sábado, 5 de abril de 2014
Orlando Peña versus Luis Tiant, un duelo cincuentenario.
5 de febrero. La pelota subiendo y subiendo entre las proximidades de jardín central y el derecho levantó unas cuantas manos en las gradas. Los pasos de Carl Boles, jardinero central de los Industriales del Valencia, recorrían el infield. Peña miraba hacia la grama con los brazos doblados sobre las costillas. Un rumor recorría las tribunas. Con Tiant en el montículo del frente iba a ser difícil para los Leones del Caracas batallar aquel séptimo encuentro de la final de la temporada 1963-64. El catcher Robert Taylor corrió hacia el montículo para decirle algunas palabras al oriundo de Victoria de las Tunas, Cuba. Le dio dos palmadas en la espalda y regresó trotando hacia el plato. Se trataba de un lanzador muy controlado y los jonrones son el precio que debe pagar este tipo de pitchers. En la tribuna muchos recordaban que el juego apenas comenzaba.
Orlando Peña había abierto el primer juego de aquella final y había salido sin decisión luego de 6.1 episodios donde aceptó 5 imparables y permitió 4 carreras limpias. Ponchó 2 sin conceder boletos. Valencia pico adelante. Ken Sanders se apuntó la victoria. Ed Thomas salió derrotado. Luis Tiant abrió el tercer juego y se llevó la victoria que ponía adelante al Valencia 2 juegos por 1. Los Industriales marcaron 7 rayitas por 6 de los Leones. Tiant lanzó 7.2 episodios, permitió 4 carreras limpias, 10 imparables. Ponchó 5 y concedió 1 boleto. Ed Thomas volvía a cargar con la derrota. Peña regresó para el cuarto encuentro y en una labor magistral consiguió la victoria que igualaba la serie. Caracas ganó 2-1. Peña lanzó completo, solo aceptó 4 imparables y una carrera limpia. Ponchó 2, concedió 2 boletos. Luis Peñalver salió derrotado.
Desde los bancos del dugout de tercera base un aficionado levantó un radio portátil con la intención de animar a su equipo. “Ella baila el pompo…Ella baila el pompo…” En cuanto el árbitro principal llamó al bateador, el tipo giró el sintonizador de vuelta al juego. Orlando Peña se acercaba al cajón de bateo con pasos de “El Pompo”. Delio Amado León observó que el catcher Elrod Hendricks, el mismo que algunos años después formará parte de aquellos batalladores Orioles de Baltimore de Earl Weaver, insistía en una seña en partícular. Luis Aparicio permanecía a medio camino para ubicarse de acuerdo al lanzamiento de Tiant. La pelota salió en cambio de velocidad, al llegar al plato iba a la altura de las letras del uniforme. Peña apretó el bate. La bola se va…se va… se va…jooooooooonrooooooon de Orlando Peña, se empata el juego a una carrera en el cierre del quinto inning amigos.. Allí va Hendricks a conversar con Tiant.
Tiant, el mismo de aquella temporada grandiosa con los Indios de Cleveland en 1968 cuando lanzó 4 blanqueos con secativos y dejó marca de 21-9 con 1.60 de efectividad, el de todas esas buenas temporadas con los Medias Rojas de Boston en los años setenta, el mismo de aquel cuarto juego fantasmagórico ante la propia maquinaria roja de Cincinnati en la Serie Mundial de 1975 cuando sin contar con sus mejores pitcheos fue capaz de mantener una ventaja de 5-4 por cinco episodios para llevar a los patirrojos a la victoria, el mismo que desde la lomita de los Tiburones de La Guaira dejó sin hits ni carreras a los Leones del Caracas en la temporada 1971-72 luego de recibir un jonrón del novato Robert Marcano en el play off semifinal de la campaña 1970-71 para que los Tiburones eliminaran a los Leones.
En el cierre del noveno episodio el aficionado volvió a levantar el radio sobre la baranda de la preferencia izquierda. Esta vez sonaban las trompetas de Mon Rivera. Ay karakarakatiski, taskatiski, tas, karakatiss... Después de dos outs, el receptor Robert Taylor despachó doblete despachó doblete y Domingo Carrasquel recibió boleto intencional. Los conocedores del juego criticaron con fruición que el manager Regino Otero dejara batear a Peña en vez de traer a un emergente. Sólo los managers conocen las circunstancias del dugout. Tiant dominó a Peña y el juego se fue a extrainning.
Peña, el mismo que derrotó a Mike Cuellar, flamante ganador del Cy Young de 1969, en el juego inaugural de la Serie del Caribe de 1970 en victoria de Magallanes sobre Ponce, el mismo que lanzara 4 blanqueos con el Caracas en la temporada 1966-67, el mismo que luego de ser dejado libre por Magallanes en la temporada 1970-71 regresó para ser campeón con La Guaira.
