lunes, 8 de julio de 2013

Los espiritus de Bernie Carbo y Jonny Gomes se conectan como mensajes telepáticos

The Boston Herald. John Tomase. 06-07-2013. Anaheim, Calif. Posaron juntos fuera del clubhouse de los Medias Rojas de Boston el 4 de julio, dos generaciones de toleteros con el don de ser oportunos como emergentes. ¿El motivo? La noche anterior, Jonny Gomes había igualado la marca del equipo de Bernie Carbo (1977) para más jonrones como emergente en una temporada con su tercero, un vuelacercas para dejar en el terreno en Fenway Park a los Padres de San Diego. Sucede que los dos tienen mucho más en común que una oscura marca del equipo. De muchas maneras son el mismo jugador nacido con 35 años de diferencia. Ambos destacaron en funciones de compartir posiciones, a pesar de que su poder y producción sugerían que eran más que jugadores de medio tiempo. Ambos energizaron el clubhouse, Carbo con su gorila de peluche Mighty Joe Young sentado sobre la batera, Gomes con sus franelas alegóricas a la fama. Y ambos son iconoclastas. Carbo fundó los Cabezas de Bufalo junto a Bill Lee, Jim Willoughby y Ferguson Jenkins, mientras Gomes ha hecho carrera marchando al ritmo de su propio tambor. Carbo estaba viendo el juego del miércoles en Chelmsford con Pete Hantzis, el coautor de su libro, "Saving Bernie Carbo", cuando Gomes le bateó un jonrón al relevista de los Padres Luke Gregerson. "Pete dijo, '¿Tú no bateaste tres jonrones como emergente? Ese puede ser un record'", dijo Carbo este viernes 5 de julio por telefono. "No lo sabía. ¿Que es eso?. Bueno, este muchacho tiene tres y está a mitad de temporada. Estoy seguro que terminará bateando 5 o 6". Carbo asisitió al juego final de la serie este jueves 4 de julio, y los Medias Rojas le pidieron que posara con Gomes. "Él llegó con unos pantalones que le llegaban a las rodillas, rojo, blanco y azul, con estrellas por todos lados", dijo Carbo. "No sé si él sabía quién era yo o no, pero fue un momento agradable". Gomes es el contador de historias más grande el clubhouse, y está bien conciente de los batazos de Carbo, particularmente del jonrón que bateó como emergente para empatar el sexto juego de la Serie Mundial de 1975, cuando los Medias Rojas estaban al borde de la eliminación. "No sé si es un record del que querrás hablarle a tus hijos, pero es un record ¿sabes?", dijo Gomes. "Lo más importante de esto es que él todavía está al tanto del beisbol y quería reconocer el record. Saber que alguien a quien admiro ahora me sigue. Eso es algo muy significativo". Carbo conoce los retos que enfrenta Gomes. Consumió la mayoría de sus turnos al bate contra pitchers derechos dificiles de su época, pero a pesar de todo producía, terminó segundo en la votación del Novato del Año de 1970 y alcanzó un impresionante OPS (porcentaje de embasado más slugging) de .814. A menudo lo llamaban para salir de emergente, aprendió el oficio de su compañero en los Cardenales de San Luis, Matty Alou, en 1973. "Él era uno de los mejores emergentes de la liga, me dijo, 'Salgo ahí a buscar un pitcheo, y ese pitcheo es una recta'", dijo Carbo. ""'Le voy a hacer swing como nunca he bateado una recta en mi vida. Voy a buscar sacarla del parque. Quiero soltar a correr mis pies'. Eso es lo que se hace. Buscas un pitcheo para sacar un jonrón. En esa situación, como emergente, te piden que le des duro a la pelota y empujes una carrera. Me sentía bien en ese ambiente. Matty me animaba a esperar mi pitcheo y soltar el bate. Eso suena bastante a lo que hace Gomes, quién no se intimida en los momentos grandes. "No tengas miedo a ser famoso", le gusta decir a Gomes. Carbo recordó un cumplido que vale para Gomes. "Para mí, se trataba de ser el mejor décimo jugador del beisbol", dijo Carbo. "Bill Lee me llamaba así. Él decía, 'Bernie Carbo en el banco es el mejor décimo jugador del beísbol'. Jimmy Rice dijo, "Necesitábamos a Bernie Carbo. Lo necesitábamos para que nos animara, nos motivara, nos dejara listos para jugar'". Suena como a cierto pelotero de los Medias Rojas. Claro, al enfocarse exclusivamente en las destrezas de Gomes en el clubhouse, se deja de lado su habilidad en el campo, así ocurría con Carbo. Ambos personajes tuvieron sus buenos momentos impactantes. "Es bueno ver a Jon responder", dijo Carbo. "Me alegra que lo esté haciendo bien. Me gustaría verlo jugar más. Bateará otros dos o tres jonrones más y tendrá ese record por varios años". Traducción: Alfonso L. Tusa C.

