lunes, 10 de septiembre de 2018
Gaylord Perry y su juego sin hits ni carreras de hace cincuenta años.
San Francisco 1 - San Luis 0. 17 de septiembre de 1968
No Hitters. Rich Westcott and Allan Lewis. McFarland & Company. 2000.
Gaylord Jackson Perry era frecuentemente acusado de lanzar la bola de saliva durante su larga y legendaria carrera como pitcher de grandes ligas. El espigado lanzador derecho nunca confirmaba ni negaba la acusación, prefería que los bateadores lo averiguaran por su cuenta. Sus detractores debieron equivocarse muchas veces porque Perry ganó 314 juegos, incluyendo cinco temporadas con más de 20 victorias, y dos premios Cy Young. El hermano menor del pitcher de grandes ligas Jim Perry, Gaylord nació el 15 de septiembre de 1938, en Williamstown, North Carolina. Su primer equipo profesional fue el St. Cloud de la Northern League en 1958. Llegó a la gran carpa en 1962 con los Gigantes de San Francisco, para quienes lanzó hasta que se fue a los Indios de Cleveland en 1972. También jugó para los Rangers de Texas, Padres de San Diego, Yanquis de Nueva York, Bravos de Atlanta, Marineros de Seattle y Reales de Kansas City, durante su prolongada carrera.
Totales de grandes ligas: 22 años (1962-1983), 777 juegos, 314 victorias. 265 derrotas.
Nadie esperaba ver un juego sin hits ni carreras de parte del equipo anfitrión cuando Gaylord Perry subió a la lomita el martes 17 de septiembre en Candlestick Park para enfrentar a los Cardenales de San Luis. Los Cardenales, después de todo, eran los campeones mundiales defensores, y estaban en camino a otro banderín de la Liga Nacional. Además en el montículo de los pájaros rojos estaría el implacable Bob Gibson, cuya marca para ese momento era de 21-7.
Gibson era quien parecía más cercano a lanzar un juego sin hits ni carreras, lo cual alcanzó tres años después. Pero esta noche pertenecía a Perry, quien llegó con marca de 14-14 al cotejo, para los Gigantes ocupantes del segundo lugar. Con los Gigantes a 12 juegos de los Cardenales, solo había una magra multitud de 9.546.
Ni Perry ni Gibson decepcionaron. Gibson permitió solo cuatro imparables y ponchó 10, solo concedió un jonrón por la izquierda en el primer inning luego de un out, ante Ron Hunt.
Perry fue más severo. Mediante una poderosa recta y una sinker devastadora que los Cardenales dijeron era una bola de saliva, el derecho de 30 años de edad silenció a San Luis, no aceptó un solo imparable. Ponchó nueve y caminó a dos, solo le batearon dos elevados a los jardines y nunca le batearon con fuerza.
En el primer inning, Bobby Tolan sorbió ponche, Curt Flood la rodó por el campo corto y Roger Maris entregó el tercer out con un saltarín por primera base. Perry permitió su primer corredor en el segundo inning al bolear a Mike Shannon con dos outs.. Phil Gagliano levantó elevado a segunda base para terminar el inning.
Allí empezó una seguidilla de 18 bateadores retirados. Ponchó a Dal Maxvill y a Gibson para empezar el tercer inning y luego retiró a Tolan con rodado por las paradas cortas.
Los Cardenales no amenazaron hasta el sexto inning cuando Maxvill conectó un rodado por el medio del diamante. Perry lo detuvo y lanzó a la inicial para completar el out, Gibson elevó al jardín central, pero Tolan estuvo a punto de embasarse al descargar un roletazo candente entre primera y segunda base. Willie McCovey se movió raudo para capturar la pelota y lanzar a primera base donde Perry tomó el disparo justo a tiempo para vencer al veloz Tolan en el salto.
Perry, quien había llegado al séptimo inning sin haber permitido imparables ni anotaciones ante los Cachorros de Chicago hacía tres semanas, salió del séptimo y empezó octavo inning sin problemas. Tim McCarver vio pasar el tercer strike y Shannon elevó a segunda base para empezar el octavo inning. Perry entonces caminó a Gagliano, pero Johnny Edwards se ponchó al emerger por Maxvill.
En el noveno inning, el eficiente bateador de contacto y veloz Lou Brock emergió por Gibson y conecto un rebote que pasó por encima de Perry. El campocorto Hal Lanier apuró el paso y retiró a Brock en la inicial. Luego vino el turno de Tolan y entregó el segundo out con rodado a manos de Hunt en segunda base. Entonces vino Flood al cajón de bateo, luego de conectar de foul en conteo de 1-2, miró pasar el tercer strike.
Había terminado un brillante duelo de pitcheo entre dos maestros del montículo. Perry terminó con marca de 16-15. Gibson ganó el premio Cy Young y los Cardenales perdieron la Serie Mundial ante los Tigres de Detroit en siete juegos.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 08 de agosto de 2018.
viernes, 7 de septiembre de 2018
Robert Marcano, el Salón de la Fama del Beisbol Venezolano y un jonrón infartante.
Hace poco anunciaron los elegidos del Salón de la Fama venezolano, Clase 2018. Además de la esperada escogencia de Omar Vizquel, apareció un nombre inesperado, no porque no tuviera méritos, sino porque el citado Salón tiene tantas deudas pendientes con otros tantos peloteros de suficientes pergaminos, que leer el nombre de Robert Marcano como nuevo inquilino sorprende gratamente. Quizás muchos aficionados del juego, principalmente de las nuevas generaciones, ignoren quien fue Marcano. Entre otras razones porque relativamente jugó poco en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Fue uno de los primeros o el primer venezolano que jugó en la liga de beisbol japonesa, donde fue a jugar desde muy joven luego de que los Angelinos de California negociaran su contrato a un equipo nipón cuando aun jugaba en la sucursal AAA. Marcano tuvo una destacada actuación en la liga japonesa, solo al final de su carrera vino a jugar con cierta regularidad con los Tiburones de La Guaira.
Hay un episodio breve, indeleble, fantasmal, impactante en la carrera de Marcano en la LVBP, es probable que haya sido olvidado, sin embargo de seguro permanece en la memoria de los seguidores más apasionados del beisbol. Más adelante regresaremos para ilustrar dicho episodio. Ahora es pertinente imaginar el momento de la firma de Marcano al profesional. Tomando en cuenta las características del personaje, no cuesta mucho inferir que Pedro Padrón Panza, en sus funciones de gerente general, scout, consejero, asesor y dueño de los Tiburones de La Guaira, en uno de sus tantos viajes por el interior del país, recaló en la localidad de El Clavo, en la zona oriental del estado Miranda. Allí observó con interés el desempeño de un mozalbete que cubría la tercera almohadilla. Sin embargo, lo que más impresionó a Padrón fue el potencial que mostró al esgrimir el madero, por cuanto es bien sabido la carga ofensiva que se le exige a un tercera base para ganarse la regularidad en cualquier beisbol. Firmó para jugar en el beisbol organizado con la organizaci{on de los Indios de Cleveland, luego pasaría a los Angelinos de California.
Marcano fue un jugador casi esporádico con los Tiburones de La Guaira, apenas si participó en más de 40 juegos en tres (1971-72, 1973-74 y 1974-75) de sus 12 temporadas con los Tiburones, todas antes de emigrar al beisbol japonés. La mejor fue la de 1973-74, cuando apareció en 52 desafíos, consumió 199 VB, anotó 28 carreras, empujó 17, 61 imparables, 12 dobles, 5 triples, 2 jonrones, 14 boletos, 30 ponches, 4 bases robadas, su promedio de bateo fue .307. En 13 temporadas y 378 juegos bateó para .251, con 308 imparables, 49 dobles, 14 triples, 16 jonrones, 133 carreras empujadas y 143 anotadas. A medida que pasaron los años desde su establecimiento en el beisbol japonés, cada vez se enfundó menos en el uniforme de La Guaira Su última temporada en LVBP, coincidió con el penúltimo título alcanzado por los Tiburones en la temporada 1984-85, al vencer a los Tigres de Aragua por barrida en la serie final. Entonces apenas jugó en 15 encuentros, prácticamente un jugador de reserva o bateador emergente ocasional, en medio de la ebullición de aquella pléyade de peloteros llamada “La Guerrilla”.