En el cierre del décimo inning, Dámaso Blanco descargó doblete luego de un out. Victor Davalillo recibió boleto intencional. Tiant se complicó al caminar a Dave Roberts. El manager Dave Bristol adelantó a sus jardineros. Hilario Valdespino bateó elevado a la izquierda que sobró a Teolindo Acosta para que Dámaso Blanco anotara el triunfo y el título para las huestes caraquistas.
Alfonso L. Tusa C.
martes, 1 de abril de 2014
Wrigley Field llega a 100 años
29-03-2014. Benjamin Hoffman.
Para algunas personas, el tiempo puede convertirse en abstracto. Si se dice que Wrigley Field celebrará su centésimo aniversario el 23 de abril, el hecho tiene resonancia, pero mucho del contexto se pierde.
El béisbol estaba bien adentrado en su era moderna cuando el estadio, entonces conocido como Weeghman Park, abrió sus puertas a las Ballenas de Chicago de la Liga Federal en 1914. El primer juego se realizó un poco más de dos meses antes del asesinato del Archiduque Franz Ferdinand, el evento que precipitó la primera guerra mundial (las Ballenas estaban de gira y perdieron ante los Terriers de San Luis el día que le dispararon a Ferdinand).
La inauguración del estadio se adelantó al nacimiento del boxeador Joe Louis el 13 de mayo (las Ballenas estaban libres ese día). También se adelantó al debut de Babe Ruth en las Grandes Ligas el 11 de julio (las ballenas perdieron ese día ante los Tip-Tops de Brooklyn). Hasta precedió la instalación del primer semáforo eléctrico el 5 de agosto (las Ballenas vencieron a los Terrapins de Baltimore).
Dos años después, los Cachorros reemplazaron a las Ballenas en el estadio, la cual aún era una estructura de un piso. Antes de la temporada de 1927, el que había sido conocido como Cubs Park fue rebautizado como Wrigley Field en honor al dueño del equipo, William Wrigley. Los alrededores del area residencial del norte de Chicago llegó a conocerse como Wrigleyville, por el estadio.
Wrigley siempre ha tenido encantos únicos, pero es inusual que un estadio de beisbol se mantenga en uso contínuo por 100 años. Fenway Park tuvo su centenario en 2012, pero ningún otro estadio ha llegado tan lejos. Tiger Stadium estuvo cerca con 88 años, y el Comiskey Park original llegó hasta 81. Otros estadios que lograron mucho reconocimiento no duraron tanto tiempo, incluyendo a Ebbets Field, el cual fue la casa de los Dodgers de Brooklyn por sólo 45 años (aunque hemos estado oyendo sobre este desde que los Dodgers se mudaron luego de la temporada de 1957).
A través de los años, Wrigley Field cambió lentamente. Se añadió un segundo piso, las gradas de los techos de las casas del otro lado de la calle pasaron de diversión doméstica a un gran negocio, y las luces para juegos nocturnos fueron instaladas (aun cuando los Cachorros las usan menos que cualquier otro equipo). Pero el parque mantiene el encanto de una era diferente.
Los leales aficionados han derramado bastante cerveza Old Style a lo largo de los años, pero los Cachorros han usado muy poco la champaña, no han ganado una Serie Mundial desde que se mudaron a Wrigley desde el West Side Park.
Como declarara Lance Berkman, un pelotero que jugó con los rivales Astros de Houston y los Cardenales de San Luis, a The Dallas Morning News en 2013: "¿Pero en verdad que clase de historia hay allí? Nada que ver con que hayan ganado un campeonato tras otro. Principalmente ha sido un lugar para ir a beber cerveza".
O como dijo Lee Elia, un antiguo manager de los Cachorros, en una famosa queja, 85 por ciento del mundo trabaja durante el día, y el otro 15 por ciento va a Wrigley para abuchear a los Cachorros.
Hay una gran posibilidad de que ningún otro estadio iguale la durabilidad de Fenway y Wrigley. El próximo estadio activo más viejo es Dodger Stadium, construído en 1962, está ubicado en terrenos muy caros que a menudo son mencionados como sitios potenciales para zonas residenciales. Los únicos otros estadios construídos antes de 1989 son Angel Stadium, Oakland Coliseum y Kauffman Stadium, ninguno de los cuales están supuestos a sobrevivir debido a algún tipo de nostalgia (especialmente el deteriorado estadio de Oakland). Hasta los Medias Rojas han reconocido que Fenway Park no puede durar por siempre.
Pero Wrigley ha perdurado tanto debido a sus ventas de cerveza, equipos mediocres y días soleados. No hay razón para que esa fórmula no funcione por otros cien años.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 31 de marzo de 2014
Capuano cuenta sus bendiciones
Con el apoyo de su escuela primaria católica, al pitcher de los Medias Rojas no le puede ir mal.
