impreso en la parte inferior de la barajita, se puede leer “Mike Cueller”. Eso es Cueller, con “e”. Pero debería ser Cuellar con “a”. Conociendo algo a Cuellar, puedo imaginar que no le gustó ver tal error en su barajita de beisbol. Uno de los hombres más supersticiosos del juego, Cuellar debió haber pensado que escribir mal su nombre conllevaría a un terrible grado de mala suerte. No, no creo que a Cuellar, le haya gustado eso para nada.
Para la primavera de 1975, cuando Topps publicó esta barajita de borde azul y anaranjado como parte de su colección anual, Mike Cuellar se había establecido como uno de los zurdos más ganadores del juego. Jim Palmer y Dave McNally habían monopolizado la mayoría de los titulares del cuerpo de lanzadores de los Orioles, pero Cuellar tuvo también su buena cuota de cargas pesadas, en términos de innings lanzados y lograr victorias. Las victorias se han convertido en un tema de debate para los pitchers; hay algunos sabermétricos a quienes les gustaría ver las victorias desconectadas o descartadas. Para bien o para mal, Cuellar alcanzó muchas victorias hacia finales de los años ’60 y comienzos de los ’70: 23 victorias en 1969, 24 en 1970, seguidas de años de 20, 18, 18, y 22, el último total correspondiente a 1974, cuando lideró la Liga Americana en porcentaje de victorias. El total disminuiría a 14 en 1975, marcando el inicio de la fase de declive de Cuellar.
Es fácil olvidar que la prolongada carrera de Cuellar empezó años atrás en Cincinnati, cuando la franquicia era aún conocida como los Red Legs (Piernas Rojas), y no Rojos. Cincinnati lo firmó en 1957 fuera de Cuba, donde él lanzaba para el equipo del ejército cubano. Esa no era una tarea fácil, dada la presión que los jugadores sentían del dictador cubano Fulgencio Batista, un hombre a quien no le gustaba perder. Luego de firmar a Cuellar, los Rojos lo asignaron a La Habana. Allí fue donde los Rojos habían juiciosamente establecido su principal equipo afiliado de ligas menores, conocido como los Sugar Kings, como estrategia para entrar al mercado cubano. (Los Rojos tenían otros valiosos jugadores cubanos en La Habana, incluyendo a Cookie Rojas, Leo Cárdenas y Tony González).
Cuellar agenciaría dos buenas temporadas para los poderosos Sugar Kings antes de recibir una promoción a Cincinnati a comienzos de la temporada de 1959. Hizo dos apariciones como relevista pero fue bateado muy duro, lo cual convenció a los Red Legs de que él necesitaba desarrollarse más en las ligas menores.
A su regreso a La Habana, Cuellar lanzó bien, pero su carrera fue afectada el siguiente verano, cuando los Red Legs reubicaron su afiliado de AAA desde La Habana hasta Jersey City a media temporada. Ese movimiento de la franquicia resultó ser un karma para Cuellar, quién pasó los próximos veranos de liga menor saltando de aquí para allá y acullá. Cuellar lanzó para unos cuantos equipos afiliados, pasó algún tiempo en préstamo a la organización de los Mellizos de Minnesota, y hasta jugó algún tiempo en la Liga Mexicana. Entonces los rojos lo cambiaron a los Indios de Cleveland, quienes lo prestaron por un tiempo a los Tigres de Detroit antes de negociar su contrato a los Cardenales de San Luis. Caaramba. Era suficiente para convencer a un hombre menos determinado de renunciar al juego, pero Cuellar perseveró en su búsqueda de un lugar más permanente en las Grandes Ligas.
Luego de tener dificultades con los Cardenales en 1964 y no aparecer para nada en la Serie Mundial de ese otoño, Cuellar recibió la oportunidad que necesitaba en la primavera de 1965. En la fecha límite para hacer cambios del 15 de junio, los Cardenales cambiaron a Cuellar y al veterano relevista Ron Taylor a los Astros de Houston por el lanzador derecho Chuck Taylor y el zurdo Hal Woodeshick.
Los Astros de la expansión, quienes habían entrado a la liga solo tres años antes como Colt.45s, tenían una necesidad mucho mayor de pitcheo que los establecidos Cardenales. Cuellar lanzó principalmente como relevista para Houston, pero también hizo cuatro aperturas . Él develó un screwball que había experimentado inicialmente en San Luis. Los Astros vieron lo suficiente para hacerlo parte de su rotación a tiempo completo en 1966.
Asistido por las dimensiones del Astródomo de Houston favorables a los pitchers y las condiciones generalmente difíciles que existían para los bateadores a mediados de los años ’60, Cuellar logró buenas efectividades en las próximos tres años. No ganó una tonelada de juegos. Pero un verano fue llevado al equipo de la Liga Nacional para el Juego de Estrellas, asomando algo del gran éxito que eventualmente le esperaba en el camino. También mostró una gran competitividad. Cuando el manager de los Filis de Filadelfia, Gene Mauch, lo mantuvo relegado en el banco, Cuellar tuvo que ser contenido para que no fuese tras él. “Quería darle un puñetazo en la nariz”, le dijo Cuellar a The Sporting News.
Luego de la temporada de 1968, Cuellar se reportó a la pelota invernal de Puerto Rico. Un día, él dominó a un equipo rival que contaba con un despliegue de jugadores de ligas mayores: Paul Blair, Orlando Cepeda, Dave Johnson y Tany Pérez. Al emplear su devastadora screwball contra la serie de experimentados bateadores derechos, Cuellar impresionó al manager rival. Este no era otro que el inquilino del Salón de la Fama, Earl Weaver, quien notó lo que el zurdo le había hecho a sus bateadores “parecen como tontos con esa screwball”.
Weaver hizo un reporte de Cuellar a su gerente general, Harry Dalton. El superscout de los Orioles, Jim Russo, uno de los grandes evaluadores de talento del juego, también avaló a Cuellar. Más tarde ese invierno, los Orioles empezaron a conversar de transacción con los Astros, quienes tenían interés en el utility de buen bateo Curt Blefary. Dalton pidió a Cuellar como parte del paquete de retorno. Así que el 4 de diciembre, los Orioles enviaron a Blefary y a un jugador de ligas menores a Houston por Cuellar, el campocorto de gran defensiva Enzo Hernández, y a otro jugador de ligas menores.
Los críticos del cambio cuestionaron porque los Orioles estaban tan interesados en un veterano de 32 años quién lo mejor que podía ser catalogado era como lanzador de pelotas engañosas. Otros críticos alegaron que Cuellar carecía de agallas y no quería lanzar en juegos importantes. Esos críticos sabían muy poco acerca de Mike Cuellar.
La apariencia física de Cuellar era muy engañosa. Con alrededor de 1,80 de estatura y 83 kg de peso, él no lucía particularmente grande o poderoso. Pero sus compañeros de los Orioles pronto se maravillaron con la fuerza de su apretón de manos, el cual podía ser comparado con la presión de una prensa. Al unirse a la rotación que contaba con Palmer, McNally y el derecho Tom Phoebus, la nueva adquisición de los Orioles tomó su lugar como uno de los ases dela rotación. La efectividad de 2.38 lograda por Cuellar casi alcanza la de Palmer. Acumuló un tope para los Orioles de 290 innings lanzados, ganó 23 de sus decisiones, también el tope de los Orioles. Tanto como cualquiera, Cuellar ayudó a los Orioles a tomar una ventaja de 19 juegos en la recién constituída división este de la Liga Americana. La actuación de Cuellar le ganó un premio Cy Young compartido, con el más famoso Denny McLain de Detroit.
