jueves, 8 de septiembre de 2016

Esquina de las Barajitas: El camino equivocado Wally.

Bruce Markusen. Los empleados del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus memorias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown. ¿Qué tan prominentes eran las cejas de Wally Moon? Tan prominentes que a la distancia parecía que estaba usando anteojos enterizos. En realidad, las cejas de Moon se confundían en una sola línea. No había separación entre ellas. La ceja no solo era contínua, sino totalmente oscura y tupida. Era una característica distintiva, que fue capturada en muchas de las barajitas Topps de Moon, pero en ninguna mejor que en su barajita de 1963. Dejando a un lado el asunto de las cejas, Moon era un pelotero bien parecido. Tenía rasgos destacados, un rostro fino, y mantenía corto y arreglado su cabello. Al usar el digno uniforme de anfitriones de los Dodgers de Los Angeles, junto con esa siempre majestuosa gorra azul, Moon parece el muchacho del afiche de un pelotero de comienzos de los años ’60. La colección de 1963 también fue una de las mejores que Topps produjo. La mayoría de las barajitas de los peloteros mostraban dos fotografías en la cara frontal: la foto grande a color que ocupaba las cuatro quintas partes superiores de la barajita y una pequeña en blanco y negro contenida dentro de un círculo coloreado de azul, naranja, rojo o amarillo (como en el caso de Moon). El nombre del pelotero, posición y equipo están impresos contra un fondo de olor contrastante (verde, dorado, amarillo, azul o rojo, como en la barajita de Moon), para completar una barajita multicolor, de tres planos. Esta fue una colección clásica, una que sigue siendo muy popular entre los coleccionistas quienes valoran su barajitas antiguas. Wally Moon puede haber recibido algunas bromas de sus compañeros de equipo acerca de su barajita de 1963 y sus cejas ese verano, pero nadie le gastó bromas por su bateo. Eso fue algo que siempre hizo bien, desde el día de 1950 cuando los Cardenales de San Luis lo firmaron como agente libre amateur. Cuatro años después, apareció en el campo de entrenamiento primaveral de los Cardenales. Moon había decidido que si no entraba al roster inaugural de los pájaros rojos, regresaría a su nativa Arkansas y aceptaría un trabajo como profesor que le habían ofrecido. Graduado en Texas A & M, el bien estudiado Moon ya había obtenido su maestría en enseñanza. Estaba listo para ejercer su segunda carrera. Esa segunda carrera tendría que esperar. Moon no solo hizo el equipo en la primavera del ’54, sino que jugó tan bien en Florida que los Cardenales cambiaron al inquilino del Salón de la Fama, Enos Slaughter a los Yanquis de Nueva York y nombraron a Moon su jardinero central regular. Para Moon, ese fue un desenlace agridulce. “Firmé con (los Cardenales en primer lugar)”, le explicó Moon en su hablar pausado al St Louis Post-Dispatch, “porque era mi equipo favorito y Slaughter mi pelotero favorito. Admiraba la manera como él se fajaba y lo duro que jugaba”. También lo fue para los aficionados de los Cardenales. No reaccionaron bien a ese cambio; idolatraban a Slaughter y resentían de Moon por haber tomado su puesto. Completamente injusto, ellos abuchearon a Moon durante el desfile del equipo el día inaugural en Sportsman’s Park. Mientras Moon avanzaba hacia el plato para tomar su primer turno al bate en Grandes Ligas ese día, los fanáticos coreaban “We Want Enos”. Moon de inmediato silenció el coro al descargar un jonrón sobre el pabellón del jardín derecho. Aunque el nivel del poder de Moon decayó durante la temporada, terminó con un modesto total de 12 jonrones, por otro lado surgió como una amenaza a la ofensiva. Bateó .304, negoció 71 boletos, y registró un OPS de .806. Tales números le ayudaron a ganar el premio de Novato del Año de la Liga Nacional. Moon solo mejoraría en cada una de las tres temporadas siguientes. En 1957, empezó a resolver como batearle a los pitchers zurdos, subió su OPS hasta .875, y se ganó su primera selección al Juego de Estrellas. También alcanzó el tope de su carrera con 24 jonrones. Todo indicaba que Moon sería parte importante de los jardines de los Cardenales por muchos años. Entonces vino el descarrilamiento de 1958. En mayo, Moon chocó con Joe Cunningham (quien estaba jugando fuera de posición en el jardín izquierdo) mientras perseguían un elevado bateado por Orlando Cepeda. Moon sacó la peor parte, al salir con el codo lastimado. Perdió algun tiempo, y cuando regresó a la alineación, la lesión del codo le afectó su estilo de bateo. Moon terminó la temporada con números raquíticos: siete jonrones y .238 en promedio de bateo. La oficina principal de los Cardenales culpó a Moon y al toletero Del Ennis, quien estaba cerca del final de su carrera, por la mala temporada. Ese invierno, los Cardenales hicieron un cambio, enviaron a Moon a los Dodgers por el jardinero Gino Cimoli. El cambio afectó a Moon, a quien le gustaba mucho vivir en el area de San Luis con su esposa e hijos. También se sintió insultado de que los Cardenales hubiesen incluido otro pelotero en la transacción, lo que implicaba que ellos no lo consideraban de igual valor que Cimoli, Así como Moon se sentía rechazado, los Dodgers valoraban su nueva adquisición, lo elogiaban por el esfuerzo máximo con el que jugaba. Dejando de lado sus dificultades de 1958, los Dodgers convirtieron a Moon en su jardinero izquierdo regular en 1959. Moon tenía ahora que lidiar con el reto de jugar sus juegos como anfitrión en el Coliseo de Los Angeles, el hogar de los Dodgers desde su reciente mudanza desde Brooklyn. Con el callejón entre el jardín central y el derecho a 440 pies de distancia, Moon se preguntaba como podría batear jonrones en aquel parque. Siempre reflexivo como pelotero, Moon discutió la situación con Stan Musial, su antiguo compañero de equipo en San Luis. Musial sugirió que Moon alterara su estilo de bateo y tratara de empujar los pitcheos hacia el jardín izquierdo del Coliseo, el cual tenía una pantalla de 42 pies de altura, pero la distancia hasta el poste de foul era solo de 251 pies. Moon empezó a usar un swing de adentro hacia afuera nada convencional y comenzó a dirigir la pelota hacia el jardín izquierdo. El Sporting News se refería a él como “Wrong Way Wally” (“Camino Equivocado Wally”) debido a su inusual disposición para enviar la pelota hacia la banda opuesta. Algunos periodistas describían sus jonrones como “screenos” debido a la forma extraña como pasaban por encima de la enorme pantalla del jardín izquierdo. El término “screenos” nunca gano receptividad. Los jonrones de Moon por la banda opuesta pronto fueron conocidos como “moon shots” (“rayos de luna”). Moon recuerda a un legendario narrador como fuente del nuevo término beisbolero. “Nuestro narrador, Vin Scully, fue quien en realidad empezó eso”, recordó Moon en una entrevista con el Akron Beacon Journal. “Recuerdo que entonces todos estaban muy interesados en los lanzamientos espaciales (la carrera por conquistar el espacio), y cuando Scully empezó a llamar mis jonrones por la banda opuesta ‘moon shots’, eso pegó de verdad”. Los rayos de luna no eran batazos largos pero tenían suficiente altura. Por esa razón, Moon bateó 19 jonrones, 14 de ellos en el Coliseo. También coleccionó 11 triples para liderar la liga, bateó para -302, y terminó cuarto en la carrera por el premio del jugador más valioso. Adicionalmente, él ayudó a los Dodgers a ganar su primera Serie Mundial en Los Angeles. Pocos días después que los Dodgers ganaron el título en seis juegos ante los Medias Blancas, Moon coincidió con el Vice Presidente de Estados Unidos durante una escala en el aeropuerto de Dallas. Nixon, un gran aficionado del juego, entró al salón de celebridades del aeropuerto, felicitó a Moon por el campeonato mundial, y habló de beisbol con la estrella de los Dodgers por varios minutos. Moon siguió siendo productivo el siguiente par de temporadas, que fueron las últimas de los Dodgers en el Coliseo. Tuvo su mejor temporada en 1961, cuando bateó .328 y lideró la liga con un porcentaje de embasado de .434. El Coliseo ayudó a Moon, sin duda, pero él nunca se sintió completamente cómodo jugando en ese lugar. “El Coliseo fue bueno para mi”, le dijo Moon al periodista deportivo Melvin Durslag, “pero nunca me sentí normal ahí. Esto es comprensible, porque todo lo que hice en ese lugar fue anormal. Cambié mi estilo de bateo y mis hábitos de fildeo y nunca jugué de la manera como fui entrenado para jugar”. Moon hizo esos comentarios en marzo de 1962. Cuando la franquicia se mudó al nuevo estadio, amigable para los pitchers, Dodger Stadium en el transcurso de esa temporada, Moon tuvo dificultades. Al aparecer en 95 juegos, él solo bateó cuatro jonrones y bateó un magro .242. Moon jugó más en 1963, el año cuando salió esta barajita Topps, pero entonces tenía 33 años de edad y siguió teniendo dificultades en la caja de bateo. Jugaría dos temporadas más como jardinero de reserva, un papel que cumplió hasta la Serie Mundial de 1965. Los Dodgers ganaron esa serie ante los Mellizos en siete juegos, pero Moon solo tomó dos turnos al bate, lo cual lo llegó a la insatisfacción con su trabajo secundario. Despues de la serie, él pidió a los Dodgers que lo cambiaran. No encontraron quien estuviera interesado en él. Moon optó por retirarse. Aún después de su carrera como pelotero, Moon permaneció activo, dentro y fuera del juego. En 1969, el equipo de expansión, Padres de San Diego, lo empleó como parte del cuerpo técnico inaugural del manager Preston Gómez. Moon dejó el trabajo después de un año, para regresar a su antígua ocupación como director atlético en John Brown University. Lejos del beisbol, Moon también se involucró en la política. Como miembro del Arkansas Democratic Party, ayudó a realizar exitosas campañas por el senador John McClelland y el gobernador Dale Bumpers. Moon también sirvió en un comité de enmienda enfocado en repotenciar el gobierno del condado. Mediante varios intentos, Moon consiguió suficientes recursos económicos para hacerse propietario del equipo de ligas menores Dodgers de San Antonio, filial de Los Angeles en la Texas League. Él operó la franquicia por tres temporadas antes de vender el equipo. Claramente, la inteligencia de Moon y su pupila para los negocios le han reportado éxitos desde que se retiró como pelotero activo. Ahora que disfruta su retiro en Bryan, Texas, solo tiene que trabajar muy poco en su vestimenta y apariencia. Solo bromeaba, Wally. Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del Traductor: Wally Moon jugó con el Pastora en la temporada 1953-54 de LVBP. Estas fueron sus estadísticas: 70 J, 276 VB, 58 CA (marca de LVBP hasta que Antonio Armas la batió con 62 carreras anotadas en la temporada 1977-78), 89 H, 10 2H, 6 3H, 10 HR, 54 CI, 11 BR, .322 AVG.

