viernes, 18 de septiembre de 2015
Esquina de las Barajitas: 1973 Topps: Brooks Robinson.
Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 19-04-2013.
De todas las barajitas que Topps produjo de Brooks Robinson durante su larga carrera, esta es la única que lo muestra asumiendo una posición defensiva en un juego formal. Ah, su barajita de 1976 lo muestra sosteniendo un guante y una pelota, pero es con claridad una pose para la fotografía, y no una tomada de la acción del juego. Todas sus otras barajitas son tomas de poses, muchas de ellas lo muestran sosteniendo un bate, mientras solo un par lo muestra en el plato en un juego.
Pero la barajita de Topps de 1973 es la mejor, ya que esta lo muestra, siempre alerta en el campo, a punto de tomar su estilo defensivo. Está afincado en la punta de los pies, sus brazos están listos. Se prepara para hacer lo que nadie podía hacer mejor, y eso es jugar la posición como si esta hubiera sido diseñada para encajar en sus destrezas atléticas.
Brooks Robinson se ha convertido en sinónimo de élite de fildeo en tercera base. Aunque esto casi no ocurrió. Cuando los Orioles lo firmaron a mediados de los años ’50, él jugaba segunda base en una liga eclesiástica. Paul Richards, el gerente general de los Orioles, recibió reportes contradictorios de los talentos de Robinson. “Recuerdo haber enviado a un par de scouts a mirarlo en la escuela secundaria”, le dijo Richards a Baltimore Sun. “Uno de ellos dijo que no podía correr, lanzar o batear, y no podía jugar. El otro scout dijo que él podía jugar. Decidimos seguir al scout quien dijo que Robinson podía jugar, afortunadamente”.
La falta de velocidad de piernas de Robinson se mantuvo como una preocupación, pero Richards sentía que su lentitud de pies no afectaría sus otras habilidades. La intención original de Baltimore era que jugara segunda base, pero los Orioles pronto notaron el error de ese plan. Lo movieron de la intermedia, donde carecía del rango requerido, y lo convirtieron en tercera base, donde su rapidez y su fuerza en el brazo parecían encajar mejor.
Al final de su primera temporada de ligas menores en el York Clase-B, los Orioles promovieron a Robinson a Baltimore, pero claramente el no estaba listo. Se ganó dos tazas de café más en 1956 y ’57, pero tuvo dificultades cada vez.
En 1958, los Orioles ignoraron sus tropiezos en Grandes Ligas y lo hicieron su tercera base regular. Esperaban que fuera el reemplazo a tiempo completo de George Kell, el futuro inquilino del Salón de la Fama quien se había retirado en 1957. Dada la gran oportunidad, Brooks bateó solo .238 y casi no mostró poder, largando apenas tres jonrones. Aunque solo tenía 21 años de edad, Robinson había llegado a la primera encrucijada de su carrera.
Los Orioles asignaron a Robinson al Vancouver AAA en 1959; él procedió a destrozar la Pacific Coast League, bateó .331 en 42 juegos. Su actuación en Canadá le ganó una promoción a mitad de temporada a Baltimore. Al jugar la mayor parte del tiempo en tercera base, Robinson bateó un respetable .288, pero sin poder ni paciencia.
En 1960 finalmente ocurrió su explosión. Al empezar la temporada en tercera base, Robinson procedió a batear .294 con 14 jonrones, mejoró su OPS a .769. Más impresionante aún, jugó como un acróbata en tercera base, atrapando todo lo que iba en su rango. Por sus esfuerzos, ganó el guante de oro, fue seleccionado al equipo Todos Estrellas, y logró un impresionante tercer lugar en la carrera por el jugador más valioso de la Liga Americana. A la edad de 23 años, luego de muchos ajustes y comienzos, Brooks Calvert Robinson, Jr., había llegado.
También resultó ser el muchacho All-American, un jugador que trabaja duro quien era amable con los reporteros, amigable con sus compañeros, y considerado con sus aficionados. Aquellos que buscaban por arranques de carácter con Mr. Robinson de seguro se desilusionarían.
Aunque Robinson jugó todos los 163 desafíos de los Orioles en 1961 y continuó defendiendo su posición como ningún tercera base en la historia de la franquicia, su poder disminuyó considerablemente. Bateó solo siete jonrones, convirtiéndose en una deuda ofensiva. Pero la súbita ausencia de poder no lo privó de asistir al Juego de Estrellas o de ganar alguna consideración para el jugador más valioso de la liga.
Al jugar otra vez todos los juegos de los Orioles, Robinson tuvo su mejor temporada hasta la fecha en 1962. Alcanzó topes en su carrera con 28 jonrones y .486 de porcentaje de slugging, también ganó su tercer guante de oro seguido. Luego de un bajón en 1963, Robinson rempujó sus talentos ofensivos al nivel óptimo en 1964. Bateó .317, 28 jonrones, y empujó 128 carreras, para liderar la Liga Americana en esa última categoría. Robinson levantó su poder de bateo al mismo nivel de su defensa, la cual había alcanzado estado de élite. Impresionados con su juego general, los periodistas lo eligieron jugador mas valioso de la liga.
Robinson ahora era una estrella completa. Aunque nunca alcanzaría su topes ofensivos de 1964, siguió siendo un jugador ofensivo efectivo el resto de la década. Rara vez fue el mejor bateador de los Orioles, pero calificaba como colaborador ofensivo, un hombre quién podía batear más de 20 jonrones, negociar el boleto ocasional, y poner la bola en juego consistentemente.
Para mediados de los años ’60, Robinson también mostraba una pose distintiva en el campo. A principios de su carrera, sufrió un pelotazo cuando falló al seguir la trayectoria de una recta errante en su camino hacia el plato. Robinson sintió que la visera de su casco bloqueó su visión de la pelota. Así que hizo un cambio en su implemento. Tomó su casco y recortó el extremo exterior de la visera. El ajuste no solo su línea de visión, sino que también lo dejó con un distintivo e inusual casco de visera corta, el cual se convirtió en la marca de fábrica de cada una de sus subsecuentes turnos al bate.
En 1966, Robinson recibió atención nacional cuando fue llamado al equipo de estrellas. Coleccionó tres imparables en el Clásico de mediados de verano, y ganó el premio al jugador más valioso de ese juego. Más significativo fue que bateó bien durante la temporada regular, alcanzó el nivel de las 100 carreras impulsadas por segunda ocasión en su carrera. Su actuación coincidió con la llegada de otro Robinson, un cierto jardinero llamado Frank. Rechazado por los Rojos de Cincinnati por ser “un viejo de 30 años”, Frank Robinson bateó de tercero para los Orioles, lo que proporcionó más oportunidades de empujar carrera a Brooks.
Luego de lograr el banderín de la Liga Americana por un margen de nueve juegos, los Orioles de 1966 enfrentaron a los Dodgers en la Serie Mundial. Liderados por una mitad de alineación donde destacaban los dos Robinson y el bateador zurdo Boog Powell, los Orioles barrieron a los Dodgers. Brooks no bateó para promedio durante la Serie, pero despachó un jonrón ante Don Drysdale en el primer juego, para ayudar a la victoria de los Orioles 5-2. Su presencia en tercera base también mantuvo a raya a los Dodgers acerca de emplear su estrategia de toques durante la Serie. Los Orioles capturaron el primer título mundial para la franquicia desde que se mudaron desde San Luis en 1954.
Ahora que Robinson había aparecido en la escena nacional, en el Juego de Estrellas y en la Serie Mundial, su reputación por defensiva notable había crecido. Algunos observadores lo compararon con grandes fildeadores de todos los tiempos como Pie Traynor. En la superficie, Robinson ofrecía una apariencia engañosa. No parecía atlético y su brazo carecía del poder de otros terceras base. Sin embargo, ninguno en ambas ligas tenía la rapidez de pies para atacar roletazos, el alcance tipo shortstop, y las manos suaves de Brooksie.
