viernes, 29 de abril de 2016

Cooperstown Confidencial: La inauguración de un libro nuevo sobre Thurman Munson.

Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 31-07-2009. Usualmente rechazo hacer revisiones de libros, porque soy autor y considero el proceso un potencial conflicto de intereses. Pero cuando un libro es bueno, no dudaré en recomendarlo. Ese es el caso de Munson de Marty Appel, publicado este verano por Doubleday. Una biografía a profundidad que examina al pelotero y al hombre de familia, Munson detalla las dolorosas experiencias infantiles, la a menudo carrera controversial con los Yanquis, y la trágica y prematura muerte a la edad de 32. El 2 de agosto marcará el trigésimo aniversario de la muerte del capitán y catcher yanqui, Thurman Munson. Pocos días antes del aniversario, Appel contestó algunas preguntas acerca del libro y el personaje influyente que Munson llegó a ser. Markusen: Marty, entiendo tu decisión de escribir una biografía detallada de Thurman Munson, dado que él no fue tan directo como hubieses querido cuando escribiste el primer libro. ¿Qué determinó la decisión de publicar el libro ahora? ¿Se debió estrictamente a que este es el aniversario 30 de su deceso, o hubo otros factores que influyeron? Appel: El otro factor que influyó fue la miniserie de ESPN, “The Bronx is Burning”, al revivir el interés en Thurman. La interpretación del actor Erik Jensen fue magistral, y una nueva generación pareció decir, “Este es un personaje interesante”. Eso hizo que Doubleday se interesara en el libro. Markusen: Los pasajes que escribes acerca del padre de Munson, especialmente del abuso físico que él le infligió a Thurman junto al constante desprecio por las habilidades de su hijo, son muy crudos. Dado lo traumático de la niñez de Munson ¿Te sorprende que Thurman llegara a ser tan exitoso como fue, como pelotero y hombre de familia? Appel: Esa es una parte muy positiva de la historia, como Thurman pudo romper ese ciclo (el cual por lo menos duraba dos generaciones) y a través de una firme determinación, crear una hermosa familia propia. Ese fue su logro más grande. Por supuesto, ese hogar problemático también le sirvió para prepararlo, de alguna manera, para estar en el clubhouse durante los años del Zoológico del Bronx (‘Bronx Zoo’). Markusen: La durabilidad y rudeza de Munson le permitieron recibir de 130 a 140 juegos por año, lo cual dejaba poco tiempo de juego a sus muchos catchers de respaldo a través de los años. ¿Estuvieron algunos de esos respaldos resentidos con Munson por la manera como el monopolizó (a falta de una mejor palabra) del tiempo de juego detrás del plato? Appel: Bien, si. Pero era difícil resentir de Thurman como persona, todos lo quería y admiraban, Pero cuando tuvo su lesión en la mano por dos años que lo privaba de hacer out a los corredores con mucha frecuencia, eso le dio oportunidades a Rick Dempsey, quién tenía un rifle en el brazo. Pero los pitchers querían que les recibiera Thurman; era un maestro en el conocimiento de los bateadores y llamando los juegos. Markusen: Thurman tenía una personalidad fuerte, igual que Billy Martin. ¿Fue sorpresivo para ti que ellos llegaran a ser tan cercanos como lo fueron? Appel: Billy tenía una personalidad que rondaba la simpatía cuando tenía necesidad, pero aún así demandaba respeto como genio de beisbol en los confines del dugout. Thurman respetaba a ese genio, y Billy sabía que Thurman era un jugador a la antígua, un tipo quien podía haber sido una estrella en cualquier época del juego. Markusen: La difícil relación de Munson con Reggie Jackson está bien documentada en tu libro. ¿Hubo algunos otros yanquis con los que Munson no se llevara bien? Appel: Ni uno. Él era un jugador de los jugadores. Markusen: Recuerda claramente lo que yo estaba haciendo cuando oi en las noticias que Thurman había muerto. Yo estaba cenando mientras veía un episodio de “La Isla de Gilligan”, cuando John Roland irrumpió con un boletín de noticias en Metromedia Channel Five. ¿Qué estabas haciendo cuando oiste la noticia y que pasó por tu mente en ese momento? Appel: Sorprendentemente, mis reacciones fueron algo como, oh Dios, que tragedia…un yanqui…un capitán…campeón mundial…mi amigo…¡su familia!...tan duro…y muy abajo en la lista, recordé que había hecho su libro con él. Estaba sorprendido de no haber pensado en eso antes en el proceso. Markusen: La mayoría de los observadores de los Yanquis creen que, áun si hubiese sobrevivido el accidente aéreo, los días de Thurman como receptor habían pasado. ¿Qué posición piensas que él habría jugado, y cuanto hubiera sido capaz de colaborar a la ofensiva? Appel: Habría sido bateador designado, y primera base-jardinero ocasional, pero él no tenía suficiente poder para ser un primera base o jardinero de las esquinas. Sin embargo, hubiera sido un bateador designado terrífico. Markusen: Munson no necesariamente hubiera ganado el favor de los sabermétricos de hoy porque él no negociaba muchos boletos y no bateaba muchos jonrones. ¿Es justo decir que Thurman era el tipo de pelotero que tenía que ser visto para ser apreciado completamente? Appel: Si, sus destrezas era más apreciadas en el dugout que en las gradas, pero los aficionados veían su juego agresivo, su liderazgo de hacerse cargo y su juego oportuno. Las cosas más sutiles, como llamar los pitcheos, hasta provocar a los oponentes, eran más dificiles de apreciar. Él era más un pelotero del lado interno del beisbol. Markusen: Treinta años después de su fallecimiento, ¿Qué tan importante es Munson para el legado de la franquicia de los Yanquis? ¿Por qué los aficionados jóvenes deberían saber de él? Appel: Él jugaba el juego duro y de verdad cada día… pasaba la temporada queriendo tener marca de 162-0, no aceptaba que todos los equipos perdieran 60 juegos. Aun en los años cuando los Yanquis no eran contendores, jugaba para ganar cada juego. Por eso es que él y George Steinbrenner se llevaban bien. Tenían la misma actitud. Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 28 de abril de 2016

‘No quieres creer que eso ocurrió’.