El trabajo de Cuellar desmejoró algo en 1970, su efectividad subió a 3.48, pero en realidad él llevaba una carga más pesada para los Orioles. Sus 40 aperturas y 21 juegos completos no solo lideraron a los Orioles; sino a la liga. Cuellar ganó 24 de 32 decisiones, empujando su porcentaje de victorias hasta .750 para comandar la liga. Esta vez Cuellar llegó cuarto en la votación del Cy Young, mientras proveía el complemento perfecto para Palmer y McNally. Afincados en su pitcheo, los Orioles ganaron 108 juegos, ganaron la división este en otra escapada, y eventualmente vencieron a la “Gran Maquinaria Roja” de Cincinnati en enfrentamiento de super poderes en la Serie Mundial. En un desenlace apropiado, Cuellar finalizó la serie con una victoria de juego completo en el quinto juego, lo cual le permitió iniciar la celebración de los Orioles en el campo con un abrazo de Brooks Robinson.
Con 47 triunfos en las últimas dos temporadas en Baltimore, Cuellar había justificado por completo el cambio con los Astros, quienes ya habían salido del defensivamente exigido Blefary. Cuellar ganaría 20 juegos más en 1971, uno de cuatro abridores Orioles que eclipsaron esa marca aquel verano. Una vez más llevó una dura carga de más de 290 innings lanzados, Cuellar bajó su efectividad en más de media carrera y asistió al Juego de Estrellas por segunda vez consecutiva. Como se esperaba, los Orioles ganaron su tercer título divisional seguido, antes de perder la Serie Mundial en un disgusto monumental ante los piratas de Pittsburgh.
Fue durante esa serie que Cuellar tuvo un desliz momentáneo que afectó a los Orioles. En el tercer juego, Cuellar perdía 2-1, cuando enfrentó a Roberto Clemente para empezar el séptimo inning. Revisando el swing, Clemente bateó un rodado a manos de Cuellar quien atrapó la pelota fuera de balance. A sabiendas de que Clemente correría duro desde el comienzo, Cuellar apresuró su tiro a primera base, y Boog Powell hubo de abandonar la almohadilla. El error prendió la mecha para un racimo de tres carreras para los Piratas, quienes abrieron el juego para encontrar la manera de controlar la marea de los Orioles, luego de perder los dos primeros juegos de la serie.
Hubo un toque de dejà vu en la jugada que involucró a Cuellar y Clemente. El invierno previo, los dos veteranos habían tenido un encontronazo durante la liga invernal puertorriqueña. Cuellar jugaba para Clemente, un practicante de la vieja escuela quien creía que se debía aplicar las mismas reglas a todos. Desde el principio Cuellar dejó una mala impresión al reportarse a la pelota invernal fuera de forma. Entonces Cuellar hizo ver que el quería lanzar de acuerdo a su plan y no el de Clemente. Eso no funcionó con Clemente, quién le dejó saber a Cuellar que tendría que ajustarse. Cuellar no lo hizo; renunció al equipo a media temporada, Clemente estaba furioso.
La conducta de Cuellar en la pelota invernal ejemplificaba su personalidad fuera de lo normal y también ayudaba a explicar como se ganó el apodo de “Crazy Horse” (Caballo Loco) durante sus años con los Orioles. En quizás su arista más extrema, Cuellar creía fuertemente en el espíritu de una gorra de beisbol especial, la cual el sentía debía usar en cualquier juego que lanzara. En una ocasión, Cuellar olvidó esta particular gorra y pidió que los Orioles se la enviaran a Milwaukee, donde jugaban una serie contra los Cerveceros. “Tuvimos que llamar al hombre del clubhouse en Baltimore para que nos enviara por correo aéreo esa condenada gorra”, explicó Earl Weaver al Baltimore Sun. Pero cuando la gorra llegó a Milwaukee, Cuellar notó que esa era su gorra de práctica, y no la de jugar. Sin su habitual gorra usada, Cuellar no quiso pitchear contra los Cerveceros. De allí el apodo de Crazy Horse.
Mientras tales incidentes colocaban a Cuellar en la categoría de alto cuidado, los Orioles estaban más que deseosos de mantenerlo debido a su sentido del humor tipo payaso que lo hizo un miembro popular del clubhouse y un divertido participante de la celebrada “Kangaroo Kourt” (Corte de los canguros). La creencia de Cuellar en los poderes místicos de su gorra era una de una horda de supersticiones que mantenía y practicaba. Consideremos algunas de las otras:
• Cuando Cuellar llegó a los Orioles, insistió en que el cátcher de reserva Clay Dalrymple recibiera sus envíos de calentamiento previos al juego. No solo eso, Cuellar hizo las diligencias para que otro cátcher de los Orioles, Elrod Hendricks, se parara en el plato con un bate mientras el completaba su calentamiento. Dalrymple se retiró en 1971, y Cuellar se vio forzado a adoptar un plan de reemplazo. Llamó al coach de los Orioles, Jim Frey, parta que le sirviera como su nuevo cátcher antes del juego.
• Los días cuando lanzaba, Cuellar fumaba un cigarrillo en el pasillo del duogut mientras los Orioles bateaban. Una vez que un bateador de los Orioles era retirado, Cuellar apagaba el cigarrillo y lo botaba. Al final de cada inning, Cuellar no salía del dugout para regresar al montículo hasta que su cátcher, usualmente Hendricks o Andy Etchebarren, se había puesto las rodilleras. Entonces cuando caminaba hacia el montículo, nunca pisaba la raya de cal.
• Una vez en el montículo, Cuellar no permitía que nadie le lanzara la pelota. En su lugar el solo tomaba la pelota desde el suelo. En una ocasión, un jugador rival decidió divertirse con Cuellar. Alex Johnson de los Indios de Cleveland, otro interesante personaje, realizó el tercer out del inning y entonces caminó lentamente hacia el cuadro interior. Al caminar cerca del montículo justo cuando Cuellar llegó, Johnson le lanzó la pelota al peculiar veterano. Cuellar eludió la pelota aparatosamente, evitando que la pelota siquiera lo tocara. El recogebates tomó entonces la pelota y se la lanzó a Cuellar por segunda vez. De nuevo, Cuellar la eludió.
• En las giras de los Orioles, Cuellar siempre viajaba usando un traje azul. No solo un traje, tenía que ser azul, sin falta. Y entonces, la noche antes que lanzara, Cuellar siempre cenaba comida china.
Las supersticiones de Cuellar ganaban titulares, aparentemente más que su contínuo pitcheo de calidad. Aún cuando los Orioles tuvieron un año poco satisfactorio en 1972, Cuellar subió el nivel de su actuación otra vez. Lanzó para una efectividad de 2.57 (su más baja desde 1969), emergió como el claro número 2 detrás de Palmer. Tendría dos excelentes temporadas más en 1973 y 1974, para ayudar a los Orioles a otros dos títulos divisionales. Su calidad se mantuvo alta en la postemporada, aunque los Orioles perdieron series de campeonato seguidas ante los Atléticos de Oakland.
Aunque Cuellar permanecía subestimado por el público, quizás por la falta de una recta de alto octanaje, sus amigos y coaches de los Orioles llegaron a apreciar su talento. Su vasto repertorio de lanzamientos incluía dos tipos de screwball, dos curvas, un cambio, un slider y una recta. “Él era como un artista”, le dijo Palmer al New York Times años después al describir a un pitcher que alcanzó la marca de 200 ponches una vez. “Él podía plasmar una pintura diferente cada vez que salía allí afuera. Él podía trabajarte con minuciosidad. Podía matarte con la curva y el screwball. Desde 1969 hasta 1974, él fue probablemente el mejor pitcher zurdo de la Liga Americana”.