Participó como segunda base en la serie final de la temporada 1976-77 que La Guaira perdió en seis juegos ante Magallanes. Entonces bateó para .182 con 4 sencillos y un doble. Cuando La Guaira parecía destinado a ser un eterno perdedor de la semifinal, luego de perder tres veces seguidas en esa instancia (1979-80, 1980-81 y 1981-82) logró acceder a la final 1982-83 para vencer a los Leones del Caracas en seis encuentros. En esa serie, Marcano actuó en cuatro juegos como antesalista y bateó para .250, 3 sencillos, doble, jonrón, 2 carreras anotadas, 3 empujadas, 1 boleto.
Su actuación en semifinales fue mucho más extensa, desde 1971 hasta 1985 apareció al menos en diez series, sin incluir la de la temporada 1973-74 cuando se suspendió la temporada luego de la ronda regular por una huelga de peloteros. Ese año también fue el mejor tercera base defensivo de LVBP, donde también actuaron antesalistas como Dámaso Blanco, Doug DeCinces, César Gutiérrez. Su mejor actuación en una semifinal ocurrió en la temporada 1977-78, La Guaira enfrentó a las Águilas del Zulia y perdió en seis encuentros. Marcano bateó para .286, con 2 jonrones, 2 carreras empujadas y 4 anotadas.
Durante un juego de la serie semifinal entre los Tigres de Aragua y los Tiburones de La Guaira en enero de 1975, el narrador de Venezolana de Televisión se atragantó al leer la noticia. El equipo de Salt Lake City, sucursal AAA de los Angelinos de California había negociado al tercera base Robert Marcano a un equipo japonés. Marcano venía de dos temporadas con 14 y 12 jonrones y 91 y 71 carreras empujadas ¿Por qué el gerente general de los Angelinos había decidido realizar aquel cambio? ¿Tenían tanta profundidad en el equipo grande para esa posición? ¿O en AA o en Clase A? ¿O simplemente no veían en Marcano a un pelotero que se estableciera en las mayores? Quizás se pudiese encontrar alguna explicación en los 25 errores cometidos en tercera base en la temporada de 1973, por lo cual jugó la mayor parte de los juegos en los jardines en 1974.
Marcano viajó a Japón, se convirtió en el primer venezolano que participaba en el beisbol japonés y empezó a jugar con los Bravos de Hankyu, paulatinamente se adaptó a la cultura japonesa y a la manera como los nipones juegan el beisbol. Pronto empezó a destacar como segunda base y su madero se hizo respetar hasta el punto de ser clave en la conquista de los tres primeros títulos de la divisa en la Serie de Japón, también ganaron cuatro veces el título de la Liga del Pacífico. Ganó cuatro veces el guante de oro, otras cuatro veces fue elegido como el segunda base del equipo ideal de la temporada regular. En 1978 fue el primer pelotero latinoamericano en ganar un liderato de carreras empujadas con 94. Jugó 11 temporadas, 8 con Bravos de Hankyu y tres con Golondrinas de Yakult. Participó en 1.313 juegos, con promedio de .287 y 232 jonrones. De acuerdo a Wayne Graczyk, un veterano columnista del diario Japan Times que ha estado cubriendo la acción de la NPB desde que Marcano debutó en la liga, el nativo de El Clavo está entre los mejores 25 extranjeros que han jugado en Japón y entre los tres mejores camareros junto a Bobby Rose y John Sipin.
El episodio breve y fantasmal está relacionado con el tercer juego de la serie semifinal entre los Leones del Caracas y los Tiburones de La Guaira de la temporada 1970-71. Aquel 23 de enero, los guairistas habían ganado los primeros dos juegos de una serie pautada a cinco desafíos. En el cierre del noveno episodio los Leones vencían a los Tiburones 10-9. Parecía que habría cuarto juego. Sin embargo los escualos embasaron dos corredores y el manager Graciano Ravelo trajo de emergente a Robert Marcano por el pitcher Hector Urbano. A continuación el novato de los Tiburones descifró un envío quebrado de Luis Tiant y desapareció la pelota en las gradas del jardín izquierdo para dejar en el terreno al Caracas y de paso clasificar para la serie final. Uno de los momentos más cardíacos de la Liga Venezolana de Beisbol profesional. Casi diez meses después, el 14 de noviembre de 1971, Tiant subía de nuevo al montículo del estadio de la UCV, esta vez enfundado en el uniforme de La Guaira, entonces consumó su dulce venganza al lanzar un juego sin hits ni carreras ante su antiguo equipo, los venció 3-0. En la tercera base jugaba Robert Marcano, en esta ocasión también voló la cerca, esta vez para respaldar la joya de pitcheo de Tiant.
Robert Marcano Cherubini nació en El Clavo, estado Miranda, Venezuela, el 7 de junio de 1951. Luego de retirarse como jugador activo en Japón, se desempeñó como buscador de talento y traductor con los Gigantes de Yomiuri, donde fue traductor de su coterráneo Luis Mercedes Sanchez. Los Tiburones de La Guaira retiraron su número 15 en tributo a sus méritos deportivos. Falleció un 13 de noviembre de 1990 en Baruta, estado Miranda.
Alfonso L. Tusa C. 27 de agosto de 2018. ©
lunes, 6 de agosto de 2018
Documentos arrojan Luz sobre la Vida y Muerte de Thurman Munson
David Waldstein. The New York Times. 01 de agosto de 2018.
La angustia aun flota en las páginas de la declaración, la cual ahora tiene casi 40 años de edad. En ella, un testigo llamado David Hall duda mientras testifica, y un abogado pregunta si necesita un receso. Hall dice que no y continúa.
Para cuando termina, ha suministrado un recuento devastador de los momentos finales de la vida de Thurman Munson, el catcher de los Yanquis quien falleciera a la edad de 32 años cuando la avioneta que pilotaba se estrelló antes de llegar a la pista de aterrizaje del Akron-Canton Airport de Ohio el 2 de agosto de 1979.
Hall estaba en la avioneta cuando esta se precipitó al suelo. En la declaración, él describe como inmediatamente después del impacto, Munson yace inmóvil, su cabeza volteó hacia los lados y se golpeó contra el panel de instrumentos.
El cuello de Munson está doblado, se ha roto con la intensidad del impacto. Su cuerpo estaba paralizado. Aún así, testifica Hall, Munson le preguntó a él y a Jerry Anderson, el otro pasajero, si se encontraban bien.
Y entonces, testificó Hall, las llamas empezaron a envolver el fuselaje de la avioneta Cessna Citation, y Munson murmuró, “Extintor de fuego”. Lo que siguió, dijo Hall, fueron las palabras finales pronunciadas por Munson, el corajudo capitán del equipo.
“Ayúdame Dave”, dijo él.
Hall y Anderson lo intentaron. Trataron de levantar el cuerpo inmovilizado de Munson desde su asiento, para liberarlo de los hierros retorcidos, pero no pudieron. Y a medida que el humo y las llamas invadieron la cabina, Hall, un instructor de vuelo que previamente había enseñado a Munson a volar aviones de helice, y Anderson, un amigo y socio de negocios de Munson, no tuvieron otra alternativa que escapar del lugar.
Se ha escrito mucho a través de los años acerca de la muerte de Munson aquel día de agosto, pero hasta ahora las declaraciones que se hicieron en dos demandas que fueron realizadas después del accidente habían permanecido guardadas, ajenas al conocimiento público. Una de las demandas, efectuada por los Yanquis, fue despreciada antes de ir a juicio. La otra, introducida por la viuda de Munson, Diana, fue a juicio, pero el caso fue rápidamente resuelto luego de algun testimonio inicial.
