jueves, 21 de julio de 2016
Esquina de las barajitas: Bagel Battalion. Rich Scheinblum 1971
Bruce Markusen.
Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí esta la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown.
El propio Rich Scheinblum admite que aparece como si se estuviera despertando en el preciso momento cuando le tomaron la fotografía de su barajita de beisbol. “En dos de mis barajitas, parezco como si hubiese salido de la cama y alguien me tomó una foto”, dijo Scheinblum durante una visita a Cooperstown en 2004. Claramente, una de esas barajitas es esta; es parte de la afamada serie Topps 1971 de bordes negros, la cual lo muestra como miembro de los Senadores de Washington, aunque usa la camiseta de los Indios de Cleveland. Gracias a la pose sin gorra vista aquí, Topps ha creado la ilusión de que Scheinblum es un consumado Senador.
Con su cabello fuera de lugar y su rostro un poco desencajado, Scheinblum no luce bien ahí, pero él aún tiene memorias agradables de rastrear sus barajitas Topps. Era un ritual anual que lo ayudaba a determinar si él iba a estar en el roster del día inaugural de su equipo. “Verme en una barajita era una gran diversión. Pero en ese momento era de una alta tensión nerviosa. Un muy buen amigo mío llamado Sy Berger, quién trabajaba con Topps Bubble Gum, caminaba hacia la habitación de casilleros, y todos los peloteros temblorosos, incluido yo, esperábamos que Sy regresara. Me guiñaba el ojo, así yo sabía que estaba en el equipo. Topps sabía quien iba a estar en el roster de 25 peloteros antes que nadie lo supiese. Así que los muchachos pasaban por un lado, le templaban la camisa a Sy y decían, ‘Sy, ¿lo hice este año? ¿Vas a hacer una barajita mía’ Era una situación muy singular”.
Conocido como un espíritu libre durante sus días de jugador activo, Scheinblum sigue siendo afable y llevadero en su retiro. Él visitó el Salón de la Fama en agosto de 2004 como parte de una conferencia de beisbol judío que se realizó en el museo. Al evento asistieron varios peloteros judíos, incluyendo a Ron Blomberg (el primer bateador designado), Mike Epstein (quien tenía el afamado apodo de “Superjew”), y Elliot Maddox y Bob Tufts (ambos convertidos al judaísmo). Como los otros peloteros, Scheinblum estaba más que feliz por hablar de sus experiencias como grandeliga judío.
Las circunstancias extraterreno tendían a solapar la habilidad de Scheinblum para jugar al beisbol. Los medios a veces se enfocaban en su herencia judía, y también notaban que él era una mezcla intrigante de herencia polaca, rusa y alemana. En una nota más ligera, él también gano algo de fama por filmar una serie de comerciales televisivos de trasplante de cabello, que lo convirtió en predecesor de Sy Sperling.
El ascenso de Scheinblum a las ligas mayores fue algo inesperado, debido a los obstáculos de su juventud. Nacido al sur dek Bronx, idolatraba a Rocky Colavito (otro neoyorquino) mientras resistía una niñez difícil. Su madre fue hospitalizada poco después de nacer él; ella falleció joven, cuando él solo tenía siete años de edad. Su padre decidió mudar la familia a Englewood, N.J., donde Richie tuvo dificultades con las tareas escolares. Para hacer las cosas más retadoras, el padre de Richie trató de apartarlo de jugar beisbol.
De alguna manera, Scheinblum fue salvado por su entrenador de pequeñas ligas, quien resultó ser una mujer. Ella era una antigua segunda base amateur de nombre Janet Murk. Al sentir que él podía aprovecharse de los pitchers derechos, Murk animó a Scheinblum a batear de ambos lados del plato. Gracias a la intervención de Murk, Scheinblum floreció como amateur, y eventualmente se convirtió en un tremendo bateador de ligas menores.
Aún así, su carrera profesional no llegó fácilmente, Un hombro separado asustó a varios scouts. Para probar que estaba en buena condición física, él decidió jugar en una liga de verano universitaria. Actuaba en juegos nocturnos, pero necesitaba un trabajo remunerado durante el día, asi se dedicó a la manufactura de hielo en cubitos. “Trabajábamos desde las 6 am hasta las 4 pm”, le dijo Scheinblum al Sporting News. “Nos pagaban 80 centavos la hora por hacer hielo en cubitos para la Polar Bear Ice Cube Company”. Como parte del trabajo, él tenía que entrar a un recinto donde la temperatura era 30 grados bajo cero.
Aún luego de firmar con la organización de los Indios, Scheinblum falló en establecerse como grandeliga regular, en parte por su tendencia a preocuparse por su juego. Era un pelotero que empezaba muy lento quien odiaba batear en clima frío (quizás porque eso le traía recuerdos de hacer aquellos cubitos de hielo), Scheinblum tenía dificultades para causar una buena primera impresión cada primavera. No hay mejor ejemplo que 1969, cuando los Indios le dieron su primera dosis de tiempo de juego, pero él empezó la temporada con una abismal seguidilla de 34-0 con los Indios. Cuando los Indios adquirieron a Hawk Harrelson en un cambio, Scheinblum se encontró en la banca. Esa temporada completa fue un largo fracaso, terminó con un promedio de bateo de .186 y solo un jonrón en casi 200 turnos al bate.
Como si esas dificultades no fueran suficientes, Scheinblum tenía que sufrir la indignidad de oir locutores internos de estadios y narradores radiales alterar la pronunciación de su apellido. Un locutor pronunció su nombre como “Shien-boom”, en vez de la pronunciación apropiada de “Shine-bloom”. Otro de alguna manera lo llamó “Shine-boop”, y otro se refirió a él como “Shine-bottom”. Si ellos solo hubiesen consultado el libro rojo de la Liga Americana, habrían encontrado la pronunciación correcta.
Despues de su temporada perdida de 1969, los Indios enviaron a Scheinblum de vuelta a las ligas menores en 1970. Prosperó en en Wichita AAA, al batear .337 con 24 jonrones. Pero antes que darle otra oportunidad en 1971, los Indios consideraron que había dejado de ser prospecto y vendieron su contrato a los Senadores.
Un comienzo lento en su carrera en Washington resultó en otro viaje a las ligas menores. Esta vez, Scheinblum fue al Denver AAA, donde castigó a los pitchers rivales a un ritmo de .417 de promedio de bateo para comienzos de agosto. Mientras crecía la especulación de que él podría batear .400 en la temporada. Scheinblum decayó un poco, y terminó con promedio de .388. Claramente, él no tenía nada que probar en las ligas menores, pero no subiría con la franquicia de los Senadores, la cual se estaba mudando desde Washington a Texas. Los flamantes Rangers vendieron su contrato a los Reales de Kansas City por 40.000 $.
La venta a Kansas City, un reciente equipo de expansión, era el cambio que Scheinblum necesitaba. En 1972, los números de ligas menores de Scheinblum finalmente se tradujeron al estrellato de las Grandes Ligas. Como jardinero derecho regular de los Reales y el manager Bob Lemon, Scheinblum se encontró bateando .341 para mediados de julio lo cual lo colocó al frente de los bateadores de la Liga Americana.
Para comienzos de septiembre, Scheinblum había empezado a decaer. Pero sus dificultades de septiembre parecían triviales en comparación a otros eventos deportivos mundiales. En los Juegos Olímpicos de Munich, 11 miembros del equipo olímpico israelí fueron tomados prisioneros y luego asesinados. En memoria de ellos, Scheinblum uso una banda negra en el brazo de su camiseta de las Reales. “Usé la emblemática banda negra”, le dijo Scheinblum a un reportero, “no solo porque ellos eran atletas judíos, sino porque eran seres humanos”.
A un nivel de mucho menos importancia, Scheinblum resistió algunos problemas físicos el mes final de la temporada. Fue golpeado en cada pie por pelotas lanzadas, una por John “Blue Moon” Odom y otra por el futuro inquilino del Salón de la Fama Jim “Catfish” Hunter. Richie siguió jugando adolorido, perdió 18 puntos de su promedio de bateo, y terminó con promedio de .300 pero sin título de bateo.
Quizás preocupados por su bajón de finales de temporada, los Reales consideraron la posibilidad de un cambio. Despues de la temporada, los Reales lo negociaron a los Rojos de Cincinnati por la futura estrella Hal McRae. El cambio de ligas no ayudó a Scheinblum, quien tuvo que aprenderse un nuevo grupo de pitchers mientras se ajustaba a su papel como cuarto jardinero detrás de los establecidos como Pete Rose, Bobby Tolan y César Gerónimo. Dado el irregular tiempo de juego, Scheinblum solo bateó .222 en 29 juegos. En la fecha tope de cambios del 15 de junio, los Rojos lo negociaron de vuelta a la Liga Americana, esta vez a los Angelinos de California por un par de jugadores oscuros que serán nombrados más adelante.
Con los Angelinos, Scheinblum hizo un dueto con el antes mencionado Mike Epstein para formar lo que los medios del sur de California llamaron el “Bagel Battalion” (No es tan memorable como “Muderer’s Row”, pro es más creativo”). Al principio, Scheinblum jugó bien para los Angelinos, al batear .328 en la temporada de 1973. Pero un pobre comienzo en la temporada de 1974 resultó en un cambio de regreso a los Reales; desde allí, los Reales lo vendieron a los Cardenales de San Luis, donde fue enterrado detrás de otra banda de talentosos jardineros, incluido el futuro inquilino del Salón de la Fama, Lou Brock.
Scheimblun aún tenía solo 31 años de edad y quería seguir jugando. Encontró una opción viable en la Japanese Pacific League, firmó un contrato de dos años con los Toyo Carp de Hiroshima. Como uno de los primeros peloteros judíos que jugó en Japón, se le hizo difícil explicar sus razones para no jugar durante el Yom Kippur.
A pesar de la dificultad cultural, Scheinblum bateó bien en sus dos primeras temporadas con los Carp. Él habría jugado más tiempo allí, pero se lesionó el tendón de Aquiles durante el receso entre temporadas; esa lesión terminó su carrera a la edad de 33 años.
En total, fue un camino tortuoso para Scheinblum, pero también fue un camino que lo vio perseverar una y otra vez. Esencialmente, él creció sin una madre. Tuvo personas diciéndole que un pelotero judío como él no llegaría a las Grandes Ligas. A veces, tuvo problemas para batear, tanto que su carrera pareció estar en peligro. Pero finalmente Richie Scheinblum lo hizo. También encontró el camino de varias barajitas Topps.