No fue hasta 1975 que Cuellar empezó a mostrar señales de desgaste, lo cual era perfectamente comprensible dado que para ese momento tenía 38 años. Su efectividad subió a 3.66, su nivel más alto desde que había tenido dificultades con los Cardenales en 1964. La situación empeoró en 1976, los problemas en el brazo lo limitaron apenas a superar los 100 innings, una efectividad de 4.64, y una poco característica marca de ganados/perdidos de 4-13. Convencidos de que Cuellar estaba acabado, los Orioles lo cesantearon en diciembre.
Debido a su nombre y status, Cuellar recibió una oportunidad más cuando los Angelinos de California lo llamaron. Necesitados de pitchers experimentados, los Angelinos lo firmaron en enero y lanzó dos veces a principios de temporada. Los resultados no fueron buenos. Cuellar permitió siete carreras en 3.1 innings, un indicativo de que era tiempo de irse. El 16 de mayo, los Angelinos despidieron al zurdo, terminó su carrera un mes antes de cumplir 40 años.
A excepción de un breve período en la Liga Mexicana en 1979, Cuellar permaneció fuera del beisbol organizado la mayor parte del tiempo. Trabajaba como coach de pitcheo en una liga independiente y en la liga invernal puertorriqueña. En 2009, él regresó a los Orioles como instructor voluntario de pitcheo en el campo de entrenamientos primaverales y también participó en una reunión del equipo de Baltimore de 1969.
En 2010, la salud de Cuellar empezó a desmejorar. Primero, fue diagnosticado con un aneurisma en el cerebro. Luego le extirparon la próstata. Y entonces vino el peor diagnóstico; tenía cáncer estomacal, lo cual resultó en su ingreso al Regional Medical Center en Orlando, Florida. Uno de sus amigos más cercanos con quién frecuentaba en el golf, el antíguo segunda base Félix Millán, lo visitó durante sus días finales. El 2 de abril, Cuellar falleció, perdiendo su batalla con el cáncer a la edad de 72 años.
En una época se dijo que en promedio la expectativa de vida de un hombre era 72 años. En el caso de Cuellar, muy poco en su vida fue promedio. Desde la época cuando crecía en Cuba, hasta la ruta difícil y convulsa que fue forzado a tomar para llegar a las Grandes Ligas, hasta el despliegue completo de supersticiones y creencias inusuales, Mike Cuellar tuvo una vida que bordeó lo extraordinario.
References & Resources:
• Baltimore Sun
• New York Times
• The Sporting News
• Mike Cuellar’s player file at the National Baseball Hall of Fame Library
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Nota del traductor: Actuación de Miguel Cuellar en LVBP con los Industriales del Valencia de la temporada 1961-62: 11 juegos, 7 aperturas, 4 juegos completos, 5 ganados, 5 perdidos, 63.1 innings lanzados, 68 imparables permitidos, 26 carreras limpias, 30 ponches, 22 boletos, 3.69 de efectividad.
viernes, 28 de agosto de 2015
Duelos de pitcheo épicos.
Geoff Young. 15-12-2010. The Hard Ball times.
9 de Julio de 1971: Angelinos de California (0) Rudy May (12 IP, 3 H, 0 R, 6BB, 13 SO, 103 GSc) , Atléticos de Oakland (1) Vida Blue (11 IP, 7 H, 0 R, 0 BB, 17 SO, 100 GSc), 20 innings.
May, de 26 años de edad, quien asistió a la escuela secundaria en Oakland, lanzó el juego de su vida frente a los aficionados de su ciudad de procedencia. Lo hizo contra un buen equipo. Los Atléticos ganarían 101 juegos antes de ser derrotados por los Orioles de Baltimore en la serie de campeonato de la Liga Americana (y luego ganaron las próximas tres Series Mundiales).
Los Atléticos tenían a los veteranos Sal Bando, Mike Epstein, Reggie Jackson y Rick Monday así como a un joven Gene Tenace. En otras palabras, May no estaba dominando a un grupo desconocido.
May había sido firmado originalmente como agente libre amateur por los Mellizos de Minnesota. Luego de hacer paradas de ligas menores en las organizaciones de los Medias Blancas y los Filis, llegó a los Angelinos en un cambio de diciembre de 1964 por el zurdo Bo Belinsky. Esta noche de viernes, May abusó repetidamente de la talentosa alineación de los Atléticos.
Permitió que se le embasaran dos corredores en el segundo inning pero abanicó a su rival, Blue, para terminar la amenaza. La próxima vez que Oakland mostró señales de vida llegó en el noveno inning, cuando Jackson abrió con boleto y robó segunda base. El pitcher Blue Moon Odom corrió por Jackson (el manager Dick Williams a menudo empleaba a Odom como corredor emergente; no está completamente claro porque Odom entró en este caso, aunque Jackson estuvo ausente de la alineación el día siguiente, quizás había sufrido alguna lesión).
Luego que Tommie Davis elevara al centro, May caminó intencionalmente a Bando para enfrentar al receptor Dave Duncan, quien se ponchó. Con el débil bateador, el campocorto Larry Brown en turno, Williams llamó a Tenace de la banca; May lo ponchó también, y eso fue todo. (Tony LaRussa, cuya larga asociación con Duncan apenas comenzaba, reemplazaría a Brown en el campo).
May finalmente dio paso a Eddie Fisher en el inning 13. Durante su estadía, May enfrentó 43 bateadores y solo permitió que dos corredores llegaran a posición anotadora (Bando en el segundo, Jackson en el noveno inning). Fue una actuación dominante que resultó infructuosa gracias a una salida similar de un zurdo aun mejor.
Sin embargo May tuvo al menos un corredor embasado en varios innings. En el primero recibió imparable al centro de Angel Mangual. En el segundo caminó a Sal Bando y Dick Green bateó infield-hit. En el tercero caminó a Mangual. En el cuarto volvió a caminar a Bando. En el quinto Mangual sencilleó a la izquierda. En el octavo caminó a Blue. En el noveno caminó a Jackson y Bando. En el undécimo Monday se embasó por error de Syd O’Brien.
Blue subió con los Atléticos en 1969 y 1970, pero 1971 fue su primer año completo en las Grandes Ligas…y ¡oh, que año! A la madura edad de 21 años, él lideró la Liga Americana en efectividad (1.82) y blanqueos (8), para llevarse a casa los premios Cy Young y jugador más valioso. (Tambien trabajo un tope personal de 312 innings, quizás para ayudar a explicar porque bajó a 151 la temporada siguiente)
¿Qué tan bueno fue Blue en la campaña de 1971? Bien, ningún pitcher de 21 años quien calificara para el título de efectividad nunca tuvo una mejor efectividad +
Player Year IP ERA+
Vida Blue 1971 312.0 185
Smoky Joe Wood 1911 275.2 162
Hal Newhouser 1942 183.2 162
Bob Feller 1940 320.1 161
Mark Fidrych 1976 250.1 159
Babe Ruth 1916 323.2 158
Ralph Branca 1947 280.0 156
Bret Saberhagen 1985 235.1 145
Eppa Rixey 1912 162.0 144
Britt Burns 1980 238.0 143
WAR (otra medida sabermétrica) cuenta una historia similar, con Blue (8.8) ubicado de segundo solo de Bob Feller (9.4) en esa categoría. El punto es, que Blue disfrutó de una de las campañas más exitosas para un pitcher de 21 años. Y contra los Angelinos, en su mejor temporada, Blue lanzó su mejor juego.
