viernes, 15 de mayo de 2015

El silencio del dugout cuando un pitcher lanza sin hits ni carreras.

David Laurila. Fangraphs. 29-04-2015. Cuando un pitcher está lanzando un juego sin hits ni carreras típicamente recibe el tratamiento silencioso una vez que llegan los innings finales. Sus compañeros empiezan a darle más espacio, lo dejan solo con sus pensamientos. Nadie quiere ser quien arruine un sin hits ni carreras por hacer o decir la cosa equivocada, lo cual incluye invadir la soledad del pitcher. ¿Qué piensan los pitchers de esa supersticiosa convención?¿Les gusta ser evitados entre innings, o preferirían que todo fuese tan normal como fuera posible? Le pregunté a varios pitchers, algunos de los cuales han lanzado un sin hits ni carreras. Aquí están sus respuestas: Clay Buchholz, Medias Rojas: “En el sexto inning del mío, estaba sentado en el dugout. Nadie me hablaba. Estaba ahí en el de Jon Lester y fue la misma cosa. Cuando Josh Becket lanzó el suyo, estuvo caminando alrededor y hablaba con los muchachos. Él trató el suyo un poco diferente, pero por lo general, todos te dejan solo. Pero no me molestaría si alguien me hablara”. R.A. Dickey, Azulejos: “Es parte de la tradición. Ves al pitcher sentado al final de la banca. Cuando Johan Santana lanzó el suyo, yo estaba en un sitio diferente cada vez, a partir del sexto inning. Todos quieren sentir que tuvieron que ver con eso, psicológicamente. Eso es lo que transmite cada superstición. Te pones la media derecha antes que la izquierda y sientes que eso es parte de lo que te hace tener éxito”. Dennis Eckersley, comentarista de los Medias Rojas: “Los muchachos me evitaban, en cada juego tenía mi lugar exclusivo para sentarme. Pero todos sabían lo que significaba estar lanzando un sin hits ni carreras. A medida que el juego avanzaba, no se me acercaban. Era muy joven entonces, tenía 22 años, y mirando en retrospectiva, no me percataba de la diferencia”. Doug Fister, Nacionales: “No me gusta que las cosas cambien. Quiero que todo sea normal. Aún si es uno de mis compañeros, no quiero que empiecen a actuar raro o hagan algo fuera de lo ordinario. Solo haz la misma cosa que harías si yo hubiera permitido 3 o 10 imparables. Quiero que todo sea consistente”. Kevin Gausman, Orioles: “Es un tipo de regla no escrita. Tratas de no ser la razón por la que el pitcher diga, ‘Él nunca me habla, pero vino y me habló y después me dieron un hit’. Pero honestamente, de cualquier manera, la mayoría de los peloteros no le hablan al pitcher el día que este lanza. Algunos pitchers son muy sociables los días que ellos lanzan, pero usualmente yo solo le hablo a un par de personas”. Ubaldo Jimenez, Orioles: Me gustaría que las cosas fuesen normales. De esa manera no habría que pensar en como estás haciendo algo diferente. Me gustaría ser normal, hablar con los muchachos como si todo fuese igual que siempre. Cuando lancé el mío, algunas personas me evitaron, pero hable con un par de tipos. Ellos vinieron a mi y yo fui a ellos”. Daniel Norris, Azulejos: “El otro día, Hutch (Drew Hutchison) tuvo cinco o seis innings sin hit ni carreras y estábamos tratando de ignorarlo. Alrededor de ese momento es cuando se empieza a notar. Estábamos casi normales, pero definitivamente sabíamos lo que pasaba”. Henry Owens, prospecto de los Medias Rojas: “Me abstengo de decir nada si alguien está lanzando uno. Pregúntale a Brian Johnson de mi primera apertura este año. Él dijo algo justo antes que yo permitiera un hit (en el sexto inning). Pero en lo que se refiere a las supersticiones, no creo en ellas. Todos decían, ‘Brian, discúlpate’, pero le dije que no importaba”. Jordan Zimmerman; Nacionales: “Solo es algo que se ha hecho a través de los años, y a mi no me afecta. Algunos pitchers no quieren que los molesten, pero yo prefiero que sea igual a cuando me batean tres, cuatro o cinco imparables. No me gusta estar sentado sin tener a nadie con quién hablar. Te das cuentas que hay un juego sin hits ni carreras en progreso si hay personas que te hablan a o no”. David Laurila creció en Michigan’s Upper Peninsula y ahora escribe sobre beisbol desde su hogar en Cambridge, Massachusetts. Él escribió la serie de Q&A para Baseball Prospectus desde febrero de 2006 hasta marzo de 2011 y es colaborador regular en varias publicaciones. Su primer libro, Interviews from Red Sox Nation, fue publicado por Maple Street Press en 2006. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 12 de mayo de 2015

¿Tienen los catchers efectividad (promedio de carreras limpias permitidas por cada nueve innings)?

Sean Smith. 25-03-2015. The HardBall Times. Nota del editor: Este artículo ha sido reeditado del Hardball Times Baseball Annual 2011. ¿Cuánto puede un cátcher ayudar la actuación de su pitcher mediante su llamado del juego, mascoteo y bloqueo de lanzamientos? La sabiduría convencional sabermetrica, al menos desde que Keith Woolner publicara “Field General or Backstop” en Baseball Prospectus en 1999, ha establecido que los cátchers no tienen efecto en la actuación del pitcher, o por lo menos este es tan pequeño que es imposible de medir. Hay muchos quienes tienen una opinión opuesta, como Craig Wright (cuyo artículo en este libro de hace dos años resaltó el impacto de Mike Piazza en la efectividad de los pitchers, lo cual llamaremos “efectividad del cátcher”). Los equipos japoneses de beisbol, según Wright, también creen que la efectividad del cátcher es una estadística importante. Los managers de beisbol obviamente creen que el llamado del juego del cátcher es importante. Considérese a Mike Scioscia, quien pone a jugar a Jeff Mathis y su difícil bateo tan a menudo como utiliza a Mike Napoli, quien tiene un OPS vitalicio de .840. A menos que se crea que los cátchers tienen un impacto sobre la efectividad, no hay razón para poner a jugar a Mathis tan a menudo como lo hace Napoli. Regresaré sobre esa combinación en pocos minutos. He suscrito las conclusiones de Woolner durante aproximadamente los últimos 10 años, pero ya no lo puedo hacer. Creo que sus tamaños de muestra fueron muy pequeños, pienso que he encontrado la manera de dar la vuelta y medir lo inmedible. Ante de entrar en detalles, aquí están los sumarios de la investigación anterior de la destreza de llamar el juego del cátcher: En The Diamond Appraised, Wright introdujo la efectividad (ERA) del cátcher (CERA). Craig observó los innings confrontados, si Mathis recibió a Ervin Santana por 150 innings, y Napoli hizo lo propio en 35, los innings de Mathis serían prorrateados a 35. Esto fue hecho para cada pitcher del equipo, siempre usando el número menor de innings recibidos. Él analizó los pares de pitchers/cátchers, y mostró cuantas carreras salvó cada cátcher en comparación a otros cátchers del equipo. Vale la pena leer el capítulo, porque a diferencia de mí Craig (para la época empleado por los Rangers de Texas, tenía acceso a los peloteros) investiga que hacían los cátchers que ayudaba o desfavorecía a sus pitchers. Mascotear un lanzamiento es algo que pueden hacer los cátchers. Con suficiente destreza, ellos pueden recibir un lanzamiento fuera de la zona de strike unas pulgadas de manera de hacer pensar a los árbitros que este es strike. Esto no es fácil, porque si esto se hace evidente el árbitro podría desarrollar algún prejuicio sobre determinado cátcher. La clave es recibir de manera tan natural que el árbitro no piense que se está tratando de de convertir una bola en strike, él simplemente piensa que es strike, si el cátcher no se mueve entonces el lanzamiento iba donde estaba supuesto. En los lanzamientos bajos, los cátchers tratan de atrapar la pelota sin voltear la mascota hacia abajo. Según Wright, mantener la mascota cerca del cuerpo puede ayudar al cátcher, el árbitro tiene menos posibilidad de ver la mascota, pero si el cátcher puede recibir la pelota sin moverse mucho es muy probable que se cante el strike. Un mal hábito es bajar la mascota, dar una señal, mover la mascota hacia abajo, y subirla al recibir el envío. Esto tiene dos efectos negativos, el pitcher pierde su referencia y el árbitro ve mucho movimiento. La pregunta