jueves, 4 de junio de 2015

Steve Blass en paz con el legado de su “enfermedad”.

El antíguo jugador estrella de los Piratas perdió inexplicablemente el control de sus pitcheos, y eso ocasionó el fin de su carrera. Terence Moore. MLB.com. 24-04-2015. Aquí vamos otra vez. El nombre Steve Blass se ha hecho sinónimo de los pitchers que no pueden hacer esto y los bateadores que no pueden hacer lo otro y los fildeadores que no pueden hacer mucho con su guante o con su brazo. Tu sabes, de toda esa miseria que aparece de la nada. “Si, yo soy un punto de referencia fácil cuando se trata de todos esos tipos de situaciones”, dijo Blass, de 73 años, suspirando en el teléfono desde Pittsburgh, donde ha sido narrador de radio y televisión de los Piratas desde comienzos de los años 80. Blass jugó para el equipo en 1964 y desde 1966 hasta 1974. Entonces, mientras el mundo del beisbol se estrujaba los ojos, él se retiró. Blass, pasó en un instante de ser uno de los lanzadores élite de la Liga Nacional a ser un tipo que no podía hacer un lanzamiento preciso desde una silla de su sala a una papelera cercana. A esto se debe el término “La enfermedad de Steve Blass”. Hemos oído de esto a menudo esta temporada. Entonces de nuevo, como ha sido el caso por los pasados 40 años, Blass respondió con otro suspiro, pero este fue más de reconocimiento que de lamento. “Cuando las personas recuerdan lo que yo pasé, es algo muy fugaz, porque fue una caída tan enfática desde las alturas hasta el foso, así que entiendo el interés. Pero no es mi tema favorito”, dijo Blass. Por esto necesitamos enfatizar lo siguiente: Esta fue una rara entrevista para el antiguo derecho del Todos estrellas en referencia a su implosión de pitcheo en el pasado y porque estas memorias vivirán por siempre. En suma, los peloteros de Grandes Ligas siguen teniendo dificultades, las cuales siempre llevan a las mentes inquisidoras de vuelta a Blass. Blass pasó de ser un héroe de Serie Mundial en 1971 y de terminar segundo en la votación del premio Cy Young de la Liga Nacional en 1972 con marca de 19-8 y efectividad de 2.49, a presentar una efectividad de 9.85 luego de 23 salidas la siguiente temporada. Él también lideró el beisbol en pelotazos con 12. Peor aún, Blass pasó la mayor parte de 1974 en las menores después de permitir ocho carreras (cinco limpias), cinco imparables y siete boletos en cinco innings en su aparición final en Grandes Ligas. “Mi filosofía siempre ha sido que como las personas estuvieron interesadas cuando me iba bien, lo menos que podía hacer era no cerrarme cuando las personas quisieran hablarme de los que pasó”, dijo Blass. “Así que estoy conforme con el tema, y entiendo porque el interés sigue ahí”. El interés sigue ahí, porque…Bien, veamos los ejemplos de esta temporada. El campocorto de los nacionales Ian Desmond tiene un par de años como finalista de premio Guante de Oro en la Liga Nacional, pero está liderando a los fildeadores de las Grandes Ligas con ocho errores, la mayoría de ellos fueron inexplicables. Han incluido elevaditos y roletazos, junto a malas decisiones. Y cuando se trata de lanzar, los que se sientan en los puestos bajos de la tribuna han aprendido a protegerse. Los Piratas tienen a Pedro Álvarez, quien empató el liderato de jonrones de la Liga Nacional como tercera base en 2013, ha sido movido a primera base este año debido a sus problemas para lanzar. Hablando de lanzar, no mencione esa palabra al pitcher de los Cachorros Jon Lester, si se trata de lanzar a primera base. Él ha cometido tantas marfiladas tratando de mantener a los corredores cerca de la base que virtualmente no se molesta (discúlpame Jon) en lanzar más a primera base. Luego está el