sábado, 29 de junio de 2013

Cinco décadas de aquella épica Marichal versus Spahn

Cuando se habla de “especie en extinción” de inmediato se piensa en tigres, osos, cardenalitos, canguros, caimanes, koalas, corales, línces, ballenas, pinguinos, tortugas, orangutanes, elefantes, albatros. En otros ámbitos de la vida humana son notorias las ausencias de personas responsables, respetuosas, sentimentales, con sentido común, dispuestas a buscar soluciones y hasta de las polémicas. Los animales desaparecen por actitudes destructivas de los seres humanos. Ciertas características humanas se desvanecen por dejar de practicarlas. En el béisbol los pitchers cada vez lanzan menos y muchos bateadores quieren halar la pelota en todos los turnos. Hubo una época cuando los lanzadores lanzaban 9 innings con toda normalidad y a veces lanzaban 10, 12 y hasta 16 innings, como aquella noche del 02 de julio de 1963 en el Candlestick Park de San Francisco. Un joven Juan Marichal subió al montículo de los Gigantes, en la trinchera de los Bravos de Milwaukee un zurdo de 42 años años lanzaba la serpentinas. Warren Spahn enfrentaría entre otros a Willie Mays, Willie McCovey y Orlando Cepeda. Marichal se las vería con Hank Aaron y Eddie Matthews, todos en rumbo al Salón de la Fama de Cooperstown. Todos entregando el alma en el terreno. Marichal y Spahn soltarían la pelota sin conteos, ni correderas desde el dugout al mínimo gesto, ni excusas de que sus compañeros no los respaldaban con el bate. Jim Kaplan, en su libro "El mejor juego pitcheado de todos los tiempos" ilustra el desafío mediante otros duelos como el juego perfecto de Addie Joss de Cleveland con pizarra de 1-0 ante los Medias Blancas de Chicago y Ed Walsh el 2 de octubre de 1908, el empate 1-1 en 26 innings, escenificado en 1920, entre Joe Oeschger de los Bravos de Boston y Leon Cadore de los Dodgers de Brooklyn, el juego perfecto de 12 innings de Harvey Haddix en 1959 que perdió en el episodio 13; y el perfecto de Sandy Koufax en 1965 en el cual el pitcher perdedor Bob Hendley de los Cachorros de Chicago permitió un solo imparable y dos corredores. Los dos lanzadores tenían el estilo de levantar la pierna para hacer más efectivos sus lanzamientos y también fueron influenciados por un familiar y por el ejército. Spahn recibió las primeras lecciones de pitcheo de su padre Edward “Control, control, control”. “ ‘Si vas a lanzar una pelota de beisbol’ él solía decirme, ‘apunta hacia alguna diana, no lances por lanzar’””. Marichal se enamoró del juego cuando tenía que ir a buscar a su hermano mayor en un caballo, Gonzalo jugaba shortstop y Juan lo acribillaba a preguntas sobre el juego cuando regresaban a casa. Spahn combatió en la segunda guerra mundial en 1944, tenía heridas de bala en el estómago y el cuello. Marichal primero quería ser campocorto como Gonzalo, más cuando vio lanzar a Bombo Ramos el héroe nacional de República Dominicana decidió ser pitcher y así fue como encontró la oportunidad de jugar beisbol profesional. Como lanzador del equipo amateur de Manzanillo venció 2-1 al equipo de la Aviación de la Fuerza Aerea dominicana. Luego fue a un campeonato juvenil en México en un equipo donde destacaban Manny Mota y Matty Alou. Candlestick Park fue el hogar de los Gigantes por mucho tiempo a pesar de la brisa fría que soplaba de la bahía. Debe su nombre a l parque natural Candlestick Point donde se encuentra ubicado. El parque a su vez debe su nombre a un pájaro marino casi extinguido llamado "candlestick", a las rocas y los árboles con forma de candelabro. Spahn, 42, llegó al juego con marca de 11-3, había implantado recientemente la marca de todos los tiempos de 328 victorias para un pitcher zurdo y no había concedido un boleto en los últimos 18.1 innings. Marichal, 25, tenia marca de 12-3 con 2.38 de efectividad y había lanzado sin hits ni carreras ante Houston hacia 17 días. Se podía respirar el ambiente de duelo de pitcheo en cada pelota que estallaba en el plato. Marichal estaba entre los primeros del equipo regular de los Gigantes que se asomó a las escaleras del dugout, a un silbido del manager Alvin Dark arrancaron en tropel hacia el campo, el pitcher dominicano corrió hacia el montículo con toda la energía de un joven de 26 años. En el cierre de aquella primera entrada Spahn soltó la toalla que tenía en el hombro sobre el banco, agarró su guante y avanzó paso a paso hasta hincar los spikes sobre la goma de lanzar y soltar la pelota hacia la mascota del receptor Del Crandall. Cada alma recostada en los asientos del Candlestick Park o adherida a la corneta de algún transistor trataba de controlar los latidos del corazón, sabían que tanto un pitcher como el otro era capaz de convertir la pelota en un mingo invisible. Nadie se atrevía apostar quién ganaría. El zurdo de más victorias, ante uno de los ases de la generación de relevo, capaz de retar a Sandy Koufax y confrontar a Bob Gibson, Don Drysdale o Jim Maloney. Hubo algunos intentos de anotar carreras temprano en el juego. Del Crandall de los Bravos se embasó mediante un error de dos bases con dos outs en el segundo inning. ¿Un hombre en posición anotadora con dos outs era un peligro para Marichal? Difícilmente. Gaylord Perry, entonces un joven pitcher que veía el juego desde el dugout de los Gigantes, aprendía mucho observando a Marichal y hablando con él. Perry no estaba preocupado. “Solía hacer una pequeña apuesta en el dugout consistente en que a Juan no le podían anotar