Las declaraciones proveen una especie de historia oral de la vida y muerte de Munson. Fueron conocidas este verano como resultado de los esfuerzos de Allan Blutstein, un abogado quien creció en Long Island como devoto seguidor de Munson y ha hecho carrera profesional de las acciones de Freedom-of-Information, incluyendo los recientes y controversiales documentos que involucran a los empleados de la Environmental Protection Agency.
Blutstein no necesitó hacer un documento de Freedom-of-Information para obtener las declaraciones del caso Munson. Simplemente fue diligente y gastó algún dinero. Despues de adquirir los documentos, los puso a la disposición de The New York Times.
Las declaraciones, que incluyen testimonios de Yanquis notables como Reggie Jackson, Billy Martin y Craig Nettles, no contradicen la narrativa básica de la muerte de Munson, que fue un atleta destacado que empezó a efectuar vuelos menos de dos años antes, en parte para ir a su hogar de Ohio para ver a su familia en los días libres, y que murió mientras practicaba despegues y aterrizajes en el aeropuerto.
Pero lo que las declaraciones proveen es una faceta reveladora de Munson, quien a veces era un gruñón pero siempre fue la piedra angular de un gran equipo de los Yanquis que había ganado las dos Series Mundiales previas en medio de las distracciones generadas por Jackson y Martin y George Steinbrenner, el impredecible dueño del equipo.
Era Munson quien continuamente jugaba a un nivel alto sin crear controversias. Y fue Munson, de acuerdo a las declaraciones, quien era leal y terco, feroz e inocente.
“Thurman tenía una rutina”, dijo Gene Monahan, masajista de los Yanquis por mucho tiempo, en su declaración del 29 de mayo de 1981. “Solía llegar al estadio y disfrutar dos galletas y un vaso de leche”.
Dos meses antes de la declaración de Monahan, Jackson, la co-estrella y rival de Munson, y entonces, eventualmente su amigo, testificó que Munson se había desconectado del deporte que practicaba y del tiempo que pasaba lejos de su esposa e hijos”.
“Estaba más interesado en volar esa avioneta que en jugar beisbol”, testificó Jackson.
Martin, en su declaración, dijo que estaba preocupado, como manager del equipo, de que Munson se estuviera desgastando al volar entre juegos. “Siempre le decía, ‘No me gusta verte volar durante la temporada’ “, testificó Martin.
En su declaración, a Diana Munson le preguntaron si su esposo tomaba pastillas, cuando jugaba, en referencia a las anfetaminas que tomaban muchos peloteros en las décadas previas a las pruebas de drogas, dada la energía que estas proveían. Ella dijo que él las había tomado, pero agregó que pensaba que él había dejado de hacerlo cuando empezó a volar.
“Como piloto, él sabía que no podía ingerir esas cosas”, testificó ella. “Así que después que empezó a volar. Nunca me preocupé de nuevo por las pastillas”.
Todos los que declararon, lo hicieron para dos demandas concurrentes, lo cual significaba que solo tenían que testificar una vez. La demanda introducida por los Yanquis buscaba reembolso por el resto del dinero del contrato de Munson. La demanda introducida por Diana Munson buscaba 42 millones de dólares por daños. Ambas demandas apuntaban a Cessna y FlightSafety International, la escuela donde Munson aprendió a volar, y se convirtió de acuerdo a muchos en un piloto muy bueno.
En su demanda, Diana Munson reclamaba que Cessna presionó a Munson para que comprara la avioneta bimotor de 1.2 millones de $ que se estrelló, antes que él estuviera listo para manejar esa poderosa máquina. También reclamó que su esposo no fue entrenado apropiadamente por FlightSafety International.
Una vez que su demanda fue a los tribunales, en mayo de 1984, el caso fue resuelto en cuestión de días y los términos no se informaron. James Wiles, uno de los abogados de FlightSafety International para la época, aun mantiene que no hubo responsabilidad de parte de ambas compañías en la muerte de Munson. Pero un juicio, dijo él, era muy riesgoso.
“No vas a ir al noreste de Ohio, donde él era probablemente el atleta más famoso en ese momento, para actuar en contra de su viuda e hijos”, dijo Wiles, ahora de 73 años de edad, en una entrevista telefónica reciente. “No vas a hacer eso”.
Wiles, quien estuvo presente en todas las declaraciones, recordó que Martin fue cooperativo y práctico en su testimonio. Dijo que Jackson fue notablemente profano pero que su transcripción había sido filtrada.
El testimonio de Hall acerca de los momentos finales de Munson, tomado el 19 de mayo de 1980, ocasionó varias lágrimas, dijo Wiles, otros momentos fueron menos emocionales.
Dijo que cuando Yogi Berra testificó, él puso una caja de 24 pelotas de beisbol frente a Berra y le pidió que las firmara. Berra, quien era coach de los Yanquis cuando Munson falleció, accedió, pero en algún momento preguntó si Wiles estaba autorizado para hacer tal demanda.
“Esa es mi declaración”, dijo Wiles que le dijo a Berra.
Buena parte del testimonio de las figuras de los Yanquis se centró en el estado físico y mental de Munson en el momento del accidente. Martin testificó que Munson era el mejor catcher del beisbol, mejor hasta que Johnny Bench, tan inteligente que era el único cátcher a quien le había permitido hacer señas de lanzamiento afuera.
Pero Martin también reconoció que Munson, quien jugó 11 años en las grandes ligas, se estaba desgastando por los rigores de su posición, y que requería más tiempo en primera base, los jardines y bateador designado para aliviar la presión en sus piernas y rodillas.
Munson había empezado a volar en el entrenamiento primaveral de 1978, y rápidamente se hizo devoto de eso. Hay testimonio de que Munson pasaba mucho de su tiempo libre leyendo manuales de vuelo y libros instructivos, hasta en el clubhouse de los Yanquis antes de los juegos.
Y Martin y Jackson testificaron que Steinbrenner, quien no prestó declaración, había extendido un permiso especial a Munson para que volara entre ciudades durante la temporada, separado del equipo.
“Tenía un trato especial con Steinbrenner”, dijo Jackson en su testimonio. “Thurman era el Yanqui más especial cuando estuvo ahí. Podía hacer lo que quisiera”.
Jackson y Martin fueron pasajeros en vuelos pilotados por Munson, así como Nettles. Nettles y Jackson volaron con Munson desde Seattle hasta Anaheim, Calif., después de un juego el 12 de julio de 1979. Tres días después, Martin voló con Munson desde Anaheim hasta Kansas City, Mo., por la vía de Albuquerque.
Jackson y Nettles refirieron como, en su vuelo, las máscaras de oxígeno se desprendieron después de un ruido profundo. Dijeron que Munson permaneció calmado y aterrizó la avioneta sin incidentes. Martin describió un chispazo de llamas en uno de los motores. Ninguna de esas referencias fue relacionada con la causa del accidente.
En vez de eso, la falla fue atribuida a un error del piloto, de acuerdo a la investigación de la National Transportation Safety Board. Fue determinado que Munson estaba fatigado ese día, no hizo apropiadamente la lista de revisión y no ajustó su cinturón de seguridad.
Charles Berry, un cirujano de Air Force y oficial médico de la NASA por 14 años, testificó en su declaración que “el error del piloto generado por fatiga y sobretensión” fue la causa y especuló que el dolor en la rodilla podría haber causado que Munson durmiese inapropiadamente la noche anterior.
En el movimiento final, Munson nunca bajó los alerones, los cuales permiten a los aviones volar a velocidades menores, y que los motores se estanquen. La avioneta se estrelló a unos 870 pies de la pista de aterrizaje a las 4:02 p.m. y entonces golpeó el tocón de un árbol
Hall y Anderson, quien también era piloto, habían volado con Munson ese día aciago solo porque se lo habían encontrado en el aeropuerto. Testificaron ambos en el juicio de 1984 antes que se resolviera el caso.