Gordon Edes. ESPNBoston.com. 28-03-2014
Fort Myers, Fla. -- ¿Cuan excitados están las personas de la zona de que Chris Capuano haya regresado a casa para lanzar con los Medias Rojas?
El paquete llegó esta semana, lleno con cerca de 50 tarjetas hechas a mano, incluyendo una con una llamativa caricatura de Capuano en la mitad de su movimiento de lanzar. No eran solo impresiones de computadora. También habían muchas hechas con cartulina, todas con diseños personales, llenas de mensajes de apoyo y motivación.
¿Los niños todavía hacen estas cosas?
"Buena educación de la escuela católica", dijo Capuano con una sonrisa.
El paquete había sido enviado desde St. Thomas the Apostle School de West Springfield, Mass., donde la directora, la hermana Patty Hottin, asistió a la escuela secundaria con los padres de Capuano, Kathy y Frank. Capuano asistió a St. Thomas desde kindergarten hasta octavo grado antes de ir a Cathedral High en Springfield, donde fue el primero de su clase, luego fue a Duke, donde fue Phi Beta Kappa con un grado en economía
La hermana Patty fue quien anunció a la escuela el mes pasado que Capuano, un agente libre, había firmado con los Medias Rojas. Y fue la clase de sexto grado (con algunos algunos de quinto) de Karen McHugh que decidió que ellos no podían esperar que los Medias Rojas regresaran al norte, ellos iban a comunicarse con él desde aquí.
El dibujo de Joey Franco era el que mostraba a Capuano lanzando.
"Los niños aquí sienten que él es su estrella de rock", dijo la hermana Patty. "Ellos saben que él fue a la escuela aquí y que si él lo pudo hacer, ellos también. Estamos realmente impactados. Lo hemos conocido por mucho tiempo, pero esto es venir a casa".
"Pienso que hará grandes cosas, y le diré por qué. El tiene a todos estos niños quienes creen que lo que piden en sus oraciones, ocurre, y ellos están rezando mucho".
Hey, alumnos de sexto grado de St. Thomas: Tan feliz como están ustedes de que Capuano esté aquí, el zurdo de 35 años está muy feliz de que en su duodécima temporada en las Grandes Ligas, un viaje que lo ha llevado por cinco equipos, dos operaciones Tommy John en el codo que lo dejaron sin lanzar por casi dos temporadas completas, y una aparición en play off, él estará lanzando para el equipo de su pueblo.
El entrenamiento primaveral había empezado y Capuano, quién había pasado las dos temporadas previas con los Dodgers, todavía permanecía sin equipo cuando los Medias Rojas lo firmaron el 22 de febrero, luego que Ryan Dempster decidió abruptamente que no lanzaría en 2014. Un abridor en toda su carrera, Capuano fue traído para darle más profundidad a la rotación, y como un tercer brazo zurdo que se unirá a Craig Breslow y Andrew Miller en el bull pen.
Con todas las lesiones que han sufrido los pitchers esta primavera, Capuano pudo haber encontrado trabajo como abridor regular en otro lugar de haber esperado más tiempo. Pero si se le pregunta si se lamenta, él agitará su cabeza.
“Para nada”, dijo. “Este es un lugar maravilloso donde estar”.
“Los muchachos del equipo, no hay egoísmo en el clubhouse. Es grandioso jugar con estos muchachos, son profesionales, buenos muchachos. Su cuerpo técnico, su equipo de fisioterapia, son los mejores que haya visto. De acuerdo a lo que he visto en un mes con el equipo, me siento muy bien aquí”.
Los Medias Rojas utilizaron 26 pitchers la temporada pasada, 11 de los cuales hicieron aperturas. Las posibilidades de Capuano, quien ha lanzado como relevista 29 veces comparado con 209 aperturas en su carrera, de ser solicitado como abridor por los Medias Rojas en determinado momento de esta temporada son muy altas.
“No muchos equipos avanzan en la temporada con cinco abridores”, dijo. “No deseo que alguien enferme. Quiero que todos tengan éxito, porque eso significa que somos exitosos como equipo. Pero si se me presenta una oportunidad, estoy listo para ella. Trataré de asumir cualquier responsabilidad al comienzo de la temporada, de ser exitoso, de lograr ceros”.
La última salida de Capuano fue el miércoles, en una apertura con el Greenville Clase A. ¿Ceros?. Lanzó cinco innings sin hits, ponchó 10.
Pero con todos los abridores de los Medias Rojas sanos en el transcurso de la temporada, Capuano será parte de un bull pen sin competidores en poder mental. Craig Breslow obtuvo un grado en biofísica y bioquímica molecular en Yale. Burke Badenhop, como Capuano, tiene un grado en economía; Badenhop se graduó magna cum laude. Y Andrew Miller estaba bien avanzado en su carrera para obtener un grado en University of North Carolina hasta que fue seleccionado en la primera ronda del draft por los Tigres.