lunes, 29 de agosto de 2016

Esquina de la Barajitas: La barajita Donruss 1987 de Mike Krukow.

Tom Schott. 1986. Mike Krukow tuvo su mejor temporada cuando los Gigantes de San Francisco más lo necesitaban. Era 1986, hace 30 años, y los Gigantes venían de su segunda temporada seguida de haber terminado últimos en la división oeste de la Liga Nacional y de la única temporada de 100 derrotas en la historia rica en tradición de la franquicia. El dueño Bob Lurie le había dado un “mandato de cambio” al nuevo gerente general Al Rosen y al nuevo manager de campo Roger Craig, lo cual llevó a que el roster fuese repotenciado por completo luego de la temporada de 1985. Krukow fue uno de los pocos peloteros que los Gigantes conservaron, un pitcher derecho quien estaba en su cuarta temporada con San Francisco. Durante el entrenamiento primaveral en Scottsdale, Ariz., el feroz competidor declaró que él quería ganar 20 juegos. Eso fue precisamente lo que hizo. Krukow obtuvo una marca de 20-9 con efectividad de 3.05, para ubicarse entre los líderes de la Liga Nacional en triunfos (segundo), efectividad (octavo), juegos completos (10-- cuarto), blanqueos (2-- empatado en el quinto), innings lanzados (245—sexto) y ponches (178—noveno). Terminó tercero en la votación del premio Cy Young, detrás de Mike Scott de los Astros de Houston y Fernando Valenzuela de los Dodgers de Los Angeles. A lo largo del trayecto, Krukow fue seleccionado para el equipo todos estrellas de la Liga Nacional. También fue incluido en una colección de barajitas de jugadores todos estrellas de Donruss, creada por Leaf, Inc. Y lanzada el año siguiente. Desde 1983 hasta 1989, Leaf produjo una variedad de colecciones de barajitas Donruss todos estrellas, adicionales a sus colecciones anuales. La colección de 1987 consistía de 60 barajitas (incluyendo la lista de revisión) de los todos estrellas de 1986, cada barajita media 3.5 por 5 pulgadas, más grande que las dimensiones tradicionales de 2.5 por 3.5 pulgadas. Krukow aparece en la barajita nro. 58, aunque su fotografía, marcada por su característico estilo de pitcheo, no es del juego de estrellas de 1986, el cual fue efectuado en el Astródomo de Houston. Krukow usa el uniforme gris de visitador de los Gigantes; las estrellas de la Liga Nacional usaron su indumentaria de home club porque en esa época los Astros eran miembros del viejo circuito. Otros aspectos de la barajita, sin embargo, resaltan el Juego de Estrellas. La parte frontal tiene el logotipo de la Liga Nacional. La parte trasera muestra las estadísticas de Krukow en el juego (en el cual él lanzó un inning en blanco) y el logotipo del clásico de mitad de verano, junto con información biográfica, puntos resaltantes de su carrera y el emblema de los Gigantes. Krukow, cuyo repertorio incluía una curva por encima del brazo que a menudo desarmaba a los bateadores y los congelaba en el plato, se convirtió en el primer ganador de 20 juegos de los Gigantes desde que el zurdo Ron Bryant tuvo marca de 24-12 en 1973. Krukow también se convirtió en el pitcher derecho más ganador de la franquicia en una temporada desde que el inquilino del Salón de la Fama, Gaylord Perry compiló marca de 23-13 en 1970. Krukow alcanzó la victoria número 20 el día final de la temporada, una decisión 11-2 sobre el acérrimo rival, Dodgers de Los Angeles en Dodger Stadium. Colaboró con su causa al empujar las dos primeras carreras de los Gigantes. Hubo otros dos puntos altos esa temporada: • Krukow alcanzó la centésima victoria de su carrera en una decisión de juego completo, 5-1 (y 12 ponches que igualaron su tope en un juego) contra los Dodgers en Candlestick Park el 15 de agosto. • Igualó la mejor actuación de su carrera con un blanqueo 1-0 de dos imparables ante los Expos de Montreal en Olympic Stadium el 7 de septiembre en ruta a ganar los honores de Jugador de la Semana y Pitcher del Mes en la Liga Nacional. Mientras tanto, los Gigantes terminaron con marca de 83-79, para producir la recuperación más grande de la historia de San Francisco en un año. Después de liderar o compartir el primer lugar de la división oeste por 47 dias, los sorprendentes Gigantes terminarían terceros, 13 juegos detrás de Houston. Un nativo de Long Beach, Calif., Krukow empezó su carrera con los Cachorros de Chicago. Lanzó para ellos desde 1976 hasta 1981 y para los Filis de Filadelfia en 1982 antes de ser cambiado a los Gigantes el 14 de diciembre de 1982. La negociación envió a Krukow, el pitcher zurdo Mike Davis, y el jardinero de ligas menores Charles Penigar a San Francisco a cambio del futuro inquilino del Salón de la Fama, el segunda base Joe Morgan y el pitcher zurdo Al Holland. Despues de su año de carrera en 1986, Krukow tuvo solo una marca de 5-6 con 4.80 de efectividad durante la temporada de 1987, pero fue el autor de un juego completo, la victoria 4-2 en el cuarto juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional contra los Cardenales de San Luis. Esparció nueve sencillos (cuatro de ellos consecutivos en el segundo episodio, cuando los Cardenales anotaron sus dos carreras) y un boleto, mientras ponchaba tres bateadores. Krukow siguió lanzando para los Gigantes hasta la temporada de 1989, cuando ganaron el banderín. En siete temporadas con San Francisco, Krukow compiló una marca de 66-56 con 3.84 de efectividad en 186 juegos. Sus estadísticas totales incluyen una marca de 124-117 con 3.90 de efectividad en 369 juegos. Conocido por su fuerte presencia en el clubhouse, Krukow fue ganador en años seguidos del premio “Willie Mac” de los Gigantes en 1985 y 1986. El galardón es entregado anualmente al pelotero quien ejemplifique mejor el espíritu y liderazgo desplegado por el inquilino del Salón de la Fama, Willie McCovey a través de su carrera. En 1999, Krukow fue seleccionado por los medios del area de la bahía como el pitcher abridor derecho del equipo de los Gigantes de los años ’80. En 2008, se convirtió en miembro inaugural del muro de la fama de los Gigantes, un tributo de la organización a sus peloteros más grandes. Con un carisma que lo hizo favorito de los aficionados, Krukow se mudó desde el montículo hacia la cabina de transmisión, donde ha servido como analista de los juegos de los Gigantes por televisión desde 1991 y por radio desde 1995. Él hace equipo con Duane Kuiper, el antiguo segunda base de los Gigantes, para formar uno de los duetos de transmisión más entretenidos, reconocido por su conocimiento beisbolero y sentido del humor. Ganador ocho veces del premio Emmy, Krukow fue nombrado comentarista deportivo de California del año 2015 por la National Sportscasters and Sportswriters Association. La hoja de anotación de Krukow del juego sin hits ni carreras de Tim Lincecum ante los Padres de San Diego en 2014, es parte de la colección del Museo y Salón de la Fama Nacional de Béisbol. En 2006, Krukow fue diagnosticado con miositis de inclusión corporal, una enfermedad degenerativa muscular. Aunque se trata de un mal que no amenaza la vida, si la altera. Krukow, quien no hizo pública su condición hasta 2014, usa soportes en ambas piernas y se apoya en un bastón para caminar y una patineta motorizada para desplazarse. El 20 de septiembre de 2015, Krukow se dirigió a la multitud de AT&T Park en San Francisco antes del juego contra los Diamondbacks de Arizona para solicitar consciencia y dinero para la Myositis Association. Krukow, de 64 años de edad, ha manejado su reto físico con el mismo carácter y espíritu que ha definido su carrera como pelotero y comentarista de radio y televisión. Tom Schott es historiador y coleccionista del beisbol. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 22 de agosto de 2016