que Craig no responde es cuanta de la diferencia observada entre un cátcher y otro es debida a la destreza y cuanta es solo casualidad. Si Santana lanza ocho inning en blanco en una apertura, y la próxima vez permite siete carreras en cuatro innings, ¿cuanto de eso se le puede atribuir con propiedad al cátcher? Si no hubiese ninguna diferencia entre los cátchers, los pitchers tendrías aperturas buenas y malas por igual. Los métodos estadísticos nos pueden ayudar a estimar cuanto podemos confiar en la data observada. Un punto con la efectividad del cátcher es que esta es una contribución estadística total. Yadier Molina puede ayudar su CERA de muchas formas: (1) Llamar el lanzamiento apropiado para determinado bateador; (2) Recibir un lanzamiento en cuenta de 3-2 de tal manera que le parezca strike al árbitro, para sacar al pitcher de ese inning en vez de llenar las bases para Joey Votto; (3) Sacar out a los ladrones de bases y bloquear pitcheos contra el piso. Este último aspecto de la defensa del cátcher es fácil de medir. De hecho, un buen indicador de quienes son los mejores catchers en bloquear pelotas y controlar el tráfico en las bases. Lo que queremos demostrar es en cuanto el cátcher, en su relación con el pitcher, puede influenciar en el resultado del enfrentamiento pitcher-bateador. Para hacer esto, Woolner revisó no la efectividad del cátcher, sino el OPS del bateador con y sin el cátcher, para cada pitcher. Él computó n juegos, o desviaciones standard, para ver si las diferencias observadas en el OPS para distintos duetos catcher/pitcher eran diferentes de lo que se esperaría. Él encontró que la data parece casi idéntica a una curva de campana; en otras palabras, las diferencias observadas entre catchers parecen ser aleatorias. Mi método En vez de considerar el OPS del bateador, voy a enfocarme en las estadísticas que puede controlar el pitcher. Ponches, boletos y jonrones son las bases de Defense Independent Pitching (DIPS), y agregaré elevados y líneas, como los clasifican la asociación de anotadores de Grandes Ligas (MLBAM) y están disponibles en los archivos de Retrosheet. Con estas estadísticas puedo crear un estimado de carreras permitidas que puede diferir de las carreras permitidas reales, pero es menos dependiente del apoyo del resto de la defensa. Para estimar las carreras permitidas por el pitcher: Primero, encuentre cuantos turnos al bate no resultan en ponches, jonrones, líneas o elevados. Llame a este número AB1. Segundo, aplique la siguiente fórmula para determinar las carreras: AB1*.05 + HR*1.4 + LD*.38 + BB*.33 + HBP*.345 – SO*.105 – Pop*.096 Ahora, utilice determinados innings para ver como cada pitcher actuó con y sin cada cátcher, y prorratee las estadísticas de “con” y “sin” al total de apariciones al plato más bajo. De regreso a nuestro ejemplo, digamos que Santana lanza 200 innings y permite 80 carreras, y Jeff Mathis es su cátcher en 150 de esos innings, permitiendo 51 carreras. Sin Mathis, Santana por lo tanto permite 29 carreras en 50 innings. Lo que obtenemos es que al prorratear a 50 innings, con Mathis se permiten 17 carreras, las cuales al compararse con las 29 carreras permitidas en los 50 innings sin Mathis, indican que Mathis le evitóa Santa 12 carreras. Haga esto para cada pitcher para quién el cátcher está detrás del plato, y totalice las carreras salvadas. Haga esto por un período multianual, dividiendo los resultados en años pares (2004. 2006, 2008) y años impares (2003, 2005, 2007, 2009). Si buscamos una destreza, entonces los cátchers quienes son buenos en años pares deben ser buenos en años impares. Usar muchos años agrupados de esta manera aumenta el tamaño de nuestra muestra, y nos permite observar una correlación que era muy difícil detectar cuando se observaba años sencillos consecutivos. Los resultados Al mirar a los cátchers quienes por lo menos habían tenido 2000 apariciones contrastadas en años pares e impares, tengo 70 catchers, y encuentro una correlación de 0.21. Este grupo tiene un promedio de 4343 apariciones al plato en cada categoría anual, lo cual implica que se tendría una correlación de 0.50 (donde la mitad de la diferencia observada es destreza y la mitad suerte) cuando se tienen 16300 apariciones contrastadas, en alrededor de tres años de catchear a tiempo completo. Para estimar la destreza del cátcher para llamar el juego, hay que agregar una actuación promedio de 16300 a sus innings contrastados. Esto es lo que he realizado en los resultados de abajo. Un cátcher verá alrededor de 5000 apariciones al plato en una temporada típica de 130 juegos recibidos, por lo que presentaré los resultados para 5000 apariciones al plato. Los mejores cátchers para llamar el juego, entre 2003 y 2009 Catcher PA Regressed Runs/5000 PA Pratt, Todd 5,588 14.3 Snyder, Chris 9,375 13.2 Burke, Jamie 4,078 13 Castro, Ramon 8,829 13 Molina, Jose 13,241 12.9 Saltalamacchia, Jarrod 6,009 12.9 Lopez, Javier 6,525 12.8 Paulino, Ronny 6,695 12.1 Laker, Tim 3,158 10.9 Mirabelli, Doug 4,431 9.4 Estos catchers fueron los peores: Catcher PA Regressed Runs/5000 PA Navarro, Dioner 10,509 -9.3 Montero, Miguel 5,074 -10.5 Schneider, Brian 13,773 -11.5 Wilson, Vance 7,199 -11.7 Greene, Todd 5,516 -12.4 Johjima, Kenji 7,177 -12.4 Hall, Toby 9,652 -14 Lieberthal, Mike 7,107 -14.8 Posada, Jorge 11,961 -14.8 Martinez, Victor 11,294 -15 Una lista de otros catchers notables: Catcher PA Regressed Runs/5000 PA Piazza, Mike 7,956 7.4 Rodriguez, Ivan 14,859 7.1 Kendall, Jason 10,226 4.8 Ausmus, Brad 7,788 4.3 Mathis, Jeff 6,921 4.1 Pierzynski, A.J. 11,154 2.4 Mauer, Joe 11,063 -0.9 Molina, Yadier 10,360 -1.3 Varitek, Jason 9,102 -2.1 McCann, Brian 8,061 -3.1 Napoli, Mike 9,030 -5.9 Molina, Bengie 13,633 -7.6 Napoli o Mathis? Hablemos de Nuevo de Mike Napoli y Jeff Mathis. Cuando Bengie Molina se fue de los Angelinos después de la temporada de 2005, le entregaron a Mathis el puesto de receptor regular. Luego de 12 juegos en los que bateó para .103, Mathis fue enviado de vuelta a las ligas menores y fue reemplazado por Napoli. Napolli jonroneó ante Justin Verlander en su primer turno al bate en Grandes Ligas, empezando una tórrida ofensiva de dos meses. Terminó el año en un slump, bateó para .228 en la temporada y se ponchó en la tercera parte de sus turnos, pero Napoli mostró que podía proveer valor ofensivo con su paciencia y poder. Desde entonces Napoli solo ha jugado un poco más de la mitad del tiempo detrás del plato, con Mathis reclamando parte del trabajo a pesar de una línea ofensiva vitalicia de: .200/.277/.320 hasta 2009, y aún números peores en 2010. Mathis hasta comienza juegos de playoffs, seis de 16 entre 2007 y 2009, aunque no me puedo quejar de su bateo de 12-7, en dos juegos ante los Yanquis el otoño pasado. En sus carreras, Mathis está en 30 carreras empujadas por debajo del promedio en 500 apariciones al plato, y Napoli en 13 carreras por encima del promedio. En los fácilmente medibles aspectos de la defensa de un cátcher (bases robadas y bloqueo de lanzamientos descontrolados), Mathis está dos carreras por debajo del promedio por 1200 innings recibidos, y Napoli esté ocho carreras por debajo del promedio. Virtualmente tienen registros idénticos para las bases robadas, pero Mathis hace un mejor trabajo para prevenir lanzamientos desviados, y también sorprende a mas corredores en las bases que cualquier otro no llamado Yadier Molina. Al sumar ofensiva y defensiva, Napoli es 37 carreras mejor que Mathis por cada 130 juegos recibidos. Esas son muchas carreras que Mathis tendría que salvar a través de su llamado del juego para justificar jugar antes que Napoli. Al mirar las carreras evitadas por temporada, Mathis es 10 carreras mejor que Napoli. Si se mira al total de carreras no evitadas y se le da a Mathis cada beneficio de la duda (lo cual es tan sabio como asumir que un novato que nunca antes se ha visto llega y batea .330 por dos semanas, es un verdadero bateador de .330, el próximo Wade Boggs) se tiene a Mathis con +13.9 y a Napoli con -16.6. Ahí están las 30 carreras, y llegan cerca de recuperar la diferencia de la carreras por bateo/fildeo, pero aún se quedan un poco cortas. Eso representa, sin embargo un pequeño doble conteo, porque Mathis y Napoli representan mucho de cada cual sin los números que dicen que Mathis ha sido 13.9 carreras mejor que los otros cátchers de los Angelinos, en otras palabras 13.9 carreras mejor que Napoli. Casi no hay forma de presentar un punto razonable para que Mathis continúe obteniendo el tiempo de juego que ha recibido. Es entendible que, dada una defensa por debajo del promedio (probablemente 15 carreras por debajo del promedio), se quiera un mejor cátcher defensivo que Napoli, pero Mathis cuesta muchas carreras con el bate para justificar se defensa superior. Él tendría que ser el mejor cátcher defensivo del planeta para sobreponerse a su bate. En general (contando llamado del juego, bloqueo y brazo), Mathis está apenas por encima del promedio defensivo. 