En cuanto a Blutstein, su ruta hacia los documentos empezó en abril camino a buscar a su hija, estudiante de la University of Michigan. Al manejar a través de Ohio desde su hogar en el area de Washington, D.C., impulsivamente se desvió hacia el lugar de la tumba de Munson en Canton y dejó una gorra de los Yanquis sobre la lápida.
“Pasé un buen rato allí”, dijo él, “y empecé a pensar en lo que ocurrió. Sabía de la demanda. Pensé que ella podría darme algunas respuestas a las preguntas que me había hecho buena parte de mi vida”.
Luego de regresar a casa, Blutstein empezó a buscar información en los casos de las décadas pasadas, y su trabajo de traer otros documentos a la luz se hizo una tarea rutinaria para él, pero una que consumía tiempo y costosa. Dijo que gastó más de 1.000 $ en tarifas y numerosas horas de llenar formatos de aplicación e investigar. De los 21 archivos de Munson que solicitó, cuatro estaban perdidos, incluyendo el de Anderson. Los que fueron unicados, dijo él, habían sido guardados en un almacén de Chicago.
Ha organizado su búsqueda y la publicó en una página de Facebook para aficionados de Munson que todos pueden ver, al imaginar que otros pueden querer la misma información que él buscó. Se impresionó con mucho de lo que encontró, especialmente el testimonio de Monahan, el masajista, quien tenía una cercana amistad con Munson en el estadio.
Monahan testificó que al enterarse de la muerte de Munson, fue a un Yankee Stadium vacío y se sentó frente al casillero de Munson por cerca de cinco horas, casi destrozado. Curiosamente, testificó que lanzó a la papelera los informes médicos de Munson.
Monahan no respondió a una solicitud de entrevista, tampoco Diana Munson. Hall y Anderson declinaron ser entrevistados.
De acuerdo a la declaración de Nettles, la muerte de Munson significó despedirse de cualquier oportunidad en la temporada. Para el momento del accidente, los Yanquis estaban a 14 juegos del primer lugar en el este de la Liga Americana. Era virtualmente el mismo déficit que habían superado el año anterior, un una de las remontadas más notables de la historia del beisbol. Eso no ocurriría de nuevo.
“Cuando Thurman falleció, lo perdimos todo, toda la temporada estaba perdida”, declaró Nettles. “Notamos que no podríamos hacerlo, y eso desmoralizó a muchos de nosotros”,
De todo lo que leyó, Blutstein dijo que estaba particularmente impactado por el testimonio de Hall al contar el accidente y las últimas palabras de Munson. De muchacho, dijo, a menudo se había preguntado como Hall y Anderson pudieron haber escapado de la avioneta sin salvar a su héroe.
Pero después de leer las declaraciones, dijo que contactó a Anderson para disculparse por tener tales sentimientos. Dijo que también llamó a Diana Munson para disculparse por el hecho de que descubrir las declaraciones inevitablemente ocasionaría memorias dolorosas. No obtuvo respuesta de ella.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 04 de agosto de 2018.
jueves, 2 de agosto de 2018
Tony Cloninger, un Pitcher recordado por su bateo, fallece a los 77 años de edad.
William McDonald. The New York Times. 31 de Julio de 2018.
Tony Cloninger, quie se aseguró una página en la historia de Major League Baseball cuando se convirtió en el único pitcher en batear dos jonrones de bases llenas en un juego, falleció este 24 de julio en Denver, N.C., donde había destacado en la escuela secundaria.
Los Medias Rojas de Boston anunciaron su muerte este sábado 28 de julio. Había sido consultor del equipo desde 2002. No se especificaron las causas del deceso.
Cloninger también estuvo asociado a los Yanquis por nueve temporadas desde 1992, ocho como coach de bullpen y una como coach de pitcheo del manager Joe Torre. Ganó cuatro anillos de Serie Mundial en Nueva York pero se fue luego que los Yanquis perdieran la Serie Mundial de 2001 ante los Diamondbacks de Arizona.
Cloninger llegó al libro de records el 3 de Julio de 1966, jugaba para los Bravos de Atlanta una tarde dominical contra los Gigantes de San Francisco en Candlestick Park.
Su primer jonrón de bases llenas ocurrió en el primer inning, ya los Bravos ganaban 3-0, gracias a un jonrón de Torre, el cátcher de Atlanta. Llamado desde el bullpen con dos hombres en base, el pitcher Bob Priddy caminó al tercera base de los Bravos, Denis Menke para llenar las bases y así enfrentarse a Cloninger, quien bateaba de noveno.
Cloninger, bateador derecho, llevó a Priddy a la cuenta máxima antes de sorprender a la multitud al enviar la pelota sobre la barda del jardín central a 410 pies, casi el mismo lugar donde había caído el estacazo de Torre.
Su segundo vuelacercas de bases llenas llegó en el cuarto inning en cuenta de 0-1, una línea contra Ray Sadecki por la banda contraria que se fue sobre la cerca del jardín derecho. Cloninger empujó nueve carreras ese día, largó tres imparables mientras los Bravos zurraban a los Gigantes 17-3.
La de 1966 no fue la mejor temporada de él como pitcher de los Bravos, terminó con marca de 14-11, el año anterior había agenciado balance de 24-11, pero si fue su mejor con el madero. Despachó cinco de sus once jonrones vitalicios ese año y bateó para un respetable .261.
Fue el primer año que los Bravos jugaron en Atlanta, luego de emigrar desde Milwaukee.
Un derecho corpulento, Cloninger hizo el primer lanzamiento del equipo en Atlanta, al abrir en la inauguración en lo que entonces se llamaba Atlanta Stadium. Lanzó los trece innings de una derrota ante los Piratas de Pitsburgh, recibió cuadrangular de Willie Stargell para romper un empate.
Luego de ocho años con los Bravos fue cambiado a los Rojos de Cincinnati durante la temporada de 1968. En 1970 fue a la Serie Mundial con Cincinnati e inició el tercer juego contra los Orioles de Baltimore. Pero salió del juego en el sexto inning, ante que el pitcher de los Orioles, Dave McNally castigara al relevista Wayne Granger para convertirse en el primer pitcher que bateaba un jonrón de bases llenas en la Serie Mundial. Cloninger fue el pitcher perdedor.
Jugó cuatro temporadas en Cincinnati y terminó su carrera como relevista con los Cardenales de San Luis en 1972.
En 12 años de carrera, Cloninger tuvo una marca de 113-97, 4.07 de efectividad y 1120 ponches. (Como bateador, tuvo promedio vitalicio de .192).
Despues de salir de los Yanquis, Cloninger fue coach de pitcheo de Boston por un año antes de verse forzado a tomar reposo medico en 2003 debido a un cáncer de vejiga. Pero se recuperó y regresó a los Medias Rojas como consejero de pitcheo en 2004, luego se mantuvo como consultor de desarrollo de peloteros por 14 temporadas más.
Le sobreviven tres hijos, Tony Jr., Darin y Michael; una hija, Meredith Cloninger Sherrill; un hermano, Ray; nueve nietos; y cuatro bisnietos.
Tony Lee Cloninger nació el 13 de Agosto de 1940 en Cherryville, N.C., en el hogar de Carly Edna Cloninger. Fue jugador estrella en el Rock Springs High School de Denver, unas 25 millas al norte de Charlotte, lanzó dos juegos sin hits ni carreras en su año final, uno de ellos perfecto.
Esas actuaciones lo convirtieron en prospecto de primera línea a los 17 años de edad en 1958, cuando los Bravos le dieron un contrato con un bono de 100.000 $, una suma exorbitante para la época, poco despues de graduarse.
La espera por que el contrato se realizara fue “tensa”,le dijo a United Press International. Para “tranquilizarme”, dijo, se fue a cazar mapaches con su hermano.
Despues de firmar, no quiso hablar del bono.
“Los Bravos no me dijeron cuanto me dieron”, dijo. “Fue una buena suma. Me dijeron que podia decir eso”.
