sábado, 4 de octubre de 2014
Pequeño gran hombre
El balón pasó líquido por el aro oxidado.Todos voltearon. Si, era Tito con una maestría superior a la que impartía en las clases de inglés. Luego de varias acrobacias de cambio de ritmo y dribles con ambas manos, Sandy se puso la camisa sin dejar de observar la demostraciónde Tito. Agarró sus cuadernos de tercer año de bachillerato y empezó a caminar por la calle Las Hortensias. Cada vez apretaba más el paso. A dos cuadras del cine oyó el timbre. Empezó a correr hasta alcanzar la taquilla de los boletos.Había entrado a la galería justo cuando aparecían grandes letras amarillas en la pantalla de cemento “Little Big Man”. Dustin Hoffman. Desde la primera vez que había visto el cartelón de la película, Sandy preguntaba como podía ser grande un hombre pequeño.
Ahora, casi 40 años después, el segunda base de los Astros de Houston quizás tenía la respuesta. Llegó a las Grandes Ligas contra el pronóstico de los buscadores de talento y en 2014 desarrolla una actuación que desempolva las figuras de Cesar Tovar y Melvin Mora por un lado y las de Nellie Fox, Joe Morgan y Craig Biggio por el otro. Hacia principios de agosto, concretamente el 6, Altuve lideraba la Liga Americana con 158 imparables, .338 de promedio al bate y 45 bases robadas. A la defensiva comandaba a los segundas base de toda MLB en dobleplays con 81, segundo en asistencias de Brian Dozier (344) con 325, y segundo en outs de Chase Utley(217) con 212. Tovar resultó el primer venezolano en batear más de 200 imparables en Grandes Ligas, en 1971 despachó 204 imparables en 657 turnos al bate para un promedio de .311. Mora fue líder dela Liga Americana en OBP (Porcentaje de embasado) con .419 en 2004. Altuve marcha séptimo .375, donde José Bautista es el líder con .412.
En la película Hoffman hace el papel de Jack Crabb un viejo de 121 años que recuerda su vida que empezó al nacer en una familia de blancos, a los diez años los Pawnee matan a sus padres y se lo llevan a él y su hermana a la aldea Cheyenne. Ella escapa, pero Jack se convierte en el protegido del jefe de la tribu. Empieza una rivalidad con el Cheyenne Oso joven, sin embargo este le debe la vida porque Jack lo salva de morir a manos de un Pawnee. A los 16 años es recapturado por la caballería de Estados Unidos y renuncia a su formación indígena para salvar la vida. Es puesto bajo el cuidado del reverendo Silas Pendrake y su esposa Louise, quien intenta seducirlo. Jack escapa de casa de los Pendrake cuando sorprende a Louise teniendo relaciones sexuales con el dueño de la fuente de soda.
Morgan y Biggio han sido unos de los camareros más destacados que hayan vestido la camiseta de los siderales. Morgan fue líder en asistencias de la Liga Nacional con 482 en 1971, en 1965 había llegado en segundo lugar con 492 asistencias.Mientras que Biggio comandó la Liga Nacional en 1997 con 504 asistencias, fue líder en ese departamento desde 1993 hasta 1997 y luego en 1999. En outs Biggio obtuvo otros cinco lideratos en la Liga Nacional, el más significativo en 1996 con 361 outs.
El 2 de septiembre de 2014 Altuve bateó de 5-4 para llegar a 193 imparables, ese día se convirtió en el primer Astro desde Lance Berkman (4-6 de mayo 2008) en batear 4 imparables en dos juegos seguidos, ese día rompieron una seguidilla de seis victorias de los Angelinos de Los Angeles al vencerlos 8-3.
El 10 de septiembre, luego de dos juegos en blanco, Altuve se fue de 5-2 en la victoria de los Astros 5-2 sobre los Marineros de Seattle. Además de convertirse en el segundo jugador de los Astros en alcanzar los 200 imparables en una temporada (el otro es Craig Biggio) y el cuarto venezolano (Cesar Tovar, Magglio Ordóñez, Miguel Cabrera); el Pequeño Gran Hombre de Maracay también se unió a otro grupo de peloteros, los que han logrado al menos 40 dobles, 50 bases robadas y 200 imparables en una temporada, en este club están: Ty Cobb, Tris Speaker, Benny Kauff, George Sisler, Craig Biggio y Hanley Ramírez.
El día (16-09-2014) cuando superó la marca de Biggio de más imparables para un jugador de los Astros de Houston, Altuve recibió la visita de este en plena práctica de bateo, se acercó y le comentó: “Vamos, solo tienes que dar dos más para implantar otra marca”. Por ese motivo Altuve fijó la mirada en la primera fila del Minute Maid Park luego de conectar el doble que empataba la marca de 210 imparables, allí estaban Biggio y Nolan Ryan. Dos entradas más tarde, Ryan, Biggio y toda la multitud (18.381)ovacionaron de pie por dos minutos cuando Altuve despachó el imparable 211. Houston perdió el juego 4-2 ante Cleveland y su as emergente Corey Kluber.
Al día siguiente, el venezolano Carlos Carrasco blanqueó a los Astros 2-0, solo permitió 2 imparables, ambos de Altuve, el segundo de ellos para romper una seguidilla de 17 retirados. En ese juego igualó a Dustin Pedroia como los camareros con más imparables en una temporada desde 1975 con 213. Luego también alcanzaría a Rod Carew como el segunda base con más hits en una temporada (219) desde 1974.
El 20 de septiembre en una victoria 10-1 sobre Seattle en Houston, Altuve despachó dos imparables (217 y 218) para sobrepasar la marca de Magglio Ordóñez (216) de más imparables para un venezolano desde la temporada de 2007.
Al concluir la temporada había acumulado los lideratos en ambas ligas de promedio al bate (.341), primer jugador de los Astros en lograr un título de bateo, e imparables(225), tercer latinoamericano en conectar más imparables en una temporada detrás de Carew (239) y Mateo Alou (231), además de comandar las bases estafadas en la Liga Americana (56). También lideró las Grandes Ligas en juegos de más de un imparable (69). Al final de la temporada fue escogido para conformar el equipo de estrellas de Grandes Ligas que jugará una serie de partidos ante su similar de Japón en noviembre. Además fue nominado al premio Hank Aaron Award 2014 que se entrega al mejor bateador de cada liga.