2010 Data Hubo seis situaciones en 2010 en las cuales un equipo compartió su posición de receptor entre un cátcher quién estaba bien clasificado en esta métrica y otro quién tenía números pobres. En el caso de los cátchers de los Medias Rojas, Varitek no tiene buenos números, pero está sustancialmente por encima de Martínez. Lanzaré esto solo para ver como se mantienen las clasificaciones fuera de los años que usé para probar. Tomé seis pares de cátchers basado en como se clasificaban de acuerdo a su métrica, antes de mirar a cualquiera de sus estadísticas de 2010. De los seis pares, en cinco casos el preidentificado como cátcher superior tenía la efectividad de cátcher más baja que su compañero de equipo. Esperaré has después de la temporada para hacer una comparación completa, controlando los pitchers cotejados y usando estadísticas defensivas independientes, pero este es un indicativo de que los patrones identificados persisten en 2010. Team Good Catcher CERA Bad Catcher CERA Angels Mathis 4.04 Napoli 5.07 Blue Jays J. Molina 3.16 Buck 4.42 Yankees Cervelli 3.72 Posada 4.05 Red Sox Varitek 4.01 Martinez 4.29 Reds Hanigan 3.27 Hernandez 4.70 Diamondbacks Snyder 5.39 Montero 4.53 Catchers novatos: ¿Son una desventaja? De seguidas, miré parejas de cátcher/pitcher para el año del debut del cátcher, y comparé los resultados con lo que hicieron esas parejas (cátcher/pitcher) en años posteriores. Había 416 pares cátcher/pitcher, con más de 30000 apariciones al plato, entre 2003 y 2009. En su año de debut, los cátchers permitieron 4.54 carreras por juego. En años posteriores, permitieron 4.53, por lo que aparentemente no hay desventaja en tener un cátcher novato. Esto contradice lo encontrado por Tom Hanrahan y publicado por SABR en By the Numbers, en noviembre de 2004, aunque eso parece ser el resultado de diferentes aproximaciones al estudio. Traté otra aproximación y encontré algo que apoya su estudio: Agrupé los cátchers por edad, los dividí en tercios aproximados. El primer grupo nació antes de 1974, y eran una carrera mejor que el promedio por temporada. Los cátchers nacidos entre 1974 y 1979 estaban alrededor del promedio, y los cátchers nacidos después de 1979 estaban 2.2 carreras por debajo del promedio por cada 5000 apariciones al plato. Llamar el juego parece ser una destreza aprendida; los cátchers mejoran con la experiencia. El estudio de Tom fue diferente al mío. Él observó a los pitchers quienes lanzaron por lo menos 100 innings durante la primera temporada de un cátcher, y como esos mismos pitchers se comportaron si lanzaban 100 innings en años posteriores con ese catcher como el cátcher titular. Desde lo que puedo decir, el tomó en cuenta la efectividad del pitcher en la temporada, no la efectividad con ese cátcher específico. Su muestra incluyó 26 catchers y 90 pares pitcher/cátcher. Hanrahan hallo que los pitchers actuaron major cuando ese catcher era un veteran que cuando era un Novato. Su estudio es interesante, lo que me gustaría ver es si se repite con dos cambios: Primero, tomar en cuenta a todos los cátchers novatos, no una pequeña muestra ( los 26 eran de entre 1946 y 2003) y segundo, observar a como estos pitchers actuaron específicamente con ese catcher. Otras aproximaciones Dan Turkenkopf usó en abril de 2008 la data PITCHf/x para ver cuan a menudo un lanzamiento ubicado en cierto lugar era cantado strike y cuantos strikes extra agregó un catcher. El efecto fue grande, y él encontró una fuerte correlación entre la actuación en la primera y segunda parte de la temporada. El estudio utilizó data de la temporada 2007. Bill Letson agregó una investigación similar en 2010. Él usó la PITCHf/x ubicación de lanzamiento, altura del bateador y la mano a la que batea, y la identidad del árbitro para crear un modelo que predice la posibilidad de que un lanzamiento sea strike. Luego comparó el registro real de strikes de un cátcher con el total pronosticado. Como Turkenkopf, él encontró un efecto grande, aunque dejó abierta la posibilidad de que algo de esto esté relacionado al pitcher. Estudios como estos son apropiados para aislar una parte de la contribución del catcher: ubicar los lanzamientos y ganar sentencias de strike mediante habilidades de recepción. Aunque ellos no dicen la historia completa. ¿Está el catcher pidiendo el lanzamiento correcto en la situación correcta? ¿Está aprovechando las debilidades del bateador? ¿Está usando las fortalezas del pitcher? Un estudio basado en resultados como el que he presentado expresará un sentido general de cuan bien el catcher hace todo esto, pero no puede dar detalles que expliquen que hace bien o mal un cátcher. Advertencia. Pienso que este studio muestra que hay diferencias repetibles en como se comportan los cuerpos de lanzadores con catchers diferentes. Existe una destreza involucrada con la técnica apropiada de recibir o con llamar el juego que se refleja en el marcador. Sin embargo esto no es algo a lo que se le pueda asociar una cifra que tenga confiabilidad para compararla a la contribución ofensiva del bateador. Esto es solo un simple estimado que requiere algo de sentido común. En un mundo ideal para un analista, cada catcher de la liga tendría que trabajar con cada pitcher de la liga por unos miles de innings. Partiendo de allí sería muy fácil determinar cuales catchers serían los mejores. En realidad no estamos comparando a un cátcher con el promedio de la liga, solo con los otros catchers de su equipo. Si un cátcher tiene varios especialistas defensivos como sustitutos, y otro es respaldado por toleteros que solo se ponen la máscara, el primer cátcher va a lucir peor que el segundo aún si de hecho son iguales. Se requiere una dosis de sentido común para interpretar el registro defensivo de un cátcher. Otro punto es que por la razón que sea, un buen cátcher en general podría no ser la mejor opción para trabajar con un pitcher específico. Las muestras de innings cotejados para duetos específicos pitcher/cátcher no son lo suficientemente grandes para confiar en ellas, por eso es que Woolnes no fue capaz de detectar la destgreza. Un manager tendría que usar su discreción para tomar su decisión. Conclusión. Los catchers tienen un impacto significativo en la actuación de los pitchers a quienes reciben. Se necesita de varios años de data para tener una medida confiable de este efecto. En el futuro, estudios como el mío probablemente serán obsoletos así como la data de PUTCHf/x será más precisa. Cualquiera sea el origen de la data utilizada, es importante que se reconozca el valor que pueden aportar los cátchers sobresalientes para llamar el juego, y que se entienda que el talento de las destrezas de los cátchers está disperso, para que pueda haber decisiones balanceadas entre las habilidades defensiva y ofensivas de un cátcher. Referencias: • Keith Woolner, “Field General or Backstop” • Craig Wright, The Diamond Appraised • Tom Hanrahan, “Catcher ERA – Once More With Feeling” • Dan Turkenkopf, “Framing The Debate” • Bill Letson, “A First Pass at a Catcher Framing Metric” • Retrosheet.org • Baseball-Reference.com Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 11 de mayo de 2015

Estos Medias Rojas son jóvenes, pero el recordado equipo de 1975 era todavía mas joven.