Associated Press colaboró en el reportaje.
Traducción: Alfonso L.Tusa C. 02 de Agosto de 2018.
miércoles, 1 de agosto de 2018
El libro de un autor de Ridley Park cuenta la historia de dos leyendas beisboleras locales.
Peg DeGrassa. Delconewsnetwork.com. 5 de octubre de 2016.
Ridley Park. Cuando Bob McLaughlin de Ridleypark tenía solo 9 o 10 años de edad, empezó a soñar con escribir un libro. Desde que su adolescencia en Chester, a McvLaughlin le gustaba escribir. Luego se convirtió en editor deportivo del periódico de su escuela secundaria, “TheBark”, en Saint James High School de Chester. McLaughlin continuó su educación al graduarse en WidenerUniversity en 1977 y tuvo una exitosa carrera como ingeniero de construcción, trabajando para BechtelCorp y UnitedEngineers en Filadelfia como contratista. A lo largo del camino, McLaughlin desarrollo una afición por los deportes, jugaba baloncesto y softbol en las ligas de Chester City y después fue entrenador en Saint Madeline CYO, Ridley ABA y de equipos locales de softbol.
Cuando se retiró en 2012, McLaughlin se dedicó a su simpatía por la escritura y los deportes y los combinó, y añadió su fascinación y admiración por dos héroes locales beisboleros, Danny Murtaugh y Mickey Vernon.
En su primer libro, Danny and Mickey, OrdinaryHeroes, McLaughlin cuanta la historia de la amistad de toda una vida de Danny Murtaugh, manager de los Piratas de Pittsburgh campeones de las Series Mundiales de 1960 y 1971, y Mickey Vernon, siete veces primera base del equipo de estrellas de la Liga Americana, y campeón de bateo de la Liga Americana en 1946 y 1953. Danny y Mickey eran muy jóvenes cuando se conocieron en 1927 mientras jugaban caimaneras de beisbol en Chester, la misma ciudad donde McLaughin creció. Vernon y Murtaugh compartían una pasión por el beisbol que los mantuvo juntos como amigos, compañeros de equipo, rivales y finalmente campeones.
El nuevo libro, publicado por Cloud 9 Publishing en Filadelfia, que fue prologado por el periodista deportivo de Filadelfia, inquilino del Salón de la Fama, RayDidinger, en realidad derivó desde un guión cinematográfico que había escrito el autor. Luego de terminar, decidió escribir también un libro sobre el tema. En la portada del libro, junto a una foto de los dos legendarios peloteros, están estas palabras que describen el libro: “Se trata de una historia de Estados Unidos a través de la primera mitad del siglo 20. Ambientada en una de las épocas más turbulentas de Estados Unidos y la historia del mundo, los muchachos batallan por sus sueños como muchos otros estadounidenses. Se sobrepusieron a obstáculos y adversidades para lograr la promesa que se hicieron en la infancia (llegar a la Serie Mundial), finalmente alcanzaron juntos, su sueño de infancia y fueron campeones mundiales en la cima del mundo beisbolero. Es la historia de la poderosa sociedad del espíritu estadounidense y el sueño estadounidense. Su historia nos muestra lo mejor de lo que podemos ser, héroes de carne y hueso.
La historia le tomó tres años a McLaughlin para escribirla, tuvo muchas entrevistas con el hijo de Danny, Tim Murtaugh, SJHS Clase de 1961, así como conversaciones con Jim Vankoski, presidente del Mickey Vernon SportsMuseum. Adicionalmente, McLaughlin dijo que leyó cada artículo deportivo acerca de las dos leyendas y habló con todo el que conocía algo del par.
“Me identifico con estos dos muchachos”, dijo McLaughlin, refiriéndose a las dos leyendas beisboleras en sus primeros años. “Venimos del mismo entorno, el mismo lugar, me siento conectado espiritualmente con ellos. Aprecio los valores con que nos criaron y mantuvimos a través de los altibajos de la vida. Pienso que otros también se pueden realcionar e identificar con Vernon y Murtaugh, en su años iniciales y finales”.
McLaughlin fue todo sonrisas durante una entrevista la semana pasada. Admitió que su actividad actual se resume en promover. Danny and Mickey OrdinaryHeroes.
“El propósito de este libro es evangelizar a Danny y Mickey, darlos a conocer más allá del area de la costa este”, explicó él. “Estos dos definitivamente deberían estar en el Salón de la Fama, la única razón por la cual no están es que no son conocidos por suficientes personas fuera de su area inmediata de procedencia. Espero que este libro ayude a cambiar eso de alguna manera”.
Poco después que Danny and Mickey OrdinaryHeroes saliera de la imprenta, McLaughlin tuvo una fiesta en su casa el 30 de agosto para firmar libros. Asistieron docenas de amigos, familiares y vecinos. La fiesta se hizo para agradecer a todos los que ayudaron a McLaughlin a completar su primer libro. La esposa de McLaughlin, Dorothy de cincuenta años, y sus tres hijos, Stephen McLaughlin de Nueva Jersey, Bobby McLaughlin de MiddletownTownship y Dr. Laura Taddei de Ridley Park, fueron sus principales animadores, dijo él, al apoyarlo y leer partes del libro en cada paso del proceso. Su nuera Helen McKelvey-McLaughlin diseñó la portada del libro y su nieto Kevin Taddei creo la página web del libro (dannyandmickey.com).
Otros miembros de la familia, así como muchos amigos y conocidos, también ayudaron de varias maneras en la realización del libro, incluyendo a Mike Milone, RichWestcott, Gay Vernon (la hija de Mickey), John Mooney, Frank Wujick, Pat Brough, Bill Smeck, John and Nancy Schmidt, Mike Taddei, Mike Blair, Chris West y Ben Wilson.
Gracias a la generosidad de un donante anónimo, Danny y Mickey OrdinaryHeroes, será donado a todas las bibliotecas públicas locales y escolares. El donante envió a McLaughlin un cheque para cubrir el costo de los libros donados junto a una carta que decía en parte: “Este libro muestra el poder del espíritu estadounidense a través de las vidas de dos muchachos quienes se hicieron hombres en medio de la desesperación, el hambre y la guerra. Junto a otros hombres y mujeres de su tiempo, se convirtieron en los héroes de carne y hueso que nos inspiran, Espero que cada quien lea esta historia y encuentre su lugar propio en los capítulos futuros del nuevo siglo de Estados Unidos”.
McLaughlin dijo que pronto iniciaría una programación de eventos de firma de libros y se sentiría muy feliz de visitar y hablar acerca de los héroes de carne y hueso, su nuevo guión cinematográfico y el libro. Recientemente habló en el almuerzo de la clase de 1957 de St. James en Duffers y el 18 de noviembre hablará para la clase de 1965 de St. James en SJHS Doghouse.
McLaughlin también planea tener copias disponibles de su libro en la gala “Danny Murtaugh’sHistory-MakingMoments” del SportsLegends of Delaware County Museum, la cual se efectuará el 8 de octubre en el RadnorTownship Municipal Building, 301 IvenAvenue de Wayne. Bob Friend, quien lanzara para los Piratas de Pittsburgh a quienes Murtaugh llevó a ser campeones de la Serie Mundial de 1960, y Bobby Shantz, pitcher de los oponentes de los Piratas en esa Serie Mundial de 1960, los Yanquis de Nueva York, asistirán al evento.
McLaughlin dijo que tan pronto como pase la agitación, se enfocará en escribir el próximo libro, que ha estado burbujeando en su cabeza. Está feliz de tomar un pequeño aliento para disfrutar su nuevo logro de autor publicado.
“El libro, Danny y Mickey y yo nos hicimos amigos cercanos a través de este viaje”, admitió McLaughlin. “Soy un apasionado del tema y quería compartir la historia triunfal y de inspiración de ellos con Estados Unidos. Espero que algun día esta historia se convierta en una película, para que todo Estados Unidos y el mundo, puedan ver como quien trabaja duro y es persistente, puede alcanzar sus sueños”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 8 de junio de 2018
Red Schoendienst, estrella de los Cardenales de San Luis e inquilino viviente más viejo del Salón de la Fama, fallece a los 95 años de edad.