Ellos estuvieron ahí: Jerry Reuss.

“Cuando estuve con los Cardenales y los Piratas, saliámos a cenar juntos regularmente. Pero en ese equipo de los Dodgers, algunas veces ellos se aparecían en el mismo restaurant por alguna razón, pero no se sentaban juntos y se ignoraban como si fuesen perfectos extraños. Eso era nuevo para mí”. Jerry Reuss fue pitcher de ligas mayores por 22 años, jugó para Cardenales de San Luis, Astros de Houston, Piratas de Pittsburgh, Dodgers de Los Angeles, Rojos de Cincinnati, Angelinos de California, Medias Blancas de Chicago, Cerveceros de Milwaukee y terminó de vuelta con los Piratas. Ganó 220 juegos, lanzó un sin hits ni carreras, participó en dos juegos de estrellas y lanzó en la Serie Mundial para los Dodgers. Desde su retiro como jugador activo en 1981, Reuss ha estado trabajando como comentarista para varias corporaciones televisivas incluyendo ESPN, recientemente escribió su autobiografía, Bring in the Right Hander. (Llamen al derecho). Como le fue contado a Ed Attanasio, para This Great Game. Sobre el momento cuando él se dio cuenta que podía jugar en las mayores: “Eso ocurrió varias veces definitivamente. No fue como que pensé que podía jugar a un nivel mayor, pero hubo varios momentos cuando pensé en el hecho de que podría tener algo aquí. Yo sabía que tenía alguna habilidad que posiblemente era mayor que la del pelotero promedio o aun mejor que el mejor de los tipos contra los que estaba jugando en cada nivel. Siempre me estaba comparando con c lo que fuese que ocurriera en el momento. Cuando llegué a la liga de novatos, eché un vistazo y estaba impresionado, porque había muchos buenos peloteros allí. Algunos de ellos tenían una curva tan buena o mejor que la mía y estaban los bateadores quienes podían golpear la pelota por encima de la cerca en la práctica de bateo. Me dije, ¡guao, estos tipos pueden jugar! Espero haber tomado la mejor decisión al firmar un contrato profesional en vez de ir a la universidad, pensé que esto podía ser duro. La vida en general eliminó a muchos de esos tipos de la competencia y me di cuanta de eso rápidamente. Muchos de ellos perdieron interés en el juego por varias razones; se lesionaban, sentían nostalgia. Algunos de ellos se daban cuenta de que esa no era la vida que querían y muchos de ellos no podían manejar el calendario de jugar todos los días, cualquier número de razones. No era que fueron dejados libres o desechados, se eliminaban ellos mismos y eso no tenía nada que ver con talento. Pero, yo permanecía allí y muchos de mis compañeros de equipo también. Yo pasé por Clase A y vi salir a muchos tipos, aunque ellos aún estaban en sus primeros o medianos veinte años de edad. En cada nivel, los peloteros se iban por muchas razones diferentes. En AA, la situación se tornó interesante, porque había una mezcla de antiguos grandeligas tratando de regresar, fajados con un grupo de jóvenes prospectos hambrientos como yo. Al estar ahí, los peloteros viejos le enseñaban a los prospectos como jugar, era una dinámica inusual, pero en mi caso funcionó bien. La parte más fácil del viaje es llegar a las mayores, pero lo más difícil es mantenerse allí. En las pequeñas ligas, yo soñaba con ser un grandeliga, pero esos eran simplemente los sueños de un niño de ocho años de edad. En la escuela secundaria, había momentos cuando dominaba y creía que el futuro era mío. Pero siempre me preguntaba, ¿Cómo lo haría contra peloteros de otro estado en una liga diferente? Nunca sabías donde estaba, así que tenías que seguir fajándote para probar quien eras y donde merecías estar en el juego. Yo jugué partes de 22 temporadas en el beisbol, y cada vez que me ponía ese uniforme, me decía cuan afortunado era de jugar en Grandes Ligas”. Sobre su primer juego: “El primer juego de MLB al cual asistí fue en el viejo Bush Stadium cuando yo tenía siete años. Miré alrededor y vi que eso era lo que quería hacer. En el carro de vuelta a casa le dije a todos que yo iba a ser un pelotero de Grandes Ligas. Mi hermano (emitió los primeros comentarios porque él era el mayor) se rió de mi y dijo, ‘Todos queremos ser grandeligas, pero ¿no sabes que la oportunidad tal vez sea de una en un millón?’ Hice una pausa y en un raro momento de claridad dije, ‘Tiene que haber alguien quien lo haga, ¿Por qué no habría de ser yo?’ En ese momento hice un compromiso conmigo y como resultado mi vida cambió, porque ahora tenía una dirección y sabía lo que quería hacer. Ahora yo podía escribir mi futuro”. Sobre ser cambiado por llevar bigote: “Algunas personas no lo creen, pero si, fui cambiado desde los Cardenales hacia los Astros debido a mi bigote y eso es un hecho. El dueño del equipo, Mr. Busch, dijo que no le gustaban los bigotes y quería que me lo afeitara. Busch era conocido por molestarse con los peloteros y luego se ponía de acuerdo con ellos, pero tenía esta cosa acerca de los bigotes y me parece que eso se convirtió en un asunto de honor. Las personas pensaban que eso pasaría, pero no fue así y el gerente general del equipo, Bing Devine fue forzado a cambiarme a los Astros. Yo estaba desolado por el cambio, debido a que crecí en San Luis y ese era mi equipo”. Sobre pitchear en el Astródomo de Houston: “Era un estadio grande de beisbol y la pelota no se movía mucho bajo ese domo, especialmente si era bateada entre el jardín izquierdo y el central o entre el jardín derecho y el central. Y siempre parecía oscuro en el Astródomo, por alguna razón. A medida que el tiempo pasó, la grama artificial se hizo incómoda. Sé porque construyeron estadios cerrados y fueron populares entonces, pero me gustan los estadios nuevos de hoy, porque lucen como estadios de beisbol”. Sobre ser el caballito de batalla de Houston en 1973: “Abrí 40 juegos, lo cual todavía es una marca para los Astros y pienso que nunca será superada. Nuestro manager, Leo Durocher decidió tener una rotación de cuatro lanzadores, así que yo lancé casi 300 innings esa temporada. No sé porque, tal vez eso se remontaba a sus días como manager de los Dodgers y Gigantes, cuando él tenía cuatro abridores bien dotados quienes podían darle de 200-250 innings cada año y yo era el único pitcher de ese grupo de los Astros que podía manejar ese tipo de carga. Empecé a sentir el cansancio hacia el final de la temporada, pero Leo aun me hacía lanzar la práctica de bateo entre mis apertura de todas formas, como lo hacían en los años ’40. Los coaches no estaban contentos con eso y llegó el momento cuando no me permitieron más práctica de bateo, para cuidar mi brazo. Entonces no había el conteo de 100 pitcheos, de hecho no recuerdo a nadie contando los pitcheos, aunque estoy seguro de que probablemente lo hacían”. Sobre Leo Durocher: “Los Astros se deshicieron de Harry Walker porque decían que no podía comunicarse con los peloteros. Pero entonces lo reemplazaron con leo, quien empeoró las cosas en el equipo. Durocher utilizaba a algunos peloteros de la manera equivocada y yo era uno de ellos. Él hacía cosas como jugar poker con los mismos 3,4 peloteros y jugaban por dinero, algunas veces mucho dinero. A esos peloteros les encantaba jugar cartas, pero no eran rivales para Leo, no eran tan buenos como él. Él les quitaba el dinero y yo pensaba, guao eso no es justo. Eso no cuadraba conmigo”. Sobre ser cambiado a los Dodgers: “Yo estaba feliz en Pittsburgh, pero cuando me dijeron que los Dodgers me querían, lo pensé por alrededor de un minuto antes de decidir. El sur de California tiene un gran clima todo el año; ellos juegan en grama natural; los Dodgers son ganadores perennes, ¡Me gusta todo de ellos! Cada vez que iba a un equipo nuevo me pagaban un poco más, pero desarraigarme y mudarme cada vez no era divertido. Te sientes conectado a una ciudad y un equipo cuando has estado ahí por cualquier espacio de tiempo, asi que ser cambiado funcionó bien para mi en términos financieros, pero fue duro en cada ocasión por las razones que mencioné”. Sobre Tommy Lasorda y la atmósfera de equipo en Los Angeles: “Tommy bromeaba con todos los peloteros y retozaba en el dugout, ese era su estilo y funcionaba para él. Era cordial, pero el equipo no. Cuando yo estuve con los Cardenales y los Piratas, salíamos a cenar juntos con regularidad. Pero en ese equipo de los Dodgers, algunas veces ellos se aparecían en el mismo restaurant por alguna razón, pero no se sentaban juntos y se ignoraban como si fuesen perfectos extraños. Eso era nuevo para mí , pero debió haber funcionado porque esos equipos de los Dodgers fueron todos ganadores y muy profesionales en el terreno”. Sobre sus fotografías de los estadios: “Siempre tuve interés en la fotografía. De hecho, cada vez que aparecía un fotógrafo de Topps durante el entrenamiento primaveral o si veía uno durante la temporada, siempre trataba de conversar con él y le preguntaba acerca de la cámara, como enfocar la toma, cuales fotos podían ser más comerciales, las más interesantes y como acercarse a la persona o el objeto que estás fotografiando. Nunca hice nada con eso, hasta un día entre las temporadas de 1988 y 1989 cuando me percaté que mi carrera en el beisbol estaba por terminar. De hecho, no sabía si iba a jugar en el ’89. Pensé que eso podía haber sido todo. Sabía que tenía una tonelada de memorias, pero no tenía nada a mano para recordar algunos de los lugares que había visitado. Noté que no podía hacer nada acerca de todo lo que había ocurrido, pero podía hacer algo en ese momento. Así que decidí que si iba a jugar ese año, iba a llevar una cámara conmigo. Empecé a llegar muy temprano para tomar fotos de esos estadios, porque la historia me decía que ellos no iban a estar ahí por siempre. Así que, por eso es que la mayoría de mis fotos son de 1988. También tomé algunas en 1989, principalmente de los estadios que no fotografié el año anterior. Durante el breve período que estuve en las mayores en 1990, tomé aún más. Me di cuenta de que tenía acceso a partes de esos estadios por el solo hecho de usar un uniforme. Una vez que seguridad me veía uniformado, me dejaban ir donde yo quisiera. Me dejaban mover la jaula de bateo para conseguir mejores tomas y asentían a peticiones como esa. Llegué desarrollar relaciones a través de las fotos, con personas interesadas en determinados lugares de esos estadios. Me gustan algunas de las fotos que tomé durante ese tiempo, pero no estoy loco por todas ellas. Mejoraba mis técnicas constantemente y trataba de lograr mejores y mejores fotos. Estoy orgulloso de algunas de ellas, incluyendo las que tome de Exhibition Stadium en Toronto. Por alguna razón, esas se han hecho populares en línea y ganaron mucha atención. A través de los años, he recibido unos cuantos correos electrónicos de personas agradeciéndome por tomar esas fotos, lo cual es muy satisfactorio. Las personas comparten sus historias conmigo, acerca de cómo sus padres los llevaron a tal o cual estadio y es divertido leerlos. Eso sigue y sigue. Mirando en retrospectiva, me doy cuenta de que este proyecto fue un éxito monumental y ahora sé que eso será parte de mi legado. Todo lo que las personas deben hacer es conectarse en la red y mirarlas y perderse por un par de horas, lo cual es grandioso. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

