miércoles, 10 de agosto de 2016

Más que 3000.

Derek Jeter. Editor Fundador. The Players’ Tribune. 03-08-2016. Vean a Ichiro en el circulo de prevenido al bate. El tipo nunca deja de moverse. Vayan y vean algún video de eso. Él toma varios swings de calentamiento, entonces de repente empieza a agacharse, con las rodillas dobladas, moviéndose de lado a lado. Se levanta para hacer un par más de swings, y entonces volverá a agacharse en una posición más amplia, haciendo esos movimientos locos donde enrolla los hombros adelante y atrás. La rutina completa es como un largo paso de baile. Ichiro siempre se está estirando. Antes de los juegos, después de los juegos, los días libres, en el círculo de prevenidos al bate, cuando está embasado. Todo el tiempo. Si llegaras temprano al estadio para un juego diurno, siempre encontrarás a Ichiro en el clubhouse, estirado en la alfombra en algún tipo de pose. Recuerdo a Ichiro aún antes de conocerlo. Él era un novato y los Marineros visitaban Nueva York a principios de la temporada de 2001. No recuerdo cuantos rumores había alrededor de él- Todo lo que oía era que él era un jugador de posición de Japón, lo cual era algo muy raro para ese momento. En mi carrera hubo un puñado de grandes jugadores japoneses, pero la mayoría eran pitchers, no jugadores de posición. Y la mayoría no eran novatos de 27 años de edad. Ichiro bateó un rodado de rutina al campocorto. No tuve que moverme ni un pasoa mi derecha. Para el momento que me di cuenta, él casi estaba en primera base. Casi venció mi tiro. Recuerdo haber pensado. ¡Guao! ¿Quién es este tipo? Puede volar. Yo estaba de verdad sorprendido. La primera vez que hablé con Ichi fue esa temporada, en segunda base, Ichiro terminaba en segunda base muy a menudo. Las primeras veces que conversamos él era cordial pero no hablaba mucho. Su inglés aún estaba ausente. Cerca de un año después, recuerdo que él bateó un doble y se deslizó en segunda. Le di una sonrisa. Mientras se sacudía el polvo, me agarró fuera de guardia al responderme con algunas palabras. “What’s going on, my main man?” (“¿Como va todo, mi hombre principal?”) Main man? Todo lo que pude hacer fue reir. ¿Donde estaba aprendiendo esas cosas este tipo? A medida que pasaron los años, vi a Ichiro en segunda base más y más. Él siempre había sido amigable, pero mientras su inglés mejoraba, nuestras conversaciones eran un poco más largas. Pronto estábamos intercambiando una o dos oraciones completas entre pitcheos. Siempre me hacía reir con varias frases que tomaba de sus compañeros de equipo. Me dijo que estaba aprendiendo mucho con Mike Cameron. Mike le había enseñado cosas como, “¿Que tal esta mi hermano de otra madre?” Yo podía decir que Ichi se estaba adaptando bien en un país nuevo. Seattle era un lugar receptivo para él, y pienso que esos equipos de los Marineros eran muy buenos en parte debido a su química. No me sorprende que el inglés de Ichiro haya mejorado tanto tan rápido. Su enfoqu para aprender el lenguaje era el mismo que su enfoque en el juego de beisbol: Trabajo y más trabajo. En este momento las personas están prestando mucha atención a Ichiro al aproximarse a su imparable 3000. Él se unirá a uno de los clubs más exclusivos del beisbol. Es un logro increíble. Cuando se agregan sus 1.278 imparables de Japón, donde él jugó hasta que tenía 26 años, su carrera será reconocida como una de las mejores de esta o cualquier generación. Pero por un momento, miremos más allá de la marca de los 3000 imparables. La mayoría de las personas no se enfoca en lo grande que Ichi es como pelotero en todos los terrenos. Tiene todas las herramientas. Su corrido de bases, su velocidad, era como la de ninguno en el beisbol. Este es un tipo quien ha usado la velocidad como su arma principal por 25 temporadas como profesional. El brazo de Ichiro es increíble. Su bateo es obviamente grande, pero por momentos su defensiva ha sido subestimada. Sabes a que me refiero si lo has visto hacer out a alguien desde el jardín derecho. Tal vez todo ese estiramiento influía en eso. En el plato, su coordinación mano-ojo y su habilidad para mover el bate son tan puras como pueden ser. He oído a algunas personas referirse a él como un bateador de contacto, y eso es verdad hasta cierto punto. Como bateador tu trabajo es embasarte, e Ichi se embasaba más que casi todos. Pero pienso que llamarlo bateador de contacto es privarlo de lo que lo hace tan especial. La mayoría de nosotros solo lo ha vistobatear sencillos y dobles. Pero él tenía una habilidad para mostrar cierto poder que no siempre era aparente. Durante el juego de las estrellas de Seattle en 2001, yo estaba con algunos peloteros de los Marineros cuando ellos empezaron a conversar de porque Ichiro debería inscribirse en el derby de jonrones. Pensé que estaban bromeando. “Él ganaría si se inscribiera”, dijo alguien. Poco después, supe lo que quería decir el tipo. Todos vieron como Ichi dio su clínica personal de jonrones. Más que todo, he admirado a Ichiro porque es un modelo de consistencia. En mi mente, la característica más subestimada de cualquiera es la consistencia. Es algo a lo que no se le presta atención hasta que desaparece. Pienso que el beisbol siempre fue más que un juego para él. Nació para hacer eso. Y lo más impresionante de todo, el tipo tiene 42 años de edad y no lo recuerdo en la lista de incapacitados. Se ha cuidado mucho. Parece enfocarse en el beisbol como una artesanía que no puede ser perfeccionada. Pienso que él no tiene concepto de tiempo libre mientras juega. Es su trabajo de vida. Eso empieza con trabajar duro todo el tiempo, aún cuando nadie mira. Durante el receso del juego de estrellas de 2013, recuerdo oir que Ichiro fue a Yankee Stadium para ejercitarse, solo para encontrar que había preparativos para un concierto esa noche. Así que se fue a Central Park a jugar a lanzar la pelota. Pasando a octubre de 2014, pocos días después que me retiré. Yo había regresado a Yankee Stadium para llevarme mis cosas del casillero. Algunos empleados estaban ahí pero el estadio estaba tranquilo. No habíamos clasificado a los playoffs. A la mayoría de los muchachos les gusta tomar una pequeña vacación para relajarse hasta diciembre o enero. Mientras desocupaba mi casillero, vi a Ichiro caminar hacia la jaula para batear. Recuerdo pensar, Espero que por lo menos se tome un par de días libres. Para ese momento, Ichiro hablaba un inglés más fluido. Todavía viajaba con un traductor, pero no lo necesitaba la mayor parte del tiempo. Eso significaba que teníamos muchas más oportunidades de hablar. Nunca olvidaré un momento en particular. Era el primer juego de la serie de campeonato de 2012, el juego donde me fracturé el tobillo. Fui a buscar un roletazo en el duodécimo inning, y oi un estallido en mi tobillo. Salí del juego y regresé al clubhouse para los rayos X y el hielo. Los Tigres anotaron dos carreras en el duodécimo y perdimos 6-4. Poco después que terminó el juego, me fui a una habitación más pequeña al lado del clubhouse para cambiarme de ropa y ordenar mis pensamientos. Ichi y su traductor vinieron y se sentaron a mi lado. Ichi me preguntó por mi tobillo. “Está fracturado. Estoy fuera”. Él sonrió, pero no dijo nada. Yo había terminado de enfriar mi tobillo y descansaba un poco. No había apuro por ir a ninguna parte. Habíamos perdido y yo sabía que no podría jugar hasta la próxima temporada. De pronto el clubhouse estaba casi vacío. Ichi, su traductor y yo estábamos sentados en la pequeña habitación para cambiar de ropa. Ichi todavía seguía con su uniforme. Finalmente, recogí mis cosas y me levanté con mis muletas para irme. Fue entonces que me di cuenta que Ichiro había estado esperando por mi. Cuando me levanté, él se levantó y me vio alejarme. No sé si eso fue una señal de respeto. Tal vez se estaba tomando un largo receso esa noche. Tendrías que preguntarle. Pero me gusta pensar que sé lo que él trataba de decirme. Despues de todas esas conversaciones cortas en segunda base a través de los años, y el tiempo que compartimos como compañeros de equipo, ese momento de silencio entre nosotros aquella noche aún permanece en mí más que cualquier cosa. Cuando pienso acerca de quien es Ichiro como atleta y como persona, eso es lo que recuerdo. Me quito el sombrero ante Ichiro. Él es uno de esos tipo que solo aparece una vez en la vida. Nadie ha visto a alguien como él. Y para ser honesto, probablemente no veremos a alguien como él de nuevo. Parte de mí quiere decirle, “Espero que disfrutes de algun tiempo libre pronto”, pero sé que no le gustaría oir eso. No estoy seguro de que él sepa que es el tiempo libre. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 8 de agosto de 2016

Brandon Crawford, el campocorto de los Gigantes, es el mejor en lo que el hace mejor.