una carrera con hombre en tercera y dos outs”, dijo él. Seguro, Marichal dominó a Roy McMillan con elevado al jardín central. En el cuarto inning, Marichal hizo out a Aaron con elevado a la izquierda y ponchó a Matthews. Entonces Norm Larker negoció boleto y Mack Jones sencilleó al centro. Con dos outs y dos en circulación Del Crandall metió una línea bajita al centro. Mays decidió tomar la pelota de un bote antes que zambullirse y reventó a Larker en el plato en “un movimiento asombroso” de acuerdo a Bob Stevens del San Francisco Chronicle. Marichal estaba metiendo el brazo y el alma y cuando algo le fallaba sus compañeros lo respaldaban con sus guantes. Veamos como respondía Spahn. Con dos outs en la parte de arriba del séptimo, Spahn, cuyos 35 jonrones de por vida están entre los primeros en la historia para un pitcher, casi bateó uno. Su estacazo rebotó en la pared del jardín derecho y se apuntó un doble., luego se quedó varado allí. Spahn sobrevivió a un casi jonrón en el cierre del noveno inning cuando Willie McCovey largó una conexión inmensa que pareció pasar sobre el poste del jardín derecho en territorio bueno. Así lo creyeron los Gigantes. Tambien los aficionados y la mayoría de los presentes en el palco de prensa. Pero el árbitro de primera base Chris Pelekoudas dijo que la pelota pasó en foul. Nueve innings sin carreras. Para ese momento, Spahn había permitido sólo cinco imparables sin boletos, un ponche. Marichal había recibido 6 imparables, 3 boletos y 4 ponches. Nadie se movía en Candlestick Park, parecía que una bandada de candlesticks sobrevolaba el estadio y todos querían ver hacia donde se dirigían y cada cuanto tiempo lanzaban graznidos o cambiaban el sentido de su formación. Cuando Spahn permitió solo dos imparables (y sorprendió a uno de los corredores en primera) y Marichal sólo uno entre los innings 10 y 13, la gente sabía que ambos pitchers se mantenían en buenas condiciones. Cuando no lanzaba,Marichal se sentaba en el banco a masticar chicle Bazooka y estudiar a su rival. Luego corría al montículo, era lo mejor para mantener el brazo caliente. Por su parte, Spahn solía salir del campo para encontrarse con su compañero Lew Burdette y fumarse un Camel sin filtro detrás del dugout. Pero Burdette había sido cambiado a los Cardenales de San Luis, así que Spahn, probablemente se iba sólo a prender su cigarrillo, así obtenía fuerza de la nicotina como un personaje de Faulker en Absalom, Absalom. Luego se dirigía lentamente a lanzar. Ni que pensar en conteo de lanzamientos, mucho menos en dolores en el brazo. Cada pitcher tenía tizones en las pupilas y su mirada traspasaba los movimientos del rival. Cuando el último out de cada inning aun descansaba en la garganta de los árbitros el otro pitcher se levantaba del asiento y apuraba el paso hacia el montículo, era un ardor en las manos y los brazos por salir a seguir dando lo mejor. El manager de San Francisco Alvin Dark le preguntó varias veces a Marichal si quería que lo sacara del juego. “Alvin ¿ves a ese hombre que lanza para el otro equipo?”, le respondió Marichal. “Él tiene 42 años y yo 25, no puedes sacarme del juego mientras ese hombre siga lanzando”. Spahn parecía acabado en el cierre del décimocuarto episodio antes de salir de un enredo de bases llenas. El décimoquinto lo retiró a paso de conga, y Marichal sacó sin problemas la parte de arriba del décimosexto. Spahnlanzó una screwball tras otra antes de dominar a Harvey Kuenn con un elevado para iniciar el cierre de ese inning. Tenía exactamente 200 pitcheos, y Spahn se mantenía fuerte. El próximo bateador era Willie Mays. Eran las 12:30 a.m del 03 de julio. Aunque se había ido de 5-0, habiéndose embasado solo mediante un boleto intencional, Mays le prometió al agotado Marichal, quién había lanzado 227 pitcheos, que terminaría el juego que había sido rico en jugadas defensivas y errores, bases robadas y sorprendidos en las bases, de todo menos una carrera. Ahora, un gran hombre enfrentaría a otro para terminar el juego. El viento se había degradado a una suave brisa. Entremetidas entre la intensidad del juego, las luces de ambos lados del estadio reflejaban varias sombras sobre cada participante, Candlestick por una vez proyectaba una calma de otro mundo. El primer envío de Spahn para Mays fue otro screwball. De inmediato, Spahn supo que estaba en problemas. Antes que rotar fuera del alcance del bateador, la pelota se colgó ante Mays, tan jugosa y tentadora como una lustrosa manzana en un árbol. Mays descargó su swing característico. En una restrospectiva de Sports Illustrated cuarenta años después, el difunto Ron Fimrite, quién vio el juego como un reportero de noticias del Chronicle, lo calificó como el mejor juego que vio en su vida, describió el batazo de Mays así: “fue un arco alto a la izquierda, donde, luego de flotar en el cielo nocturno por lo que pareció una eternidad, aterrizó más allá de la cerca”. Nunca el contraste victoria-derrota fue más intenso. Spahn descendía cabizbajo con el guante colgando de su mano derecha y la barbilla embutida en el pecho. Marichal saltaba y se abrazaba con Mays en el dugout. Silencio y algarabía, saltos y lágrimas, dolor y sonrisas. Esa especie de pitchers incansables, que se crecen a medida que pasan los innings y de bateadores que esperan el mejor lanzamiento, nos hace pensar de inmediato en osos, tigres, koalas caimanes, canguros, mamuts, dientes de sable y muchos candlesticks. Alfonso L. Tusa C,