El inicio de la sorprendente trilogía del beisbol juvenil sucrense, cumple cincuenta años.

El out veintisiete de aquel juego decisivo de agosto de 1970 en el Décimo Tercer Campeonato Nacional de Beisbol Juvenil me hizo encajar la barbilla en el esternón hasta que Felipe me templó de la mano y Jesús Mario intentó darme dos palmadas en los hombros mientras bajábamos de las gradas del jardín derecho de estadio municipal de Cumaná. El ardor de aquellas dos de la tarde apenas llegaba a fogaje respecto al drama que se vivía sobre el terreno. La novena de Anzoátegui celebraba su campeonato mientras el equipo de Sucre enjugaba lágrimas de vergüenza en el dugout, el pitcher Freddy Mata era el más afectado, apenas si podía enhebrar dos palabras. Ahora entendía mejor la conversación del tío Carlos cuando entré con papá a la casa de mis abuelos esa tarde de principios de agosto de 1970, en ese momento empecé a olvidar mis lamentos por la decisión de mamá de enviarme a Cumaná para evitar que pasara todo el día jugando pelota en el solar de enfrente de la casa de Cumanacoa. Carlos conversaba con abuelo de un equipo que había ganado tres campeonatos nacionales juveniles seguidos, y que ahora estaba en el tremendo compromiso de mantener ese nivel ante su gente, sobre todo por lo exigente que eran los aficionados sucrenses al beisbol. Me quedé petrificado bajo la sombra de las matas de cambur de los jardines centrales de la casa. Carlos recitaba de memoria la configuración del equipo juvenil de Sucre que había comenzado todo en el Noveno Campeonato Nacional de Beisbol Juvenil en Barquisimeto durante agosto de 1966: Arthur García cátcher, Armando Toledo 1b, Hernán Trujillo 2b, Alvin Millán 3b, Pedro Millán ss, Nelson Cañas, rf, Carlos Rodríguez, cf, Angel García lf. Me pareció tan exagerado el logro del cual hablaba Carlos que siempre me pareció y me seguía pareciendo fantasioso hasta hace poco, cuando decidí ir a una hemeroteca para comprobar si lo que había dicho Carlos era cierto o rayaba en la visión parcializada de un seguidor sucrense. La primera reseña que hallé en el libraco del diario La República fue la del 14 de agosto de 1966. Sucre 6 – Miranda 0. Armando Bastardo diseminó 10 imparables, mientras el equipo sucrense mezclaba ocho inatrapables con cinco errores mirandinos para convertir en perdedor al pitcher Julio Torres. La búsqueda continuó con el juego del 16 de agosto, cuando Sucre se impuso a Aragua 7-5. Jesús Benítez se apunto el triunfo, apoyado por fuerte ofensiva de Pedro Millán y Ángel García. Gustavo Barragán cargó con el revés. Mis manos empezaron a resecarse sobre el papel amarillento del libraco. El 17 de agosto, Distrito Federal derrotó a Sucre 10-3. Germán Vielman fue el pitcher ganador y Julio Marval el derrotado. En ese momento, llegué a dudar de toda la emoción y los detalles con que Carlos ilustraba aquella conversación de inicios de agosto de 1970. Pero el próximo resultado paralizó mis dudas. El 19 de agosto Sucre vencía a Monagas 3-2 con buen trabajo monticular de Humberto Díaz ante el esfuerzo de su rival Francisco Ortíz. Sucre perdió ante Zulia 8-1 con Hurixel Gonzalez imponiéndose a Armando Bastardo. Después, el 20 de agosto, el favorito Falcón también venció a los sucrenses 4-3. Eliecer Buena abrió por los occidentales y Orlando Reyes lo relevó para llevarse la victoria. El pitcher derrotado resultó Jesús Benítez. En ese momento volvía a dudar de las palabras de Carlos aquel mediodía de agosto de 1970 22 de agosto de 1966, Sucre 2, Distrito Federal 1. Con ese resultado el equipo clasificaba al playoff. Humberto Díaz supo fajarse con la fuerte toletería distrital para vencer a su colega Alejandro González. 23 de agosto en el inicio del playoff; Zulia 1, Sucre 0. En la apertura del octavo inning con el juego empatado 0-0 y 2 outs, Pedro Millán negoció boleto, Carlos Rodriguez disparó imparable y Arthur García tocó la pelota entre pitcher y tercera base, el pitcher zurdo Luis Contreras tomo la esférica y su tiro a tercera base pareció retrasado pero el auxiliar José Mendez decretó el out y se armó el lío. Ramón Rivas, el manager de Sucre, protestó airadamente y fue expulsado. Acto seguido los peloteros de Sucre salieron del dugout para reclamarle al árbitro. El comité organizador y la policía intervinieron para restablecer la calma. En el cierre del octavo los zulianos marcaron una carrera. Contreras fue el pitcher ganador. Julio Marval volvía a saborear la derrota. 24 de agosto de 1966. Sucre 6, Bolivar 1. Alejandro García se apuntó la victoria con relevo de Armando Bastardo. Omar Martínez salió derrotado con relevos de César Martínez y Jesús Contreras. Por Sucre Carlos Rodríguez (5-3) y Nelson Cañas (3-2) fueron los más destacados con el madero. 25 de agosto: Sucre 4, Falcón 1. Humberto Díaz cubrió la distancia para acreditarse el triunfo en labor de 4 imparables. Carlos Rodríguez fue la figura defensiva del juego al ejecutar varias joyas de fildeo ante batazos peligrosos. Pedro Arévalo salió derrotado con relevos de Freddy Guanpa y Carlos Vegas. Hernán Trujillo (4-2) y Alvin Millan (4-2), comandaron la ofensiva sucrense. 26 de agosto: Sucre 7, Anzoategui 6. Armando Bastardo se apuntó el triunfo con relevo de Jesús Benítez. Nelson Núñez cargó con el revés, Dalmiro Perdomo lo relevó. Carlos Rodríguez (3-2) 27 de agosto de 1966: Sucre 4, Lara 0. Con esa victoria la novena sucrense lograba su primer campeonato nacional de beisbol juvenil. Humberto Díaz se apuntó su cuarta victoria del campeonato. Juan Flores salió derrotado con relevos de Gaudy Crespo, Pablo Torrealba, Elías Durán y William Romero. Podía recordar con todos sus detalles la emoción de Carlos en aquel diálogo bajo las matas de cambur. Abuelo intentó decirle que tenía que salir a hacer un viaje de mudanzas, pero Carlos casi lo amarra a uno de los pilares del pasillo porque si aquel campeonato de Barquisimeto había resultado sorpresivo, había que ver lo que pasó en Barcelona entre agosto y septiembre de 1967. El Décimo Campeonato Nacional de Beisbol Juvenil, empezó el 19 de agosto de 1967 con una victoria de Sucre sobre Nueva Esparta, 7-1. Armando Bastardo se apuntó la victoria en trabajo completo de 5 imparables permitidos y 11 ponches. 20 de agosto de 1967: Sucre 3, Trujillo 2. Jesús Caballero se apuntó el triunfo con relevo de Henry Mendoza. 21 de agosto de 1967: Monagas 2, Sucre 0. Ennio González logró la victoria. Rafael Velásquez cargó con la derrota. 22 de agosto de 1967: Sucre 20, Mérida 0. G. Rodriguez fue el pitcher ganador. 23 de agosto de 1967: Sucre 4, Guárico 3. Rafael Velásquez fue el pitcher ganador. José Luis Meneses cargó con la derrota. Alvin Millán largó jonrón de dos carreras. 26 de agosto de 1967 (playoff final): Sucre 11, Monagas 2. Armando Bastardo se llevó la victoria en trabajo completo de 6 imparables. F. Vallenilla fue el lanzador derrotado. 27 de agosto de 1967: Sucre 4, Bolivar 1. Rafael Velásquez lanzó las nueve entradas bateó de 4-2 con dos carreras empujadas. Hirómides Marchán cargó con el revés, lo relevó Manuel Olivares. 