lunes, 16 de mayo de 2016

Esquina de la barajitas: El Chocador Original

Bruce Markusen Los integrantes del equipo e trabajo del Salón de la Fama también son fanáticos del beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un fanático desde Cooperstown. Como alguien quien creció en los años ’70, siempre me han gustado las casas que incluyen partes de madera en su construcción. Aprecio mucho la madera contraenchapada barata que delineaba los sótanos de muchas casas del noreste durante los años setenta. Debido a tal afecto por la madera, no es sorprendente que la colección de Topps 1987 con bordes de madera sea una de mis colecciones favoritas de los años ’80. La entrega de la Topps 1987 no fue el primer intento de la compañía con bordes de madera. Veinticinco años antes, en la primavera de 1962, Topps sacó su primera colección con bordes de madera. Las barajitas tenían bordes finos de madera en todo alrededor, pero Topps dejó un espacio en la esquina inferior derecha, permitiendo más espacio para el entorno de madera y un lugar para insertar el nombre del jugador y su equipo. Las barajitas de 1962, con su apariencia distintiva, se convirtió en un éxito con los coleccionistas. Con un nuevo borde de madera suministrando un marco ideal, la barajita de Mike Easler se clasifica cerca del tope de la lista de 1987. Tomada una tarde nublada en Yankee Stadium en algún momento durante la temporada de 1986, la fotografía de Easler es brillante y clara. La barajita, Nº 135 de la colección, nos da una vista del memorable estilo de bateo de Easler. A diferencia de la mayoría de los bateadores de poder, Easler bateaba muy agachado, una pose preferida usualmente por bateadores de sencillos y dobles. Luego de atacar el envío del pitcher con un corte superior, Easler terminaba cada swing con su movimiento característica, una exagerada rotación del bate, el equivalente del movimiento del helicóptero. Como estudiantes universitarios de los años ’80, solíamos imitar el “helicóptero” de Easler durante las reuniones con los amigos fanáticos del beisbol. Nadie de la época de Easler terminaba el swing de esa manera, y nadie desde entonces ha igualado ese movimiento del bate de Easler. Además de su distintivo estilo de bateo, Easler también tenía un apodo descriptivo. Aunque la mayoría de los aficionados de los Yanquis de Nueva York recuerdan a Don Mattingly como “The Hit Man”, en realidad no fue el primero en adquirir ese apodo. Fue Easler quien precedió a Mattingly como el Hit Man original, un testamento a su estilo agresivo en el plato y a su habilidad para desperdigar líneas desde un callejón a otro en los jardines. A diferencia de la mayoría de los bateadores zurdos de poder, Easler tenía una fortaleza particularmente efectiva hacia la banda contraria, lo cual prefería antes que halar la pelota hacia el jardín derecho. Easler estaba usualmente en lo mejor de su bateo al dirigir la pelota entre left-center, una habilidad que perfeccionó durante sus años con los Medias Rojas- Easler se convirtió particular en adepto de golpear “La Pared” de Fenway Park. Desafortunadamente, Easler perdería esa ventaja durante sus dos paradas con los Yanquis. El jardín izquierdo del viejo Yankee Stadium no mostraba un blanco alcanzable para la mayoría de los bateadores zurdos. Las dimensiones de “El Valle de la Muerte”, como solía ser llamado, hizo la vida difícil para Easler, quien tuvo dificultades para calzar los zapatos del jugador por quien fue cambiado, Don Baylor. Aún así, Easler fue razonablemente productivo en su primera estadía con el uniforme de los Yanquis. Jugó bien como bateador designado a medio tiempo y jardinero izquierdo, un papel que había cumplido con los Medias Rojas. Antes de eso, Easler había forjado un nicho como jugador de medio tiempo altamente exitoso con los Piratas de Pittsburgh, lo cual incluyó una actuación durante la temporada de campeonato mundial del equipo en 1979. Que Easler haya tenido una duradera carrera en grandes ligas a través de los años ’80 es consecuencia de su perseverancia. La mayor parte de los años ’70, Easler estuvo en las ligas menores. Easler pasó la mayor parte de los años ’70 en las ligas menores. Desde 1969 hasta 1977, dividió su tiempo con las organizaciones de los Astros de Houston, Angelinos de California, Cardenales de San Luis, y Piratas. En ese transcurso, ganó dos títulos de bateo en ligas menores. A los scouts de Grandes Ligas no les gustaba Easler; veían en él a solo un jugador de medio tiempo, incapaz de batearle a los zurdos, y lo consideraban un carnicero en los jardines. No sentían que él bateara con suficiente poder o tuviera suficiente velocidad. Aunque Easler castigaba el pitcheo de AA y AAA, los scouts lo despreciaban como nada más que un jugador de ligas menores. Easler tuvo tres tazas de café con los Astros y una con los Angelinos, nunca consumió más de 54 turnos al bate en ninguna de esas oportunidades. No bateó bien en esas pasantías abreviadas, así convalidaba su reputación como jugador de ligas menores. Para abril de 1977, había sido cambiado tres veces. La mayoría de los jugadores habría sido excusados por llevarse sus números de ligas menores a la liga mexicana a al lejano oriente, pero Easler siguió obstinado acerca de tener una carrera en las mayores. La persistencia de Easler empezó a rendir dividendos en septiembre de 1977, cuando los Piratas lo subieron como parte de su roster expandido. Easler dio una buena impresión en 10 juegos, bateó para .444 con un jonrón en 18 turnos al bate. La actuación de Easler en septiembre abrió algunos ojos, pero los Piratas tenían tantos jardineros buenos en esa época que no tenían espacio para él en 1978. Así que regresó al Columbus AAA y bateó .330 con 18 jonrones. Estaba claro que Easler había dominado el pitcheo de ligas menores y no tenía nada que probar a nivel de AAA. Como diría Easler más tarde, estos eran “tiempos oscuros”. Se referiría a sus últimos años en las ligas menores como “los años más duros de mi vida”. La paciencia de Easler finalmente tendría su recompensa en 1979. Al convertirse en uno de los jugadores de reserva del equipo, bateó un respetable .278 en funciones limitadas y se ganó un puesto en el roster de postemporada del equipo. Al aparecer brevemente en los playoffs y la Serie Mundial, Easler se ganó un anillo de campeonato cuando los Piratas lograron su primer título desde 1971. En 1980, Easler asumió un papel más grande. Con el tiempo de juego de Willie Stargell afectado por las lesiones y John Milner mostrando un declive significativo en el plato, Easler se convirtió en jardinero izquierdo a medio tiempo de los Piratas. Al alternarse con el veterano Bill Robinson, Easler se dio festín contra el pitcheo de la Liga Nacional, bateó .338 con 21 jonrones y 43 boletos. También mejoró mucho su defensiva en el jardín izquierdo, hasta el punto donde los Piratas dejaron de sacarlo de los juegos por razones defensivas. Finalmente, luego de una larga escalada que había empezado en 1969, Easler había convencido a los Piratas de que él era un grandeliga. Easler seguiría siendo un jugador productivo para los Piratas en las próximas tres temporadas, hasta ganó una selección al Juego de Estrellas durante la temporada recortada por la huelga de 1981. Easler también ayudó a su causa al hacerse popular en el clubhouse de los Piratas. Los compañeros de equipo lo querían, así como los medios. Easler siempre contestaba las preguntas de la prensa después de los juegos, sin importar si los Piratas ganaban o perdían, sin importar si Easler se iba de 4-4 o de 4-0. Su voluntad para hablar se hizo especialmente importante cuando llegó a los Medias Rojas más a delante en los años ’80. Para ese momento, los Medias Rojas tenían fama de tener un clubhouse difícil, donde algunos jugadores no les gustaba reunirse con los medios, especialmente después de derrotas dolorosas. Hasta el reportero más inexperto de los Medias Rojas podía encontrar solaz en el casillero de Easler. Amigable y accesible en extremo, Easler siempre hablaba, sin importar lo que ocurriese. Luego de dos temporada productivas con los Medias Rojas, Easler se mudó a Nueva York en el cambio por Baylor. Cuando le preguntaron por la controversia que parecía acompañar a los Yanquis para ese momento, Easler supo mantenerse al margen. “Soy un tipo agradable”, dijo Easler al Albany Times en la primavera de 1986. “Todo lo que me importa es que tengo puesto este uniforme y voy a salir a hacer mi trabajo. Voy a ver la pelota y a golpearla. ¡Whack!” El Hit Man hizo justamente eso para los Yanquis, bateó para .302 con 14 jonrones como un productivo bateador designado zurdo. Pero la necesidad de pitcheo del equipo resultó en un cambio impopular durante el receso entre temporadas hacia los Filis de Filadelfia, esta vez por el pitcher derecho Charles Hudson. Y entonces a solo pocos meses de su estadía en la City of Brotherly Love, los Yanquis decidieron que lo querían de vuelta. El 10 de junio de 1987, los Yanquis readquirieron a Easler por dos prospectos de ligas menores, lo que le permitió terminar la temporada, y su carrera de Grandes Ligas, en el Bronx. Desde allí, Easler llevó su bate dinámico hasta las ligas japonesas, donde bateó bien por las próximas dos temporadas mientras hacía un grupo nuevo de amigos. Easler no jugó mucho con los Yanquis, menos de dos temporadas completas, pero se las arregló para hacerse popular con sus compañeros de equipo y fanáticos de Nueva York. Dada su sociabilidad, su dinámico estilo de bateo, y su incansable determinación por llegar a las mayores, es fácil ver porqué Easler se convirtió en un favorito durante los años ’80. Su barajita Topps de 1987 podría no valer mucho, es una barajita común de una época en la cual se producian muchas barajitas, pero es agradable tenerla. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 13 de mayo de 2016