viernes, 28 de junio de 2013

Ocho décadas de aquellos 18 innings de Carl Hubbell

David Marasco En 1933 Chuck Klein de los Filis de Filadelfia ganó la triple corona. Él descubrió, como lo haría Ted Williams años después, que eso no le garantizaba el MVP (Premio al Jugador más Valioso) en bandeja de plata. Ese año el trofeo iría a las manos de Carl Hubbell de los Gigantes de Nueva York. El rey Carl ganaría 23 con 10 blanqueos, lideró la liga en efectividad con 1.66. Sus Gigantes ganarían la Liga Nacional y el lograría dos victorias en la Serie Mundial. Su hazaña más resaltante aquel año no ocurrió en octubre, sino en julio. El 2 de julio los Cardenales de San Luis efectuaron un doble juego ante los neoyorquinos en Polo Grounds. Los Cardenales habían ganado dos de los tres primeros juegos de la serie, y una barrida en los juegos de ese día los acercaría apenas a medio juego de los Gigantes. El primer juego vio a Hubbell enfrentarse al cardenal Tex Carleton. Estos dos hombres ofrecieron una de las grandes exhibiciones de pitcheo que el mundo hubiese visto. Ambos equipos recibirían ceros inning tras inning. La primera amenaza real de los Gigantes ocurrió en el undécimo inning. Llenaron las bases con un out. Carleton fue capaz de conseguir un out forzado en el plato, y luego obligó un roletazo al cuadro para terminar la entrada. Tex lanzaría los primeros 16 innings del juego, sin permitir carreras, 8 imparables y 7 boletos. Tan buenas como 16 entradas en blanco puedan parecer, Hubbell lanzaba aún mejor. Estaba en camino de solo permitir 6 imparables, sin conceder boletos. De los seis imparables, solo dos salieron del cuadro. No hubo más de un corredor en las bases en cualquier inning, y sólo un cardenal llegó a tercera. Jesse Haines vino a lanzar el decimoséptimo por los Cardenales, y aunque permitió que se embasaran dos corredores, preservó el blanqueo. Hubbell pitcheó la parte de arriba del decimoctavo, y luego en el turno de los anfitriones Haines se metió en dificultades. El primer bateador negoció boleto y llegó a segunda en jugada de sacrificio. El próximo bateador caminó intencionalmente para lanzarle a Hubbell quién fue a batear, obviamente con la idea de lanzar el décimonoveno inning. Carl bateó un roletazo al cuadro que forzó al corredor de primera en la intermedia. El corredor de tercera anotó cuando Hughie Critz destapó imparable a la derecha para decretar la victoria. Los Gigantes habían ganado el primer juego en 18 innings. Carl Hubbell había lanzado un juego de seis hits con 12 innings perfectos de 18, ponchó 12. 50000 personas vieron un juego que duró 4 horas y 3 minutos. El manager de San Luis Gabby Street, sabía que si perdía el segundo juego su equipo quedaría a 4 juegos y medio detrás en la tabla, por eso envió al montículo al legendario Dizzy Dean con un día de descanso. Bill Terry contaba con Roy Parmalee. El segundo juego se jugó en un ambiente nublado, con llovizna y cierta oscuridad. En 1933 Polo Grounds todavía estaba a siete años de tener luz artificial. Como el primer juego fue muy largo, el segundo estaba en peligro de ser suspendido por oscuridad. De nuevo los pitchers lanzaron de maravillas. Parmalee lanzó un blanqueo de cuatro hits, ponchó 12. Dizzy Dean permitió cinco hits, solo cometió un error. Johnny Vergez depositó un lanzamiento de Dean en el segundo piso para un jonrón en el cuarto inning. Los dos juegos duraron casi seis horas. Los Gigantes los ganaron ambos con marcador de 1-0. La barrida permitió a los Gigantes ampliar la ventaja en la tabla y Bill Terry en su primer año como manager fue capaz de llevar al equipo al título de la Serie Mundial. Carl Hubbell ganó su segundo premio al Jugador más Valioso en 1936 cuando ganó 16 juegos seguidos y una vez más llevó a los Gigantes al banderín de la Liga Nacional. Se retiraría como jugador activo en 1943 y sería inducido al Salón de la Fama en 1947 (esto fue antes de la regla de los 5 años). Carl Hubbell permaneció en la organización de los Gigantes como parte de la oficina. A menudo se le veía en Polo Grounds y luego en Candlestick Park. Podía ser reconocido fácilmente por el brazo de lanzar que se le había deformado de tanto lanzar la screwball. Carl Hubbell falleció en Arizona en 1988 en un acidente automovilístico. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 17 de junio de 2013

Hermanos, estrellas y rivales.

