viernes, 25 de septiembre de 2020
La Antígua Estrella de los Astros de Houston, Jimmy “The Toy Cannon” Wynn, fallece a los 78 años de edad.
26 de marzo de 2020.
AP MLB: https://apnews.com/MLB and https://twitter.com/AP—Sports
Jimmy Wynn, el diminuto toletero de Houston cuyos monstruosos batazos de los años 1960s y 1970s le ganaron el apodo de “The Toy Cannon” ha fallecido.
Los Astros dijeron que el tres veces jardinero del equipo Todos Estrellas falleció este jueves 26 de marzo, pero no dieron más detalles.
El pequeño Wynn tenía mucho poder. Bateó más de 30 jonrones dos veces con Houston, incluyendo un tope vitalicio de 37 en 1967 mientras su equipo efectuaba la mitad de los juegos en el Astrodomo que era un estadio que favorecía a los lanzadores.
“El éxito de Jimmy en el terreno ayudó a construir nuestra franquicia desde sus inicios”, dijeron los Astros en una declaración. “Después de su retiro, su trabajo incansable en la comunidad impactó a miles de jóvenes en Houston. Aunque ya no está con nosotros, su legado vivirá en Minute Maid Park, en la Academia Juvenil de los Astros y más allá”.
Para el momento de su deceso, Wynn trabajaba en la oficina principal de los Astros como ejecutivo de apoyo a la comunidad. Celebrado a cualquier parte que fuese, Wynn a menudo era visto alrededor del estadio interactuando con los peloteros y los aficionados.
Wynn era conocido por sus largo jonrones y dos se hicieron famosos.
El primero ocurrió el 10 de junio de 1967, cuando sacó una pelota del Crosley Fieldde Cincinnati sobre la pizarra entre el jardín izquierdo y el central hacia el autopista detrás dl estadio.
Casi tres años después, el 12 de abril de 1970, se convirtió en el primer pelotero en batear un jonrón hacia el primer piso del Astrodomo cuando despachó un envío de Phil Niekro a más de 500 pies por la línea del jardín izquierdo.
Wynn pasó sus primeras once temporadas en Houston, primero con los Colt ,45s y luego con los Astros, antes de hacer paradas con los Dodgers, Bravos, Cerveceros y Yanquis en una carrera de quince años en las mayores.
Wynn salió del equipo como líder de la franquicia en imparables, jonrones, carreras empujadas y boletos. En total, terminó con 291 cuadrangulares, 964 carreras empujadas y 225 bases robadas en su carrera.
Lideró las mayores con 148 boletos en 1969 y robó un tope de 43 bases en 1965. Wynn anotó 100 carreras o más tres veces con Houston.
La camiseta número 24 de Wynn fue retirada por los Astros el 25 de junio de 2005, y fue inducido al Salón de la fama de los Astros en su clase inaugural el 3 de agosto de 2019.
En junio de 2011, fue honrado por la franquicia cuando los Astros y Minute Maid inauguraron el Jimmy Wynn Training Center, una facilidad de beisbol con todos los adelantos del momento en la Astros Youth Academy.
Nacido en Cincinnati el 12 de marzo de 1942, Wynn creció allí antes de asistir a la Central State University en Wilberforce, Ohio. Debutó en MLB el 10 de julio de 1963, a los 21 años y despachó cuatro jonrones con 27 carreras empujadas en 70 juegos esa temporada.
Wynn tuvo su primera temporada de veinte jonrones en 1965 cuando largó 22. Descargó 33 jonrones en 1969 con Houston y su última temporada de 30 jonrones ocurrió en 1974 cuando soltó 32 y tuvo un tope vitalicio de 108 carreras empujadas con los Dodgers.
Wynn jugó su única Serie Mundial en 1974 y jonroneó para los Dodgers en una derrota de cinco juegos ante Oakland.
Traducción: Alfonso L. Tusa C. 4 de abril de 2020.
Nota del traductor: Actuación de Jimmy Wynn con los Tiburones de La Guaira en LVBP.
Temporada 1964-1965: 44 J, 165 VB, 24 CA, 45 H, 8 2H, 5 HR, 18 CI, 10 BR, .273 AVG.
1965-1966: 15 J, 58 VB, 10 CA, 11 H, 2 2H, 2 HR, 4 CI, 1 BR, .190 AVG.
jueves, 5 de marzo de 2020
Johnny Antonelli, Pitcher Estrella de los Gigantes , fallece a los 89 años de edad.
Contribuyó para que ellos ganaran la Serie Mundial en 1954, cuando jugaban en Nueva York, y siguió siendo parte esencial del equipo cuando se mudaron a San Francisco.
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Richard Goldstein. The New York Times. 28 de febrero de 2020.
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Johnny Antonelli, el lanzador zurdo del equipo de estrellas que ayudó a propulsar a los Gigantes de Nueva York para ganar la Serie Mundial de 1954 y continuó siendo uno de los mejores pitchers de la Liga Nacional durante los primeros años de los Gigantes en San Francisco, falleció este viernes 27 de febrero en su hogar de Rochester, NY.
Scott Pitoniak, quien colaboró con él en “Johnny Antonelli: A Baseball Memoir” (2012), dijo que la causa fue cáncer.
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Codiciado por muchos equipos de grandes ligas por su cortante recta, Antonelli se convirtió en uno de los primeros “muchachos bono” en el verano de 1948 cuando, justo al salir de la escuela secundaria en Rochester, firmó con los Bravos de Boston por 52.000 dólares (el equivalente de alrededor de 566.000 dólares actuales).
Antonelli nunca pasó un día en las menores, porque los peloteros con grandes bonos podían ser reclamados por otro equipo si estaban en el sistema de granjas. Fue utilizado de manera gradual por los Bravos en sus primeras tres temporadas con ellos, luego estuvo dos años en el ejército y regresó con marca de 12-12 cuando el equipo se mudó a Milwaukee en 1953.
Él surgió como estrella después que los Bravos lo cambiaron a los Gigantes en febrero de 1954. “Fue el mejor momento de mi carrera”, le dijo una vez a The Democrat and Chronicle de Rochester.
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Antonelli dependía de la recta y la curva, pero también aprendió a lanzar envíos quebrados para lograr marca de 21-7 con los ganadores del banderín de 1954, los Gigantes. Lideró la Liga Nacional en efectividad (2.30) y blanqueos (6) e igualó al relevista de los Gigantes, Hoyt Wilhelm en porcentaje de triunfos (.750).
“Polo Grounds fue un estadio amigable para mí”, Antonelli fue citado de haber dicho eso por Danny Peary en la historia oral “We Played the Game” (1994), “Fui capaz de evitar que los bateadores halaran la pelota. Los obligaba a que batearan de frente, y tenía a Willie Mays para que buscara los batazos dificiles”.
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La Serie Mundial de 1954 entre los Gigantes y los Indios de Cleveland es recordada principalmente por la espectacular atrapada sobre el hombro y posterior lanzamiento de Willie Mays en Polo Grounds con dos corredores embasados en el primer juego, y por los jonrones de Dusty Rhodes como bateador emergente.
Pero Antonelli también brilló. Lanzó juego completo en la victoria 3-1 del segundo juego y cerró la serie en relevo, al conseguir los últimos cinco outs del cuarto juego, tres ponches, mientras los Gigantes barrían a los Indios que habían ganado el banderín con una marca para la Liga Americana de 111 triunfos.
Antonelli terminó tercero en la votación del jugador más valioso de la Liga Nacional y fue nombrado pitcher del año de la liga por The Sporting News. (El premio Cy Young aún no se había creado).