derrumbe de Dan Uggla en el plato. Luego de cinco años de eficiencia con los Marlins, su el brillo de su bateo empezó a desvanecer con los Bravos en 2011. Uggla está ahora con los Nacionales, está tratando de evitar un tercer año seguido con promedio de bateo por debajo de .200. Actualmente batea para .129. Sip, la enfermedad de Steve Blass. ¿Cuál fue la causa original de esta cosa? “Bien, quiere todas las teorías posibles que he oído alfabética o numéricamente?” dijo Blass sonriendo, antes de recordar como algunos creían que él estaba traumatizado por la muerte de su compañero Roberto Clemente, cuyo avión se estrelló la víspera de año nuevo de 1972 en la costa de Puerto Rico, “Éramos amigos, pero ambos teníamos amigos cercanos, por lo que no estábamos conectados emocionalmente. Todos sentimos el peso de esa tragedia, pero no lo atribuyo a eso”. “Nunca encontré lo que me causó eso, pero estoy satisfecho con el hecho de que exploré cada posibilidad tratando de regresar. No quería llegar a 85 años, sentado en el porche y diciendo. ‘Muchacho, hubiese deseado haber hecho eso’. Intenté todo. Atravesé el infierno dos años (1973 y 1974) tratando de todo. No sé cual fue el detonante de eso ni que lo causó, hasta el día de hoy”. “Tal vez con la tecnología médica de estos días, se podría haber descifrado el enigma. Quizás puedo ir a la escuela de medicina de Harvard justo ahora y decir, ‘Aquí estoy, muchachos. Revísenme’”. Blass sonrió, aún al recorder la tortura mental de convertirse en un ex grandeliga a los 32 años. Entonces no había psicólogos deportivos. “Pero teníamos a Danny Murtaugh”, dijo él, sonriendo algo más, en referencia al querido manager de los Piratas en parte de los años ’50, ’60 y ’70. “Él fue como un padre para mí en el beisbol. Aquí está lo importante: Como pasé por todo eso y traté de todo, recibía llamadas telefónicas de peloteros que buscaban mi consejo sobre que hacer. Era como si yo tuviera un número 800”. A finales de los años ’90, el cerrador de los Bravos Mark Wohlers pasó por un período cuando amenazaba con enviar su recta más hacia la malla que hacia la mascota del cátcher. Wohlers llamó a Blass. Rick Ankiel hizo algo parecido. Su llamada llegó luego de lanzar cinco lanzamientos salvajes como pitcher abridor de los cardenales en un inning de un juego de playoff en 2000. Ankiel nunca se recuperó como pitcher y jugó como jardinero entre 2007 y 2013. “También hable con Steve Sax durante los años ’80 y con Chuck Knoublauch durante los ‘90”, dijo Blass, en referencia a antiguos segundas base de Grandes Ligas quienes descubrieron luego de un tiempo que no podían efectuar ese corto lanzamiento a primera base sin drama. “Dale Murphy fue cátcher hacia finales de los ’70, y no podía lanzar la pelota de vuelta al pitcher, luego se convirtió en dos veces ganador del premio al jugador más valioso de la Liga Nacional como jardinero”. “Cada vez que pasaban esas cosas, la gente llamaba y decía, ‘¿Qué piensas?’ Siempre les decía, ‘Estás llamando al tipo indicado. Yo no lo superé, pero deseo poder ayudar’”. “Sé cuan doloroso es cuando experimentas algo como eso, y finalmente les diría, ‘Si yo pudiera darte un consejo, sería que lo intentes todo. No te rindas. Algo podría funcionar. Y si no ocurre, tendrás la satisfacción de que lo intentaste todo’”. Blass, quién sigue practicando lo que predica a las víctimas de su enfermedad no oficial dice, “Estoy bien con las personas que usan mi nombre. Porque estoy conforme con mi carrera, y estoy conforme con mi vida”. Terence Moore es un columnista de MLB.com. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 1 de junio de 2015

El Astro de Houston Don Wilson y su posible suicidio en 1975.