Tom Clavin. 11-05-2013. Cuando Joe DiMaggio anunció su retiro en diciembre de 1951, una conferencia de prensa abarrotada observó al co-dueño de los Yanquis Dan Topping llorar y tratar de persuadirlo para que continuara jugando. Cuando el hermano menor de DiMaggio, Dom, se retiró de los Medias Rojas de Boston el 12 de mayo de 1953, le dijo a un grupo de reporteros, "Creo que pude haber jugado una temporada más de buen béisbol". Dom aceptó jugar a la sombra de Joe y nunca expresó resentimiento de que sus logros fuesen subestimados. Joe tenía poder y gracia y ganó 9 anillos de Serie Mundial; Dom era un bateador de contacto con gran velocidad quien ganó un banderín de la Liga Americana. Más de 350 grupos de hermanos han jugado en las Grandes Ligas, pero el único grupo de tres hermanos que ha sido Todos Estrellas es el de los DiMaggio. Vince, dos años mayor que Joe, fue un doble integrante del equipo de estrellas que jugó en la Liga Nacional, principalmente con los Piratas de Pittsburgh. Luego que Vince desafió a su padre pescador, Giuseppe, y se fue a jugar béisbol profesional, Joe le siguió y apareció en el roster de los Seals de San Francisco en la Liga de la Costa del Pacífico. Dom, el menor de los nueve hermanos DiMaggio, tomó el testigo como centerfielder de los Seals cuando Joe se fue a Nueva York para embarcarse en una carrera de Salón de la Fama en 1936. Dom, quién debutó con los rivales Medias Rojas en 1940, también agenció credenciales de Salón de la Fama, aunque pasó 3 de sus años de máximo rendimiento en la Naval durante la segunda guerra mundial. Durante sus diez temporadas completas, totalizó 1679 hits, más que cualquier otro grandeliga de la época. Los cuatro peloteros que le seguían, Enos Slaughter, Stan Musial, Ted Williams y Pee Wee Reese, están en el Salón de la Fama. Dom, siete veces selecionado al equipo de estrellas, fue segundo en carreras anotadas en esas diez temporadas, detrás de Williams, y fue tercero en dobles detrás de Williams y Musial. Más de unos cuantos inquilinos del Salón de la Fama tienen promedios de bateo vitalicios por debajo de los .298 de Dom. Para finales de los años '40, ya había superado a Joe como el mejor jardinero central defensivo de la liga. Dom fue uno de sólo cinco jardineros en la historia del béisbol que realizó 500 outs o más en una temporada. Su integridad era incuestionable, por eso fue voluntario como representante de los peloteros de la Liga Americana antes de existir el sindicato. Dom fue un adelantado en el tiempo cuando se declaró agente libre después de su servicio militar. Los asustados directivos de Boston lo persuadieron para firmar un contrato antes de la temporada de 1946 ofreciéndole un porcentaje de la taquilla de Fenway Park, el mismo arreglo que habían hecho en secreto con Williams. Pero Dom, quién falleció en 2009, no existió para la vista de los votantes del Salón de la Fama, ni después en el comité de veteranos. Cuando el comité eligió al menos meritorio jardinero central Richie Ashburn al Salón de la Fama en 1995, Williams quién estaba en el panel, dijo que Dom había sido un pelotero con mejores números y que "si el juego llegaba al momento crucial y hacía falta un imparable o un extrabases, él era tan bueno como el mejor" En los años '40, muchos juegos entre los Yanquis y los Medias Rojas dependían de si Williams y Bobby Doerr podían remolcar a Dom y Johnny Pesky más veces de las que Joe y Tommy Henrich podían remolcar a Phil Rizzuto y Snuffy Stirnweiss. Joe era conocido por su gran competitividad, y esta alcanzaba su clímax cuando enfrentaba a Dom, quién nunca bajó la guardia cuando enfrentó a su hermano. Después de la guerra, "Joe y yo retomamos el juego justo donde lo dejamos en nuestra competencia fraternal", escribió Dom en "Real Grass, Real Heroes", su libro de 1990 escrito con Bill Gilbert. Durante un juego en Yankee Stadium en mayo de 1946, Dom bateó una pelota a lo profundo del jardín central. Joe la persiguió y subió por la pared para hacer la atrapada. Cuando terminó el inning y los hermanos se cruzaron en el camino detrás de segunda base, Joe dijo, "Vamos 32 a 21", en referencia al número de veces que uno de ellos le había robado un hit al otro. Sólo ellos sabían que Dom lideraba la competencia. Los Yanquis y los Medias Rojas batallaron por el banderín hasta el día final en 1948. Dom y su prometida, Emily, habían fijado su boda para el 7 de octubre, pero eso no podría ser si Boston iba a la Serie Mundial. Joe le dijo a su madre, Rosalie, "Me encargaré personalmente de que Dom esté disponible para casarse el 7". Los Medias Rojas perdieron el banderín por un juego. Los Yanquis terminaron a dos juegos y medio del primer lugar. El 9 de agosto de 1949, Dom llegó a Yankee Stadium con una seguidilla de 34 juegos bateando al menos un hit, donde la había empezado el 4 de julio. En su último turno descargó un linea silbante a lo profundo de los jardines que Joe capturó para prevenir que Dom se acercara al record de Joe de 56 juegos bateando hits. Aquel octubre, los Medias Rojas llegaron a Nueva York en el primer lugar con un juego de ventaja y dos por jugar. Joe estaba en un hospital enfermo de neumonía, pero salió de allí a tiempo para el primer juego. Era el día de Joe DiMaggio en Yankee Stadium, y Dom salió del dugout de Boston para ayudar a su hermano a mantenerse de pie durante la ceremonia previa al juego. La presencia de Joe ayudó a que los Yanquis barrieran los dos juegos, ganaron el banderín por un juego. Una vez más le había quitado lo mejor a Dom. Después que se retiró, Dom se convirtió en un exitoso empresario textil quién invirtió mucho tiempo en recaudar millones de dólares para caridad en el area de Boston. Aunque más pequeño que Joe en estatura y en el libro de records del béisbol, Dom reflejó una gran sombra. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Tom Clavin es el autor de : "Los DiMaggio: Tres hermanos, su pasión por el beisbol, su búsqueda del sueño americano" (“The DiMaggios: Three Brothers, Their Passion for Baseball, Their Pursuit of the American Dream"). Ecco/Harper Collins. Mayo 2013.