Brian MacPherson. Providence Journal. 06-05-2015. Boston.- Como el jardinero central detrás de él, el campocorto era notoriamente joven cuando llegó a las ligas mayores con los Medias Rojas, particularmente en una posición de tanta importancia. No siempre tenía un desenvolvimiento fluido. Él resistía las altas y bajas de ser un pelotero joven en las Grandes Ligas, particularmente en el plato. Mirando de nuevo hacia ese momento, Rick Burleson sabe que lo preparó para las altas y bajas de las ligas mayores. “The Rooster” le da crédito a su habilidad para manejar el juego en su nivel más alto, a los más de 500 juegos donde había participado y a las más de 2000 apariciones al plato que había acumulado en las ligas menores. Fue aprendiendo de las dificultades en las menores lo que le permitió triunfar en las mayores. “El juego trata de cómo se enfrentan los errores”, dijo él. “Es muy fácil autoflagelarse y no ser capaz de salir de los momentos difíciles del juego. Yo tuve muchos de ellos en las ligas menores. Tuve algunas dudas de si iba o no a ser tan bueno como quería ser. Esos errores me ayudaron porque me hicieron perseverar. Me mantenía en buen nivel siendo tenaz y jugando duro todo el tiempo”. Burleson fue uno de más dos docenas de miembros del equipo de Boston que jugó la Serie Mundial de 1975, quienes se reunieron en Fenway Park el martes 5 de mayo para celebrar los 40 años de aquella gesta. Lo más impresionante del grupo era cuan jóvenes son todavía. Cuatro décadas después, muchos de los contribuyentes más memorables de ese equipo todavía no cumplen 65 años, una reflexión de cuan jóvenes eran en aquella temporada mágica. Jim Rice tenía 22 años. Dwight Evans 23. Fred Lynn 23. Burleson tenía 24. Todos jugaron papeles muy importantes esa temporada, con Burleson y Lynn jugando las posiciones claves de campocorto y jardinero central, respectivamente. Lynn, Rice y Burleson recibieron votos para el premio al jugador más valioso de la Liga Americana. “No se esperaba mucho de nosotros”, dijo Lynn. “En una era cuando los tipos jóvenes raramente eran parte de los equipos, ellos no empezaban los juegos muy a menudo, nosotros teníamos jóvenes en todos lados”. Cuatro décadas después, los Medias Rojas han patinado temprano con un roster que tiene jóvenes de 22 años en el campocorto y jardín central en Xander Bogaerts y Mookie Betts, así como un recién llamado de 23 años en Blake Swihart, a quien le entregaron los deberes de receptor a tiempo completo debido a la lesión de Ryan Hanigan. En el transcurso de un mes, Betts y Bogaerts han mostrado potencial de grandeza y brillo. Swihart también ha mostrado promesa pero aún es un trabajo en proceso. “Llegar a las Grandes Ligas es difícil”, dijo Evans, ahora consultor en el desarrollo de peloteros quien trabaja con los peloteros de ligas menores durante el entrenamiento primaveral. “Todavía más difícil es mantenerse. Bogaerts y Betts están entendiendo eso. Están en el proceso de llegar aquí. Ahora es el momento de lograr algo”. Burleson y Lynn le dieron crédito a los veteranos que estaban alrededor de ellos y a sus años de experiencia en las ligas menores por permitirles adaptarse a la intensidad de la carrera una vez que llegaron a las Grandes Ligas. Una escogencia del draft de enero de 1970, Burleson acumuló más de 500 turnos al bate en AA en 1972 y AAA en 1973, jugó en McCoy Stadium ambos años, antes que los Medias Rojas lo llamaran temprano en 1974. Lynn pasó como un cohete por las ligas menores pero estuvo tres años con Rob Dedeaux en Southern California y pasantías con el equipo de beisbol de Estados Unidos en los veranos, incluyendo una medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Colombia en 1971. “Cuando llegué aquí, tenía mucha experiencia bajo el cinturón”, dijo Lynn. “Yo había jugado contra algunos de los mejores jugadores del planeta, no solo en los Estados Unidos. No estaba acostumbrado a fallar, pero sabía como ganar. Sabía lo que tomaba hacer eso”. Burleson dijo, “Jugué cientos de cientos de encuentros antes de tener la oportunidad de subir”. Bogaerts jugó casi 400 juegos en las ligas menores antes que los Medias Rojas lo llamasen a finales de la temporada de 2013, pero la menor parte de esos jugos fueron en AA y AAA. Betts actuó a un nivel tan alto la temporada pasada que solo jugó 99 juegos combinados en AA y AAA, todo en una temporada, antes de atorarse con los Mdias Rojas por su bien. Lo que Bogaerts y Betts tienen a su alrededor es una estirpe de veteranos como aquella del equipo de la Serie Mundial de 1975. Carl Yastrzemski ya era un ícono de los Medias Rojas para entonces, pero ambos también nombraron al tercera base Rico Petrocelli y al utility Denny Doyle como influencias importantes. (Petrocelli y Yastrzemski fueron los únicos bateadores de más de 30 años en ir al plato más de 350 veces para aquel equipo de los Medias Rojas). No cuesta mucho establecer paralelismos con David Ortiz y Dustin Pedroia, dos íconos quienes ahora fijan el tono de los Medias Rojas. Betts tiene un casillero al lado de Pedroia en Fenway Park y le ha dado crédito a la influencia de Pedroia más de una vez por ayudarle a mantenerse optimista a través de un abril incómodo. “Ellos tienen alrededor grandes personajes en Ortíz y Pedroia”, dijo Evans, “y van a aprender de esos tipos. Es como estar alrededor de tipos como Petrocelli, como Yaz. Ellos todavía están trabajando en conseguir el sentimiento. Una vez que lo consigan, van a despegar”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 8 de mayo de 2015

Hablando de pelota con el autor de Gil Hodges: Una Vida de Salón de la Fama

Bruce Markusen. 15-04-2015 Uno de los mejores libros de beisbol nuevos de esta primavera es la biografía de Gil Hodges por Mort Zachter, sin discusión la mejor narrativa publicada sobre el antíguo primera base de los Dodgers de Brooklyn. Como dijo Jim Burns de Library Journal en su revisión de Gil Hodges: Una Vida de Salón de la Fama, “Zachter presenta un exhaustivo recuento de la vida de Hodges, profusamente documentado pero altamente leible…Los aficionados quienes recuerdan a los vagos de Brooklyn y a los milagrosos Mets harán de este libro una lectura obligada”. Si eres un seguidor del trabajo de Hodges con los Dodgers o de su estadía de cuatro años como manager de los Mets de Nueva York, encontrarás mucho material que revisar en la biografía de Zachter. Profusamente detallado y altamente recomendado, el libro explora a Hodges desde muchos ángulos, incluyendo un examen de los factores que desembocaron en su muerte prematura la primavera de 1972. A finales de marzo, entrevisté a Zachter en referencia al libro, cubrimos tópicos desde la segunda guerra mundial hasta los esfuerzos del autor por entrevistar a la viuda de Hodges, Joan. Markusen: Gil Hodges perdió dos temporadas completas sirviendo en la marina durante la segunda guerra mundial. ¿Piensas que habría pasado esas dos temporadas en Brooklyn, o habría regresado a las ligas menores? Zachter: Él probablemente habría ido a las ligas menores. Si, pienso que habría estado en las menores. Si la guerra no hubiese ocurrido y no hubiese existido la regla de los tres años (una vez que habían pasado tres años desde el momento cuando un veterano militar había sido puesto en el roster por primera vez, no podía ser regresado a las ligas menores sin pasar por waivers), entonces probablemente él habría