Richard Goldstein. The New York Times. 06 de junio de 2018.
Red Schoendienst el segunda base inquilino del Salón de la Fama de los Cardenales de San Luis, manager y coach quien tuvo una carrera de más de 70 años en las grandes ligas, falleció este miércoles en la noche en su hogar de Town $& County, Mo., en las afueras de San Luis.
Su muerte fue confirmada por su hija Eileen Schless.
El epítome del hombre de beisbol, Schoendienst se convirtió en figura reverenciada en San Luis. La primera vez que se puso el uniforme de los Cardenales fue en un campo de entrenamiento en 1942, era un adolescente pelirrojo, de rostro pecoso, del medio oeste quien después fue conocido en los medios escritos como un Huckleberry Finn de su época. Mientras que cuando tenía más de 90 años, fue nombrado asistente especial del gerente general.
Al jugar segunda base, su posición de casi toda su carrera de pelotero activo, Schoendienst hizo pareja con el campocorto Marty Marion en una combinación de dobleplays maravillosa, principalmente en el equipo de los Cardenales de 1946 que venció a los Medias Rojas de Boston en una Serie Mundial de siete juegos. Bobby Doerr, el segunda base de Boston en esa serie, había sido el inquilino viviente más viejo del Salón de la Fama, antes que Schoendienst, cuando falleció a los 99 años de edad en noviembre de 2017.
“No era deslumbrante, no era un tipo como Ozzie Smith que se lanzaba en todas direcciones”, dijo Marion a The St. Louis Dispatch en 1989. “Red siempre estaba en el lugar apropiado en el momento justo. No hacía muchos errores”.
La placa de Schoendienst en el Salón de la Fama cita a Stan Musial, su compañero por mucho tiempo diciendo que tenía “el par de mano más grandiosas que hubiese visto”.
Con la muerte de Schoendiesnt, el inquilino viviente más viejo del Salón de la Fama es ahora Tommy Lasorda, el antiguo manager de los Dodgers de Los Angeles. Tiene 90 años de edad.
En abril de 1999, los Cardenales homenajearon a Schoendienst con una imagen de bronce en las afueras del viejo Busch Stadium que lo mostraba en medio del aire, pivoteando en un dobleplay. Cuando los Cardenales efectuaron su juego final en ese estadio en septiembre de 2005, Schoendienst recibió la pelota en la ceremonia del primer pitcheo. Su imagen ahora está en el nuevo Busch Stadium junto a la de otras estrellas de los Cardenales de todos lo tiempos.
“Para Red Schoendienst, el beisbol era pura diversión”, escribió una vez Red Smith en The New York Times. “Disfrutaba cada minuto del juego, hasta aquellos recorridos relámpago que los equipos solían hacer en viajes de dos semanas desde el entrenamiento primaveral hasta casa”.
Al jugar en la Liga Nacional desde 1945 hasta 1963, 15 de esas temporadas con los Cardenales, Schoendienst estuvo 10 veces en el equipo de estrellas.
Bateador ambidiestro que preparaba la escena para Musial en la alineación, Schoendienst bateó .300 siete veces y acumuló 2449 imparables en su carrera. Su turno al bate más memorable ocurrió en el juego de estrellas de 1950 en el Comiskey Park de Chicago, cuando conectó el jonrón para ganar el juego en el décimo cuarto inning. Su mejor temporada ofensiva llegó en 1953, cuando bateó .342, fue segundo de Carl Furillo de los Dodgers de Brooklyn, quien bateó .344, en la carrera por el título de bateo.
Luego de ser coach de los Cardenales, Schoendienst sucedió a Johnny Keane como manager solo días después que Keane llevara a San Luis a ganar la Serie Mundial en siete juegos sobre los Yanquis en 1964, entonces renunció para reemplazar a Yogi Berra como manager de los Yanquis. Schoendienst dirigió a los Cardenales desde 1965 hasta 1976, la estadía más larga en la historia del equipo, luego tuvo períodos como manager interino en 1980 y 1990. Llevó a los Cardenales a ganar la Serie Mundial ante los Medias Rojas de Boston en 1967 y otro banderín en 1968, cuando perdieron ante los Tigres de Detroit en la Serie Mundial.
Fue elegido al Salón de la Fama en 1989 por el Comité de Veteranos.
Albert Fred Schoendienst nació el 2 de febrero de 1923, en Germantown, Ill., a unas 40 millas al este de San Luis. Su padre, Joe, era minero de carbón y cátcher de un equipo de beisbol de caimaneras. Su madre, Mary, era ama de casa.
Firmó un contrato de 75$ al mes con el sistema de ligas menores de los Cardenales en 1942 y debutó en las grandes ligas en abril de 1945 luego de ser descartado del servicio militar debido a problemas con un ojo y hombro. Ese año, jugando en el jardín izquierdo, lideró la Liga Nacional en bases robadas con 26.
Schoendienst siguió siendo figura clave de los Cardenales hasta junio de 1956, cuando fue cambiado hacia los Gigantes de Nueva York en una transacción múltiple que también envió a Nueva York al joven jardinero Jackie Brandt para obtener al campocorto Alvin Dark y al primera base Whitey Lockman.
“Red fue el más duro para rendirse”, fue citado Frank Lane, gerente general de los Cardenales por The Associated Press. “Era el tipo de pelotero que podía salir y hacer cinco errores seguidos y los fanáticos no se disgustaban con él”.
Un año y un día después, los Gigantes negociaron a Schoendienst hacia los Cerveceros de Milwaukee.
Lideró la Liga Nacional en imparables en 1957 con 200, para ayudar a propulsar a los Bravos a ganar la Serie Mundial sobre los Yanquis.
“Muchas personas reconocieron que ese cambio había sido la diferencia que los hizo ganar”, le dijo Joe Torre a The Kansas City Star en 1993, cuando Torre dirigía a los Cardenales y Schoendienst fue su coach de banca. “Era un líder, la chispa que encendía el equipo”.
Schoendienst se sintió muy mal gran parte de la temporada de 1958, aunque bateó .300 en la Serie Mundial, que esa vez ganaron los Yanquis ante los Bravos. En noviembre de 1958, se determinó que tenía tuberculosis, y el siguiente febrero le fue extirpada una porción de su pulmón derecho. Estuvo incapacitado hasta septiembre de 1959.
Schoendienst tenía una voluntad de acero. Se había sobrepuesto a una severa lesión en un ojo que tuvo mientras trabajaba en los New Deal’s Civilian Conservation Corps en su adolescencia, y luego se repuso de una molestia crónica en el hombro. Estaba determinado a seguir jugando al recuperarse de la tuberculosis.
Fue jugador de banca de los Bravos en 1960, entonces regresó a los Cardenales, jugaba ocasionalmente pero probó ser efectivo como bateador emergente y también fue coach. Se retiró como pelotero activo durante la temporada de 1963 con un promedio de bateo vitalicio de .289.
En sus 14 años como manager de los Cardenales, incluyendo sus dos períodos como manager interino, tuvo un enfoque de bajo perfil, asumía las críticas públicas de sus peloteros. Tuvo marca de 1041 victorias y 955 derrotas.
Después de ser cesanteado luego de la temporada de 1976, fue coach por dos años con los Atléticos de Oakland, entonces regresó a los Cardenales como coach una vez más.
Además de su hija Ms. Schless, le sobreviven sus hijas Colleen Schoendienst y Cathleen Reifsteck; su hijo Kevin; un hermano, Joseph; ocho nietos y siete bisnietos. Su esposa, Mary O’Reilly, falleció en 1999.
Cuando Schoendienst fue inducido al Salón de la Fama, habló de su largo amorío con el beisbol.