miércoles, 12 de junio de 2013

Cinco décadas del juego sin hits ni carreras de Juan Marichal

Lo que llamaba más la atención de un juego donde lanzara Marichal, era la altura hasta donde levantaba el pie izquierdo. Perfeccionó ese movimiento aconsejado por el manager de los Giants de Springfield (A), Andy Gilbert en 1959. Le dijo que si lanzaba por encima del brazo iba a ser más efectivo. Marichal adoptó la patada alta para evitar que los bateadores descifraran sus lanzamientos. Antes del juego efectuado el 15 de junio de 1963 en Candlestick Park, Marichal había ganado sus últimos cinco desafíos, sin embargo hizo un pequeño ajuste en su mecánica antes de enfrentar a los Colt 45 de Houston aquel sábado. Tomó esa determinación porque los Colt 45 le habían bateado muy duro la última vez que los enfrentó. Marichal había lanzado dos juegos de un hit. Durante los primeros 4 episodios y dos tercios estuvo lanzando perfecto. En el primer inning ponchó a Ernie Fazio (2b), dominó a Brock Davis (cf) en rodado a primera base y retiró a Bob Aspromonte (3b) en elevado al campocorto. El dandy dominicano retiró por la vía rápida el segundo y tercer innings. En el cuarto Fazio ensayó un toque sobre la línea de tercera base que Jim Davenport atacó con prontitud y lo hizo out en primera. Marichal mantuvo el juego perfecto hasta el quinto inning, luego de dos outs caminó al jardinero izquierdo Al Spangler, luego fue forzado en la intermedia con rodado de Bob Lillis por la antesala. La próxima intentona de los Colts apareció en el séptimo episodio cuando Aspromonte negoció boleto luego de un out. Carl Warwick hizo el mejor contacto de un bateador de Houston en toda la noche, descargó un batazo inmenso a lo profundo del jardín izquierdo, Willie McCovey lidió con las corrientes de aire de la bahía y realizó una maravillosa atrapada sobre su cabeza luego de correr bastante hasta casi llegar a la zona de seguridad. Rusty Staub entregó el último out con elevado al centro. En el octavo, Spangler bateó elevadito a primera base, Lillis salió con globo al centro y John Bateman descargó un batazo candente por la esquina caliente que fildeó Davenport y metió un riflazo a primera. Marichal se había enfrascado en un duelo de pitcheo con Dick Drott ante una multitud de 18.869 aficionados. Los Gigantes sólo le habían bateado un infield-hit a Drott, Willie Mays en el primer inning. En el cierre del octavo Davenport descargó doble a la izquierda para iniciar el inning. Mateo Alou emergió por José Pagán y se ponchó sin tirarle. Marichal salió con bombo a la izquierda. Chuck Hiller descargó doble a la derecha para remolcar la carrera de Davenport. Marichal quizás experimentó su mejor inning en el noveno. Utilizó 11 lanzamientos. Johnny Temple emergió por Drott y Marichal lo obligó a elevar de foul hacia primera base donde Orlando Cepeda capturó la pelota. Pete Runnels bateó por Fazio y se ponchó. El último bateador fue Davis, en conteo de 2 y 2 vio una recta silbante atravesar el home para el tercer strike. Además del triunfo, Marichal se convirtió en el primer pitcher de los Gigantes que lanzaba un juego sin hits ni carreras desde que Carl Hubbell lanzara uno el 8 de mayo de 1929 en una victoria de los Gigantes de Nueva York ante los Piratas de Pittsburgh 11-0. Marichal recetó 5 ponches, concedió dos boletos. Sólo le sacaron 6 pelotas del cuadro interior. Aquella temporada de 1963 fue su primera con 20 triunfos, dejó marca de 25-8, lideró la liga con 321 innings lanzados, 2.41 de efectividad. Alfonso L. Tusa C.

lunes, 10 de junio de 2013

Luis Mono Zuloaga, una gran abnegación por el béisbol menor.

Abrí el correo eléctronico que me envió Ramón Corro, y aunque sólo supe de sus dias de pitcher activo mediante medios escritos y testimonios de otras personas, de inmediato aparecieron las estructuras del local del Centro Comercial Sambil, allí se realizó el acto de los exaltados al Salón de la Fama del Beísbol Venezolano del año 2009. Junto a Oswaldo Olivares, Jesús Ramos, Aurelio Monteagudo, Luis Tiant, Urbano Lugo Jr., el manager Regino Otero y el narrador Carlos Tovar Bracho animó aquella mañana pletórica de historia beisbolera. Cuando le tocó dirigirse a la concurrencia además de su agradecimiento llevó una voz de colaboración para con el béisbol menor, una de sus grandes empresas de toda la vida. Siempre estuvo muy ligado a las categorías menores, anduvo muy involucrado en la fundación de Criollitos de Venezuela. Fue tal la vehemencia y la integridad que transmitió con sus planteamientos, que de pronto se escuchaban los gritos de los niños en medio del más carbonizante juego de béisbol, aquel lanzamiento tenía tanta o más mordiente que su famosa curva “pollera” que tantas satisfacciones le diera en sus años con Cervecería Caracas o Leones del Caracas. Muestra de ellas es la temporada 1947-48 cuando dejó marca de 10 ganados y 4 perdidos con efectividad de 2.51, en 118 innings de 21 juegos. Completó 9 juegos. 103 hits. 33 carreras limpias. 65 ponches. 51 boletos. El Negro Prieto siempre tuvo elogios para Luis Zuloaga, decía que era uno de los pitchers zurdos más útiles con que contaba su equipo, aún cuando en su época con los Leones nunca regresó al nivel de sus años con el Cervecería. Mientras observaba la intervención de Luis Zuloaga en el Sambil de Chacao, vinieron a mi mente imágenes de aquellas barajitas de inmortales del béisbol venezolano que aparecían al final de los albumes de finales de los años 60 y comienzos de los 70. Carlos Terremoto Ascanio. Antonio Briñez. Luis Aparicio Ortega. José Pérez Colmenares. Adolfredo González. Guillermo Vento. Vidal López. Luis Mono Zuloaga. ¿Porqué lo llamarían el mono? Era una de las preguntas que nos hacíamos cuando dejábamos caer las barajitas en aquel apasionante juego de “paredita”. A medida que pasó el tiempo nos enteramos de las hazañas de todas esas glorias del béisbol y al llegar a Luis Zuloaga siempre nos reíamos por lo del origen del apodo. Alguna vez escuché que Zuloaga en muchas oportunidades discutió con el árbitro principal por la apreciación de bolas y strikes, Roberto Olivo fue uno de los hombres de azul con quién más desarrolló altercados. Zuloaga había nacido el 31 de diciembre de 1922 en Valencia. Carabobo. Falleció este miércoles 22 de mayo de 2013 en Caracas. Aquella mañana luminosa de Chacao, nos regaló la elocuencia de Oswaldo Olivares, el agradecimiento de los familiares de Jesús Ramos, la satisfacción de los seres queridos de Aurelio Monteagudo, las imágenes de las faenas de Luis Tiant, la tranquilidad de Urbano Lugo Jr., los campeonatos de Regino Otero, la alegría de la familia de Carlos Tovar Bracho y la tenacidad de Luis Mono Zuloaga, siempre al lado del béisbol menor hasta el cierre del noveno inning. Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Mike Carp lleva a Greg Halman con él a todas partes.