Respecto al plano defensivo, Altuve terminó la temporada con 105 dobleplays (1ero.), 268 outs (2do.), 459 asistencias (3ro.),156 juegos como 2b (2do.), 10 errores (4to.).
El próximo juego de baloncesto Sandy entendió mejor como Tito se las ingeniaba para colarse entre el bosque de grandulones a los que les llegaba por el pecho, cada vez que se agachaba y corría hasta debajo del aro, también veía a Jack Crabb en Little Big Man.
Alfonso L. Tusa C.
viernes, 15 de agosto de 2014
Un brillo de la infancia reflejado en el box score.
Billy Altman. 03-08-2014
Mientras crecía en la parte alta de Manhattan en los años '60, nunca me cansé de mirar por la ventana de mi habitación en el apartamento de mis padres en Amsterdam Avenue durante la temporada de beisbol, veía las luces de ambos parques, Yankee Stadium en el cercano Bronx y empezando en 1964, Shea Stadium a la distancia en Queens.
Mientras nunca he querido sugerir que aprendí mucho por simplemente ver ambos estadios desde mi casas, me ha impresionado recientemente que puede haber existido un significado mayor en todo esto. El beisbol me llamaba, y ahora yo hago los llamados, septiembre marcará mi décimo aniversario como anotador oficial de los Mets y los Yanquis.
El trabajo significa estar enfocado en un promedio de 300 pitcheos por juego, los juegos duran más de tres horas. Esto significa tratar con un número creciente de ajustes defensivos en los cuales el tercera base puede terminar parado al lado del primera base. Y eso significa un rápido desarrollo de una piel gruesa, porque lo que sea que decida, hit o error, a menudo creará algún disentimiento.
Mi ruta hacia convertirme en parte de esta fraternidad inusual, nuestra membresía a través de los 30 equipos de Grandes Ligas del país llega a un número menor de 100, se desprende de las obsesiones usuales que la mayoría de los aficionados del beisbol comparten desde la niñez. Todavía me gusta recordar que más que hacer mi tarea escolar despues de la escuela primaria, prefería escuchar rock 'n' roll en el radio mientras devoraba la información de los reversos de las barajitas de beisbol. Si un profesor de geografía me preguntaba donde quedaba Albuquerque, mi respuesta era algo como "Texas League".
Al final, no fui músico, ni atleta. En su lugar, me hice de una carrera en periodismo, como crítico de música pop en los años '70, y no mucho después, escritor de beisbol. Una vez que empecé a pasar tiempo en el palco de prensa, me fasciné con las tortuosidades de anotar, una de las lineas de trabajo más extrañas de los deportes profesionales.
Así fue como empecé: Un día de 2003, estaba sentado junto a Bill Shannon en el palco de prensa de Shea Stadium y, como siempre, maravillado con la facilidad con que él manejaba las distintas facetas de llevar la anotación, de mantener inmaculada y llena de detalles la hoja de anotación para de manera rápida y confidencial tomar una decisión que cualquier jugada en el campo requiriera.
Shannon era una leyenda, al menos entre otros escritores, finalmente le pregunté como se hacía para aprender lo que él hacía.
Él me miró, algo divertido, y respondió con una pregunta ¿Quieres hacer esto?.
Si quería. Así empezó un período de poco más de un año que Shannon llamó anotación de "sombra" cada vez que estaba en alguno de los estadios de Nueva York en una asignación periodística y por tanto podía sentarme a su lado. En varios momentos del juego, Shannon me preguntaba la "línea" del pitcher abridor, su total de innings, hits, careras, carreras limpias, boletos y ponches. O lo que había hecho el tercer bateador en el quinto inning. Y si había que tomar una decisión, si yo pensaba si era hit o error, y preferiblemente antes de que se mostrar cualquier repetición en el monitor del palco de prensa. Hazlo desde tu percepción.
Shannon hacía entonces su propia observación a través del sistema público de comunicación interno del palco de prensa. Como cualquier juez, entendí que el anotador necesitaba interpretar la evidencia presentada ante él,tomar la decisión necesaria y seguir adelante. Y si no estaba seguro, podía revisar la decisión más tarde, si era pertinente, podía revertirla.
De hecho, los anotadores tienen hasta 24 horas para cambiar una decisión. También se permiten apelaciones, pero ese es otro proceso.
Este internado informal con Shannon también comprendió estudiar el libro de reglas del beisbol, específicamente las 30 (de 119 páginas) dedicadas a la anotación. Una de mis favoritas es la 10.06 (c), bajo el encabezado "Para determinar el valor de los imparables". Esta dice que si un bateador conecta una pelota entre dos y busca el extrabase, se le acredita doblete si se pasa de segunda base corriendo y es tocado tratando de regresar. Pero si se pasa de segunda base deslizándose y es tocado, es un sencillo. Vaya usted a saber porque.
Hacia finales de 2004, cuando una serie de lluvias obligó a los Yanquis a jugar varios doblejuegos nocturnos, Shannon recibió permiso del vicepresidente de Major League Baseball y supervisor de anotadores, Phyllis Merhige, para dejarme trabajar en un juego.
Naturalmente, me vi envuelto en un asunto truculento. Fue en el segundo de un doblejuego contra Tampa Bay, con los Ynaquis ganando 7-3 en el cuarto inning, su abridor novato, Brad Halsey, llenó las bases con un out. El manager Joe Torre lo sacó del juego.
Como Halsey no había pitcheado los reglamentarios cinco innings para ser elegible para la victoria, la regla 10.17 entró en juego. Si los Yanquis mantenían la ventaja por el resto del juego, sería responsabilidad del anotador oficial, que era yo, "acreditar como pitcher ganador al relevista, si hay solo uno, o el relevista que a juicio del anotador oficial fue más efectivo, si hay más de un relevista".