Aùn si él no lucíó exactamente como un modelo en una o dos de ellas, Scheinblum siempre disfrutó al saber que Topps pensaba que él era lo suficientemente bueno para ser merecedor de ocho barajitas a lo largo del camino. Cualquier muchacho estadounidense hubiera estado orgulloso de eso.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Nota del traductor; Números de Rich Scheinblum con los Leones del Caracas en la temporada 1969-70: 54 J, 205 VB, 24 CA, 57 H, 4 2H, 1 3H, 6 HR, 34 CI, 20 BB, 17 K, 3 BR, .278 AVG.
martes, 19 de julio de 2016
Chet Lemon recuerda su carrera de Grande Liga.
Brett Balantini, Baseball Digest. Enero-Febrero 2005.
El viaje de 16 años del antiguo jardinero central de los Medias Blancas de Chicago y los Tigres de Detroit produjo una marca defensiva, temporadas productivas con el bate y un título de Serie Mundial en 1984.
Una lección de lo que no se debe hacer empujó a uno de los peloteros defensivos más agresivos del juego hacia los amplios confines del jardín central.
Era el 9 de septiembre de 1975 cuando Chet Lemon un jovencito de 20 años de edadefectuó su primer juego en las Grandes Ligas en tercera base. Estaba impresionado con Comiskey Park, el estadio que lo rodeaba mientras tomaba su posición para los Medias Blancas de Chicago. Mientras crecía en Los Angeles, el había estado en Dodger Stadium incontables veces para ver a héroes como Willie Mays llegar a la ciudad, pero estar en un campo de Grandes Ligas…no había nada como eso.
Lemon estaba tan emocionado, que cortó una pelota que iba de frente al campocorto, la joven estrella Bucky Dent, y casi choca con el segunda base de los Medias Blancas, Jorge Orta, trasladando su trabajo al lado derecho del infield.
No hacía falta un genio para ver que él no podía dar lo mejor de si en el infield.
“Despues del juego, (el manager de los Medias Blancas) Chuck Tanner sonrió y puso su brazo en mis hombros”, dice Lemon con una sonrisa. “Subimos las escaleras del dugout y él señaló hacia el jardín central”. Comiskey Park era inmenso a finales de los años ’70, se extendía 445 pies derecho hasta la cerca. “¿Ves allá, Chet?” Puedes tener todo el espacio del mundo para correr. Nadie se va a atravesar en tu camino allá afuera”.
Despues de una carrera desempeñándose en la esquina caliente, Lemon necesitaba más espacio para moverse, así nació un jardinero central. Y que fildeador fue.
Menos de dos temporadas después, en 1977, Lemon le había dado buen uso a sus alegres pies al establecer una marca para la Liga Americana con 524 lances para un jardinero y 512 outs. (La marca de outs rompió el registro de Dom DiMaggio de 503 establecido 29 años atrás, y ambas marcas todavía están vigentes en la Liga Americana). De hecho, al final de su carrera, Lemon registró cinco temporadas con al menos 400 outs, incluyendo tres seguidas (1983-85) con los Tigres de Detroit, ningún pelotero de la Liga Americana tiene más.
Lemon fue un pelotero agresivo, sin miedo, marcado por sus curiosos deslizamientos de cabeza en primera base. Pero al campo no era simple velocidad o agresividad lo que alimentaba el éxito de Lemon, sino estudio cuidadoso.
“Me tomaba mi tiempo para estudiar los distintos estadios y bateadores”, dice Lemon. “Descifraba las señas del catcher, nadie me las daba, yo las tomaba por mi cuenta. De esa manera, siempre me estaba moviendo, basado en el pitcheo que era pedido y las tendencias del bateador”.
El equipo de Chicago al cual Lemon se unió en septiembre de 1975 terminó en quinto lugar del oeste de la Liga Americana; la primera temporada completa de Lemon, 1976, fue aun peor, el equipo terminó en último lugar con marca de 64-97. Fue un impacto total cuando los Medias Blancas de 1977 se convirtieron en los paleadores del South Side para ocupar el primer lugar hasta agosto antes de ceder frente a los encendidos Reales de Kansas City.
“Nunca pensamos que lo que hacíamos era extraño o inesperado”, dice Lemon de su primera experiencia en un contendor. “Solo era asunto de un grupo de tipos unidos por una misma unidad mental: No nos preocupaba el individuo, sino el equipo”.
Mientras 1977 puede haber sido la llegada de Lemon a la fiesta en el aspecto defensivo, su bate pronto mostró chispazos, también. Tuvo su temporada ofensiva más fuerte en 1979, cuando terminó noveno en promedio al bate (.318) y en porcentaje de embasado (,391) en la Liga Americana y lideró la liga en dobles con 44. Al jugar junto a veteranos como los compañeros de los jardines Ralph Garr y Richie Zisk, Lemon hizo un rápido estudio de las altas y bajas de las mayores.
Lemon aprendió bien, a pesar del reto de llegar tan joven a las mayores. A la edad de 23 años en 1978, Lemon participó en su primer Juego de Estrellas. Y nada menos que el compañero (y una vez fenómeno) Bobby Bonds le dedicó elogios.
“Mi meta siempre fue ser un jugador franquicia, pero Bobby fue el primero quien de verdad empezó a reconocerme como uno de los mejores jardineros central del beisbol”, dice Lemon. “Él dijo que yo era tan bueno como cualquiera que él hubiese visto, y para un hombre quien jugó con uno de mis héroes, Willie Mays, eso es un gran elogio”.
Para 1981, el pelotero más popular de Chicago acordó los términos que lo convertirían en el miembro mejor pagado del equipo, cuando el grupo de Jerry Reinsdorf compró los Medias Blancas a Bill Veeck. Pero el desastre se hizo presente de alguna manera, cuando el sorpresivo agente libre Carlton Fisk se unió a los Medias Blancas por más dinero que Lemon.
Lemon admite hoy que fue inmadurez lo que le afectó cuando perdió la supremacía como mejor pagado. “Como un tipo joven, no vi eso como una oportunidad, que Carlton Fisk nos ayudaría a conseguir más victorias” dice Lemon de si cuando tenía 25 años de edad. “Vi eso como un insulto. Todavía estaba madurando. Dije, ‘Les enseñaré, me haré agente libre’. Pero estaba asustado, Chicago era todo lo que conocía. Ese era mi hogar. Y me gustaban los aficionados quienes siempre me apoyaban y animaban”.
El disgusto de Lemon por la llegada de Carlton Fisk a los Medias Blancas fue el detonante. Él siguió reclamando a través de la temporada de la huelga de 1981 y fue negociado el día de Acción de Gracias a los Tigres por Steve Kemp.
Kemp solo jugaría una temporada con los Medias Blancas, mientras el tren que corría hacia el este representó un botín más valioso para Detroit. El cambio, al principio impopular en la ciudad del motor, resultó ser el mejor movimiento para Lemon.
“Todos éramos casi de la misma edad en Detroit”, dice Lemon, “pero todos, Lou Whitaker, Alan Trammell, Jack Morris, Lance Parrish, Kirk Gibson, habíamos estado jugando por mucho tiempo en las Grandes Ligas. Éramos muy competitivos y hambrientos, un equipo lleno de líderes”.
De hecho, Lemon y Morris, ambos de 27 años al momento del cambio, calificaron como los mayores entre el grupo de estrellas. Para 1983, Detroit se había convertido en un casi ganador de la división, al ganar 92 juegos y terminar en segundo lugar de la división este de la Liga Americana. Solo había un problema: los Medias Blancas.
“¡Salí de Chicago y entonces los Medias Blancas ganaron!”, Lemon exclama sobre la mejor marca de las mayores, los Medias Blancas de 1983, 99 triunfos. “Me dije, ‘¿Qué hice!?”
La angustia de Lemon fue corta, los Medias Blancas fueron vencidos por los Orioles de Baltimore quienes ganaron la serie Mundial de 1983. Los Tigres sabían que si los Orioles eran lo mejor que el beisbol podía ofrecer, su momento estaba próximo: Detroit había vencido a Baltimore en ocho de trece juegos en 1983.
De hecho los Tigres manejaron a Baltimore, y el resto de la Liga Americana, en 1984, a un ritmo de 16 triunfos en sus primeros 17 juegos y un inimaginable comienzo de 35-5. Si para finales de mayo, Detroit había acumulado tal colchón que podían haber jugado para .500 el resto del camino y aún tener una temporada de 96 victorias.
Dice Lemon del recordado 1984: “Fue increíble. Éramos como estrellas de rock. Equipos que no llenaban sus estadios aunque los boletos fueran gratis, tenían concurrencias de 30.000 aficionados cuando jugábamos contra ellos”.
Pero la gran ventaja de los bengalíes también representaba un peligro: Había grandes expectativas, y mucha presión para que Detroit lo ganara todo. Los aficionados sintieron rápidamente que cualquier cosa menor a un título mundial convertiría a la temporada en un fracaso.
“Eso se convirtió en nuestro lema: ‘Los elementos de la sorpresa nunca sacaran lo mejor de nosotros’”, dice Lemon. “Sabíamos que por más bueno que había sido nuestro arranque, no podíamos dar nada por sentado”.
Detroit no lo hizo, al terminar con 15 juegos de ventaja en el este, con marca de 104-58. El equipo lideró la Liga Americana en carreras por juego (5.12), y pitcheo (3.97 de efectividad colectiva).
“Los Invencibles” navegaron la postemporada, barrieron a los Reales en tres juegos y derrotaron en cinco juegos a los Padres de San Diego en la Serie Mundial. “Al avanzar estábamos un poco asustados”, dice Lemon de la presión por ganar. “Nadie recuerda quién estuvo ahí, solo recuerdan al ganador”.
De la manera como resultó, ganar la Serie Mundial, Lemon dice, “Fue el sentimiento más grande, un alivio”.
A pesar de tener jóvenes estrellas, formadas en su sistema de granjas, en cada posición, fue el cambio de los Tigres por Lemon lo que la mayoría vio como la pieza final del rompecabezas del campeonato. La cosa más grande que le podía ocurrir a Lemon fue la cosa más grande que le pudo haber ocurrido a los Tigres.
“La adquisición de Chester fue tan importante para el desarrollo de ese equipo y su consecuente éxito, como cualquier otra cosa”, dice el narrador de los Tigres, Ernie Harwell. “Un gran jardinero central es usualmente el aglutinante de un gran equipo, Él le llegaba a todo allá afuera. Era como si tuviéramos un jardinero izquierdo y otro derecho adicionales, porque él podía cubrir mucho terreno”.
“Todo se completó de verdad cuando llegó Chet”.
Lemon se ríe con la caracterización de Harwell acerca de su defensiva. “Me había hecho tan bueno en anticipar hacia donde sería bateada la pelota, que el jardinero izquierdo, Larry Herndon, y el derecho, Kirk Gibson, empezaban a gritarme si no me movía antes del pitcheo, para que los ayudara a posicionarse”.