“Esto se presta para conversaciones divertidas, seguro”, dijo Capuano. “Buenos debates. Hablamos de todo. Ayer estábamos hablando del libro ‘Outliers’ de Malcolm Gladwell. Tambien analizamos los cumpleaños de cada uno, si el mes donde naciste hace alguna diferencia”.
“También estoy tratando de aprender a tocar guitarra. Jon Lester me ha estado enseñando un par de notas vaqueras, notas básicas con las que puedes tocar muchas canciones”.
Hubo un día cuando leer un libro en tu locker te marcaba como un tipo raro en un clubhouse de Grandes Ligas. Ahora no es así, dijo Capuano.
“Al mismo tiempo, no se ve a mucha gente sentada con un libro en su locker”, dijo. “Pero tenemos tiempo suficiente para eso en los viajes y en casa”.
“Había la creencia de que si eras muy inteligente, eso no era bueno, porque pensabas demasiado. Pero definir la inteligencia por nivel de educación no es necesariamente el mejor barómetro. Hay ciertas cosas como el sentido común, inteligencia de la calle, inteligencia del béisbol. Si miras algunos de estos tipos que no fueron a la universidad, ellos tienen su Ph.D. en béisbol. No se puede ignorar ese tipo de inteligencia”.
La temporada pasada, Capuano estuvo limitado a 20 aperturas por lo que él describió como “tres clases de pequeñas, estúpidas lesiones”. Se lesionó la pantorrilla en la batalla campal de Greinke, contra los Padres y tuvo que perder su próxima salida; se estiró el músculo intercostal al lanzarse para atrapar una pelota y tuvo un pequeño tirón en la ingle.
Esta primavera, le afectaron una pequeña rigidez en la espalda y entumecimiento en el antebrazo, así fue que empezó a apreciar al equipo médico de los Medias Rojas. Todo eso pasó, dijo.
“En mis últimas tres salidas, me sentí muy bien lanzando la pelota”, dijo. “Estoy muy excitado de comenzar el año”.
Eso no debe ser una sorpresa para los niños de St. Thomas. ¿Fueron respondidas las oraciones de alguien?
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
sábado, 29 de marzo de 2014
Emociones vespertinas
Corriste hacia la puerta con el tercer llamado de Sebastián. Cuando tu padre levantaba la voz hasta las modulaciones de Enrico Caruso en "O Sole mío", aparecían varias perlas de sudor en las manos y sentías los pies descalzos en el más ebullente asfalto de aquel mediodía cumanacoense. La atmósfera de principios de octubre traía pedazos de hojas secas con aromas de cun de amor y vahos tenues de dióxido de azufre.
Deja ya de ver ese juego de pelota. Si me llego a enterar que has perdido el principio de un examen o una clase, te vas a quedar sin ver ni escuchar, nada de beisbol en la radio, en la televisión y en la prensa.
Bajaste la cabeza y apretaste la mano en el morral. Aún sobre la más brillante de las miradas de Sebastían balbuceaste. Pero papá, es la Serie Mundial. Los Orioles de Baltimore de Brooks y Frank Robinson, además de ese negrito que juega el jardín central detrás de segunda base; contra los Rojos de Cincinnati de David Concepción y Pete Rose, y Johnny Bench.
Cuando Sebastián levantó el brazo y señaló la puerta arrancaste a correr, solo viste de reojo cuando Paul Blair se soltó en veloz carrera desde el abanico hasta alcanzar un batazo largo de Tany Pérez en las proximidades de la zona de seguridad.
Caramba papá, me voy a perder un tremendo juego de pelota.
Te vas a perder de unas tremendas lecciones en la clase de quinto grado si te quedas aquí. ¡Vamonos!
Las atrapadas de Brooks Robinson detrás de tercera base, sobre la línea de cal o corriendo hacia a delante para desactivar un toque de pelota. Los embalajes de Blair hacia la zona de seguridad del jardín central, todo eso estalló sobre la hoja a rayas azules del cuaderno. ¡Luis Alcántara! Por última vez, resuelva la operación matemática de la pizarra. Poco a poco el diamante quedó vacío, mientras recuperabas la noción de las matemáticas, apretabas la tiza en las manos. Casi escribiste la resolución con el dedo índice empolvado de tiza. La maestra, hizo varias observaciones y escribió un catorce encerrado en un círculo abierto. Aquella calificación motivó que Sebastián dejara sin béisbol a Luis por una semana íntegra.