Hace casi 24 años, mientras estaba en Chicago para jugar ante los Medias Blancas, Lyman Bostock de los Angelinos de California recibió un disparo y fue asesinado en un carro en Gary, Ind. Chicago Tribune. K.C. Johnson. 23-06-2002. Los días han pasado, los juegos han continuado y casi 24 años han caido en el calendario. Thomas Turner no puede creerlo, y aun tiene el dolor fresco en su mente. Si alguien entiende por lo que está pasando la familia de Darryl Kile, ese es Turner, un trabajador retirado de la industria acerera de Gary, Ind. Turner es el tío de Lyman Bostock, el jardinero de los Angelinos de California quien fue asesinado mientras paseaba en un carro manejado por Turner luego de participar en un juego en el viejo Comiskey Park, el 23 de septiembre de 1978. Turner y los compañeros de equipo de Bostock en los Angelinos, entre los cuales estaba el manager de los Cachorros Don Baylor, saben lo que es salir de un juego de beisbol y ver que el orden del mundo deportivo es destruido por la desordenada realidad de la vida. Ellos saben lo que es regresar al diamante, como lo harán los compañeros de equipo de Kile el domingo, y tratar de jugar o ver un juego, aun con sus mentes oscilando en una ausencia fuera de las líneas de cal. “Amo el beisbol, pero verlo todavía es muy difícil, especialmente en el mes de septiembre”, dijo Turner desde su hogar de Gary el sábado en la noche. “Cuando veo a los Angelinos, espero verlo en el campo”. Bostock fue el último out en la derrota 5-4 de los Angelinos ante los Medias Blancas esa tarde sabatina antes de salir hacia Gary con Turner. Más tarde esa noche, Bostock de 27 años, paseaba en un carro con Turner y dos mujeres en el centro de Gary cuando el furioso esposo de una de las mujeres se acercó al carro con una pistola e hizo un disparo a través de la ventanilla trasera. Bostock recibió el impacto en el lado derecho del cráneo, falleció poco después de medianoche el 24 de septiembre. Horas después, la policía de Gary arrestó a Leonard Smith por cargos de asesinato. Smith eventualmente fue declarado inocente por razones de insanidad. Los Angelinos y los Medias Blancas, efectuaron un juego de beisbol, en las horas siguientes. Se guardó un minuto de silencio antes del juego. Las banderas estaban a media asta. Pero la victoria de los Angelinos 7-3 no significó nada comparada a la pérdida de Bostock, el hijo de una estrella de las Ligas Negras. Baylor, quien jonroneó en el juego, ha tenido malas memorias de Chicago por mucho tiempo debido al incidente. “Cada vez que entro al viejo Comiskey Park, pienso en Lyman principalmente”, escribió Baylor en "Nothing But the Truth: A Baseball Life", su autobiografía. “En retrospectiva, deseo haberle dicho aquel último consejo antes que saliera del clubhouse para siempre”. Turner conoce ese sentimiento. “Cuando supe lo de Kile, Lyman fue la primera persona que me vino a la mente”, dijo Turner. “Es devastador. No quieres creer que eso ocurrió. No puedes enfrentar la realidad. Pasará mucho tiempo antes que dejes de lastimarte”. ¿Qué tipo de pelotero era Bostock? En 526 juegos en cuatro temporadas de Grandes Ligas, bateó para .311. En 1977, Bostock terminó segundo de su compañero en los Mellizos, Rod Carew, por la corona del título de bateo de la Liga Americana con promedio de .336. ¿Qué clase de persona era Bostock? Haber llegado segundo en la carrera por el título de bateo le permitió firmar un contrato como agente de cinco años por 2.25 millones de dólares con los Angelinos, para entonces uno de los más grandes del beisbol. Cuando Bostock tuvo un lento comienzo en la temporada de 1978, al batear solo .150, él ofreció devolver su salario de abril al equipo. Como el equipo no lo aceptara, él lo donó a la caridad. Hubo otros ejemplos de tal generosidad de espíritu. Poco después de firmar su gran contrato como agente libre, Bostock donó 10.000 $ para pagar la reparación de la escuela Sunday en una iglesia de su nativa Birmingham, Ala. También hizo trabajo voluntario con niños de escasos recursos en el area de Los Angeles. “Él creía en ayudar”, dijo Turner. “Siempre hablábamos, y el tenía grandes ideas, especialmente con niños”. Baylor, uno de los amigos más cercanos de Bostock, sabía que el hombre fuera del campo estaba por encima del pelotero, por eso se tomó la tragedia tan a pecho. El día siguiente, a Baylor le pidieron una entrevista para la TV. Baylor no respondió. Empezó a llorar. A Turner le preguntaron si tenía algún consejo para la familia de Kile. “Ellos tienen que creer y confiar en el Señor y seguir adelante”, dijo. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 27 de abril de 2016

Esquina de las Barajitas: 1966 Topps: La Vida Dificil de Clay Carroll.