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Lanzó los 16 innings de una victoria 2-1 sobre Cincinnati en Polo Grounds en mayo de 1955, ganó 20 juegos en 1956 y fue el pitcher abridor cuando los Gigantes jugaron su último juego en Polo Grounds antes de mudarse a San Francisco en 1958.
Antonelli ganó 35 juegos en los primeros dos años de los Gigantes allá, donde los Gigantes jugaban en el favorable para los bateadores Seals Stadium, un antíguo parque de la Pacific Coast League.
Pero los aficionados de los Gigantes reservaban la mayor parte de su adulación para los peloteros que hicieron su debut en las mayores en San Francisco, Juan Marichal, Orlando Cepeda, Willie McCovey y Felipe Alou.
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Antonelli se convirtió en villano en San Francisco debido a una arrancada emocional luego de perder un juego ante los Dodgers de Los Angeles en Seals Stadium en julio de 1959, al permitir dos jonrones en un día de vientos intensos.
“Fui derrotado por dos condenados elevados”, citó Sports Illustrated a Antonelli de haber comentado en el clubhouse. “A un pitcher le deberían pagar el doble por trabajar aquí. El peor estadio de Estados Unidos. Cada vez que subes al montículo aquí, tienes que vencer al bateador y a un viento de 30 millas por hora”.
Un editorial de The San Francisco Chronicle sugirió que la directiva de los Gigantes debería enviar a Antonelli a “un estadio mítico donde el viento nunca sople, o que cuelguen una piñata en el clubhouse”.
Cuando Antonelli abrió un juego en casa contra los Cachorros una semana despues, los aficionados lo abuchearon. Nunca volvió a tener el apoyo de ellos.
Antonelli dijo mucho después que había sido malinterpretado de haber insultado a San Francisco
Antonelli le contó a Danny Peary mucho despues que un reportero quien lo interrogó después del juego “estaba buscando sensacionalismo y escribió que dije, ‘Pueden meterse a San Francisco por…’”
“Nunca dije nada malo de la ciudad”, dijo él, “ solo de Seals Stadium”.
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En 1960 los Gigantes empezaron a jugar en Candlestick Park, el cual se hizo notorio por los vientos que soplaban hacia la derecha. Antonelli tuvo problemas para ganar como abridor ese año, fue enviado al bull pen y agenció marca de 6-7. Seguía siendo abucheado por sus declaraciones de 1959, y fue cambiado a Cleveland después de la temporada de 1960.
Tuvo marca combinada de 1-4 con los Indios y Bravos en 1961, entonces fue vendido a los Mets. Pero se retiró a la edad de 31 años en vez de reportarse a ellos, quería dedicarle más tiempo a su familia y los negocios.
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Tuvo marca vitalicia de 126-110 y participó en el juego de estrellas en 1954 y todos los años desde 1956 hasta 1959.
John August Antonelli nació el 12 de abril de 1930, en Rochester, hijo de Gus y Josephine (Messore) Antonelli. Su padre, inmigrante italiano, instalaba rieles para el New York Central Railroad.
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Antonelli pitcheó en solo cuatro juegos con los Bravos en la temporada cuando ganaron el banderín en 1948. Cuando fueron vencidos por los Indios en la Serie Mundial, los jugadores decidieron no tomar en cuenta a Antonelli para entregarle su cuota de dinero por participar en la Serie Mundial y se repartieron el monto a 4.570.73 $ por pelotero. El comisionado de béisbol, Harry Chandler, ordenó que Antonelli recibiera un octavo de la cuota, 571.34 $.
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Los sobrevivientes de Antonelli incluyen a su segunda esposa, Gail Harms Antonelli, y tres hijas, Lisa, Donna y Regina, y un hijo, John Jr., de su matrimonio con su primera esposa, Rosemarie, una archivadora en Eastman-Kodak en Rochester, quien falleció en 2002.
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Despues de retirarse del béisbol, Antonelli fue dueño de más de dos docenas de tiendas de neumáticos Firestone en Rochester y áreas circunvecinas.
En 2008, cuando los Gigantes celebraron el aniversario 50 de su mudanza a San Francisco, no hubo resentimiento de parte de Antonelli a pesar del incidente de sus comentarios en 1959. Estuvo presente para la ceremonia en AT&T Park, los jonrones ayudados por el viento de Seals Stadium eran solo un recuerdo distante.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 7 de enero de 2020
Don Larsen, el Pitcher de los Yanquis que lanzó el único Juego Perfecto en una Serie Mundial, fallece a los 90 años de edad.
Se retiró luego de 14 temporadas con un registro vitalicio negativo, pero por un día de 1956 fue la marca de la perfección.
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Richard Goldstein. The New York Times. 01 de enero de 2020.
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Don Larsen, un lanzador ordinario quien alcanzó lo extraordinario cuando lanzó el único juego perfecto en la historia de la Serie Mundial, falleció este miércoles 01 de enero en Hayden Lake, Idaho.
Su deceso fue confirmado por Andrew Levy, su agente.
El hijo de Larsen, Scott, dijo la semana pasada en una declaración que su padre estaba siendo tratado por cáncer de esófago, el cual había sido diagnosticado este verano.
Cuando Larsen subió el montículo contra los Dodgers de Brooklyn la tarde del 8 de octubre de 1956, en el Yankee Stadium original, estaba en la cuarta temporada de una carrera poco llamativa.
Poseía un físico imponente para su época, 6 pies 4 pulgadas y 108 kilogramos, su humanidad la remataba un corte de cepillo y unas orejas extra grandes. Su repertorio de recta, slider y curva parecía el arsenal suficiente para tener una buena carrera.
Pero Larsen había perdido 21 juegos lanzando para los Orioles de Baltimore hacía dos años, y tenía dificultades para controlar no solo sus pitcheos sino también por su afinidad con la vida nocturna.
Sin embargo, por un día Larsen fue el retrato de la perfección. Veintisiete veces, los bateadores de los Dodgers, en una alineación que contaba con cuatro futuros inquilinos del Salón de la Fama fueron al plato, y todos regresaron al dugout sin conseguir imparable, boleto o algún error de la defensa de los Yanquis.
La obra maestra de Larsen llegó 34 años después que las ligas mayores habían presenciado otro juego perfecto. Ningún pitcher, antes o después, ha lanzado un juego sin hits ni carreras en la Serie Mundial.
Como Larsen dijera una vez: “Ocurren cosas tontas”.
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La temporada de Larsen en 1956 no había empezado de manera prometedora. Durante el entrenamiento primaveral en St. Petersburg, Fla., estrelló su carro contra un poste de teléfono mientras regresaba al hotel donde se alojaba el equipo alrededor de las 4 am. Más adelante ese día, dijo que se había quedado dormido mientras manejaba, y cuando le preguntaban sobre el incidente a través de los años, mantuvo que no había estado bebiendo.
A excepción de una fisura en un diente ese episodio no tuvo consecuencias serias, pero el choque inspiró a sus compañeros de los Yanquis para apodarlo Gooney Bird, por el albatros, el cual se encuentra principalmente en Midway Atoll en el Pacífico, conocido por lo sus caídas de espalda mientras se desplaza sobre el suelo.
Pero Larsen tuvo marca de 11-5 en 1956, brilló hacia el final de la temporada cuando desarrolló lo que era conocido entonces como un envío de windup no ortodoxo que le dio un mejor balance para determinar su selección de pitcheos.
El manager Casey Stengel le dio la oportunidad en el segundo juego de la Serie Mundial, y los Dodgers lo castigaron en el segundo inning en Ebbets Field al marcarle seis carreras en un victoria 13-8.