Se metió un poco más en problemas que May (porque May, como se recordará, no tuvo ninguno). Los Angelinos montaron una seria amenaza en el sexto. El cátcher Jerry Moses abrió con doble a la izquierda. Luego que May se ponchara, Sandy Alomar padre sencilleó a la izquierda, y Moses avanzó hasta tercera. Con corredores n los ángulos, Blue se enserió y ponchó a Ken Berry y al una vez peligroso Tony Conigliaro (adquirido el octubre previo) para escapar ileso.
En el octavo, Blue permitió un sencillo a May con un out. Alomar, quién había conectado dos imparables, sencilleó a la izquierda, sirviendo la mesa para Berry y Conigliaro. Pero Blue de nuevo los retiró, y eso marcó la última amenaza seria de los Angelinos contra él. Salió del juego en el inning 11. A partir del duodécimo relevó Rollie Fingers.
Blue concedió imparable a la izquierda de Jim Spencer en el segundo episodio. Además de las amenazas del sexto y el octavo, en el séptimo Spencer se embasó por infieldhit. En el undécimo Berry conectó sencillo al centro.
Los relevistas también estuvieron intraficables. Fisher trabajó cinco entradas en blanco por California, escapó a una amenaza de bases llenas en el décimocuarto. En la acera de enfrente el cerrador del Salón de la Fama Rollie Fingers desplegó siete entradas de blanqueo (salvó 17 juegos en 1971 pero aun abría ocasionalmente; además, esta fue solo su tercera aparición más larga como relevista en su carrera).
En el vigésimo inning, con el derecho de los Angelinos Mel Queen comenzando su tercer episodio de trabajo, Oakland finalmente consiguió la única carrera del juego. Queen golpeó a Curt Blefary para iniciar el episodio. Luego que Epstein salió con elevado a primera base, Dick Green bateó imparable a la izquierda y Blefary llegó a segunda base. Luego, Catfish Hunter, emergiendo por el relevista ( y ganador) Darold Knowles (quién a su vez había relevado a Bob Locker en el inning 19), se ponchó. Angel Mangual probó ser un matador de Angelinos, al largar una línea imparable hacia la derecha que trajo al plato a Blefary para decretar la victoria.
De acuerdo al New York Times, el juego, el cual había pasado el límite de tiempo de la 1 a.m., habría sido suspendido si Mangual no hubiese empujado la carrera ganadora. También reporta que los dos equipos se combinaros para 43 ponches, lo cual acabó con el registro previo de 36 fijado por los Mets de Nueva York y los Gigantes de San Francisco en 1964.
May terminó la campaña de 1971 con marca de 11-12 y efectividad de 3.02 (107 efectividad +). Él pasó partes de 16 temporadas en las Grandes Ligas, en las cuales agenció marca de 152-156 con efectividad de 3.46 (102 efectividad +). Las mejores actuaciones de May llegaron a mediados de su década de los treinta, con los Expos de Montreal (1979) y los Yanquis de Nueva York (1980, cuando lideró la Liga Americana en efectividad). May nunca fue llamado al equipo de estrellas, eso lo convirtió en el pitcher más ganador desde que apareció el Juego de Estrellas en ser excluido de las escogencias.
Para Blue, 1971 representó el pináculo de su carrera. Luego de ganar solo seis juegos la siguiente temporada, Blue se recuperó en 1973 y disfrutó algunas campañas sólidas con un equipo de Oakland muy poderoso (ganó 20 juegos en 1973 y 22 en 1975) antes de mudarse al otro lado de la bahía y mantenerse dando que hacer por algunos años más.
The New Bill James Historical Baseball Abstracts cataloga a Blue como el pitcher número 86 de la historia del beisbol, recalcando que ganó tantos juegos como Don Drysdale. En partes de 17 temporadas, Blue dejó marca de 209-161 con efectividad de 3.27 (108 efectividad +). Entre jugadores más recientes, la carrera de Blue tiene cierta similitud con la de Kenny Rogers, aunque Blue fue mucho más dominante en su pico.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 25 de agosto de 2015
Cincuenta años después que Juan Marichal de los Gigantes golpeó a John Roseboro de los Dodgers con un bate, todo está disculpado.
Bill Plaschke. Los Angeles Times. 22-08-2015.
Hace cincuenta años este fin de semana, Juan Marichal de los Gigantes de San Francisco descargó un batazo sobre la cabeza de John Roseboro de los Dodgers de Los Angeles en un tormentoso momento de la historia de los deportes.
Fue una pelea que definió para siempre la más enconada de las rivalidades, con una horripilancia que ofreció un miedo nuevo a la violencia deportiva.
Cincuenta años después, la memoria más duradera de la pelea más famosa del beisbol es que esta no define a los hombres que la protagonizaron.
Este lunes 24 de agosta es el decimotercer aniversario de un momento mucho más poderoso, uno ocurrido en el funeral de Roseboro, cuando, en un salón lleno de viejos Dodgers, un viejo Gigante de pronto caminó hacia el estrado.
Era Marichal, quién quería decir adiós, y agradecer.
“Que Johnny me haya disculpado fue una de las mejores cosas que me pasaron en la vida”, le dijo Marichal a la sorprendida concurrencia. “Deseo poder haber tenido a John Roseboro como mi cátcher”.
Ustedes seguramente habrán visto la foto, la imagen de Neil Leifer de Marichal agitando su bate sobre su cabeza mientras Roseboro cae al suelo.
Esa fue una portada de Sports Illustrated que pareció haber sido reimpresa por 50 años. Fue una foto que ilustró el programa del funeral de Roseboro.
Morgan Fouch, una de las hijas de Roseboro, dijo que esa no es la foto más icónica de su casa.
“Las fotos que tengo son unas de mi padre y Juan Marichal parados juntos sonriendo”, dijo ella.
La pelea fue incluida en la primera línea del obituario de Roseboro cuando el falleció en agosto de 2002, por encima de sus cuatro Juegos de Estrellas, tres campeonatos de Serie Mundial con los Dodgers, y su papel en dos no-hitters de Sandy Koufax.
Cuando su hijo Jaime habla de la dureza de su padre, eso no tiene que ver con la pelea real, sino con lo que ocurrió después.
“Cuando pienso en agallas, pienso en lo que hizo mi padre al hacerse amigo de Marichal”, dijo él. “Si hubiera sido yo, no se si lo hubiera disculpado. ¿Alguien básicamente viene a tu casa y te lanzaba un bate a la cabeza? Mi padre era un hombre más grande que yo”.
John Roseboro media alrededor de 1,70 metros, pesaba menos de 100 kg, pero era absolutamente grueso, la roca inamovible quién ayudó a formar la fundación de los Dodgers a través de sus tempranos años gloriosos en Los Angeles. Hablaba con tan poca frecuencia, que lo llamaban en broma “Gabby”. Pero su presencia era tan fuerte que Koufax lo consideraba quizás el cátcher más grande de los Dodgers de todos los tiempos.
“Para mí, John Roseboro fue el cátcher”, me dijo Koufax una vez. “Con él ahí, sentía que nunca estaba solo”.
No era sorpresa, entonces, que Roseboro estuviera en medio de la estufa ardiente que fue la serie final de fin de semana entre los Dodgers y los Gigantes el 22 de agosto de 1965, en Candlestick Park. Los equipos estaban en el calor de una carrera por el banderín, y ya había ocurrido un incidente entre Matty Alou de los Gigantes y Roseboro temprano en la serie que terminó con Marichal gritándole a Roseboro desde los escalones del dugout.