“Su habilidad es moverse dos metros, en cualquier dirección, más rápido que cualquiera”; observó Boog Powell, quién presenció mucha de la maestría de Robinson desde el otro lado del infield, en una entrevista con Jimmy Cannon. “Él no se anticipaba. Jugaba con la pelota. Cuando esta es bateada, él reacciona”. Robby jugaba la posición tan eficiente y brillantemente que se ganó el apodo, “La Aspiradora Humana”.
Si alguna vez un apodo tuvo sentido, fue este. Robinson manejaba los roletazos como si sus manos fuesen ductos de succión. Robinson creía en mantener el guante bajo, cerca del suelo, teorizaba que era más fácil subir el guante que bajarlo. Él jugaba la posición como nadie antes o después, con la posible excepción de Clete Boyer y Graig Nettles. O para ser más modernos, Adrián Beltré o Scott Rolen. El debate puede subir de tono sobre este tema, hasta nuevo aviso, me mantendré con Robinson.
Robinson continuó visitando el mercado de guantes de oro, ganó el premio en 1967, ’68, y ’69. Su defensiva ayudó a los Orioles a avanzar a la Serie Mundial en 1969, antes de ser vencidos por los insurgentes y ricos en pitcheo Mets de Nueva York. Robinson estaba tan confundido como el resto de los bateadores de los Orioles; solo conectó un imparable en 19 turnos al bate contra Tom Seaver, Jerry Koosman y compañía.
Robinson se redimiría con creces en la Serie Mundial de 1970. Luego de dominar el este de la Liga Americana, los Orioles arrollaron a los Mellizos de Minnesota en tres juegos seguidos de la Serie de Campeonato. Eso sirvió la escena para un enfrentamiento de Serie Mundial entre los Orioles y los Rojos de Sparky Anderson. Con una pléyade de bateadores derechos que halaban la pelota entre los que destacaban el primera base Lee May, el tercera base Tany Pérez, y el catcher Johnny Bench, los Rojos se preparaban para probar el lado izquierdo del infield de los Orioles.
Como se esperaba, los Rojos retaron al tercera base de los Orioles de Baltimore, pero este convirtió la Serie Mundial en el circo volador de Brooks Robinson. En el primer juego, Robby una atrapada con el guante de revés ante un roletazo incandescente de Lee May. Con el cuerpo cayendo hacia territorio de foul, él giró completamente y lanzó hacia primera base donde Powell completó la jugada.
En el tercer juego, luego que Pete Rose y Bobby Tolan iniciaran el encuentro con sencillos seguidos, Pérez bateó un rodado de botes altos que parecía destinado a pasar sobre la cabeza de Robinson rumbo al jardín izquierdo. Robinson saltó, tomó la pelota en extremo y pisó tercera base para iniciar un dobleplay 553. En el inning siguiente, Robinson atacó un rodado adormecido de Tommy Helms y realizó un tiro fuera de balance a primera base. Y en el sexto, Bench soltó un linietazo sobre la línea de cal que Robinson capturó lanzándose de cabeza. Cuando Robinson fue a batear en el cierre del sexto, los aficionados de Memorial Stadium lo premiaron con una ovación de pie.
Para ese momento Sparky Anderson había visto mucho de Robinson. “Estoy empezando a ver a Brooks en mi sueño”, le dijo Anderson a los reporteros mientras comí una merienda antes del juego. “Si yo dejara caer este plato de cartón, él lo levantaría y en un salto me sacaría out en primera”. La frustración de Anderson fue compartida por Rose, el jardinero derecho de los Rojos, quién comento a la revista Time, “Ese tipo puede atrapar una pelota con un alicate”.
Sólo la defensiva habría convertido a Robinson en el colaborador clave de la Serie, pero él agregó un bateo feroz a sus amplios logros. Bateó .429 en la Serie, descargó un par de jonrones, y estableció una marca de bases totales con 17 (en solo cinco juegos). Los periodistas hicieron a Robinson la opción lógica para ganar el jugador más valioso de la Serie. El Salón de la Fama solicitó el guante de Robinson, éste lo dono con alegría al museo de Cooperstown.
Mientras Robinson ejecutaba la extravagancia defensiva de un hombre, los rivales Rojos empezaron a llamarlo “Hoover” en referencia a la manufacturera líder de aspiradoras a principios de los años ’70. Era una manera natural de acortar su apodo usual de La Aspiradora Humana. Quizás si Robinson jugara hoy, se referirían a él como “Dyson” o “The Shark”.
A la edad de 33 años, Robinson se había convertido en un nombre establecido. Le quedaba una gran temporada, la cual desarrolló el siguiente verano. Bateó 20 jonrones en 1971, se embasó 34 % del tiempo, y ejecutó otra actuación de guante de oro, al ganar su duodécimo premio seguido por excelencia defensiva.
La gran temporada postrera de Robinson coincidió con el fin de la dinastía de los Orioles, lo cual ocurrió en una Serie Mundial de siete juegos ante los Piratas. Robinson siguió siendo el tercera base regular de los Orioles por otros cuatro años, pero nunca más alcanzó las dobles figuras en jonrones. Su alcance en el campo también declinó, aunque continuó ganando el premio guante de oro anualmente, terminó su carrera con 16 trofeos de fildeo.
Luego de batear solo .201 en su temporada final como regular, Robinson pudo haber estado tentado a retirarse. Desafortunadamente, él tenía severos problemas financieros que lo motivaron a seguir jugando. Cerca de la bancarrota debido a las dificultades de su negocio de artículos deportivos, Robinson tuvo que recurrir a la mayor parte de sus ahorros de toda la vida para pagar sus deudas. Él necesitaba el salario de un pelotero de Grandes Ligas. Como ya no podía batear, y ahora con sobrepeso, tuvo dos temporadas miserables en 1976 y 1977 como jugador de ocasión y sustituto, y tutor de su reemplazo en tercera base, un joven y subestimado Doug DeCinces.
Para el tiempo que Robinson se retiró a los 40 años en agosto de 1977, había jugado 23 temporadas, todas con el uniforme de Baltimore. Eso lo igualó con el inquilino del Salón de la Fama, Carl Yastrzemski para mayor cantidad de temporadas jugadas con un equipo de Grandes Ligas.
Seis años después de su retiro, Robinson entró al Salón de la Fama. Un pelotero muy popular entre los aficionados, llevó miles a Cooperstown, muchos hicieron el viaje subiendo por la costa desde Baltimore. Fue a través de su llegada al Salón de la Fama que yo eventualmente fui lo suficientemente afortunado de conocer a Robinson.
Cuando las personas se enteran de mi conexión con Cooperstown y el Salón de la Fama, e menudo me preguntan, “¿Quien es el tipo más agradable entre los inquilinos del Salón de la Fama?” Esa pregunta se ha hecho fácil de responder. Aunque hay muchos ejemplos de jovialidad entre los inquilinos, desde los difuntos Harmon Killebrew y Robin Roberts hasta los vivientes Don Sutton y Billy Williams, ninguno es más agradable que Brooks Robinson.
Ya sea diciendo hola cuando entra por la puerta del frente del Salón de la Fama, o en medio de una entrevista larga en el Grandstand Theater, Robinson siempre me hace sentir como si me conociera bien, como si fuese uno de sus amigos de toda la vida. No estoy solo en ese sentimiento. Cualquiera que se ponga en contacto con Robinson durante el fin de semana del Salón de la Fama compartirá pensamientos similares.
Por eso es que me he sentido especialmente afectado al oir acerca de los problemas de salud de Robinson en años recientes. Él ha librado una batalla exitosa ante el cáncer de próstata, sobrevivió una dura caída, y se fajó con una infección que requirió estadía en el hospital. Es seguro decir que él ha tenido tiempos rudos en el pasado reciente, aunque ha probado ser muy resiliente.