Antíguo jugador estrella Ralph Garr dejó un legado innegable.

A menudo subestimado, el campeón de bateo de 1974 de la Liga Nacional, tuvo una carrera destacada. Ralph Garr es inducido en el National College Baseball Hall of Fame en la noche de campeones de Lubbock, Texas. Terence Moore. MLB.com. 19-02-2016. Aun si nos estuviéramos en el mes de la historia negra (Black History Month), hay muchas razones de porqué los aficionados del beisbol deberían conocer la carrera de Ralph Garr. ¿Nunca oyeron de él? Bien, empecemos con esto: ¿Quién tiene la marca de Grandes Ligas de más imparables antes del receso del Juego de las Estrellas? ¿Es Lou Gehrig, Ty Cobb, Joe DiMaggio, Ted Williams, Pete Rose, Rod Carew, Tony Gwynn, Ichiro Suzuki? o … si, es Garr, entre los peloteros afroamericanos olvidados del pasado, y él rió en el teléfono desde su casa en las afuera de Houston al recordar su logro de 1974. “Pienso que nadie me superará en eso, y muchos de ellos han tenido oportunidad e hacerlo”, dijo Garr, 70, quien consiguiera tantos imparables durante la mitad de su estadía de ocho años con los Bravos, su primer equipo en Grandes Ligas. Garr fue un jugador estrella de la Liga Nacional y ganó el título de bateo de la Liga Nacional ese año. También estuvo a punto de ganar el título de bateo de la Liga Nacional en 1971 y ’72, pero terminó segundo en ambas temporadas. ¿Mencioné que Garr terminó su carrera de 13 años en las mayores con un promedio de bateo de .306? Eso es más alto que el de George Brett, un bateador zurdo quien terminó sus 21 temporadas con .305. Lo sé, lo sé. Brett está en el Salón de la Fama. Garr no. Mientras Brett descargaba 317 jonrones, Garr tuvo 75. Brett también fue lo suficientemente sólido a la defensiva en tercera base para ganar un guante de oro en la Liga Americana, y Garr tuvo tantas dificultades defensivas como segunda base en las ligas menores con los Bravos que fue convertido en jardinero. Garr seguía teniendo dificultades defensivas en su nueva posición, y sus desplantes con el guante y el brazo se mantuvieron a través de su carrera, la cual incluyó paradas con los Medias Blancas y los Angelinos. El hombre concoido como “Road Runner” (“Correcaminos”) también tenía otros atributos. Todos empezaban y terminaban con sus piernas. Garr era tan rápido en las bases que los Bravos hicieron un trato con Warner Bros. Para usar las imágenes de la caricatura Road Runner de la compañía en la pantalla de video del viejo Atlanta-Fulton County Stadium cada vez que Garr entraba a la caja de bateo. Los Bravos también hacían sonar el pegajoso “beep, beep” del Road Runner cada vez que Garr llegaba a primera base. Eso porque él siempre amenazaba con robarse la segunda base. ¿Qué tan rápido era Garr? “Nunca fui cronometrado en las 60 yardas o las 40 yardas, pero si desde home a primera base”, dijo Garr. “Ponía 3.85 segundos o 3.9, y era consistente alrededor de ese tiempo. Pero Mickey Mantle ponía 3.2 o 3.3, y tenía las piernas malas, todas vendadas. Él corría tan rápido que no podías verlo. Era irreal. Y había algunos tipos cuando yo jugaba quienes eran rápidos de verdad, Mickey Rivers, Bake McBride, Lou Brock. Había unos pocos tipos que vi con velocidad, y también fue igual cuando estaba en Grambling. Había tres o cuatro tipos entonces quienes eran más rápidos que yo, en el mismo equipo”. Tal vez, pero ninguno de esos velocistas de Grambling podían batear como Garr. En 1967, el nativo de Monroe, La., lideró a los Tigers de Grambling y la National Association of Intercollegiate Athletics con un ridículo promedio de bateo de .585. Apareció en Sports Illustrated por ese hecho. Entonces, ese verano, Garr se convirtió en escogencia de la tercera ronda del draft de un equipo de los Bravos que eventualmente lo tuvo por años bateando delante de un ícono del beisbol. Garr aún se emociona al hablar de Hank Aaron. “Hank no era conversador, pero nunca he visto un tipo que se haya educado a si mismo a través de los años como lo hizo Henry”, dijo Garr. “Aunque él no fue a la universidad, podías pensar que lo había hecho a medida que lo conocías. Ahora habla como si tuviera una maestría o hasta un doctorado. Él es muy, muy, muy inteligente”. Aaron también era muy, muy, muy eficiente para batear jonrones. Así que a pesar de la velocidad de Garr, él terminó con solo 172 bases robadas vitalicias, y nunca robó másde 35 en una temporada. Si preguntas porqué, vamos de vuelta a Aaron y sus jonrones. “Cuando juegas en un equipo con Henry Aaron, y bateas delante de él, no era necesario que yo robara muchas bases, porque él podía impulsarte desde primera base como podía hacerlo desde segunda”, dijo Garr. “Luego del primer año o algo así, yo robaría algunas bases, pero nuestro equipo estaba centrado alrededor de uno de los peloteros más grandes del beisbol. Nadie tenía problemas con eso, porque él era tan buen jugador de equipo que siempre tenía el favor de Dios. Me refiero a que para lo grande que era, él nunca se quejó de nada”. Ahí está por ejemplo abril de 1974. En las sombras, lejos de las cámaras de una audiencia nacional televisiva, Aaron le dijo a Garr y a otros en el dugout de los Bravos en el Atlanta Fulton-County Stadium que era tiempo de terminar su legendaria persecución de la marca de jonrones de todos los tiempos de Babe Ruth. Aaron pensaba que esa cosa era una distracción para sus compañeros. Tenía 755 jonrones cuando se retiró, pero el más famoso ocurrió esa noche después que accionó sus rápidas muñecas para hacer los 714 de Ruth segundos de los 715 de Aaron. Hank el Martillo pasa al Babe. Hank Aaron, a los 39 años, bateó 40 jonrones en 1973, terminó a solo uno de los 714 de Babe Ruth y sirvió un invierno de anticipación y esta noche mágica. Garr observaba desde el dugout. “Yo estaba en el primer escalón, o algo así, y le decía a las personas a mi alrededor, ‘Hombre, aquí va a pasar algo, ¿sabes a lo que me refiero?’” dijo Garr. “Y entonces el bateó, y yo salté. Hank fue un gran compañero de equipo. Es un honor hablar de él. Ha habido pocas personas como él que he conocido en el beisbol. He sido bendecido, señor”. Garr ha sido así de bendecido: En 1984, cuatro años despues de su retiro, él quería un trabajo en el beisbol, y fue contratado como scout itinerante por el entonces director de desarrollo de peloteros de los Bravos, Hank Aaron. Treinta y dos años después, Garr tiene el mismo trabajo. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 29 de abril de 2016

Cooperstown Confidencial: La inauguración de un libro nuevo sobre Thurman Munson.

Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 31-07-2009. Usualmente rechazo hacer revisiones de libros, porque soy autor y considero el proceso un potencial conflicto de intereses. Pero cuando un libro es bueno, no dudaré en recomendarlo. Ese es el caso de Munson de Marty Appel, publicado este verano por Doubleday. Una biografía a profundidad que examina al pelotero y al hombre de familia, Munson detalla las dolorosas experiencias infantiles, la a menudo carrera controversial con los Yanquis, y la trágica y prematura muerte a la edad de 32. El 2 de agosto marcará el trigésimo aniversario de la muerte del capitán y catcher yanqui, Thurman Munson. Pocos días antes del aniversario, Appel contestó algunas preguntas acerca del libro y el personaje influyente que Munson llegó a ser. Markusen: Marty, entiendo tu decisión de escribir una biografía detallada de Thurman Munson, dado que él no fue tan directo como hubieses querido cuando escribiste el primer libro. ¿Qué determinó la decisión de publicar el libro ahora? ¿Se debió estrictamente a que este es el aniversario 30 de su deceso, o hubo otros factores que influyeron? Appel: El otro factor que influyó fue la miniserie de ESPN, “The Bronx is Burning”, al revivir el interés en Thurman. La interpretación del actor Erik Jensen fue magistral, y una nueva generación pareció decir, “Este es un personaje interesante”. Eso hizo que Doubleday se interesara en el libro. Markusen: Los pasajes que escribes acerca del padre de Munson, especialmente del abuso físico que él le infligió a Thurman junto al constante desprecio por las habilidades de su hijo, son muy crudos. Dado lo traumático de la niñez de Munson ¿Te sorprende que Thurman llegara a ser tan exitoso como fue, como pelotero y hombre de familia? Appel: Esa es una parte muy positiva de la historia, como Thurman pudo romper ese ciclo (el cual por lo menos duraba dos generaciones) y a través de una firme determinación, crear una hermosa familia propia. Ese fue su logro más grande. Por supuesto, ese hogar problemático también le sirvió para prepararlo, de alguna manera, para estar en el clubhouse durante los años del Zoológico del Bronx (‘Bronx Zoo’). Markusen: La durabilidad y rudeza de Munson le permitieron recibir de 130 a 140 juegos por año, lo cual dejaba poco tiempo de juego a sus muchos catchers de respaldo a través de los años. ¿Estuvieron algunos de esos respaldos resentidos con Munson por la manera como el monopolizó (a falta de una mejor palabra) del tiempo de juego detrás del plato? Appel: Bien, si. Pero era difícil resentir de Thurman como persona, todos lo quería y admiraban, Pero cuando tuvo su lesión en la mano por dos años que lo privaba de hacer out a los corredores con mucha frecuencia, eso le dio oportunidades a Rick Dempsey, quién tenía un rifle en el brazo. Pero los pitchers querían que les recibiera Thurman; era un maestro en el conocimiento de los bateadores y llamando los juegos. Markusen: Thurman tenía una personalidad fuerte, igual que Billy Martin. ¿Fue sorpresivo para ti que ellos llegaran a ser tan cercanos como lo fueron? Appel: Billy tenía una personalidad que rondaba la simpatía cuando tenía necesidad, pero aún así demandaba respeto como genio de beisbol en los confines del dugout. Thurman respetaba a ese genio, y Billy sabía que Thurman era un jugador a la antígua, un tipo quien podía haber sido una estrella en cualquier época del juego. Markusen: La difícil relación de Munson con Reggie Jackson está bien documentada en tu libro. ¿Hubo algunos otros yanquis con los que Munson no se llevara bien? Appel: Ni uno. Él era un jugador de los jugadores. Markusen: Recuerda claramente lo que yo estaba haciendo cuando oi en las noticias que Thurman había muerto. Yo estaba cenando mientras veía un episodio de “La Isla de Gilligan”, cuando John Roland irrumpió con un boletín de noticias en Metromedia Channel Five. ¿Qué estabas haciendo cuando oiste la noticia y que pasó por tu mente en ese momento? Appel: Sorprendentemente, mis reacciones fueron algo como, oh Dios, que tragedia…un yanqui…un capitán…campeón mundial…mi amigo…¡su familia!...tan duro…y muy abajo en la lista, recordé que había hecho su libro con él. Estaba sorprendido de no haber pensado en eso antes en el proceso. Markusen: La mayoría de los observadores de los Yanquis creen que, áun si hubiese sobrevivido el accidente aéreo, los días de Thurman como receptor habían pasado. ¿Qué posición piensas que él habría jugado, y cuanto hubiera sido capaz de colaborar a la ofensiva? Appel: Habría sido bateador designado, y primera base-jardinero ocasional, pero él no tenía suficiente poder para ser un primera base o jardinero de las esquinas. Sin embargo, hubiera sido un bateador designado terrífico. Markusen: Munson no necesariamente hubiera ganado el favor de los sabermétricos de hoy porque él no negociaba muchos boletos y no bateaba muchos jonrones. ¿Es justo decir que Thurman era el tipo de pelotero que tenía que ser visto para ser apreciado completamente? Appel: Si, sus destrezas era más apreciadas en el dugout que en las gradas, pero los aficionados veían su juego agresivo, su liderazgo de hacerse cargo y su juego oportuno. Las cosas más sutiles, como llamar los pitcheos, hasta provocar a los oponentes, eran más dificiles de apreciar. Él era más un pelotero del lado interno del beisbol. Markusen: Treinta años después de su fallecimiento, ¿Qué tan importante es Munson para el legado de la franquicia de los Yanquis? ¿Por qué los aficionados jóvenes deberían saber de él? Appel: Él jugaba el juego duro y de verdad cada día… pasaba la temporada queriendo tener marca de 162-0, no aceptaba que todos los equipos perdieran 60 juegos. Aun en los años cuando los Yanquis no eran contendores, jugaba para ganar cada juego. Por eso es que él y George Steinbrenner se llevaban bien. Tenían la misma actitud. Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 28 de abril de 2016