“Si no cierra su bocota, recibirá un bolazo detrás de su oreja”, Roseboro le gritó de vuelta a Marichal, de acuerdo al libro de John Rosengren, “The Fight of Their Lives: How Juan Marichal and John Roseboro Turned Baseball’s Ugliest Brawl into a Story of Forgiveness and Redemption”.
La tarde dominical, luego que Marichal y Koufax habían intercambiado pitcheos a la espalda ante Maury Wills y Willie Mays respectivamente, Marichal fue más allá al recostarle la pelota a Ron Fairly, en ese punto Roseboro le dijo a Koufax que él se encargaría de eso.
Cuando Marichal fue a batear, Roseboro lanzó la pelota a Koufax por detrás de la cabeza de Marichal, casi rozándole la oreja. Marichal le reclamó al cátcher, entonces Roseboro maldijo al pitcher y caminó hacia él, en ese momento Marichal levantó el bate sobre su cabeza y golpeó la cabeza descubierta de Roseboro, la madera aterrizó sobre su ojo izquierdo, le causó una cortadura de dos pulgadas y un hematoma.
“Tenía el infierno encima, sangre por todas partes”, me dijo Roseboro en 1990.
El zafarrancho duró 14 minutos, la visión de Marichal golpeando a Roseboro con el bate vivirá por siempre. Cada vez que cualquier jugador de ligas menores de los Dodgers o Gigantes pregunta porque sus equipos no se gustan mutuamente, los jugadores antíguos traen ese momento.
Marichal fue suspendido por ocho días, restringido de unirse a los Gigantes en Dodgers Stadium para dos juegos de fin de temporada, y multado con 1.750 $. Roseboro, quien necesitó 14 puntos de sutura y sufrió dolores de cabeza el resto de la temporada, demandó a Marichal, ante un tribunal por 7.500 $, y eso fue el fin de eso. O así pensaron todos.
“La percepción muestra a Marichal como el villano y a Roseboro como la víctima, y Roseboro estuvo de acuerdo con eso, pero entonces se sintió culpable por eso”, dijo Rosengren en una entrevista.
Diez años después de la pelea, los dos hombres estrecharon manos por primera vez desde entonces, cuando se encontraron en un juego de jugadores antíguos de los Dodgers. Para ese momento, Marichal se había unido a los Dodgers brevemente, como agente libre al final de su carrera. Su encuentro fue cordial, ellos participaron en una entrevista televisiva durante la cual Marichal se excusó por el incidente y Roseboro respondió con, “No se puede vivir con resentimiento”.
Pero aún persistía cierta tensión cuando, 17 años después de la pelea, Marichal telefoneó a Roseboro para pedirle un favor.
De acuerdo a Barbara, la esposa de Roseboro quién falleciera en 2012, así fue como se desarrolló la conversación.
“John, todavía estás molesto”
“No”.
“John, necesito tu ayuda”.
Marichal empezaba un tercer intento seguido por ingresar al Salón de la Fama luego de no recibir los votos suficientes en sus dos primeras oportunidades de elegibilidad. Estaba seguro de que su pelea con Roseboro era la razón de su exclusión.
Marichal necesitaba la ayuda de un hombre a quién una vez pudo haber matado, para que lo ayudara a ser inmortal. Había ido al lugar correcto.
“Mi padre era la persona a quién más fácil se le daba disculpar que conocí, y esta situación fue de verdad como cualquier otra”, dijo Fouch. “Si yo alguna vez hacía algo equivocado, le decía, ‘Papi, lo siento mucho’, y el respondía, ‘Está bien, vamos a comer helado’”.
En pocas semanas, Roseboro había volado con su familia hasta República Dominicana para aparecer en el torneo de golf de Marichal y anunciar al mundo que todo estaba disculpado. En pocos meses, el teléfono de Marichal sonaba de nuevo, era Marichal otra vez. Había sido elegido al Salón de la Fama. Pronto ambos hombres lloraban.
Muchas gracias, muchas gracias, muchas gracias”, dijo Marichal.
Roseboro sintió esa gratitud el resto de su vida. Cuando el cátcher estaba en su lecho de enfermo por complicaciones cardíacas a los 69 años en el verano de 2002, Marichal me telefoneó desde República Dominicana con voz desesperada.
“Por favor, dile a John que resista”, dijo Marichal. “Por favor dile que estoy rezando por él”.
La voz de Marichal se quebró cuando agregó, “Maravilloso, es un hombre maravilloso. Desde hace mucho tiempo lo disculpé y de verdad espero que él me haya disculpado”.
Cuando Roseboro falleció el 16 de agosto de 2002, Marichal siguió rindiéndole honores al volar a Los Angeles para servir como orador honorario y pronunciar una de las eulogías en su funeral.
En ese momento, el poder de la disculpa fue más fuerte que el de un bate de beisbol agitado con rabia. Uno de los capítulos más horribles de esta a veces sin sentido rivalidad Dodgers-Gigantes finalmente había terminado, y por una vez, había triunfado el espíritu humano.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 24 de agosto de 2015
La fiebre del beisbol crece en Montreal con la esperanza de un equipo nuevo.
David Waldstein. 18-08-2015. The New York Times.
Montreal__ A lo largo de la pared del fondo de una tienda nueva de revistas y souvenir en el Trudeau International Airport de Montreal, has y despliegue de productos de equipos deportivos: camisetas, gorras, pocillos de café y cosas por el estilo.
Los logos de los artículos eran de solo dos equipos, los Canadiens, la franquicia icónica de Montreal en la liga de hockey sobre hielo (NHL), y los Expos, un equipo de beisbol que no ha existido por más de una década.
Pero durante los pasados tres años, y en particular los meses pasados, una serie de eventos ha llevado a las personas de Montreal a considerar la idea de que el beisbol podría regresar. Es una esperanza tan fuerte que de nuevo es posible comprar mercancía de los Expos en las tiendas del aeropuerto, y soñar con un día cuando un equipo de Grandes Ligas llame de nuevo a Montreal su hogar.
“No pienso que sea un asunto de condicionalidad”, dijo Warren Cromartie, un antiguo jardinero de los Expos quien ha tomado en papel de liderazgo en los esfuerzos por traer un equipo de vuelta a Montreal. “Es un asunto de cuando”.
Esta es una expresion común entre los entusiastas del beisbol en Montreal quienes sienten, que en este momento, están más cerca de traer de vuelta a un equipo que en cualquier momento desde que los expos salieron de Montreal en 2004 para convertirse en los Nacionales de Washington.
Una vez considerada una ciudad difícil para el beisbol, Montreal disfruta de un renacimiento como la mejor opción en una lista de potenciales localidades que incluye a San Antonio; Charlotte, N.C.; y Las vegas.
Y la conversación aquí ha avanzado hasta la próxima etapa: sea que los Rayas de Tampa Bay se muden a Montreal, o que la ciudad consiguiera un equipo cuando el beisbol se expanda de nuevo. Ambas opciones están rodeadas de obstáculos, pero el optimismo sigue ahí.
“Las cosas han cambiado poco aquí desde que los Expos se fueron”, dijo Andrew Farrar, un antiguo aficionado de los Expos de 37 años y artista de hip-hop quien responde al nombre de Annakin Slayd. “Diría que justo ahora, es considerado como un hecho que un equipo vendrá de vuelta”.