Aún como uno de los estudiantes más astutos del beisbol, a Lemon le tomó unos años darse cuenta de lo que él y los Tigres habían logrado con su título de Serie Mundial. “Muchos peloteros quienes han jugado el juego lo darían todo, los jugador mas valioso y otros premios individuales, por ganar una Serie Mundial. No hay nada más grande que un hombre pueda lograr en el beisbol que ganarlo todo”.
Lemon no fue exactamente un caballo de hierro (promedió 135 juegos temporada en sus 14 campañas completas), pero participó en 1988 juegos de Grandes Ligas. Y mientras su carrera no fue exactamente de Salón de la Fama como la de sus compañeros de equipo en la niñez, Ozzie Smith y Eddie Murray, Lemon compartió un camino al estrellato y una carrera longeva con el par.
Lemon sabía de donde venía ese camino, del miedo a fallar.
“Fui un niño del ghetto, de Watts, y nunca quise volver atrás”, dice Lemon. “Tuve una oportunidad, y muchos amigos estaban pujando duro para que yo llegara a las mayores. No podía desilusionarlos. No era suficiente con solo llegar a las Grandes Ligas. Tenía que destacar. Eddie y Ozzie crecieron jugando conmigo, y todos nosotros queríamos salir del hueco. El beisbol era nuestra salida”.
Llegó con un poco de sorpresa entonces, que a la relativa joven edad de 36 años, el veterano terminó su carrera. Pero el resto de la historia salió a flote en el primer año de retiro de Lemon cuando un dolor crónico estomacal forzó a la estrella a entrar y salir de los hospitales.
Las respuestas eran vagas, pero después de varias pruebas y viajes, un doctor ordenó un ultrasonido. La afección de Lemon, policitemia vera, esencialmente una sobreproducción de glóbulos rojos que hace más viscosa la sangre, fue finalmente diagnosticada.
“Eso es descubierto usualmente durante la autopsia”, dice Lemon, “Nunca me quejé mucho de eso, así que cuando mi dolor siguió empeorando, las personas supieron que algo andaba muy mal”.
Diagnosticar el problema fue casi peor que no conocer las respuestas, porque el seguimiento de la enfermedad de Lemon era complicado. Para tener alguna esperanza de supervivencia los médicos necesitaban emplear una especie de drenador para limpiar el flujo sanguíneo de Lemon, solo esa sustancia limpiaría la sangre insana, la sana y los tejidos.
“Tenía miedo de no despertar, al saber que había tan poca oportunidad de sobrevivir”, dice Lemon de la cirugía. “Aún con todos los medicamentos y la anestesia, me llevó varias horas quedarme dormido, porque no quería que fuese la última vez que cerrara mis ojos”.
La cirugía fue exitosa y aunque Lemon ha tenido que pasar por otras dos operaciones igualmente críticas desde entonces, incluyendo la más reciente, cuando los médicos le removieron su bazo, él mantiene su buen humor.
“Te sientes más agradecido por cada pequeña cosa”, dice Lemon. “Al ser un grande liga, estás blindado, puedes hacer todo lo que quieras. Despues de esto. Me he hecho más humilde. He tenido que convertirme en más sociable y desarrollar relaciones con muchas otras personas”.
“La vida puede ser solitaria si solo quieres refugiarte. Esto me ha forzado a abrirme y ser un persona diferente”.
Una de las cosas a las que Lemon se ha abierto desde su retiro ha sido a ser entrenador. Al haber sido siempre un pelotero analítico, Lemon ha tenido éxito a nivel de la escuela secundaria y la Amateur Athletic Union.
En la actualidad está en Sanford, Florida entrenando a Chet Lemon’s Juice un equipo de beisbol para jugadores de 18 y por debajo de 18 años que ha ganado cinco años seguidos el título de la Florida AAU.
El roster incluye al hijo de Lemon, el campocorto Marcus, quien es uno de los principales jugadores amateur del país.
En este punto, viviendo de muchas maneras un “bono” de tiempo, Lemon no descarta cualquier cosa, aún regresar a las mayores como coach.
“Siempre fui un estudioso del juego. Me gustaría regresar y hacer algo en Chicago, si se presentara la oportunidad”, dice Lemon. “(El gerente general de los Medias Blancas) Kenny Williams, uno de mis antiguos compañeros de equipo, y (el consejero ejecutivo de los Medias blancas) Roland Hemmond, quien era como mi papá cuando llegué a los Medias Blancas como un muchacho intenso, fueron a verme cuando estuve enfermo. Tal vez un día les haga una llamada”.
Los Medias Blancas de seguro no querrán que su tercera base se mueva hacia segunda base o se lance de cabeza en primera base, pero Lemon tiene más de una lección valiosa que compartir”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 18 de julio de 2016
Esquina de las Barajitas: Willie Stargell 1974.
Bruce Markusen.
Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí esta la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown.
Cuando tratas de coleccionar un juego de barajitas al comprar paquetes al azar en tu tienda local, estás en ruta a un laberinto. Para mi, uno de esos años fue 1974. Compraba agresivamente un nuevo paquete de barajitas cada sábado en las tiendas de mi pueblo, pero no podía conseguir la barajita que buscaba: la Topps de Willie Stargell. No estoy seguro de porqué me obsesioné tanto con la barajita de 1974; en verdad me gustaba mucho más la de 1973, porque era una toma en acción, mostraba a Stgargell estirándose para recibir un tiro en primera base ante la llegada de Del Unser. También me gustaba la barajita de 1973 de Bobby Bonds, la cual muestra una aparición inesperada de Stargell, quien está intentando retirar a Bonds en un corre y corre.
En comparación, la barajita de Stargell de 1974 luce más que ordinaria. Es una barajita buena, pero carece de cualquier atractivo o curiosidades. Se ve a Stargell, posando de lleno antes de un juego en la carretera de los Piratas de Pittsburgh, empuñando un bate en posición de listo para hacer swing. Es una de muchas clases de tomas en pose que Topps usó en los días cuando las tomas de acción todavía eran relativamente raras.
Nada de eso de verdad me importaba en la primavera de 1974. Me gustaba y admiraba tanto a Willie Stargell que tenía que tener esa barajita. Se convirtió en santo grial, mi ballena blanca, ese verano. Cuando no la pude conseguir en las tiendas, me motivé a hacer algo tonto, Decidí tomar sin permiso, esta esquiva barajita de beisbol de 1974, de la casa de mi vecino de al lado.
Antes que alguien decida llamar a las autoridades por este caso de hurto, recordemos que yo solo tenía nueve años de edad. Notemos también que la justicia fue aplicada, y rápidamente. Mi vecino Hank Taylor, el hermano mayor de uno de mis mejores amigos, Alec, sabía de mi obsesión por el toletero de los Piratas. El sabía que yo había tomado la barajita de Stargell de su escritorio. A un día del hurto, Hank rápidamente me confrontó por la barajita. Al sentirme humillado por ser capturado por lo que había hecho, admití el crimen y devolví al artículo birlado ese día. Mientras recuerdo ese incidente todos estos años después, me siento tentado a llegar a la siguiente conclusión: A través de Hank Taylor, Willie Stargell me enseñó una importante lección acerca de cuan equivocado fue tomar algo que no me pertenecía.
¿Por qué me gustaba tanto Stargell en aquellos días? Mis amigos y yo crecimos en Westchester County, principalmente como aficionados de los Mets de Nueva York o de los Yanquis de Nueva York, con algunos aficionados de los Filis de Filadelfia mezclados. Solíamos imitar los bateadores del equipo local, como el estilo de pichón inclinado de Roy White de los Yanquis, o el de Félix Millán de los Mets. También tratábamos de imitar a los bateadores de los otros equipos. Uno de ellos era Joe Morgan, quien regularmente movía su codo izquierdo como un ala de pollo mientras esperaba el próximo lanzamiento. El otro era Stargell, debido a la inusual manera como movía su bate en círculos como un molino de viento. Mientras esperaba cada pitcheo, Stargell se inclinaba adelante y atrás en la caja de bateo, moviendo su bate hacia adelante, señalando por un momento hacia el jardín central y entonces regresando el bate hacia atrás para otro giro. Ese movimiento de molino de viento parecía ayudar a que Stargell ajustara el tiempo de su swing. Eso pudo ayudar hasta su poder, en el sentido de que aquellos antiguos windups de pitcheo parecían agregar millas extra a las rectas de los pitchers. De cualquier manera, no podía ser divertido para los lanzadores de la Liga Nacional tener que ver a Stargell prepararse para su próximo swing feroz.
Sabíamos del estilo de bateo de Stargell, de su prodigioso poder, y de su reputación como uno de los tipos buenos del beisbol. Pero no conocíamos la historia completa. Dada nuestra juventud, no entendíamos que Starg había crecido pobre, en contraste con nuestra cómoda crianza.
Por buena parte de su juventud, Stargell vivió en un proyecto gubernamental en Alameda, Calif. Allí, Stargell y su familia vivían bajo circunstancias magras, pero él encontró relativamente poco racismo en la comunidad integrada del area de la bahía. Esas circunstancias empezaron a cambiar en 1959, cuando él firmó su primer contrato profesional con los Piratas y se reportó a la filial de ligas menores del equipo en San Angelo (Texas) en la Class-D Sophomore League. (¿Te puedes imaginar jugando en una liga llamada la Sophomore League?)
Fue allí que Stargell descubrió un mundo diferente, uno más antagonístico hacia los afroamericanos. Como muchos hoteles, particularmente en el sur, no permitían huéspedes negros, Stargell algunas veces dormía en catres en los porches traseros de las casas privadas de otros afroamericanos. Los restaurantes también discriminaban contra los negros. Stargell a menudo tenía que esperar en la cocina de los restaurantes, donde le daban restos de comida. En otras ocasiones, Stargell tenía que sentarse en el bus del equipo mientras los jugadores blancos comían cómodamente en un restaurant a un lado de la carretera.
Las severas hostilidades que Stargell y otros peloteros negros experimentaron dejaton al toletero sintiéndose comprensiblemente amargado, al menos al inicio de su carrera. También se sentía preocupado por su seguridad. En una ocasión, un hombre blanco amenazó a Stargell con una pistola. El hombre le dijo a Stargell que si intentaba batear con éxito en el juego de esa noche, él le dispararía. “Yo no podía entender como el color de mi piel podía hacer que las personas me odiaran por algo que yo nunca había hecho”, recordó Stargell en el Herald American.