ido de vuelta a las menores. Con la regla de los tres años para los jugadores en servicio militar, ellos solo podían mantenerlo en las menores por otra temporada después de la guerra. La regla de los tres año era un instrumento para proteger a los jugadores quienes habían jugado en las mayores antes de la guerra. Si los Dodgers hubieran tenido un cátcher de confianza en 1944 (lo tenían en Mickey Owen), no habrían mantenido a Hodges en la banca. LO hubieran querido desarrollándose en las ligas menores. Él era muy valioso como bateador de poder para permanecer sentado en la banca como tercer cátcher y no jugar. Tenía un swing muy rápido y podía atacar cualquier pelota en la esquina de adentro. Él sacrificó su promedio de bateo para cumplir la tarea que los Dodgers le asignaron, halar la pelota y empujar carreras con poder. Sin esa situación, la guerra y la regla de los tres años, Hodges habría ido a las menores, probablemente por otra temporada. Si no hubiera una guerra, él probablemente habría tenido dos temporadas adicionales en las Grandes Ligas, 1945 y 1946. Por supuesto, todo es una conjetura. Markusen: ¿Cuan difícil piensas que fue para Hodges hacer la transición desde cátcher hacia primera base? Zachter: Debido a que estaba motivado a estar en las Grandes Ligas, y él era un atleta increíble, un baloncetista, esto fue retador, pero no era algo que no pudiera hacer. En una era más moderna, en el caso de Mike Piazza (a quien le pidieron moverse a primera base), el fue un cátcher toda su carrera, y no estoy seguro que él fuese el atleta completo que era Hodges. Hodges fue un atleta multideportivo. Jugó baloncesto y también fue estrella de pista y campo; hizo lanzamiento de bala. Algunos dicen que era el mejor atleta de los Dodgers, quizás mejor que Jackie Robinson. Hodges era muy rápido de pies. Podía anticipar los toques por primera base. También era increíblemente adepto a los aspectos mentales del juego. Era inteligente para el beisbol. Markusen: Uno de los pocos peloteros quien criticó a Hodges fue su compañero de equipo Dick Williams, quién se quejaba de que Hodges y otros veteranos de los Dodgers se aislaban de los novatos en Brooklyn. ¿Cómo reconcilias esa visión con la percepción de Hodges como uno de los líderes de los Dodgers? Zachter: Pienso en el caso de Dick Williams, él estaba en el roster de Grandes Ligas debido a una regla similar a la de los tres años que afectó la carrera de Hodges. Williams tenía que estar en el equipo debido a una regla similar luego de la guerra de Corea. Los jugadores de los Dodgers sabían eso. Sabían que una temporada se podía reducir a una jugada o un juego. Pienso que había resentimiento hacia personas como Williams, quienes estaban en el equipo y no deberían haber estado. Sandy Koufax, quién era un novato con bono, dijo que lo afectó algo similar, como le ocurrió a Williams. Para otros peloteros jóvenes como Don Drysdale y Bob Aspromonte, quienes merecían indiscutiblemente estar en el equipo, Hodges fue muy receptivo con ellos. Hodges era grande en la apreciación de todos los 25 puestos del roster y se aseguraba de utilizar a todos esos peloteros. Eso se convertiría en una de sus filosofías como manager. Pero aún como pelotero, el valoraba cada puesto del roster. Y si el pensaba que no pertenecías, podría existir algún resentimiento. Basicamente, Williams no era para nada el tipo de pelotero que le gustaba a Hodges. Algunas personas gustan de otras personas, y algunas no. Había un choque. Markusen: Como manager, Hodges parecía haber encaminado a los Senadores de Washington en la dirección correcta como franquicia. ¿Te sorprende que lo hayan dejado ir, aun cuando recibieron alguna compensación? Zachter: Por lo que leí e investigué, esa fue una situación relacionada a los 100000 $ que pendían sobre ellos. Los Senadores no era un equipo bien financiado, y enecesitaban el dinero. Hodges tenía una buena relación con el gerente general George Selkirk. Le agradaba a Selkirk, pero este sabía que Hodges quería regresar a Nueva York con su familia. Inicialmente, Hodges quería completar el contrato. Era un profesional y veía el progreso que había logrado en Washington. Profesionalmente sabía lo que había hecho en Washington, y no sabía lo que ocurriría en Nueva York. Pero llegó la oportunidad. Selkirk dijo que había varios equipos interesados en Hodges. Era reconocido como uno de los mejores managers del beisbol. Varios peloteros, incluyendo a Dave Baldwin, dijeron que el hombre que suplantó a Hodges, Jim Lemon, era un manager terrible. Los peloteros notaron que extrañaban a Hodges, quién era particularmente bueno con los pitchers. Era el manager perfecto para un equipo joven como los Senadores. Si un pelotero joven estaba dispuesto a trabajar duro, Hodges le dedicaba el tiempo para trabajar con él para mejorar. Se necesita de mucho para ser el manager. Frank Howard quizás dio lo mejor. Cuando diriges un equipo difícil, es cuando de verdad tienes que dirigir. Hodges trabajaba duro en Washington. Maximizó los resultados de aquellos equipos inferiores de los Senadores. Markusen: Acerca del famoso incidente del 30 de julio de 1969, cuando Hodges se fue hacia el jardín izquierdo y sacó a Cleon James del juego por no fajarse. Jones siempre ha dicho que estaba jugando con un tobillo adolorido. ¿Quién crees que estaba en lo correcto? Zachter. La palabra “correcto” puede tener significados diferentes. En un sentido, ambos estaban equivocados. Si Jones estaba lesionado, debió haberlo dicho y salirse del juego desde el comienzo. Luego de tomar la pelota, hasta el tiro que hizo al infield fue descrito como un globo. Él no hizo el esfuerzo que Hodges esperaba. Eso causó que Hodges rompiera una de las leyes cardinales de la dirección de un equipo. No se debe avergonzar o dejar en evidencia a los peloteros. Cuando él criticaba a los peloteros, lo hacía en la privacidad de su oficina. Hasta con una mirada, él podía reprimir al pelotero. Ambos cometieron falta. Jones no hizo el esfuerzo al 100%. Pienso que Hosges pudo haber manejado la situación sin salir al campo. Esa fue realmente una excepción respecto a la forma como usualmente él se comportaba. No se pudo contener. Markusen: ¿Cómo catalogarías la actuación de Hodges como manager en 1969? ¿Es justo decir que esa fue la demostración más grande de cómo dirigir un equipo en la historia moderna? Zachter: Diría que ese tiene que ser uno de los grandes logros en la dirección de un equipo de beisbol. Hodges fue el maestro de lo psicológico y lo pragmático. Era un maestro para conocer el momento preciso para dar una charla motivacional a los jugadores. Las personas piensan que el incidente de Jones fue el punto de partida, pero tuvieron marca de 7-8 en sus próximos 15 juegos. El verdadero punto de partida llegó después. Era 13 de agosto, los Mets estaban listos para tomar un largo viaje desde Houston, donde habían perdido tres juegos seguidos. Hodges cerró la puerta del clubhouse y les dejó saber a los peloteros todo lo que sentía. Los fustigó. De acuerdo a Don Clendenon, fue una real “patada en el trasero”. El equipo respondió ganando nueve de sus próximos 10 juegos (y 12 de 13) Más adelante en su carrera, Jon Matlack dijo que Hodges fue el mejor manager de los últimos tres innings a quién vio dirigir. Era muy buena en la dirección del juego. Una de las mejores entrevistas que hice fue con Claude