Robinson tiene ahora 75 años. Espero que lo tengamos por otros 20 años. Él aún sigue activo como presidente de la MLB Alumni Association. Más importante, se ha convertido en un tesoro norteamericano, no solo como el modelo patrón para jugar tercera base, sino como modelo patrón de cómo un inquilino del Salón de la Fama debería conducirse. Necesitamos mantener a Brooks Robinson alrededor por tanto como sea posible.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 17 de septiembre de 2015
Quincuagésimo aniversario de la primera expansión de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.
Armando se acercaba a la página deportiva de El Nacional hasta casi sumergirse en las letras grandes del titular. Aquella noche del 15 de octubre de 1965, la Liga Venezolana de Beisbol Profesional recibiría dos nuevos invitados: Cardenales de Lara para cristalizar el sueño del empresario caroreño Antonio Herrera Gutiérrez, el equipo tenía experiencia en la pelota profesional, como socio en par de temporadas de la Liga Occidental a la que contribuyó a quebrar cuando armó un trabuco encabezado por Luis Tiant para despegarse con una inmensa ventaja, y Tigres de Aragua tras el esfuerzo del gobernador aragüeño Ildegar Pérez Segnini, el locutor Foción Serrano, los banqueros Homero Díaz Osuna, Alfredo García Guevara y los doctores Iván Márquez García y Oscar Ortega; hasta el español José Clavijo, fundaron una compañía que colocó 500.000 acciones de valor Bs. 1000 cada una, en toda la población.
Mientras atosigaba a sus hermanos con preguntas y leía periódicos y revistas, Armando esperaba las 8:00 de la noche con una mezcla de sentimientos encontrados: le picaba la curiosidad por ver al Magallanes enfrentar a los equipos nuevos, sin embargo lamentaba que ahora su equipo solo jugaría 42 veces en el estadio Universitario cuando hasta la temporada anterior había efectuado unos 50 juegos en Caracas.
Armando ansiaba saber como serían los juegos. Que tan competitivos serían Tigres y Cardenales, si sus peloteros criollos podrían aguantar el ritmo de Caracas y La Guaira, si los peloteros se quedarían hasta el final de la temporada con equipos perdedores.
También quería saber como sería el sistema de clasificación para los playoffs con seis equipos, del que tanto hablaban sus hermanos.
Lara debutaría ante Caracas en su estadio de Barquisimeto, Ken Sanders por Cardenales versus Urbano Lugo por los Leones.
En el José Perez Colmenares de Maracay, los Tigres jugarían por primera vez ante los Pericos del Valencia. Bill Knoch por los aragüeños versus Steve Hargan por los Industriales.
El zuliano Graciliano Parra lanzaría las serpentinas por Magallanes y Darrell Brandon haría lo propio por La Guaira en los confines del estadio Universitario.
Los hermanos de Armando no esperaban mucho de aquella primera alineación de los Tigres donde se preguntaban quien sería J.M. Tovar, o T. Martínez, o S. Boros, o R. Robinson. En la configuración de Cardenales, apenas si tenían alguna referencia de Ramón Webster y Federico Velásquez.
Armando escuchaba a sus hermanos conversar que iban a sintonizar el juego de Magallanes en el porche con el radio portátil y se turnarían para ir al radio de tubos del comedor para escuchar como iban los juegos en Maracay y Barquisimeto.
En Maracay, Hargan se encargaría de anotarle la primera carrera a los Tigres, en el cuarto episodio largó doblete, pasó a tercera con roletazo de Teolindo Acosta y llegó al plato mediante elevado de sacrificio de Gustavo Gil. En el quinto los Industriales pusieron el marcador 2-0 mediante imparables de Lee May, Luis Rodríguez, y Dick Kenworthy. Los Tigres descontaron en el séptimo, José M. Tovar se embasó por error, pasó a la intermedia mediante rodado de Olinto Rojas y anotó con sencillo del jardinero Robinson. Así terminó el juego. Hargan se apuntó la victoria en trabajo de 9.0 innings, 5 imparables, 1 carrera, 11 ponches, 3 boletos. Knoch cargó con la derrota, fue relevado en el octavo inning por Freddy Rivero.
En Barquisimeto, Sanders amarró en seis imparables a los Leones y logró controlar algunos amagos como el del cuarto inning cuando Rene Lacheman fue retirado en el plato con preciso disparo del dominicano Vidal Nicolás, luego de atacar un sencillo de Juan Francia, o cuando ponchó a Dionisio Acosta y Urbano Lugo y dominó a Dámaso Blanco con rodado por segunda base para dejar congelado en tercera a Nelson Castellanos.
Cardenales anotó en el tercer inning, mediante sencillos de Daniel Díaz y Sanders, boleto a Oswaldo Chavarría y wild pitch de Urbano Lugo. En el sexto episodio aumentaron la ventaja con jonrones seguidos de Ramón Webster y Federico Velásquez, y remató con otra en el octavo frente a Manuel González, mediante sencillos de Webster, Velásquez y Julio Pirela. Sanders se apuntó el blanqueo, recetó nueve ponches y concedió 1 boleto. Lugo cargó con la derrota, fue relevado por Jimenez y González.
En el estadio Universitario Magallanes vencía 1-0 a La Guaira. Graciliano Parra lanzó blanqueo de 10 entradas, durante las primeras nueve mantuvo sin hits nis carreras a los campeones defensores de LVBP.
Alfonso L. Tusa C. Septiembre 2015.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Un rey de las sliders remonta la cuesta.
Tyler Kepner. Extra Bases. The New York Times. 05-09-2015.
Recientemente un panel de peloteros en Baseball America nombró a Chris Archer, el joven as de los Rays de Tampa Bay, como el pitcher de mejor slider de la Liga Americana. Archer, un lanzador derecho, ha usado el lanzamiento para establecerse como un pitcher sobresaliente, el mes pasado lanzó un blanqueo de un hit y 11 ponches contra los Astros de Houston.
Observando esa noche en Minute Maid Park estaba un antíguo lanzador cuya slider fue probablemente la mejor de si época entre los pitchers derechos.
“Eso es lo que decían”, dijo el pitcher J.R. Richard en una reciente entrevista telefónica. “Pero vi que él definitivamente tiene buenos lanzamientos. Vi algunas cosas que cambiaría muy lentamente, si él pudiera, pero no me preocuparía por cambiarlo mucho, porque él está haciendo un gran trabajo”.
Archer, como casi cualquier pitcher, podría solo tener esperanza en lograr el tipo de trascendencia que alcanzó Richard en una fugaz pero gloriosa carrera con los Astros. Él fue el pitcher más alto de su época, y probablemente lanzó 100 millas. En su debut de 1971, ponchó 15, incluyendo tres veces a Willie Mays. Dos veces poncho 300 bateadores en una temporada. Sus oponentes solo promediaron 6.9 imparables por juego ante Richard, la quinta mejor marca en la historia de las Grandes Ligas entre los pitchers con al menos 1000 innings lanzados.
“Pienso que realmente no alcancé mi apogeo, cuando empiezas a despegar”, dijo Richard. “Si miras mi record, nunca despegué”.
Richard abrió el Juego de Estrellas de 1980, y tres semanas despues su carrera había terminado, a los 30 años, luego de sufrir un infarto debilitante en cascada en un entrenamiento en el Astródomo. Batalló ante la depresión, perdió su fortuna y quedó sin hogar a mediados de los años ’90, a menudo dormía bajo un puente entre las calles 59th y Beechnut de Houston.
Este verano, Richard publicó su memoria, “Still Throwing Heat” (“Aun lanzando Candela”), escrita con Lew Freedman para Triumph. Firmó ejemplares durante su visita al estadio en Houston, donde aún vive, y hace apariciones para los Astros. Richard, 65, ha sido predicador, está activo en su iglesia y es voluntario para asistir a las personas sin hogar.
“Estoy en un punto donde retribuir se ha convertido en más que una prioridad en mi vida, debido a las cosas por las que he pasado”, dijo Richard. “Digo eso porque estoy agradecido. Algunas veces Dios te bendice no solo por ti, él te bendice para que puedas bendecir a otros”.