The Hard Ball Times. Bruce Markusen. 16-03-2016. Clay Carroll podría ser uno de los relevistas más subestimados de la historia del beisbol. Con el entrenamiento primaveral en su apogeo, es un buen momento para girar nuestra atención al juego de barajitas de beisbol Topps que salieron hace 50 años. En 1966, Topps introdujo una colección con un diseño simple, con una banda coloreada, en la parte baja (mostraba el nombre del pelotero y la posición) y otra banda coloreada, diagonal, desplegada en la esquina superior izquierda (mostraba el equipo del jugador). No hay nada espectacular en el formato, pero este permite que la fotografía respire, y eso es algo bueno para esta colección de barajitas y su entramado de retratos y tomas de poses. De las barajitas que Topps produjo esa primavera y verano, esta podría ser la más extraña de la colección, si no de todos los años ’60. Clay Carroll, quien una vez fuera un buen pitcher relevista, toma una apariencia distintiva para su barajita de 1966. Con su mentón levantado, cabello recogido y expresión desentendida, Carroll parece una cruz entre un gran pájaro y Jack Nicholson, una referencia que parece especialmente apropiada en un momento del año cuando los premios de la academia tienen tantos titulares por muchas razones diferentes. La gran nariz de Carroll, la cual le valió el apodo de “The Hawk” (“El Halcón”) ideado por sus compañeros de equipo, también está en completa evidencia en la barajita. También es muy aparente que Carroll está sudando profusamente. No solo su cabello está mojado, sino que hay algo de humedad visible alrededor de su boca, como si hubiera terminado un rudo ejercicio de entrenamiento primaveral. Me imagino que en la mayoría de las ocasiones el fotógrafo le da a los peloteros la oportunidad de refrescarse y secarse antes de tomar la foto, pero parece que a Carroll no le permitieron ese lujo aquí. A pesar del sudor y la apariencia extraña, Carroll sonría para el fotógrafo de Topps. Como fue indicado antes, es una sonrisa enigmática, del tipo que Nicholson nos ofreció en sus mejores días en películas como Chinatown, Atrapado sin salida y El Resplandor. Esa sonrisa se ha convertido en una marca de fábrica de Nicholson, a quién algunos han llamado el mejor actor de los últimos 50 años. Como Nicholson, Carroll nos da la impresión de que sabe algo que nosotros no sabemos. Entonces de nuevo, quizás está complacido de que tendrá su propia barajita por primera vez, sin tener que compartir espacio con otro jugador, como lo hizo con el inquilino del Salón de la Fama, Phil Niekro, en 1965. Por muchas razones, la apariencia de Carroll en esta barajita es memorable, pero su carrera ha sido olvidada por muchos aficionados. Eso no es justo, dado lo bueno que fue Carroll en gran parte de su carrera. Ciertamente él no fue un inquilino del salón de la Fama, pero se puede discutir que Carroll clasifica como uno de los pitchers más subestimados en la historia del pitcheo de relevo. También se sobrepuso a su cuota de dificultades, incluyendo una crianza relativamente pobre y una tragedia más adelante en su vida. Carroll creció en el pequeño pueblo de Clanton, Ala., conocido por sus industrias textiles y dificultades económicas. Uno de nueve hijos, Carroll vivió en una casa superpobalda que era pagada por su padre, un trabajador de la industria algodonera con una ética de trabajo a la antigua. Mr. Carroll solo ganaba 45 $ semanales, pero se aseguraba de que sus nueve hijos tuvieran suficiente que comer. Clay trabajó en la industria por un par de años, y también hacía la tarea laboriosa de cargar patillas en los camiones, antes que su recta llamara la atención del scout de los Bravos de Milwaukee, Dixie Walker. Los Bravos ofrecieron a Carroll un contrato que incluía un bono de 1000 $. “Firmé”, le dijo Carroll al Cincinnati Enquirer en su maravilloso acento sureño. “Parecía mucho dinero. Nunca había visto tanto dinero en mi vida”. Carroll compró su primer carro y empezó a trabajar de manera estable en el sistema de granjas de Milwaukee. Al principio, solo tenía una recta y una curva, pero pronto aprendió a lanzar una slider y un cambio. Para 1964, ese repertorio le ayudó a debutar en Grandes Ligas, lanzó casi impecable en 20 innings de trabajo. Para 1966, el mismo año cuando los Bravos se reubicaron en Atlanta, Carroll emergió como caballito de batalla desde el bullpen. Lideró la Liga Nacional con 73 apariciones, lanzó 144 innings, tuvo efectividad de 2.73, y salvó 11 juegos. El último número podría no parecer muy alto, pero recuérdese que en los años ’60, los managers no programaban a sus cerradores para situaciones de salvamentos. De hecho, el juego salvado aún no se había convertido en estadística oficial. En 1967, Carroll experimentó una pobre temporada, ocasionada en parte por dejar que su peso subiera hasta los 108 kilos. (Las barajitas posteriores de Carroll lo muestran con una cara mucho más llena que la versión de 1966, una indicación del peso que ganó mientras su carrera progresó). Esa también fue la temporada que siguió a la muerte de su padre; tristemente, el señor Carroll nunca tuvo la oportunidad de ver a su hijo pitchear en las mayores. Entonces vino un comienzo mediocre en la temporada de 1968, lo cual provocó que la oficina principal de los Bravos lo ofreciera como parte de un cambio. Preocupados porque Carroll había perdido su efectividad, los Bravos lo negociaron junto al derecho Tony Cloninger a los Rojos de Cincinnati como parte de un cambio de seis peloteros por Milt Pappas. El cambio de escenario funcionó bien. Carroll se convirtió en el cerrado de los Rojos, al pitchear brillantemente por el resto de 1968. Con su buena recta y su estilo agresivo en el montículo, Carroll probó ser una opción perfecta para los ínnings finales. Pero en 1969 y 1970, tuvo que hacer otro ajuste en su carrera, convertirse en un relevista capaz de prepararle la escena al nuevo as relevista del equipo, el especialista de envios por el lado del brazo, Wayne Granger. Cuando Granger resbaló en 1971, Carroll recuperó el papel