Tyler Kepner. The New York Times. 20-07-2016. Boston.- Brandon Crawford, el espléndido campocorto de los Gigantes de San Francisco, es el mejor jugador defensivo del beisbol. Si solo el supiera que hacer con eso. “Estoy en las redes sociales, así que puedo verlo, pero probablemente la razón por la que no lo veo es porque no sé como lo calculan”, dijo Crawford este miércoles 20 de julio. “No sé que hacer para mejorar. Como sé, que mi si promedio al bate es bajo, debo conseguir más imparables. Eso es un calculo simple, no tan fácil, pero sabes lo que tienes que hacer. Con las carreras salvadas con defensiva y todas las estadísticas sabermétricas, no sé. Solo quiero hacer las jugadas”. Crawforda hace tantas que cuando Fangraphs empaca todos sus lances defensivos en un número, carreras defensivas sobre el promedio, Crawford clasifica primero en las mayores. Los Gigantes, quienes visitarán Yankee Stadium para tres juegos empezando este viernes 22 de julio, también marchan primeros como equipo. El éxito defensivo ha rescatado a un roster afectado por las lesiones del jardinero derecho Hunter Pence (pantorrilla); el segunda base Joe Panik (concusión) y el tercera base Matt Duffy (tendón de Aquiles). Los Gigantes perdieron su quinto juego seguido este miércoles 20 de julio, por 11-7 ante los Medias Rojas en Fenway Park, aún así, su marca de 57-38 les permite estar solo medio juego detrás de los Cachorros de Chicago como el equipo de mejor marca en las mayores. “Hemos perdido algunos peloteros clave, nuestro segunda base y nuestro tercera base, y nuestra defensa no se ha resentido”, dijo el manager Bruce Bochy. “Por eso es que Crawford ha sido tan importante; él solidifica ese infield. Eso es lo que somos. Somos un equipo más de pitcheo y defensa. No somos un equipo de poder al bate; no vamos a caerle a palos al otro equipo. Tenemos que atrapar la pelota, ejecutar las jugadas fundamentales del beisbol”. El estilo de los Gigantes ha funcionado en cada año par de esta década, con títulos de Serie Mundial en 2010, 2012 y 2014. Crawford, quien creció en Pleasanton, Calif. Y tiene su nombre en un ladrillo de familia en la plazo de los aficionados de las afueras de AT&T Park, estuvo ahí en los últimos dos títulos. “Tengo una teoría acerca de porque eso puede ocurrir cada otro año: desde jugar una larga temporada, ese mes adicional es mucho beisbol extra, y hemos tenido muchas lesiones los años impares intermedios”, dijo Crawford. “Pero principalmente, probablemente eso sea una coincidencia”. Antes de Crawford, los Gigantes habían visualizado el campocorto como el dominio de los veteranos. Ellos ganaron el título de 2010 con Juan Uribe y Edgar Rentería en esa posición; Omar Vizquel y Deivi Cruz los habían precedido. Todos tenían más de 30 años. Crawford, ahora en su sexta temporada, solo tiene 29. Él dijo que había mejorado al disminuir los “errores tontos”, un porcentaje bajo de jugadas que alguna vez hizo rutinariamente. “Él tiene la destreza para hacer todo lo que quieres de un campocorto”, dijo Ron Wotus, el coach de banca e instructor de infield desde 1998. “Tremendas manos, brazo fuerte y preciso, y tiene un gran sentido para la posición y las exigencias del posicionamiento. Él lee los swings, se ajusta a los elevados. Sus habilidades defensivas son tan buenas como las de cualquiera que haya visto”. Los otros, dijo Wotus, pueden tener mejor alcance. Pero Crawford, quien firmó una extensión de contrato de seis años por 75 millones de dólares en noviembre pasado, tiene una cualidad innata para saber donde se debe ubicar. Los Gigantes han usado más variantes defensivas esta temporada que lo que habían hecho antes, dijo Wotus, pero ellos animan a Crawford para que sea el capitán del infield. “Hablamos cada día y trabajamos juntos, pero una vez que el juego comienza y él empieza a leer los swings, el toma la mayoría de las decisiones”, dijo Wotus. “Confío en cualquier pensamiento que él tiene. Nos gusta dejar que nuestros jugadores usen sus instintos cuando llega el momento. Tenemos nuestro plan defensivo con el que empezamos, pero siempre les digo, ‘Usen sus instintos, confíen en su coraje y hagan lo que necesiten hacer’”. En 2014, con dos outs en el cierre del noveno inning del séptimo juego de la Serie Mundial, Crawford hizo una atrapada de campocorto con un tiro de Juan Perez desde los jardines, para mantener a Alex Gordon de los Reales en tercera base en un juego de una diferencia de una carrera. Gordon no iba a retar a Crawford en lo que hubiera sido un tiro de rutina, y Madison Bumgarner logró el out final con un elevado de foul de Salvador Perez. Bumgarner sigue siendo el as de la rotación de los Gigantes, y los recién llegados Johnny Cueto y Jeff Samardzija han ganado 22 de 27 decisiones. El cuerpo de lanzadores depende mucho de lo que Crawford haga al campo. “Tenemos un cuerpo de pitcheo que induce muchos batazos”, dijo el relevista veterano Javier López. “Tenemos tipos que pueden recetar varios ponches, como Bumgarner, pero Sarmdzija es mas un lanzador que induce batazos, también Cueto, y mucho de nuestro bullpen también tiene esa orientación”. Al hablar de Crawford, López continuó: “Y yo fácilmente puedo confiar en sacar el out con un batazo por allí, porque lo veo ejecutar todos los días, siento que él es un can didato a jugador más valioso. Sé que se trata de un juego altamente orientado hacia la ofensiva, pero si se mira a lo que él hace de ambos lados del juego, es muy impresionante. Él tiene confianza total en si mismo para hacer muchas jugadas, y muchos tipos alimentan eso”. Crawford está bateando .276 con nueve jonrones y lidera su equipo con 61 carreras empujadas. Se fue de 4-2 este miércoles, una noche que perteneció a Hanley Ramirez de los Medias Rojas, quien descargó tres jonrones. Los Gigantes permitieron seis en dos juegos en Fenway. “Tenemos que reducir algo de eso”, dijo Bochy. “Nos están sacando muchas pelotas en estos momentos”. Aún para un equipo con el mejor fildeador de las mayores, no hay defensa contra eso. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 4 de agosto de 2016