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Cuando Larsen llegó a Yankee Stadium tres días después, no tenía idea si enfrentaría de nuevo a los Dodgers. Supo que abriría el quinto juego con la serie igualada a dos juegos, solo cuando encontró una pelota en uno de sus zapatos, la señal acostumbrada de una asignación para abrir juego, colocada por Frank Crosetti, el coach de tercera base. Hasta el día anterior Stengel no había escogido a nadie.
Larsen y Sal Maglie, el abridor de los Dodgers, llegaron perfectos al cuarto inning. Pero Mickey Mantle descargó jonrón con dos outs en el cuarto para darles a los Yanquis ventaja de una carrera, y los Yanquis agregaron otra carrera en el sexto.
Larsen avanzó en la distancia, sobreviviendo algunas dificultades.
En el segundo inning de los Dodgers, Jackie Robinson abrió con un fuerte linietazo que rebotó en el tercera base Andy Carey, pero el campocorto Gil McDougald atrapó el rebote y retiró a Robinson, quien no tenía la rapidez de sus primeros años, en una jugada cerrada. “Pegó en la punta de los dedos de mi guante”, recordó Carey. “Pocos años antes, Robinson habría sido quieto”.
En el cuarto inning, Duke Snider no bateó un jonrón por la derecha por pocos centímetros. En el quinto, Gil Hodges bateó una línea entre el jardín izquierdo y el central que atrapó Mantle corriendo mucho, y Sandy Amoros perdió un jonrón por la derecha por un pelo.
Para el séptimo inning, Larsen sabía que tenía un juego sin hits ni carreras, aunque no se había dado cuenta que lanzaba un juego perfecto. Solo había llegado a cuenta de tres bolas con un bateador, Pee Wee Reese, en el primer inning, sus envíos bordaron las esquinas del plato a través de la tarde.
“Nunca tuve un control como ese antes o después”, le dijo a Sports Illustrated décadas después. “Parecía que todo lo que lanzaba estaba en la zona”.
Sus compañeros, temiendo que podían empavarlo, se alejaban en el dugout cuando él trataba de iniciar una conversación en las etapas finales del juego.
Con más de 64.000 personas gritando, Carl Furillo, el primer bateador de los Dodgers en el noveno inning, elevó a la derecha. Entonces Roy Campanella la rodó por segunda base. Dale Mitchell, un jardinero, emergió por Maglie, fue al plato, y como Larsen lo recordaba, “Recé una pequeña oración”.
Con la cuenta en una bola y dos strikes, lanzó una recta, su envío 97. Mitchell aguantó el swing, pero el árbitro Babe Pinelli cantó el tercer strike. Pocos minutos después de las tres en punto, se había hecho historia beisbolera.
El cátcher Yogi Berra saltó a los brazos de Larsen, el efusivo abrazo fue capturado en una foto que se convirtió en una imagen clásica del beisbol. “Junto a llegar al Salón de la Fama en 1972, ese fue probablemente mi momento más emotivo en el beisbol”, dijo Berra una vez.
Larsen solo se percató de que había lanzado un juego perfecto cuando entró al clubhouse.
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Donald James Larsen nació el 7 de agosto de 1929, en Michigan City, Ind., pero sus padres, james y Charlotte Larsen, mudaron la familia para San Diego cuando el tenía 15 años de edad. Mientras lanzaba para Point Loma High School llegó una oferta de los Browns de St.Louis en 1947. (David Wells, otro alumno de Point Loma lanzó un juego perfecto para los Yanquis contra los Mellizos de Minnesota en 1998).
Larsen llegó a las mayores en 1953, cuanto tuvo marca de 7-12 con los Browns.
Tuvo marca de 3-21 en 1954 cuando los perennes sotaneros Browns se convirtieron en Orioles de Baltimore, entonces fue cambiado a los Yanquis en una negociación de 17 peloteros que también les proporcionó al lanzador de poder Bob Turley, quien ganara el premio Cy Young de 1958 como el mejor pitcher del beisbol.
Larsen tuvo marca de 9-2 con los Yanquis en 1955. Después de sus 11 victorias en 1956, nunca ganó más de 10 juegos en una temporada.
Fue cambiado a los Atléticos de Kansas City en diciembre de 1959, en una negociación que llevó a Roger Maris a los Yanquis. Dos años después, Maris establecería otra marca simbólica, al despachar 61 jonrones para romper la marca de Babe Ruth para una temporada.
Larsen también pitcheó para los Medias Blancas de Chicago, Gigantes de San Francisco, Astros de Houston (entonces Colt .45s), Orioles y Cachorros de Chicago. Se retiró luego de 14 temporadas con marca de 81-91 y lanzó en la Serie Mundial cuatro veces con los Yanquis y una con los Gigantes.
“No estoy contento con mi marca vitalicia”, dijo Larsen una vez. “Pudo haber sido mejor. Las fiestas tuvieron algo que ver con eso. Pero siempre necesitaba compañía, aun si solo había dos personas en la ciudad”.
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Luego de retirarse del beisbol, Larsen fue vendedor para una compañía de productos de papel de California.
Larsen y su esposa, de soltera Corrine Bruess, pasaron sus años finales en el pequeño pueblo de Hayden Lake, en la frontera de Idaho. Larsen disfrutaba pescando en un lago cercano a su hogar, pero también asistía a eventos de autógrafos y memorabilia y a los juegos de viejas glorias de los Yanquis.
Vendió su uniforme del juego perfecto, la camiseta de rayas con el número 18 y sus pantalones, a un negociador de memorabilia en una subasta por 765.000 $, en diciembre de 2012 para financiar la educación de sus nietos, Justin y Cody Larsen. Además de su esposa e hijo, ellos le sobreviven.
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Larsen decía a menudo que no había un día en que no pensara en su hazaña, y manejaba un carro con placas DL000, por sus iniciales y el box score que indicaba cero carreras, cero hits, cero errores.
En el aniversario 45 de su juego perfecto, Larsen reflexionó sobre ese momento. “Mi creencia es que si trabajas lo suficientemente duro, algo bueno va a ocurrir”, dijo él. “Todos pueden tener días buenos”.
Tyler Kepner contribuyó reportando.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C. 06 de enero de 2020.
jueves, 19 de diciembre de 2019
Dorothy Seymour Mills, Desacreditada Historiadora de Beisbol, fallece a los 91 años de edad.
Ella colaboró con su primer esposo en una aclamada historia del juego de tres volúmenes. Pero pasaron 50 años para que su contribución fuese reconocida completamente.
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Richard Sandomir. The New York Times. 26 de noviembre de 2019.
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Dorothy Seymour Mills, quien colaboró por más de 30 años en un libro de tres volúmenes sobre la historia del beisbol con su primer esposo, Harold Seymour, aunque él rechazó acreditarla, falleció el 17 de noviembre en Tucson, Ariz.
Su amiga Charmaine Wellington dijo que la causa fue complicaciones con una úlcera.
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El trabajo de los Seymour, el cual hace un trazado del beisbol desde sus raíces hasta 1930 en los dos primeros libros, y luego se enfoca en el beisbol amateur en el tercero, ha sido considerado por mucho tiempo como el primer recuento académico del pasado del beisbol.
“Nadie puede llamarse estudioso de la historia del beisbol sin haber leído estos trabajos indispensables”, escribió John Thorn, historiador oficial de Major League Baseball en el Baseball Research Journal en 2010.