Osteen, quién jugara para Hodges con los Senadores. En 1970, Osteen estaba con los Dodgers. En el Juego de las Estrellas de 1970, Hodges pudo haber elegido a Hoy Wilhelm. Pero sabía que Osteen lo podía hacer, lo había entrenado, y confiaba en él. Hodges lo llamó y Osteen pitcheó tres innings en blanco para terminar el juego. Markusen: No quiero que esto suene incómodo, pero ¿piensas que Hodges y los Mets debieron prevenir el ataque cardíaco de 1972, dada su historia de fumador y su ataque cardíaco previo? En retrospectiva, ¿debieron ellos haber hecho algo diferente, en términos de la manera como manejaron su salud? Zachter. Ellos hicieron ciertas concesiones por su salud luego de su primer ataque cardíaco en 1968. Si terminaban una serie con un juego nocturno, no viajaban esa noche; esperaban hasta el próximo día de manera que Hodges pudiera descansar. Ellos, tampoco le permitían lanzar práctica de bateo. Entrevisté al que fue su doctor desde 1968; él falleció este pasado invierno. Me dijo que en aquel entonces no había mucho que pudieran hacer. En tiempos más modernos, una cirugía de corazón o un stent habrían sido una opción. Nadie de la gerencia iba a decirle que se lo tomara con calma; él era muy independiente. Nadie le habría dicho que hacer. No sé que más podrían haber hecho. Markusen: Estoy fascinado por la relación de Hodges con Tom Seaver. Ellos solo tuvieron una pocas conversaciones largas, pero Seaver siempre ha declarado que Hodges fue el mejor manager que tuvo. Zachter: A grandes rasgos, Hodges de alguna manera dirigía a través del miedo que inspiraba en sus peloteros. Era físicamente intimidante, un tipo alto y fuerte, que cuando se molestaba, lo hacía con mucha intensidad. Parte de la manera como dirigía estaba relacionada con mantenerse poco amigable con los peloteros. Estoy seguro de que eso era intencional. Él había sido entrenado por los militares; quería mantener distancia, porque sabía que en cualquier momento tendría que prescindir de un pelotero o cambiarlo. En el caso de Seaver, ellos solo hablaron de beisbol una media docena de veces . Aquí está otro ejemplo. Ralph Kiner, quién empezó a narrar juegos de los Mets en 1962, conocía a Hodges desde que eran peloteros activos. Y él todavía narraba juegos en 1968 cuando Hodges regresó a Nueva York. Kiner nunca salió a cenar con Hodges. Gil también mantenía su distancia con los narradores. El tenía un círculo de allegados cerrado, sus coaches, incluyendo a Joe Pignatano y Rube Walker. Como lo dijera Dave Baldwin, si le oías algo a Walker, era como si lo oyeras del propio Hodges. Por una parte, Hodges era un tipo muy agradable, muy bueno con los niños y los aficionados, amable con los reporteros. Pero por otro lado, era muy reservado. No era un gran conversador. El propio tipo tranquilo. Markusen: Pregunta final para Mort Zachter. La viuda de Hodges, Joan, prefirió no hablar con usted para este proyecto de libro. ¿Tiene usted alguna idea de porqué ella le negaría una entrevista? Zachter: Mi parecer es que cuando conseguí el contrato en 2006 y la contacté por primera vez, nunca había publicado un libro. Ella probablemente sintió que yo no era el escritor que mereciera escribir sobre Gil. Esa es mi sospecha. Dos o tres años después, ella acordó trabajar con dos tipos veteranos, Danny Peary y Tom Clavin. Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning en el Salón de la Fama del beisbol. Él ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A’s, el cual fue premiado con la Medalla Seymour de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 5 de mayo de 2015

Elston Howard se convirtió en el Jackie Robinson de los Yanquis hace 60 años.

Elston Howard se unió a Mickey Mantle y todos los Yanquis blancos en 1955 y se convirtió en un pelotero legendario John Rosengren. Lunes 13-04-2015. El 13 de abril de 1955 fue un buen día para los Yanquis. Arrancaron su temporada triturando a los Senadores de Washington 19-1 en el Bronx. Mickey Mantle bateó tres imparables, incluyendo un vuelacercas; Yogi Berra también jonroneó; y Whitey Ford lanzó juego completo mientras permitía menos imparables (dos) que los que él bateó (tres más cuatro carreras empujadas). Pero el jugador más significativo de Nueva York ese día, nunca salió de la banca. A dos días de cumplirse ocho años exactos de que Jackie Robinson saltara la barrera racial delas Grandes Ligas, Elston Howard se convirtió en el primer pelotero afroamericano que vistió el uniforme rayado de los Yanquis. El retraso del equipo más popular y exitoso de Estados Unidos en la integración había generado todo tipo de cosas desde editoriales hasta artículos de advertencia, todo o cual había sido ignorado por la alta gerencia de Nueva York. En su libro, Baseball’s Great Experiment, el autor Jules Tygiel cita al gerente general George Weiss diciendo: “Los Yanquis no van a promover a un jugador negro al estadio simplemente para decir que tienen ese tipo de jugador. No vamos a caer en la presión de ciertos grupos sobre este tema”. Para ser honestos, el roster de Nueva Yolrk no tenía muchos huecos en aquellos años, era un equipo que había ganado seis Series Mundiales entre 1947 y 1954. Pero había ciertos puntos débiles que habrían podido ser mejorados si los Yanquis no hubieran sido tan lentos en aceptar la integración. El debut de Howard convirtió a Nueva York en el equipo 13 de 16 franquicias de Grandes Ligas para aquel entonces, en emplear a un pelotero afroamericano. Weiss previamente había dejado pasar oportunidades de firmar a Ernie Banks y Willie Mays, entre otros, los comentarios entre los allegados a los Yanquis sugerían que los prejuicios habían influido en mantener la alineación del equipo con puros peloteros blancos. En Baseball’s Great Experiment, el secretario de viajes Bill McCorry es citado hablando del entonces joven Mays de 19 años, “Ese muchacho no puede batear la curva” y luego, del éxito tempranero de Mays con los Gigantes, “No lo necesito a él ni ninguno de ellos. Ningún negro tendrá oportunidad en cualquier tren que esté manejando”. Como se recuerda en el libro de Roger Kahn, The Boys Of Summer, Weiss había dicho en 1952 que tener un jugador negro llevaría indeseables al estadio. “No queremos ese tipo de multitud”, dijo él. “Eso ofendería a los abonados de Westchester compartir asientos con negros”. El dinero fue otro factor que influyó en la resistencia de los Yanquis a la integración. En agosto de 1946, el entonces dueño y gerente general del equipo, Larry McPhail, dirigía un comité especial que le reportaba al nuevo comisionado Happy Chandler. El reporte decía en parte, “la relación de los peloteros negros, y la existencia de las Ligas Negras en el beisbol profesional es un verdadero problema”, en gran parte porque la integración de MLB podría causar la desaparición de las ligas negras. Eso, notó el comité de McPhail, le costaría a equipos como los Yanquis los casi 100000 $ que recaudaban anualmente por rentar el estadio a los Yanquis Negros, un equipo de las Ligas Negras. Sin embargo, a finales de 1953, Nueva York parecía listo para llamar a Vic Power, un puertorriqueño de piel oscura que estaba quemando la liga AAA, American Association, a punta de batazos. En lugar de eso, Weiss sorprendió a la prensa y aficionados al promover a Gus Triandos, un pelotero blanco, desde AA. “Parecía que la única ventaja que tenía Triandos era la circunstancia