La próxima vez que volviste a jugar pelota en el terreno aledaño a la escuela, te quedaste mirando al tercera base de su equipo. El muchacho casi se caía de boca sobre los guijarros del infield intentaba imitar las jugadas por las que llamaban a Brooks Robinson “La aspiradora humana”. Sonó un impacto vítreo. Apenas viste la mesa del zapatero en el local de la esquina allende la calle. Sonidos de hojas cortadas atravesaron cual bandada de pericos las hojas de bucares y jabillos. Intentabas guiarte con la sombra de los pájaros y lo que pensabas podía ser aquella pelota de cubierta descosida. Desde el diamante llegaban voces antípodas, ¿jonrón? ¡corre más duro que tu le llegas! El círculo oscuro empezó a proyectarse sobre la acera, te paraste por el paso de un hombre con una carretilla y una camioneta pick-up. En dos saltos llegaste a la esquina, traías tanto impulso y sin embargo te estrellaste contra la mesa del zapatero. La pelota abrió una concavidad en la pared de bahareque.
Aquella tarde Sebastián pasó varios minutos tratando de convencer al zapatero para que disculpara a Luis y sus compañeros de juego. El tipo estaba furioso, le habían desbaratado su mesa de trabajo y además la tierra que cayó de la pared manchó unos zapatos blancos recién pintados. Luego de cancelar los daños, procurabas ubicarte lo más lejos de Sebastián. Al llegar a casa te llamó. Tranquilo hijo. Estas cosas ocurren cuando uno es niño. Pero de verdad hubiera preferido que hoy te hubieras quedado viendo en televisión a Brooks Robinson y Paul Blair.
Alfonso L. Tusa C.
viernes, 28 de marzo de 2014
Un jardinero de los Cascabeles de Arizona que lanza strikes.
Un jardinero de los Cascabeles de Arizona que lanza strikes.
Tyler Kepner. The New York Times. 17-02-2014.
Scottsdale, Ariz.- Los Cascabeles de Arizona tuvieron una práctica corta el lunes, justo lo suficiente para sudar antes de regresar a su clubhouse antes de las 11 am. Era el día de jugar a la guerra con esferas plásticas coloreadas, los Cascabeles se pusieron un uniforme de camuflaje y salieron a hacer un ejercicio en equipo, en el cual tratarían de imitar esencialmente a Gerardo Parra.
Parra, su sublime jardinero derecho, dispara pelotas de beisbol, no esferas plásticas, con una fuerza y precisión extraordinarias. En 2013, Parra tuvo la mejor temporada defensiva que haya tenido un jardinero derecho, tiene un brazo izquierdo envidiable.
"Cada vez que hace un lanzamiento, me sorprende, me paraliza", dijo J. Pollock, el jardinero central de los Cascabeles. "Es una actitud diferente a la que le haya visto a otro jardinero. El quiere que los corredores sigan. Los reta a que se vayan. Es tan rápido y preciso, él es como un shortstop a 300 pies de distancia".
El guante y el brazo de Parra son tan reconocidos que parecía casi fuera de lugar con un bate en su mano la mañana del lunes, en un pasillo del clubhouse. Un compañero pasó por ahí, tocó el bate y le preguntó a Parra si sabía como usarlo. Otro lo llamó Billy Wagner, en referencia al cerrador retirado que lanzaba a 100 millas por hora.
Parra desestimó la comparación, más por precisión que por modestia. Parra nunca podría lanzar 100 millas. Dijo que era más como el dos veces ganador del premio Cy Young Johan Santana.
“Yo era pitcher antes de firmar”, dijo Parra. “Cuando firmé con los Cascabeles, lanzaba 92, 93 millas. Pero me gusta más la defensiva, me gusta jugar todos los días”.
Parra, 26, puede batear lo suficientemente bien; la temporada pasada conectó para .268, con 43 dobles, 10 jonrones y 48 carreras empujadas. Pero históricamente, se distingue por su desempeño al campo.
De acuerdo al sitio web de Baseball Reference, el cuatro en WAR defensivo( número de victorias adicionales que los Cascabeles consiguieron por el desempeño defensivo en referencia a las victorias que se hubieran logrado si el pelotero hubiese sido suplantado por un jugador de nivel) que logró Parra la temporada pasada fue el máximo para un jardinero derecho en una base de datos que se extiende por más de 100 años. Wilson lo nombró jugador defensivo de la Liga Nacional del año, y Rawlings le dio su segundo guante de oro.
“Su brazo es un modificador del juego”, dijo el pitcher de Arizona Brandon McCarthy. “Se pudo ver a medida que avanzaba el año. Las personas se mantuvieron retándolo, por cualquier razón, y estoy completamente seguro que este año harán igual, luego a mitad de año, todos se quedarán tranquilos”.
“Hay muy pocos peloteros que pueden mejorar a un equipo defensivamente, y él es uno de ellos, es del tipo de Andrelton Simmons. Se gana una carrera sólo con verlo sacar fuera a un corredor del otro equipo”.