Evan Drellich, MassLive.com. 16-05-2013. St. Petersburg, Fla. Es poco usual que un jugador llegue a un equipo nuevo con algo que tenga que ver con su viejo conjunto. Tal vez tenga un bolso de implementos, unas pocas camisetas. Luego, casi siempre todo eso desaparece a los pocos días. Aún ahora, cuando ya tiene un buen tiempo con los Medias Rojas de Boston, Mike Carp todavía tiene una camiseta de los Marineros de Seattle en su casillero. La mayor parte del tiempo es muy dificil ver la camiseta. Es azul marino y siempre está embutida entre el resto de lo usual, uniformes de visitador y home club, alternados con ropa de salir. Ocurrió que en St. Petersburg, donde los Medias Rojas jugaron con los Rays de Tampa Bay en una serie de tres juegos que terminó el jueves 16 de mayo, Carp colgó la camiseta en el extremo derecho de su casillero. El casillero del lado estaba vacío, y hay una especie de ventana metálica en los casilleros del visitador de Tropicana Field. Al caminar, se puede ver fácilmente a través de la ventana metálica, la camiseta que en su dorso doce "Halman 56". Los compañeros de los Medias Rojas le han preguntado un par de veces por la camiseta. No como una corrección de algo que estuviese haciendo indebidamente, sólo como una curiosidad. ¿Por qué la tiene? La respuesta no se hizo esperar. "Les expliqué, 'Tuve un amigo que falleció'", dijo Carp. "Era un compañero muy cercano, mi mejor amigo". Greg Halman y Carp fueron de hecho los mejores amigos. Halman fue acuchillado de muerte a los 24 años por su hermano menor, Jason Halman, el 21 de noviembre de 2011, en Rotterdam, Holanda. Se determinó que Jason tuvo un episodio psiquiátrico, en agosto pasado fue liberado de la cárcel en Amsterdam para someterse a tratamiento. Un jardinero espigado y versátil, Greg Halman participó en 44 juegos en Grandes Ligas. Firmó con los Marineros cuando sólo tenía 16 años. Halman bateó 2 jonrones en su carrera de Grandes Ligas, ambos en 2011 con los Marineros. El primero llegó como reemplazo de Carp hacia finales del juego del 15 de junio. El segundo fue el 19 de julio, un estacazo de tres carreras por la izquierda, contra los Azulejos de Toronto de John Farrell. Chone Figgins anotó con ese batazo y también Carp. "Todavía hoy su mamá publica un fotografía en Facebook", dijo Carp en abril. "Es como todos los días, algun tipo de memoria, algún tipo de cosa que te dice, es definitivamente muy duro para mi corazón. Él fue el mejor amigo, el mejor compañero. Es dificil explicarlo. Pasas todos los días con un amigo y entonces de pronto ya no está, es dificil recuperarse". Carp, quién cumple 27 años el próximo mes, caminó hacia el terreno en Fenway Park a comienzos de temporada para posar en una fotografía donde sostiene la camiseta de Halman. "A su mamá le va a gustar", dijo Carp, mientras se paraba en el escalón superior del dugout, con la camiseta de Halman, frente al Monstruo Verde. A Halman le gustaba Fenway Park, aunque sólo jugara un juego allí, un juego en el que por cierto, Carp largó un jonrón de tres carreras, el 22 de julio de 2011. El atleticismo de Halman se puso de manifiesto esa noche, cuando le robó un extrabases a Jarrod Saltalamacchia, un batazo a las profundidades del jardín central. Halman tuvo un mal salto, pero lo superó con su gran velocidad. Para Baseball America en 2010, Halman fue el prospecto Nº 8 del equipo a las puertas de la temporada cuando llegó a las Grandes Ligas: "El juego de Halman está centrado en su atleticismo. Este le permite un poder explosivo en el plato y grandes zancadas en el centerfield, donde es un sólido defensor con gran brazo. Su gran poder es posible debido a una gran velocidad con el bate proveniente de su movimiento de caderas y de sus fuertes antebrazos. Halman es objeto de comparaciones físicas con Andre Dawson y Alfonso Soriano". La primera temporada de Carp con la organización de los Marineros fue 2009. El equipo que lo drafteó, los Mets de Nueva York, negoció a Carp durante el receso entre temporadas. Inmediatamente, él y Halman congeniaron. "Me cambiaron y aquella primera primavera nuestros casilleros quedaron juntos. Empezamos a conocernos", dijo Carp, "obviamente teniendo mucho talento, nunca hubiese pensado que procedía de Holanda. Pensé que era un estadounidense normal. Él no tenía acento ni nada. Hablaba varios idiomas". "Era uno de esos tipos con los que era fácil entenderse", continuó Carp. "Se llevaba bien con todos. Lo veías y tenía tatuajes en todas partes, era grande, fuerte, de gran presencia física. Pensabas 'No me animo a hablar con este tipo'. Pero el venía y hablaba contigo, se daba a conocer, y 'Hey, si necesitas algo, estoy a la orden'". El carisma de Halman aglutinó a un grupo muy unido. Cuando mataron a Halman, Carp estaba en su casa en California. Otro prospecto de los Marineros, el tercera base Matt Mangini, quién nació en Springfield, Mass., y vivió allí hasta los 10 años de edad, se enteró de la noticia antes que