Stargell se sobrepuso al racismo para hacer su debut de Grandes Ligas en 1962. De contextura robusta, Stargell de manera sorpresiva era un jardinero ágil. También mostraba un brazo poderoso, particularmente para un jardinero izquierdo. En el plato, mostraba destellos de promesa. Aún así, él no empezó a comprometerse con el juego hasta después que sufrió una temporada de disgusto en 1968, cuando bateó para un débil .237 con 24 jonrones. Mientras Stargell pudo haberse justificado con la excusa de El Año del Pitcher, escogió culparse. “Yo quería saber si todo lo que quería era ser un pelotero quien se mantendría alrededor unos 10 años sin lograr nada”, le dijo Stargell a Baseball Digest, “o quería convertirme en un pelotero bueno de verdad, en un pelotero destacado”. Una vez llegué a pensar que todo lo que había que hacer en este juego era llegar al estadio dos horas antes de la hora del juego, hacer la rutina usual, jugar nueve innings, e irse a casa”.
Stargell empezó a batear más consistentemente en 1969 y 1970, pero no fue hasta 1971, después de un viaje a Vietnam en el receso entre temporadas, que se convirtió en estrella nacional. Luego de reportarse al entrenamiento, primaveral en la mejor condición de su carrera, disfrutó un tórrido primer mes de temporada, al ejecutar un ataque exitoso a la marca de jonrones en abril. Para final de mes, él había largado 11 cuadrangulares, incluyendo un par de juegos de tres jonrones. En la temporada, Stargell resultaría líder con 48 jonrones y terminó segundo en la votación del jugador más valioso, al llevar a los Piratas a un campeonato mundial en 1971.
Mientras hacia la transición al estrellato, Stargell continuó aprendiendo acerca de liderazgo con su compañero de equipo, Roberto Clemente. Él observaba la ética de trabajo de Clemente, incluyendo un régimen de prácticas en el cual trataba de lanzar la pelota desde el jardín derecho para meterla en un recipiente de basura situado en tercera base. Ocho años despues del campeonato mundial de los bucaneros, y mucho después del deceso de su amigo Clemente, Stargell lideró a los Piratas a otro título. En el año de “We are Family”, ningún Pirata fue más prominente que Stargell. El indiscutido líder de los Piratas de 1979, se convirtió en ejemplo y figura paternal de sus compañeros de equipo, quienes en su mayoría eran de 10 a 15 años más jóvenes que él. Para entonces, Stargell había establecido la práctica de entregar “Stargell Stars” (“Estrellas Stargell”) a los compañeros que las merecían. Los peloteros pegaban las estrellas en sus gorras en reconocimiento a sus contribuciones por la victoria.
Stargell prácticamente se echó el equipo al hombro en ese campeonato de 1979. Luego de compartir el premio de jugador más valioso con Keith Hernández durante la temporada regular, bateó .455 con dos jonrones en la serie de campeonato de la Liga Nacional, y de nuevo ganó el premio del jugador más valioso. Y entonces completó la trifecta de jugador más valioso en la Serie Mundial, donde atormentó a los Orioles de Baltimore a ritmo de .400 de promedio ofensivo y tres jonrones. Stargell se convirtió en el primer (y hasta la fecha el único) pelotero en barrer los tres premios al jugador más valioso en la misma temporada.
Los jonrones de Stargell no solo ocurrían frecuentemente, recorrían distancias que no habían sido vistas en décadas. Stargell revitalizó el interés en la medida con cintas de los jonrones, algunos de los más largos vistos desde el apogeo de Mickey Mantle en los años ’50. El resumen de jonrones de Stargell incluye dos que bateó completamente fuera del Dodger Stadium, conocido como un parque extremadamente favorable a los pitchers. Durante la carrera de Stargell, ningún otro pelotero bateó un jonrón fuera del estadio de Chavez Ravine.
Por más que los largos jonrones definieran a Stargell en el terreno de juego, ellos solo eran una sombra en sus contribuciones generales al juego, incluyendo la relación con sus compañeros de equipo y el público. A diferencia de otros atletas egocéntricos, Willie sabía como conectarse con los aficionados. Despues de comprar un restaurant en la sección The Hill de Pittsburgh en 1970, él cocinó una promoción especial: Cada vez que él bateara un jonrón, el restaurant obsequiaría pollo gratis a todo el que ordenara un servicio en ese momento. La popular acción llevó al legendario locutor de los Piratas, Bob Prince a proclamar las palabras, “Spread some chicken on the hill!”, (“¡Suelten unos pollos en la colina!”), cada vez que Willie despachaba otra pelota allende las cercas.
Stargell no simplemente enfocaba sus esfuerzos hacia la actividad de su restaurant. Él se acercaba a todos los aficionados de los Piratas, regularmente hablando con ellos antes de los juegos y firmando autógrafos. Para Stargell, esto era parte de su rutina regular, particularmente en Three River Stadium.
Las personas devotas al juego también notaban la voluntad de Stargell para dedicar tiempo a las causas humanitarias. Durante el receso de 1970-71, él participó en una gira USO a beneficio de los soldados estadounidenses que combatían en Vietnam. En el area de Pittsburgh, él realizó trabajo voluntario para los Job Corps y los Neighborhood Youth Corps, al colaborar en los ghettos como parte de la “War on Poverty” (“Guerra a la pobreza”). Se convirtió en presidente de la Black Athletes Foundation, una organización dedicada a ayudar a que los atletas afroamericanos lograran mejores contratos y patrocinios mientras también resolvía problemas de la comunidad negra.
En quizás su causa más conocida, Stargell sirvió como vocero principal de la Sickle Cell Anemia Foundation, incrementando la conciencia sobre una enfermedad que había recibido poca publicidad en los años ’60. Stargell hizo numerosas apariciones públicas para recaudar dinero para combatir la enfermedad que ataca las células sanguíneas, principalmente en afroamericanos. “Muchas personas saben poco de esta enfermedad”, dijo una vez Stargell en una entrevista con The New York Times. “Estas personas tienen una vida corta y miserable. Necesitamos la ayuda de todos”.
En 1998, solo tres años antes de su fallecimiento, tuve el privilegio de conocer a Willie Stargell. En enero de ese año, durante las crudezas de otro invierno del noreste, él fue a Cooperstown como parte de un programa auspiciado por el U.S. Post Office. Él acordó para hablar ante un grupo de niños quienes asistirían al Grandstand Theater del Salón de la Fama. Aunque ninguno de esos estudiantes lo vio jugar, estaban cautivados por su habilidad para inspirar con sus palabras. A pesar de la brecha generacional, él fue capaz de llegarle a aquellos muchachos, como siempre había llegado hasta mi, empezando con aquellos días cuando yo coleccionaba sus barajitas e imitaba su swing.
Despues de la charla de Stargell, fui privilegiado al ser incluido en un almuerzo con Willie y varios miembros del equipo del Salón de la Fama. Por primera y única vez, tuve la oportunidad de hablar con Stargell cara a cara.
Ese día, aquella barajita Topps 1974 llegó completa a mi memoria. Había conocido al hombre quien indirectamente me había enseñado una lección importante. Por supuesto, era muy vergonzoso contarle eso a él. Yo estaba muy feliz de conocer a un héroe.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
sábado, 16 de julio de 2016
Justin Dunn, Prospecto de Pitcheo de los Mets, Crece y se muda cerca de Casa,
Wayne Epps Jr. The New York Times. 14-07-2016.
Justin Dunn solía domir con su guante. Y había sabido desde la edad de siete años, a donde quería llegar desde donde estaba ahora, al montículo, para lanzar en un juego de beisbol profesional.
Dunn había sido seleccionado por los Mets como su escogencia en la primera ronda del draft el mes pasado y ahora se encontraba en el uniforme del equipo de ligas menores Cyclones de Brooklyn para su debut en casa en el séptimo inning. En la tribuna había cerca de 20 miembros de la familia.
“Era bueno será capaz de pitchear frente a ellos”, dijo Dunn, la escogencia 19 y producto de Boston College, quién se apuntó la victoria 4-3 sobre los Renegades de Hudson Valley. “Muchas personas de mi familia no me han visto lanzar desde que era pequeño”.
Ellos se han perdido de mucho.
Aunque él es de Freeport, NY., a menos de 30 millas del montículo donde estaba parado, Dunn ha recorrido un largo camino.
Jeff Trundy, su entrenador de beisbol en Gunnery en Connecticut, la academia preparatoria privada donde Dunn fue a la escuela secundaria, recordó cuando había visto por primera vez al ahora espigado derecho jugando en una presentación de octavo grado. Dunn, recordó él, era probablemente el jugador más pequeño.
Trundy sin embargo, podia decir que el brazo de Dunn funcionaba bien y que tenía buena mecánica para un muchacho de su edad. Pero lo que más le gustaba a Trundy era que Dunn asimilara todo lo que decían los entrenadores que lo rodeaban.
Aún como jugador de primer año, Dunn mostró su velocidad.
“Era asunto de que Justin se hiciera grande y fuerte, porque tenía la sed de conocimientos y la pasión por lo que hacía”, dijo Trundy.
Ese primer año, Dunn ingresó al equipo regular de Gunnery pero jugó poco. Jugó regularmente en segundo año, como pitcher e infielder central. Al comienzo, Dunn lanzaba a más de 80 millas por hora, y en su último año llegó a las 90 mph.
Fue seleccionado por los Dodgers de Los Angeles en 2013 pero optó por asistir a Boston College. Dunn empezó esa temporada pasada, su primer año, como cerrador del equipo antes de regresar a abrir juegos en la que se convirtió en su mejor temporada. Terminó el año con 2.06 de efectividad en 65, 2 innings lanzados, y 72 ponches.
Dunn creció física y mentalmente en BC. Su entrenador allí, Mike Gambino, había llegado a reconocer como lanzar, como cambiar velocidades y estilo, y a controlar el juego.
Dunn aprendió “lo que significaba convertirse en pitcher, no solo un buen muchacho con un buen brazo”, dijo Gambino.
Gambino y el resto del equipo de BC estaban con Dunn en un restaurant de Florida la noche del draft, el 9 de junio. El equipo se preparaba para abrir su torneo super regional NCAA contra Miami el día siguiente.
Cuando el nombre de Dunn fue anunciado, el grupo estalló en celebración.
“Ese día, yo no estaba buscando un equipo, buscaba una organización que me diera la oportunidad”, dijo Dunn. “Y había esperado que los Mets fuera uno de esos equipos, porque al ver lo que hacen con su cuerpo de pitcheo, no se puede pedir otra cosa”.