Farrar y sus amigos aficionados de los Expos han tenido sus corazones rotos antes, y podrían estar exponiéndose a más dolor. Major League Baseball ama la idea de que varias ciudades, aún las que han tenido un equipo antes, quieran invertir en el deporte. Pero Montreal ya perdió un equipo en medio del derrumbe de la asistencia. El beisbol necesita ser persuadido de que a esta ciudad puede confiársele otro equipo.
Con una población de más de cuatro millones de habitantes en la zona metropolitana, Montreal es la ciudad más grande de Norteamérica sin un equipo de beisbol, y ahora tiene dos canales televisivos en idioma francés necesitados de contenido, en contraste a los días cuando los Expos se fueron.
Los aficionados de aquí ven a Rob Manfred, el nuevo comisionado de beisbol, como más abierto a la idea de beisbol en Montreal más que su predecesor, Bud Selig. En una reciente entrevista telefónica, Manfred dio su bendición a Montreal como un potencial sitio futuro, con énfasis en la palabra potencial.
“O tenemos que estar en un modo donde nos estamos expandiendo o alguien está buscando reubicación”, dijo Manfred. “Asumiendo que estamos en uno de esos modos, veo a Montreal como una posibilidad viable”.
Esa clase de palabras hicieron a los una vez desesperanzados aficionados al beisbol de Montreal como Farrar entrar en histeria con anticipación. Farrar es el hijo de un antiguo dueño de abono por toda la temporada de los Expos y espera que un día pueda comprar sus propios boletos y usarlos en un reluciente estadio nuevo en el centro.
En 2010, cuando Andre Dawson fue inducido al Salón de la fama como Expo, Farrar hizo un tributo con un video musical que se convirtió en la plataforma de lanzamiento de una campaña para traer al beisbol de vuelta a Montreal, con lo impensable que era para el momento.
“Cuando lo mostré por primera vez, la gente se reía en mi cara”, dijo Farrar. “Ahora todos aquí piensan que definitivamente va a ocurrir”.
Él señaló la muerte de la antígua estrella de los Expos, Gary Carter en 2012 como un momento galvanizador porque trajo el foco de vuelta a los Expos. Hoy,en la tiendas de artículos deportivos de St. Catherine Street, es más fácil encontrar la camiseta número 27 de Vladimir Guerrero de los Expos que una camisa del quarterback de los Alouettes de Montreal.
Una recorrido de apoyo
Se puede discutir que el renacer del logo rojo, blanco y azul de los Expos, el cual a menudo es mostrado en las calles, es tanto una moda como una expresión de respaldar la causa. Pero la causa ha conseguido apoyo.
En 2011, Farrar y Matthew Ross empezaron Expos Nation, encargándose de una página de Facebook de los expos casi adormecida que ahora tiene más de 164000 likes. Por supuesto, los likes de Facebook no necesariamente se van a traducir en boletos de temporada, ni garantizan que los grandes inversionistas firmarán para financiar un nuevo estadio y persuadir al beisbol de regresar.
Aquí es donde llega Warren Cromartie. En 2012, él fundó el Montreal Baseball Project, una organización dedicada a traer de vuelta al beisbol a la ciudad donde el jugó desde 1974 hasta 1983. El grupo ya tiene un impresionante despliegue de patrocinantes, y eso ayudó a producir un estudio de 400.000 $ que concluyó que un equipo podría triunfar en Montreal.
El reporte incluyó un puñado de sitios para un posible estadio, el más atractivo de los cuales podría ser una localidad cercana a un cuerpo de agua de la ciudad.
Ese reporte fue uno de los desarrollos que agregó más optimismo en Montreal acerca del beisbol. Otro fue la asistencia sorprendente en juegos de exhibición recientes en Olympic Stadium, la antígua casa de los Expos. En 2014, los Mets y los Azulejos de Toronto jugaron una serie ahí que atrajo 96.000 en dos días. Este año, los Azulejos jugaron ante los rojos de Cincinnati otro par de juegos de exhibición, con asistencia de más de 96.000.
El alcalde de Montreal, Denis Coderre , lanzó la primera pelota en uno de los juegos de 2014 vestido con gorra y chaqueta de los Expos. Él es un abogado celoso de la causa, y el 28 de mayo, fue a Nueva York y se reunió con Manfred para oficializar el profundo interés de la ciudad por tener un equipo de vuelta. A él, le dijeron los requisitos para hacer que eso ocurriera.
Coderre también hizo una petición para tener juegos de la temporada regular de beisbol en Montreal durante los próximos años, lo cual Manfred dijo que consideraría.
Destino Reubicación.
Mientras la expansión no sea aprobada, ella no es una priorida real para el beisbol. La solución más simple, en la que la mayoría de las personas coincide, sería que los Rayas con sus asistencias bajas, quienes juegan en un estadio cerrado sin atractivo, se mudaran al norte. Tampa Bay ha tenido la peor asistencia del beisbol cada año desde 2012, de acuerdo a ESPN, y esta temporada está de nuevo en el fondo de la lista, promediando 15.903 boletos vendidos por juego.
Los Rayas juegan en el este de la Liga Americana, así que si se mudaran a Montreal, cerca de equipos como los Yanquis, los Medias Rojas de Boston y los Azulejos generarían rivalidades naturales y probablemente aumentarían la asistencia en los alrededor de 28 juegos que esos equipos efectuarían en Montreal cada temporada.
“La rivalidad entre Montreal yToronto en la misma división sería increíble”, dijo Russell Martin, un cátcher de los Azulejos. Él creció en Montreal y una vez tuvo un afiche de la propuesta de un estadio en el centro pegado en su pared. “Estoy ansioso porque eso ocurra. Pienso que definitivamente ocurrirá”.
Aunque, no hay que ir tan rápido. Los Rayas están comprometidos en un acuerdo de uso del Tropicana Field que los ata a St. Petersburg, Fla., hasta 2027. Por el momento, St. Petersburg no le permitirá a los Rayas ir a otros lugares de Tampa en busca de un sitio posible para jugar, ni pensar en mudarse a otro país. Los Atléticos de Oakland también han sido mencionados como posible candidato para Montreal, pero eso también sería complicado.
Luego está la pregunta de construir un estadio nuevo en Montreal. El beisbol no comtemplará la idea de remodelar Olympic Stadium, que es cerrado, como solución a largo plazo. Por lo que debe haber movimiento de terreno, y cientos de millones invertidos en una estructura nueva.
“Dada su historia”, dijo Manfred de los Expos, “ellos tienen que tener un plan muy concreto acerca de su estadio”.
Esa historia es una de corazones agitados. Nacieron en 1969, y jugaron en el pequeño y abierto Jarry Park hasta 1977, los Expos tuvieron una marca de asistencia mezclada. Desde 1981 hasta 1983, tuvieron la tercera asistencia más alta de la Liga Nacional, llegando a los 2.3 millones en 1982 y 1983. En 1994, cuando los Expos tuvieron el mejor del beisbol en una temporada finalizada por una huelga de peloteros, estaban promediando 24.543 aficionados por juego, más que los Mets.
Perto con la huelga empezó la muerte lenta del beisbol en Montreal. El grupo dueño para el momento, liderado por el gerente general socio Claude Brochu, empezó a vender sistemáticamente los mejores jugadores del equipo, y la asistencia empezó a erosionar.
Mark Routtenberg, un hombre de negocios de Montreal y dueño minoritario desde 1990, fue una voz disidente durante la caída. Ël dijo que el problema eran los dueños, no los fanáticos. Él planteó, infructuosamente, que el equipo debería pedir dinero prestado para pagarle a los buenos peloteros, antes que enviarlos a otra parte, y en retribución, los aficionados irían a los juegos. Fue ignorado.