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Ms. Mills jugó numerosos papeles en la creación de “Baseball: The Early Years” (1960), “Baseball: The Golden Age” (1971) and “Baseball: The People’s Game” (1990). Fue su primera investigadora, hurgando bibliotecas y archivos a través del país. Organizó el proyecto, mecanografió los manuscritos, editó los libros antes de ser sometidos a publicación y preparó los índices. Y escribió una gran parte del libro final.
Aún así, cada volumen mostraba solo el nombre de Mr. Seymour. Cuando el primer libro fue publicado, Sports Illustrated comparó a Mr. Seymour con Edward Gibbon, el autor del siglo 18 de “The History of the Decline and Fall of the Roman Empire.”
En cada libro Ms. Mills era simplemente una de muchas personas mencionadas en los agradecimientos. En “The Golden Age”, Mr. Seymour la citó por haber “contribuído con su conocimiento y destrezas profesionales en todas las fases del trabajo”.
Para ella, la colaboración estaba lejos de ser satisfactoria.
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“A la vez glorioso e ignominioso: Eso caracteriza mi trabajo con el Dr. Harold Seymour”, escribió ella en “A Woman’s Work: Writing Baseball History With Harold Seymour” (2004). (“El Trabajo de una Mujer: Escribir la Historia del Beisbol con Harold Seymour”).
En 1989, mientras se aproximaban a completar “The People’s Game”, Ms. Mills presionó formalmente a su esposo para que la considerase coautora. Los problemas de salud de Mr. Seymour implicaron que ella hiciese más de lo usual. También había escrito 13 de los 27 capítulos.
Ella planteó 12 puntos en demanda de reconocimiento.
En el segundo punto, escribió en parte: “Recopilé, analicé y organicé toda la investigación, haciéndola comprensible y apropiada para el proceso de escritura. Produje cientos de páginas interpretando y citando la investigación”.
Agregó: “Sin ese estudio analítico, la escritura habría sido imposible”.
Mr. Seymour la contradijo.
“Todos asumían que él había hecho todo el trabajo, eso es lo que él quería, pero éramos socios en igualdad de condiciones”, dijo Ms. Mills en una entrevista con The New York Times en 2010. “No quería compartir créditos. No dije nada en ese momento, porque para ese tiempo, las esposas no hacían eso”.
La resistencia de Mr. Seymour a compartir créditos era similar a la del historiador Will Durant. A través de los primeros seis libros de sus 11 series de libros, “The Story of Civilization”, no compartió créditos con su esposa, Ariel. Pero cambió de parecer para el séptimo volumen.
Pasarían casi 20 años después del deceso de Mr. Seymour en 1992, para que Ms. Mills obtuviera su reconocimiento.
Dorothy Jane Zander nació el 5 de Julio de 1928 en Cleveland, hija de Henry y Catherine (Reinert) Zander. Su padre era impresor y su madre ama de casa.
En sus años de educación secundaria, Dorothy se sintió por el idioma inglés, su gramática e historia. Tenía intenciones de estudiar periodismo, ella editaba el periódico de su escuela secundaria y era secretaria en The Cleveland News.
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En Fenn College (ahora Cleveland State University), ella estudió inglés y conoció a Mr. Seymour, quien era su profesor de historia y 18 años mayor. Mr. Seymour la empleó como secretaria y empezó a utilizar sus destrezas de escritura para ayudarse a preparar sus cursos. Pronto, ella empezó a ayudarlo con su disertación doctoral acerca de la temprana historia del beisbol.
Él era un fanático, había sido recogebates de los Dodgers de Brooklyn en Ebbets Field, y ella no.
“Las personas no entienden eso”, le dijo ella a The Times. “Pienso que es buena idea permanecer por encima de eso. Se escribe con más objetividad acerca de un tema del cual no estás enamorado”.
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Ellos se hicieron íntimos y contrajeron matrimonio después del tercer año de ella en Fenn. Ella se mudó a Western Reserve University (ahora Case Western Reserve) en Cleveland y se convirtió en maestra de escuela primaria después de la graduación.
Mr. Seymour recibió su Ph.D en Cornell University en 1956, entonces logró un contrato con Oxford University Press para escribir el primer volumen de la historia “Baseball”. Ella dejó de enseñar después que empezaron el segundo volumen; en su tiempo libre, ella escribió “Ann Likes Red” (1965) y otros libros infantiles.
Su trabajo compartido continuó, y ella siguió sin recibir crédito. Pero eventualmente se sintió frustrada y le presentó sus reclamos a Mr. Seymour. Luego recordó lo difícil que había sido hablar de eso.
“Era muy fácil no hacerlo”, le dijo a The Times en 2010. “Solo estaba haciendo mi papel”.
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Luego que Mr. Seymour falleciese, ella empezó a discutir sus contribuciones en los trabajos de él públicamente y a escribir acerca de eso. Aún así, pasaron los años sin que su nombre fuese agregado en los libros.
Entonces, en 2010, en otro recordatorio del rechazo de su esposo para acreditarla, la Society for American Baseball Research (SABR) anunció que Mr. Seymour, y no Ms. Mills, estaría entre los que recibirían los primeros premios Henry Chadwick , que honran a los investigadores de beisbol.
“Era algo increíble”, dijo por teléfono Leslie Heaphy, vicepresidente de SABR y profesor de Historia en Kent State University. “¿De verdad no se lo van a dar a ella?”
Después de las objeciones de muchos miembros femeninos de SABR, el comité de selección realizó la corrección. Ms. Mills fue agregada a la lista de premiados.
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Cuatro meses después, Oxford anunció que las impresiones futuras de la trilogía “Baseball” llevarían el nombre de Ms. Mills. Los libros fueron reeditados el año siguiente, con el nombre de ella sobre el de Mr. Seymour en la portada de “The People’s Game”. (Su trabajo como co-autora estaba confirmado en un estudio de 71 cajas de las notas de Seymour realizado por Steve Gietschier, editor director de investigaciones en The Sporting News, y aceptado por SABR).
Para entonces, la vida de Ms. Mills habia cambiado significativamente.
Había conocido y se había casado con Roy Mills, un antiguo oficia de la Royal Canadian Air Force en la década de 1990. Y había empezado a escribir novelas históricas, incluyendo “The Sceptre” (1998), la cual devela un plan nazi para secuestrar al director de orquesta Arturo Toscanini. Otra novela fue “Drawing Card” (2012), acerca de una mujer a quien no le permitieron pitchear en el beisbol organizado.
También escribió “Meatless Meat” (2001), un libro de recetas vegetarianas; una serie de misterios ambientados dentro de una facilidad de cuidados asistidos como donde ella vivió; y “Chasing Baseball: Our Obsession With Its History, Numbers, People and Places” (2010). A veces escribió con el nombre Dorothy Jane Mills.
A Ms. Mills, quien vivía en Tucson, le sobreviven su hijastra, Mary Jane Webb; sus hijastros, David, Kenneth y Donald Mills; y seis nietos. Mr. Mills falleció en 2012.
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En 2011, Ms. Mills recordó su júbilo por la decisión de Oxford de agregar su nombre en los libros de beisbol.
“Oh, eso fue muy satisfactorio”, le dijo a SABR en una entrevista de 2011 publicada en su página web. “Pero siempre había tenido ese orgullo. Especialmente cuando Seymour estaba vivo y salían esas maravillosas críticas. Sabía que la mayoría de esas revisiones se debían parcialmente a mi trabajo”.