En 1994 Todd Jones del Cincinnati Post le dio una mirada a Wilson, su carrera y aparente suicidio el 5 de enero de 1975. Wilson es uno de pocos pitchers de Grandes Ligas con al menos dos juegos sin hits ni carreras, y yo creo que es el único pitcher, además de Addie Joss, que murió a mitad de su carrera: “El podía lanzar duro, como Bob Gibson”, dijo el, antíguo manager de los Rojos y jugador Tommy Helms. Helms lo sabe. Hace 25 años, el domingo 01 de mayo de 1969,él entregó el último out del no-hitter de Wilson ante los Rojos en Crosley Field. El logro de Wilson llegó 24 horas después que Jim Maloney dejase sin hits ni carreras a Houston. Nada nuevo para Wilson. Él lanzó un sin hits ni carreras contra los Bravos de Atlanta en 1967. Y tenía un no-hitter en curso ante los Rojos el 04 de septiembre de 1974 cuando fue sacado del juego por un emergente luego de ocho inning, los Astros perdían 2-1. Cuatro meses después, Wilson estaba muerto. El cuerpo de Wilson fue hallado en su carro, víctima de la toxicidad el monóxido de carbono acumulado en el garaje de su casa de Houston. Si la muerte fue suicidio o accidente nunca ha sido determinado. Él tenía 29 años. “Fue algo muy, muy triste”, dijo Helms, compañero de equipo de Wilson en Houston al momento de la muerte del pitcher. La muerte repentina fue el capítulo final de misterio de la carrera de un pelotero intrigante y misterioso. Wilson tuvo una marca vitalicia de 104-92, con efectividad de 3.15, y 1479 ponches para los Astros entre 1966 y 1974. Era un talentoso pero temperamental pelotero quien se dio a conocer tanto por su idiosincracia como por sus habilidades. “Él fue un gran compañero y competidor”, dijo Helms, “pero algunas veces dejaba de hablarte por tres o cuatro días y de pronto te hablaba. Venía temprano al estadio para hacer su trabajo y nadie viera lo que hacía. Había que llamarlo el solitario”. El antíguo manager de los Rojos, Dave Bristol dijo: “No sabías lo que él estaba pensando. Hablaba consigo en el montículo”. Bristol fue la causa de un enfrentamiento entre Wilson y los Rojos. Wilson dominaba tanto a los Rojos en 1968, ponchó 18 Rojos (incluyendo 8 seguidos) en un juego y 16 en otro, que Bristol recurría a provocaciones verbales desde el dugout, tratando de molestar al pitcher. “Él lanzaba duro, duro”, dijo Bristol. “Solíamos meternos con él todo el tiempo para molestarlo y distraer su atención”. Nueve días antes que los Rojos no pudieran batearle un hit a Wilson, lo habían zarandeado 14-o. Las provocaciones de Bristol y los lanzamientos pegados de Wilson hicieron que hirviera la sangre. Wilson estaba furioso porque Pete Rose trató de tomar una base extra cuando los Rojos tenían una gran ventaja. También estaba bravo, porque Johnny Bench pidió curvas contra Houston en el noveno inning. Después del juego, Wilson telefoneó al clubhouse de Cincinnati. La revancha de Wilson llegó nueve días después. Ante una multitud de 4042 aficionados en Crosley Field, él ponchó 13 Rojos, incluyendo a Helms para completar el no-hitter. “Luego que él lanzara el sin hits ni carreras, me quería linchar”, dijo Bristol. “Él quería buscarme. No quería las felicitaciones de sus compañeros de equipo. Tuve suerte de que ellos lo alcanzaron primero”. Wilson se quedó tranquilo. “Tengo pocos amigos en los Rojos, pero no frecuento a la mayoría de ellos”, dijo Wilson. “Vencí a los Rojos. Por eso siento más satisfacción personal por este no-hitter que por el último”. Wilson apenas empezaba la mejor parte de su carrera cuando falleció. Su cuerpo fue encontrado sobre el asiento reclinado del lado del copiloto de su carro deportivo el 05 de enero de 197. La llave de encendido estaba pasada, pero el motor estaba detenido. Los gases del tubo de escape del carro subieron a la habitación de arriba del garaje y asfixiaron al hijo de 6 años, Alex. La esposa de Wilson y su hija también fueron afectadas por el monóxido de carbono pero sobrevivieron luego de ser hospitalizadas. Su esposa tenía la mandíbula fracturada algo que nunca fue investigado. Wilson fue enterrado en un dia oscuro y nublado. En el reporte de la muerte la AP escribió: Un vocero del cuerpo de bomberos de Houston, Jack MacGillis, dijo que una mujer llamó al cuerpo de