‘No quieres creer que eso ocurrió’.

Hace casi 24 años, mientras estaba en Chicago para jugar ante los Medias Blancas, Lyman Bostock de los Angelinos de California recibió un disparo y fue asesinado en un carro en Gary, Ind. Chicago Tribune. K.C. Johnson. 23-06-2002. Los días han pasado, los juegos han continuado y casi 24 años han caido en el calendario. Thomas Turner no puede creerlo, y aun tiene el dolor fresco en su mente. Si alguien entiende por lo que está pasando la familia de Darryl Kile, ese es Turner, un trabajador retirado de la industria acerera de Gary, Ind. Turner es el tío de Lyman Bostock, el jardinero de los Angelinos de California quien fue asesinado mientras paseaba en un carro manejado por Turner luego de participar en un juego en el viejo Comiskey Park, el 23 de septiembre de 1978. Turner y los compañeros de equipo de Bostock en los Angelinos, entre los cuales estaba el manager de los Cachorros Don Baylor, saben lo que es salir de un juego de beisbol y ver que el orden del mundo deportivo es destruido por la desordenada realidad de la vida. Ellos saben lo que es regresar al diamante, como lo harán los compañeros de equipo de Kile el domingo, y tratar de jugar o ver un juego, aun con sus mentes oscilando en una ausencia fuera de las líneas de cal. “Amo el beisbol, pero verlo todavía es muy difícil, especialmente en el mes de septiembre”, dijo Turner desde su hogar de Gary el sábado en la noche. “Cuando veo a los Angelinos, espero verlo en el campo”. Bostock fue el último out en la derrota 5-4 de los Angelinos ante los Medias Blancas esa tarde sabatina antes de salir hacia Gary con Turner. Más tarde esa noche, Bostock de 27 años, paseaba en un carro con Turner y dos mujeres en el centro de Gary cuando el furioso esposo de una de las mujeres se acercó al carro con una pistola e hizo un disparo a través de la ventanilla trasera. Bostock recibió el impacto en el lado derecho del cráneo, falleció poco después de medianoche el 24 de septiembre. Horas después, la policía de Gary arrestó a Leonard Smith por cargos de asesinato. Smith eventualmente fue declarado inocente por razones de insanidad. Los Angelinos y los Medias Blancas, efectuaron un juego de beisbol, en las horas siguientes. Se guardó un minuto de silencio antes del juego. Las banderas estaban a media asta. Pero la victoria de los Angelinos 7-3 no significó nada comparada a la pérdida de Bostock, el hijo de una estrella de las Ligas Negras. Baylor, quien jonroneó en el juego, ha tenido malas memorias de Chicago por mucho tiempo debido al incidente. “Cada vez que entro al viejo Comiskey Park, pienso en Lyman principalmente”, escribió Baylor en "Nothing But the Truth: A Baseball Life", su autobiografía. “En retrospectiva, deseo haberle dicho aquel último consejo antes que saliera del clubhouse para siempre”. Turner conoce ese sentimiento. “Cuando supe lo de Kile, Lyman fue la primera persona que me vino a la mente”, dijo Turner. “Es devastador. No quieres creer que eso ocurrió. No puedes enfrentar la realidad. Pasará mucho tiempo antes que dejes de lastimarte”. ¿Qué tipo de pelotero era Bostock? En 526 juegos en cuatro temporadas de Grandes Ligas, bateó para .311. En 1977, Bostock terminó segundo de su compañero en los Mellizos, Rod Carew, por la corona del título de bateo de la Liga Americana con promedio de .336. ¿Qué clase de persona era Bostock? Haber llegado segundo en la carrera por el título de bateo le permitió firmar un contrato como agente de cinco años por 2.25 millones de dólares con los Angelinos, para entonces uno de los más grandes del beisbol. Cuando Bostock tuvo un lento comienzo en la temporada de 1978, al batear solo .150, él ofreció devolver su salario de abril al equipo. Como el equipo no lo aceptara, él lo donó a la caridad. Hubo otros ejemplos de tal generosidad de espíritu. Poco después de firmar su gran contrato como agente libre, Bostock donó 10.000 $ para pagar la reparación de la escuela Sunday en una iglesia de su nativa Birmingham, Ala. También hizo trabajo voluntario con niños de escasos recursos en el area de Los Angeles. “Él creía en ayudar”, dijo Turner. “Siempre hablábamos, y el tenía grandes ideas, especialmente con niños”. Baylor, uno de los amigos más cercanos de Bostock, sabía que el hombre fuera del campo estaba por encima del pelotero, por eso se tomó la tragedia tan a pecho. El día siguiente, a Baylor le pidieron una entrevista para la TV. Baylor no respondió. Empezó a llorar. A Turner le preguntaron si tenía algún consejo para la familia de Kile. “Ellos tienen que creer y confiar en el Señor y seguir adelante”, dijo. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 27 de abril de 2016