El libro está escrito en estilos contrastantes, con las reflexiones de Richard alternadas con el recuento de Freedman acerca de la vida y la carrera de Richard. Richard recrea su niñez en Louisiana, donde aprendió su slider al leer un manual de pitcheo que había encontrado a un costado de una carretera rural. Richard también describe su ascenso al estrellato, su infarto, sus regresos fallidos y su descenso y salida de la pobreza.
“Yo dormía bajo un puente algunas noches a la semana”, dijo Richard. “Yo tenía algunas personas que conocía desde cuando jugaba pelota e iba a sus casas para lavar mis ropas y comer, tal vez me quedaba una noche o dos, pero algunas de esas personas tenían familias y no me sentía bien quedándome allí. Así que me iba debajo del puente, y eso es todo”.
“Toldo se convirtió en un asunto de supervivencia. Tratas de sobrevivir, no tienes transporte, ni comida, ni finanzas. Te preguntas muchas veces: ¿A dónde voy desde aquí? No tienes respuesta. Pero me di cuenta que lo haría a mi manera, y mira lo que pasó”.
Richard contactó con un pastor local, encontró trabajo en una compañía de asfalto y recibió ayuda del Baseball Assistance Team, el cual fue formado en 1986 por un grupo de antiguos Grandes Ligas. Los detalles son un poco borrosos, Richard dijo que perdió células cerebrales debido a su infarto, el cual aún afecta sus reflejos en el lado izquierdo, y algunas veces, sus palabras. Pero él camina mucho, disfruta pescar y tiene destreza para cocinar costillitas. Está casado desde 2010 y dijo que la vida era buena.
Y aún puede recordar sus días de dominio.
“Fue grande, tener el control”, dijo Richard. “No le temes a nadie. Los respetas como ser humano; ellos te podían batear un jonrón así como tú podías poncharlos. Pero me sentía como si fuese el león más malo del valle”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Medio siglo del juego sin hits ni carreras de Dave Morehead.
No-Hitters, The 225 Games, 1893-1999. Rich Westcott and Allan Lewis.
Boston 2, Cleveland 0, 16 de septiembre de 1965.
Se vaticinaban grandes cosas para David Michael Morehead desde que saltara desde la escuela secundaria hasta la categoría AA y dos temporadas después llegara a lanzar en Grandes Ligas. Pero dificultades de control alejaron al derecho especialista de la curva de alcanzar la promesa proyectada para él. El espigado lanzador nació el 5 de septiembre de 1942 en San Diego, California. Asistió a la misma escuela secundaria (Hoover) de Ted Williams y los Medias Rojas de Boston le dieron un bono de 80000 $ por firmar. Morehead irrumpió en el profesional con el Johnstown de la Eastern League. Llegó a Boston en 1963. Al final de su carrera, lanzó con los Reales de Kansas City.
Totales de Grandes Ligas: Años: 8 (1963-1970), Juegos: 177, Ganados 40, Perdidos 64.
Cuando Dave Morehead subió al montículo el martes 16 de septiembre en Fenway Park contra los Indios de Cleveland ocupantes de la quinta posición, una gran historia ya estaba en camino. Pero no tenía nada que ver con el casi juego perfecto del lanzador de 22 años.
Temprano en el juego, el palco de prensa fue informado de que habría un anuncio importante 30 minutos después del juego. Resultó que ese anuncio hizo que la obra maestra de Morehead ocupara un lugar secundario en las noticias.
Los Medias Rojas anunciaron que el gerente general Mike Higgins, un directivo de Boston por mucho tiempo, había sido despedido. Para ese momento los patirrojos estaban sumidos en la novena posición.
Antes de que apareciera esta noticia, sin embargo, Morehead había lanzado un juego brillante ante una escasa concurrencia de 1247 aficionados. Había llegado al encuentro con marca de 9-16, para enfrentar al veterano Luis Tiant.
Mientras hacía 105 lanzamientos, Morehead solo permitió que se le embasara un corredor. Concedió boleto a Rocky Colavito en el segundo episodio.
Al mezclar rectas, curvas y sliders, Morehead ponchó ocho para vencer a Tiant, quien permitió seis imparables y ponchó 11. Solo cinco pelotas fueron bateadas hacia los jardines.
Morehead empezó a toda mecha al obligar a Dick Howser a roletear al campocorto, ponchar a Max Alvis, dominar a Leon Wagner con elevado de foul detrás del plato.
Colavito dejó pasar la cuarta bola en conteo de 3-2 para empezar el segundo inning. Pero Morehead apretó el brazo para ponchar en orden a Fred Whitfield, Chuck Hinton y Pedro Gonzalez.
Mientras retiraba en orden a los últimos 24 bateadores del juego, Morehead necesitó el apoyo de algunas gemas defensivas de sus compañeros. Una ocurrió en el cuarto inning, cuando con dos outs el peligroso Colavito bateó un roletazo hirviente por el medio. El campocorto Eddie Bressoud corrió hacia su izquierda para recoger la pelota, luego sacó al corredor por medio paso con su tiro al primera base Lee Thomas.
Morehead tuvo un gran sexto inning al ponchar a Duke Sims y a Tiant, y retirar a Howser con rodado al campocorto.
Los Medias Rojas rompieron el empate sin carreras en el cierre del sexto con sencillo de Jim Gosger y triple de Dalton Jones. Boston agregó su carrera final en el séptimo episodio mediante cuadrangular de Thomas.
En el octavo Morehead estuvo a punto de perder la gema cuando Whitfield abrió el episodio. Dos años antes Whitfield había terminado con un juego perfecto de Morehead con u imparable de botes inesperados en el octavo. Esta vez despachó un roletazo candente entre primera y segunda. Thomas hizo una atrapada espectacular con el guante de revés e hizo el tiro a Morehead quien cubrió primera para completar el out. Morehead entonces ponchó a Hinton y retiró a al emergente Bill Davis con elevado al centro.
El manager de Cleveland Birdie Tebbetts puso toda la carne en el asador en el noveno inning al sacar a tres emergentes seguidos. Larry Brown salió en línea hacia Bressoud y Lu Clinton bateó un elevado de rutina a manos de Gosger en el centro. Entonces Victor Davalillo dejó pasar los primeros dos strikes, entonces Tebbets pidió tiempo y advirtió a Davalillo de que no fuese a dejar pasar un tercer strike. Davalillo hizo swing y salió un roletazo al montículo. Morehead pomponeó la pelota momentáneamente, luego lanzó hacia Thomas para el último out.
Morehead fue recompensado después del juego con un aumento salarial de 1000 $. Terminó la temporada con marca de 10-18, lideró la Liga Americana en derrotas.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Preguntas y respuestas con Jane Leavy, Parte III.
David Laurila. Baseball Prospectus. 24-11-2010.
David Laurila: ¿Cuanto tenían en común Mickey Mantle y Babe Ruth?
Jane Leavy: Ellos fueron más grandes que la vida. Tenían personalidades inmensas y generaban apetitos y el tipo de mitología que no tiene el pelotero ordinario. En parte eso ocurría debido a quienes eran ellos, cuando jugaban, y a la la exposición pública que tenían porque jugaban el jardín central de los Yanquis de Nueva York cuando Nueva York era el centro del mundo beisbolero sino del mundo entero. Había una apertura hacia ellos, y eso irradiaba desde sus rostros. Ellos pudieron haber sido autodestructivos en sus conductas pero no eran crueles.
La gente habla del atractivo que veían en el lenguaje corporal de Willie Mays, Mantle lo tenia en su sonrisa. Piensa en el pestañeo de Babe Ruth cada vez que se acercaba una cámara. Estos tipos disfrutaban ser quienes eran.
DL: En el libro, usted cita a Howard Cosell diciendo, “Mickey Mantle debería estar en la cárcel. Es un puto borracho”. ¿Hasta que punto era hiperbólica esa declaración?