“Todo lo que siempre quise fue estar en la tarjeta de la alineación todos los días y convertirme en campeón”, dijo. “El beisbol ha sido mi único trabajo. Todavía me emociono al ponerme ese uniforme y al oir esas maravillosas palabras, ‘Play ball’”.
Jacey Fortin colaboró reportando.
Traductor: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 1 de junio de 2018
Doc (Halladay)
A.J.Burnett- Pitcher retirado de grandesligas. The Players’ Tribune..29 de mayo de 2018.
Aquella noche de 2010 cuando oi que Roy Halladay había lanzado un juego perfecto, casi inmediatamente me vinieron dos pensamientos a la mente.
El primero fue que Doc finalmente consiguiera su juego perfecto, eso tal vez era la cosa menos sorprendente en la historia del beisbol. Básicamente sonreí algunas veces cuando me enteré. Me refiero a que siempre asumí que él lograría uno en algun momento…porque si alguien fue construido para lanzar un juego perfecto, ese era él.
El otro pensamiento, fue que me recordé que necesitaba llamarlo para que nos reuniéramos y planificáramos ir a pescar pronto, porque había pasado cierto tiempo desde la última vez que lanzamos los anzuelos al agua.
Quería ponerme al día con él y pescar algo…pero también tenía una especie de pequeño saldo que resolver.
Para ese momento yo estaba con los Yanquis, y Roy había pasado a los Filis. Pero cuando fuimos compañeros de equipo en Toronto, Doc y yo siempre íbamos a pescar durante el entrenamiento primaveral. Y constantemente discutíamos acerca de quien iba a capturar más peces. (Él era mucho mejor pescador que yo, pero de ninguna manera le iba a decir eso). Siempre bromeaba con Doc cuando los peces no mordían su anzuelo, o le lanzaba algunos gusanos de goma cuando estábamos en el agua…para tratar de molestarlo y desconcentrarlo para vencerlo en la pesca.
Bien, Doc tenía un lago pequeño detrás de su casa en las afueras de Tampa, y una vez decidió hacer un torneo de pesca allí. Llevé mi bote al agua, y él estaba allí en su bote. Recuerdo que me sentía muy bien. ¿Vencer a Doc…en un torneo de pesca…que él estaba organizando…en el lago de su casa? Si, quería esos derechos.
Así que todo empezó a fluir y yo estaba pescando en un lugar del lago, completamente aislado y enfocado, y no me di cuenta que Doc había llevado su bote justo detrás del mío. Lo hizo de manera silenciosa, como si hubiese flotado, porque no oi nada hasta que estuvo a un metro de distancia. Cuando finalmente miré hacia atrás y lo vi, noté que su motor estaba un poco fuera del agua.
Entonces miro a Roy, y él tiene esa astuta sonrisa.
Medio segundo después oigo este ruido loco, RRRRRRRRRRRR.
Para ese momento, era muy tarde para mí. Todo lo que pude hacer fue cerrar mis ojos.
Doc aceleró totalmente su motor y dosificó todo mi bote con agua de lago. Fue una locura. Había unos 7 metros de agua lloviendo sobre mí.
Estaba completamente empapado. De pies a cabeza.
El tipo me la hizo buena.
Pero, en realidad debí estar alerta ese día porque cualquiera sabía que si tratabas de bromear con Doc, eventualmente él te haría una grande. Y lo haría cuando menos lo esperaras, con esa sonrisa irónica, sin decir una palabra.
Él podía sorprenderte así fuera del campo algunas veces. Y dejarte meneando la cabeza, sin creer lo que había ocurrido.
Pero ¿que Doc hiciera algo parecido en el diamante de beisbol? Nada de eso. Allí era diferente. Era más que predecible allí. Nada que ese tipo lograra en el terreno me sorprendió en lo más mínimo.
Ni siquiera un juego perfecto
El tipo era una máquina.
Conocí a Doc cuando llegué a los Azulejos después de la temporada de 2005.
Esa primera primavera él estaba concentrado en su trabajo y poniéndose a punto para la temporada, así que no pude conocerlo mucho de inmediato. Pero cuando fuimos a Toronto empezamos a hacer sesiones contrastantes de baños calientes y fríos, Roy en uno, yo en el otro, luego cambiábamos.
Nunca había tomado el baño frío antes de llegar a los Azulejos, así que aquella primera vez Doc estuvo la mitad del tiempo riéndose de mí porque me estaba congelando, y temblaba, y gritaba, y él estaba en el otro baño diciendo, esto no es nada. Como si fuese un anfibio o algo parecido.
Pero de pronto se volteó hacia mí y me dijo, “Bien…¿cual es tu enfoque?”
Me quedé petrificado.
No sabía que hacer. Nadie antes me había preguntado por mi enfoque para pitchear. ¿Y ahora tengo a Roy Friggin’ Halladay esperando una respuesta acerca de eso?
Traté de tomarlo con calma, como si estuviera contemplando la pregunta, pero mi mente estaba a millón. Como, Hombre, ¿hay una respuesta obvia que pueda fallar? O ¿hay una clara respuesta equivocada? ¿Qué debería decir?
“Umm… Solo trato de lanzarle rectas a los bateadores. Y si me pongo adelante en la cuenta, lanzo mi curva lo mejor que pueda”.
Roy empezó a reirse.
Por un buen rato.
Ladeo la cabeza como diciendo, ¿Porqué te ríes?
Mientras más trataba de explicarme…más se reía Doc. Esa primera conversación que tuvimos mientras yo tomaba el baño de agua helada, fue de verdad el comienzo de todo para mí en términos de mi transición desde tirador de pedradas hacia ser un pitcher.
Todo cambió para mí después de eso.
De pronto, Doc me convenció de que lanzara más adentro, y hablábamos constantemente de cosas como ajustar mi curva, o usar lanzamientos lentos temprano en la cuenta, o como trabajar ambos lados del plato para desconcertar a los bateadores. Lo más importante que ocurrió en aquellos primeros días en Toronto fue que vi a un maestro en su trabajo cada día.
Me di cuenta rápidamente de la diferencia entre hacer solo lo necesario, y pitchear al más alto nivel posible.
Porque Doc, honestamente, estaba en un nivel completamente diferente.
Por momentos llegué a pensar que él tenía que estar loco, porque lo que decía parecía totalmente imposible. Cuando lo conocí me dijo que una de sus metas cada año era conceder menos boletos en una temporada que el total de juegos que abriera.
Eso es insano. Menos de un boleto por apertura.
Me decía, Este tipo está loco. Eso es imposible.
Pero si usted va y mira sus estadísticas…en verdad lo hizo algunos años. No solo lo decía. Iba y cumplía lo que decía.
Y la razón principal por la cual Doc era capaz de alcanzar ese nivel, era porque se preparaba como nadie que hubiese visto. Tenía varias rutinas y planes para todo lo que hacía, sesiones de bull pen, ejercicios, calentamiento antes de los juegos, todo. Nunca las cambiaba. Nunca. Si Doc tenía una de esas raras ocasiones donde lo bateaban, no entraba en pánico y cambiaba. Se mantenía con su formula, sin importar lo que ocurriera.
Doc también llevaba notas de todo, reuniones de catcher y pitcher, los diferentes bateadores, equipos, acondicionamiento, todo eso. Y eventualmente estoy seguro de que no necesitaba esas notas, porque llegó a un punto donde todo lo tenía en la mente.
Era tan bueno que los bateadores siempre querían sentarse a su lado en el dugout para enterarse de las características del pitcher rival al escuchar lo que Doc decía a través del juego.
Entonces, cuando era su turno de abrir…era cuando veias al verdadero Doc.
Tenías alrededor de 10 minutos para apurarte y saludarlo en esos días, tal vez cinco, porque después de eso…se aislaba por completo.
No era que andara molesto o algo por el estilo. Era solo que veías a un hombre con un plan, alguien quien estaba 100% enfocado en salir y ganar un juego de pelota para su equipo. Y sabes que no puedes bromear con un hombre cuando está enfocado de esa manera. Todos en aquel clubhouse de Toronto respetaban eso.