La decisión era mía, o como dijo en voz alta Pete Caldera de The Record of Hackensack en el palco de prensa. "¡Hey, Billy, es tu primer juego, y tienes que hacer de Dios!" Afortunadamente, Tanyon Sturtze, el primer relevista de los tres que se combinaron para lanzar el resto del juego, no solo sacó a Halsey del problemón de bases llenas sino que lanzó 3.2 innings en los que solo permitió 2 imparables sin carreras en ruta a una victoria de los Yanquis 10-5. Acreditarle la victoria era un tiro al piso.
En mi primera decisión para cargar un error, en un elevado de foul que se le cayó al tercera base de los Rayas cerca de la tribuna, hubo algunas desaprobaciones audibles de mis colegas. Fue, en efecto, mi bienvenida a las Grandes Ligas. A través de los años, por supuesto, vinieron más desaprobaciones.
Lamentablemente, Shannon murió en 2010 en un incendio en la casa de su madre en Nueva Jersey. Tenía 69 años, nos dejó a mi y otros tres anotadores, a quienes también había entrenado, para llenar el vacío. Jordan Sprechman y Howie Karpin estan trabajando en más de 60 juegos cada uno esta temporada. David Freeman y yo nos dividimos el resto de los 162 juegos en casa que los Mets y los Yanquis tienen programados.
Por supuesto, mientras más juegos anoto, más me encuentro con eventos memorables. En 2011, fui el anotador oficial de un juego de finales de agosto en el cual los Yanquis vencieron a los Atléticos de Oakland 22-9. Tres yanquis, Russell Martin, Robinson Canó y Curtis Granderson, batearon jonrones con las bases llenas. Es el único juego en la historia del beisbol donde un equipo ha hecho eso.
Tambien está el creciente número de configuraciones defensivas que hacen los equipos para tratar de contrarrestar a los bateadores zurdos que halan la pelota hacia el lado derecho del campo. ¿Genera eso un problema para el anotador oficial?
En cierta forma. Cualquiera que haya anotado un juego sabe que los jugadores a la defensiva están representados por números que identifican sus posiciones:
1 para el pitcher, 2 para el catcher, 3 para el primera base y así sucesivamente. Si el tercera base (tradicionalmente el número 5) de pronto es ubicado a la derecha de la segunda base, hacíéndolo en esencia el segunda base (N° 4), y él hace un tiro a primera base luego de recoger un rodado en su dirección, no sería lógico anotarlo 4-3 y no 5-3?
Mi respuesta es, realmente no. El tercera base, independientemente de donde esté ubicado para cualquier pitcheo, si el atrapa la pelota y la lanza a primera para completar un out, eso sigue siendo out 5-3 en mi libreta de anotación. Usualmente hago una pequeña marca en mi tarjeta de anotación para indicar la coreografía, en caso de que alguien necesite saberlo.
En cuanto a lo que estas configuraciones significan para los factores de alcance defensivos asignados a los jugadores del cuadro, eso es algo con lo que tiene que lidiar el batallón de sabermétricos del béisbol.
Estoy más que satisfecho de estar donde estoy, arriba en el palco de prensa, lejos del campo de juego pero manteniéndome en el rodaje del juego. Y 10 años despues, el trabajo aun tiene su fulgor, como aquellas luces brillantes que veía desde mi ventana hace todos esos años.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 31 de julio de 2014
El triunfo de Hank Greenberg sobre el discurso de odio
Michael Beschloss. 25-07-2014. The New York Times
En un campo de beisbol de Illinois central en 1931, un jugador de ligas menores de 20 años llamado Hank Greenberg fue vejado por el tercera base del equipo rival con insultos anti-semita, lenguaje que en 2014 llamaríamos discurso de odio. Cuando Greenberg no pudo resistir más a las provocaciones, las cuales eran apoyadas por una multitud airada y feroz, confrontó al tercera base y fue sacado del estadio con protección policial. Luego Greenberg dijo que lo había asustado mucho el ambiente hostil.
Greenberg nació en Greenwich Village de New York, media un poco menos de 1.83 m. pasó la mayor parte de su carrera de Grandes Ligas como primera base de los Tigres de Detroit. Bateó 58 jonrones en 1938, a solo dos del record de Babe Ruth en 1927, dos veces fue escogido como jugador más valioso de la Liga Americana. Logró esto a pesar de cargar con la recurrente aura de "Asesino de Cristo" y otros insultos antisemitas.
"En cada estadio que iba, había alguien en las tribunas que pasaba toda la tarde diciéndome barbaridades", recordó Greenberg en una historia oral en 1980. "Si estás teniendo un buen día", dijo él, "no le prestas atención. Pero se estás teniendo un mal día, de pronto se siente un ardor bajo el cuello de la camiseta.
Antes había existido peloteros judíos destacados, pero en los años '30, Greenberg era de lejos el más exitoso. (Fue el pelotero judío más famoso hasta el surgimiento de sandy Koufax, quién, como Greenberg, no jugaba en Yom Kippur).
Greenberg luego reconoció que, en contraste a los afroamericanos, los judíos nunca habían sido vetados sistemáticamente de Major League Baseball.Ni, añadió él, hubo peloteros judíos que resistieran el aumento de amenazas de asesinato como aquellas hechas contra Jackie Robinson cuando llegó a las mayores.
Pero Greenberg tenía que saber que siempre había el peligro de que alguno de los fanáticos anti-semitas de las tribunas podría un día tornarse violento contra él. Los años '30 fueron el pico no solo de la carrera de Greenberg sino tambien de la rabia anti-semita en los Estados Unidos.
Temiendo algunas de las repercusiones sociales de la gran depresión y de la batalla política de enfrentar a Adolfo Hitler, el Presidente Franklin Roosevelt le advirtió en privado a un amigo que si un demagogo como Huey Long (el gobernador de Louisiana y senador quién fuera asesinado en 1935) incitaba al odio contra los judíos, "podría haber más sangre en las calles de Nueva York que en las de Berlin".