JL: Pienso que fue una manera muy ruda de decir que él tenía problemas con la bebida, que él era un alcohólico, y que él era muy despreocupado. Las personas no son encarceladas por ser alcohólicos o mujeriegos. No me crucé con ninguna conducta criminal que me indicara, de alguna manera, “Caramba, él debió haber ido a la cárcel”, más que las historias que me contaron de él y Billy Martin encerrados en suis habitaciones durante la noche por ser desordenados o por dispararle a los pájaros desde su carro mientras paseaban alrededor de Commerce en el receso entre temporadas. Los locales llamaban eso “persecución en caliente”.
DL: ¿Como se compara la carrera de jonrones de Mantle y Maris en 1961 con la de McGwire y Sosa en 1998?
JL: Pienso que la carrera de McGwire-Sosa ha sido expuesta como una competición entre pantalleros. Ambos eran emperadores que necesitaban ropa nueva, cinco tallas más pequeñas. McGwire y Sosa usaron esteroides para hacerse más grandes que la vida. Mantle y Maris eran reales. Como lo dije en el libro, Mantle tenía músculos honestos. Si los había alterado, era en el antiguo sentido de la palabra, y por cierto, ninguno de sus compañeros de equipo pensaba que él iba al estadio borracho; enratonado quizás pero no ebrio. No había nada de alteración en su bate. Dado que ahora sabemos acerca de las “magnificaciones” de la carrera McGwire-Sosa, miro hacia atrás a lo que hicieron Mantle y Maris con más entrega. Fue extraordinario.
Tambien pienso que es un crimen absoluto que Maris no esté en el Salón de la Fama. Yo no voto, pero pienso que es vergonzoso que él no esté ahí. Pienso que luce mejor y mejor a medida que pasan los años. Mantle siempre dijo que Maris era el mejor jardinero derecho que había visto.
DL: Mientras Maris obviamente eclipsó la marca de Ruth, Mantle solo bateó cuatro jonrones luego del dia del trabajo y se quedó corto. Usted explica en el libro una de las razones del porque.
JL: Si, Mantle perdió mucho tiempo en septiembre, y yo encontré la gran historia no escrita. La leyenda era que él contrajo un resfriado, el cual se convirtió en refriado de cabeza, el cual se convirtió en resfriado de pecho, el cual se convirtió en resfriado de ojos, y entonces, de acuerdo al New York Post, se “alojó en su nalga”. Lo cual es cómico e irreal. Lo que me enteré por varias personas, comenzando por Clete Boyer, es que luego de pasar la mayor parte del verano en Queens con Maris y Bob Cerv, y tener el mejor verano de su vida desde 1956 y 1957, llegó el dia del trabajo y se autodestruyó. Había tenido suficiente de las estrecheces de portarse bien y dijo, “Me voy de vuelta a la ciudad”, lo cual significaba para él, Manhattan. Cerv dijo que pocas semanas después estaba tan afectado que no podía jugar en la Serie Mundial. Mel Allen lo envió a ver a “Dr. Feel Good”, Max Jacobson, quien trataba al Presidente Kennedy, a Eddie Fischer, y a la abuela de Billy Crystal, entre otros. Ellos recibían una dosis de inyecciones de una mezcla de anfetaminas y placenta de anguila. Boyer no creía la historia que habían comprado los reporteros. “Por qué iría él a ver a otro que no fuera el doctor del equipo?” dijo él. Le dije, “Porque él no quería que el doctor del equipo supiera lo que andaba mal”. Clete pensó que yo era algún tipo de genio por elucubrar eso. “El broche de oro”, dijo él.
Algunas personas han leido ese pasaje del libro y han concluido que Max Jacobson le suministró anfetaminas. Yo no lo creo y no lo escribí, de hecho el hijo de Jacobson, también doctor, me dijo que no pensaba que Mantle recibiera tratamiento de ese tipo. Pienso que Mantle fue y recibió una gran inyección de penicilina en su trasero, lo cual resultó en una herida infectada en su nalga. Si la aguja estaba sucia, como Mantle decía, o si la aguja fue colocada de manera indebida y toco un hueso, o ambas, nunca lo sabremos. Mantle dijo que nunca supo lo que había en la jeringa, pero sabía que el dolor fue inmediato y extraordinario.
Él tuvo que ser hospitalizado, se le practicó una cirugía para abrir la herida. No la cerraron para que drenara. Sus compañeros de equipo describieron la incisión del tamaño de un platillo de café con jirones de piel retraída. Joe DeMaestri me dijo que Mantle se acostaba en la mesa del masajista en el clubhouse y movía los dedos de los pies y se podía ver los ligamentos de los músculos y tendones moviéndose. Esa es una imagen sorprendente y otro caso, tristemente, de autodestrucción. Eso llevó a la simbólica escena de Mantle tratando de correr las bases en la Serie Mundial en Cincinnati, Jim Brosnan y Jim Maloney dijeron que todo el cuerpo de lanzadores conocía la historia antes de empezar la serie, y la sangre saliendo a través de su uniforme.
Cuando Ralph Houk dijo que lo iba a sacar del juego, Mantle se aflojó el cinturón y se bajó los pantalones en el dugout para ver que podían encontrar. La ironía es, él me lo dijo después, que perder la carrera de jonrones con Maris lo hizo un héroe más grande. Maris era el tipo malo quién le quitó el record a Ruth y también a Mantle, su justo heredero. Mantle dijo que todo lo que tuvo que hacer fue salir fuera del dugout para recibir una ovación de pie.
DL: ¿Sería justo decir que la historia de Mickey Mantle es, en alto grado, una de grandeza intercalada con autodestrucción?
JL: Si, pero tienes que entender que la autodestrucción estaba enraizada en sus experiencias y una carga genética la cual no tenía manera alguna de entender y asuntos que nadie en Estados Unidos estaba listo para discutir. Él no habría entendido, y nadie en el país entendió, que el alcoholismo era genético. No hubo nadie quien le dijera: “Hey muchacho, mejor ten cuidado porque tu familia tiene esta predisposición, y no sabemos como eso te puede afectar”. No hubo nadie quien le dijera, “Mejor hablas con alguien acerca de lo te que pasó con tu media hermana mayor”. No hubo nadie con quien hablar. Cuando no hablas de cosas como esas, ellas te afectan, como la infección le afectaba su trasero. No había lugar para que el fuese a hablar de eso, así que lo mantuvo dentro. Y eso se lo comió, y se lo comió más.
Entre las más sentidas de las 563 entrevistas que hice, estaba una con su compañero de equipo de ligas menores, Cromer Smotherman, quien fue encargado por el manager Harry Craft para ser el confidente de Mantle durante la temporada de 1950 en Joplin, Missouri. Le pregunté, si él pudiera hablar con Mantle hoy, cual sería la pregunta que le gustaría hacerle. Cromer tragó saliva y dijo: “Mickey, ¿que paso? ¿Por qué escogiste esa vida? Porque tú no eras ese tipo de persona. Ese no eras tú”.
Tomé esas como mis ordenes de marcha. Yo quería encontrar que le pasó a él, como ser físico quien se deterioró ante los ojos de Estados Unidos y como ser humano. Como Bob Costas dijo en su eulogía, pudimos sentir la emotividad en él antes de saber el significado de la palabra. Esa famosa rodilla derecha lesionada, dolía en los jardines durante la Serie Mundial de 1951 porque el destino conspiró con el cuidador del terreno quien olvidó cerrar la tapa del drenaje enclaustrado en la grama, eso se convirtió en el locus de la enfermedad. Resultó que la lesión fue solo el comienzo, solo a flor de piel y los huesos y el tejido suave.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 8 de septiembre de 2015
Preguntas y respuestas con Jane Leavy, Parte II.
David Laurila. Baseball Prospectus. 23-11-2010.
David Laurila: Los Yanquis firmaron a Mantle en 1949. ¿Cómo fue descubierto?
Jane Leavy: Ese es un tema de cierta discusión. El mito es que eso ocurrió en un campo de beisbol en Baster Springs, Kansas cuando un scout, Tom Greenwade, pasaba manejando y vio las luces prendidas tarde una noche. Las luces fueron compradas por un hombre llamado Barney Barnett, quien trabajaba en las minas con Mutt Mantle y tenía un equipo semiprofesional, de muy, muy alta calidad llamado los Whiz Kids.