Entristecido por la noticia del fallecimiento de Doug “Dude” Griffin

28-07-2016. Greg Sullivan. Herald News. Doug Griffin te decía que nunca creyeras todo lo que leyeras u oyeras. Y tu leerías y oirías como Doug “Dude” Griffin, el antiguo segunda base guante de oro de los Medias Rojas quien falleció este miércoles 27 de julio, vio su carrera recortada por una recta de Nolan Ryan que se estrelló en la cabeza cubierta por el casco de bateo de Dude el 30 de abril de 1974. En la historia de Whatever-Happened- To que hice con el muy complacido Dude en 2009, Griffin dijo que su carrera beisbolera tuvo un final prematuro no debido a algún efecto colateral de ese infame pelotazo (y un pelotazo en la cabeza de Dick Bosman en 1975), sino debido a la disminución de su rango de fildeo causado por problemas en la espalda. Un segunda base recio quien nunca rehuía los riesgos del dobleplay (algo en lo que era grande), Griffin como consecuencia, estaba en el lado doloroso de muchos deslizamientos para romper la jugada. No era la mejor opción para alguien quien había tenido problemas en la espalda desde que era muy joven. Él tuvo una cirugía en la espalda luego de la temporada de 1974 y dijo que para el ’75 su alcance empezó a disminuir. “Pienso que eso se debió principalmente a los golpes recibidos jugando segunda base. Los dobleplays son duros para el cuerpo”, dijo él. Griffin fue el segunda base regular de Boston desde su año de novato en 1971 hasta la mitad de la temporada de 1975 cuando los Medias Rojas en camino a su primer título del este de la Liga Americana, adquirieron a Denny Doyle. El bateador derecho Griffin y el bateador zurdo Doyle se alternaron en la posición hasta finales de la temporada cuando a Doyle le entregaron el trabajo a tiempo completo. Griffin se mantuvo la temporada de 1976 y hasta inicios del ’77, antes de ser dejado en libertad. En cuanto al pelotazo de Ryan, Griffin dijo, “Fue como un tren pasando a través de mi cabeza, un silbido intenso. Se mantuvo por cerca de dos semanas”. Estuvo inactivo por mes y medio. En agosto de ese año, de nuevo enfrento a Ryan y consiguió dos imparables en ruta a batear un promedio de bateo tope en su carrera de .266 en 1974. Dijo que nunca estuvo bravo o molesto con Ryan por el pelotazo. “Yo siempre bateaba muy cerca del plato. Para mi, eso era parte del juego”, dijo él. La pieza que escribí acerca de Griffin en 2009 está entre las favoritas que he escrito. No tuvo mucha receptividad, pero me hizo sentir bien porque yo habían sido un gran aficionado de Dude y el compartió muchas historias agradables… el episodio de pesca ilegal con Fred Lynn en Peabody y tratar de decapitar al antiguo pelotero de los Tigres Aurelio Rodríguez quien en un juego de principios de temporada contra los Medias Rojas se deslizó en segunda base con los ganchos levantados. Tambien fue divertido ver a Dude recordar el séptimo y último jonrón de su carrera y la reacción/o ausencia de esta, de sus compañeros de equipo. A comienzos de la temporada de 2015, Griffin no asistió al cuadragésimo aniversario del equipo de los Medias Rojas que ganó el banderín. El compañero de equipo y amigo de pesca, Lynn, me dijo el año pasado que Dude no se había estado sintiendo bien. De acuerdo al Boston Globe, Griffin falleció en Clovis, Calif., luego de una larga enfermedad. No puedo terminar esta columna sin una memoria personal de Doug Griffin, uno de mis hermanos la recordaba mejor. Era 1972, creo, y los Medias Rojas recibían a los Atléticos de Oakland en una doble cartelera al atardecer, a la que asistí, con mi padre y dos de mis hermanos. La ubicación era fabulosa, algo lateral al plato, una de las primeras filas de lo que ahora es conocido como palco de terreno alto. Los Medias Rojas barrieron el doble juego, ganaron el primero cuando en el octavo o noveno inning de un juego empatado, Dude empujó la carrera con un exquisito toque sorpresivo que Sal Bando (asumiendo que era Salvatore el que jugaba tercera base) solo pudo ver rodar a pulgadas de la raya de cal todo el tiempo hasta cerca de la almohadilla. El lugar se volvió un manicomio, el ruido subió cuando la pelota se mantuvo en zona buena. Una gran memoria. Cortesía de Dude. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del Traductor: Extracto de la pieza que Greg Sullivan escribió sobre Griffin en 2009: Griffin no tuvo líos por los encontronazos que tuvo con tipos como Frank Robinson, quién se ganó una reputación de corredor agresivo pero limpio.Griffin no podría decir lo mismo en referencia al juego “limpio” del antíguo tercera base de los Tigres de Detroit, Aurelio Rodríguez, quién fue más allá de romper un dobleplay durante un juego contra los Medias Rojas. “Él se lanzó como si quisiera destrozarme”, dijo Griffin. “Fue realmente sucio”. Griffin ideó de inmediato un plan para tomar revancha, contaba con Luis Aparicio, un cómplice deseoso y experimentado. La próxima vez que Rodríguez estuvo en primera base en una situación de doble play contra los Medias Rojas, Griffin le pidió algo a Aparicio. “Le dije, ‘Tírame la pelota abajo, le voy a arrancar la cabeza a este tipo’”. El plan se ejecutó a medias, la mano de Griffin tocó el suelo cuando hizo el tiro y la pelota falló el cráneo de Rodríguez, pero por lo menos le causó un susto mayúsculo a su enemigo. “Rodríguez soltó un alarido cuando venía hacia la segunda base”, dijo Dude.