Esquina de las Barajitas: 1966 Topps: La Vida Dificil de Clay Carroll.

The Hard Ball Times. Bruce Markusen. 16-03-2016. Clay Carroll podría ser uno de los relevistas más subestimados de la historia del beisbol. Con el entrenamiento primaveral en su apogeo, es un buen momento para girar nuestra atención al juego de barajitas de beisbol Topps que salieron hace 50 años. En 1966, Topps introdujo una colección con un diseño simple, con una banda coloreada, en la parte baja (mostraba el nombre del pelotero y la posición) y otra banda coloreada, diagonal, desplegada en la esquina superior izquierda (mostraba el equipo del jugador). No hay nada espectacular en el formato, pero este permite que la fotografía respire, y eso es algo bueno para esta colección de barajitas y su entramado de retratos y tomas de poses. De las barajitas que Topps produjo esa primavera y verano, esta podría ser la más extraña de la colección, si no de todos los años ’60. Clay Carroll, quien una vez fuera un buen pitcher relevista, toma una apariencia distintiva para su barajita de 1966. Con su mentón levantado, cabello recogido y expresión desentendida, Carroll parece una cruz entre un gran pájaro y Jack Nicholson, una referencia que parece especialmente apropiada en un momento del año cuando los premios de la academia tienen tantos titulares por muchas razones diferentes. La gran nariz de Carroll, la cual le valió el apodo de “The Hawk” (“El Halcón”) ideado por sus compañeros de equipo, también está en completa evidencia en la barajita. También es muy aparente que Carroll está sudando profusamente. No solo su cabello está mojado, sino que hay algo de humedad visible alrededor de su boca, como si hubiera terminado un rudo ejercicio de entrenamiento primaveral. Me imagino que en la mayoría de las ocasiones el fotógrafo le da a los peloteros la oportunidad de refrescarse y secarse antes de tomar la foto, pero parece que a Carroll no le permitieron ese lujo aquí. A pesar del sudor y la apariencia extraña, Carroll sonría para el fotógrafo de Topps. Como fue indicado antes, es una sonrisa enigmática, del tipo que Nicholson nos ofreció en sus mejores días en películas como Chinatown, Atrapado sin salida y El Resplandor. Esa sonrisa se ha convertido en una marca de fábrica de Nicholson, a quién algunos han llamado el mejor actor de los últimos 50 años. Como Nicholson, Carroll nos da la impresión de que sabe algo que nosotros no sabemos. Entonces de nuevo, quizás está complacido de que tendrá su propia barajita por primera vez, sin tener que compartir espacio con otro jugador, como lo hizo con el inquilino del Salón de la Fama, Phil Niekro, en 1965. Por muchas razones, la apariencia de Carroll en esta barajita es memorable, pero su carrera ha sido olvidada por muchos aficionados. Eso no es justo, dado lo bueno que fue Carroll en gran parte de su carrera. Ciertamente él no fue un inquilino del salón de la Fama, pero se puede discutir que Carroll clasifica como uno de los pitchers más subestimados en la historia del pitcheo de relevo. También se sobrepuso a su cuota de dificultades, incluyendo una crianza relativamente pobre y una tragedia más adelante en su vida. Carroll creció en el pequeño pueblo de Clanton, Ala., conocido por sus industrias textiles y dificultades económicas. Uno de nueve hijos, Carroll vivió en una casa superpobalda que era pagada por su padre, un trabajador de la industria algodonera con una ética de trabajo a la antigua. Mr. Carroll solo ganaba 45 $ semanales, pero se aseguraba de que sus nueve hijos tuvieran suficiente que comer. Clay trabajó en la industria por un par de años, y también hacía la tarea laboriosa de cargar patillas en los camiones, antes que su recta llamara la atención del scout de los Bravos de Milwaukee, Dixie Walker. Los Bravos ofrecieron a Carroll un contrato que incluía un bono de 1000 $. “Firmé”, le dijo Carroll al Cincinnati Enquirer en su maravilloso acento sureño. “Parecía mucho dinero. Nunca había visto tanto dinero en mi vida”. Carroll compró su primer carro y empezó a trabajar de manera estable en el sistema de granjas de Milwaukee. Al principio, solo tenía una recta y una curva, pero pronto aprendió a lanzar una slider y un cambio. Para 1964, ese repertorio le ayudó a debutar en Grandes Ligas, lanzó casi impecable en 20 innings de trabajo. Para 1966, el mismo año cuando los Bravos se reubicaron en Atlanta, Carroll emergió como caballito de batalla desde el bullpen. Lideró la Liga Nacional con 73 apariciones, lanzó 144 innings, tuvo efectividad de 2.73, y salvó 11 juegos. El último número podría no parecer muy alto, pero recuérdese que en los años ’60, los managers no programaban a sus cerradores para situaciones de salvamentos. De hecho, el juego salvado aún no se había convertido en estadística oficial. En 1967, Carroll experimentó una pobre temporada, ocasionada en parte por dejar que su peso subiera hasta los 108 kilos. (Las barajitas posteriores de Carroll lo muestran con una cara mucho más llena que la versión de 1966, una indicación del peso que ganó mientras su carrera progresó). Esa también fue la temporada que siguió a la muerte de su padre; tristemente, el señor Carroll nunca tuvo la oportunidad de ver a su hijo pitchear en las mayores. Entonces vino un comienzo mediocre en la temporada de 1968, lo cual provocó que la oficina principal de los Bravos lo ofreciera como parte de un cambio. Preocupados porque Carroll había perdido su efectividad, los Bravos lo negociaron junto al derecho Tony Cloninger a los Rojos de Cincinnati como parte de un cambio de seis peloteros por Milt Pappas. El cambio de escenario funcionó bien. Carroll se convirtió en el cerrado de los Rojos, al pitchear brillantemente por el resto de 1968. Con su buena recta y su estilo agresivo en el montículo, Carroll probó ser una opción perfecta para los ínnings finales. Pero en 1969 y 1970, tuvo que hacer otro ajuste en su carrera, convertirse en un relevista capaz de prepararle la escena al nuevo as relevista del equipo, el especialista de envios por el lado del brazo, Wayne Granger. Cuando Granger resbaló