En aquel entonces, yo veía y aprendía, y hacía preguntas, y seguía el liderazgo de Doc. Y no lo puedo decir con seguridad, pero creo que él disfrutaba viéndome hacer eso.
Recuerdo que una vez se me acercó en el clubhouse y me entregó un libro.
Miré la portada, y honestamente pensé que era una especie de broma que trataba de jugarme. Se leía en letras grandes…
EL ABC mental del pitcheo. (The Mental ABC’s of Pitching)
Imaginé que me estaba probando. Hice una mueca como diciendo, ¿De verdad quieres que lea esto? Pero Doc estaba totalmente serio, como diciendo, Si, lo leo todo el tiempo. Así que miré más de cerca y noté que fue escrito por Harvey Dorfman, quien fue básicamente el psicólogo deportivo más famoso de la historia.
Hmm.
Entonces lo abro, y estaba resaltado.
Como todo el libro…totalmente resaltado en diferentes lugares.
Ahora no puedo asegurar si Doc resaltó esas cosas específicamente para mí. No lo sé. Nunca le pregunté. Pero siempre pensé que esa era una de las cosas más agradables que había visto, así que me quedé con eso. Como pensar, Doc me enganchó y resaltó esto para mí.
En poco tiempo me sorprendí al pasar más tiempo preparándome, y haciendo lo mismo cada día, sin importar lo que ocurrió en el juego previo que había lanzado. Estoy orgulloso al decir que una de las cosas que tomé de Doc fue aislarme cada quinto día y enseriarme como un hombre con un plan tan pronto como llegaba al estadio. Tomé ese enfoqué de Doc, y me mantuve haciendo las cosas de esa manera sin importar para que equipo jugase después de eso.
Y ¿saben una cosa? Cada vez que tenía alguna dificultad…sacaba el libro de Dorfman en un segundo y repasaba algo al respecto.
Desafortunadamente, el libro no enseña como dominar a los bateadores de la forma como lo hacía Doc.
Pero me siento muy afortunado de haberlo visto en acción, en primer plano, durante mi época con los Azulejos. Una de las cosas que aprecio más del tiempo que pasé con él es el hecho de que pude ver al tipo trabajar cada quinto día. Y, en muchas noches, lo que vi fue pura magia beisbolera, juego completo tras juego completo en 2008 cuando Doc ganó 20 juegos, o la vez cuando fue golpeado en la cabeza por una línea de Nyjer Morgan y se levantó de inmediato como si no fuese humano, o aquel juego completo de 10 innings que ganó en 2007.
Algunas noches, se podía predecir totalmente que él iba a hacer algo especial. Y ese fue el caso aún después que ya no éramos compañeros de equipo.
Cuando lanzó el juego sin hits ni carreras para los Filis en el playoff ante los Rojos, yo estaba con los Yanquis en Minnesota, Estaba sentado en el clubhouse esa tarde, y recuerdo haber dicho, “Miren a Doc salir y lanzar sin hits ni carrera esta noche”.
Lo digo en serio. Eso fue lo que dije. Se lo pueden preguntar a cualquiera que estuvo en ese clubhouse. Estaban allí y lo escucharon.
Fue la primera apertura de Doc en postemporada. Yo sabía que estaría aislado.
“Les digo que lo miren. Honestamente no me sorprendería si lanza sin hits esta noche”.
Y el tipo salió y lo hizo.
________________________________________
Al mirar en retrospectiva, definitivamente pienso que una de las razones por las que Doc y yo congeniábamos era porque éramos muy diferentes.
Si se sabe algo de mí, se sabe que me gusta haraganear y bromear con las personas y ser necio a veces. Esa nunca fue la manera de ser de Doc…pero hay muchas horas que compartir durante el día para dos pitchers abridores quienes no están programados para lanzar. Así que después de un tiempo, le di un poco de lidia.
Y nunca paré en darle momentos difíciles al tipo.
Él trataba de mantener su casillero de cierta manera…todo agradable, limpio y ordenado. Entonces venía yo y lo desordenaba todo. O en el dugout, siempre se sentaba con las piernas cruzadas, con el codo sobre la rodilla y la mano en la barbilla, y hablaba con nuestro coach de pitcheo de entonces, Brad Arnsberg. Bien, esa era mi oportunidad. Cada vez que veía a Doc en esa pose, me acercaba y le golpeaba el codo hasta despegárselo de la rodilla.
Eso me divertía.
Verlo mostrar esa semi sonrisa como diciendo: “¡Madura, A.J.!”
Solo experimentar ese momento, y saber que hice reir a Doc un poco…eso llenaba mi día.
Jugué con muchos buenos peloteros a través de los años, y tuve numerosos buenos compañeros de equipo, pero si había un tipo con el que deseé haber jugado toda mi carrera ese era Doc.
Sinceramente.
Fue el único tipo en mi carrera de 17 años por quien me sentí terrible al despedirme cuando me fui a otro equipo. Luego de un tiempo me recuperé, pero cuando eso ocurrió…lo miré como diciendo: Hombre, me siento muy mal por esto.
Recuerdo que después de mi apertura final con los Azulejos, había blanqueado a los Yanquis, y en ese momento no había certeza de lo que iba a ocurrir…era posible que regresara con Toronto, pero también que me fuera. Así que al terminar el juego miro a Doc, como diciéndole, “Gracias por todo. En realidad le dije, gracias”.
El me respondió, “No, no, no. Soy yo quien te agradece”,
Me quedé perplejo…
“¿De qué estás hablando?
“¿Por qué me estás dando las gracias? ¿Por qué me tiene que dar las gracias Roy Halladay?”
Y él empezó a reir.
Él dice, “Por esto, hombre. Por reírnos juntos como lo hacemos ahora”.
Eso me desarmó por completo.
Y siguió hablando.
“Me ayudaste a buscar como relajarme, hombre”.
¿Me estás gastando una broma? ¿Qué tan agradable es eso? Doc básicamente dijo: Me enseñaste como divertirme de vez en cuando.
Esa fue, una de las cosas más agradables que alguien me haya dicho. Y ¿saben que?...Lo creeré. Lo creeré de inmediato. Roy Halladay agradeciéndome porque nos divertimos. Eso es dificil de igualar.
Por supuesto, extrañé mucho a Doc tan pronto me fui de Toronto.
Ese tipo significaba mucho para mí, deseo haber jugado con él toda la vida.
Nunca tuve oportunidad de decirle eso…pero de verdad deseo haberlo hecho.
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Estos días, pienso en Doc cada vez que veo un avión pequeño en el cielo.
Cada vez.
Y cada vez que veo el número 32. Y cada vez que veo a los Azulejos en TV.
Cuando supe lo que le había ocurrido, fue uno de esos momentos donde deseé haberlo llamado el día anterior.¿Saben lo que quiero decir? Deseé haberle dicho, Epa ¿cómo va todo hombre? Pensé que te llamaría de pronto. ¿Por qué no vamos a pescar en alguna parte?
Pero no siempre se piensa así. A veces no se hacen esas llamadas, por la razón que sea. Porque estamos ocupados, o perdemos la secuencia de las cosas, o solo…la vida ocurre de esa manera. Y no nos mantenemos en contacto como deberíamos, o tenemos el tiempo suficiente para las personas quienes son importantes para nosotros.
Y entonces…hombre. Es muy duro cuando ocurre algo como lo que ocurrió con Doc.
Mucho más que duro.
Así que no sé, lo que trato de decir es que hay que mantenerse en contacto con las personas.
Porque no se puede regresar en el tiempo.
Solo deseo poder haber hablado con Doc una última vez antes que se marchara.
Le hubiese recordado cuanto significó para mí, como me ayudó para aprender no solo a pitchear, sino acerca de mí. Le hubiese dicho muchas cosas a ese tipo.
Fue el mejor compañero de equipo que tuve.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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