Ahora, las actuaciones de Dunn son limitadas, está programado para lanzar dos innings cada seis días y hará su tercera aparición el sábado 16 de julio contra los Spinners de Lowell. En cuatro innings de trabajo, Dunn ha permitido dos imparables sin carreras, ha caminado a dos y ponchado tres. Quiere ajustar su comando pero está feliz.
“La pelota está saliendo bien, todo se siente bien en mi mano, y me siento fuerte y sano, eso siempre es bueno, y es todo lo que se puede pedir”, dijo él.
La salida de Dunn el domingo tuvo un comienzo espinoso pero terminó con un zumbido.
Con los Cyclones arriba 4-3, en la apertura del octavo inning, Dunn se metió en problemas al golpear al primer bateador y caminar al siguiente. Pero el tercero levantó un elevadito al catcher en intento de toque, y los Cyclones encontraron fuera de base a los corredores para ejecutar un tripleplay 2-6-3.
Billy Bryk Jr. el coach de pitcheo de los Cyclones, dijo que Dunn tenía “condiciones eléctricas” y se mantenía cómodamente entre las 94 y 96 mph con un repertorio de cuatro pitcheos: recta, slider, cambio y curva.
Dunn tiene unos lanzamientos pulidos y sonoros, dijo Bryk. En el reporte de su primer juego, Bryk catalogó a Dunn como alguien quien, en las Grandes Ligas, podría see un tercer abridor o pitchear hacia el final de los juegos viniendo del bullpen.
El manager de los Cyclones, Tom Gamboa, al citar el atleticismo de Dunn, la soltura de su brazo y sus condiciones, dijo que le recordaba a un joven Dwight Gooden.
“Y tan bueno como es en el montículo, él es todavía un mejor tipo fuera del terreno”, dijo Gamboa.
Dunn podía un día encontrarse lanzando en un montículo aún más cercano a casa, en Citi Field. Si lo hace, se agregará al pequeño número de pitchers negros de las Grandes Ligas. De acuerdo a USAToday, de los 449 pitchers que había en las mayores el día inaugural, solo 14 eran negros.
Los Mets ya tienen una rotación llena de pitchers talentosos quienes podrían ser modelos para Dunn y Anthony Kay, la otra escogencia de primera ronda de los Mets y otro pitcher criado en Long Island quien firmó el miércoles.
“Si puedo ser como cualquiera de ellos, pienso que todo estará bien”, dijo Dunn.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Dos Campocortos se Mantienen Cercanos, en el Orden del Draft y más allá
Tyler Kepner. The New York Times. 10-07-2016.
San Diego.- Los Astros de Houston seleccionaron primero en 2012, 2013 y 2014. Sus escogencias ilustran con nitidez las variaciones del proceso: Un pelotero se convirtió en estrella, otro fue cambiado, otro se lesionó.
En junio de 2015, los Astros escogieron en segundo lugar, después de los Diamondbacks de Arizona. Ambos equipos tomaron campocortos de la Southern Conference. Dansby Swanson de Vanderbilt fue primero, y Alex Bregman de Louisiana State segundo. Los peloteros siempre estarán vinculados.
“Absolutamente”, dijo Swanson el domingo 10 de julio, antes que ambos iniciaran por Estados Unidos en el All-Star Futures Game. “No fue solo uno-dos en el draft, es como si ambos jugamos shortstop en la secundaria para los dos mejores equipos, comparémoslos y creemos esta rivalidad. Como, ‘¿Se odian entre sí?’ No, en realidad nos estimamos. Somos buenos amigos. No hay resentimiento entre nosotros para nada”.
Bregman, al menos, puede no ser campocorto por mucho tiempo. La primera escogencia de los Astros en 2012 a Carlos Correa tiene esa posición asegurada en Houston, así que Bregman practica en tercera base cada día en las menores. Los Astros obtuvieron a Bregman como escogencia de compensación por firmar a su escogencia número 1 en 2014, el pitcher Brady Aiken, cuyo codo los llevó a perder su bono de oferta.
Aiken fue la segunda falla de los Astros en una primera escogencia, después del pìtcher Mark Appel en 2013. Appel tuvo dificultades en las menores y fue cambiado a Filadelfia el invierno pasado en un cambio por el relevista Ken Giles. El pelotero escogido después de Appel fue Kris Bryant de los Cachorros de Chicago, quien empezará en tercera base el martes 12 de julio el Juego de Estrellas.
El par Appel-Bryant podría ser el más desigual de la historia del draft, como en 1966, cuando los Mets Tomaron a Steve Chilcott y los Atléticos a Reggie Jackson, y en 2004 cuando los Padres tomaron a Matt Bush y los Tigres a Justin Verlander. El draft de 2015 podría resultar de la misma forma, aunque no por algo que Swanson pueda hacer.
Bregman está teniendo la mejor temporada. Luego de batear .297 con 14 jonrones en el Corpus Christi AA, ha bateado .389 con cinco jonrones en sus primeros ocho juegos en el Fresno AAA. Parece cercano un puesto en el roster de Houston.
“Siento que puedo ayudar a ganar juegos allí”, dijo Bregman. “Si ese día es mañana o dentro de unas semanas o cuando sea, estoy listo y emocionado”.
Bregman y Swanson jugaron juntos en el equipo de Estados Unidos después de su segundo año en la universidad y han estado cerca desde entonces, hablan por teléfono una vez al mes. Pero Bregman no ha olvidado sus posiciones del draft, usó el número 2 el domingo como recordatorio de que Swanson fue primero.
“Él es un buen tipo, lo hace de la mejor manera, practica el juego duro, solo tengo cosas buenas que decir de él”, dijo Bregman. “Lueggo de decir esto, por supuesto que hay competencia entre nosotros. Siempre tratamos de mejorar en el juego y ser los mejores peloteros en el campo. Eso nos motiva, y lo disfruto”.
Swanson también ha sido promovido sta temporada, desde el Carolina A donde bateó para .333 con un jonrón, hacia el Mississippi AA, donde está bateando .269 con cinco jonrones en 57 juegos. La gran noticia es que lo está haciendo con los Bravos de Atlanta.
Hasta el invierno pasado, los equipo no podían cambiar a un pelotero hasta que hubiese pasado un año de ser seleccionado en el draft. Swanson se convirtió en el primero en ser oficialmente negociado tan pronto después del draft. Los Diamondbacks, quienes habían firmado al as abridor Zack Greinke, querían un segundo abridor y usaron a Swanson para encabezar el paquete con el cual consiguieron a Shelby Miller.
El cambio parece un fiasco para los Diamondbacks, quienes están enterrados en el oeste de la Liga Nacional y han empezado a desprenderse de veteranos. Miller tiene marca de 2-9 con 7.14 de efectividad, la más alta entre los pitchers de la Liga Nacional con más de 65 innings. Y Swanson se fue, atravesó la espina del rechazo repentino.
“Me di cerca de semana y media para digerir todo eso, para dejarlo ser y dejarlo ir”, dijo Swanson. “Esa fue probablemente la mejor decisión que pude haber tomado, porque me dio la oportunidad de sentarme y ser capaz de mirar todo lo que ocurría desde un punto de vista realista y ver la gran oportunidad que se me presentaba”.
Mientras los Astros de Bregman son contendores, los Bravos de Swanson están en reconstrucción. Pero Swanson creció en Marietta Ga., aupando a los Bravos, quienes lo ven a él y a Ozzie Albies como su dupla de dobleplays del futuro. Albies, un campocorto natural, se está convirtiendo en segunda base en Mississippi.
“Él es fenomenal”, dijo Swanson de Albies. “Es como mi hermano menor. Puedo decirlo porque tiene 19 años y yo tengo 22. Me gusta tenerlo en la alineación”.
Albies empezó el Futures Game el julio pasado, el cual incluyó varios prospectos quienes desde entonces se han convertido en figuras de las ligas mayores, tales como Trevor Story de Colorado y Nomar Mazara de Texas.
El próximo podría ser Bregman, quien tuvo un triple y un doble entre sus tres imparables del domingo. Su actuación pudo haber sido merecedora de una distinción de jugador mas valioso, pero Estados Unidos perdió, 11-3, y Yoan Moncada de Boston la ganó.
Aún así, Bregman estaba emocionado al saber que Kyle Schwarber de los Cachorros fue el más valioso el verano pasado. Para el otoño, Schwarber estaba largando jonrones en los playoffs. Bregman, 22, espera seguir su camino.
“Eso sería grandioso”, dijo él. “Sería un sueño hecho realidad”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 13 de julio de 2016
Toby Harrah, Parte 2
David Laurila. Prospectus Q&A. 20-05-2009.
Esta es la segunda parte de una entrevista con el coordinador de bateo de los Tigres y antiguo infielder de Grandes Ligas, Toby Harrah.
David Laurila: Su primer manager en las Grandes Ligas fue Ted Williams. ¿Qué aprendió usted del hombre a menudo conocido como “El Bateador más Grande que Haya Existido”?
Toby Harrah: Bien, el fue el mejor bateador que vi en mi vida, y me hizo un mejor bateador.Me habló acerca de, “¡Conseguir un buen pitcheo para batear! ¡ Conseguir un buen pitcheo para batear! Y siempre trabajabas la recta. En 0-0 estás buscando la recta. Una y nada, estas buscando una recta. Dos y nada, estás buscando una recta. Dos y uno, estas buscando una recta. Entonces te ajustabas a eso. Él hacía de batear algo simple. Fue uno de los primeros tipos que habló acerca de batear como un arte. Y batear es un arte, no una ciencia. Si lo fuera, todo el que tuviera una maestría sería un gran bateador, Pero eso no funciona de esa manera. Es un arte. En cuanto a Ted Williams, pienso que él fue el bateador más grande todos los tiempos. Todos pueden hablar de todos estos otros bateadores y que tan buenos fueron, pero no hubo nadie mejor que Ted Williams.
DL: A menudo se ha dicho que los grandes peloteros no son buenos managers, porque su conocimiento lo obtuvieron de manera natural. ¿Está usted de acuerdo con eso?
TH: Sabes, la gente dice eso, pero quienes fueron grandes bateadores, si ellos se tomaran el tiempo de aprender como ser buenos maestros, probablemente podrían serlo. Ellos probablemente no tuvieron la paciencia de tomarse el tiempo de aprender como enseñar. Piensa en eso, de verdad. Estos tipos fueron grandes bateadores, así que ellos pudieron tomarse el tiempo de empezar a leer un poco acerca de la mecánica de batear, pudieron convertirse en buenos maestros. Todas esas son patrañas. Tal vez ellos no tienen la paciencia para aprender a enseñar eso, eso es todo. Y los tipos quienes lo enseñan y pasan mucho tiempo en eso, debido a que fueron malos en eso, aprendieron a enseñarlo. ¿Entiendes lo que digo? Los tipos quienes son buenos maestros, pero no fueron buenos bateadores, ¿Cómo piensas que consiguieron se credibilidad. Ellos aprendieron a enseñar. Déjame darte un buen ejemplo. Para mi, uno de los mejores entrenadores de infield de todos los tiempos es Perry Hill. Perry Hill nunca jugó un día en el beisbol profesional, pero se tomó el tiempo para aprender como enseñar y ahora es uno de los mejores. Rudy Jaramillo. Rudy Jaramillo es probablemente el mejor instructor de bateo del beisbol hoy. ¿Jugó él un día en las Grandes Ligas? No que yo sepa, pero es un maestro fantástico de bateo.