de cerrador. Más que depender principalmente en su recta, Carroll ahora dependía de su habilidad para mezclar cuatro envíos diferentes, junto a un control impecable. A Sparky Anderson, quien se convirtió en su manager en 1970, le gustaba mucho su confiabilidad y voluntad para tomar la pelota, lo llamaba con más frecuencia de lo que lo hacía con cualquier otro relevista de los Rojos durante su estadía como manager. La actuación de Carroll en 1972 se convertiría en una temporada para el recuerdo. Lideró la Liga Nacional al hacer 65 apariciones. Al limitar a los rivales con una efectividad de 2.25, Carroll estableció una marca de Grandes Ligas al salvar 37 juegos. Aunque su marca ha sido rota varias veces desde entonces, fue un total nunca antes visto para un relevista en 1972. Carroll se hizo tan confiable hacia el final de los juegos cerrados que Anderson lo llamaba reiteradamente para hacer ese trabajo, a veces pidiéndole que lanzara más de un inning. Para 1972, Carroll también estaba haciendo buen dinero, al menos para los patrones del día. Como le explicó a un reportero de Associated Press, el beisbol le había dado la oportunidad de vivir una “vida confortable”. Eso era algo muy distante de su modesta crianza en Clanton. En 1973, Carroll estuvo afectado por una gripe severa, seguida de una puja dolorosa con la lechina, pero siguió pitcheando. Para 1974, Carroll había perdido su papel como cerrador de los Rojos, pero continuó lanzando efectivamente en los innings intermedios. Permaneció con los Rojos a través de la temporada de 1975, lo que le dio la oportunidad de ganar su primer y único anillo de Serie Mundial. (Para hacer el logro más dulce, Carroll se apuntó la victoria en el séptimo juego en Fenway Park). Aunque Carroll lanzó muy bien esa temporada, Anderson no lo llamaban con tanta frecuencia, parecía preferir a dos pitchers jóvenes, Rawly Eastwick y Will McEnaney. Ahora de 34 años, Carroll, Carroll se convirtió en transferible ese invierno. Los Rojos lo enviaron a los Medias Blancas de Chicago por dos jóvenes jugadores, el pitcher zurdo Rich Hinton y un receptor de ligas menores llamado Jeff Sovern. En total, Carroll lanzó ocho temporadas para los Rojos, desde 1968 hasta 1975. Excepto por una temporada, fue estable y efectivo en cualquier trabajo que le encomendó Anderson. Y no solo fue bueno en la temporada regular; en las series de campeonato, dejó una efectividad de 1.50, y en Series Mundiales, lo hizo aun mejor, al bajar su efectividad a 1.33. No le tomo mucho tiempo a Carroll en convertirse en el mejor relevista de un mal equipo de los Medias Blancas. Lanzó bien al empezar la temporada, pero entonces sufrió una fractura en la mano a finales de junio, lo cual lo mantuvo lesionado por más de un mes. La siguiente primavera, los Medias Blancas optaron por la juventud, al enviar a Carroll a los Cardenales de San Luis por otro relevista derecho grande, Lerrin LaGrow. Carroll hizo un buen trabajo para los Cardenales, solo para regresar a los Medias Blancas más adelante ese verano cuando los “South Side Hit Men” se encontraron compitiendo en el oeste de la Liga Americana. Luego de un rudo final de temporada, Carroll pidió su libertad la primavera siguiente y firmó con los Piratas de Pittsburgh, donde hizo un par de apariciones como relevista. En 1979, firmó un contrato de liga menor con los Cerveceros de Milwaukee, pero nunca hizo el equipo de Grandes Ligas. Carroll se fue del beisbol por completo, estableció una vida normal de retiro postbeiosbolero. Trágicamente, esa normalidad terminó en 1985. Para entonces, Carroll había estado casado con su segunda esposa, Frances, por cuatro años. El hijastro de Carroll, Frederick Nowitzke, empezó a mostrar una conducta extraña. Un día horrible, enloqueció en un episodio de violencia, hizo disparos mortales a Frances y a su hermanastro. El propio Carroll recibió un disparo, tuvo una herida en la cara, pero sobrevivió el incidente. Sentenciado culpable de asesinato, Frederick permanece en prisión hasta el presente. Cuando la noticia llegó a los periódicos, algunos de los compañeros de equipo de Carroll reaccionaron públicamente. Uno de ellos fue el derecho Jack Billingham, quien recordó algunas de las dificultades previas de Carroll, incluyendo la muerte previa de un hijo. “Él ha tenido algunos momentos difíciles luego que salió del beisbol”, le dijo Billingham a USA Today. “Ha tenido experiencias muy feas a través de su vida”. Poco después de los asesinatos, Carroll se mudo a Chatanooga, Tenn., donde fue a trabajar en la construcción. Ahora completamente retirado, él sigue haciendo apariciones para los rojos como miembro de su Salón de la Fama y como participante de sus campamentos de fantasía. Por todos los medios, Carroll permanece como uno de los tipos buenos del juego, mantiene su sentido del humor a pesar de los eventos traumáticos que rodean su familia. Es difícil imaginar por lo que ha pasado, y como se las ha arreglado para seguir adelante, pero Carroll sigue perseverando en sus años de retiro. Como lo hizo por 15 temporadas de Grandes Ligas, Clay Carroll ha encontrado una manera de sobrevivir. Referencias y Recursos • Clay Carroll’s biographical file at the National Baseball Hall of Fame Library • Joe Posnanski, The Machine Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del Traductor: En el tercer juego de la Serie Mundial de 1975, Bernie Carbo le bateó un jonrón como emergente a Clay Carroll. Luego que terminó el juego, Carroll fue al casillero de Carbo en el clubhouse de los Medias Rojas y violentó todas las pertenencias de Carbo, hasta una foto que le había autografiado antes del juego, ambos fueron compañeros de cuarto con los Rojos de Cincinnati. (The Game I’ll Never Forget. Bernie Carbo as told to Al Doyle. Baseball Digest. November 2005). Actuación de Clay Carroll con los Tiburones de La Guaira en la temporada 1964-65: 9 juegos, 4 aperturas, 1 juego completo, 1 ganado, 3 perdidos, 1 salvado, 26.2 innings, 24 hits permitidos, 13 carreras limpias, 20 ponches, 9 boletos, 4.39 efectividad.