en 1971, Carroll recuperó el papel de cerrador. Más que depender principalmente en su recta, Carroll ahora dependía de su habilidad para mezclar cuatro envíos diferentes, junto a un control impecable. A Sparky Anderson, quien se convirtió en su manager en 1970, le gustaba mucho su confiabilidad y voluntad para tomar la pelota, lo llamaba con más frecuencia de lo que lo hacía con cualquier otro relevista de los Rojos durante su estadía como manager. La actuación de Carroll en 1972 se convertiría en una temporada para el recuerdo. Lideró la Liga Nacional al hacer 65 apariciones. Al limitar a los rivales con una efectividad de 2.25, Carroll estableció una marca de Grandes Ligas al salvar 37 juegos. Aunque su marca ha sido rota varias veces desde entonces, fue un total nunca antes visto para un relevista en 1972. Carroll se hizo tan confiable hacia el final de los juegos cerrados que Anderson lo llamaba reiteradamente para hacer ese trabajo, a veces pidiéndole que lanzara más de un inning. Para 1972, Carroll también estaba haciendo buen dinero, al menos para los patrones del día. Como le explicó a un reportero de Associated Press, el beisbol le había dado la oportunidad de vivir una “vida confortable”. Eso era algo muy distante de su modesta crianza en Clanton. En 1973, Carroll estuvo afectado por una gripe severa, seguida de una puja dolorosa con la lechina, pero siguió pitcheando. Para 1974, Carroll había perdido su papel como cerrador de los Rojos, pero continuó lanzando efectivamente en los innings intermedios. Permaneció con los Rojos a través de la temporada de 1975, lo que le dio la oportunidad de ganar su primer y único anillo de Serie Mundial. (Para hacer el logro más dulce, Carroll se apuntó la victoria en el séptimo juego en Fenway Park). Aunque Carroll lanzó muy bien esa temporada, Anderson no lo llamaban con tanta frecuencia, parecía preferir a dos pitchers jóvenes, Rawly Eastwick y Will McEnaney. Ahora de 34 años, Carroll, Carroll se convirtió en transferible ese invierno. Los Rojos lo enviaron a los Medias Blancas de Chicago por dos jóvenes jugadores, el pitcher zurdo Rich Hinton y un receptor de ligas menores llamado Jeff Sovern. En total, Carroll lanzó ocho temporadas para los Rojos, desde 1968 hasta 1975. Excepto por una temporada, fue estable y efectivo en cualquier trabajo que le encomendó Anderson. Y no solo fue bueno en la temporada regular; en las series de campeonato, dejó una efectividad de 1.50, y en Series Mundiales, lo hizo aun mejor, al bajar su efectividad a 1.33. No le tomo mucho tiempo a Carroll en convertirse en el mejor relevista de un mal equipo de los Medias Blancas. Lanzó bien al empezar la temporada, pero entonces sufrió una fractura en la mano a finales de junio, lo cual lo mantuvo lesionado por más de un mes. La siguiente primavera, los Medias Blancas optaron por la juventud, al enviar a Carroll a los Cardenales de San Luis por otro relevista derecho grande, Lerrin LaGrow. Carroll hizo un buen trabajo para los Cardenales, solo para regresar a los Medias Blancas más adelante ese verano cuando los “South Side Hit Men” se encontraron compitiendo en el oeste de la Liga Americana. Luego de un rudo final de temporada, Carroll pidió su libertad la primavera siguiente y firmó con los Piratas de Pittsburgh, donde hizo un par de apariciones como relevista. En 1979, firmó un contrato de liga menor con los Cerveceros de Milwaukee, pero nunca hizo el equipo de Grandes Ligas. Carroll se fue del beisbol por completo, estableció una vida normal de retiro postbeiosbolero. Trágicamente, esa normalidad terminó en 1985. Para entonces, Carroll había estado casado con su segunda esposa, Frances, por cuatro años. El hijastro de Carroll, Frederick Nowitzke, empezó a mostrar una conducta extraña. Un día horrible, enloqueció en un episodio de violencia, hizo disparos mortales a Frances y a su hermanastro. El propio Carroll recibió un disparo, tuvo una herida en la cara, pero sobrevivió el incidente. Sentenciado culpable de asesinato, Frederick permanece en prisión hasta el presente. Cuando la noticia llegó a los periódicos, algunos de los compañeros de equipo de Carroll reaccionaron públicamente. Uno de ellos fue el derecho Jack Billingham, quien recordó algunas de las dificultades previas de Carroll, incluyendo la muerte previa de un hijo. “Él ha tenido algunos momentos difíciles luego que salió del beisbol”, le dijo Billingham a USA Today. “Ha tenido experiencias muy feas a través de su vida”. Poco después de los asesinatos, Carroll se mudo a Chatanooga, Tenn., donde fue a trabajar en la construcción. Ahora completamente retirado, él sigue haciendo apariciones para los rojos como miembro de su Salón de la Fama y como participante de sus campamentos de fantasía. Por todos los medios, Carroll permanece como uno de los tipos buenos del juego, mantiene su sentido del humor a pesar de los eventos traumáticos que rodean su familia. Es difícil imaginar por lo que ha pasado, y como se las ha arreglado para seguir adelante, pero Carroll sigue perseverando en sus años de retiro. Como lo hizo por 15 temporadas de Grandes Ligas, Clay Carroll ha encontrado una manera de sobrevivir. Referencias y Recursos • Clay Carroll’s biographical file at the National Baseball Hall of Fame Library • Joe Posnanski, The Machine Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del Traductor: En el tercer juego de la Serie Mundial de 1975, Bernie Carbo le bateó un jonrón como emergente a Clay Carroll. Luego que terminó el juego, Carroll fue al casillero de Carbo en el clubhouse de los Medias Rojas y violentó todas las pertenencias de Carbo, hasta una foto que le había autografiado antes del juego, ambos fueron compañeros de cuarto con los Rojos de Cincinnati. (The Game I’ll Never Forget. Bernie Carbo as told to Al Doyle. Baseball Digest. November 2005). Actuación de Clay Carroll con los Tiburones de La Guaira en la temporada 1964-65: 9 juegos, 4 aperturas, 1 juego completo, 1 ganado, 3 perdidos, 1 salvado, 26.2 innings, 24 hits permitidos, 13 carreras limpias, 20 ponches, 9 boletos, 4.39 efectividad.