La otra versión es que Greenwade quería ir a ver a un tercera base de nombre Billy Johnson, con quien nunca habló hasta que lo vio pitcheando para la fuerza aérea. Los locales, incluyendo a Cloyd Boyer, el hermano de Clete y Kenny, dice que a Greenwade no le llamaba mucho la atención Mantle, y que fue realmente Johnny Sturm, un manager del sistema de ligas menores, quien vio su potencial pero nunca recibió ningún crédito. Ellos dicen que Sturm tuvo que pasar por encima de Greenwade para hacer que los Yanquis prestarna atención. La familia de Greenwade dice, “No, no, no: él se estaba haciendo el desentendido porque no quería que otras personas supieran de su interés”.
Probablemente hay elementos de verdad en todo eso, pero una cosa es segura: Cuando Mantle jugó sus primeros juegos con los Whiz Kids en el verano de 1947 todavía era muy pequeño. Ellos no tenían uniformes lo suficientemente pequeños que le sirvieran a él. Luego de su última hospitalización por osteomielitis, él parecía crecer todas las noches. Greenwade lo vio por primera vez en 1948, le preguntó si quería jugar para los Yanquis de Nueva York y prometió ir a verlo después que se graduara en la secundaria. Bunch Greenwade, el hijo de Tom, dijo que su padre regresaba a verlo constantemente a pesar de la regla que prohibía hablarle a los jugadores de secundaria. Lee McPhail me dijo que él fue y visitó la casa de familia cuando estaban viendo a Mickey. Cuanto de esto es ficción porque ellos no querían ser sorprendidos con alguien menor de edad, o cuanta de la influencia de Sturm estaba ahí…He oído todas las versiones. Pero Greenwade lo vio la noche que se graduó contra un equipo de Coffeyville, Kansas. Mutt y Greenwade hicieron los arreglos para que él recibiera su diploma temprano esa tarde de manos del superintendente de escuela. “Aquí tienes, graduado”. Johnny Lingo, el entrenador de beisbol de Commerce, tuvo que comprarle un par de spikes porque el tuvo que regresar los implementos a la escuela una vez que recibió su diploma.
DL: De acuerdo al libro, Mantle obtuvo muy poco dinero por firmar con los Yanquis.
JL: El obtuvo nada. Recibió un bono de 1150 $, 400 $ por firmar y el resto el 30 de junio de 1949 si se mantenía con los Yankees de Independece (Class D) en la K-O-M League. Su primer compañero de cuarto, Bob Mallon, me dijo que Mantle estaba asustado de que lo fueran a botar. No fue hasta después que ellos supieron que realmente tenían algo.
Él ciertamente no podía jugar en el campocorto, lo cual todos parecían saber; el manager Harry Craft dijo que él no era un prospecto de Grandes Ligas en el shorstop. Aún así, no fue movido a los jardines hasta la primavera de 1951. Casey Stengel lo sacó lejos del shortstop en 1950, pero Craft lo puso de nuevo a jugar en el campocorto en 1951 con el Joplin Class C donde lideró la liga con .383 de promedio de bateo e hizo 55 errores.
DL: Mantle se convirtió en compañero de equipo de Joe DiMaggio en 1951 y luego lo reemplazó como jardínero central de los Yanquis en 1952. ¿Cómo fue su relación?
JL: Lo único más duro que renunciar a una posición central es desgastarla. Esa no iba a ser una transición fácil para cualquiera de ellos. Jerry Coleman dijo, “¿Cómo te gustaría seguir al padre de tu país?” Tenías a este muchacho quien aparece en el entrenamiento primaveral, y tiene quizás el mejor entrenamiento primaveral que nadie jamás ha tenido, y DiMaggio y todos los demás fue tomado por sorpresa.
Stengel quería desesperadamente tener su propia persona moldeada. Quería ser conocido como alguien que mereciera el nombre de “Ol’ Perfesser”. Así como Mutt había tratado a su hijo como un mineral, un recurso natural que explotar, forjar y modelar, Stengel quería producir un gran jugador de la forma como John McGraw produjo a Mel Ott. Stengel estaba listo para que Joe D se fuera. Mantle pensó que iba de regreso, quería regresar, a Triple-A a jugar otro año para Harry Craft. De pronto, él está ahí, empujado a jugar una posición a la cual no está acostumbrado (jardín derecho) en un mundo que tenía que ser tan extraño para él como sería Nueva York para alguien del tercer mundo.
Era una situación ruda con posibilidades para malentendidos y distancia. Hay una foto tomada el día inaugural de 1951 que muestra a DiMaggio parado frente a este muchacho en el club house. Los pantalones de Mickey son muy cortos para cubrir sus medias balncas, y DiMaggio está todo brilloso y humedecido, con sus yuntas y su corbata Countess Mara. Mantle tuvo que sentirse pequeño. Tuvo que sentirse intimidado. Al contrario, DiMaggio tuvo que sentirse amenazado.
En si columna Opening Day del New York Herald Tribune, Red Smith habló acerca de la llegada de los Medias Rojas y Ted Williams al estadio. El fotógrafo hizo posar a los tres, Mantle, DiMaggio y Williams para una foto. DiMaggio no quiso presentarle a Williams a Mantle. Williams tuvo que presentarse por su cuenta. “Hola, soy Ted Williams”.
La mitología es que debido a que DiMaggio lo trató muy pobremente, Mantle resolvió que sería distinto y que siempre sería el opuesto de DiMaggio en el clubhouse. Le daría la bienvenida a los novatos, sería el “mejor tipo”, todo lo contrario de un tipo distante. Pero personas como Tony Kubek y Gene Michael, a quienes respeto mucho, dicen, y les creo, que Mickey hubiese sido de esa manera de cualquier modo. Esa era se naturaleza. Él hubiera querido compartir y ser el gran compañero.
DL: La pregunta famosa es:” ¿Quién es mejor, Mantle o Mays?” pero ¿era Mantle tan bueno o mejor que DiMaggio?
JL: No sé si yo sería la mejor persona para responder eso, pero pienso que tendrías que estar muy presionado para decir que Mantle fue tan bueno como DiMaggio, estadística o defensivamente. Ellos fueron tan endémicos de sus épocas, tan diferentes en la manera como se comportaban, y de donde venían. Pero pienso que lo que distinguíó a Mantle, siempre, fue el sentido de la posibilidad que llevaba a cada turno al bate. Se podía ver algo imposiblemente grande o algo imposiblemente feo. No se sabía. Como dijo el recogebates Justin Dedeaux en aquel juego de exhibición contra USC: “¿Qué hay en ese bate?” Había una dimensión extra de drama conectad a él que era diferente a la producción o la calidad.
DL: Mantle bateó algunos de los jonrones más largos en la historia del beisbol, y lo hizo desde ambos lados del plato. ¿Cómo un hombre de su tamaño fue capaz de hacer eso?
JL: Esa es una de las cosas que de verdad quería averiguar, por eso fue que tomé todo el material fílmicoque pude y se lo entregué a un distinguido coach de bateo en Atlanta, Preston Peavy. Yo quería que me explicaran como alguien de menos de 1,80 metros y 100 kg, lo cual era más o menos el tamaño de Mays, podía generar tal poder. El tomó la película y produjo un grupo de figuras cinemáticas, móviles y digitales que muestran cada parte del cuerpo de Mantle mientras este se mueve en el espacio. Puedes ir a la página web de Peavy, www.peavynet.com , y verlas. Ellas muestran la diferencia entre él bateando a la derecha y a la zurda, la cual era muy pronunciada a pesar de lo que DiMaggio dijo en el año de novato de Mantle, que sus swings eran iguales a la derecha y a la zurda.