martes, 2 de agosto de 2016

Cooperstown Confidencial: Los Medias Rojas de 1978

Bruce Markusen. 30 de septiembre de 2011. Un par de caídas a fines de temporada me han hecho pensar en el colapso más memorable del beisbol de mi niñez. Después de todo, los sinsabores de los Bravos y los Medias Rojas se hicieron noticias nacionales en la semana final de la temporada regular, y por todas las razones negativas. En la Liga Nacional, los Bravos se las arreglaron para desperdiciar una ventaja de 10.5 juegos sobre los insurgentes Cardenales, perdiendo lo que ha debido ser una clasificación fácil de comodín. En la Liga Americana, los Medias Rojas, tenían una ventaja de nueve juegos sobre los Rays el 31 de agosto, pero de alguna manera ganaron solo siete de 27 juegos en septiembre, permitiendo que los Rays les ganaran el deseado premio del comodín. El martirio de los Medias Rojas y los Bravos trae memorias del verano de 1978. De alguna manera los Medias Rojas de 2011 han encontrado una forma para hacer de los Medias Rojas de 1978 un pie de página. Los Medias Rojas del ’78 tenían una ventaja aún mayor, la cual llegó a ser de 14 juegos sobre los Yanquis, a diez semanas de terminar la temporada. Ellos también se las arreglaron para ganar un pequeño margen de respeto al cerrar su temporada regular a todo tren antes de sucumbir en un juego de desempate. Al arrancar con marca de 51-21, los Medias Rojas del ’78 se establecieron como los lideres de la Liga Americana. Parecían una casa de poder imparable, un favorito de inicios de temporada para ganar la Serie Mundial. El 19 de julio, los Medias Rojas alcanzaron uno de sus puntos más altos cuando tenían nueve juegos de ventaja sobre los Cerveceros en segundo lugar, 12.5 juegos sobre los Orioles, y 14 sobre los Yanquis. Para ese punto, los Yanquis no parecían ser contendores. Este fanático de los Yanquis se había rendido ese verano y había empezado a escribir alineaciones imaginarias para la temporada siguiente. La causa de los Yanquis parecía tan ridículamente perdida que la decisión de Billy Martin a finales de julio, lo cual pavimentó la via para la contratación de Bob Lemon, pareció un movimiento hecho con 1979 en mente, y no por el resto de 1978. Nadíe pudo haber culpado a los Medias Rojas por olvidarse de los Yanquis; la mayoría de los medios lo hizo. Los Cerveceros parecían ser la amenaza más legítima. Para finales de julio, los Cerveceros se habían acercado a cinco juegos y medio de los punteros Medias Rojas. Por eso, los Medias Rojas no tenían a nadie quien los culpara. Tuvieron un terrible declive ofensivo en los días finales de julio, perdieron nueve de 10 juegos para cerrar el mes. Los Medias Rojas jugaron mejor al empezar agosto, al recuperar su ventaja de nueve juegos, esta vez sobre los Yanquis, quienes habían saltado sobre los Cerveceros y los Orioles para ubicarse en el segundo lugar. Para finales de agosto, la ventaja había sido reducida a siete juegos, pero con solo un mes de temporada regular por delante, el margen parecía más que cómodo para los patirrojos. Aún así quedaba una serie entre los dos rivales. Los Medias Rojas empezarían una serie de cuatro juegos ante los Yanquis desde el 7 de septiembre hasta el 10. Si los Yanquis podían cerrar la brecha cuatro juegos para el comienzo de la serie, una barrida de esta resultaría en un empate por el primer lugar entre ambos equipos. Los Medias Rojas perdieron cuatro de sus primeros seis juegos de septiembre, y vieron su ventaja recortarse a cuatro juegos. Ahora se preparaban para recibir a los Yanquis en el primero de cuatro juegos en Fenway Park. El fin de semana se convirtió en desastre para los Medias Rojas. Mike Torrez estuvo fatal en el primer juego, duró solo un inning, permitió seis imparables y cinco carreras, aunque solo tres fueron limpias debido a un par de errores del tercera base Butch Hobson. Los Yanquis continuaron castigando el bullpen de los Medias Rojas, en ruta a una paliza 15-3. La ventaja ahora era de tres juegos. El segundo juego fue solo un poco mejor para Boston. El pitcher derecho novato Jim Wright duró solo un inning y un tercio, lanzó muy mal, uno de sus puntos bajos en una temporada decente, mientras los Medias Rojas caían con marcador final de 13-2. Wright y el relevista Tom Burgmeier fueron afectados por una defensiva deficiente: Los Medias Rojas cometieron siete errores, incluyendo dos del normalmente seguro Carlton Fisk y dos del jardinero derecho guante de oro, Dwight Evans. La ventaja sobre los Yanquis se redujo a dos juegos. En el tercer juego, los Medias Rojas tuvieron que lidiar con Ron Guidry, en medio del año de su carrera en ruta a una victoria en la carrera por el premio Cy Young. El derecho Dennis Eckersley lo hizo mejor que Torrez y Wright, al llegar al cuarto inning, pero eso no fue ni de cerca suficiente para competir con Guidry. “The Eck” permitió siete carreras, incluidas seis limpias, mientras Guidry lanzaba un blanqueo. Una derrota 7-0 de los Medias Rojas diluyó la ventaja a un juego. Con la ventaja en su margen más estrecho en meses, el manager de los Medias Rojas, Don Zimmer, decidió darle la pelota al pitcher zurdo novato Bobby Sprowl en el cuarto juego. Los periodistas y aficionados de Boston se preguntaban por qué Zimmer no escogió al veterano zurdo Bill Lee. Después de todo, “The Spaceman” había lanzado brillantemente como relevo largo en el primero de la serie. Con su pericia y experiencia, Lee parecía la selección lógica. Sprowl solo tenía un juego de experiencia en Grandes Ligas, había debutado pocos días antes contra los Orioles. Sprowl había lanzado con credibilidad en una derrota de mala fortuna, al permitir solo tres carreras en siete innings. Además, a Zimmer le gustaba la actitud de Sprowl, lo describía como “tiene hielo en las venas”. El hielo en las venas se calentó rápidamente. Y ocurrió muy rápido. Sprowl permitió tres carreras en el primer inning y no pudo terminar en episodio, Zimmer lo sacó y trajo al veterano Bob Stanley. El “Steamer” de la bola sinker no lo hizo mucho mejor al permitir 10 imparables en tres innings, permitiendo que los Yanquis doblaran su ventaja a 6-0. Los Medias Rojas solo pudieron hacerle un daño pequeño a Ed Figueroa, quien los limitó a tres carreras en seis innings. Rich Gossage, el lanzallamas del Salón de la Fama, vino a realizar uno de sus salvados de tres innings. Los Medias Rojas perdieron 7-4, su novena derrota en diez juegos, completaron la llamada “Masacre de Boston”, y había traido lo impenable: La ventaja de 14 juegos de los Medias Rojas sobre los Yanquis se había reducido a nada. Los Medias Rojas ahora estaban ahora igualados en la tabla con los una vez sin esperanzas Bombarderos. Durante la masacre de los cuatro juegos, los Yanquis superaron a los Medias Rojas 42 carreras por 8. El atropello dejó a los Medias Rojas impactados. Con el pánico regado desde las tribunas de Fenway Park hasta las calles de Boston, los Medias Rojas se encontraron en una encrucijada. Para su crédito, rebotaron la noche siguiente, al vencer a Baltimore para retomar medio juego de ventaja sobre los Yanquis. Pero luego los Medias Rojas perdieron sus próximos cinco juegos para caer tres juegos y medio detrás de los Yanquis. Ahora los Medias Rojas habían perdido 14 de sus últimos 17 juegos, un incomprensible período de juego lamentable para un talentoso equipo. A solo dos semanas para terminar la temporada regular, los aficionados más pesimistas de los Medias Rojas habían renunciado a las esperanzas de ganar la división. De pronto los Medias Rojas se estabilizaron. Ganaron sus próximos tres encuentros, para colocarse a juego y medio de Nueva York. Luego vino una derrota, seguida de un triunfo, y entonces otro revés. En un esfuerzo supremo, los Medias Rojas ganaron ocho juegos seguidos para cerrar la temporada regular, eso les permitió borrar el déficit de dos juegos en la tabla de posiciones. Un blanqueo de cinco