Greenberg jugaba para un equipo cuya ciudad, Detroit, era compartida por dos de los anti-judíos más famosos de esa era: la estrella de la radio Padre Charles Coughlin, y el magnate automotriz Henry Ford, el una vez editor del notoriamente anti-semita Dearborn Independent y de un folleto llamado "The International Jew: The World's Foremost Problem".
En la mayoría de sus 12 años en las mayores (él interrumpió su carrera para combatir en Asia durante la segunda guerra mundial), Greenberg mostró un rechazo dignificado a perder la compostura. Su biografo Mark Kurlansky sentía que Greenberg llegó a entender que "las demostraciones públicas de odio solo provocarían a los anti-semitas y no le traerían respeto ni paz". Aún así, luego de un juego, Greenberg se quitó los zapatos, se dirigió al clubhouse de los Medias Blancas de Chicago y declaró que quería ver de frente al pelotero que lo insultó al decir "pararse en la planta de sus pies".
Greenberg participó al menos en una temprana prefiguración de las penas modernas para el discurso de odio. Durante la Serie Mundial de 1935 contra los Tigres, como recordó Greenberg, los miembros de los Cachorros de Chicago lo llamaban en voz alta "judio esto y judío lo otro". Pocas semanas después de la conmoción que siguió a la acción del árbitro al tratar de detenerlos, el comisionado de beisbol, el ex juez Kenesaw Mountain Landis, multó a tres peloteros de los Cachorros con 200 $ cada uno (aproximadamente 3480 $ actuales) por usar "lenguaje vil e impublicable". Aunque muy moletso porque el árbitro también había sido multado, Greenberg respaldó la sanción.
Cuando Greenberg se retiró del beisbol en 1947, él sabía que se había convertido en un símbolo de como los judíos se estaban moviendo dentro de la realidad estadounidense. "Cada jonrón que bateaba", dijko una vez, "era un jonrón contra Hitler". Aunque era un judío no practicante que consideraba su religión "un accidente de nacimiento", Greenberg dijo al final de su vida (falleció en 1986) que estaba sorprendido de "querer ser recordado no solo como un gran pelotero sino más aún como un gran pelotero judío".
El compañero de equipo de Greenberg, Birdie Tebbetts observó, "No hubo nadie en la historia del juego quién recibiera más abusos que Greenberg, a menos que fuese Jackie Robinson". Robinson, el primer afroamericano en jugar en la era moderna de las Grandes Ligas, llegó a los Dodgers de Brooklyn el mismo año que Greenberg se retiró.
"Ellos se mantendrán provocando a Jackie", dijo Greenberg a un reportero ese año, "y el responderá forzándose a jugar por encima de sus pensamientos". Al hablar de su experiencia propia, Greenberg predijo, "Mientras más lo provoquen, más se incentivará él".
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 29 de julio de 2014
El amor de la familia punto común entre los elegidos al Salón de la Fama.
Maddux, Glavine, Thomas cada uno grandemente influenciados por mamá y papá Phil Rogers. MLB.com. 27-07-2014.
Cooperstown, N.Y. -Para casi todos nosotros, comienza de la misma forma.
Mamá o papá nos dá un bate y una pelota, tal vez hasta un guante. No animan a salir a jugar y nos observan a ver que pasa. Nunca se sabe.Esa es la mejor parte del beisbol, tanto si son los mejores jugadores del mundo o los muchachos de tu cuadra.
Algunas veces eres una estrella de la Pee Wee League, y atesoras el logo del uniforme por el resto de tu vida. Pero si tienes suerte, dedicado y con muchas destrezas, puedes terminar en un campo de grama al norte de la zona metropolitana de Nueva York, para ingresar al Salón de la Fama.
De cualquier forma, cuando miras atrás, piensas en las personas que te metieron en el juego. El lazo eterno entre los padres y el beisbol fue un tema central en las inducciones de este domingo, como siempre lo es que el Salón recibe nuevos miembros.
"No estuviera parado hoy aquí si no fuese por toda la gente positiva que he tenido en mi vida", dijo Greg Maddux. "Cuando tenía 6 años, mi papá, Dave, fue mi primer entrenador. Me enseñó a disfrutar el juego. Nos bateaba a mi hermano Mike y a mi incontables roletazos cada día luego del trabajo, y eramos felices haciéndolo".
Maddux dijo que fue bendecido de que su madre, Linda, fuese la mamá perfecta.
"Ella nos llevaba a cada práctica y cada juego, y se aseguraba de que nunca llegáramos tarde", dijo él. "La amo, y ella es mi seguidora más grande".
Tom Glavine, compañero de Maddux en Atlanta entre 1993 y 2003, fue estrella de dos deportes cuando era un muchacho. En su juventud en Billerica, Mass., pasaba los inviernos jugando hockey y los veranos jugando beisbol, y sus padres siempre estaban ahí.
"Tenía un par de metas en mente cada vez que me ponía un uniforme", dijo Glavine. "La primera era representar el logo de la parte frontal. Eso significaba jugar duro, jugar de manera correcta y darlo todo cada vez que salía al campo... La segunda era no avergonzar el nombre en la espalda. Quería representar a mis padres con lo mejor de mi habilidad. Ellos trabajaban duro para ganarse el respeto que tenían en la comunidad, y yo quería hacer todo lo que pudiese para proteger eso".
Glavine dijo que siempre supo que iba a ser un atleta profesional.
"Media Roja o Bruin, no me importaba", dijo. "Idolatraba a Bobby Orr, Carl Yastrzemski, Carlton Fisk, Jim Rice. Pero mis modelos era, y siempre han sido, mis padres, Fred y Millie. Ellos me dieron las mejores dos cosas que se pueden pedir para un muchacho. Me dieron su tiempo y me dieron su ejemplo".
Glavine dijo como sus padres lo disciplinaron por lanzar bolas de nieve a los carros desde el portal de la casa, y como su papá rechazó cualquier indulgencia para el egocentrismo de su hijo luego de perder un juego de hockey en sus años pre-adolescentes.