DL: Charlie Lau jugó en las Grandes Ligas, pero obviamente tuvo más éxito como maestro que como bateador.
TH: Piensa en esto, muchos tipos pasan tanto tiempo en las Grandes Ligas que cuando se retiran, no quieren enseñar lo que hicieron. Solo quieren hacer una vida. Pero los tipos quienes no tienen credibilidad, que nunca han hecho nada, tienen que conseguir esa credibilidad de alguna manera, ¿Cómo lo hacen? Aprendiendo; leyendo; observando; estudiando la mecánica. Piensa en un tipo como Wade Boggs y el gran bateador que fue. Él fue a Tampa y fue coach de bateo allí por un año o dos. ¿Por qué no se convirtió en un gran instructor de bateo? Probablemente porque nunca le importó mucho eso. Probablemente quería hacer eso por un pequeño período pero no quería pasar cinco o seis años en las ligas menores perfeccionando el arte. Probablemente tenía suficiente dinero que no tenía que hacerlo. Se necesita pasión, pero muchas veces también tienes una vida que vivir. Así que tienes que invertir tiempo en eso, tienes que hacer eso. Asi es como es esto. Charlie Lau fue un coach de bateo muy bueno. Fue el coach de bateo de George Brett en Kanss City, y Charlie es el que hablaba de como avanzar los corredores e ganr en el beisbol. El equipo que usualmente lleva más corredores hasta tercera base es el que gana.
DL: Charlie Lau y Walt Hriniak cada uno tenía una filosofía específica de bateo. ¿Es esa una buena manera de enseñar?
TH: Bien, te diré que es mucho más fácil. Es mucho más fácil enseñar a todos como batear de una manera que tomar a cada individuo, con su propio cuerpo y su propio swing, y tratar de hacer que funcione de la mejor manera para él. Si tuviste que enseñar a todos como batear de una manera, eso es pan comido. Es tomar a cada individuo, con un cuerpo un poco diferente, un poco de fuego diferente en él, diferente visión, que haga swing un poco diferente, y sacar lo mejor de él. No puedes tomar un tipo pequeño…definitivamente no quieres que él tenga el mismo swing que un tipo que pese 120 o 125 kilogramos y pueda sacar la pelota del parque. El tipo grande quien puede sacar la pelota del parque, no te importa que él bateé un poco más la pelota por el aire un poco más. No quieres que el tipo pequeño tenga el mismo swing que el tipo grande. Quieres que batee la pelota por el suelo un poco más, especialmente si tiene algo de velocidad. Quieres que batee líneas. No quieres que el tipo grande batee mucho la pelota por el suelo, porque producirá muchos dobleplays. Lo más fácil sería enseñar a todos de la misma manera. Eso sería pan comido, porque todo lo que tendrías hacer es una grabación y repetirla una y otra vez.
DL: ¿Cómo describiría su propio enfoque?
TH: Todo depende de el individuo, y para mi, la mecánica es solo una parte de esto. Como dijo Ted Williams, se trata de conseguir un buen pitcheo para batear, de reconocer un buen pitcheo para batear y dejar pasar el mal pitcheo. Para mi, batear no es una ciencia. Como dije, es un arte, si fuera una ciencia, todo el que tuviera una maestría, y fuera muy inteligente, estuviera viviendo del beisbol. Piensa en esto: Si lees un libro de medicina, ¿Te convierte eso en doctor? No, significa que leiste un libro.
DL: Un número creciente de ejecutivos de oficinas principales son graduados de prestigiosas universidades y poseen fuertes destrezas analíticas. ¿Hay algo que aprender de ellos?
TH: Si. Hay algo que aprender. Es una pieza del rompecabezas. Es como un video, en lo que se refiere a batear. El video es bueno, pero es solo una pequeña parte del rompecabezas. Solo una pequeña parte. Los ejercicios son buenos, el trabajo de equipo es bueno, pero esas son solo pequeñas piezas del rompecabezas. Los lanzamientos suaves son buenos, la práctica de bateo es buena, pero esas son solo pequeñas piezas del rompecabezas. El hecho es que para la mayoría de los tipos que pueden batear, eso es como un sexto sentido. Tienen la habilidad de reconocer y ver bien la pelota y reaccionar. No puedo tomar a un tipo que no puede batear y hacerlo un buen bateador. Lo que puedo hacer es tomar a un tipo que puede batear y mejorarlo un poco. Lo puedo hacer un poco más consistente, lo cual para mi es mejorar. Si puedo tomar a un tipo que no puede batear, y enseñarle como batear, yo estaría haciendo mucho dinero.
DL: ¿Qué hacen igual los buenos bateadores?
TH: Esa es una pregunta difícil. Pienso que es reconocer un buen pitcheo para batear y batearlo, y reconocer un mal pitcheo para batear y dejarlo pasar. Los buenos bateadores conocen la zona de strike. No tienen miedo. Básicamente, no tienen miedo de hacer swing y fallar, no tienen miedo de ser out. Observas a los tipos tomar práctica de bateo y algunos lucen muy bien en la práctica de bateo, pero cuando el juego empieza y la pelota es un poco más rápida, ahí es cuando comienzas a separar a los tipos que tienen esa habilidad de sexto sentido para ver la pelota salir de la mano del pitcher y quedarse ahí sin pánico o sin petrificarse. Ellos disfrutan eso. Buscan esa confrontación con el pitcher. Es casi una batalla. Eso es muy metódico. Si los hacen out eso no los molesta. Observa a Manny Ramírez. Para mi, Manny Ramírez es probablemente el mejor bateador del beisbol, y probablemente no podría decirte quien es el pitcher que está en el montículo. Es casi un juego entre él y la pelota. Ver la pelota, batearla. Esa es una muy buena manera de ser consistente.
DL: ¿Es la simplicidad una clave para batear?
TH: Ponlo de esta manera, es mucho más fácil tener un enfoque simple donde puedes ser más consistente, antes que tratar de confundirte. Pensar parece entorpecer todo el proceso. Piensas en la práctica mientras trabajas en cosas pero una vez que entras en esa caja de bateo, tienes que competir. Tienen que mantenerte compitiendo, porque muchas veces, esa cuarta vez al bate puede ganar el juego para ti. Esa cuarta vez al bate, muchas veces enfrentas a un tipo que viene del bullpen, quien está fresco, y él está compitiendo, te lo aseguro. Asi que tienes que mantenerte compitiendo también, y eso es lo que hacen los buenos bateadores. Nunca oyes a los buenos bateadores regresar a la banca y decir, ‘Caramba, ¿’Por donde agarré el bate’ o Fue muy largo mi swing? Los buenos bateadores no piensan en esas cosas. Están más enfocados en lo que harán en su próximo turno al bate y lo que harán para conseguir un imparable. Los malos bateadores piensan en casi todo menos en ver la pelota y batearla.
DL: Como jugador, usted obtuvo más boletos que lo que se ponchó. ¿Qué tan importante fue eso para usted a través de su carrera?
TH: Bien, eso es importante para mi ahora. Los boletos son importantes en el beisbol ahora. Antes nadie hablaba de eso. Yo conseguía muchos boletos porque era un muy buen bateador de rectas, podía ver la pelota muy bien y si era un pitcheo que no me gustaba, no le hacía swing. Me sentía en cuenta de dos strikes. Les digo a muchos de los bateadores con los que trabajo que probablemente en más de un tercio de sus veces al bate van a tener dos strikes en la cuenta. Así que si ellos van a ser buenos bateadores, van a tener que ser buenos bateadores con dos strikes, justo como batean en cualquier otra cuenta. Tienes que sentirte confiado en que puedes chocar la pelota.
Hay algo en batear, y los tipos que batean bien en la práctica de bateo, pero luego en el juego no son el mismo bateador. Hay un poco de miedo para batear. Estás en esa caja de bateo y la bola viene a más de 90 millas por hora. O el tipo lanza una curva que empieza en tu cabeza y termina sobre el plato. Te digo, que todos lo tienen y si dicen que no, están mintiendo. Pero aprendes a manejarlo. De eso trata el beisbol… es el proceso completo del beisbol lo que lo hace tan divertido. No es solo batear; no es solo defender. Es correr las bases, lanzarse de cabeza y atrapar pelotas. Es romper dobles matanzas. Es un doble entre dos con corredor en primera y juegas en el medio del infield, y corres muy rápido al saber que va a haber jugada en el plato y esperas lograr un buen tiro de relevo de manera que puedas poner la pelota de un rebote sobre el plato y poner out al tipo al deslizarse. Ese es el proceso del juego. Por eso fue que empezaste a jugar cuando eras pequeño. No fue por las estadísticas. Si juegas el juego, necesitas algo por donde agarrarlo, y para muchas personas, especialmente en la actualidad, eso parece ser las estadísticas. Pero para de verdad disfrutar y amar el juego tienes que salir allá afuera y jugarlo, y entonces entenderás lo que hace al beisbol el juego que es. Como niño, nunca piensas en estadísticas. Yo nunca lo hice. Siempre pensé en jugar y en el proceso. La batalla entre el pitcher y el bateador, perseguir la pelota…todo eso. El amor por el juego, y la pasión por jugar el juego, es competir y salir allá afuera para vencer a los tipos del otro equipo de manera que puedas sacar el pecho un poco y sentirte bien con eso. Juegas no solo para tener el respeto de tus compañeros de equipo, sino de tus pares, los tipos del otro dugout. También quieres lucir bien frente a todas las personas quienes pagaron para verte jugar. Eso forma parte de esto. ¿Entiendes lo que digo?
DL: Eso a lo que suena es a que usted de verdad ama al juego.
TH: Bien, si. Piensa en esto. Salí de la escuela secundaria a los 17 años y jugué un par de temporadas en las ligas menores, entonces jugué mi primer juego de Grandes Ligas cuando tenía 19 o 20. He estado en eso desde entonces, y aun es el juego más grande del mundo.
DL: ¿Tiene algún pensamiento final?