29 de agosto de 1967: Zulia 3, Sucre 1. Luis Contreras se apuntó el triunfo. Armando Bastardo salió derrotado. 30 de agosto de 1967: Sucre 3, Falcón 1. Rafael Velásquez pitcher ganador. Jorge Piña salió derrotado. La delegación de Sucre amenazó con retirarse del torneo debido a la posposición del juego ante Anzoátegui, incluso llegaron a regresar a Cumaná, donde las autoridades de la gobernación convencieron a los dirigentes de que debían regresar a Barcelona para defender el título nacional sobre el terreno de juego. 31 de agosto de 1967: Sucre 4, Anzoategui 0. Armando Bastardo lanzó el blanqueo. Nelson Núñez cargó con la derrota. 01 de septiembre de 1967: Sucre 4, Anzoategui 2. Armando Bastardo en gran demostración de coraje y pundonor volvió a ser el pitcher ganador, esta vez en funciones de relevista. Nelson Vásquez resultó derrotado. Sucre lograba su segundo campeonato nacional de beisbol juvenil. La emoción de Carlos me hizo empezar a valorar con más intensidad el beisbol, se refería a aquel equipo, a aquellos peloteros con un orgullo y una devoción por la mística, la entrega y el empeño que ponían en cada juego. Y aunque abuelo seguía insistiendo en que tenía pendiente una mudanza, Carlos lo aguantó por el brazo, tenía que recordar lo que hizo ese equipo en el Undécimo Campeonato de Beisbol Juvenil escenificado en San Felipe. 09 de agosto de 1968: Sucre 2, Distrito Federal 0. Rafael Velásquez se apuntó la victoria, recetó 13 ponches, bateó un doble y anotó una carrera. Alfonso Collazo salió derrotado. Nelson Cañas bateó de 2-1 con carrera empujada. Carlos recordó que había muchas caras nuevas en el equipo de 1968: Quírico Prosperi era el campocorto, Ñañez estaba en segunda base, J. Silva en el jardín izquierdo, Enrique Frontado en tercera base, Miguel Figueroa era el cátcher, G. Rivas era el jardinero central. 11 de agosto de 1968: Sucre 8, Miranda 2. Armando Bastardo se llevó la victoria. José Ceballos resultó perdedor. Nelson Cañas bateó de 3-2. 12 de agosto de 1968: Sucre 3, Bolívar 0. Rafael Velásquez se apuntó el triunfo. Ramón Gómez cargó con el revés. Enrique Frontado bateó de 4-3 y empujó las tres carreras sucrenses. 13 de agosto de 1968: Guárico 5, Sucre 4. José Rondón fue el pitcher ganador. Ambrosio González salió derrotado. 14 de agosto de 1968: Sucre 4, Carabobo 2. Rafael Velasquez se apuntó el triunfo en labor completa, 8 ponches. Diego Bolívar salió derrotado. Quírico Prosperi y Miguel Figueroa batearon de 4-3. 16 de agosto de 1968: Sucre 4, Zulia 3. Armando Bastardo pitcher ganador. Nidio Sirit cargó con el revés. 17 de agosto de 1968: Sucre 4, Trujillo 4. 18 de agosto de 1968: Distrito Federal 2, Sucre 1. Alfonso Collazo se llevó la victoria. Rafael Velásquez salió derrotado. 19 de agosto de 1968: Sucre 6, Monagas 2. Armando Bastardo se apuntó el triunfo. Ennio Mata cargó con el revés. 20 de agosto de 1968: Sucre 3, Yaracuy 0. Rafael Velásquez pitcher ganador, implantó marca para la categoría de 20 ponches, solo permitió 2 imparables. Nelson Conde salió derrotado. 24 de agosto de 1968: Sucre 0, Zulia 0. 17 innings. Sucre y Zulia abandonaron el campeonato luego de quedar igualados con DF al completarse el playoff final, alegaron fallas organizativas. En reuniones de las autoridades del beisbol, se acordó con los delegados de los equipos realizar la serie decisiva entre Zulia, DF y Sucre a mediados de septiembre en Caracas. 14 de septiembre de 1969: DF 1, Sucre 0. 11 innings. Pitcher ganador: Alfonso Collazo con relevo de Victor Patiño. Pitcher Perdedor: Rafael Velásquez con relevo de Armando Bastardo. 15 de septiembre de 1968: Sucre 4, Zulia 1. Armando Bastardo se apuntó la victoria. Luis Soto salió derrotado con relevos de Nidio Sirit y Quintero. 16 de septiembre de 1968: Sucre 3, DF 0. Campeones. Rafael Velásquez pitcher ganador. Victor Patiño cargó con el revés. Ahora veo con más nitidez aquella noche de agosto de 1970 cuando entramos al estadio de Cumaná con el tío Carlos. Sucre jugaba ante Cojedes. Era otra generación de peloteros. A la distancia recuerdo al jardinero central César Campos, nativo de Cumanacoa, asiduo jugador de las caimaneras del solar de asfalto frente al hospital donde lo llamaban “El Charro”. Al tercera base Justo Arias. Del segunda base solo recuerdo su apellido: Millán. Me quedé paralizado viendo el verde esmeralda del cuadro interior y los jardines del diamante, hasta que Carlos me templó por el brazo izquierdo. “¿Qué te pasa Alfonsito? ¿Nunca habías visto un campo de beisbol?” Pues no, uno formal, de estadio, de juegos de campeonato, esa era la primera vez que lo veía y esa imagen quedó grabada a cincel en mis retinas junto con la pizarra eléctrica, primitiva, pequeña, para mí inmensa y sofisticada con sus leyendas de “Visitor”, “Home Club”, “Ball” “Strike”, Out”. Alumbradas con hileras de bombillos. También reconocía el nivel de juego y la entrega del equipo sucrense de 1970, quizás no estaba al nivel de la famosa trilogía, pero lo dejaron todo sobre el campo a su manera, fueron capaces de vencer a Anzoategui en una ronda previa y en el juego final montaron una amenaza de tres hombres en base sin outs en el séptimo inning, solo que el pitcher Jaime Millán terminó imponiendo su ley. Aquella noche de la victoria inaugural versus Cojedes, el tío Carlos dijo que no se conformaría con otra cosa distinta a que Sucre llegara al último juego con oportunidad de ganar el campeonato. Al entrar a la casa de mis abuelos aquella tarde dominical, Carlos era el que más lamentaba la derrota y eso me sorprendió porque a pesar de toda la emoción mostrada en aquella conversación con abuelo bajo las matas de cambur, el había reconocido que si Anzoategui en 1967 o DF Federal en 1968 hubiese ganado el campeonato, él lo habría aceptado y justificado. Este agosto de 1970 se había encariñado con algo que había visto en la química, en la entrega de aquel equipo sobre el terreno en aquel juego ante Cojedes, que no terminaba de comprender porque se había quedado a un paso del cuarto campeonato en cinco años. Alfonso L. Tusa C. 21 de agosto de 2016. © Apostillas: Rafael Velásquez saltó al profesional con los Llaneros de Acarigua y jugó en la temporada 1968-69. Luego tendría dos apariciones fugaces con los Tigres de Aragua en las campañas 1971-72 y 1972-73 Armando Bastardo lanzó un juego perfecto el 23 de septiembre de 1971 lanzando para el MOP Zona 10 ante Urbanos en el playoff del campeonato distrital AA. Marcador: MOP Zona 10 5, Urbanos 0. Apenas el segundo juego de esas características en la memoria de la máxima categoría amateur venezolana. El primero pertenecía a Gustavo “Mocho” García quién había lanzado perfecto el 19 de abril de 1952 en el desaparecido estadio San Agustín, para llevar a Locomotora La Guaira a un triunfo 5-0 sobre Intendencia Naval. En los jardines del equipo antoatiguense de 1970 jugaba un tal Antonio Armas, y en el cuerpo de lanzadores aparecía un tal Alexis Ramírez quienes posteriormente firmarían para jugar en el profesional con Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes respectivamente.