Richard Sandomir es un escritor de obituarios. Anteriormente escribía acerca de medios y negocios deportivos. Es autor de varios libros, incluyendo “The Pride of the Yankees: Lou Gehrig, Gary Cooper and the Making of a Classic”.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C. 18 de diciembre de 2019.
lunes, 2 de diciembre de 2019
Los Yanquis contrataron a una entrenadora de bateo. Su nombre es Rachel
Se cree que Rachel Balkovec es la primera mujer contratada a tiempo completo como entrenadora de bateo de una organización de grandes ligas.
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Lindsay Berra. The New York Times. 22 de noviembre de 2019.
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Mientras tomaba una caminata matinal en Fort Lauderdale, Fla., esta semana al asistir a Slugfest, una conferencia de tres días donde se reúnen los entrenadores de bateo más destacados de Major League Baseball, Rachel Balkovec aminoró el paso para saludar a una madrugadora.
¿Asistirá a la conferencia? Preguntó la mujer
Si.
“¡Oh!” replicó la mujer. “¿Con quien estás casada?”
Ese es el tipo de respuesta estereotípica que Balkovec, 32, ha estado enfrentando por años en el beisbol, y la que espera continuar quebrando cuando se reporte a Tampa el 1 de febrero para convertirse en la entrenadora de bateo de ligas menores de los Yanquis. Firmó contrato el 8 de noviembre y se cree que es la primera mujer empleada a tiempo completo como coach de bateo de un equipo de grandes ligas.
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Los oficiales del equipo dijeron que habían contratado a Balkovec basados en las calificaciones, que incluyen dos grados de maestría en ciencia del movimiento humano y experiencia en varios equipos de ligas menores, que fueron una razón natural para ingresar en el cuerpo de entrenadores para la próxima temporada.
“El porqué escogimos a Rachel para este cargo tiene una respuesta fácil”, dijo el coordinador de bateo, Dillon Lawson. “Es una buena coach de bateo, y una buena entrenadora, punto”.
Lawson conoció a Balkovec mientras ambos trabajaban con los Astros de Houston en 2016, él como coach de bateo de ligas menores y ella como coordinadora de fuerza y acondicionamiento de los latinoamericanos del equipo. Ella había aprendido español por su cuenta para ser una entrenadora más efectiva. En 2018, se convirtió en coach de fuerza y acondicionamiento del equipo AA de los Astros, Hooks de Corpus Christi.
“Dillon fue mi mentor con los Astros, lo considero un visionario del juego”, dijo Balkovec.
Ella dijo que una vez lo vio ponerse un micrófono para grabar su sesión de entrenamiento con los peloteros para escucharse y criticarse después.
“Su deseo de superarse para poder hacer que otros mejoraran siempre me ha inspirado a actuar de la misma manera”, dijo ella.
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Major League Baseball ha ido dando pasos para incluir más mujeres en los cargos de campo, como coaches, scouts, árbitros y masajistas atléticos.
Los Atléticos de Oakland contrataron a Justine Siegal como instructora invitada del equipo de la liga instruccional de otoño en 2015, entonces tuvieron a Verónica Álvarez como entrenadora de cátchers invitada en el entrenamiento primaveral de este año. Los Cachorros de Chicago contrataron a Rachel Folden para trabajar como principal técnico del laboratorio de bateo y como “cuarto” coach de su equipo de novatos en la Arizona League el próximo año. Y en sus reuniones invernales de San Diego en diciembre, MLB tendrá su segundo programa “Take the Field”, diseñado para proveer a las mujeres interesadas en carreras como entrenadoras, scouts y desarrollo de peloteros, con oportunidades para asistir a paneles y sesiones de grupos de trabajo.
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Antes de su época en Houston, Balkovec, quien creció en Omaha, Neb., fue coordinadora de fuerza y acondicionamiento para los Cardenales de San Luis en 2014 y 2015; fue la primera mujer en tener una posición en fuerza y acondicionamiento a tiempo completo en el beisbol afiliado a las grandes ligas.
Pero ser mujer siempre ha sido el mayor obstáculo para su éxito, dijo ella.
Después que sus mensajes no fueron contestados cuando inicialmente aplicó para trabajos de fuerza y acondicionamiento en beisbol, ella cambió su primer nombre en su curriculum y aplicaciones a “Rae” en vez de “Rachel”.
Entonces el teléfono empezó a sonar.
La mayoría de los que llamaban se sorprendían al oir la voz de una mujer en el teléfono, dijo ella, y no llamaban por segunda vez. Un equipo le dijo de plano que nunca contratarían a una mujer.
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Pero Balkovec ya había trabajado con los Cardenales con un contrato temporal en 2012, como coach de fuerza y acondicionamiento de su equipo afiliado en Johnson City, Tenn., donde ella ganó el premio de entrenadora del año en la Appalachian League.
Cuando ella buscaba un trabajo a tiempo completo, los Cardenales recordaron sus destrezas y le dieron una oportunidad.
Balkovec, quien fue catcher de equipos de softbol en Creighton University y New Mexico, obtuvo una maestría en kinesiología en la Louisana State University en 2012. Se fue de los Astros en el otoño de 2018 para buscar su segunda maestría, en ciencias del movimiento humano en Vrije University en Holanda, la cual ha realizado investigación avanzada en rastreo del ojo en cricket y beisbol, un area de gran interés para Balkovec. Mientras estuvo en Holanda también fue coach de bateo asistente en los programas de beisbol y softbol del país.
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“Sabía que mi pasión estaba cambiando desde fuerza y acondicionamiento hacia una visión más global del juego, quería ser capaz de tener un mayor impacto en el desarrollo de los peloteros ayudándolos a mejorar desde una perspectiva científica”, dijo Balkovec. “La dirección que ha tomado el juego es obvia, sabía que tener un mejor acercamiento a la investigación y el lado analítico de las cosas sería beneficioso para mi futuro en el beisbol”.
Balkovec ha estado trabajando en Driveline Baseball, un centro de entrenamiento de manejo de datos en Washington State, desde agosto, para terminar su investigación en rastreo del ojo para bateadores y el movimiento de la cadera para pitchers. Ella espera aplicar la investigación en su trabajo con los Yanquis.
“Durante el proceso de entrevistas, fui dejada a un lad por el cuerpo de coaches de bateo de los Yanquis”, dijo ella. “Están haciendo cambios operacionales agresivos para competir en el cambiante paisaje del desarrollo de peloteros”.
Y Lawson dijo que nunca tuvo segundos pensamientos sobre el hecho de que Balkovec es mujer.
“Si jugaste por 30 años en las grandes ligas y te conviertes en coach, inmediatamente eres confiable y legítimo, pero cuando se viene de un ambiente diferente, toma más tiempo”, dijo Lawson. “Cuando trabajas con Rachel como pelotero o entrenador, queda muy claro que su trabajo contigo y su experticia en el campo solo va a hacerte mejor. Al principio puede ser diferente porque es una mujer, pero rápidamente notarás que simplemente es una entrenadora élite y la ves por eso”.
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Lindsay Berra es una periodista deportiva que ha escrito para ESPN Magazine y MLB.com y es la nieta de Yogi y Carmen Berra.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C. 01 de diciembre de 2019.
miércoles, 13 de noviembre de 2019
Esquina de las Barajitas: Andy Messersmith. Topps. 1979.
Bruce Markusen
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Los trabajadores del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown.
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Al fotografiar lanzadores durante la década de 1970, Topps tendía a mostrarlos de lado, o al menos desde un ángulo parcial. La barajita Topps de 1979 de Andy Messersmith es un poco diferente, sin embargo. Fue tomada casi de frente, como si tuviésemos la perspectiva del bateador ( o el catcher, o el árbitro). Esto nos da una pequeña idea de lo que puede ver el bateador cuando observa al pitcher.