TH: Ya sabes, sigues hablando de beisbol…el beisbol es un gran juego, hombre. Me refiero a que todos tenemos ese niño pequeño en nosotros y nunca se va. Tengo 60 años de edad y ese niño pequeño todavía está ahí. Si pudiera empezar todo de nuevo lo haría otra vez. Sería divertido hacer todo otra vez. Pienso que no cambiaría mucho de cualquier cosa. Solo lo apreciaría más, porque piensas que vas a jugar por siempre, pero no es así. Antes que te des cuenta, estás listo.
DL: Eso suela como si se va a quedar en el juego por tanto tiempo como pueda.
TH: No sé acerca de eso, pero de seguro es divertido. Honestamente siento que los peloteros jóvenes a los que estoy cerca hoy…no son diferentes de los peloteros jóvenes de los de cuando yo estaba creciendo. Tienen los mismos sueños y ambiciones. Quieren mejorar, practican duro, tienen buenos hábitos. Son hombres jóvenes sobresalientes. Si quieres estar alrededor de buenas personas, ven a las ligas menores. Ven a los estadios y observa a estos hombres jóvenes trabajar duro y perseguir sus sueños de convertirse en peloteros de Grandes Ligas. No son diferentes de cuando yo crecí. Te dan energía; cargan tu batería. Tienen los mismos sueños que yo tuve.
Sabes, siento que fui afortunado. Tuve buenos coaches, desde Nellie Fox hasta Wayne Terwilliger, y de estar alrededor de buenas personas de beisbol… y deseo que yo pudiera haber jugado en el pasado. Siempre me gustaron los estadios viejos y escuchar sus historias. Y la camaradería…de verdad extrañas a tus viejos compañeros de equipo. Podías hacer una atrapada de cabeza para salvar el juego, o batear un jonrón para ganar el juego, pero lo que más disfrutabas era estar alrededor de los peloteros cada día. Mi primer entrenamiento primaveral, viajé en tren, y nunca lo olvidaré… en ese tren estaba un pitcher llamado John Boozer. Él había estado en los Grandes Ligas con los Filis, pero estaba de vuelta en el campamento de las ligas menores como yo, y jugadores como ese, los de los viejos tiempos, era maravilloso estar alrededor de ellos. Sabes, el windup loco que tenía Luis Tiant. Tenías que haberlo visto. No hay nada como eso en el beisbol de hoy. Pero tienes a Paul Byrd…¿Lo has visto lanzar alguna vez?Él tiene el tipo de windup de los días de antaño, la manera como el bombea dos veces. Él me recuerda los días de antaño, y ese es el punto. Preguntaste sobre enseñar a todos a batear de la misma manera. Como aficionado, ¿te gustaría ver a cada bateador mostrar ahí el mismo swing y el mismo enfoque? Te gusta ver a todos ser un poco diferente. Eso es lo que hace al juego. Esa es la belleza del juego de beisbol. Windups diferentes, lanzadores del lado del brazo, tipos que lanzan por encima del brazo, bateadores con estilos diferentes…todas esas cosas. Batear todavía consiste en lo que decía Ted Williams: Busca un buen pitcheo para batear. Pero y ¿los windups diferentes y los estilos de bateo diferentes?. Ellos son divertidos. Ellos dicen “Play Ball”. No dicen “Work Ball”. El beisbol no es un trabajo. Es un juego.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Toby Harrah, Parte Uno.
David Laurila. Prospect Q&A. 19-05-2009.
Toby Harrah ha estado en el juego de beisbol por más de 40 años, y el infielder de mucho tiempo con los Rangers e Indios ha amado cada minuto de ese tiempo. Actualmente el coordinador de bateo de ligas menores de los Tigres, Harrah debutó con los Senadores de Washington en 1969 antes de ganar cuatro honores del todos estrellas y pasar todas menos una de sus 17 temporadas con los Senadores/Rangers y los Indios de Cleveland. Un campocorto y tercera base conocido por su paciencia en el cajón de bateo, Harrah terminó entre los líderes en boletos de la Liga Americana nueve veces, y en porcentaje de embasado seis veces. Un bateador derecho quien llegó alas Grandes Ligas bajo la tutela de Ted Williams, Harrah tuvo cinco temporadas de 20 jonrones o más y 238 bases robadas vitalicias para labrar un porcentaje de embasado de .365. Harrah habló de su amor por el juego, incluyendo que significó jugar para managers como como Williams, Yogi Berra y Billy Martin, y con compañeros como Joe Charboneau, Curt Flood y Denny McLain.
David Laurila: Usted llegó a las Grandes Ligas con los Senadores, pero fue firmado originalmente por los Filis. ¿Cómo terminó en Washington?
Toby Harrah: Yo estaba en la liga de novatos, y fui seleccionado para jugar en AAA. Así es como funcionaba esto en esa época. El año siguiente yo estaba jugando con los Bisons de Buffalo, que era un equipo AAA. La belleza de eso, para mí, es que teníamos a Gene Freese jugando tercera base, Héctor López estaba en el jardín izquierdo, y John Orsino era el catcher. Todos estos tres tipos habían jugado en las Grandes Ligas, y yo tenía 18 años en ese momento. Era como volar. Estoy viendo a estos tipos jugar, sabiendo que ellos habían estado en las mayores, y pienso, ‘Sabes, puedo jugar beisbol con estos tipos’. Eso es todo lo que sabía. Ahí fue que me di cuenta, ‘Hey, ¿sabes qué? Ellos no son mucho mejores que yo, y si me mantengo practicando duro y enfocado, tal vez uno de estos días pueda jugar en las Grandes Ligas’.
DL: Su primer manager en Grandes Ligas fue Ted Williams, pero antes de llegar a él, hablemos acer4ca de los otros tipos para los cuales jugó usted. ¿Cómo era Yogi Berra?
TH: No estuve mucho tiempo en Nueva York, así que honestamente no puedo decir que pueda darte una gran lectura de Yogi Berra. Solo estuve ahí un año, 1984, t todos deberían jugar para los Yanquis por un año, porque tienen una gran tradición, y la oficina principal de los Yanquis, y George Steinbrenner…hombre, no podrías pedir unas personas mejores. Ellos te tratan como su familia. Pero Yogi era un hombre de pocas palabras cuando yo estuve ahí. ¿Sabes cuantas reuniones tuvo el equipo ese año? Ninguna. Él nunca decía nada. Es probablemente el único manager que no le decía ni cinco palabras a todo el equipo. Pero teníamos un buen equipo y tal vez era por eso. Parece que los peores equipos para los que jugué eran los que tenían más reuniones.
DL: Dada la reputación de Berra de ser uno de los grandes personajes del juego y el número de citas memorables atribuidas a él, ¿le sorprende que él hablara tan poco?
TH: Él probablemente era de esa manera con la prensa; no sé lo que él necesariamente era para los peloteros. Pero ¿como puedes decir algo que no es positivo de un tipo quien tiene todos esos anillos de Serie Mundial y es querido por todos? ¿Quién soy yo para decir algo negativo de Yogi Berra? No quiero ser ese candidato. Yogi Berra fue un gran jugador y un gran manager, y todo eso.
DL: Usted jugó para Billy Martin en Texas. ¿Cómo era jugar para Billy?
TH: Yo quería mucho a Billy Martin. Él fue el mejor manager para el que jugué, porque hacía divertido el beisbol. Es el único manager para el que jugué que después del juego iba y se tomaba una cerveza contigo y hablaba de beisbol. . En el terreno, yo estaba emocionado, porque sabía que él me iba a convertir en un mejor pelotero, Recuerdo una vez que Jim Spencer bateó un jonrón y yo era el siguiente bateador. Stan Bahnsen estaba en el montíulo, y lanzó una curva afuera, strike uno. Luego una curva afuera, strike dos. Pensé, “Bueno, él no me va a golpear”. ¡Equivocado! El próximo envio, él me golpeó con una recta, en 0-2, y pensé que me había roto el codo. Me incliné en una rodilla, porque pensaba que me iba a desmayar. Billy sale y ni siquiera me pregunta como me siento. Él dice, “Cuando llegues a primera base, roba segunda con el primer pitcheo”. Entonces se fue. Pensé que me iba a sacar del juego, pero caramba, no. ¡Quería que yo fuera a primera y me robara segunda!
DL: ¿Robaste con éxito?
TH: No, fui sorprendido. Bahnsen me engañó con su movimiento de balk, la rodilla se movió así y me sorprendió. Así que el codo me estaba matando, había sido sorprendido en primera, y me siento al final de la banca cerca de la fuente de agua, y Billy viene a tomar agua. Entonces se va sin decir nada. Pero jugué 162 juegos para él ese año. El año siguiente me dijo, “Toby, dime si hay un pitcher que te de problemas, y te sentaré contra él, porque sé que te puse a jugar todos los juegos”. Le dije, “Hombre, Luis Tiant. No le puedo batear ni con un remo”. ¡Enfrentamos a Tiant como cinco veces ese año y jugué cada inning de cada juego! Le dije, “Manager, pensé que me iba a descansar”. Él dijo, “Oh, no, no, no. Te necesito ahí afuera por tu guante”. Billy hacía cosas como esa.
También es el único manager para el que jugué que me dijo que fuese al plato y me ponchara a propósito. Jugábamos en Baltimore, y era la apertura del quinto inning. Ganábamos algo así como 6-2 y empezó a llover. Él temía que no se completaran los cinco innings necesarios para tener el juego legal, nunca olvidaré eso. Me dijo, “Toby, ven acá”. Lo hice, y él dijo, “Sal ahí y pónchate”. Así que fui y me ponché con tres lanzamientos. Nadie supo eso. Despues del juego, él dijo, “Seguimos en camino”, porque suspendieron el juego despues de cinco innings y ganamos. Él simplemente quería ganar de cualquier manera. Empujé algo así como ocho carreras en jugadas de squeeze play; tuve como ocho carreras empujadas de esa manera. A él le gustaba practicar el squeeze conmigo.
DL: ¿Que tan bien se llevaban tus compañeros de equipo con Martin?