Simmons, de los Bravos de Atlanta, puede haber generado el mayor valor defensivo de cualquier jugador en la historia. Pero Simmons, como shortstop, tiene muchos lances en el terreno. Que Parra se haya aproximado al impacto defensivo de Simmons fue muy resaltante.
“Cuando haces una buena jugada en los jardines, es igual a cuando bateas un jonrón”, dijo Parra, quien algunas veces realiza ambas acciones. El pasado 18 de mayo en Miami, bateó un jonrón ante el primer lanzamiento del juego y también hizo out a un corredor en el plato. Los Cascabeles ganaron 1-0.
El relevista Brad Ziegler tenía otra jugada importante de Parra. Ziegler recordó un juego en Dodger Stadium donde Yasiel Puig ignoró una señal de pararse en tercera base para retar a Parra, quién fácilmente lo hizo out desde el jardín derecho corto.
“Parra se voltea hacia el bullpen, nos mira y hace el movimiento con los dedos de Dikembe Mutombo”, dijo Ziegler. “Como diciendo: ‘Más les vale que no me corran’”.
Los Cascabeles firmaron a Parra en Venezuela en 2004. Un reporte de buscadores de talento de la exposición de jugadores amateur Perfect Game lo definió como “extremadamente similar y tal vez un nivel mejor que Santana”, pero era considerado un mejor prospecto como jugador de posición y llegó a las Grandes Ligas en 2009.
(Eventualmente, los Cascabeles firmarían a Parra como pitcher. El hermano de Gerardo, Geordy, tuvo 39 ponches en 27 innings con dos equipos de bajo nivel en las granjas de Arizona la temporada pasada).
Parra refinó con estabilidad sus destrezas en el campo. Kirk Gibson, quien asumió como manager a mediados de la temporada de 2010, dijo que Parra había mejorado su precisión en parte porque aprendió a utilizar su fuerza. “Parra aplica tal efecto a la pelota”, dijo Gibson, “que sus tiros se desarrollan más bajos que la mayoría de los jardineros”. Ha aprendido donde hacer rebotar un tiro, si debe hacerlo, de manera que el otro jugador lo pueda controlar.
Dave McKay, el nuevo coach de jardineros de los Cascabeles, dijo que Parra lo había impresionado con su sabiduría. En las prácticas, Parra usa un guante pequeño, lo que lo obliga a concentrarse en usar sus manos, en vez de depender de las dimensiones más grandes del guante que usa en el juego. También muestra un método digno de un libro en su juego con los cortadores.
“Muchos tipos que tienen un gran brazo, tienden a querer hacerlo todo en la jugada”, dijo McKay. “Me imagino, que a través de los años, él ha llegado a la conclusión de que ‘No tengo que prescindir de todos, puedo interactuar con la gente’. El tiro perfecto ocurre a través del cortador, no sobre este”.
Parra tiene la velocidad y los instintos para adaptarse a los amplios jardines del oeste de la Liga Nacional; solo Hunter Pence de los Gigantes de San Francisco tuvo un factor de rango mejor entre los jardineros derechos de la Liga Nacional. Pero el brazo es la diferencia, con la precisión de Jim Edmonds, dijo McKay, y el poder de Andre Dawson.
Esos jardineros ganaron ocho guantes de oro cada uno, y Parra está construyendo un legado similar, lanzamiento a lanzamiento.
“Él mejora cada año”, dijo el catcher Miguel Montero. “Estoy seguro, desde ahora, de que el guante de oro es para él”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 25 de marzo de 2014
Desnaturalizar el juego
El tipo sonreía. Las manos en jarra templaban las franjas anaranjadas de su camisa desgastada, propia de un ser humano que experimenta en carne propia las vicisitudes del día a día. Quienes pretendan reescribirle la historia de la realidad solo recibirán hechos contundentes, en sus gestos, en su rostro, en sus cicatrices, esas que ni cien mil pasquines, o emisoras de radio y televisión diseñadas al patrón del traje del emperador podrán desdibujar bajo el manto de una supuesta sensibilidad social. Respiraba profundo. Necesitaba purificar los pulmones de tantas realidades subvertidas, de tantos crímenes negados, de tanto dolor burlado, de tanta violencia agazapada. Julio se frotó los antebrazos y lanzó la página deportiva sobre la mesa, miró hacia las cañas bravas alineadas en el techo.
¿Para ti el béisbol sigue siendo el mismo? Julio se acercó a la biblioteca y sacó una revista amarillenta del tramo más cercano al piso. Basilio estiró la piel de los antebrazos, refrescando un poco las quemaduras de gases lacrimógenos y laceraciones de perdigonazos. Puede ser que el juego mantenga su esencia. Anotar carreras, lanzar strikes, hacer los outs. Pero este béisbol dista mucho del que se jugaba hace cuarenta, cincuenta, sesenta años. Y para mí, que se haya incluido un bateador designado en la alineación regular significa más involución que evolución. Primero porque se priva al pitcher de batear, con lo cual el juego pierde una parte importante de su estrategia, el toque de sacrificio, la velocidad de piernas para embasarse con cualquier rodado al infield, la visión más profunda de los pitchers sobre los movimientos de sus rivales monticulares. Con esta visión completa de las dos fases del juego, el pitcher desarrolla cualidades físicas y mentales más profundas. Segundo, por que se promueve la proliferación de jugadores unidimensionales, lo cual los hace olvidar la otra faceta del juego, en este caso la defensiva. Eso, desconecta al bateador designado de la integridad del juego.