bomberos, el cual presta servicio de ambulancia en la ciudad, diciendo que ella no podía despertar a sus hijos y que su esposo estaba en su carro. McGillis dijo que la llamada fue recibida a la 1:24 p.m. Las llamadas que solicitan ambulancias son reportadas automáticamente al departamento de policía, el cual envió oficiales al hogar de Wilson en la sección suroeste de la ciudad. Un vocero del departamento de policía de Houston dijo que cuando los oficiales llegaron a la casa de Wilson aproximadamente a la 1:30 p.m. encontraron al pitcher en el garaje. Él estaba inconsciente sentado en el asiento delantero derecho de su Thunderbird 1972. Su cabeza estaba inclinada hacia atrás, descansando en el asiento y sus brazos estaban a los lados. Su pie izquierdo estaba cruzado sobre su pie derecho. Una cajetilla de cigarrillos estaba en el tablero frente a Wilson. La puerta izquierda delantera estaba cerrada, pero la puerta derecha estaba abierta. La llave del encendido estaba pasada y la aguja de la gasolina indicaba que el tanque estaba vacío, pero el motor del carro estaba frío. Las puertas del garaje estaban abiertas. Alexander, el hijo, fue encontrado en su cama, acostado sobre su estómago con sus brazos levantados alrededor de la cabeza, cubierto hasta la cintura con una sábana. T.R. Trinkle, un oficial de cuidado juvenil, dijo que había hablado con la señora Wilson en el hospital. El la citó diciendo que se levantó luego de oir el motor de un carro encendido y había ido a revisar a los niños. Ella le contó que había cargado al niño y lo llevó a la habitación principal y cerró las puertas de la habitación principal y la de la habitación de la hija. Ella dijo que no podía regresar a dormir porque el motor del carro seguía encendido, ella fue a revisar y encontró a su esposo, reportó Trinkle. Ella le dijo que había llamado a una amiga, una enfermera graduada, quien le dijo que le tomara el pulso. Ella dijo que no sabía como se había fracturado la mandíbula, agregó Trinkle. “Fue una noticia terrible”, dijo el gerente general de los Astros, Spec Richardson. “Toda la organización siente mucho esta tragedia”. “No podia creerlo”, dijo el pitcher de los Astros, Dave Roberts, mientras en el hospital para visitar a la Sra. Wilson. “Don tenía todo lo necesario. Tenía todo a la vez”. “habíamos estado trabajando juntos en el escritorio de oradores y todo salió bien. Él no se presentó para la escuela de pitcheo esta mañana y por eso empezaron a buscarlo”. Wilson y Roberts trabajan en el escritorio de oradores de los Astros durante el receso entre temporadas, el cual arregla compromisos de conferencias para los jugadores. Wilson estaba programado para instruir en una escuela de entrenamiento hoy con otro pitcher de los Astros, Tom Griffin. Roberts dijo que la última vez que estuvo con Wilson fue el 15 de diciembre, cuando ambos se reportaron a la oficina del escritorio de oradores en el Astródomo. Un oficial de los Astros dijo que Wilson había visitado varias veces las oficinas de los Astros durante el receso y estaba pendiente de la temporada de 1975. “Él estaba realmente entusiasmado con la temporada venidera”, dijo Boby Risinger, a cargo de la publicidad de los Astros. “Disfrutaba mucho andar con él”, dijo Griffin. “Era una persona agradable, una gran persona. Quiero que las personas sepan que tipo de hombre era. Era un buen ser humano”. Y en el mismo año, 1994, Michael Point del Austin-American-Statesman le dio una segunda Mirada a Wilson y su sin hits ni carrera de 1967 contra los Bravos, una victoria 2-0 ante un equipo de una alineación cargada de grandes bateadores que incluía a Henry Aaron, Rico Carty, Felipe Alou y Tito Francona. Para dar una idea de la actuación de Wilson, Aaron fue el último bateador que enfrentó, y el novato estrella terminó su obra maestra en gran forma, convirtiendo al campeón jonronero de todos los tiempos en su décimoquinto y final ponche. Wilson es el único pitcher de los Astros que ha lanzado dos juegos sin hits ni carreras. El brillante, pero atribulado joven derecho probablemente habría añadido algunos más a su total si su vida personal hubiese sido tan positiva como su pitcheo. Wilson, de 29 años de edad, fue hallado abatido en su carro