de no haber nacido negro”, escribió Joe Bostic en The New York Amsterdam News. Power era un fuerte bateador quien estaba en camino de ganar la corona de bateo de la American Association con .349 de promedio. Los Yanquis parecían más preocupados de sus citas con mujeres de piel clara, una convención común en su nativo Puerto Rico, pero que iba contra las costumbres estadounidenses de la época. Weiss cambió a Power a los Atléticos de Filadelfia ese invierno. “Tal vez el puede jugar, pero no para nosotros”, Weiss es citado en el libro de Kahn, The Era: 1947-57. “Él no tiene pudor y busca mujeres blancas. Power no es del tipo de los Yanquis”. La próxima primavera, Nueva York invitó a un jardinero de gran brazo llamado Elston Howard a su campamento, el equipo lo sorprendió con la idea de convertirlo en cátcher. Los Yanquis ya tenían a un cátcher indómito en Berra, quien esa temporada ganaría su segundo de tres premios al jugador mas valioso de la Liga Americana. Los teóricos de la conspiración dijeron que esto era una treta del equipo para sumergir a Howard en su sistema de granjas, de hecho Nueva York lo asignó a AAA. El afroamericano de Baltimore, Sam Lacy caracterizó a Howard como una “víctima” y lo citó quejándose por el tratamiento recibido. Howard negó la cita y declaró, “Yo debería golpear a ese tipo en la cabeza”. Howard dio su declaración más grande en el campo, donde ganó el premio al jugador más valioso de la liga ese verano, se ganó una promoción al Bronx para la temporada de 1955. Él hizo su debut en Grandes Ligas el 14 de abril en Boston, entró a jugar en el jardín izquierdo en el cierre del sexto inning. Hizo su primera y única aparición del día en el plato en el octavo inning, conectó una línea sólida imparable al jardín central para remolcar a Mantle, aunque Nueva York perdió 8-4. Howard no empezó un juego hasta el 28 de abril, cuando bateó de 5-3 con dos carreras anotadas y dos empujadas en una victoria 11-4 sobre Kansas City. Jugó 97 encuentros en toda la temporada, terminó con promedio de .290, 10 jonrones y 43 carreras empujadas y ayudó a los Yanquis a llegar a la Serie Mundial. Allí participó en los siete juegos del clásico de otoño, bateó un jonrón en el primer juego, pero sólo bateó .192 y entregó el último out en la derrota en siete juegos de Nueva York ante los Dodgers. En su momento, Howard se convertiría en una estrella. Ganó el premio al jugador más valioso de la Liga Americana en 1963, ayudó a los yanquis a ganar nueve banderines y cuatro Series Mundiales y su número 32 fue retirado en 1984. Pero el prejuicio que enfrentó no terminó con su promoción a las Grandes Ligas. Su manager Casey Stengel, es citado en la biografía de Robert Creamer, Stengel, llamando a Howard “negro” y “bolaocho”. Sin embargo varios compañeros de Howard, le dieron la bienvenida al novato. Moose Skowron lo fue a buscar a la estación del tren; Hank Bauer lo invitó a compartir con otros peloteros en el comedor del hotel; Berra y Phil Rizzuto socializaron con él. Quizás la señal más notable de su aceptación llegó un mes después de su debut- El 14 de mayo, él fue a batear en el cierre del noveno iknning con dos outs, dos hombres en base y los Yanquis perdiendo 6-5. Howard descargó un triple a la izquierda para impulsar a Joe Collins y Mantle, y así darle la victoria a Nueva York 7-6. Cuando Howard llegó al clubhouse, encontró que Collins y Mantles habían desplegado una alfombra honoraria de toallas blancas desde su casillero hasta la ducha. Se había convertido oficialmente en uno de ellos. John Rosengren es un laureado autor de ocho libros. El más reciente es The Fight of their Lives: How Juan Marichal and John Roseboro Turned Baseball’s Ugliest Brawl into a Story of Forgiveness and Redemption. (La Pelea de sus vidas: Como Juan Marichal y John Roseboro convirtieron la golpiza más fea del Beisbol en una Historia de Disculpa y Redención). Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 4 de mayo de 2015

Memorias agradables de las gradas de Wrigley Field

Terence Moore. MLB.com 07-03-2015 Imagínese a Fenway Park sin el monstruo verde. ¿Qué tal un rascacielos en vez del almacén que está detrás del jardín derecho en Camden Yards? Esas visiones no son tan impactantes como estas: La Estatua de la Libertad sin la dama de la antorcha, o nadie sentado en la silla del Lincoln Memorial, o nada en el monumento de Mount Rushmore. O la ausencia de las gradas en Wrigley Field. El asunto de las gradas es lo peor. Estoy prejuiciado como alguien quien a menudo alcanzaba el cielo en La Tierra al sentarse más allá de las paredes cubiertas de hiedra cuando era un joven aficionado de la zona norte de Chicago, y luego como periodista profesional.Dicho esto, aún cuando no sepa diferenciar un triple de un touchdown, debería saber que las gradas de Wrigley Field importan tanto como cualquier símbolo nacional o internacional de este lado del sol. Explicaré porque importan las gradas de Wrigley Field, pero lo haré solo luego de mencionar lo siguiente con un suspiro: Ellas no están más allí. Si, ellas regresarán, y lo harán como una espléndida combinación de lo viejo (la misma apariencia) y lo nuevo (más cómodas). Es sólo que por estos días han sido reemplazadas por polvo de construcción y maquinaria pesada. Fueron removidas luego de la temporada pasada como parte de una renovación del estadio de los Cachorros que ha permanecido en la esquina de Addison y Clark por más de un siglo. Cuando se complete el trabajo en Wrigley Field, habrá pantallas de video por primera vez, y las gradas regresarán a sus sitios originales detrás de los jardines izquierdo, central y derecho. Por el momento no regresarán. Debido a las temperaturas más frías en el medio oeste por mucho tiempo, los retrasos en las labores de construcción han diferido la culminación de estos trabajos para después del juego inaugural de los Cachorros en casa el 5 de abril. Como resultado, las gradas de los jardines izquierdo y central están programadas para abrir a mediados de mayo, y las gradas del jardín derecho están proyectadas para funcionar a partir de junio. Ya extraño las gradas. Otros sienten igual, especialmente porque la última edición de las gradas de Wrigley Field se ha mantenido por 77 años, desde que la ordenara Philip K. Wrigley, el dueño del equipo para ese momento. Él hizo algo más. Dejó a Bill Veeck convertirse en Bill Veeck. Durante la primera pasantía de Veeck con los Cachorros, él hizo de todo desde vender boletos hasta trabajar en el mantenimiento del terreno de juego de Wrigley Field. Luego que se construyeran aquellas gradas en 1937, Veeck sembró hiedra en las paredes de los jardines, y el resto es historia conocida. Las gradas de Wrigley Field importan, porque tienen hiedra, hacen la versión de los Cachorros de la mantequilla de maní y la mermelada. O, ¿son esas gradas de mantequilla de maní y de mermelada la inmensa pizarra manual que se extiende en el jardín central? Esa pizarra fue otra de las ideas de Veeck, la instalaron dos años antes de las gradas. Ahora, décadas después, la pizarra y las gradas son consideradas un dueto. Piense en esto, no se puede separar la pizarra de las gradas debido a la hiedra. También hay que incluir a Waveland Avenue que está detrás del jardín izquierdo y Sheffield Avenue detrás del jardín derecho, junto a la brillantez del sol y la luna sobre los confines de Wrigley. Las