jueves, 21 de abril de 2016

Milt Pappas, astuto jugador estrella cambiado por inquilino del Salón de la Fama, fallece a los 76 años.

Bruce Weber. The New York Times. 19-04-2016. Milt Pappas, un astute pitcher derecho quien ganó más de 200 juegos en las Grandes Ligas pero legado más memorable, aunque desafortunado, es que fue cambiado por el futuro inquilino del Salón de la Fama, el jardinero Frank Robinson en el que ha sido considerado uno de los cambios más desbalanceados de la historia del beisbol, falleció este martes 19 de abril en su hogar de Beecher, Ill. Su muerte fue confirmada por su esposa, Judi, quien dijo que no estaba segura de la causa. Pappas apareció en su primer juego de Grandes Ligas con los Orioles de Baltimore en 1957, cuando tenía 18 años. La temporada siguiente ganó 10 juegos para un equipo que ocupó la sexta posición, se convirtió en el primer miembro de una joven rotación conocida como los pichones (Baby Birds); para 1961 estaba conformada por Chuck Estrada, Steve Barber y Jack Fisher, ninguno llegaba a 24 años. Era un pitcher de control sin una recta poderosa, a lo largo de su carrera Pappas ponchó menos de cinco bateadores por cada nueve innings, pero también concedió solo 2.4 boletos y permitió menos de un jonrón. Para finales de 1965, con solo 26 años, él había ganado 110 juegos y había ido dos veces al Juego de Estrellas. Entonces fue cuando los Orioles, quienes eran ricos en pitcheo pero de pobre bateo, lo cambiaron (junto a dos peloteros de menores consecuencias) a los Rojos de Cincinnati por Robinson, quien había cumplido 30 años y estaba a cuatro años de su premio al jugador más valioso en la temporada de 1961. En vista de todo eso, el cambio parecía razonable para ambas partes, quizás hasta favorecía a los Rojos. Las cosas no se dieron de esa manera. Pappas tuvo una buena carrera, al ganar 99 juegos más (quedó a un juego de estar entre un puñado de pitchers en ganar 100 juegos en cada liga) con los Rojos, los Bravos de Atlante y los Cachorros de Chicago. Robinson, sin embargo, de inmediato lideró la Liga Americana con promedio de bateo de .316, 49 jonrones y 122 carreras empujadas, ganó la triple corona y el premio al jugador más valioso y llevó al equipo a su primera Serie Mundial desde 1944, cuando la franquicia aún estaba en San Luis, y a una barrida de los Dodgers de Los Angeles. Robinson fue al Juego de Estrellas en cuatro de las próximas cinco temporadas, y en seis como Oriol promedió casi 30 jonrones por temporada y más de 90 carreras empujadas. Sus Orioles jugaron tres Series Mundiales más, perdieron ante los llamados Milagrosos Mets de 1969 y ante Pittsburgh en 1971. Vencieron a Cincinnati en 1970, pero para entonces Pappas, quien nunca pitcheó en una Serie Mundial, ya se había marchado de ese equipo. Había sido cambiado a Atlanta en junio de 1968, poco después del asesinato de Robert F. Kennedy. Varios equipos declinaron jugar el 8 de junio, el día del entierro, pero los peloteros de los Rojos votaron por jugar, se reportó que por margen estrecho y solo después que fueron presionados por la gerencia. Molesto, Pappas renunció como representante de los peloteros del equipo, y fue cambiado tres días después. Los Bravos, a mediados de 1970, vendieron su contrato a Chicago, donde, además de ganar 51 juegos en menos de cuatro temporadas (incluyendo 17 en 1971 y 1972), él tuvo un momento notable más. El 2 de septiembre de 1972, él tenía un juego perfecto en curos contra los Padres de San Diego con dos outs en el noveno inning cuando concedió boleto a Larry Stahl en conteo de 3-2. El lanzamiento pareció estar afuera, pero Pappas responsabilizó al árbitro, Bruce Froemming, y aunque completó su no-hitter, estuvo molesto con esa sentencia por el resto de su vida. Él alegaba que al no estar nada en juego excepto la historia del beisbol, Froemming debió haberle concedido el último pitcheo y estirar la zona de strike. “Hasta este día todavía no entiendo que pasaba por la mente de Bruce Froemming en ese momento”, le dijo Pappas a ESPN en 2007. “¿Por qué no levantó su mano derecha como hizo el árbitro en el juego perfecto de Don Larsen?” Él agregó: “Era un juego como local en Wrigley Field. Yo lanzaba para los Cachorros de Chicago. El marcador estaba 8-0 a favor de los Cachorros. ¿Qué tenía que perder él al no cantar el último pitcheo como strike para completar un juego perfecto?” Milton Steven Pappastediodis nació en Detroit el 11 de mayo de 1939. (La mayoría de las fuentes dicen que su segundo nombre era Stephen, pero Judi Pappas sijo que se deletreaba con una v). Sus padres era inmigrantes griegos quienes recortaron su apellido; su padre era dueño de una farmacia y una fuente de soda. Él se graduó en Cooley High School en Detroit antes de firmar como agente libre amateur con los Orioles. Apareció en solo tres juegos de ligas menores. Su marca vitalicia fue 209-164, con 3.40 de efectividad. La primera esposa de Pappas, Carole, fue objeto de algún misterio cuando la familia Pappas vivía en Wheaton, Ill., un suburbio de Chicago. El 11 de septiembre de 1982, ella desapareció un sábado mientras hacía diligencias. Hubo alguna sospecha de juego ilegal, pero cinco años después, en agosto de 1987, su cuerpo fue descubierto dentro de su carro en el fondo de un estanque de retención a cuadras de su hogar. Además de su esposa, la antígua Judi Bloome, con quién se casó en 1987, los sobrevivientes de Pappas incluyen a su hija, Alexandria Arlis; un hijo de su primer matrimonio, Steven; y cinco nietas. Una hija de su primer matrimonio, Michelle, falleció en 2015. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 20 de abril de 2016

69 años después, Filadelfia se disculpa con Jackie Robinson.