"Recuerdo un juego de hockey de muchacho donde no me fue muy bien, y en el carro de vuelta a casa, mi papá quería hablar del juego", dijo Glavine. "Él no quería criticarme, solo quería conversar. Luego de un rato de comportarme poco agradable en la conversación, porque no había tenido un buen juego, mi papá me dijo algo que nunca olvidé, y de hecho lo uso con mis hijos en el presente. El dijo, 'Vas a ir al camerino del equipo con una sonrisa en tu cara, y vas a salir de ahí con otra sonrisa, o no te traigo más".
Frank Thomas sin duda tuvo charlas similares con su difunto padre, Frank Sr., quién falleció por dificultades cardíacas en 2001. La muerte de su padre es una herida con la que todavía lucha, de acuerdo a su hermana, Sharon Porter.
La madre de Thomas, Charlie Mae, comandó la delegación que viajó desde Columbus Ga., para la inducción. Ella ha tenido sus propios problemas de salud, que la han forzado a usar andadera y algunas veces sillas de ruedas para movilizarse, y de acuerdo a Thomas, su madre no había salido de Georgia los últimos 15 años antes del viaje a Cooperstown.
En la tarima en frente de los inquilinos del Salón de la Fama y una multitud de 48000 personas. Thomas lloró como un bebé cuando habló de sus padres. Le agradeció por inculcarle sus valores y ambición.
"No teníamos mucho, pero mis padres trabajaban incansablemente para mi y mis cuatro hermanos", dijo Thomas. "Frank Sr., sé que estás mirando y sonriendo desde el cielo. Sin tí, sé, por completo, que no estaría aquí en Cooperstown hoy. Gracias por animarme y siempre decirme, 'Puedes ser alguien especial si de verdad trabajas en eso'".
"Me lo tomé muy en serio, papá. Míranos hoy... Mamá, gracias por tu paciencia, y por creer en la misma visión. Sé que no fue fácil, pero te agradezco por todo tu amor maternal y apoyo. Criarnos a todos fue duro, pero tú y papá se aseguraron de que lo lográramos. Ustedes lo hicieron parecer fácil para nosotros".
Mientras Thomas daba rienda suelta a sus emociones, Charlie Mae mantenía las suyas controladas.
"Ella fue estoíca", dijo Thomas luego de la ceremonia. "Habíamos pasado un largo rato anoche en un fiesta, ella lloró todo lo que quiso anoche. Ella dijo, 'Sé que vas a llorar tan pronto como menciones el nombre de tu padre'...No entiendes que mi padre es todo para mí. Él me empujaba cada día para ir a practicar y hacer todas esas pequeñas cosas. El vivió para sus hijos, estaba muy orgulloso de mí. Me dejé llevar por las emociones. Lo siento, pero no lo siento. Es lo que soy".
Somos lo que nos han dado nuestros padres. Ellos ponen el bate y la pelota en nuestras manos, y el misterio de la vida que nadie sabe lo que viene en el futuro.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 28 de julio de 2014
Ensayos reverenciados del juego conducen a un honor de Salón de la Fama
Richard Sandomir. 26-07-2014. The New York Times.
Cooperstown, N.Y., En 1980, Roger Angell escribió un retrato revelador de Bob Gibson que es uno de sus artículos de beisbol más admirados para The New Yorker. Gibson estaba en su quinta temporada de retiro, y Angell pensó que la gente podría haber empezado a olvidar que pitcher tan maravilloso y fiero, además de competidor, era él. Angell cree que Gibson le ayudó a mejorar sus oportunidades de ser elegido al Salón de la fama de béisbol, lo cual ocurrió en su primer año de elegibilidad.
Cuando Angell encontró a Gibson este viernes 25 de julio en el Hotel Otesaga, reconoció que se había sentido intimidado de preguntarle a Gibson si le permitía entrevistarlo para lo que se convertiría en tres días brillantes en Omaha.
"Bueno", dijo Gibson, a quien le gusta perpetuar su vieja actitud en el montículo.
Angel contó la historia en la zona externa del hotel, donde estaba siendo reconocido al recibir el Premio J. G. Taylor Spink, el galardón de escritura del Salón de la Fama del béisbol. El porche impecable y el cercano lobby son como una expansiva habitación verde donde se reunen los inquilinos del Salón de la Fama antes de la ceremonia de inducción de cada año. Ernie Banks habló de los Cachorros y la filosofía. Tom Seaver conversó con el narrador Gary Thorne. George Brett hablaba animadamente con Angell. Tim McCarver, el amigo y catcher de Gibson, recordó que Gibson una vez lo había expulsado del montículo con este duro comentario: "Lo único que saber de pitcheo es cuanto te cuesta batear".
Angell, 93 y delgado, se inclinaba en su bastón. Dirigiéndose a la familia reunida, periodistas deportivos, inquilinos del Salón de la Fama, colegas del presente y pasado de The New Yorker, dijo suavemente, "Esto es maravilloso".
Angell a menudo es aclamado como el más grande escritor de beisbol, pero su trabajo principal era como editor de ficción para The New Yorker, el mismo trabajo que hizo su madre, Katharine White.
"Ël era muy estricto sobre ser claro", dijo Charles McGrath, un antíguo escritor del The New Yorker quien contribuye en The New York Times, quien describía las observaciones monosílabas de Angell "(¡Argh!") al margen de su copia.
La prosa de Angell es clara y erudita, elegante e informada; él es un aficionado con un ojo muy afilado para los detalles, un sentido del humor y una curiosidad acerca de la forma como actúan los atletas.
Desde su debut como escritor de béisbol en 1962, una historia contada desde los estadios de entrenamientos primaverales de Florida: "El beisbol de Grandes Ligas de la costa oeste de Florida es un deporte primaveral jugado por los jóvenes para diversión de los viejos, una exhibición adormecida calentada por el sol celebra la juventud del año y la senectud de los aficionados".
Ann Goldstein, la editora de Angell, dijo: "Su memoria para las jugadas y su habilidad para hacer una imagen metafórica es tan fuerte como siempre fue".