TH: Todo dependía de si jugabas duro. Si jugabas duro para Billy, el era grandioso. Pero si salías allá afuera y no dabas un esfuerzo máximo, o si no eras un buen jugador de equipo, él te lo hacía saber. No tenía miedo de avergonzarte delante de quien fuera.. La belleza de Billy era que no le temías al rival. Le temías más a Billy que al rival., así que salías y entregabas el alma, o él te estaría esperando en el dugout. Tenías que haber jugado para él para entender esto, y eso era especialmente verdad en Texas donde eramos un equipo joven, pero Billy se llevaba la atención de nosotros. Los periodistas siempre estaban pendientes de Billy, así que nos dejaban en paz. Todo lo que teníamos que hacer era salir a jugar beisbol. La mayoría de los managers se quedan un poco a un costado y la prensa siempre esta interactuando con los peloteros; ellos se enfocan en un pelotero u otro. Pero con Billy Martin, caramba, cada vez ibas al estadio y solo jugabas, porque la prensa se concentraba en Billy. Y a él le gustaba eso. Por eso usaba el número uno, él era el hombre. Bueno o malo, él buscaba esa atención. Le gustaba la dificultad, disfrutaba el caos. Así eran las cosas con Billy. Mantenía las cosas agitadas todo el tiempo, lo cual mantenía la atención alejada de nosotros. Eso hacía mucho más fácil jugar, porque ya había suficiente presión sobre nosotros como peloteros jóvenes. Él facilitaba que jugáramos beisbol.
DL: Los managers como Martin y Dick Williams tienden a desgastar su receptividad luego de un par de temporadas debido a sus personalidades. ¿Cierto?
TH: Bien, si puedes tener un buen año y ganar un banderín, eso es mejor que tener 10 años de mediocridad. ¿Entiendes mi razonamiento? Piensa en eso. Prefiero ser un jugador para…¿cuantos tipos nunca jugaron con un equipo de Serie Mundial pero fueron grandes jugadores? Ted Williams es un gran ejemplo de eso. Dame a Billy Martin por dos años, y después sacarlo, antes que 15 años con alguien mediocre con quien nunca llegas a nada.
DL: Usted nunca tuvo oportunidad de jugaren la postemporada durante sus 17 temporadas de Grandes Ligas. Cuando revisa su carrera, ¿es ese su lamento más grande?
TH: No realmente, porque no tengo lamentos. Eso es lo hermoso de todo eso. No hay lamentos para nada, hombre. Solo con haberme puesto ese uniforme de Grandes Ligas y salir a jugar a jugar en las Grandes Ligas, por solo un día…¿Cómo puedes tener lamentos? No tengo ninguno. Eso es la guinda de la torta. Probar la torta. Estuve muy feliz de hacer eso.
DL: ¿Como fue jugar para Dave García en Cleveland?
TH: El buen viejo Dave García. Un super, super individuo. Era un hombre maravilloso, un gran hombre de beisbol quien amaba el juego, y quería que tu papá fuera como él. Él y Billy Martin fueron de lejos mis managers favoritos.
DL: Usted llegó a Cleveland en un cambio por Buddy Bell. ¿Cuál fue su reacción cuando supo del cambio?
TH: Oh, estaba feliz, porque había jugado en Texas por algun tiempo, y tuve la oportunidad de ir a jugar para los Indios de Cleveland, quienes tenían una gran historia en el beisbol, más de 100 años, mientras Texas tenía una historia de alrededor de 10 años, lo cual es una gran diferencia. Y Buddy Bell era un jugador muy bueno, así que no debo haber sido tan malo para ser cambiado por Buddy Bell.
DL: ¿Cómo fue su experiencia en Cleveland, en general?
TH: Bien, me gusto porque crecí en Marion, Ohio, alrededor de 100 millas al sur de Cleveland. Solía escuchar los juegos de los Indios de Cleveland por radio. Ellos tenían a Dick Donovan y Leon Wagner, y ese grupo de peloteros. Yo solía escuchar los juegos por radio, y ya sabes como son los niños pequeños cuando estás escuchando juegos de MLB. Es algo con lo que sueñas, convertirte en pelotero de Grandes Ligas. DE verdad fue un sueño hecho realidad. Mi familia tuvo la oportunidad de ir al estadiko y verme jugar y siempre te gusta jugar en presencia de tu familia y amigos. Y, por supuesto, siempre sentí que durante mi estadía en Cleveland, fui un pelotero mucho más completo que en Texas.
DL: ¿Quién entre sus compañeros de equipo en Cleveland sobresale más?
TH: Tengo que decir Joe Charboneau. Cleveland era un poco como Texas en el sentido de que no había una gran nómina de pago; pienso que ellos solo trataban de pagar sus cuentas y llevar a algunos aficionados a ese estadio gigantesco. No tenían dinero, pero Joe Charboneau, aparece, y no sé donde jugó pelota AA, pero va al entrenamiento primaveral y nadie había oído de él, y el batea como siete jonrones. Lo próximo que sabes es que es tityular del jardín izquierdo y termina siendo Novato del Año. Entonces, el año siguiente, está fuera del beisbol. Ese fue Joe Charboneau…y Joe Charboneau era un gran tipo. Solo tenía algunos problemas de lesiones y por alguna razón nunca regresó a Grandes Ligas. Tenía un gran swing, buen poder, es una historia sorprendente. Salió de la nada para convertirse en novato del año. Él compartió el jardín izquierdo con Miguel Diloné, quien tuvo un buen año. Pienso que Miguel Diloné bateó .330 o .340.
DL: A diferencia de Charboneau, Diloné no podía beber cerveza por la nariz.
TH: No. Charboneau era sorprendente. Ese muchacho podia agarrar una manzana y partirla por la mitad. También podía tomar una botella de cerveza, y abrirla con la órbita de alguno de sus ojos. Esas eran algunas de las cosas locas que Joe podía hacer. Y pienso que nunca perdió una competencia de pulseadas. Él hacia del beisbol una diversión. Llevó interés a Cleveland como David Clyde lo hizo en Texas, o como Mark Fidrych hizo en Detroit. Él llevó algún interés hacia los Indios de Cleveland, lo cual ellos no tenían en aquel momento. Había muchos peloteros buenos, pero nadie tenía esa personalidad, alquien quien fuese diferente, y fuese bueno, como Joe Charboneau. Pero había habido algunos buenos peloteros allí, no me malinterpretes. Len Barker… Yo estuve detrás de él cuando lanzó el juego perfecto. Él tenía un brazo muy bueno. Bert Blyleven, siendo el pitcher que fue. Rick Manning fue un jardinero central muy bueno. Mike Hargrove era un primera base sólido. Hubo algunos buenos peloteros en mis cinco años allí, pero no eran del tipo de talento que subía a través del sistema de ligas menores y hacía impacto. Von Hayes estuvo allí por un pequeño momento y Pat Tabler llegó y era un buen pelotero joven, pero no hubo jugadores de impacto entonces.
DL: Uno de sus compañeros de equipo, cuando usted llegó a las Grandes Ligas con los Senadores, era Frank Howard. ¿Qué tipo de bateador era Hondo?
TH: Frank Howard bateaba la pelota lejos, muy lejos…él podía sacar la pelota en cualquier lugar. Y Frank Howard es uno de los hombres más buenos que haya estado asociado al beisbol. Fue mi primer compañero de cuarto, y que ejemplo de clase. Fui afortunado de compartir con él la primera vez que fui llamado a las Grandes Ligas…Fui afortunado de estar alrededor de él un poco. Que caballero; que profesional era ese hombre. Era un hombre maravilloso, y podía batear la pelota tan lejos como cualquiera. Pienso que no había un pelotero quien pudiese batear la pelota más lejos que Frank Howard. Fue un honor tenerlo como compañero.
DL: Denny McLain también estaba en ese equipo de los Senadores. ¿Cómo era él?
TH: Denny McLain…cuando fui compañero suyo, su brazo estaba muy desgastado, pero aún competía. Este tipo era un competidor. Sabes, era el último ganador de 30 juegos, y tienes que quitarte el sombrero ante él. Hacer eso fue un hecho sorprendente. Ser compañero suyo…sabes, estar alrededor de Frank Howard, quien podía batear la pelota más lejos que cualquiera en el beisbol, y Ted Williams, el bateador más grande que existió, y Denny McLain, el último ganador de 30 juegos…esa fue una compañía muy especial.
DL: Otro notable compañero de usted, aunque brevemente, fue Curt Flood.
TH: Ah, Curt Flood. Si. Cuando hice el equipo, con los Senadores de Washington, él era el abridor del orden al bate y yo era el segundo bateador. Eso fue como si un día él estaba ahí, y el siguiente se había ido. Pero por el corto tiempo que estuve con él en el entrenamiento primaveral, encontré otro individuo sobresaliente. Él tenía mucha clase y sabía como comportarse como grande liga. Querías ser como él, de la manera como se manejaba en su negocio. Él era un profesional, en toda la extensión de la palabra.
DL: Flood es indiscutiblemente uno de los peloteros más subestimados de la historia del beisbol debido a lo que hizo por el juego. ¿Está usted de acuerdo con eso?
TH: Si, en ese respecto porque pienso que muchos peloteros de la actualidad, si le preguntas por Curt Flod, ellos no podrían decirte lo que hizo en cuanto a la agencia libre y ese tipo de cosas donde el puso a rodar la pelota para todos. Y él fue un superpelotero, sobresaliente.
DL: Poco despues que la franquicia se mudó a Texas, David Clyde debutó en Grandes Ligas con 18 años de edad. ¿Cuáles son sus memorias de Clyde?
TH: Lo que permanece en mi mente acerca de David Clyde es que él realmente llamó la atención hacia el beisbol en el area de Dallas/Fort Worth. Al llegar como un pitcher de escuela secundaria desde Houston…era sorprendente lo duro que lanzaba la pelota y como se manejaba. Todos sabían que probablemente era prematuro para él hacerlo jugar en Grandes Ligas tan rápido como eso, pero eso de seguro llevó mucha atención por el beisbol en Dallas/Fort Worth. Si recuerdo bien, las bases estaban llenas y él terminó ponchando tres bateadores en fila, y para hacer eso contra los Mellizos de Minnesota, quienes tenían varios bateadores sobresalientes en esa época…fue un hecho sorprendente.
DL: Pete Broberg es otro pitcher que usted vio llegar a una joven edad.
TH: Lo que recuerdo de Pete Broberg es que estábamos jugando en Comiskey Park, y Richie Allen bateaba, Broberg era muy descontrolado, y lanzó una pelota que parecía iba a golpear a Richie Allen en la cabeza. Para ese momento, pienso que a él le gustaba que lo llamaran Dick. “No me llamen Richie, llámenme Dick”, De cualquier manera, parecía que la pelota iba a golpearlo justo en la cabeza, pero de alguna manera Dick Allen eludió la pelota. Su casco salió hacia arriba y su cabeza se inclinó hacia abajo, y la pelota pasó entre su casco y su cabeza. Dick se levantó, se puso los anteojos, y no hizo nada. Actuó como si no hubiese ocurrido nada. El próximo pitcheo de Broberg hizo, Allen bateó la pelota hacia las gradas del jardín central como si nada. Recorrió las bases y volvió al dugout, y me dije, “Ahí va un hombre”. Era sorprendente.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