jueves, 21 de abril de 2016

Milt Pappas, astuto jugador estrella cambiado por inquilino del Salón de la Fama, fallece a los 76 años.

Bruce Weber. The New York Times. 19-04-2016. Milt Pappas, un astute pitcher derecho quien ganó más de 200 juegos en las Grandes Ligas pero legado más memorable, aunque desafortunado, es que fue cambiado por el futuro inquilino del Salón de la Fama, el jardinero Frank Robinson en el que ha sido considerado uno de los cambios más desbalanceados de la historia del beisbol, falleció este martes 19 de abril en su hogar de Beecher, Ill. Su muerte fue confirmada por su esposa, Judi, quien dijo que no estaba segura de la causa. Pappas apareció en su primer juego de Grandes Ligas con los Orioles de Baltimore en 1957, cuando tenía 18 años. La temporada siguiente ganó 10 juegos para un equipo que ocupó la sexta posición, se convirtió en el primer miembro de una joven rotación conocida como los pichones (Baby Birds); para 1961 estaba conformada por Chuck Estrada, Steve Barber y Jack Fisher, ninguno llegaba a 24 años. Era un pitcher de control sin una recta poderosa, a lo largo de su carrera Pappas ponchó menos de cinco bateadores por cada nueve innings, pero también concedió solo 2.4 boletos y permitió menos de un jonrón. Para finales de 1965, con solo 26 años, él había ganado 110 juegos y había ido dos veces al Juego de Estrellas. Entonces fue cuando los Orioles, quienes eran ricos en pitcheo pero de pobre bateo, lo cambiaron (junto a dos peloteros de menores consecuencias) a los Rojos de Cincinnati por Robinson, quien había cumplido 30 años y estaba a cuatro años de su premio al jugador más valioso en la temporada de 1961. En vista de todo eso, el cambio parecía razonable para ambas partes, quizás hasta favorecía a los Rojos. Las cosas no se dieron de esa manera. Pappas tuvo una buena carrera, al ganar 99 juegos más (quedó a un juego de estar entre un puñado de pitchers en ganar 100 juegos en cada liga) con los Rojos, los Bravos de Atlante y los Cachorros de Chicago. Robinson, sin embargo, de inmediato lideró la Liga Americana con promedio de bateo de .316, 49 jonrones y 122 carreras empujadas, ganó la triple corona y el premio al jugador más valioso y llevó al equipo a su primera Serie Mundial desde 1944, cuando la franquicia aún estaba en San Luis, y a una barrida de los Dodgers de Los Angeles. Robinson fue al Juego de Estrellas en cuatro de las próximas cinco temporadas, y en seis como Oriol promedió casi 30 jonrones por temporada y más de 90 carreras empujadas. Sus Orioles jugaron tres Series Mundiales más, perdieron ante los llamados Milagrosos Mets de 1969 y ante Pittsburgh en 1971. Vencieron a Cincinnati en 1970, pero para entonces Pappas, quien nunca pitcheó en una Serie Mundial, ya se había marchado de ese equipo. Había sido cambiado a Atlanta en junio de 1968, poco después del asesinato de Robert F. Kennedy. Varios equipos declinaron jugar el 8 de junio, el día del entierro, pero los peloteros de los Rojos votaron por jugar, se reportó que por margen estrecho y solo después que fueron presionados por la gerencia. Molesto, Pappas renunció como representante de los peloteros del equipo, y fue cambiado tres días después. Los Bravos, a mediados de 1970, vendieron su contrato a Chicago, donde, además de ganar 51 juegos en menos de cuatro temporadas (incluyendo 17 en 1971 y 1972), él tuvo un momento notable más. El 2 de septiembre de 1972, él tenía un juego perfecto en curos contra los Padres de San Diego con dos outs en el noveno inning cuando concedió boleto a Larry Stahl en conteo de 3-2. El lanzamiento pareció estar afuera, pero Pappas responsabilizó al árbitro, Bruce Froemming, y aunque completó su no-hitter, estuvo molesto con esa sentencia por el resto de su vida. Él alegaba que al no estar nada en juego excepto la historia del beisbol, Froemming debió haberle concedido el último pitcheo y estirar la zona de strike. “Hasta este día todavía no entiendo que pasaba por la mente de Bruce Froemming en ese momento”, le dijo Pappas a ESPN en 2007. “¿Por qué no levantó su mano derecha como hizo el árbitro en el juego perfecto de Don Larsen?” Él agregó: “Era un juego como local en Wrigley Field. Yo lanzaba para los Cachorros de Chicago. El marcador estaba 8-0 a favor de los Cachorros. ¿Qué tenía que perder él al no cantar el último pitcheo como strike para completar un juego perfecto?” Milton Steven Pappastediodis nació en Detroit el 11 de mayo de 1939. (La mayoría de las fuentes dicen que su segundo nombre era Stephen, pero Judi Pappas sijo que se deletreaba con una v). Sus padres era inmigrantes griegos quienes recortaron su apellido; su padre era dueño de una farmacia y una fuente de soda. Él se graduó en Cooley High School en Detroit antes de firmar como agente libre amateur con los Orioles. Apareció en solo tres juegos de ligas menores. Su marca vitalicia fue 209-164, con 3.40 de efectividad. La primera esposa de Pappas, Carole, fue objeto de algún misterio cuando la familia Pappas vivía en Wheaton, Ill., un suburbio de Chicago. El 11 de septiembre de 1982, ella desapareció un sábado mientras hacía diligencias. Hubo alguna sospecha de juego ilegal, pero cinco años después, en agosto de 1987, su cuerpo fue descubierto dentro de su carro en el fondo de un estanque de retención a cuadras de su hogar. Además de su esposa, la antígua Judi Bloome, con quién se casó en 1987, los sobrevivientes de Pappas incluyen a su hija, Alexandria Arlis; un hijo de su primer matrimonio, Steven; y cinco nietas. Una hija de su primer matrimonio, Michelle, falleció en 2015. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 20 de abril de 2016

69 años después, Filadelfia se disculpa con Jackie Robinson.