Mira lo que dice aquí. El sonido de las páginas revolcaba residuos arqueológicos, de especies casi prehistóricas. Un pitcher decidió un juego con un jonrón dentro del campo. Bueno papá, eso no lo vemos ahorita ni en la Liga Nacional. A los pitchers los tienen tan limitados en los lanzamientos que pueden hacer en un juego, imagínate a que ritmo les permitirán correr en las bases. Basilio estornudó y se alejó un poco de la revista. Pero sin embargo les permiten lanzar a toda velocidad. ¿Quién habrá determinado que la velocidad es el rasgo fundamental de un pitcher? Si, es importante tener algo en la bola. Lo principal es mantener la pelota baja y poder lanzar adentro cuando sea necesario. Para eso es necesario el control y ese viene con un equilibrio entre velocidad y raciocinio. Saber lanzar va más allá de ponchar. Para ponchar al menos hacen falta tres pitcheos. Si el pitcher es capaz de obligar al bateador para que haga swing a los envíos que él quiera puede llegar a lograr tres outs con tres lanzamientos.
Julio alisó la portada de la revista, un recuadro anaranjado resaltaba en la esquina superior izquierda. Pero dicen que en las ligas donde hay bateador designado los pitchers son más exigidos porque eliminan el out fácil del pitcher. Por eso se habla de que el pitcheo de la Liga Americana es mejor que el de la Nacional. Basilio se pasó los dedos por el bigote incipiente de espinas. Eso es muy relativo hijo. Hay pitchers que son muy buenos bateadores. Y a la larga los más débiles también mejoran, la práctica, la dedicación y el compromiso los llevan a ello. Además, los pitchers de la Liga Nacional tienen que estar pendientes de todos esos detalles porque ignoran en que momento un pitcher dejará de ser débil con el bate, eso los hace crecer en su estrategia de cómo encarar un juego, que por cierto va mucho más allá de lanzar 100 millas. Esos lanzamientos son los que hacen más indefensos a los pitchers ante los linietazos que salen dirigidos hacia ellos a más de 100 millas.
¿Y qué te parece esa nueva modificación del reglamento que hizo MLB con respecto a los catchers y cuando deben bloquear el plato? Julio metió la revista en el polvoriento último tramo de la biblioteca, tosió y sacudió las manos. Basilio salió al patio y respiró profundo. Puedo entender que se quiera evitar los encontronazos en el plato, pero hay situaciones de situaciones. ¿Cómo pedirle a un catcher que deje el “home” libre cuando el tiro desde los jardines viene en camino y el corredor te va a ganar el pentágono antes de que la pelota se incruste en la mascota? Es como castrar una de las jugadas más épicas y trascendentales del juego. Parecido a lo que hicieron la última vez que el béisbol fue deporte olímpico. Fue muy triste ver en un juego de extrainning como empezaba una entrada con hombres en segunda y tercera sin outs. Eso es cualquier cosa menos béisbol.
Alfonso L. Tusa C.
viernes, 21 de marzo de 2014
Keith Hernández tiene bien merecida su consideración al Salón de la Fama de los Cardenales de San Luis.
Él fue ganador del premio al Jugador Más Valioso en 1979 y ayudó a los Cardenales a ganar la Serie Mundial de 1982.
Chad Thornburg. MLB.com. 19-03-2014.
En la vitrina más grande del beisbol, uno de los momentos más felices de la carrera de Keith Hernandez pasó desapercibido.
Sus Cardenales estaban arriba 5-0, sobre los visitantes Cerveceros de Milwaukee, estaban en camino de igualar la Serie Mundial de 1982 a tres juegos por lado. La lluvia empezaba a caer en Busch Stadium, Hernández entró a la caja de bateo para lo que el recuerda sería el lanzamiento 13 o 14 que veía del futuro inquilino del Salón de la Fama Don Sutton.
El bigotudo primera base de los Cardenales descargó un jonrón de dos carreras, sólo que quienes veían el juego en casa nunca lo vieron. La cadena NBC cortó brevemente el enfoque del juego para mostrar en la distancia, la lluvia cayendo sobre el Arco de entrada de la ciudad, antes de regresar rápidamente luego del batazo, dijo Hernández. Hasta este día, Hernández todavía busca cualquier video de la secuencia completa.