lunes, 15 de agosto de 2016

¿El próximo Derek Jeter?Los Yanquis de pronto están llenos de posibilidades

Billy Witz. The New York Times. 30-07-2016. Viera, Fla.—Para cortar el trabajo duro de la práctica de bateo en otra tarde calurosa, el equipo afiliado de los Yanquis de Clase A avanzada en Tampa, Fla., se convierte en competencia la última ronda. Por cada swing que hace el bateador, el campo esta lleno de jugadores de posición imaginarios quienes se parecen al coach de bateo Tom Slater, lo cual es otra forma de decir que ellos no cubren mucho terreno. Las bases están llenas con corredores imaginarios quienes se parecen a Jorge Mateo, el prospecto de shortstop del equipo, quien corre las bases como si tuviese alas. Queda entonces a criterio del manager de los Yanquis de Tampa, Patrick Osborn y Slater, recostados de la jaula de bateo, determinar cuantos corredores anotan con cada imparable. Se lleva el total de carreras, y quien termine con más carreras gana. Pero si un pelotero batea un elevado o un foul, su total se revierte a cero. El prospecto más nuevo y celebrado de los Yanquis, Gleyber Torres, entró a jugar rápidamente el jueves. Torres, un campocorto de 19 años de edad de Venezuela, es la joya entre los cuatro peloteros que los Yanquis adquirieron este lunes de los Cachorros de Chicago por el cerrador Aroldis Chapman. La primera pelota que Torres bateó, una línea trepidante, aterrizó cerca de la zona de seguridad del jardín izquierdo: un tres. La pelota siguiente la dirigió hacia el jardín derecho, de un bote contra la pared: otro tres. El tercer pitcheo lo envió sobre la pared del jardín central, a 404 pies de distancia: un cuatro. Torres, con 10, estaba listo para saltar al campo. Entonces vino el próximo envío: Torres bateó un elevado altísimo que aterrizó en foul por el lado del jardín derecho. Antes que cayera la pelota, hubo gritos y exclamaciones de sus compañeros de equipo. Torres estaba de vuelta en cero. Mientras seguía parado en el plato, Torres bajó la cabeza, aunque se permitió una ligera sonrisa. “Es bueno competir, así sea en la práctica de bateo”, dijo Torres en español, a través de un traductor. “Me gusta la competencia”. Si a Torres le gusta la competencia, está próximo a tener mucho de ella. El otro campocorto de Tampa es Mateo, quien era visto como el principal prospecto del sistema de los Yanquis antes que llegara Torres. El campocorto puede ser la posición de más profundidad en la organización, con cuatro campocortos entre los 12 prospectos más importantes, de acuerdo a MLB.com, y muchos otros dispersos entre los primeros 30. Entonces está la insurgencia de Didi Gregorius con los Yanquis, quien a los 26 años ha florecido como una de los mejores paracortos jóvenes del beisbol. Para una franquicia que por años buscó infructuosamente desarrollar el sustituto de Derek Jeter, ahora parece repleta de prospectos. “Pasamos mucho tiempo, mientras Derek Jeter fue nuestro campocorto, buscando al tipo que tomaría su testigo”, dijo Gary Denbo, el vicepresidente de desarrollo de jugadores del equipo matriz. “Es muy difícil encontrar tipos que puedan jugar campocorto y permanecer en el campocorto. Tenemos una buena línea de peloteros emergiendo en todos los niveles. Este exceso de buenos prospectos llega en buena época para los Yanquis, quienes podrían usar algunos de los campocortos en un paquete de cambio antes la fecha límite de cambios fuera de waiver, de este lunes 1 de agosto, o en el invierno. De otra manera, algunos de esos campocortos pueden convertirse en segunda base, tercera base o jardinero. “Es bueno jugar esa posición”, dijo Osborn. “Tienes muchas opciones en una posición muy deseable”. El que está más adelantado es Tyler Wade, 21, el campocorto carismático y atlético del Trenton AA quien hace buen uso de sus dones. En Charleston, el equipo de Clase A baja, están dos peloteros intrigantes: Kyle Holder, 22, la escogencia 30 del draft del año pasado, cuya defensa ya es de liga mayor pero su bate es una gran pregunta; y Hoy Jun Park, 20, cuya pequeña contextura puede ser una preocupación, pero cuyo bate, fortaleza de brazo, velocidad y energía pueden decidir un juego. Wilkerman García, 18, fue firmado hace dos años por 1.35 millones de dólares como agente libre internacional y está en Pulaski, un equipo de liga de novatos. Diego Castillo, 18, es el campocorto de un equipo de liga de novato de menor clasificación en la Gulf Coast League. Pero los dos campocortos que más atrapan las miradas se turnan para tomar roletazos al final del calor de la tarde de ese jueves. Denbo dijo que los Yanquis se tomarían el próximo mes para evaluar a Torres, mientras se aclimata a sus nuevos compañeros de equipo, nuevos coaches y nueva organización. Mientras tanto, Torres jugará campocorto cinco días a la semana y bateador designado un día y tendrá u día de descanso. Mateo jugará campocorto dos días a la semana y segunda base cuatro días a la semana con un día libre. “Wade, Park y Holder también han pasado 25 por ciento de su tiempo en segunda base, para mejorar su versatilidad y prepararlos para jugar del otro lado de la base en los ajustes defensivos que prevalecen en las ligas mayores). Mientras Mateo dijo que no tenía problema con moverse a segunda base, su actitud le ganó una suspensión de dos semanas este mes. Por consejo del jardinero derecho de los Yanquis, Carlos Beltrán, Mateo llamó por teléfono a Denbo para disculparse. “He visto a muchos peloteros con talento que han desperdiciado sus carreras por no actuar de la manera correcta”, dijo Beltrán, quién conoció a Mateo cuando estuvo en el campamento de Grandes Ligas esta primavera y se ha mantenido en contacto con él via mensajes de texto. “Le dije, ‘No quieres que te etiqueten por eso”, dijo Beltrán. “Quieres que te etiqueten por las cosas buenas: jugar duro el juego, ser un buen compañero y hacer bien las cosas. No malbarates esta oportunidad’”. El talento de Mateo es difícil de ignorar. Está entre los peloteros más rápidos de todos los niveles del beisbol, lo cual no solo lo muestra en las bases sino que le permite cubrir grandes extensiones de terreno. La noche del jueves, bateó un roletazo por el medio del campo y se deslizó en segunda con un doble. “Jorge es un atleta muy especial que no ves en un terreno de beisbol muy a menudo”, dijo Osborn. “Esos tipos son típicos jugadores de futbol americano. Si los pones en un terreno de beisbol destacarán como lo hace Jorge”. Aún así, el juego de Mateo tiene mucho que pulir. Es segundo en el equipo con 82 ponches, y batea alrededor de un tercio más elevados que roletazos. Torres, quién es un poco más pequeño y más relleno que Mateo, tiene dones más sutiles. Los roletazos entran con facilidad en su guante y su swing de latigazo no luce violento. En sus primeras veces al bate del jueves, Torres bateó los primeros pitcheos que vio por el medio para sencillos, uno de ellos rozó al pitcher en ruta al jardín central. En su próximo turno al bate, negoció un boleto en cuenta completa. Al campo, Torres tomó un roletazo de revés y lanzó a través de su cuerpo para hacer el out. Hubo dos pelotas, una a cada lado, que lo eludieron pero quizás no habían escapado del guante de un campocorto de ligas mayores. “Estos muchachos son peloteros tipo todos estrellas, pero de ninguna manera son productos acabados”, dijo Osborn. “Por eso es que están aquí. Por eso están en Clase A avanzada”. Viendo a Torres y Mateo tomar roletazos como combinación de dobleplays antes del juego, no era difícil imaginarlos jugando juntos en Yankee Stadium algun día, aun si sus posiciones fuesen revertidas. Pero ese día podría estar a algunos años de este momento y podrían pasar muchas cosas. Al haber sido un prospecto de primera línea en otra organización, Torres parecía entender eso. “Me enfoco mucho en hacer mi juego”, dijo él. “No dejo que nada de eso me afecte. Me enfocaré en lo que puedo hacer y el futuro dirá quien lo hace y quien no”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Más que 3000.