Marc Tracy. The New York Times. 14-04-2016. El pasado verano, los Monarchs de Anderson, el equipo de beisbol de Filadelfia que se hizo famoso un año antes cuando llegó a la Serie Mundial de Pequeñas Ligas amparado por el brazo poderoso de Mo’ne Davis, se adentraron en el sur. Jugaron beisbol, y también visitaron lugares significativos del movimiento de los derechos civiles como homenaje a la herencia del equipo, después de todo, tomaron su nombre, por los Monarchs de Kansas City, el equipo de las ligas negras para el cual una vez jugara Jackie Robinson. “Me paré donde se pararon Martin Luther King y John Lewis”, escribió el jardinero Myles Eaddy en un blog del equipo después de una visita a Selma, Ala., y agregó, “Es muy agradable saber que tan lejos hemos llegado”. Casi un año después, el viaje del equipo ha ayudado a inspirar una disculpa ofrecida por Filadelfia a Robinson, quién rompió la barrera racial de Major League Baseball cuando debutó con los Dodgers de Brooklyn al comienzo de la temporada de 1947. La disculpa llega cuando Major League Baseball celebra este viernes, el aniversario 69 del primer juego de Robinson con los Dodgers con su Jackie Robinson Day, el cual empezó en 2004. Cada jugador de Grandes Ligas usa el 42 de Robinson, un acontecimiento anual del beisbol. Lo que es diferente este año es la disculpa de la ciudad de Filadelfia por la manera como los Filis trataron a Robinson cuando empezó su carrera. “Obviamente, todos saben de Jackie Robinson cuando son niños colegiales”, dijo Helen Gym, la miembro del concejo quien introdujo la resolución para disculparse con Robinson, la cual fue aprobada por unanimidad. Pero Gym agregó que la gira de los Monarchs al sur y la película de 2013 sobre la vida de Robinson, titulada “42”, incentivó su interés y el del Concejo de la Ciudad para recordar a Robinson y reconocer la contribución de los Filis a la hostilidad que él encontró inicialmente. Aunque la resolución se refiere al racismo que Robinson encontró como pelotero visitante en Filadelfia, en general se reconoció que la peor conducta que los Filis mostraron contra él ocurrió al principio de esa temporada, en Ebbets Field en Brooklyn, durante uno de los primeros juegos de los Dodgers. Fue entonces que los Filis, liderados por su manager, Ben Chapman, gritaron reiterados epítetos raciales a Robinson cuando llegaba al plato, un enfrentamiento que fue retratado vívidamente en “42”. La resolución del Concejo de la ciudad declara que a Robinson le dijeron “regrésate a los algodonales”. De acuerdo a Jonathan Eig, cuyo libro de 2008 “Opening Day” hizo una crónica de la temporada de novato de Robinson, Chapman y varios Filis también hicieron comentarios acerca de las características físicas de Robinson. Robinson dijo después que eso fue lo más cerca que estuvo de estallar y tomar retaliación. “Por un minuto de rabia, pensé, ‘Al infierno con el noble experimento de Mr. Rickey’”, recordó una vez Robinson, refiriéndose a Branch Rickey, el ejecutivo de los Dodgers quién escogió a Robinson como el pelotero que el sentía capaz de integrar el juego al tener la disciplina para no responder a los insultos y provocaciones que enfrentaría. En aquellos juegos iniciales contra los Filis, Robinson contuvo su rabia. “Él sabía que esto no era solo simbolismo”, dijo Eig. “Él sabía que si podía integrar a Major League Baseball, eso afectaría las vidas de muchas personas. Y él sabía que si titubeaba, podía perder la oportunidad”. Por su parte, Chapman insistiría años después que los insultos fueron motivados menos por racismo que por el deseo de ganar ventaja competitiva sobre un novato presumiblemente frágil. Le dijo al periodista Allen Barra que él también había usado epítetos contra Joe DiMaggio, quien era descendiente de italianos, y Hank Greenberg, quien era judío. ”Puedo imaginar la posibilidad de que ambas cosas sean verdad”, Dijo Eig de Chapman, “que él era profundamente racista y que pensaba que al atacar al tipo negro con este lenguaje racista podía provocarlo, hacerle perder la compostura, sacar lo más primitivo del pelotero, hacer que lo expulsaran por la mitad de la temporada, hacerlo renunciar”. De cualquier modo el insulto inicial de Robinson por Chapman y sus peloteros creó una respuesta. En el segundo juego de esa serie, de acuerdo a “Opening Day”, Eddy Stanky de los Dodgers, un jugador del cuadro y nativo de Filadelfia, confrontó a los Filis, les gritó y los llamó cobardes por abusar verbalmente de alguien quien no podía responderles. Los comentaristas intervinieron, y mostraron respaldo por Robinson. “Fue la primera vez que tantas personas blancas y reporteros blancos en particular notaron el abuso del cual era objeto Robinson”, dijo Eig y agregó, “Entrevisté a un aficionado quien asistió a uno de esos juegos cuando era adolescente, él oyó las barbaridades, y estaba impactado”. Chapman había recibido presiones desde dentro del beisbol para el momento cuando los Dodgers hicieron su primera visita a Filadelfia esa temporada, del 9 al 11 de mayo, a Robinson no le permitían compartir el mismo hotel con sus compañeros. Él pidió tomarse una fotografía con Robinson, una petición, dijo Eig, a la que Robinson accedió con los dientes apretados. Los dos hombres posaron rígidos, sosteniendo el mismo bate. Todos estos años después, la resolución del Concejo de la Ciudad parece un genuino gesto de enmienda. “Estoy seguro que Robinson estaría de acuerdo en que una disculpa es válida”, dijo Eig. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 14 de abril de 2016

Un pueblo alimentado por el legado de Mickey Mantle, mas no aún por la prosperidad.