“Me sentaba en las reunions, y ellos hablaban de como teníamos más victorias por dólar gastado en la nómino”, dijo él. “Yo me decía, ‘¿Qué es eso?’ ¿No es la meta ganar la Serie Mundial?’”.
Jeffrey Loria compró la mayoría de las acciones de los Expos en 1999, y algunos pensaron que era un salvador. Pero en tres años, vendió el equipo a MLB y compró a los Marlins de Florida.
Routtenberg y otros dueños minoritarios de los Expos se convirtieron técnicamente en dueños parciales de los Marlins, así cuando el equipo ganó la Serie Mundial de 2003, Loria les envió anillos de campeonato. Pero Routtenberg está mucho más orgulloso de su colección de memorabilia de los Expos, que incluye camisetas, pelotas y bates firmados por peloteros como Pedro Martínez, Rondell White y Carter.
“Tengo el anillo, pero nunca lo usaré”, dijo él de su joya de los Marlins. ¿Cómo podría? Yo ligué contra los Marlins en cada ronda de los playoffs.”.
En 2005, el beisbol mudó a los Expos a Washington, una ciudad que por dos veces a tenido equipos nuevos que se han mudado allí luego que otro equipo se había ido.
Routtenberg le da a Montreal un 80 porciento de oportunidad para ser la próxima ciudad en recibir una segunda oportunidad. Cromartie , un residente de Florida, tuvo un estimado similar en optimismo, y una promesa para tenerla en cuenta.
“Me estoy preparando para mudarme a Montreal de manera permanente cuando tengamos de nuevo un equipo”, dijo él. “Y me preparo para hacer el primer lanzamiento”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 20 de agosto de 2015
Cooperstown Confidencial: Recordando a Wes Covington
07-07-2011. Bruce Markusen.
Nunca vi jugar a Wes Covington; cuando él participó en su juego final en 1966, yo solo tenía un año de edad. Aún estaba por familiarizarme con la televisión.
Aún así, el beisbol tiene una historia tan rica y detallada, y el internet es una herramienta tan maravillosa, que soy capaz de desarrollar una apreciación de él como pelotero.
Basado en lo que he leído y oído, Covington fue el Oscar Gamble de los años ’60, un jardinero defensivo secundario quien se ganaba la vida como bateador de ocasión, particularmente ante lanzadores derechos. Ciertamente recuerdo a Oscar Gamble, por eso tengo una mejor impresión mental de Wes Covington.
Covington, quién falleció víctima del cáncer el 4 de julio a la edad de 79 años, fue un buen jugador quien se convirtió en parte esencial de los Bravos de Milwaukee. Sin Covington, los Bravos probablemente no hubiesen ganado su único campeonato de los años en Milwaukee.
En una occasion, los Bravos consideraron a Covington un major prospecto de poder que Hank Aaron, una creencia de la que Aaron escribió en su biografía, I Had a Hammer (Yo tenía un martillo). En las ligas menores, Covington tenía un físico más fuerte que Aaron, quién aun era flaco y sin musculatura.
Como Aaron, Covington tuvo que lidiar con el sinsentido racial de la segregación y el tratamiento de segunda clase que afectaba a muchos jugadores negros de la época, particularmente en las ciudades sureñas de las ligas menores.
También estaba el llamado del servicio militar. Un período de un año en el ejército de Estados Unidos durante la guerra coreana retrasó su desarrollo en las ligas menores mientras lo dejaba con una herida en la pierna que afectó su velocidad.
Covington entró por primera vez en la conciencia nacional en 1957 cuando los Bravos lo llamaron junto al jardinero Bob “Hurricane” Hazle desde AAA a mitad de temporada. Ambos neófitos tuvieron un impacto inmediato; Hazle bateó un combinado .403 en julio y agosto, mientras Covington conseguía un papel como jardinero izquierdo alterno de los Bravos.
Covington en verdad había debutado con los Bravos el verano anterior, pero una actuación más o menos lo había enviado de vuelta al Wichita AAA para empezar la temporada del ’57. Los Bravos lo llamaron hacia finales de abril, pero realmente no empezó a ver tiempo de juego significativo hasta mayo. Aparecería en 96 juegos, descargando 21 jonrones y agenciando un porcentaje de slugging de .537
El bateo a la zurda de Covington le dio a los Bravos un tercer bateador de poder legítimo para acompañar a la combinación letal zurdo-derecho de Eddie Mathews y Hank Aaron, lo cual terminó de impulsarlos hacia el banderín de la Liga Nacional.
La Serie Mundial de aquel otoño convertiría a Covington en un nombre propio de la casa. En el segundo juego contra los Yanquis, empujó lo que terminó siendo la carrera ganadora. Aunque nunca fue reconocido como fildeador, en realidad no le gustaba jugar al campo, Covington hizo dos jugadas críticas que contribuyeron a un par de victorias en la Serie. En ese segundo juego, Covington hizo una tremenda atrapada con el guante de revés ante una línea bateada por el pitcher de los Yanquis Bobby Shantz, le robó al menos un doble, posiblemente un triple.
La jugada ayudó a preservar una victoria 4-2 para los Bravos y Lew Burdette. Luego en el quinto juego, Covington corrió hacia atrás ante una batazo profundo de Gil McDougald, se estrelló contra la cerca del jardín izquierdo, pero mantuvo la pelota en su guante para robarle a los Yanquis un potencial jonrón. Esa gema defensiva resultó clave; los Bravos ganaron el juego 1-0, de nuevo con Burdette en el montículo, en ruta a ganar su primer y único campeonato mundial en Milwaukee.
Para muchos peloteros, superar esa actuación podría haber sido difícil, no para Covington. En 1958, él tuvo la que sería la mejor temporada de su carrera. Aunque limiktado a 90 juegos debido su continuo estado como jugador alternativo, Covington bateó para .330, se embasó 38 % del tiempo, bateó un tope personal de 24 jonrones y logró el mejor OPS de su carrera: 1.003.
Con Covington jugando un papel enorme, los Bravos repitieron como campeones de la Liga Nacional y luego se fajaron con los Yanquis por siete juegos para perder una Serie Mundial muy competitiva.
La temporada de 1958 estableció a Covington como uno de los mejores jugadores alternativos del juego. Él nunca acumularía más de 378 turnos al bate en una temporada, principalmente debido a sus actuaciones como jugador alternativo. De acción limitada ante los lanzadores zurdos, Covington alcanzaba el extremo opuesto contra los derechos. Muy parecido a la manera como un pelotero como Gamble actuaría en los años ’70 y ’80, Covington destrozaba absolutamente a los pitchers derechos.
En 1957, tuvo un promedio de slugging de .578 ante derechos. En 1958, aterrorizó a los derechos a un pasó de .715 de slugging y un OPS de 1.127. Hasta algunos de los mejores derechos del juego podían fallar en detener el despliegue mágico de Covington. Uno fue el inquilino del Salón de la Fama Don Drysdale, a quién Covington castigó a lo largo de su carrera, bateándole .354 con seis jonrones vitalicios.
Covington no solo abusaba de los derechos, también los fastidiaba todo el tiempo. Sus técnicas dilatorias en el plato se hicieron legendarias. Buscando alterar el ritmo de los pitchers rivales, Covington a menudo se salía de la caja de bateo, se ajustaba la gorra, y algunas veces remarcaba la línea de la caja de bateo.
Tales tácticas de retraso lo hicieron impopular con los pitchers de la Liga Nacional, y algunos periodistas, quienes se quejaban de sus esfuerzos por dejar pasar el tiempo, pero eso se convirtió en una herramienta efectiva para desajustar a algunos de los lanzadores más temperamentales que enfrentó.