imparables de Luis Tiant el día final de la temporada, junto a la derrota de los Yanquis ante su némesis de Cleveland, Rick Waits, dejó a los dos equipos con marcas idénticas de 99-63, lo cual forzó un juego de desempate en Fenway Park el lunes en la tarde. Todos sabemos lo que ocurrió en ese juego, desde que los Medias Rojas tomaron una ventaja tempranera contra el usualmente impenetrable Guidry, hasta Bucky Dent llevándose en claro al monstruo verde con un bate prestado por Mickey Rivers, hasta Goose Gossage retirando al inquilino del Salón de la Fama Carl Yastrzemski con un elevado a Graig Nettles para terminar el juego. Dejando de lado ese memorable juego de desempate, ¿Cómo hicieron los Medias Rojas para desperdiciar una ventaja de 14 juegos sobre sus rivales? Ese era un equipo con talento. Tenían la alineación diaria más devastadora de la Liga Americana, cargada de bateadores de poder como Yaz, Jim Rice (quien estaba en medio de una temporada de jugador más valioso y de inquilino del Salón de la Fama), Dwight Evans y Carlton Fisk. Tenían hasta un toque de velocidad, cortesía de su segunda base Jerry Remy, quién robó 30 bases y se convirtió en la primera amenaza en las bases desde los días de Tommy Harper. Para suplementar su un-dos de pitcheo con Luis Tiant y Bill Lee, los Medias Rojas habían repotenciado su rotación de abridores con un cambio de entrenamiento primaveral que trajo a Dennis Eckersley (quien ganaría 20 en 1978) y la firma invernal del ex Yanqui Mike Torrez. Boston también tenía un bullpen profundo donde destacaban cuatro nombres: los relevistas intermedios Tom Burgmeier, Dick Drago y Bob Stanley, y el veterano lanzallamas Bill Campbell. Como en la mayoría de los equipos que colapsan, las razones de la declinación y la caída de los Medias Rojas del ’78 fueron numerosas. Ellas incluían todo, desde el manager, hasta las lesiones, hasta la factura del calendario, con quizás una dosis de mala suerte. * Don Zimmer, el coach de tercera base del equipo ganador del banderín en 1975, quien había sido promovido a manager, debe ciertamente asumir su cuota de responsabilidad. El rechazo de Zimmer a sentar al tercera base Butch Hobson enarcó muchas cejas en Boston. Afectado por un codo adolorido, Hobson tenía problemas para hacer los lanzamientos de rutina hacia primera base. Hobson terminaría cometiendo 43 errores esa temporada, un total que parecía propio del beisbol jugado a mano limpia del siglo 19, la mayoría de las marfiladas ocurrieron en tiros desviados. Firme hasta el final, el fajador Hobson no pidió que lo sacaran de la alineación hasta el 23 de septiembre, en lo que fue el juego 155 de la temporada. (Ese día, Hobson fue alineado como bateador designado). Pero parece claro que Zimmer debió haber tomado la decisión de descansar a Hobson mucho, mucho antes. Habría tenido más sentido usar al infielder de reserva Jack Brohamer, quien no habría aportado mucha fuerza ofensiva, pero habría sido más confiable por mucho en términos de fildear y lanzar. Otra opción habría sido alternar al bateador zurdo Brohamer con o el veterano Bob Bailey (un bateador de poder con rango limitado al campo) o Frank Duffy (un bateador de poca monta pero de buena defensiva). Zimmer no escogió ninguna de las dos opciones, al menos hasta la semana final, y esa decisión afectó negativamente a los Medias Rojas. * Fue también Zimmer quien decidió darle la pelota a un inexperto Sprowl en el juego final de la masacre de Boston, en vez de recurrir al más experimentado Lee. Aunque Sprowl era considerado un buen prospecto, no había sido dominante en AAA con Pawtucket, tuvo efectividad de 4.15. Hay pocas dudas de que las diferencias de Zimmer con Lee influyeron en esa decisión. Mientras nadie puede asegurar si Lee hubiera rescatado el juego final de la masacre, es razonable pensar que lo habría hecho mejor que Sprowl y le hubiese dado más oportunidad de ganar a los Medias Rojas. En un sentido más amplio, Zimmer evitó usar a Lee cada vez que le fue posible ese verano. Luego de empezar la temporada como parte de la rotación y ganar 10 de sus primeras decisiones, Lee cayó en desgracia con Zimmer. Lee hizo solo ocho apariciones durante los dos meses finales de la temporada. Cuatro de ellas fueron aperturas, las otras cuatro relevos largos, usualmente en juegos en los cuales los Medias Rojas ya estaban detrás en el marcador. *Aunque los Medias Rojas tenían la que era considerada la mejor alineación del juego, esa alineación solo se mantuvo activa por 38 juegos. Fisk estaba plagado de dolores en las costillas, Burleson sufría de un tobillo adolorido, Fred Lynn tenía espasmos en la espalda, y Evans estaba afectado por los mareos resultantes de un pelotazo en la cara. Las lesiones de Fisk y Burleson llegaron en el peor momento, lo cual afectó su producción durante el período de la caída libre. El primera base de poder George Scott perdió muchos dedos con un dedo medio fracturado, pero “Boomer” escogió un mal momento para mostrar su edad. Uno de los pocos Medias Rojas regulares que había pasado sus mejores años, Scott, de 34 años de edad, bateó solo 12 jonrones en 120 juegos, tuvo un magro porcentaje de slugging de .379, y generalmente llevaba a Zimmer al borde de la desesperación con su incapacidad para perder peso. *Una transacción de principios de temporada pudo haber pasado factura a los Medias Rojas. El 15 de junio, el gerente general Haywood Sullivan vendió al jardinero de reserva Bernie Carbo a los Indios. Carbo se había convertido en un problema disciplinario para los Medias Rojas, fue uno de varios peloteros quienes se burlaron de Zimmer. Pero Carbo tenía un bate zurdo vivo que pudo haber ayudado a los Medias Rojas. El pudo haberle dado descanso a Evans en el jardín derecho ante pitchers zurdos, o pudo haber tomado varios turnos como bateador designado en vez de Bailey. Al vender a Carbo sin recibir peloteros a cambio, los Medias Rojas debilitaron su banca para la instancia final. * El bullpen de Boston no justificó su precio, particularmente en los innings finales. Burgmeier, normalmente un zurdo confiable, tuvo una de sus peores temporadas, con una efectividad de 4.40 y casi tantos boletos como ponches. Además, Campbell no disfrutó de una gran temporada como apagafuegos. Afectado por repetidos problemas en el brazo causados por exceso de trabajo, Campbell vio subir su efectividad hasta 3.88 y su total de juegos salvados cayó hasta cuatro, mientras perdía su papel de apagafuegos con Stanley y Drago. Mientras todos los peloteros compartieron la insatisfacción de esas últimas diez semanas, algunos de los Medias Rojas del ’78 nunca recibieron otra oportunidad de jugar en Boston. Tiant se fue como agente libre, firmó nada más que con los Yanquis. Bailey, el bateador designado de 35 años de edad e infielder de reserva, anunció su retiro luego de una carrera respetable de 17 años en las Grandes Ligas. El catcher de reserva Fred Kendall, quién rara vez jugaba ante la presencia del duradero Fisk, se convirtió en agente libre y firmó con los Padres. Sprowl no hizo el roster del día inaugural en 1979, antes de ser cambiado a los Astros en la fecha límite del 15 de junio. Y Lee fue cambiado a los Expos por un infielder utility llamado Stan Papi. Para todos estos peloteros de los Medias Rojas, su último sabor de beisbol en Boston fue desagradable y descorazonador. Desafortunadamente, los aficionados de los Medias Rojas y los Bravos pasan hoy por sentimientos similares. Hay poco consuelo para ellos, así como lo hubo para los Medias Rojas de 1978. Si, ellos pueden tomar algo de aire al saber que ganaron 15 juegos en septiembre y octubre, y que ganaron 99 juegos en la temporada. Hay algo de valor en eso. Quizás, a medida que pasa el tiempo, el aguijón de ese colapso se hace algo menor, un poco más tolerable. Aún así, nunca desaparecerá completamente. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 27 de julio de 2016