El mes pasado, él ofreció un tributo a Don Zimmer en la página web de The New Yorker, en la cual escribió: "Él era una figura beisbolera de una época temprana: encantadoramente familiar, duro y resistente, lleno de jugadas y turnos al bate y estadísticas y anécdotas y sabiduría logrados desde decenas de miles de innings. El beisbol permanece siempre, sin cambios, o así solíamos pensar de niños, y Zimmer, sentado ahí, parecía decirnos si, tienes razón, nos vemos mañana".
Angell no esperaba recibir el Premio Spink que han conseguido escritores como Ring Lardner, red Smith, Shirley Povich y Dick Young. Angel no era un reportero periodístico, ni siquiera un escritor diario y ciertamente no era mienbro de la Baseball Writers' Association of America. Llenaba sus libreta pero no tenía que convertir sus apuntes en un artículo bajo un apretado encabezado. Él tenía meses para digerir sus observaciones y entonces escribía largo, muy largo.
"No tenía que escribir despues de un juego", dijo. "Eso era imperdonable".
Él añadió. "Jerome Holtzman trató de incluirme", en referencia al antíguo periodista deportivo de Chicago y el premio de escritura, "pero había alguna oposición".
Angell fue nominado por el capítulo de Nueva York de la organización de los periodistas de beisbol en la última década, pero el director del capítulo omitió la biografía, dijo Jack O'Connell, el secretario de la asociación. "Necesitábamos una biografía aun si todos sabían quién era él", dijo. "Era cuestión de procedimiento".
Le tocó a Susan Slusser, una periodista deportiva de The San Francisco Chronicle, proponer que el capítulo Bay Area de la asociación nominara a Angel el año pasado. Ella creció como aficionada al beisbol y empezó a leer los artículos de Angel cuando tenía 8 o 9 años debido a la suscripción de su padre del New Yorker.
"Uno de mis primeros libros de adulto fue 'Five Seasons'", la segunda colección de ensayos de béisbol de Angell, dijo ella, y añadió, "Todos reverenciamos el altar de Roger Angell".
Cuando él aceptó el premio este sabado en Doubleday Field, Angel dijo que él coleccionó "habladores de .300 como un billonario cazando Cézannes y Matisses", tipos locuaces como Keith Hernández, Roger Craig, Bill Rigney y Dan Quisenberry. Y le dio sus gracias al beisbol, "el cual ha llegado a ser tan familiar y tan sorpresivo, tan espaciosos y tan exacto, y tan fácil de mirar y tan descorazonadoramente dificil que llenó mis cuadernos en un suspiro".
Angel ya no escribe largos aertículos de béisbol para The New Yorker, solo piezas para blogs como la de Zimmer. Pero en febrero, él escribió, en distancia y con emoción, sobre su vida nonagenaria en "This Old Man". Comenzó con una descripción floja que rapidamente encontró su ruta hacia las imagenes beisboleras:
"Revíseme. Los dos primeros nudillos de mi mano izquierda lucen como si hubiese trabajado para la K.G.B. No, es más como si hubiese sido el catcher del pitcher del Salón de la Fama Candy Cummings, el inventor de la curva, quién se retiró del juego en 1877. Artritis".
A los 93 años, él es más viejo que el pitcher de la era de la bola muerta Smoky Joe Wood cuando Angel lo describía como "el viejo a mi izquierda" en Yale Field en 1981. El y Wood presenciaron un duelo de pitcheo entre Ron Darling de Yale y Frank Viola de St. John's, el cual fue preservado en su artículo "The Web of the Game"; hacia el final del juego, el se dio cuenta que era otra persona para haber exprimido las memorias de Wood.
"Él había jugado pelota por catorce años", escribió Angell, "y la gente le había estado preguntando que hablara de eso por casi sesenta años. Para él, el último jugo y dulzor debió haberse exprimido de estos antiguos juegos hacía años,pero todavía esperaba responder a nuestra experticia amateur, nuestra insaciable curiosidad. Los viejos son vistos de la misma forma que los atletas; porque sentimos orgullo por ellos, esperamos su intimidad en retorno. Me había entrometido después de todo".
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
sábado, 26 de julio de 2014
En Cooperstown, un escritor de beisbol también es el gerente
Richard Sandomir. The New York Times. 24-07-2014
Como alcalde de Cooperstown, N.Y., Jeff Katz está inclinado a promover todas las atracciones de la villa, no sólo el Salón de la Fama del béisbol.
Esta semana, luego de la inauguración de "An American Tragedy", una ópera de Tobias Picker, en el Festival Glimmerglass, Katz se halló en notable compañía extra beisbol.
"Fue un momento perfecto de Cooperstown: Tobias alquiló una casa para una fiesta, ahí estaban Justice Ruth Bader Ginsburg, Oliver Sacks y Jonathan Miller", dijo él, en referencia a Sacks, neurólogo y escritor, y Miller, un director legendario de opera y teatro. "Oliver había escrito de Piker, quien tiene la enfermedad de Tourette, y yo le hablo a Justice Ginsburg del desarrollo económico de Cooperstown".
Él añadió, "Eso no tenía nada que ver con béisbol".
Pero el béisbol a menudo está en su mente, y no solo porque la ceremonia dominical de inducción al Salón de la Fama traerá decenas de miles de aficionados a la villa que tiene una población permanente de 1852 habitantes.
Katz escribe libros de beisbol, un talento natural del principal funcionario elegido de una villa reconocida por el Salón de 75 años de antiguedad y el cuanto fantástico de que el juego fue inventado ahí.
"Es una historia original que no pasa de ser un mito", dijo Katz en una entrevista telefónica el lunes 21 de julio. "Pero somos el sitio perfecto para ese mito. El beisbol no fue inventado aquí. Pero debió haber sido así".
El primer libro de Katz, "Los Atléticos de Kansas City y la otra cara de los Yanquis", publicado en 2007, es una crónica de la relación depredadora de los años '50 entre los poderosos Yanquis y los perennemente débiles Atléticos. Los Yanquis trataban a los Atléticos como una sucursal de liga menor, se llevaban algunos de sus mejores jugadores, como Roger Maris, Clete Boyer, Bobby Shantz y Hector López, y usualmente devolvían mucho menos en retorno, o enviaban buen taleto al oeste pero eventualmente lo recuperaban, como a Enos Slaughter y Ralph Terry.