Covington no igualó nunca más su temporada pico de 1958. Permaneció como un efectivo, si no intimidante, pelotero alternativo por los próximos dos años, pero un mal comienzo en la temporada de 1961 determinó el fin de sus días en Milwaukee. Los Bravos trataron de esconderlo en waivers, pero los Medias Blancas reclamaron al veterano jardinero.
Él tendría un promedio de slugging de .508 en un mes con los Medias Blancas, pero eso solo sirvió para aumentar su valor en el mercado. El 10 de junio, los Medias Blancas lo enviaron junto a Bob Shaw y otros dos jugadores, a los Atléticos de Kansas City por un paquete encabezado por Don Larsen y Andy Carey.
Ahora un viajero, Covington duró menos de un mes en Kansas City. El 2 de julio, los Atléticos lo cambiaron a los Filis por el jardinero utilitario Bobby Del Greco. Al unirse a los Filis, Covington se convirtió en uno de un puñado de hombres en jugar para cuatro equipos diferentes en una temporada. Dave Kingman y Dave Martinez igualarían después a Covington como utilitarios de una temporada.
Afortunadamente, Covington encontró alguna estabilidad en Filadelfia. Retomó su antíguo papel de toletero zurdo contra pitchers derechos. En 1963, bateó .320 como emergente para Gene Mauch. Por tres temporadas seguidas, alcanzó doble figura en jonrones y logró marcas de OPS de por lo menos .800. Le tomó un gusto particular a la pared del jardín derecho, la cual tenía una pizarra metálica gigantesca, en Connie Mack Stadium. Durante la práctica de bateo, Covington entretenía a los espectadores bateando pelotas una y otra vez, hacia esa barrera.
Desafortunadamente, la temporada final de Covington en Filadelfia coincidió con la infame caída libre de los Filis hacia finales de septiembre, cuando permitieron que se evaporara una venta de seis juegos y medio durante un colapso horrendo de 12 juegos. Luego de ese disgusto, Covington terminó su carrera con dos deslucidas temporadas compartidas entre los Cachorros y los Dodgers, aunque estuvo con los Dodgers en la Serie Mundial de 1966.
Aunque nunca tuve el placer de verlo jugar , recuerdo a Covington hacer algunas apariciones memorables en las barajitas de beisbol de Topps. Su barajita Topps de 1961 lo muestra mirando a los fotógrafos mientras escoge un bate del estante en el dugout de los Bravos. En 1962, Topps lo retrató sosteniendo dos bates mientras expresa una gran sonrisa en el dugout de los Filis.
Pero es una de sus barajitas de 1966 que sobresale como una favorita personal. En una de las famosas barajitas de varios peloteros, vemos a Covington parado junto a su compañero de equipo Johnny Callison, sus bates entrecruzados. Una vez oi que los bates entrecruzados significaban mala suerte, pero esa pose no pareció molestar a los dos jardineros de las esquinas de los Filis, ambos parecen felices y relajados.
La barajita hace a Covington lucir como alguien de buena naturaleza, un rasgo de personalidad confirmado por muchos de sus antiguos compañeros. En días recientes, algunos de sus ex compañeros de los Bravos han elogiado a Covington por su gentileza y voluntad de participar en la diversión general del clubhouse.
Pero Covington se hizo reclusivo cuando dejó de jugar. Se mudó hacia el oeste de Canadá, donde administró una tienda de artículos deportivos, trabajó en publicidad de periódicos, fue embajador especial de los Trappers de Edmonton en la Pacific Coast League, y luego se retiró. Rara vez participaba en entrevistas o eventos de barajitas, y no regresó a Milwaukee hasta 2003, su primera aparición ahí en 40 años, cuando fue invitado a la ciudad por la Braves Historical Association.
No era que Covington se sintiera amargado hacia Milwaukee, o el beisbol. Solo no quería convertirse, en sus palabras, “en un vago del beisbol viviendo en el pasado”. Un hombre de corazón humilde, a Covington no le gustaba hablar de él, así que nos corresponde a los periodistas y aficionados hablar de él ahora. Wes Covington, especialmente para los aficionados ligados a la historia de los Bravos de Milwaukee, fue un jugador importante, un jugador que merece ser recordado.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 17 de agosto de 2015
Para Cachorros, una mirada a la maldición de la cabra de Billy.
Fred Bowen. KidsPost’s. Jueves, 17 de julio de 2008.
La gran pregunta al reanudarse las Grandes Ligas luego del Juego de Estrellas es: ¿Pueden los Cachorros de Chicago ganar la Serie Mundial por primera vez en 100 años? Los Cachorros ganarán si pueden romper la “Maldición de la cabra de Billy”. ¿Qué es eso? Démosle un vistazo a cierta historia de beisbol de Chicago.
En los muy tempranos días del beisbol profesional, los Cachorros eran una dinastía. El equipo estaba liderado por estrellas del Salón de la Fama como el primera base Frank Chance y el pitcher Mordecai “Three-Finger” Brown (los muchachos lo llamaban a sí porque había perdido parte de su dedo índice en un accidente agrícola). Los Cachorros ganaron 116 juegos en 1906 (un record de Grandes Ligas que comparten con los Marineros de Seattle), y ganaron la Serie Mundial en 1907 y 1908.
Los Cachorros ganaron el banderín de la Liga Nacional y aparecieron en siete Series Mundiales más pero nunca ganaron de nuevo el gran premio. La última vez que los Cachorros jugaron en la Serie Mundial fue en 1945, el año de la maldición.
La historia es que había un hombre, William Sianis, quién tenía una taberna en Chicago. Sianis era conocido como “Billy Goat” porque el tenía una cabra llamada Murphy en su taberna. Sianis llamó a su bar y restaurant Billy Goat Tavern.
El 6 de octubre de 1945, con los Cachorros adelante en la Serie Mundial dos juegos a uno, Sianis compró dos boletos para el cuarto juego de la Serie Mundial. Sianis llegó al estadio con Murphy. Los dueños de los Cachorros no dejaron entrar a Murphy al juego, alegaron que los animales no estaban permitidos en el estadio, además, la cabra olía mal. Sianis estaba molesto y supuestamente se paró fuera del estadio y gritó, “¡Los Cachorros no ganarán más!”
Yo no creo en maldiciones, pero los Cachorros perdieron la serie en 1945, y aunque han llegado cerca unas pocas veces, nunca han regresado a la Serie Mundial.
¿Pueden los Cachorros romper la maldición? Despues de todo, los Medias Rojas rompieron “la maldición del bambino”, la supuesta seguidilla de mala suerte que Boston tuvo debido al cambio de Babe Ruth hacia los Yanquis de Nueva York, cuando los patirrojos ganaron la Serie Mundial en 2004 y 2007.
Hasta el momento esta temporada los Cachorros han estado muy bien, tienen el mejor record de la Liga Nacional. Los Cachorros tienen una alineación sólida incluyendo estrellas como Geovany Soto como cátcher, Aramis Ramírez en tercera base, y Kosuke Fukudome en los jardines. Pero lo más importante, los Cachorros tienen cinco buenos pitchers abridores. Así que los Cachorros deben resistir a los Cardenales de San Luis y a los Cerveceros de Milwaukee y ganar la dura División Central de la Liga Nacional para llegar a los playoffs.
Pero para ganar la Serie Mundial, hasta un buen equipo necesita un poco de suerte. Y la suerte es algo que los Cachorros de Chicago no han tenido por mucho, mucho tiempo.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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