Menos mal, que el resto de sus logros con San Luis estan bien documentados. Su placa del premio de jugador más valioso de la Liga nacional en 1979, y su premio del bate de plata están orgullosamente instalados en su casa. Y el dos veces participante del Juego de Estrellas y cinco veces ganardor del premio guante de oro siempre tendrá un lugar en la historia de los Cardenales por su papel clave en el equipo campeón de la Serie Mundial de 1982.
Y ahora, Hernández, de 60 años, está a punto de añadir su presencia en el Salón de la Fama de los Cardenales a los premios de su carrera. El antiguo primera base es uno de ocho leyendas modernas de San Luis quienes tienen la oportunidad de estar entre los primeros inducidos a la nueva galería del Salón de la Fama de los Cardenales ubicada en la próxima a inaugurar Ballpark Village.
Desde ahora hasta el 22 de abril, los aficionados pueden votar por hasta dos de los ocho candidatos, Hernández, Jim Edmonds, Bob Forsch, Willie McGee, Mark McGwire, Matt Morris, Ted Simmons y Joe Torre.
Los dos que reciban más votos serán inducidos durante la ceremonia del 16 de agosto en Ballpark Village, para unirse a los 22 Cardenales que han recibido inducción automática porque o ya están en el Salón de la Fama del béisbol nacional o la organización ha retirado sus números.
Seleccionado por los Cardenales en la ronda 42 del primer draft de 1971, Hernández debutó en las Grandes Ligas en 1974 a la edad de 20 años. Al principio de su carrera era más conocido por su defensiva, en esa etapa el bate de Herrnández dejaba algo que desear.
No fue sino hasta 1977 que Hernández explotó como bateador, conectó para .291 con 15 jonrones y 91 carreras empujadas. Luego tuvo dificultades el año siguiente, solo bateó para .255 en 1978. Cuando su slump se extendió hasta abril de 1979, unas pocas palabras de ánimo de su manager Ken Boyer, fueron todo lo que Hernández necesitó para terminar sus momentos duros a la ofensiva.
"Viajábamos en avión luego de un juego donde me había ido en blanco con el madero", recordó Hernández. "Y Boyer se sentó a mi lado y dijo. 'Keith, tú eres mi primera base. Me ahogaré o nadaré contigó en primera base. Estás en la alineación. Cuento contigo. Eres mi tercer bate. Te he visto jugar. Se que tienes las herramientas'. Eso me quitó el peso del mundo de mis hombros".
El comienzo lento de Hernández, bateó .232 en abril, fue olvidado rápidamente, debido a que bateó .362 desde mayo hasta septiembre, con lo cual subió su promedio de la temporada a un .344 que lideró la liga, anotó 105 carreras, bateó 11 jonrones y 48 dobles. Esa extraordinaria recuperación le ganó compartir el premio del jugador más valioso de la Liga Nacional en 1979 con Willie Stargell de Pittsburgh.
"Estaba totalmente impactado", dijo Hernández por el honor. "¿Cuantos pueden ser jugador mas valioso? Y yo soy uno de ellos, y en gran compañía. Estoy orgulloso de eso. Nunca en mis sueños más locos imaginé que sería jugador mas valioso, mucho menos campeón de bateo".
Hernández batearía .297 o más en nueve de sus próximas 10 temporadas con los Cardenales y Mets, y ganó su primer campeonato con San Luis en 1982 dentro de un equipo que cataloga como el mejor grupo de jugadores con el que haya jugado.
"Nos llevábamos muy bien. En ese equipo no había ningún tipo de egoísmo, absolutamente ninguno", dijo. "Cada quién daba lo mejor de sí, estaban comprometidos y sabían lo que tenían que hacer. Nadie se creía delante de los demás. Eramos 25 tipos juntos, fue una gran experiencia jugar con esos muchachos".
Hernández fue cambiado a los Mets en 1983. Jugó siete temporadas con Nueva York y ganó otro título de Serie Mundial en 1986. Hernández jugó los últimos dos años de su carrera en Cleveland, pero pasó toda la temporada de 1991 en la lista de incapacitados.
Hernández, ahora en su novena temporada como analista de los juegos para SportsNet la cadena televisiva que transmite los encuentros de los Mets de Nueva York, esta muy relacionado en la actualidad con su segunda franquicia. Sin embargo, los Cardenales y sus aficionados siempre tendrán un lugar importante en su vida.
"(Los aficionados) fueron maravillosos. Tuve momentos dificiles en mis primeros tres años en las Grandes Ligas, y esos aficionados fueron fantásticos", dijo Hernández. "Como un joven de 20 años, si hubiese tenido que lidiar con la carga de las grandes expectativas de las Grandes Ligas mientras tenía eso terribles tres años, pienso que hubiese sido mucho más dificil en otro lugar diferente a San Luis".
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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