Carp. Los Marineros escogieron a Mangini en la ronda 52 del draft de 2007, y de inmediato hizo amistad con Halman, igual que Carp. "Ellos iban en la misma dirección", dijo Mangini de Carp y Halman. "Desde el día cuando se conocieron, si estaban en el campo, fuera del campo, estaban juntos. Y desarrollas ese tipo de relación cuando pasas esa cantidad de tiempo con las personas... Era la confianza y la calidez que le daba a las personas, era contagioso". Mangini fue quién le dio la terrible noticia a Carp. "Recibir esa llamada telefónica en la mitad de la noche, me llegó un mensaje de texto de Matt Mangini, quién estaba en la costa este, donde yo estaba eran probablemente las 3 o 4 de la mañana, el se había levantado", dijo Carp. "Fue una mañana dificil para mí. Tuve que hacer otras llamadas telefónicas para informar a otros compañeros de equipo y amigos, es algo muy duro de hacer". Carp hizo todos los arreglos para ir a Amsterdam para asistir al sepelio de Halman. Cuatro compañeros de los Marineros también hicieron el viaje de medio día: Dan Cortes, Adam Moore, Mangini y otro jugador europeo que fue a Estados Unidos, el italiano Alex Liddi. El servicio fue algo como de película, dijo Carp. Un cortejo a través de la campiña holandesa. Todos los que formaban parte del cortejo usaban sombreros. "Me senté a tratar de escribir un discurso en medio del sepelio", recordó carp. "Ellos querían que habláramos... vemos por la ventana antes de unirnos a la procesión fúnebre. Cuando salimos había como 1000 o 2000 personas con sombreros rojos. Un mar de sombreros rojos". Carp mandó hacer franelas para todos sus compañeros de los Marineros para entregarlas durante el entrenamiento primaveral del próximo año. Pero las franelas y camisetas no son el único homenjae. En el bicep izquierdo de Carp hay un tatuaje de una pelota de beísbol que encierra un mapa, con una estrella roja sobre la costa Oeste y Amsterdam. Halman tenía el mismo tatuaje. Bajo el codo derecho de Mangini está el versículo bíblico preferido de Halman, Josué 1:9, que dice en parte: "Se fuerte y corajudo. No tengas miedo y no desmayes". Carp y Mangini conocían a la familia Halman. En ESPN The Magazine se escribió un reportaje extenso sobre la muerte de Halman, una historia que disgustó a Carp y Mangini. Pero los detalles de lo que ocurrió entre Greg y Jason no importan mucho ahora. Greg está muerto. "Conocí bien al hermano", dijo Carp. "Vino de visita algunas veces. Pasamos mucho tiempo juntos, saliamos despues de los juegos, veíamos televisión, oíamos música, jugábamos video juegos. Era parte de nuestra familia tambien, como un grupo. Nos manteníamos unidos. Hasta su padre vino, y su hermano, ibamos de compras, almozábamos y cenábamos, pasábamos dos semanas de calidad juntos.Fue muy doloroso saber que él hizo eso. Obviamente, sabíamos que algo ocurría, algunos problemas psicológicos, algunos incidentes, pero nadie sabía de que se trataba". El shortstop Xander Bogaerts, el principal prospecto de Boston, es de Holanda. Él habló con Carp de Halman, y Bogaerts sabía quién era. Carp fue seguidor del equipo de Holanda en el Clásico Mundial de Béisbol de este año, cuando el equipo llegó a semifinales. "¿Te imaginas si hubiesen tenido a Greg como uno de sus centerfielders estrella?", preguntó Carp. Mangini dejó el beísbol afectado por las lesiones. Se casará pronto. Carp tiene una buena temporada como jugador a medio tiempo. Liddi está con el equipo AAA de Seattle, Tacoma. Cortes está en el sistema de los Cascabeles de Arizona, mientras Moore está con Kansas City. Sus vidas están separadas ahora, pero Halman permanece como factor unificador. Mangini vio una fotografía de la camiseta de Halman que Carp publicó. "Me dio escalofríos", dijo Mangini. "Así lo hubiera querido Greg. Quiere estar con nostros. Probablemente nos está mirando todo el tiempo, deseándonos lo mejor. Sé que él y Carp se entendían muy bien.Greg tenía mucho que ver con eso, ver su camiseta en su casillero probablemente le da esa confianza e impulso que necesita para salir a dar lo mejor". Como lo dice Mangini, Carp es de la costa occidental, Mangini de la oriental y Halman era de otro continente. Pero Halman hacía fácil la armonía. Carp y Mangini se mantienen en contacto con la familia de Halman mediante Facebook, incluyendo a su madre, Hanny Suidgeest. El sábado, el día anterior al día de las madres, Carp dijo que sus pensamientos estarían con Suidgeest. El día de la festividad, ella escribió en Twitter, "El amor nunca muere". Ni para ella, ni para Carp. "Pasamos mucho tiempo juntos", dijo Carp. "Era muy accesible, siempre venía y hablaba conmigo, '¿De donde eres? Oh, ¿Long Beach? Ah caramba, Yo soy de Holanda'. Compartir historias y tratar de reflexionar sobre la vida en Europa, ir a Estados Unidos, el tenía 16 años cuando llegó, firmó y estuvo ahí. Es muy sorprendente lo que consiguió. Fue de abajo hasta arriba. ¿Quién lo hubiera pensado?" Traducción: Alfonso L. Tusa C.