Michael Shenker. The New York Times. 10-04-2016. Commerce, Okla.—El nombre de Mickey Mantle vale millones, pero no se encontrará ese dinero en el pueblo donde Mantle aprendió a batear a ambas manos golpeando pelotas de tennis usando el lateral de un almacen de metal como malla trasera. Commerce tiene más que una buena cantidad de portales deprimidos, pintura descascarada y terrenos llenos de monte. La vía principal es tranquila, con solo el Western-themed Hitch N’ Post Antique, el mercado de las pulgas y otros pocos negocios tratando de tener actividad. En un día reciente de semana por la tarde, se sentía como si todos se hubiesen ido a otra parte. Aún, hay cierto orgullo Yankee, aquí en el país de los Reales de Kansas City, cerca del límite de Kansas. En el medio del pueblo, la torre de agua de Commerce está pintada con líneas verticales y un número 7. Una estatua de Mantle, el “Commerce Comet” (“Cometa de Commerce”), saluda a los visitantes en Mickey Mantle Boulevard en un extremo del pueblo, detrás de la pared del jardín central de la escuela secundaria que lleva su nombre. Todo el que viene aquí para reconectarse con su ídolo de la niñez busca el hogar de Mantle, la casa blanca cuadrada de cuatro habitaciones con un patio grande y un almacen de metal oxidado y corrugado, donde dice la historia, que el padre y el abuelo de Mantle le lanzaban al muchacho mientras este bateaba a la zurda y luego a la derecha, por horas cada tarde hasta que el sol se ocultaba. El techo del almacen está parcialmente levantado, pero la leyenda está intacta. Este es el lugar donde creció el bateador ambidextro más grande del beisbol. Acercarse así a Mantle, quién recorrió su ruta hacia el estrellato en la época de Marilyn y Elvis, es suficiente para hacer llorar a un hombre adulto. “Los hemos visto romper en llanto hablando de Mickey Mantle y que él era su héroe y todo eso”, dijo Tisha Nading, una cajera en la tienda Tammi’s L & M. “Es importante saber que alguien de aquí significó tanto para alguien cuando crecía”. Ahora que regresó la primavera, los peregrinos empezaran a venir en grandes cantidades otra vez. Nadie sabe cuantos vienen cada año, aunque Michael Hart, el alcalde de Commerce, se aventuró a decir que “son miles; se lo puedo asegurar”. Nadie sabe por cuanto tiempo se quedan los visitantes, o, cuanto gastan, pero mayormente no es mucho. Commerce no tiene hotel. Los visitantes pueden conseguir almuerzo, y podrían llevarse algunas antigüedades, o llegarse hasta Dairy King por una barquilla, pero eso es todo. Nadie ofrece a la venta la barajita de novato de Mantle por 225.000 $, o maneja alrededor como si hubiese comprado una. “Vemos personas que dicen todo el tiempo, ‘Hey, ¿Hay algun lugar donde podamos comprar una franela de Mickey Mantle, o un llavero, o un imán?’__ solo algún tipo de recuerdo que se puedan llevar, y luego puedan decir, ‘Estuve en Commerce, Okla., y compré una postal, y compré esto’”, dijo Hart, 33, quien creció al lado del hogar de Mantle. “Y siempre tenemos que decir, lo siento, no tengo nada eso’”. Pero casi 70 años después que Mantle saliera de esta esquina de Oklahoma, donde su padre mantenía la familia con su trabajo en las minas de plomo y cinc, las personas aun buscan una manera de levantar al pueblo en los amplios hombros de Mantle, o por lo menos hacer algo más por rendirle tributo. Ellos tuvieron grandes planes una vez, sueños más grandes que un armario de recuerdos, y tal vez muy grandes para Commerce. En los años posteriores a la muerte de Mantle en 1995 a la edad de 63 años, algunos de sus compañeros de la escuela secundaria y otras personas vinieron con un plan de un museo multimillonario. Crearon el fondo financiero Mickey Mantle Memorial, compraron 17.5 acres de tierra al otro lado de Mickey Mantle Boulevard y contrataron un arquitecto para que hiciera un diseño. El resultado: los planos detallados del complejo para un museo con cuatro diamantes de beisbol y un edificio con exhibiciones interactivas, a un costo total aproximado de 10 millones de dólares. Las personas involucradas en el proyecto dan visiones diferentes de porque este fracasó. Algunos dicen que no había suficiente dinero recaudado para empezar el museo, y ellos aún se preguntan si habrían venido suficientes visitantes para sustentarlo. Para el tiempo cuando Hart se convirtió en alcalde en 2008 y se unió al comité del fondo financiero, dijo, que el plan del museo ya había colapsado y los abogados de la familia Mantle le pidieron que removiera el nombre de Mantle del fondo. El legado de Mantle en Commerce ahora está en manos de las personas que crecieron después que él se retiró en 1969. Brian Waybright, 51, quien enseña estudios sociales en la escuela secundaria local, supo desde joven que Mantle era importante para Commerce, oía a sus padres hablar, él conocía a los homónimos del pueblo, pero sorpresivamente, no había notado cuan importante era Mantle en muchas otras partes. “Mi vecino del lado, su nombre era Mickey, mi amigo, su nombre era Mickey”, dijo Waybright. “Había un gran orgullo por Mickey Mantle, pero todo era a nivel personal”. Entonces en 2000, Waybright ayudó a crear el Mickey Mantle Classic, un torneo local de beisbol que él continúa haciendo cada año, y aprendió lo que el nombre podía hacer. Aún se maravilla con su primera llamada telefónica al Salón de la Fama del Beisbol de Cooperstown, NY para discutir sus planes. “Lo que de verdad me hizo voltear la cabeza es que podías llamar al Salón de la Fama del Beisbol y mencionar al nombre de Mickey Mantle, y ellos te devuelven la llamada”, dijo él. “Eso es de verdad impresionante”. El torneo, que empezó el 4 de abril este año, es la única vez en el calendario cuando se puede encontrar a la venta en Commerce una franela con el nombre de Mantle impreso. Waybright trae una estrella de beisbol cada año para firmar autógrafos y dar un discurso en el banquete de cierre. El antiguo pitcher de los Yanquis, Ron Guidry estuvo ahí el sábado. David y Danny Mantle, los dos hijos sobrevivientes de Mantle, donaron una litografía autografiada para ser subastada esa noche, para ayudar a que el torneo cubriera sus gastos. Waybright fue el ofertante ganador: 575$. Si hay un legado no deseado que persiste desde los años de Mantle, es la falta de prosperidad. Commerce, que está en la esquina noreste de Oklahoma, está clasificado entre los pueblos más pobres del estado. Las minas de plomo y cinc de Picher, unas cinco millas al norte, donde el padre de Mantle, Elvin Charles, conocido como Mutt, trabajó, cerraron hace mucho tiempo. Las compañías mineras dejaron atrás un desastre: aguas y suelos contaminados, pilas de desechos de minería que aumentaron el nivel de plomo en los niños que vivían en las cercanías. Varios pueblos fueron evacuados por orden gubernamental, dejando atrás pueblos fantasmas donde las casas eran arrancadas desde sus cimientos luego que las comunidades fueron desalojadas. Se puede conseguir algo de empleo en las escuelas de Commerce, en el area de casinos y en las ventas al detal del cercano Miami, Okla. Pero no hay mucho dinero que ganar. El presupuesto típico anual de una familia está alrededor de 26.000 $ al año. Waybright, quien dirige el fondo financiero, lo renombró como Commerce Sport Authority, dijo que el pueblo ahora tiene ambiciones más modestas. Hay planes de vender el terreno comprado hace doce años para el museo y usar el dinero para acondicionar los alrededores de una estatua de bronce de Mantle. El lugar sería llamado Mickey Mantle Monument Park. El progreso es lento. Waybright al menos quiere poner un aviso en la estatua para informarle a los visitantes comprar ladrillos (107$ la pieza) y baldosas (277 $) para grabarlos con mensajes personales e instalarlos a lo largo de un camino pavimentado que conduce a la estatua. “Para ser honesto, todo esto ha sido un gran impulso, y hemos logrado mucho, pero cuando haces cosas con voluntarios que trabajan durante el día y otras cosas, se hace difícil”, dijo él. En el Dairy King, el cual funciona en una antigua estación de gasolina old Marathon remodelada, Treva Duboise dijo que ella no pensaba que Mickey Mantle la ayudaría a pagar las cuentas. Eso no significa que ella y su hijo, Charles, no reciban a los peregrinos del beisbol. Él obsequia a los clientes con imágenes fotocopiadas de Mantle en sus días de pelotero activo. Y si ellos se quedan para comer un helado o hamburguesa, Charles, 49, les regalará cada cuento que ha oído de Mantle. Pero Treva Duboise es rápida para abrir su libro de visitantes y mostrar de donde vienen la mayoría de sus clientes de fuera del pueblo, y no es de países beisboleros: Italia, Nueva Zelanda, Irlanda, Dinamarca, Noruega y otros lugares lejanos. Ellos vienen por un diferente tipo de nostalgia: la histórica Route 66, la cual pasa por Commerce en su camino desde Chicago hasta Los Angeles. Entre su clientela, Treva Duboise dice, que hay más interés en un capítulo oscuro de la historia de Commerce, cuando una sediciosa pareja llegó al pueblo en carro y mató a un policía un año antes que los Mantle llegaran. “Más gente viene aquí queriendo saber de Bonnie and Clyde”, dijo ella. “Ellos son héroes folklóricos en todo el mundo”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 11 de abril de 2016

Ellos estuvieron ahí: Jim Landis.