En el caso de Messersmith, notamos que su pierna derecha está firmemente plantada y que su pierna izquierda, doblada en la rodilla, está completamente levantada del suelo. Como bono adicional, la barajita nos da una visión de la pelota, la cual ha sido lanzada desde la mano derecha de Messersmith, y ahora está yuxtapuesta contra su brazo derecho.
Los bateadores a menudo hablan de cómo leen las costuras y el giro de la pelota, lo cual les permite determinar si lo que fue lanzado fue una recta o una pelota quebrada, En este caso, la pelota está muy borrosa para dar una idea de lo que ocurre con las costuras y el giro. Dado que mi visión lateral es pobre, me imagino que cada lanzamiento me parecerá borroso, lo cual no me dará pista alguna de si lo que viene hacia mi es una recta, curva, slider o cambio de velocidad.
Aunque esto es solo una toma de Messersmith, nos da una idea de lo retador que puede ser enfrentar en vivo a un pitcher de grandes ligas. Seguro, a los bateadores les enseñan a mantener la concentración en la pelota, pero hay muchas distracciones: Una de las piernas del pitcher está doblada, la otra está firme, su cabeza está inclinada hacia un lado, y hay sombras desarrollándose sobre el montículo. En todo ese tiempo, el bateador tiene que descifrar la pelota contra un fondo de camisas grises o blancas, lo cual hace la tarea más difícil.
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Es una maravilla que alguien pueda batear un imparable con todos esos obstáculos, aun así, los bateadores de grandes ligas lo hacen una y otra vez.
A primera vista, la mecánica de Messersmith luce muy buena aquí, en la que resultó su barajita Topps final, pero en retrospectiva, sabemos que su brazo era cualquier cosa menos estar en buen estado hacia finales de la década de 1970. No era a menudo que Messersmith tenía la oportunidad de aparecer en acción en un juego para los Yanquis de Nueva York; mientras estuvo una temporada con el equipo, solo estuvo lo suficientemente sano para hacer apenas cinco aperturas y un relevo durante la temporada de 1978. El resto del tiempo lo pasó en la lista de incapacitados.
Dada su escasez de pitcheo en 1978, es relativamente fácil determinar en que juego fue tomada esta fotografía. Messersmith usa el uniforme gris de los Yanquis, así que debe ser un juego en la carretera. Solo hizo dos apariciones en la carretera esa temporada, una en Cleveland y otra en Oakland. El juego de Cleveland fue uno nocturno, así que podemos descartar ese. El juego de Oakland fue una apertura en la tarde, así que ese debe ser el juego. Ocurrió el 3 de junio en el Oakland-Alameda County Coliseum.
Messersmith abrió el juego esa tarde. Lanzó cinco innings, permitió cinco carreras (cuatro limpias), incluyendo tres jonrones. Fue relevado por Ken Clay, Messersmith perdió 5-1, una de tres derrotas que sufrió esa temporada. Esas fueron sus únicas decisiones como Yanqui; nunca ganó un juego para la franquicia.
De hecho, Messersmith no tendría oportunidad de lanzar para los Yanquis en 1979, el año cuando esta barajita Topps salió. Eso, debido a que los Yanquis decidieron despedirlo en noviembre de 1978. Messersmith firmó con uno de sus primeros equipos, los Dodgers de Los Angeles, donde solo hizo 11 apariciones antes de reconocer que había llegado el momento de retirarse. Para un pitcher que fue dominante y había aparecido en varios juegos de estrellas y competido muchas veces por el premio Cy Young, esa fue una manera poco apropiada de terminar una buena carrera.
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La carrera profesional de Messersmith empezó en California, pero pudo fácilmente haber comenzado en Detroit. En 1965, los Tigres lo seleccionaron en la tercera ronda del recientemente establecido draft amateur, pero no pudieron convencer al joven pitcher derecho para que firmara. Messersmith regresó a la universidad, lanzaba para la University of California at Berkeley y entonces se declaró elegible para el draft de 1966. Esa vez fue seleccionado en la primera ronda, los Angelinos lo tomaron en el décimo segundo turno general. De los 11 peloteros seleccionados antes que él, solo cuatro llegarían a las grandes ligas, solo Duffy Dyer tuvo el impacto más grande como receptor de reserva por mucho tiempo.
Aunque Messersmith tenía solo 20 años de edad en ese momento, los Angelinos pensaban que estaba lo suficientemente avanzado en sus destrezas de pitcheo para ameritar una asignación al Seattle AAA de la Pacific Coast League. Después de todo, Messersmith ya tenía tres pitcheos en su arsenal: recta, curva, y cambio de velocidad. Apareció en 18 juegos, ganó cuatro de 10 decisiones, y logró una respetable efectividad de 3.60. Messersmith parecía mantenerse en AAA, pero los Angelinos pensaron que necesitaba bajar un nivel en 1967. Así que lo reasignaron a El Paso AA, donde su efectividad subió hasta 4.34.
En la superficie, los números de Messersmith fueron mediocres, pero los Angelinos lo llevaron de vuelta a AAA en 1968. En 20 juegos, tuvo una efectividad por debajo de 3.00, la cual era destacada para una liga de bateadores como PCL. En julio, los Angelinos, pensaron que estaba listo. El manager de los Angelinos, Bill Rigney se mostró optimista respecto a Messersmith, y con buenas razones.
“Este muchacho tiene el potencial para ser el mejor pitcher de la liga”, le dijo el manager de los Angelinos a John Weibusch, corresponsal del Sporting News. Rigney llevó a Messersmith poco a poco, le dio solo cinco aperturas y lo usó principalmente como relevo intermedio. Respondió bien, ponchando a 74 bateadores en 81 innings mientras tenía efectividad de 2.21. En 1969, Rigney movió a su joven prodigio hasta la rotación de abridores a tiempo completo. Con un repertorio que incluía una tremenda curva, un buen cambio de velocidad y una recta por encima del promedio, Messersmith dominó la competición.
Al realizar 33 aperturas, ponchar 211 bateadores y ganar 16 juegos, se convirtió en el as del cuerpo de lanzadores de los Angelinos. Aunque los Angelinos no contendieron por la recientemente conformada división oeste de la Liga Americana, Messersmith recibió algún apoyo en la votación del jugador más valioso.
La temporada de 1970 no sería tan buena, pero no porque los bateadores de la Liga Americana se hubiesen ajustado a Messersmith. La razón fue un asunto de lesiones. Primero el lanzador derecho se lastimó el hombro mientras se deslizaba en una base. También tuvo dolores en las costillas. Al efectuar solo 26 aperturas, consiguió 11 triunfos, pero su efectividad subió en casi una carrera.
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Una temporada maravillosa esperaba a Messersmith en 1971. Recuperó su salud, realizó 38 aperturas, acumuló 276 innings y ganó 20 juegos. También disminuyó su efectividad por debajo de 3.00 Messersmith no solo participó en el juego de estrellas, sino que terminó quinto en la votación del premio Cy Young.
Los Angelinos esperaban más cosas grandes de Messersmith en 1972, pero la salud no lo permitiría. Una lesión en uno de sus dedos de lanzar requirió cirugía, lo cual limitó su trabajo ese verano. Aun a menos del 100 porciento, Messersmith tuvo efectividad de 2.81, pero el poco apoyo ofensivo de los Angelinos determinó que su marca fuese de 8-11.
Esa resultaría ser la temporada final de Messersmith con los Angelinos. En enero de 1973, se enteró de la noticia de que había sido cambiado a los Dodgers del otro lado de la ciudad. Fue un cambio de proporciones épicas, al enviar a Messersmith y el veterano tercera base Ken McMullen a Chavez Ravine por un paquete de cinco peloteros, incluyendo al jardinero del Salón de la Fama, Frank Robinson.