El Antiguo Infielder Richie Hebner.

Peloteros que dejaron el juego en sus propios términos. El una vez tercera base tiene buenas memorias de su carrera, pero desea haber tenido la oportunidad de jugar n un Juego de Estrellas. Kevin Glew. Baseball Digest. Octubre 2004. Cuando Richie Hebner no está en el estadio de beisbol, podría encontrarse con un pie en la tumba. No, el antiguo tercera base de los Piratas de Pittsburgh no está muriendo, pero el pasa un apreciable período de tiempo en los cementerios. “Excavé 30 tumbas el invierno pasado”, dijo Hebner, quien trabaja en el negocio de excavar tumbas de su familia en el receso entre temporadas. “En el beisbol escuchas a los peloteros quejarse cuando batean un elevadito. Nunca oigo a nadie quejarse cuando excavo tumbas. La compañía es muy silenciosa”. Como lo muestra el destino, el nativo de Boston resultó ser tan bueno con el bate como con la pala. Al crecer con cinco hermanos, el determinado jovencito tuvo suficientes oportunidades de practicar sus destrezas beisboleras. Y a la edad de 18 años había impresionado lo suficiente a los Piratas para que lo seleccionaran como su primera escogencia del draft amateur de 1966. Un Hebner de amplia visión debutó en Grandes Ligas en septiembre de 1968, sin embargo, no fue hasta el inicio de la próxima temporada que batearía du primer imparable. “Fue contra Bob Gibson. Yo quería la pelota, pero no me atreví a pedirla porque Gibson lucía muy intimidante”, recordó él. El voluntarioso infielder bateó .301 ese año para liderar a todos los novatos de la Liga Nacional. Luego de otra sólida temporada en 1970, el corajudo bostoniano jugaría un papel clave en el equipo de los Piratas que ganó la Serie Mundial de 1971. El joven tercera base descargó un jonrón ganador en el tercer juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional y agregó tres imparables más, incluido otro cuadrangular, en el juego final de esa serie. Hebner también fue parte de una fuerte escuadra de los Piratas que capturó otro título divisional en1972, que perdió ante Cincinnati la serie de campeonato de la Liga Nacional por un wild pitch de Bob Moose. “Fue una larga caminata de regreso al dugout en ese viejo estadio de Cincinnati en el mejor de los días, pero ese día parecía una carrera de taxi de 10 $”, recordó él. La derrota, sin embargo, fue puesta en perspectiva ese receso entre temporadas, el compañero de equipo Roberto Clemente falleció cuando su avión que llevaba ayuda humanitaria a los sobrevivientes del terremoto de Nicaragua, se estrelló en el océano. “Fuimos a Puerto Rico a presentar nuestro respeto, y debe haber habido unas 5000 personas paradas en la costa, juro que ellos pensaban que él iba a salir de las aguas”, dijo él. Afectados por la muerte de Clemente, los Piratas fallaron en ganar su división en 1973, pero se recuperaron para ganar el título de la división este de la Liga Nacional las dos temporadas siguientes, con lo cual alcanzaron cinco coronas divisionales en las primeras siete temporadas de Hebner. Después de la campaña de 1976, el gran trabajador veterano firmó con los Filis de Filadelfia, donde jugaría primera base y participaría en dos postemporadas más. Pero cuando los Filis firmaron a Pete Rose después de la temporada de 1978, el entusiasta infielder fue cambiado a los Mets de Nueva York. A pesar de comandar a los Mets en carreras empujadas en 1979, Hebner fue negociado a los Tigres de Detroit en el receso entre temporadas. Fue en la ciudad del motor donde disfrutaría su mejor temporada ofensiva (82 carreras empujadas en 104 juegos) en 1980. “Un lamento que tengo es nunca haber participado en un juego de estrellas “, dijo él. “Tenía 62 carreras empujadas en el receso del juego de estrellas y no me seleccionaron”. A finales de la temporada de 1982 Hebner se encontró de vuelta en Pittsburgh, se mantuvo allí la campaña de 1983. Entonces firmó con los Cachorros de Chicago. Fue utilizado principalmente como bateador emergente y conectó para .333 en 1984 y ayudó a impulsar a los Cachorros hacia la postemporada. Hebner pasó una temporada más en Chicago antes de pasar a labores de coach. Junto a pasantías como coach de bateo de los Medias Rojas y Filis, el extrovertido bostoniano ha trabajado con las organizaciones de los Piratas, Azulejos y Devil Rays (su trabajo actual es con los Bulls de Durham, el equipo AAA de los Rays). El antiguo pelotero admite que puede ser frustrante trabajar con algunos peloteros de hoy. “En la actualidad pagan mucho dinero en las mayores, así que si no puedes fajarte aquí en AAA, recoge tus cosas y empieza una vida nueva”, dijo él. “Algunos peloteros no quieren esforzarse”. En cuanto a ser coach de Grandes Ligas otra vez, él lo recibiría con gusto, pero no se preocupa por eso. “Lo que sea que ocurra, ocurre. No me trasnocho por eso”, dijo él. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 26 de julio de 2016

Esquina de las Barajitas: Curt Blefary. Topps. 1972.