Jim Landis fue firmado por los Medias Blancas de Chicago como agente libre amateur en 1952 y jugó por ocho años antes de ser cambiado en 1965 a los Atléticos de Kansas City. Entonces se movió hacia los Indios de Cleveland, Astros de Houston, Tigres de Detroit y finalmente Medias Rojas de Boston. Fue integrante del equipo de la Liga Americana en el Juego de Estrellas de 1962, ganó cinco veces el guante de oro (todos consecutivos en el lapso 1960-64) y jugó en la Serie Mundial de 1959. Landis jugó su encuentro final en las Grandes Ligas con los Astros el 28 de junio de 1967. Ahora vive en Napa, California, con su esposa Sandy (Foster) Como le fue contado a Ed Attanasio, This Great Game. Sobre su primer juego en las Grandes Ligas en 1957: “Yo era un conejo asustado. La mitad del tiempo no me percataba de que estaba en el campo. Así de nervioso estaba. Todo lo que recuerdo fue enfrentar a Herb Score, quien lanzaba a 100 millas por hora. Mi primera impresión fue más me vale ganarme el almuerzo en otra cosa si voy a enfrentar tipos como este todo el tiempo. Me dije que mejor buscaba otro trabajo. Estaba tan nervioso que era increíble. Eso fue un problema por un tiempo. Eso fue todo un tema para mi, porque estar en las Grandes Ligas era como un sueño, pero no me podía despertar. Me enviaron a Indianapolis, porque estaba jugando muy mal ese primer año. Sobre su relación con el manager Al López: “Pongámoslo de esta manera, todo tiene dos lados. Él era uno de los mejores managers para entender como manejar a las personas. Era como mi psiquiatra. Sabía cuando palmear a los peloteros en la espalda, y cuando patearles el trasero. Esos eran uno de sus principales atributos, creo. Él sabía como manejar a cada pelotero muy bien. Por otro lado, no siempre era un gran juez de talento, en mi opinión. Si a él no le gustaba cierto tipo de pelotero, lo sentaba y lo dejaba ahí”. Sobre los tres compañeros de los Medias Blancas, inquilinos del Salón de la Fama: “Luis Aparicio, Nellie Fox y Early Wynn eran sorprendentes. Aparicio era nuestro líder, Nellie era uno de los mejores jugadores que haya visto y estaba feliz de que Wynn estuviera en mi equipo, porque casi siempre era literalmente imbateable”. Sobre los pitchers más dificiles que enfrentó: “Guao, había tantos grandes pitchers en las Grandes Ligas en ese entonces, diferente de lo que es hoy. Podíamos jugar contra el equipo sotanero y enfrentábamos a tres buenos pitchers de ese equipo. Solo había 16 equipos, así que era más compacto. Ante los grandes como Whitey Ford, yo tenía que batallar cada vez que lo enfrentaba. Él nunca se rendía y era un pitcher muy bueno. Otros que recuerdo son tipos que no recordarás, quienes eran abridores decentes para equipos más o menos, como Dick Donovan (Cleveland), Hank Aguirre (Detroit), Bill Monbouquette (Boston) y Camilo Pascual (Minnesota).” Sobre el uso de drogas de alto rendimiento: “Un día en el estadio yo estaba cansado y un par de tipos que me dieron algo de velocidad. Ellos las llamaban verde o azules…Pero, eso no hizo nada excepto que esa noche no pude dormir. Yacía allí dando vueltas y esperando que el sol se proyectara en la pared. Y entonces tenía un juego el día siguiente. Estaba abatido esa tarde y me dije que nunca más tomaría esas píldoras”. Landis versus la pared del Comiskey Park: “Nunca le tuve miedo a la pared y pienso que en cierto modo la pared era un estímulo. Recuerdo correr hacia esa pared en Chicago y era de puro concreto. Eso te hacía reflexionar, lo sabes. Recuerdo una vez que choqué muy duro contra la pared. Estuve mareado por el resto del juego. Casi me caía y no sé como me mantuve en el juego. No regresé a jugar hasta la próxima noche. Creo que si le hubiera tenido miedo a esa pared, no habría sido capaz de hacer las jugadas que hice”. Sobre ser golpeado en la cara en la Serie Mundial de 1959: “(Johnny) Podres de los Dodgers me golpeó bien duro y años después vi a Podres en un evento y me dijo que él me estaba lanzando a pegar ese día. “Tengo que admitirlo”, me dijo Podres. “Estábamos tratando de intimidarlos un poco y me pidieron que te recostara la pelota”. Bien, él me la recostó mucho más cerca. Los pitchers te lanzan muy pegado y eso es parte del juego. La mayoría de las veces me golpeaban en las piernas o la espalda. Nunca fui lesionado por un pelotazo en la cara. Fui muy afortunado en ese sentido”. Sobre ganar cinco guantes de oro seguidos: “Estoy muy orgulloso de ese logro. Yo siempre reaccionaba rápido ante la pelota y eso hizo mi vida más fácil en el jardín central. Anticipaba bien y estudiaba a los bateadores, trataba de imaginar hacia donde podrían batear la pelota. Eso ayudaba mucho. Aprendes mientras juegas más y te sientes mejor. Estaba muy orgulloso de jugar versus Mickey Mantle, pero él perdió varios pasos en el campo cuando se lesionó la rodilla. Cuando él estaba sano, era el mejor jardinero central defensivo que vi. Él era mi ídolo. No sé como hacia Mick para jugar en ese inmenso jardín central de Yankee Stadium. Los monumentos nunca me molestaron tanto, pero era un jardín muy grande. El callejón entre el jardín central y el izquierdo tenía más de 400 pies y tenía ese drenaje donde el suelo tenía un declive para escurrir el agua. Perdí el balance dos veces en la zona de ese drenaje en un juego. Era peligroso, ahí fue donde Mickey se lesionó la rodilla”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.