"Los jugadores me contaron cosas reveladoras", dijo Katz. "Gil McDougald me escribió una carta diciéndome que Casey Stengel dijo una vez, '¿A quién quieren ustedes de los Atléticos' Eso lo dice todo. Y cuando los Atléticos obtuvieron a Maris de Cleveland, Ryne Duren le dijo que varios jugadores en clubhouse de los Yanquis gritaron, '¡Maris es de nosotros!'"
El segundo libro, "Temporada dividida", que será publicado la próxima primavera, explora la temporada de 1981, cuando una huelga de peloteros a media temporada ocasionó campeones de cada mitad para cada división que debieron jugar entre si para determinar quienes jugarían la serie de campeonato de cada liga. Katz entrevistó a Marvin Miller, el antíguo lider del sindicato de peloteros, tres veces antes de la muerte de Miller en 2012, y a Ray Grebey, el negociador de los dueños, quien falleció el año pasado. Estudió los papeles del Comisionado Bowie Kuhn en el Salón de la Fama y uso notas detalladas tomadas en las sesiones de estrategia de los dueños por Harry Dalton, un ejecutivo de los Cerveceros de Milwaukee.
"Se podía ver, a través de los apuntes de Dalton, que mientras los dueños decían públicamente que no estaban tratando de acabar con el sindicato, en privado decían que querían destrozarlo", dijo Katz.
Katz, quien nació en canarsie, Brooklyn, consideraba sus opciones en Chicago en 2003 cuando se rindió a la romántica noción de mudarse con su familia a Coopperstown. No era un escritor o político cuando él, su esposa, Karen, y sus tres hijos se mudaron a una casa, entonces un apartamento sencillo, a cinco minutos del Salón.
"Me di cuenta", dijo él, "que el gobierno de la villa necesitaba ser más progresista".
Para 2005 era síndico de la villa, y para 2012 era el alcalde, un trabajo honorario que retuvo este año cuando se lanzó a la reelección sin oposición.
En el camino, ha habido algunos debates sobre la rígida y feroz oposición a la explotación petrolera (aunque las perforaciones ocurrirían fuera de la villa) y a la instalación de parquímetros para generar fondos para la villa. Cooperstown tiene un presupuesto de aproximadamente 5.4 millones de dólares, casi 400.000 $ de los cuales provienen de los parquímetros que fueron instalados, pero solo obtiene el 1 % de los impuestos de ventas del condado y nada de los impuestos de alojamiento que generan sus hoteles.
"Todos obtiene más dinero de Cooperstown de lo que se queda en la villa de Cooperstown", dijo Katz.
Se espera que la villa esté abarrotada este fin de semana con por lo menos 50000 personas debido a la estatura de los seis inducidos: los jugadores Greg Maddux, Tom Glavine y Frank Thomas, quienes arrastrarán varios buses de aficionados desde Chicago y Atlanta, y los managers Tony LaRussa, Joe Torre y Bobby Cox, cuyo atracción se expande desde San Luis hasta Nueva York.
El año pasado, las multitudes fueron las más reducidas en memoria reciente debido a la ausencia de inducidos vivientes.
"La idea de que Deacon White iba a matar Copperstown fue un agradable encabezado", dijo Katz en referencia a uno de los inducidos, un tercera base del siglo XIX, desconocido para muchos aficionados contemporaneos.
La contracción fue muy dramática en el Salón, el cual solo registró 7560 visitantes de viernes a lunes, por debajo de los 12475 de 2012 y muy por debajo de los 36993 de la inducción de 2007 con Tony Gwynn y Cal Ripken Jr. La asistencia anual del Salón ha caido cada año desde 2005, en gran parte debido a la recesión, se estabilizó en 253649 el año pasado. Pero este fin de semana debe significar un pico de visitantes que podría ayudar a subir la asistencia anual.
"El nivel de energía y el número de buses nos lleva a creer que este será un fin de semana exitoso", dijo Jeff Idelson, presidente del Salón.
Para Katz, el fin de semana le recordará otra vez de las conexiones entre su trabajo, su amor por el beisbol y sus libros.
Recordó llevar a Phil Niekro a un restaurante local durante un fin de semana de inducción y encontrar a Goose Gossage en el bar cuando llegaron allí. Recordó una reunión en la oficina de Idelson para discutir sobre Doubleday Field con Brooks Robinson escuchando a dos metros.
Y, dijo, que habló con Andre Dawson luego de un discurso del Presidente Obama en la galería de las placas del Salón.
"Me había mudado a Chicago en 1987, y cuando los Cachorros firmaron a Dawson, presencié como una ciudad y un jugador se enamoraron", dijo Katz. "Así que cuando terminó el discurso, hablé con él de la temporada de 1981, que fue un gran año para los Expos, y él estuvo muy interesado. Que dia tan especial. Conocí al Presidente Obama. Hablé con Andre de Chicago, de mi libro y de Cooperstown".
Añadió, "Estoy muy consciente cuando mi trabajo se confunde con el beisbol de las maneras más inesperadas".
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 23 de julio de 2014
Preguntas y respuestas con Tom Burgmeier. El caballo del bull pen en los años 80.
David Laurila. 24-01-2013.
Si no fuiste aficionado al beisbol entre 1968 y 1984, probablemente no te sea muy familiar Tom Burgmeier. Aún si conoces el nombre, hay la posibilidad de que ignores que fue uno de los principales relevistas, todo un caballo de batalla, de su época. Más de 17 temporadas en Grandes Ligas, principalmente con los Reales, Mellizos y Medias Rojas, el zurdo apareció en 745 juegos y lanzó 1258.2 innings.