Derek Jeter. Editor Fundador. The Players’ Tribune. 03-08-2016. Vean a Ichiro en el circulo de prevenido al bate. El tipo nunca deja de moverse. Vayan y vean algún video de eso. Él toma varios swings de calentamiento, entonces de repente empieza a agacharse, con las rodillas dobladas, moviéndose de lado a lado. Se levanta para hacer un par más de swings, y entonces volverá a agacharse en una posición más amplia, haciendo esos movimientos locos donde enrolla los hombros adelante y atrás. La rutina completa es como un largo paso de baile. Ichiro siempre se está estirando. Antes de los juegos, después de los juegos, los días libres, en el círculo de prevenidos al bate, cuando está embasado. Todo el tiempo. Si llegaras temprano al estadio para un juego diurno, siempre encontrarás a Ichiro en el clubhouse, estirado en la alfombra en algún tipo de pose. Recuerdo a Ichiro aún antes de conocerlo. Él era un novato y los Marineros visitaban Nueva York a principios de la temporada de 2001. No recuerdo cuantos rumores había alrededor de él- Todo lo que oía era que él era un jugador de posición de Japón, lo cual era algo muy raro para ese momento. En mi carrera hubo un puñado de grandes jugadores japoneses, pero la mayoría eran pitchers, no jugadores de posición. Y la mayoría no eran novatos de 27 años de edad. Ichiro bateó un rodado de rutina al campocorto. No tuve que moverme ni un pasoa mi derecha. Para el momento que me di cuenta, él casi estaba en primera base. Casi venció mi tiro. Recuerdo haber pensado. ¡Guao! ¿Quién es este tipo? Puede volar. Yo estaba de verdad sorprendido. La primera vez que hablé con Ichi fue esa temporada, en segunda base, Ichiro terminaba en segunda base muy a menudo. Las primeras veces que conversamos él era cordial pero no hablaba mucho. Su inglés aún estaba ausente. Cerca de un año después, recuerdo que él bateó un doble y se deslizó en segunda. Le di una sonrisa. Mientras se sacudía el polvo, me agarró fuera de guardia al responderme con algunas palabras. “What’s going on, my main man?” (“¿Como va todo, mi hombre principal?”) Main man? Todo lo que pude hacer fue reir. ¿Donde estaba aprendiendo esas cosas este tipo? A medida que pasaron los años, vi a Ichiro en segunda base más y más. Él siempre había sido amigable, pero mientras su inglés mejoraba, nuestras conversaciones eran un poco más largas. Pronto estábamos intercambiando una o dos oraciones completas entre pitcheos. Siempre me hacía reir con varias frases que tomaba de sus compañeros de equipo. Me dijo que estaba aprendiendo mucho con Mike Cameron. Mike le había enseñado cosas como, “¿Que tal esta mi hermano de otra madre?” Yo podía decir que Ichi se estaba adaptando bien en un país nuevo. Seattle era un lugar receptivo para él, y pienso que esos equipos de los Marineros eran muy buenos en parte debido a su química. No me sorprende que el inglés de Ichiro haya mejorado tanto tan rápido. Su enfoqu para aprender el lenguaje era el mismo que su enfoque en el juego de beisbol: Trabajo y más trabajo. En este momento las personas están prestando mucha atención a Ichiro al aproximarse a su imparable 3000. Él se unirá a uno de los clubs más exclusivos del beisbol. Es un logro increíble. Cuando se agregan sus 1.278 imparables de Japón, donde él jugó hasta que tenía 26 años, su carrera será reconocida como una de las mejores de esta o cualquier generación. Pero por un momento, miremos más allá de la marca de los 3000 imparables. La mayoría de las personas no se enfoca en lo grande que Ichi es como pelotero en todos los terrenos. Tiene todas las herramientas. Su corrido de bases, su velocidad, era como la de ninguno en el beisbol. Este es un tipo quien ha usado la velocidad como su arma principal por 25 temporadas como profesional. El brazo de Ichiro es increíble. Su bateo es obviamente grande, pero por momentos su defensiva ha sido subestimada. Sabes a que me refiero si lo has visto hacer out a alguien desde el jardín derecho. Tal vez todo ese estiramiento influía en eso. En el plato, su coordinación mano-ojo y su habilidad para mover el bate son tan puras como pueden ser. He oído a algunas personas referirse a él como un bateador de contacto, y eso es verdad hasta cierto punto. Como bateador tu trabajo es embasarte, e Ichi se embasaba más que casi todos. Pero pienso que llamarlo bateador de contacto es privarlo de lo que lo hace tan especial. La mayoría de nosotros solo lo ha vistobatear sencillos y dobles. Pero él tenía una habilidad para mostrar cierto poder que no siempre era aparente. Durante el juego de las estrellas de Seattle en 2001, yo estaba con algunos peloteros de los Marineros cuando ellos empezaron a conversar de porque Ichiro debería inscribirse en el derby de jonrones. Pensé que estaban bromeando. “Él ganaría si se inscribiera”, dijo alguien. Poco después, supe lo que quería decir el tipo. Todos vieron como Ichi dio su clínica personal de jonrones. Más que todo, he admirado a Ichiro porque es un modelo de consistencia. En mi mente, la característica más subestimada de cualquiera es la consistencia. Es algo a lo que no se le presta atención hasta que desaparece. Pienso que el beisbol siempre fue más que un juego para él. Nació para hacer eso. Y lo más impresionante de todo, el tipo tiene 42 años de edad y no lo recuerdo en la lista de incapacitados. Se ha cuidado mucho. Parece enfocarse en el beisbol como una artesanía que no puede ser perfeccionada. Pienso que él no tiene concepto de tiempo libre mientras juega. Es su trabajo de vida. Eso empieza con trabajar duro todo el tiempo, aún cuando nadie mira. Durante el receso del juego de estrellas de 2013, recuerdo oir que Ichiro fue a Yankee Stadium para ejercitarse, solo para encontrar que había preparativos para un concierto esa noche. Así que se fue a Central Park a jugar a lanzar la pelota. Pasando a octubre de 2014, pocos días después que me retiré. Yo había regresado a Yankee Stadium para llevarme mis cosas del casillero. Algunos empleados estaban ahí pero el estadio estaba tranquilo. No habíamos clasificado a los playoffs. A la mayoría de los muchachos les gusta tomar una pequeña vacación para relajarse hasta diciembre o enero. Mientras desocupaba mi casillero, vi a Ichiro caminar hacia la jaula para batear. Recuerdo pensar, Espero que por lo menos se tome un par de días libres. Para ese momento, Ichiro hablaba un inglés más fluido. Todavía viajaba con un traductor, pero no lo necesitaba la mayor parte del tiempo. Eso significaba que teníamos muchas más oportunidades de hablar. Nunca olvidaré un momento en particular. Era el primer juego de la serie de campeonato de 2012, el juego donde me fracturé el tobillo. Fui a buscar un roletazo en el duodécimo inning, y oi un estallido en mi tobillo. Salí del juego y regresé al clubhouse para los rayos X y el hielo. Los Tigres anotaron dos carreras en el duodécimo y perdimos 6-4. Poco después que terminó el juego, me fui a una habitación más pequeña al lado del clubhouse para cambiarme de ropa y ordenar mis pensamientos. Ichi y su traductor vinieron y se sentaron a mi lado. Ichi me preguntó por mi tobillo. “Está fracturado. Estoy fuera”. Él sonrió, pero no dijo nada. Yo había terminado de enfriar mi tobillo y descansaba un poco. No había apuro por ir a ninguna parte. Habíamos perdido y yo sabía que no podría jugar hasta la próxima temporada. De pronto el clubhouse estaba casi vacío. Ichi, su traductor y yo estábamos sentados en la pequeña habitación para cambiar de ropa. Ichi todavía seguía con su uniforme. Finalmente, recogí mis cosas y me levanté con mis muletas para irme. Fue entonces que me di cuenta que Ichiro había estado esperando por mi. Cuando me levanté, él se levantó y me vio alejarme. No sé si eso fue una señal de respeto. Tal vez se estaba tomando un largo receso esa noche. Tendrías que preguntarle. Pero me gusta pensar que sé lo que él trataba de decirme. Despues de todas esas conversaciones cortas en segunda base a través de los años, y el tiempo que compartimos como compañeros de equipo, ese momento de silencio entre nosotros aquella noche aún permanece en mí más que cualquier cosa. Cuando pienso acerca de quien es Ichiro como atleta y como persona, eso es lo que recuerdo. Me quito el sombrero ante Ichiro. Él es uno de esos tipo que solo aparece una vez en la vida. Nadie ha visto a alguien como él. Y para ser honesto, probablemente no veremos a alguien como él de nuevo. Parte de mí quiere decirle, “Espero que disfrutes de algun tiempo libre pronto”, pero sé que no le gustaría oir eso. No estoy seguro de que él sepa que es el tiempo libre. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 8 de agosto de 2016