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Sano otra vez en 1973, Messersmith encontró una bienvenida en Dodger Stadium, conocido por ser amigable a los lanzadores. Pitcheó 249 innings, bajó su efectividad hasta 2.70 y ganó 14 juegos para unos Dodgers que ocuparon el segundo lugar.
La segunda temporada de Messersmith con el Dodger Blue resultaría ser la mejor de su carrera, al menos hasta ese momento. Emergió como el as de un talentoso cuerpo de abridores de los Dodgers que ya contaba con Don Sutton y Claude Osteen. Messersmith ganó 20 juegos, tuvo efectividad de 2.59 y ponchó 221 bateadores. Esos números produjeron un segundo lugar en la votación por el premio Cy Young, mientras ayudaba a los Dodgers a conseguir su primera clasificación a la postemporada desde 1966.
En la serie de campeonato de la Liga Nacional, continuó brillando al tener una apertura dominante ante el camión de leña de los Piratas de Pittsburgh. Desafortunadamente, la temporada terminó con una nota baja; Messersmith encajó dos derrotas en sendas aperturas contra Oakland, mientras los Dodgers perdían la Serie Mundial en cinco juegos.
En general, Messersmith había tenido una buena temporada. Participó en el juego de estrellas, ganó un guante de oro y terminó décimo sexto en la votación por el premio al jugador más valioso. En respuesta, los Dodgers le ofrecieron un aumento, desde 100.000 $ hasta 115.000. Messersmith estaba dispuesto a aceptar el aumento, pero también quería que se incluyese una clausula que impidiera cualquier cambio, en su contrato. Los Dodgers no aceptaron, así que Messersmith decidió pitchear toda la temporada de 1975 sin firmar su contrato.
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De alguna manera, Messersmith convirtió su actuación en otro acierto en 1975. Al disminuir su efectividad hasta 2.29, ganó 19 juegos y lideró la Liga Nacional en aperturas, juegos completos, blanqueos, e innings lanzados (321). Fue una temporada fenomenal, una que fue de alguna manera ensombrecida por el fallo de los Dodgers en repetir como campeones de la división oeste de la Liga Nacional. A medida que avanzaba la temporada de 1975, Messersmith y los Dodgers tuvieron inconvenientes en sus conversaciones contractuales. Decidió plantear una reclamación con la asociación de peloteros, citando la clausula de la reserva del beisbol, la cual permitía a los equipos renovar el contrato de un pelotero que ellos desearan. En respuesta, los Dodgers le ofrecieron a Messersmith un contrato de tres años por 400.000 $, pero él no lo aceptó.
“He llegado tan lejos”, le explicó Messersmith al afamado periodista Jerome Holtzman. “Necesito ver que ocurre. No hay razón para que un equipo tenga que renovarle el contrato a un pelotero año tras año, si el pelotero no quiere firmar y quiere ir a otro lugar”.
Un hombre tranquilo y reservado, Messersmith no quería la luz pública, pero sintió que actuar contra la clausula de reserva era lo correcto. Otro pitcher, el veterano zurdo Dave McNally, también estaba en medio de una disputa salarial con los Expos de Montreal y decidió unirse a Messersmith en presentar una reclamación.
Hacia finales de noviembre, el caso fue ante una mesa de arbitraje que contaba con un representante de los peloteros, otro de los equipos y un árbitro independiente llamado Peter Seitz. Pocas semanas después, con los representantes de los peloteros y equipos votando por sus causas, Seitz anunció su sentencia, una que favoreció a Messersmith y McNally. Acordó con los peloteros que los equipos solo podrían renovar un contrato sin firmar por una temporada más; después de eso, el pelotero se convertiría en agente libre.
La sentencia no solo hizo que Messersmith fuese libre de firmar contrato con cualquier equipo, sino que forzó a los dueños a negociar un nuevo Collective Bargaining Agreement, uno que permitiría a los peloteros convertirse en agentes libres después de completar seis años de tiempo de servicio.
Para sorpresa de Messersmith, pocos equipos mostraron interés en él. De hecho, ningun equipo le hizo una oferta durante los meses invernales. No fue hasta el entrenamiento primaveral que tres equipos, los Yanquis, los Angelinos y los Padres de San Diego, hicieron ofertas formales. Cuando Messersmith despreció la propuesta de los Padres de cuatro años y 1.15 millones de $, el dueño del equipo, Ray Kroc le dijo a Associated Press, “Debería trabajar en un autolavado”. En lugar de eso, Messersmith siguió esperando por una mejor oferta. Esa propuesta llegó poco después del comienzo de la temporada, cuando Ted Turner, el dueño de los Bravos de Atlanta, le dio un contrato de tres años por un millón de $, completos con clausula de no cambio.
“Sentimos que Andy Messersmith era muy bueno para trabajar en un autolavado”, le dijo Turner a AP.
Messersmith también se convirtió en símbolo del estilo de Turner. El dueño animaba a sus peloteros a usar sus apodos en la parte posterior de sus camisetas. Por ejemplo, Jimmy Wynn usaba “Cannon”, abreviatura de “The Toy Cannon”. Messersmith, a solicitud de Turner, colocó la palabra “Channel” en el respaldo de su camiseta. Channel no era el apodo de Messersmith; en realidad era “Bluto”. Así que ¿por qué Channel?
Cuando fue apareada con el número 17 de Messersmith, el respaldo de la camiseta leía “Channel 17”, el cual solía ser la estación local de Atlanta que transmitía los juegos de los Bravos, y era la futura TBS Superstation. Esta fue una manera perfecta de promocionar la estación bandera de Turner.
Con el comienzo retrasado de su temporada, y sin el beneficio del entrenamiento primaveral, el pitcheo de Messersmith desmejoró en 1976. También fue molestado por una lesión en una pierna. Aun así estuvo bien, como lo evidenció una efectividad de 3.04 y una selección para el juego de estrellas, pero no era el derecho dominante que había sido visto en el sur de California.
Aún en una temporada truncada, Messersmith lanzó más de 200 innings. Pero para 1977, las pesadas cargas de trabajo, de sus días en Los Angeles, empezaron a pasar factura. Despues de un pobre inicio de temporada, Messersmith se cayó durante un juego en julio, aterrizó sobre su codo derecho. Una visita al médico detectó depósitos de calcio, los cuales pudieron haber estado allí desde antes. El médico recomendó cirugía, lo cual terminó la temporada de Messersmith.
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Messersmith no lanzaría más con los Bravos. Ese invierno, los Bravos vendieron su contrato a los Yanquis, quienes asumieron todo el dinero del contrato. Era un negocio riesgoso, pero pareció haber sido un acierto en los días iniciales del entrenamiento primaveral. Messersmith lanzó bien, impresionó a su nuevo manager, Billy Martin. Pero entonces, mientras trataba de cubrir primera base en un juego de exhibición, Messersmith tuvo que estirarse hacia atrás para tomar un tiro errático del primera base de los Yanquis. Messersmith cayó al suelo, y se separó el hombro.
Los Yanquis temían una lesión que terminara la temporada, pero Messersmith trabajó en su retorno diligentemente. Solo 10 semanas después de la lesión en el hombro, regresó al montículo. Claramente, no estaba listo. Hizo las cinco aperturas descritas antes, tuvo muchas dificultades, y perdió su puesto en la rotación. Ese invierno, los Yanquis, tiraron la toalla con Messersmith, le dieron su libertad incondicional.