Ellas también ayudan a explicar como su swing a la zurda contribuyó a su deterioro físico. Él descargaba tanto peso y fuerza, sobre la frontal pierna derecha, que la dañó. Su swing desde el lado derecho era como un hacha, pero desde el lado izquierdo era como un remolino violento de la pradera. Era una fuerza de la naturaleza, aún así era construido, estudiado y opuesto a su swing derecho, el cual era natural para él.
Con todo el que hablé me dijo que el bateaba más duro a la derecha. Y él también bateaba la pelota más a menudo, de manera porcentual, a la derecha. Por supuesto, él bateaba a la zurda dos tercios del tiempo, y hay personas que discutirían que él hubiese sido mejor si hubiera bateado a la derecha en toda su carrera. Nunca lo sabremos, pero es algo interesante a considerar.
Una vez en 1963 él decidió batear a la derecha contra Tom Sturdivant porque quería ver si podía batear la pelota fuera del estadio, para completar lo que no hizo a principios de ese año contra Bill Fischer, cuando bateó una contra la fachada del right field. Sturdivant estuvo de acuerdo en tratar de ayudarlo y le dijo lo que le iba a lanzar desafiando a su manager, Eddie Lopat. Mantle envió la pelota hacia los monumentos del center field. Sturdivant, quien era su amigo muy cercano, se rió y dijo, “No me puedes batear”.
DL: ¿Qué personificaba el trio de “Willie, Mickey y el Duque” en el contexto social de su época?
JL: Cada uno tenía un grupo de apoyo. Una profesora universitaria mía, una psiquiatra llamada Ethel Person, escribió un libro llamado “Feeling Strong”, en el cual ella discute todos esos debates de “¿Quién es mejor?” y la importancia psicológica de ellos en las vidas de los jóvenes. Básicamente, dice ella, la discusión a favor de uno de estos tipos es el equivalente de tratar de ponerte los tacones de tu madre. Se refiere a como vas a lucir como adulto y que clase de adulto querías ser.
Duke era, como Carl Erkisne dijo, el perfecto emblema del Brooklyn subestimado. ¿Qué otra cosa tienes que decir que su primer día en las mayores fue igual que el de Jackie Robinson? Él estaba destinado a ser subestimado.
En cuanto a Willie, Mantle dijo que era el jugador más grande de cada día que él vió y él jugaba todos los días. Mays se mantuvo saludable. Tuvo longevidad. Y tuvo un sistema de GPS en su sistema nervioso. Don Newcombe me contó una historia de Mays jugando un partido en la Liga Mexicana donde había, crealo o no, una vía férrea de ferrocarril que pasaba por el medio del jardín central. . Batearon una pelota sobre la cabeza de Mays, él corrió a través de la vía férrea, y regresó con la pelota. Mantle nunca reclamó ser el jugador defensivo que fue Mays. Pero dijo, que cuando se sentía bien, sentía que era un buen jugador ofensivo, quizás muy bueno.
Willie tenía una especie de libertad, que era opuesta al beisbol aburrido, blanco, de estación en estación que se jugaba antes de Mays y Robinson. Había un elemento de jazz en él. Él tenía un atractivo casi improvisado.
Mantle atraía a aquellos que temían la pérdida de la hegemonía blanca en el beisbol. Eso era parte del lema “este es nuestro muchacho”. Todos podían ver el manuscrito en la pared con el gran influjo de talento afroamericano que estaba a punto de transformar el beisbol. Mantle era este muchacho blanco del medio de los Estados Unidos quien podía hacerlo todo. Era un muchacho blanco quien corría como negro. Tenía la clase de poder que nos recordaba que éramos grandes. Nos recordaba lo increíble de los recursos naturales del continente americano. Lo tenía todo. Tenía velocidad, poder, poder desde ambos lados del plato. Y también pienso que él respaldaba el mito de que si eres lo suficientemente bueno en Estados Unidos alguien te descubrirá, la noción de que esto es una meritocracia, y si eres lo suficientemente bueno, alguien te reconocerá.
DL: En el libro, usted hace la pregunta: ¿Qué tal si Mantle hubiese sido negro y Mays blanco?
JL: Esa fue una pregunta que le hice a muchas personas, y nadie quería contestarla con la excepción de Reginald Martínez Jackson y Monte Irvin. Lo que yo trataba de preguntar era: ¿Cuánto se benefició Mantle de lo que solíamos llamar “escuela de privilegio blanco” en los años ’60? ¿Cuánta de nuestra adhesión a él, y cuanta de nuestra evaluación de él, fue magnificada por el hecho de que era el muchacho blanco, porque los muchachos blancos quieren ver que el muchacho blanco sea el grande? ¿Cuanto explica esto su presencia duradera en la imaginación estadounidense?
Monte Irvin dijo que Mantle no habría sido tan adorado y querido si hubiese sido negro. Y Monte Irvin lo quería y adoraba; no habría existido un debate sobre quien era el mejor. Willie McCovey dijo, y Monte estuvo de acuerdo, que si sus razas hubiesen sido intercambiadas no hubiera existido tanta voluntad para cubrir algunos de los eventos fuera del terreno.
En la parte III, Leavy habla de porqué Mantle se quedó corto en la carrera de jonrones de 1961, como su vida fue similar a la de Babe Ruth, y más.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Preguntas y respuestas con Jane Leavy, Parte I.
David Laurila. 22-11-2010. Baseball Prospectus.
Mickey Mantle es un ícono estadounidense, pero el jardinero del Salón de la Fama es también, de muchas maneras, una figura trágica. The “Commerce Comet” fue el niño dorado del beisbol durante los años ’50 y principios de los ’60, pero su vida fue mucho más compleja y tormentosa que las bien reportadas lesiones y el alcoholismo asociados con los 536 jonrones y 172 de OPS ajustado.
La historia de Mantle es contada, a una gran profundidad, por la autora Jane Leavy en The Last Boy: Mickey Mantle and the End of America’s Childhood. Leavy habló de la leyenda de los Yanquis, dentro y fuera del campo, en una entrevista de tres partes para Baseball Prospectus.
David Laurila: El libro se llama “The Last Boy”. ¿Qué significa ese título?
Jane Leavy: Fue inspirado por una fotografía de la última página del inserto de gráficas en blanco y negro del libro. Fue tomada por Fredrich Cantor, quién realizó una serie completa de fotografías en un día de viejas glorias en Shea Stadium cuando los Yanquis estaban ahí alquilados hacia mediados de los años ’70. Mantle está sentado entre Whitey Ford y Billy Martin en el dugout. Las rayas de su uniforme están dispersas en una barriga amplia, sus patillas son grises, tiene la gorra puesta hacia atrás de la manera como lo haría un muchacho, es el mismo Mickey Mantle de potentes brazos y antebrazos pero tiene esa expresión de risa tonta de Jerry Lewis en su cara, como un niño remedando a Jerry Lewis en el pavimento del recreo.
Yo miraba la disonancia entre la manera como se mostraba, esa presencia de sus juegos juveniles, y la creciente barriga, los pies de cuervo y las patillas, y pensé, “él era el último niño” el último muchacho, para mí, que era capaz de jugar de acuerdo al antiguo libro de juegos de “los muchachos son muchachos”. Él era un producto de “no ves maldad, no oyes maldad, no hablas maldad” y ciertamente no escribes maldad, de los años ’50. Lo que fuera que las personas podían haber visto, o sabido, o sospechado entonces, los jugadores sabían que o sería tomado con calma o lo veían y se reían, porque después de todo, los muchachos son muchachos. Brett Favre y Tiger Woods solo pudieron mantener esa imagen por un tiempo.
No estoy discutiendo que el péndulo se haya desplazado muy lejos hacia el otro extremo, de saber y ver demasiado, pero Mickey Mantle fue el fin de esa era. Al haber sobrevivido como personaje público en la era actual, aunque no al cyber lunatismo de hoy, él estaba continuamente sorprendido, hasta ofendido, cuando la gente lo citaba completa y precisamente. Traté de explicarle las nuevas reglas de compromiso. Pero él no podía aceptar que las cosas no fuesen igual. ¿Por qué ella escribió eso? diría él. “Porque ella estaba tratando de dar una idea de la manera como eres”, le respondía yo. “¡Pero ella no dijo que yo estaba bromeando!” Él no lo entendía.