estatuas de las estrellas de los Cachorros. Los bares deportivos. El tren “L”. Los sonidos del ógrano clásico. Los postes con banderas mostrando los numeros retirados de jugadores de los Cachorros. La constante interpretación de canciones de los Cachorros. La divertida celebración del séptimo inning. El viento, siempre el viento, soplando notoriamente hacia adentro o más notoriamente hacia afuera. Cierre sus ojos y ubíquese en un día perfecto de verano en Wrigley Field, y verá todo lo que he mencionado. Sobre todo, verá personas instaladas en las gradas. Verá a Ronnie “Woo Woo” Wickers antes que a nadie, pero primero lo oirá. Sus pulmones son legendarios. Desde finales de los años ’50, él ha liderado cánticos tan frecuentes y potentes desde las gradas de Wrigley Field que el National Bobblehead Museum decidió darle a los interesados la oportunidad de comprar bobbleheads de Woo Woo en su página web. Wickers es uno de los Bleachers Bums (Vagabundos de los Bleachers) originales, un grupo de leales quienes empezaron a apoyar en masa a los Cachorros en los años ’60, con su presencia y sus voces, de manera incondicional. Ellos fueron la inspiración de una obra de tatro que se convirtió en película. Ellos abrazaron a una franquicia que no ha ganado un campeonato de Serie Mundial desde 1908 o un banderín de la Liga Nacional desde 1945. Aún así, los Bleachers Bums siguen asistiendo, siguen animando, siguen la tradición que hicieron popular de lanzar al campo las pelotas de los jonrones rivales para crear una algarabía en todo el estadio. Así que las gradas de Wrigley Field importan por esos Bleachers Bums, pero también importan porque Babe Ruth una vez dirigió su jonrón anunciado de 1932 a un punto de las gradas del jardín central que fueron reemplazadas por las que fueron removidas el año pasado por las renovaciones. El jonrón 500 de Banks 12-05-1970: Ernie Banks batea el jonrón 500 de su carrera en Grandes Ligas. Las gradas de Wrigley Field importan debido al “Homer in the Gloamin” (“Jonrón al atardecer”) de Gabby Hartnett que aterrizó en las gradas del jardín derecho en 1938, a pocos metros de donde caería el jonrón 500 de Ernie Banks 32 años después. Las gradas de Wrigley Field importan debido a esos momentos icónicos entre los peloteros y los aficionados. Gary “Sarge” Matthews recibía el saludo de los muchachos de las gradas del jardín izquierdo cada vez que tomaba su puesto. Andre Dawson recibía una reverencia de todos en las gradas del jardín derecho luego de trotar hacia su posición.. También estaba Sammy Sosa, quién corría hacia su posición en la derecha mientras levantaba la mano hacia aquellos que gritaban su nombre en los bleachers del jardín derecho. Principalmente, las gradas del Wrigley Field importan, porque sin ellas, abril cumpliría las palabras del poeta T.S. Eliot… Abril es el más cruel de los meses. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Kirk Gibson el héroe de Serie Mundial, diagnosticado con enfermedad de Parkinson

29-04-2015. Associated Press. Detroit.- El jugador más valioso de la Liga nacional en 1988 reveló la noticia este martes 28 de abril en una declaración transmitida por Fox Sports Detroit. “He enfrentado diferentes obstáculos en mi vida, y siempre he mantenido la convicción de que a pesar de las circunstancias, yo podría superarlos”, dijo Gibson. “Este diagnóstico significa un nuevo reto para mí, me mantendré fiel a mis creencias. Con el apoyo de mi familia y amigos, recibiré este reto con la misma determinación e intensidad que he mostrado en toda mi vida. Espero regresar al estadio tan pronto como sea posible”. Gibson de 57 años fue despedido en septiembre de su cargo de manager de los cascabeles de Arizona luego de poco más de cuatro temporadas. Él ahora comenta los juegos de los Tigres de Detroit en Fox Sports Detroit, pero Gibson no ha estado en la cabina de transmisión desde el día inaugural (6 de abril) debido a que se ha stado haciendo exámenes médicos. Gibson fue protagonista de uno de los momentos más memorables de la historia del beisbol con su jonrón como emergente en el noveno inning del primer juego de la Serie Mundial de 1988 mientras jugaba con los Dodgers.Él también ganó un campeonato en 1984 con los Tigres, donde jugó 12 de sus 17 temporadas de Grandes Ligas. “Fue muy duro para nosotros”, dijo el presidente de los Cascabeles Derrick Hall antes del juego de Arizona en casa contra Colorado. “Gibby significa mucho para esta organización. Él tuvo un par de años maravillosos aquí como manager y siempre será parte de esta familia”. Hall promovió a Gibson de coach de banca a manager durante la temporada de 2010. “Deben ser noticias devastadoras para él como lo son para nosotros”, dijo Hall. “Pero él tiene a su familia y amigos para que lo apoyen y especialmente aquí están los Cascabeles”. El antíguo compañero de los Dodgers, MikE Scioscia, el manager de los Angelinos, llamó a este un “día triste”. “Él siempre ha sido un competidor y sé que nunca se rendirá”, dijo Scioscia. “Oir que ahora su batalla es contra la enfermedad de Parkinson, es muy triste. Sé que va a dar todo lo que tiene y se mantendrá intentándolo hasta regresar al estadio. Eso es lo que el ama. Él ama estar en el estadio”. Los Tigres publicaron una declaración deseándole a Gibson lo mejor y esperan que esté de vuelta en el estadio pronto. “Él es una tremenda persona, siempre ha sido grande para mí.Uno de los competidores más fieros que haya visto. Esto es muy duro para él y su familia”, dijo el manager de Detroit, Brad Ausmus. “No me imagino a Kirk Gibson doblegándose y gateando hacia una esquina. Pienso que eso no está en su ADN”. La enfermedad de Parkinson es un desorden progresivo que afecta el sistema nervioso. Entre las figuras famosas que sufren la enfermedad se encuentran Muhammad Ali y el actor Michael J. Fox. El antíguo grande liga Dave Parker reveló en 2013 que batallaba con la enfermedad de Parkinson. “Eso es mujy duro. Conozco a Kirk”, dijo el manager de los Piratas de Pittsburgh, Clint Hurdle antes del juego de los filibusteros en Chicago. “Conozco a Kirk desde que jugábamos en ligas menores. Él siempre ha estado listo para los retos. Nunca quieres ver a nadie enfrentar este tipo de reto…Que competidor. Que buen hombre. Buen hombre en el juego. Buen hombre en la vida…Iré a visitarlo”. Chip Hale, el manager de los Cascabeles fue el coach de tercera base de Arizona cuando Gibson era el coach de banca. Hale dijo que aprendió mucho de Gibson y compartió buenos momentos y conversaciones con su amigo. “Él atacará esto con el mismo fervor que siempre ha tenido”, dijo Hale. “Todos deseamos que se mejore…Es duro cuando oyes de esto”. Los jugadores de los cascabeles expresaron sus sentimientos via Twitter. El pitcher Daniel Hudson tuiteó que estaba “devastado de saber lo que le ocurría a Gibby”. Si él pone la mitad de la tenacidad que llevaba al estadio en esta batalla, pienso que saldrá con bien de esto”. El pitcher Brad Ziegler tuiteó que está rezando por Gibson. El entrenador de futbol americano de Michigan, Jim Harbaugh también tuiteó acerca de Gibson, e hizo referencia a un juego de futbol donde Gibson jugó para Michigan State en Michigan. “Mis pensamientos están con Kirk Gibson y su batalla contra la enfermedad de Parkinson”, tuiteó Harbaugh. “¡Recordamos y respetamos su gran actuación de 1978 en la Big House!” Traducción: Alfonso L. Tusa C.