Bruce Markusen. 02-11-2012. Hay algo que muestra lo que es un catcher en una barajita de beisbol en acción. Quizás es la pechera, la cual lo hace lucir como miembro de un equipo SWAT. Un cátcher completamente equipado luce como si estuviese listo para cualquier cosa que pudiera ocurrir en un terreno de juego, desde una gran trifulca que podría reventar entre dos equipos, o un disturbio de fanáticos mareados por una promoción de cervezas. Cuando empecé a coleccionar barajitas, en 1972, en realidad no tuve en mis manos la barajita de acción de Curt Blefary. Eso ocurrió porque yo tendía a coleccionar las barajitas al principio de la temporada, cuando aparecían las barajitas de números bajos. Para el momento cuando salían los números altos, y eso incluía la barajita de Blefary, número 692, nos habíamos mudado a otros entretenimientos. Algunos de nosotros habíamos empezado a coleccionar barajitas de futbol americano en vísperas del inicio de la temporada de NFL. Si, éramos idiotas entonces. Así que nunca vi la barajita de acción de Blefary ese año. Nunca la tuve hasta que empecé a convertirme en un coleccionista serio, al comprarla por unos dólares a un negociante local de barajitas en algun momento durante los años ’80. ¿Por qué me gustó esa barajita de Blefary? Había tres razones. Primero, era una barajita de acción, la cual era parte de una subserie especial de la serie de 1972. Las barajitas de acción no eran comunes en los años ’70 y ’80; todavía eran una novedad y un atractivo para un joven coleccionista. Segundo, idolatraba los Atléticos de esa época, la altura de la dinastía verde y dorada de Charlie Finley. Y tercero, Blefary, era una firma original de los Yanquis, mi equipo favorito desde la niñez. Hay otra característica interesante de la barajita, una de la que no me percaté hasta años después. Parece algo incongruente cuando los malos fildeadores son fotografiados usando guantes o mascotas. Ese es exactamente el caso de la barajita de acción 1972 de Blefary, la cual lo muestra con tintura negra bajo sus ojos mientras corre con la pelota en la mano. Blefary se había ganado desde hacía tiempo el apodo de “Clank”, lo cual representaba el sonido imaginario de la pelota cuando rebotaba desde sus manos. Se hizo acreedor de ese apodo durante sus primeros años en las Grandes Ligas con los Orioles, la organización que lo reclamó en waivers después que había firmado originalmente con la organización de los Yanquis. Frank Robinson quien regía la Corte de los Canguros de los Orioles, le puso el remoquete de Clank a su compañero de equipo. Al unirse a los Orioles en 1965, Blefary era un jardinero, y no particularmente uno bueno. Pero podía batear. Tenía paciencia y poder. Como jugador de primer años, Blefary bateó 22 cuadrangulares y negoció 88 boletos, números que lo ayudaron a ganar el premio del Novato de Año de la Liga Americana. Blefary continuó agenciando buenas estadísticas de poder en 1966 y 1967, aún cuando los Orioles empezaron a usarlo como primera base a medio tiempo, porque tenía muchos jardineros buenos. Pero eso solo fue una solución parcial, debido a la presencia de Boog Powell y Mike Epstein en primera base. En 1968, el manager de los Orioles, Hank Bauer, reintrodujo la faceta de catcher en el perfil curricular de Blefary. Participó en 40 juegos detrás del plato y mostró una gran aptitud con el brazo, al hacer out a 51 por ciento de los robadores de base rivales. También le recibió un juego sin hits ni carreras a Tom Phoebus. Pero hubo problemas, cometió nueve passed balls. De manera más alarmante, su ofensiva decayó dramáticamente. Su promedio de bateo disminuyó desde .242 hasta .200 y su promedio de slugging decreció hasta .322. Blefary dijo que el constante cambio de posiciones había afectado su bateo. Blefary también tuvo encontronazos con el nuevo manager, Earl Weaver, quien reemplazó a Bauer e mitad de temporada. Blefary pidió que lo cambiaran. Ese invierno los Orioles enviaron a su infeliz toletero a los Astros como parte de una negociación por el pitcher zurdo Mike Cuellar. Ese resultó ser uno de los mejores cambios de la historia de la franquicia en Baltimore, Cuellar se convirtió en baluarte de durabilidad y efectividad en la rotación de los Orioles, en los años por venir. A corto plazo, el cambio también favoreció a los Astros. Ubicado como el primera base regular de los Astros, Blefary largó 12 jonrones, un total respetable al tomar en cuenta la inmensidad del Astródomo. También negoció 77 boletos y levantó su promedio de bateo hasta los .250. La estadía de Blefary en Houston recibió elogios desde una fuente inesperada. Eso llegó con la publicación del libro Ball Four de Jim Bouton en 1970. Bouton consideró a Blefary como el tipo de compañero de equipo a quien le gustaría tener al lado en una madrigera de zorros. Elogió la rudeza de Blefary y su voluntad para trabajar duro. Blefary mereció elogios por algo más, aunque eso recibió poca publicidad favorable en su momento. Se convirtió en compañero de habitación de Don Wilson, al as derecho de la rotación de Houston. El arreglo fue notable porque Wilson era negro. Al aceptar ser compañeros de habitación, se convirtieron en la segunda pareja integrada de compañeros de habitación en la historia de las Grandes Ligas. (Reggie Jackson y Chuck Dobson se habían convertido en los primeros, con los Atléticos, en 1968). Tristemente, Blefary recibió cartas de odio de los racistas quienes lo ridiculizaron por tener la “audacia” de compartir una habitación de hotel con un negro. Aunque la relación Blefary-Wilson creó una controversia desagradable, Curt aún disfrutó una buena temporada. Sus números fueron sólidos, particularmente debido al ambiente ofensivo de finales de los años ’60. Pero Blefary no disfrutaba jugando en Houston y por segunda vez en dos temporadas, chocó con su manager, esta vez fue Harry Walker “The Hat”, quien también era instructor de bateo de Houston, y quería que Blefary recortara su swing y dirigiera sus batazos por todo el terreno. Blefary disentía de ese enfoque y solicitó un cambio. Afortunadamente, los Astros encontraron una oportunidad, enviaron a Blefary a los Yanquis, su organización original, en una negociación directa por el jardinero/primera base Joe Pepitone. El cambio fue un regalo de Dios para Blefary, quien siempre había querido jugar para los Yanquis. Libre de Walker y el Astródomo, Blefary abandonó su enfoque de bateador de contacto y regresó a su viejo swing de jonrón en un intento para aprovechar la corta distancia de Yankee Stadium por el jardín derecho. Desafortunadamente, se obsesionó con los jonrones, y su bateó sufrió. En las etapas postreras de 1970, Blefary perdió su puesto como regular del jardín derecho. Se convirtió en bateador emergente. Al fallar en adaptarse a su nuevo trabajo, se convirtió en elegible para ser cambiado. A finales de mayo de 1971, los Yanquis lo enviaron hasta Oakland por el pitcher zurdo Rob Gardner. Finley adquirió a Blefary en parte porque le gustaba mucho su versatilidad. Los Atléticos lo usaron como utility, le dieron algun tiempo de juego como cátcher, una posición que no había jugado desde la temporada de 1968 en Baltimore. Blefary se hizo conocido por cargar con ocho guantes diferentes, en la eventualidad de que podría ser cátcher, primera, segunda, o tercera base, o patrullar los jardines. Blefary llevó entusiasmo al trabajo de utility, se fajaba duro en cada posición, pero en realidad creaba una incertidumbre defensiva en cualquier posición que jugara. Cuando empezó el entrenamiento primaveral de 1972, Blefary era considerado el segundo catcher detrás de Dave Duncan. Todo parecía ir bien, porque él se mantenía en forma, hacía buenos swings con el bate, y se mantenía tranquilo. Ciertamente tuvo buen desempeño con el madero, bateó .360 en la Cactus League, pero de alguna manera pasó a ser el cuarto receptor detrás de Duncan, Gene Tenace y Larry Haney. Aunque Blefary era un jugador de reserva valorado por los Atléticos, un cuarto cátcher no tiene mucha seguridad en un roster de 25 peloteros. A pesar de estar enterrado en la profundidad de talento del equipo, Blefary se mantuvo listo para jugar y se condujo bien como bateador emergente y jugador de reserva, coleccionó cinco imparables en 11 turnos al bate. Entonces, de pronto los Atléticos anunciaron un cambio el 17 de mayo, enviaron a Blefary y al pitcher zurdo Mike Kilkenny a los Padres por el veterano jardinero “Downtown” Ollie Brown. Blefary había durado menos de un año calendario con los Atléticos. La naturaleza extrovertida de Blefary, que a menudo lo colocaba en el medio del torbellino, ciertamente influyó en su salida de Oakland. Justo antes del comienzo de la temporada regular, Blefary había expresado su insatisfacción con su condición de cuarto catcher, al decir o me ponen a jugar o me cambian. Le costaba mucho mantener la boca cerrada. Desde hacia tiempo se había hecho famoso por emitir tales ultimátum en etapas previas de su carrera. Un día después de su último episodio de insatisfacción, Blefary se disculpó con Fick Williams por poner a su manager en evidencia justo antes del día inaugural. Finley, el dueño irascible de Oakland, no pareció tan comprensivo como Williams. Como gerente general del equipo, fue Finley quien envió a Blefary a empacar. Luego que el cambio fue anunciado, Blefary amenazó con retirarse del juego y hacerse policía si los Padres no renegociaban su contrato. Al darse cuenta que no estaba en condiciones para sumir una disputa legal, Blefary cambio de parecer y se reportó a San Diego. Bateó .196 como utility de los Padres, quienes lo dejaron en libertad después de esa temporada. Cerca de un mes después, los Bravos lo llamaron y le ofrecieron una invitación al campo de entrenamiento primaveral. Blefary aceptó la oferta y se reportó a Florida, pero no pudo hacer el equipo. Los Bravos lo dejaron libre antes que terminara el entrenamiento primaveral. Nadie más lo llamó, ni siquiera un equipo de las ligas japonesas. La carrera de Blefary en Grandes Ligas había terminado, aunque solo tenía 29 años. No pudo haber sido en peor momento, considerando que la Liga Americana había adoptado la regla del bateador designado. Esa era una regla que le habría sentado muy bien a Blefary dadas sus limitaciones defensivas. La habilidad de Blefary para batear con poder y negociar boletos siempre lo había hecho un jugador ofensivo positivo. Si alguna vez hubo un hombre nacido para ser bateador designado, ese era el hombre conocido como Clank. Entonces ¿Qué ocurrió? Algunos observadores sintieron que Blefary se había saboteado con sus frecuentes quejas acerca de su tiempo de juego y sus repetidas demandas de cambio. Hay otra teoría que involucra la afición de Blefary por la vida nocturna. Conocido como un bebedor considerable, él iba a muchas fiestas para el gusto de muchos gerentes generales. Ese fue un problema que él reconoció más adelante en su vida, cuando decidió participar en un programa de rehabilitación planificado por el antiguo grande liga, Sam McDowell. Tristemente, la carrera de Blefary luego de sus días de jugador activo resultó ser frustrante. Él trató de conseguir trabajo como entrenador de beisbol, pero nadie lo empleó. Entonces pasó por una variedad de trabajos, como barman, comisario y camionero, entre otras ocupaciones. Su vida personal también empezó a fracturarse, se divorció de su primera esposa. En sus últimos años, Blefary se enfermó de pancreatitis crónica, la cual fue causada por su alcoholismo. La enfermedad le quitó la vida en 2001 a la joven edad de 57 años. A solicitud suya, su segunda esposa dispersó sus cenizas en el viejo Memorial Stadium de Baltimore, el cual ya estaba en el proceso de ser demolido. Blefary tuvo sus mejores temporadas jugando ahí con los Orioles. Quizás un año o dos antes de su deceso, Blefary visitó Cooperstown para participar en un evento de firma de autógrafos en el Tunnicliff Inn. Pensé asistir al evento, no solo para conseguir un autógrafo sino para entrevistar a Blefary acerca de sus días en el beisbol. Cuando oi poco después que Blefary había fallecido, me di cuenta que nunca tendría una segunda oportunidad. Hasta el día de hoy, lamento mi decisión de no asistir a esa firma de autógrafos. No solo porque nunca tuve la oportunidad de preguntarle acerca de su carrera, sino también porque perdí la oportunidad de agradecerle por algunas de mis memorias favoritas con las barajitas de beisbol. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Notas del Traductor: - En el cambio del 4 de diciembre de 1968, los Orioles de Baltimore enviaron a Curt Blefary junto al tercera base, jardinero y primera base de ligas menores John Mason, a los Astros de Houston por Mike Cuellar, el primera base, jardinero y tercera base de ligas menores Tom Johnson, y el torpedero venezolano de ligas menores Enzo Hernández. - Curt Blefary estableció un record de Grandes Ligas el 4 de mayo de 1969, cuando en un juego entre Astros de Houston versus Gigantes de San Francisco, los Gigantes batearon siete rodados para dobleplay (lo cual también constituyó otro registro para un equipo de ligas mayores) y Blefary participó en todas las jugadas como primera base. A continuación la secuencia de doblematanzas: Primer inning: Menke-Morgan-Blefary. Jim Ray Hart (lf) bateó roletazo para dobleplay (short-segunda-primera) Tercer inning: Rader-Morgan-Blefary. Dick Dietz (c) roleteó para dobleplay. (tercera-segunda-primera). Cuarto inning: Menke-Morgan-Blefary. Bobby Etheridge (3b) la rodó para dobleplay. (short-segunda-primera). Quinto inning: Morgan-Blefary. Frank Johnson (rf) roleteó para dobleplay. (segunda-primera) Séptimo inning: Menke-Blefary. Juan Marichal (p) roleteó para dobleplay. (short-primera). Octavo inning: Blefary-Menke. Ron Hunt (2b) roleteó para dobleplay. (primera-short) Noveno inning: Morgan-Menke-Blefary. Etheridge (3b) roleteó para dobleplay. (segunda-short-primera). Los Astros ganaron el juego 3-1.Dooley Womack se apuntó la victoria. Fred Gladding el salvado. Juan Marichal cargó con el revés. .