estacionado en el garaje el 05 de enero de 1975, asfixiado con gases de monóxido de carbono. El hecho fue catalogado como suicidio. Luego de haber ponchado a 197 bateadores en 187 innings en Amarillo en la Texas League en 1966, Wilson fue promovido ala rotación de abridores de los Astros. Nunca más salió de esa rotación, y en su breve carrera lideró el equipo en vitorias y efectividad tres veces. En 1971, él fue elegido para el Juego de Estrellas por la Liga Nacional y lanzó dos innings en blanco. El nombre de Wilson todavía aparece entre los cinco primeros de los Astros en blanqueos, juegos completos, ponches e innings lanzados. Es sexto en victorias. Wilson sería particularmente importante para los Astros en su nueva división. Cincinnati, el némesis de Houston por mucho tiempo, ha emergido como el principal competidor de los Astros en la división Central de la Liga Nacional. Wilson odiaba a los Rojos y dio lo mejor de sí para hacérselo saber. Su segundo no-hitter ocurrió en 1969 ante los Rojos, y con este les envió un mensaje. El pitcher Maloney de los Rojos había dejado sin hits ni carreras a los Astros, que entonces tenían marca de 4-20, en el juego anterior. Maloney y sus compañeros de los Rojos habían ridiculizado abiertamente a los Astros durante y después del juego. Wilson subió al montículo con una misión y la logró con un no-hitter, silenciando no solo las bocas sino los bates de Pete Rose, Johnny Bench, Tany Pérez y los otros. Nota del traductor: Este artículo fue escrito en los años ’90, cuando los Astros de Houston aún jugaban en la Liga Nacional. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 29 de mayo de 2015

El momento de Elroy Face, 1959: Un pitcher inusual, un año inusual.

01-05-2015. Frank Jackson. The Hardball Times. “Nunca me llevaba los juegos de beisbol a casa. Si mi esposa no sabía cual había sido el marcador, ella no podía decir por mi actitud si habíamos ganado o perdido”. Elroy Face. Cuando se revisa a los pitchers que han liderado su liga en porcentaje de juegos ganados, se puede estar muy seguro de que serán pitchers abridores. Los relevistas no obtienen muchas decisiones, y mientras una derrota es indeseable, un triunfo no es tan preciado como un salvado o un “hold”. De hecho, un cerrador llevándose el triunfo es algunas veces negativo, pues podría ser la consecuencia de haber desperdiciado un salvamento. En 1959, sin embargo, Elroy Face de los Piratas lideró a los pitchers de la Liga Nacional en porcentaje de ganados. De hecho, coqueteó con un porcentaje de 1.000. Si su esposa hubiese revisado los box scores todos los días, habría tenido que esperar hasta mediados de septiembre para ver una “P” al lado del nombre de su esposo. Su liderazgo en la liga no fue una casualidad, es decir, que se dio porque apenas cruzó el límite de número mínimo de decisiones para calificar. Face tuvo 19 decisiones, 18 de ellas victorias. Curiosamente, no fue elegible para el título de efectividad, el cual requería un inning lanzado por cada juego realizado (154 innings en aquellos días). De hecho, él no estuvo ni siquiera cerca de ese mínimo, logró esa 18 victorias en 93.1 innings. La única derrota que absorbió acabó con una seguidilla de 17 triunfos, así como otra de 22 triunfos regresando hasta comienzos de la temporada de 1958. Tuvo 99 apariciones entre derrotas. Para un relevista agenciar una marca de 18-1 es más que sobresaliente. Uno podría decir lo mismo de la contextura del derecho: pequeño y flaco. Hoy, hasta un zurdo de ese tamaño sería sospechoso; a un derecho podrían sugerirle empezar a practicar como jugador del cuadro…o como jinete. Los pitchers derechos de tal estatura son tan extraños como los jugadores de NBA de esa talla. El total de salvamentos (10) de Face en 1959 no fue gran cosa, pero su porcentaje de victorias .945, es el mejor en la historia de las Grandes Ligas. Eso es casi una victoria por cada cinco innings lanzados. No se si llevan estadísticas relacionadas al radio de victorias por innings lanzados, pero de seguro Face estaría adelante por su temporada de 1959. Los Piratas estaban a un año de ganar el campeonato, pero eso no podía predecir por su actuación de 1959, un cuarto lugar con marca de 78-76, nueve juegos detrás