Burgmeier no era para nada incompetente. Participó en el Juego de Estrellas de 1980. Terminó su carrera con balance de 79-55, 102 salvamentos y una efectividad de 2.23. Disponía de un control excelente, caminó sólo 2.7 bateadores por cada nueve innings. Rara vez boleaba más de un bateador por inning, aunque terminó 370 juegos
David Laurila: ¿Cuál es la diferencia entre un relevista de los años 70 y principios de los 80 y otro de la actualidad?
Tom Burgmeier: En mis tiempos, no importaba cuando llegabas al juego, podía ser el tercer inning, quinto o cuando fuera. Lanzabas hasta que te metía en problemas. Ahora todo está programado. Si alguien es relevo largo y el juego pasa del quinto inning, él nunca saldrá a relevar. Tienen un relevista del sexto inning y otro para el séptimo. No tienen uno para el octavo inning, lo llaman set-up. Entonces obviamente tienen al cerrador, quien es otro pitcher de un inning.
Durante toda mi carrera, si venías a lanzar en el quinto inning, los dominabas en el quinto, sexto, séptimo y octavo. Te quedabas ahí a menos que tuvieran un cerrador estrella. Cuando yo estaba con los Medias Rojas, teníamos a Bill Campbell y Bob Stanley y todos eramos confiables para varios innings. Eso es lo que hacíamos. Me molesta cuando veo alguién que viene y tiene un buen repertorio, retira el inning por la vía del ponche, y en el próximo inning hay alguien más en el montículo.
DL: Fuiste cerrador en 1980 y salvaste 24 juegos.
TB: Yo era cerrador por definición. En total, tuve 19 salvados que fueron de más de un inning. Varios fueron de tres innings y hubo un par de cuatro innings. Esos fueron 19 de 24. Hoy, si un tipo consigue 35 o 40 salvados, lo más que podría tener es uno o dos de más de un inning.
Tres veces en mi carrera relevé por ocho innings y una de ellas ocurrió cuando tenía casi cuarenta años. Me mantenía lanzando a esa edad. Estabas en el juego y seguías sacando outs. Nadie decía: "Oh, has hecho 40 lanzamientos, por lo tanto debemos sacarte del juego".
DL: ¿Como dominabas a los bateadores?
TB: Principalmente lanzando strikes y manteniendo baja la pelota. No hay secretos en beisbol. Todo es muy preciso, y aunque eso no significa que se tendrá éxito todos los días, si haces las cosas consistentemente como debes, vas a sacar outs. Manten la pelota baja, no concedas boletos, ten un cambio de velocidad y un lanzamiento quebrado a la mano. Si haces esas cosas, puedes ser exitoso.
Siempre le digo a las personas, fui entrenador por 19 años, que el beisbol es el único deporte donde puedes hacer todo totalmente bien y salir mal. Y vice versa. Puedes hacer un lanzamiento perfecto, bajo y afuera, y el tipo parte su bate, y salé un elevadito detrás del primera base para empujar dos carreras, y pierdes el juego. El próximo día lanzas una en el medio del plato y el tipo batea para dobleplay 6-4-3. Todos te dicen, "Buen lanzamiento".
DL: ¿Como hacía los outs Bill Campbell?
TB: De la misma forma. Era muy agresivo. Tenía una screwball y la lanzaba de lado y en todos los ángulos, pero tambien era muy fuerte mentalmente. Jugamos juntos por tres o cuatro años en Minnesota y otros tres o cuatro en Boston. Eramos algo así como el mismo menú.¿Nos alimentábamos el uno del otro? No, pero Soup y yo hacíamos las cosas que el beisbol te reclama para ser exitoso. Como dije,eso es mantener la pelota baja, tener los lanzamientos quebrados a punto, y ser agresivo lanzando strikes.
Sería tonto para un pitcher pararse en esa pila de tierra y decir, "Caramba, no quiero lanzarle a este tipo nada que pueda batear". El objetivo del juego es lanzar la pelota sobre el plato y hacer que él la batee. No "dejarlo" batear la pelota, sino "hacer" que la batee. Soup era muy bueno en eso.
DL: Mark Clear tuvo dificultades para lanzar strikes, pero tenía un gran repertorio.
TB: Su repertorio no era segundo de nadie. Él sabía que no tenía control, por lo que no trataba de bordar las esquinas. Pero tenía una de las mejores pelotas quebradas de todos los tiempos y lanzaba duro. En los radares de hoy, probablemente estaría cercano al rango de 100. Él estaba por encima de 95.
También era muy agresivo desde el punto de vista mental. Su lema era, "Entra ahí y batea". En realidad era "Entra ahí y trata de batear". Siempre estaba tratando de lanzar strikes, nunca tuvo buen control. Él lo admite.
Su repertorio era tan bueno como el de cualquiera. Cuando se trata de lanzamientos quebrados, los mejore eran Bert Blyleven y Mark Clear. Mark no era solo duro, sino extremadamente filoso. Pregúntale a cualquiera que le haya bateado.
DL: ¿Que te hizo exitosos además de lanzar strikes y mantener la pelota baja?
TB: Mi recta se movía bien, pero lo principal era la mantener la pelota baja y afuera. No me importaba quien bateaba, lanzaba bajo y afuera.
Recuerdo una portada de la revista Life en los años '50. Él aparecía bateando y marcaron todas sus zonas de poder. Eran .450 adentro, tal vez .460 o .500, a medida que te alejabas, y te ibas abajo, el estaba alrededor de .220. Me di cuenta a temprana edad que si Ted Williams, probablemente el mejor bateador que haya vivido, bateaba .220 abajo y afuera, ¿adivinen donde voy a tratar de lanzar? A medida que avanzó mi carrera, fui más capaz de hacer eso.
Yo lanzaba más rectas que curvas, como todos los demás, aunque no lanzaba tan duro como ellos. Recuerdo un juego en Fenway Park, Clear lanzaba y lanzaba. El día siguiente un tipo le dijo a Clear, "Muchacho, estabas lanzando realmente duro anoche". Mark le preguntó que tan duro. El tipo dijo: "Te medimos en 95". Le pregunté, "Que hay de mí. Que tan duro lancé". El dijo, "No lo pude registrar".
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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