viernes, 22 de julio de 2016

Esquina de las Barajitas; Doug Rader. Topps 1989.

Bruce Markusen. Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí esta la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown. Bajo circunstancias ordinarias, las barajitas de los managers no son las más atractivas para coleccionar. ¿Quién quiere ver la barajita de un caballero viejo en sus cincuenta o sesenta, usualmente un pelotero retirado, cuando puedes tener barajitas de peloteros reales transpirando? Bien, la barajita de Doug Rader de 1989 no es particularmente ordinaria. Primero, una revisión del reverso de la barajita revela que Rader no solo tiene un registro como manager, también muestra sus estadísticas como pelotero. Rader fue un buen pelotero, un tercera base con calibre de guante de oro quien bateaba con cierto poder, particularmente en sus días con los Astros de Houston. Cuando puedes batear un número significativo de jonrones a pesar de jugar la mitad de tus juegos en el espacioso Astródomo, has hecho algo notable. El respaldo de la barajita también nos muestra que es parte del grupo de personajes cambiados de la serie Topps de 1989, lo cual prueba que hasta los managers pueden tener el tratamiento de “cambiado” o actualizado. El manager de los Angelinos al final de 1988, Moose Stubing, reemplazó al despedido Cookie Rojas en las dos semanas finales de la temporada y sirvió de interino por ocho juegos. Increiblemente, Stubing perdió los ocho juegos que dirigió. “Moose no dirigió nunca más en las Grandes Ligas, por lo que se quedó sin un triunfo como manager, lo cual lo dejó como el manager con más derrotas sin un triunfo cuya carrera empezó después de 1900). Durante el invierno, los Angelinos anunciaron que Rader había sido empleado para sustituir a Stubing. Topps ya había producido una barajita de Stubing para ese momento, asi que la compañía no produjo una barajita de Rader hasta que apareció con el juego de las barajitas con el rótulo Traded a mediados de la temporada de 1989. La expresión del rostro de Rader tampoco es típica de una barajita de manager. La mayoría de los managers aparecen serios, hasta preocupados, o quizás furiosos (para aquellos quienes recuerdan la barajita Topps 1972 de Billy Martin). Pero Rader no era un manager prototipo. Lo vemos riendo el dugout de los Angelinos de California, disfrutando las palabras o acciones de al pelotero o coach desconocido parado cerca de él. Esta muy bien pudo haber sido una foto tomada durante el entrenamiento primaveral, un momento del año cuando hasta los managers se sienten más relajados. O, pudo haber sido en medio de uno de las giras de los Angelinos en la temporada regular. De cualquier manera, es una pose apropiada para Rader, un hombre quien disfrutaba contar y escuchar chistes, hacerle bromas a sus compañeros de equipo, jugarse con los dueños, y hacer cosas extrañas que la mayoría de los managers (o hasta los peloteros) no harían. Dada la conducta de Rader como pelotero, es destacable que se haya convertido en manager. Poco después de debutar con los Astros de Houston en 1967, él se estableció como el payaso del clubhouse. Para 1968, cuando Nate Colbert llegó a los Astros, Rader se había convertido en un bromista a tiempo completo. “Cuando estábamos con los Astros, él y otro de los muchachos del equipo, fueron a la tienda de mascotas”, recordó Colbert. “Entonces era legal tener cocodrilos. Y ellos compraron tres cocodrilos recién salidos del cascarón. Esperaron a que todos estuviéramos bañándonos, y los soltaron en las duchas, en Cocoa Fla. Todos queríamos trepar por las paredes con esos pequeños cocodrilos rodeándonos”. El año siguiente, el juego sobre el terreno de Rader alcanzó el nivel de su reputación como bromista. Él afrontaba el juego con un nivel de entrega y fogosidad raras veces visto en otros peloteros, lo cual le ganó el apodo de “Red Rooster” (“Gallo Rojo”) (especialmente debido a su cabello rojo ensortijado”. Al aparecer en 155 juegos, Rader se apoderó de la tercera base, donde jugó una defensiva excelente, y mostró poder ocasional en el plato con 11 jonrones. Rader jugó aún mejo en 1970, al batear un tope de carrera de 25 cuadrangulares y ganar el primero de cinco premios guante de oro consecutivos. La actuación de Rader a principios de los años ’70 le ganó el respeto de las ligas mayores. A menudo a la sombra de antesalistas como Brooks Robinson, Ron Santo y Joe Torre, Rader se convirtió en una estrella de segundo orden en la esquina caliente, él nunca fue lo suficientemente bueno para el equipo del Juego de Estrellas pero era de lejos mejor que muchos jugadores de esa posición. La temporada de 1970 también trajo notoriedad en la forma del nuevo libro publicado por Jim Bouton, Ball Four. El libro relataba la temporada de Bouton en 1969, incluyendo su cambio a Houston al final de la temporada. Bouton escribió extensivamente acerca de Rader y su humor colorido. Antes de la publicación del libro, la mayoría de las travesuras de Rader se habían mantenido confinadas al clubhouse de los Astros. El libro de Bouton mostró a Rader como uno de los grandes personajes del juego. A Rader también le gustaba atormentar a sus compañeros más delicados. Uno de ellos era el jardinero de los Astros, Jesús Alou, quien era conocido por tener un estómago débil. Rader, quien a menudo masticaba chicle, esperaba a que Alou lo mirara. Inmediatamente sacaba el chicle de su boca, Rader lo metía en su nariz, causándole nauseas infinitas a Alou. En 1974, Rader protagonizó uno de sus episodios más memorables ante unas declaraciones públicas del afamado Ray Kroc. Mientras los Padres recibían a los Astros de Rader en el primero de una serie el 9 de abril, Kroc perdió su paciencia con su joven equipo, el cual había comprado durante el receso entre temporadas. El dueño novato irrumpió en la cabina del locutor interno, tomó el micrófono y emitió una breve descarga contra sus peloteros. “Nunca había visto jugar a la pelota de manera tan estúpida en mi vida”, soltó Kroc en el micrófono. Los aficionados de los Padres, junto con muchos peloteros de los Padres, y hasta algunos de los Astros, se molestaron y avergonzaron. Despues del juego, Rader dio varias declaraciones dirigidas a Kroc. “Él piensa que está en una convención de ventas negociando con un grupo de cocineros de ordenes rápidas. Esa no es la manera de armar un ganador. Alguien debería sentarlo y enfocarlo”. El gerente general de los Padres, Buzzie Bavasi, se enteró pronto de los comentarios de Rader, y más que sentirse irritado con The Rooster, decidió hacer una promoción en referencia a la situación. La próxima vez que los Astros fueron a San Diego Stadium, los Padres ofrecieron la “Noche de los Cocineros de Ordenes Rápidas” en el estadio. Bavasi estipuló que cualquier aficionado que fuese al estadio usando una gorra de chef recibiría entrada libre al estadio. Como capitán de los Astros, Rader decidió agregar su toque personal a la promoción. “Doug Rader… relajó todo al salir a intercambiar las tarjetas de las alineaciones con una especie de gorra de chef y un delantal”, dijo Johnny Grubb, un jardinero de los Padres en ese momento. “Él relajó la atmósfera e hizo todo más llevadero en el clubhouse”. Rader agregó una espátula y una olla a su indumentaria, lo cual permitió que la tarjeta de alineación resbalara desde la olla hacia las manos del árbitro”. Las travesuras de Rader fueron bien recibidas en San Diego, y quizás jugaron un papel importante en una transacción futura. Luego de una temporada débil con Houston en 1975, causada parcialmente por el impacto que se transmitía a sus pies por la grama artificial del Astródomo, los Astros decidieron hacer disponible a Rader para un cambio. Ellos recibieron una solicitud de Bavasi, quien estaba buscando un tercera base veterano para estabilizar la defensiva del infield de San Diego. Bavasi entregó dos jóvenes lanzadores derechos, Larry Hardy y Joe McIntosh, en la negociación por Rader. Aún con solo 31 años de edad, Rader se convirtió en el tercera base regular de San Diego. También se las arregló para dejar de fumar, un hábito que le había afectado a lo largo de su carrera como jugador activo. Jugó bien durante una temporada y media con los padres, pero con el equipo frecuentando el sótano de la división oeste de la Liga Nacional, él de nuevo se hizo elegible para un cambio. A mediados de la temporada de 1977, los Padres lo cambiaron al equipo de expansión, Azulejos de Toronto, quienes estaban buscando un bateador derecho veterano que ocupara el puesto de bateador designado. Rader bateó bien con los Azulejos en el resto de esa temporada, pero fue víctima del movimiento juvenil de Toronto en la primavera de 1978. Al ser dejado en l.ibertad al final de la primavera, Rader quedó sin trabajo. Al no poder conseguir otro empleo, decidió retirarse. Al decidir quedarse en el juego, Rader se enfocó en dirigir en las ligas menores, aceptó una oferta para ser manager del equipo AAA de los Padre, los Islanders de Hawaii. La decisión sorprendió a varios, dada la tendencia de Rader a jugar bromas y de asumir el papel del payaso de la clase. Pero esas travesuras enmascaraban una inteligencia junto a un incandescente deseo de ganar. Para el invierno de 1982, Rader se encontró de vuelta en las Grandes Ligas, como el nuevo manager de los Rangers de de Texas. En su primera conferencia de prensa, admitió que el nuevo trabajo “me asusta mucho”. Rader dirigiría a los Rangers por dos temporadas y media, pero sin mucho éxito. Un comienzo de 9-23 en la temporada de 1985, junto a un clubhouse lleno de peloteros anodinos, resultó en su despido. Entonces se unió brevemente a los Medias Blancas de Chicago como coach, los dirigió brevemente en un interinato, entonces encontró trabajo como manager de los Angelinos antes de 1989. La primera temporada de Rader en California fue maravillosa; guió al equipo a una sorprendente marca de 91-71 y a un respetable tercer lugar en el oeste de la Liga Americana. Desafortunadamente, Rader no pudo mantener el éxito. Los Angelinos cayeron por debajo de .500 en 1990. Cuando continuaron hundiéndose cerca del receso intermedio de 1991, los Angelinos lo despìdieron a mitad de temporada, lo reemplazaron con Buck Rodgers. Aunque él solo tenía 46 años de edad, Rader no dirigiría más. Se convirtió en el primer coach de bateo en la historia de los Marlins de Florida, pero decidió irse dos temporadas después y anunció su retiro del juego. Como manager, Rader nunca cumplió las expectativas que algunos habían creado con él. El notable escritor de beisbol Bill James, escribió una vez que Rader tenía todas la habilidades requeridas para ser un gran manager, rudeza, conocimiento del juego, y sentido del humor, pero su record dirigencial nunca reflejó esos atributos. Algunos críticos dicen que Rader era muy bromista para ser un gran manager. Yo tiendo a dudar eso. Más cuando, él no dispuso de talento en Texas o California, y no tuvo la fortuna de dirigir algún equipo que tuviera la meta real de ser contendor por el campeonato. Cualquiera que haya sido la razón, la carrera dirigencial de Rader no debería ser considerada como punto débil de su carrera en general. Ël fue un buen pelotero y un hombre quien tenía un don para jugar beisbol, todo mientras trataba a sus compañeros de equipo de una manera memorable. El juego significa divertirse; Rader y sus compañeros de seguro se divirtieron siempre. El beisbol necesita más personas como Doug Rader. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del traductor: Números de Doug Rader con Cardenales de Lara en la temporada 1969-70: 49 J, 189 VB, 30 CA, 56 H, 12 2H, 4 HR, 15 CE, 25 BB, 22 K, 3 BR, .296 AVG.