Al intentar un regreso con los Dodgers, Messersmith tuvo inconvenientes antes de sufrir la inflamación de un nervio en su brazo de lanzar. La condición requería de cirugía, lo cual terminó con la temporada de Messersmith, junto con su breve regreso a Los Angeles. Decidió que era tiempo de retirarse.
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Al preferir una vida tranquila después del beisbol, Messersmith se mudó a una comunidad playera localizada alrededor de una hora fuera de San Francisco. Por buena parte de la próxima década, permaneció casi completamente alejado del juego, hasta que recibió una oferta para entrenar un equipo local en la cercana Cabrillo College. Estuvo dos períodos en Cabrillo antes de retirarse en 2007.
La mayor parte del tiempo, Messersmith ha permanecido fuera de la luz pública desde que terminó su carrera de grandes ligas. Eso es lo que prefiere, como hombre que valora su privacidad. Pero en la década de 1970, pocos peloteros tuvieron más impacto que Andy Messersmith, primero como pitcher dominante y luego como uno de los pioneros que decidió enfrentar la clausula de la reserva.
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Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 7 de noviembre de 2019
Ron Fairly, Estrella de los Dodgers convertido en narrador, fallece a los 81 años de edad.
En su carrera de 20 años como jugador activo, estuvo en tres equipos ganadores de Serie Mundial. Despues de sus años como jugador activo, pasó más de 20 años en el micrófono.
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Richard Goldstein. The New York Times. 31 de octubre de 2019.
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Ron Fairly,un jardinero y primera base quien en una carrera de casi medio siglo jugó en tres equipos campeones de Serie Mundial con los Dodgers de Los Angeles en la década de 1960 y después se mudó a la cabina de transmisión, falleció este miércoles 30 de octubre en Indian Wells, Calif.
Los Marineros de Seattle, para quienes Fairly fue narrador por mucho tiempo, dijeron que la causa fue cáncer.
Al jugar por 21 temporadas de grandes ligas, Fairly fue dos veces al juego de estrellas. Un bateador zurdo de swing compacto, tuvo un promedio vitalicio de .266 con 1913 imparables, 1044 carreras empujadas y 215 jonrones. Su mayor promedio al bate fue .322 con los Dodgers en 1961.
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“Tenía un sistema de bateo casi perfecto”, Tommy Lasorda, el manager del Salón de la Fama quien fue scout y manager de ligas menores con los Dodgers durante la época de Fairly con los Dodgers, escribió en su prólogo para: “Fairly at Bat: My 50 Years in Baseball, From the Batter’s Box to the Broadcast Booth” (2018), una memoria que Fairly escribió con Steve Springer. “Podías hacerlo out, pero no podías avergonzarlo. Swing. Balance. Tiempo. Todo perfecto”.
Springer dijo que había un lado caritativo de Fairly que pocos conocían.
Cuando el huracán Harvey, una tormenta de categoría 4, impactó a Houston en agosto de 2017, causando inundaciones catastróficas, Fairly, entonces de 79 años de edad, alquiló un camión en Rancho Mirage, lo cargó con donaciones de alimentos y ropas, manejó más de 1.400 millas hasta Houston, descargó las donaciones en un almacén, entonces dio media vuelta y regresó a casa.
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Fairly jugó para los equipos de los Dodgers que ganaron la Serie Mundial de 1959, cuando vencieron a los Medias Blancas de Chicago en seis juegos; en 1963, cuando barrieron a los Yanquis; y en 1965, cuando él bateó dos jonrones y tres dobles, empujó seis carreras y bateó para .379 cuando los Dodgers superaron a los Mellizos de Minnesota en siete juegos amparados en el pitcheo de Sandy Koufax y Don Drysdale. Su última aparición en la Serie Mundial fue en 1966, cuando los Dodgers fueron barridos por los Orioles de Baltimore.
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Después que la producción al bate de Fairly disminuyó, los Dodgers lo cambiaron en junio de 1969 a los Expos de Montreal (ahora Nacionales de Washington), quienes estaban en su primera temporada como equipo de expansión de la Liga Nacional. En el cambio los Dodgers recibieron a Manuel Mora y a Maury Wills. Desde ese momento hasta 1974 Fairly bateó para .276 con 80 jonrones y 331 carreras empujadas en seis temporadas con los Expos.
“Recuerdo haber pensado, ‘Vengo de las playas y el clima cálido y de un equipo del que se espera gane 100 juegos, y voy para el clima frío y un equipo del que se espera pierda 100 juegos’”, le dijo Fairly a The New York Times en 2019. “Dispusieron de mí, pudieron haberme enviado a Siberia”.
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Pero Fairly fue llamado al juego de estrellas mientras jugaba para los Expos en 1973, cuando bateó .298 con 17 jonrones. Terminó su carrera con breves paradas en San Luis, Oakland, Toronto y Anaheim Mientras jugaba para otro equipo de expansión, los Azulejos de Toronto de la Liga Americana, en 1977, bateó para .279 con un tope en su carrera de 19 jonrones y 64 empujadas y de nuevo fue al juego de estrellas.
Se retiró luego de la temporada de 1978, después de jugar con los Angelinos de California, su sexto equipo.
Fairly fue narrador de radio y televisión para los Angelinos desde 1980 hasta 1986, para los Gigantes de San Francisco desde 1987 hasta 1992, y finalmente para los Marineros. Fue integrante a tiempo completo del equipo de transmisión de Seattle desde 1993 hasta 2006 y narró algunos juegos después de eso.
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Ronald Ray Fairly nació el 12 de Julio de 1938, en Macon Ga., cuando su padre, Carl, jugaba para los Peaches de Macon en las ligas menores. La familia se estableció en el sur de California después de esa temporada, y el se convirtió en un destacado jardinero de beisbol y baloncestista en la secundaria de Long Beach.
Fairly fue un jardinero central estrella para el equipo de beisbol de la University of Southern California que ganó la Serie Mundial universitaria de 1958, entonces firmó con los Dodgers por un bono de 75.000 $ (el equivalente de 673.000 $ actuales). Debutó con los Dodgers en septiembre de 1958, cuando terminaban su primera temporada en Los Angeles después de salir de Brooklyn.
Desde el principio recibió la ayuda de Duke Snider, el futuro jardinero central del Salón de la fama, y Carl Furillo, el jardinero derecho notorio por su brazo de rifle.
“Tuve la oportunidad de compartir con Snider por unos años, y me enseñó mucho”, le dijo Fairly a The Press-Telegram de Long Beach en 1963. “Estuve cercano a Furillo en 1959, y me enseñó como manejar las pelotas que rebotaban de la pared”.
Fairly recibió permiso de Furillo para usar el número de su uniforme, el 6, después que Furillo se retirara en 1960. Desde 1946 hasta 1982, Fairly fue uno de solo tres peloteros de los Dodgers que usaron el No. 6, los otros fueron Furillo y Steve Garvey.
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Los Marineros dijeron que los sobrevivientes de Fairly incluyen tres hijos, Mike, Steve y Patrick, y nietos. Su esposa, Mary, falleció antes que él.
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Fairly era reconocido como un analista conocedor con un estilo amigable. A menudo contaba cuentos de sus días como jugador activo.
Pero a veces era traicionado por los errores verbales, más notablemente su a menudo citada referencia a uno de los relevistas principales de la Liga Nacional, cuando transmitía para los Gigantes:
“Bruce Sutter ha estado por aquí por un tiempo, y es muy viejo. Tiene 35 años edad, eso le dará una idea de que tan viejo es él”.
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Traducción: Alfonso L. Tusa.
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