Marc Tracy. The New York Times. 14-04-2016. El pasado verano, los Monarchs de Anderson, el equipo de beisbol de Filadelfia que se hizo famoso un año antes cuando llegó a la Serie Mundial de Pequeñas Ligas amparado por el brazo poderoso de Mo’ne Davis, se adentraron en el sur. Jugaron beisbol, y también visitaron lugares significativos del movimiento de los derechos civiles como homenaje a la herencia del equipo, después de todo, tomaron su nombre, por los Monarchs de Kansas City, el equipo de las ligas negras para el cual una vez jugara Jackie Robinson. “Me paré donde se pararon Martin Luther King y John Lewis”, escribió el jardinero Myles Eaddy en un blog del equipo después de una visita a Selma, Ala., y agregó, “Es muy agradable saber que tan lejos hemos llegado”. Casi un año después, el viaje del equipo ha ayudado a inspirar una disculpa ofrecida por Filadelfia a Robinson, quién rompió la barrera racial de Major League Baseball cuando debutó con los Dodgers de Brooklyn al comienzo de la temporada de 1947. La disculpa llega cuando Major League Baseball celebra este viernes, el aniversario 69 del primer juego de Robinson con los Dodgers con su Jackie Robinson Day, el cual empezó en 2004. Cada jugador de Grandes Ligas usa el 42 de Robinson, un acontecimiento anual del beisbol. Lo que es diferente este año es la disculpa de la ciudad de Filadelfia por la manera como los Filis trataron a Robinson cuando empezó su carrera. “Obviamente, todos saben de Jackie Robinson cuando son niños colegiales”, dijo Helen Gym, la miembro del concejo quien introdujo la resolución para disculparse con Robinson, la cual fue aprobada por unanimidad. Pero Gym agregó que la gira de los Monarchs al sur y la película de 2013 sobre la vida de Robinson, titulada “42”, incentivó su interés y el del Concejo de la Ciudad para recordar a Robinson y reconocer la contribución de los Filis a la hostilidad que él encontró inicialmente. Aunque la resolución se refiere al racismo que Robinson encontró como pelotero visitante en Filadelfia, en general se reconoció que la peor conducta que los Filis mostraron contra él ocurrió al principio de esa temporada, en Ebbets Field en Brooklyn, durante uno de los primeros juegos de los Dodgers. Fue entonces que los Filis, liderados por su manager, Ben Chapman, gritaron reiterados epítetos raciales a Robinson cuando llegaba al plato, un enfrentamiento que fue retratado vívidamente en “42”. La resolución del Concejo de la ciudad declara que a Robinson le dijeron “regrésate a los algodonales”. De acuerdo a Jonathan Eig, cuyo libro de 2008 “Opening Day” hizo una crónica de la temporada de novato de Robinson, Chapman y varios Filis también hicieron comentarios acerca de las características físicas de Robinson. Robinson dijo después que eso fue lo más cerca que estuvo de estallar y tomar retaliación. “Por un minuto de rabia, pensé, ‘Al infierno con el noble experimento de Mr. Rickey’”, recordó una vez Robinson, refiriéndose a Branch Rickey, el ejecutivo de los Dodgers quién escogió a Robinson como el pelotero que el sentía capaz de integrar el juego al tener la disciplina para no responder a los insultos y provocaciones que enfrentaría. En aquellos juegos iniciales contra los Filis, Robinson contuvo su rabia. “Él sabía que esto no era solo simbolismo”, dijo Eig. “Él sabía que si podía integrar a Major League Baseball, eso afectaría las vidas de muchas personas. Y él sabía que si titubeaba, podía perder la oportunidad”. Por su parte, Chapman insistiría años después que los insultos fueron motivados menos por racismo que por el deseo de ganar ventaja competitiva sobre un novato presumiblemente frágil. Le dijo al periodista Allen Barra que él también había usado epítetos contra Joe DiMaggio, quien era descendiente de italianos, y Hank Greenberg, quien era judío. ”Puedo imaginar la posibilidad de que ambas cosas sean verdad”, Dijo Eig de Chapman, “que él era profundamente racista y que pensaba que al atacar al tipo negro con este lenguaje racista podía provocarlo, hacerle perder la compostura, sacar lo más primitivo del pelotero, hacer que lo expulsaran por la mitad de la temporada, hacerlo renunciar”. De cualquier modo el insulto inicial de Robinson por Chapman y sus peloteros creó una respuesta. En el segundo juego de esa serie, de acuerdo a “Opening Day”, Eddy Stanky de los Dodgers, un jugador del cuadro y nativo de Filadelfia, confrontó a los Filis, les gritó y los llamó cobardes por abusar verbalmente de alguien quien no podía responderles. Los comentaristas intervinieron, y mostraron respaldo por Robinson. “Fue la primera vez que tantas personas blancas y reporteros blancos en particular notaron el abuso del cual era objeto Robinson”, dijo Eig y agregó, “Entrevisté a un aficionado quien asistió a uno de esos juegos cuando era adolescente, él oyó las barbaridades, y estaba impactado”. Chapman había recibido presiones desde dentro del beisbol para el momento cuando los Dodgers hicieron su primera visita a Filadelfia esa temporada, del 9 al 11 de mayo, a Robinson no le permitían compartir el mismo hotel con sus compañeros. Él pidió tomarse una fotografía con Robinson, una petición, dijo Eig, a la que Robinson accedió con los dientes apretados. Los dos hombres posaron rígidos, sosteniendo el mismo bate. Todos estos años después, la resolución del Concejo de la Ciudad parece un genuino gesto de enmienda. “Estoy seguro que Robinson estaría de acuerdo en que una disculpa es válida”, dijo Eig. Traducción: Alfonso L. Tusa C.