Yo discutiría que él podría haber sido mejor si hubiese vivido en una generación y una época cuando cada quién tiene un teléfono celular. Eso pudiera haberlo hecho revisar algo de su descuido, y si no hubiera cambiado su conducta, después de todo la única persona que puede cambiar la conducta de alguien es esa persona, ciertamente habría cambiado la manera como lo mirábamos, y de lo que nos reíamos con o de él.
DL: Mantle creció en Commerce, Oklahoma. ¿Qué impacto tuvo eso en su vida?
JL: De verdad me alegra que haya preguntado eso. Pienso que a menos que entiendas el mundo de donde vino, no puedes entender a Mickey Mantle. Esa es la verdad de cualquier biografía y cualquier biógrafo, pero pienso que nadie en Nueva York entendió, yo no entendí, de donde venía Mantle y como realmente era Commerce, Oklahoma. El difunto Maury Allen, quién cubría a los Yanquis para el New York Post, me hizo una observación en broma: “Todos pensábamos que Commerce era un nombre inventado”. Sonaba muy bueno para ser verdad. Pero era cualquier cosa menos muy bueno para ser verdad. Commerce estaba en el centro del territorio minero de cinc y plomo de los Estados Unidos. El plomo con el que se hacían las balas para pelear en la primera guerra mundial salió de ese suelo, y el cinc para hacer las primeras baterías.
Deliberadamente solapé el accidente, y por accidente me refiero a la lesión en la rodilla de Mantle entre el jardín central y el derecho en el segundo juego de la Serie Mundial de 1951 cuando el mundo se abrió bajo sus pies, con un capitulo acerca de Commerce, al cual llamé “Undermined” (Minado), porque pienso que él siempre sintió que la vida era precaria. Él vino de un mundo marcado por la expectativa de la incertidumbre. Si algo era cierto, y esto no era propio de los Mantle, era que el mundo era un lugar incierto y no tendrías una vida completa si trabajabas en esas minas donde trabajó su padre. El número de historias que oi de la gente, diciendo, “Mi tío manejaba por la carretera 66 un día y la tierra se abrió debajo de él”, era impresionante.
Cuando fui a Commerce por primera vez, y fui dos veces, yo no podía encontrar lo que me hacía sentir incómoda de estar ahí. Había un sentimiento extraño acerca de eso. Me quedé mirando esas dunas blanqueadas de desechos de actividad minera, y finalmente lo vi: Si todo ese material estaba ahí arriba, ¿qué había debajo de tus pies? La respuesta es nada. Literalmente nada, en muchos lugares. El mundo de Mantle estaba literalmente minado.
Había una mina debajo de Picher, Oklahoma, el cual era el lugar natal de la esposa de Mantle, Merlyn, y era tan grande como el Astródomo de Houston. Así, que la gente estaba acostumbrada a que los hombres muriesen jóvenes. El padre de su mejor amigo voló una tarde cuando fue a encender las cargas para el trabajo del día siguiente, lo cual ellos hacían cada día a un cuarto para las cuatro. La tierra se estremeció y todos aguantaron la respiración por un instante. Ese día el padre de Bill Mosely no salió a tiempo.
Los mineros morían por derrumbes de rocas y morían de silicosis y tuberculosis. Pequeñas partículas de polvo se adherían en sus pulmones y formaban lesiones y cuando ellos tosían las lesiones se rompían y sangraban. Ellos literalmente se ahogaban en su sangre.
Mark Osborne es doctor en la cercana Miami, Oklahoma, cuyo abuelo, un minero, murió de silicosis y quien hace investigación en temas de salud en el Tri-State Mining District. Él recordaba ver hombres desaparecer de sus portales. Todos tenían las mismas casas pequeñas, esas pequeñas cabañas mineras, como la casa de Mantle en Commerce, y caminabas por ahí un día y había un tipo tosiendo sangre en un pañuelo, dos semanas después caminabas por ahí y el tipo había fallecido y había otro tipo tosiendo sangre en un pañuelo.
Para mí, eso fue revelador, porque mucha de la mitología de Mantle está relacionada con su refrán, “Nunca llegaré a los 40 años. Ninguno de los hombres Mantle vivieron más de 40 años”, lo cual el achacaba al linfoma no-Hodgkin, el cáncer que mató a Mutt Mantle. Esto cambió fundamentalmente mi percepción de él y el alcance de la historia, porque el heredó ese fatalismo del mundo que lo produjo. Era el derecho de nacer en esa parte del país.
Eso estaba compuesto por la osteomielitis que contrajo en la adolescencia, la cual fue mucho peor que lo que Mantle decía. El tratamiento fue más extensivo de lo que él siempre decía. Siempre sonaba como, “bien, recibí una patada en la barbilla en una práctica de futbol americano un día, y mi papá dijo ‘no hay lugar en el mundo para un hombre de una pierna’ y mi mamá dijo ‘son como el infierno’ cuando quisieron cortar mi pierna, así que me dieron penicilina y me puse bien”. Pero cuando encontré que en realidad él había estado hospitalizado cinco veces en un período de 13 meses, y pasó 40 días en el hospital, incluyendo su cumpleaños 16, empecé a darme cuenta que había ese nexo de muerte. Su propia vida y ciertamente la expectativa de vida que su padre vislumbraba para él, estaba en gran dificultad. La gente moría de osteomielitis todo el tiempo. Es una infección de los huesos, la cual la gente de Commerce llamaba “TB del hueso” o “cáncer de los huesos”. Hasta la invención de la penicilina, el único tratamiento era excentricismo o amputación. Fue un milagro que hubiesen tenido penicilina en Picher, Oklahoma en 1946 cuando Mantle fue hospitalizado por primera vez y fue aun más milagroso que se mejorara recibiendo solo siete por ciento de la dosis que usted recibe hoy. Es fácil entender porque tardó tanto en controlar la infección, solo recibía una fracción de lo que necesitaba para vencerla.
Él estaba en el hospital cuando el hermano de Mutt, Tunney, falleció a los 34 años, dos años después del padre de Mutt, el abuelo Charlie. Su tío Emmet también murió a los 34 años pero a mediados de los años ’50. Lo que Mantle le decía a la gente, incluyendo a sus compañeros de equipo, a finales de los años ’40 era, “No llegaré a los 40 años; ninguno de los Mantle lo hace”.
Fue pura coincidencia que yo notase que su abuelo Charlie llegó casi hasta los 61 años, y yo estaba impresionada por eso porque la cosa completa de “ninguno de los Mantle llegan a los 40” estaba muy bien establecida en la mitología. Yo casi no le creía a mis ojos. Me dije “¡Eso no puede ser!” Su primo Max se ofreció de voluntario y manejó hasta Adair, Oklahoma para revisar esos datos para mí, y lo hizo.
Así que lo que pienso que ocurrió, y sé que esta es de verdad una respuesta larga, pero aprecio la pregunta, es que había ese sentido de línea de base de la incertidumbre de la vida, el cual estaba compuesto por su propia enfermedad, y por lo que vio en su familia y los otros hombres quienes trabajaban con Mutt y murieron. Él creó una narrativa para para darle estructura al miedo. Eso se convirtió en una especie de abreviatura emocional para él. Pienso que fue una juventud muy dura, aún sin la carga genética del alcoholismo de la familia de su madre, y aun sin el abuso sexual de su media hermana mayor. Cuando uno todo eso, y me echo hacia atrás y lo miro, el muchacho de pronto tiene sentido.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Esta serie continuará. En la parte II, Leavy habla de la relación de Mantle con Joe DiMaggio, la mecánica de su swing desde ambos lados del plato, el significado cultural de “Willie, Mickey y el Duque”, incluyendo la pregunta , “¿Qué hubiera pasado si Mantle fuese negro y Mays blanco?”, y más.
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