Brandon Crawford, el campocorto de los Gigantes, es el mejor en lo que el hace mejor.

Tyler Kepner. The New York Times. 20-07-2016. Boston.- Brandon Crawford, el espléndido campocorto de los Gigantes de San Francisco, es el mejor jugador defensivo del beisbol. Si solo el supiera que hacer con eso. “Estoy en las redes sociales, así que puedo verlo, pero probablemente la razón por la que no lo veo es porque no sé como lo calculan”, dijo Crawford este miércoles 20 de julio. “No sé que hacer para mejorar. Como sé, que mi si promedio al bate es bajo, debo conseguir más imparables. Eso es un calculo simple, no tan fácil, pero sabes lo que tienes que hacer. Con las carreras salvadas con defensiva y todas las estadísticas sabermétricas, no sé. Solo quiero hacer las jugadas”. Crawforda hace tantas que cuando Fangraphs empaca todos sus lances defensivos en un número, carreras defensivas sobre el promedio, Crawford clasifica primero en las mayores. Los Gigantes, quienes visitarán Yankee Stadium para tres juegos empezando este viernes 22 de julio, también marchan primeros como equipo. El éxito defensivo ha rescatado a un roster afectado por las lesiones del jardinero derecho Hunter Pence (pantorrilla); el segunda base Joe Panik (concusión) y el tercera base Matt Duffy (tendón de Aquiles). Los Gigantes perdieron su quinto juego seguido este miércoles 20 de julio, por 11-7 ante los Medias Rojas en Fenway Park, aún así, su marca de 57-38 les permite estar solo medio juego detrás de los Cachorros de Chicago como el equipo de mejor marca en las mayores. “Hemos perdido algunos peloteros clave, nuestro segunda base y nuestro tercera base, y nuestra defensa no se ha resentido”, dijo el manager Bruce Bochy. “Por eso es que Crawford ha sido tan importante; él solidifica ese infield. Eso es lo que somos. Somos un equipo más de pitcheo y defensa. No somos un equipo de poder al bate; no vamos a caerle a palos al otro equipo. Tenemos que atrapar la pelota, ejecutar las jugadas fundamentales del beisbol”. El estilo de los Gigantes ha funcionado en cada año par de esta década, con títulos de Serie Mundial en 2010, 2012 y 2014. Crawford, quien creció en Pleasanton, Calif. Y tiene su nombre en un ladrillo de familia en la plazo de los aficionados de las afueras de AT&T Park, estuvo ahí en los últimos dos títulos. “Tengo una teoría acerca de porque eso puede ocurrir cada otro año: desde jugar una larga temporada, ese mes adicional es mucho beisbol extra, y hemos tenido muchas lesiones los años impares intermedios”, dijo Crawford. “Pero principalmente, probablemente eso sea una coincidencia”. Antes de Crawford, los Gigantes habían visualizado el campocorto como el dominio de los veteranos. Ellos ganaron el título de 2010 con Juan Uribe y Edgar Rentería en esa posición; Omar Vizquel y Deivi Cruz los habían precedido. Todos tenían más de 30 años. Crawford, ahora en su sexta temporada, solo tiene 29. Él dijo que había mejorado al disminuir los “errores tontos”, un porcentaje bajo de jugadas que alguna vez hizo rutinariamente. “Él tiene la destreza para hacer todo lo que quieres de un campocorto”, dijo Ron Wotus, el coach de banca e instructor de infield desde 1998. “Tremendas manos, brazo fuerte y preciso, y tiene un gran sentido para la posición y las exigencias del posicionamiento. Él lee los swings, se ajusta a los elevados. Sus habilidades defensivas son tan buenas como las de cualquiera que haya visto”. Los otros, dijo Wotus, pueden tener mejor alcance. Pero Crawford, quien firmó una extensión de contrato de seis años por 75 millones de dólares en noviembre pasado, tiene una cualidad innata para saber donde se debe ubicar. Los Gigantes han usado más variantes defensivas esta temporada que lo que habían hecho antes, dijo Wotus, pero ellos animan a Crawford para que sea el capitán del infield. “Hablamos cada día y trabajamos juntos, pero una vez que el juego comienza y él empieza a leer los swings, el toma la mayoría de las decisiones”, dijo Wotus. “Confío en cualquier pensamiento que él tiene. Nos gusta dejar que nuestros jugadores usen sus instintos cuando llega el momento. Tenemos nuestro plan defensivo con el que empezamos, pero siempre les digo, ‘Usen sus instintos, confíen en su coraje y hagan lo que necesiten hacer’”. En 2014, con dos outs en el cierre del noveno inning del séptimo juego de la Serie Mundial, Crawford hizo una atrapada de campocorto con un tiro de Juan Perez desde los jardines, para mantener a Alex Gordon de los Reales en tercera base en un juego de una diferencia de una carrera. Gordon no iba a retar a Crawford en lo que hubiera sido un tiro de rutina, y Madison Bumgarner logró el out final con un elevado de foul de Salvador Perez. Bumgarner sigue siendo el as de la rotación de los Gigantes, y los recién llegados Johnny Cueto y Jeff Samardzija han ganado 22 de 27 decisiones. El cuerpo de lanzadores depende mucho de lo que Crawford haga al campo. “Tenemos un cuerpo de pitcheo que induce muchos batazos”, dijo el relevista veterano Javier López. “Tenemos tipos que pueden recetar varios ponches, como Bumgarner, pero Sarmdzija es mas un lanzador que induce batazos, también Cueto, y mucho de nuestro bullpen también tiene esa orientación”. Al hablar de Crawford, López continuó: “Y yo fácilmente puedo confiar en sacar el out con un batazo por allí, porque lo veo ejecutar todos los días, siento que él es un can didato a jugador más valioso. Sé que se trata de un juego altamente orientado hacia la ofensiva, pero si se mira a lo que él hace de ambos lados del juego, es muy impresionante. Él tiene confianza total en si mismo para hacer muchas jugadas, y muchos tipos alimentan eso”. Crawford está bateando .276 con nueve jonrones y lidera su equipo con 61 carreras empujadas. Se fue de 4-2 este miércoles, una noche que perteneció a Hanley Ramirez de los Medias Rojas, quien descargó tres jonrones. Los Gigantes permitieron seis en dos juegos en Fenway. “Tenemos que reducir algo de eso”, dijo Bochy. “Nos están sacando muchas pelotas en estos momentos”. Aún para un equipo con el mejor fildeador de las mayores, no hay defensa contra eso. Traducción: Alfonso L. Tusa C.