de los Dodgers ganadores del banderín. Los Piratas no lideraron la liga en ninguna categoría, pero el cuerpo de lanzadores comandó la liga en menos boletos concedidos. A primera vista, la rotación de abridores de los Piratas pudo haber parecido formidable. Todos los cuatro abridores tenían larga experiencia en Grandes Ligas. Vern Law lideró el grupo con marca de 18-9 y 2.98 de efectividad en 266 innings, pero después de él, los números eran desconcertantes. Harvey Haddix, estuvo en los titulares de prensa con sus 12 innings perfectos (y el imperfecto décimotercero) en una derrota el 26 de mayo ante los Bravos de Milwaukee, pero el resto de su temporada fue monótona. Terminó con marca de 12-12 y 3.13 de efctividad en 224.1 innings. La mayor desilusión fue Bob Friend, quién había ganado 22 juegos en 1958, pero cayó a 8-19 con 4.03 de efectividad en 234.2 innings en 1959. Ron Kline terminó con 11-13 y 4.26 de efectividad en 186 innings, lo cual lo calificaría como un caballo de batalla en la actualidad y le garantizaría un lucrativo contrato multianual. En 1959, todo lo que consiguió fue un cambio a San Luis (por Tom Cheney y Gino Cimoli), por lo que no estuvo para la gran celebración del jonrón de Bil Mazeroski en 1960. Mas allá de eso, Bennie Daniels abrió 12 juegos y red Witt empezó siete con pocos resultados positivos. Por lo que hubo muchas oportunidades para Face. Pero Face no había inicado su carrera como relevista. Firmado originalmente por los Filis, Face empezó su carrera profesional en 1949 con marca de 14-2 como miembro de los Blue Wings de Bradford (Pa.) de la PONY League (esa es la liga de Pennsylavania-Ontario-New York League, no la liga amateur Protect Our Nation’s Youth). Sorprendentemente, él no fue promovido pero regresó a Bradford en 1950 y agenció marca de 18-5. Por la razón que fuese, los Filis seguían sin impresionarse. Branch Rickey pensaba de otra manera y lo adquirió para los Dodgers, quienes lo asignaron al equipo Pueblo, Clase A de la Western League, donde dejó marca de 23-9 en 1951. Fue promovido al Fort Worth AA de la Texas League, donde tuvo marca de 14-11 en 1952. Mientras tanto, Branch Rickey se había mudado a Pittsburgh, donde estaban en reconstrucción por aquellos días y necesitaban desesperadamente de talento joven. Por lo cual Rickey adquirió a Face para los Bucaneros. Como un novato de 25 años en 1953, Face inició 13 juegos y vino desde el bull pen 28 veces para los Piratas. Los resultados no fueron buenos (6-8, 6.58 de efectividad en 119 innings), pero Face no fue el único con una mala temporada, los Piratas terminaron en último lugar con marca de 50-104, a 55 juegos del primer lugar. Su efectividad como equipo fue de 5.22, y Face estaba muy por encima de ella, por lo cual decidieron enviarlo de vuelta a las menores para que terminara de formarse. Face pasó la temporada de 1954 con el New Orlean AA de la Southern Association. Los resultados ahí solo fueron más o menos (12-11, 4.45 de efectividad en 192 innings), pero ahí fue que Face desarrolló su lanzamiento clave, la bola de tenedor, un ancestro de la recta de dedos separados. Face ya tenía una recta de 90 millas y una curva, y años después desarrolló una slider. El manager de New Orleans, Danny Murtaugh, notó que el futuro de Face era como relevista. Murtaugh llegó a los Pirats como coach en 1956, y sustituyó a Bobby Bragan (quien había dirigido a Face en Fort Worth en 1952) como manager en la temporada de 1957. Él dirigiría a Face hasta 1964, así como en la mitad de la temporada de 1967. Face regresó a los Piratas para quedarse en 1955, cuando inició 10 juegos y vino 32 veces desde el bull pen. Su marca fue de solo 5-7, pero Face rebajó tres carreras completas de su efectividad de 6.58 dos años antes. De ahí en adelante, las aperturas fueron pocas. Face inició solo tres juegos en 1956, y uno, la última apertura de su carrera, en 1957. En los restantes 12 años de su carrera, él fue estrictamente un relevista. De sus 848 apariciones en el montículo, solo 27 fueron como abridor. Face tuvo más de una temporada buena (fue escogido para el equipo Todos Estrellas en 1959, 1960 y 1961),pero la temporada de 1959 permanece como su carta de presentación. La primera victoria de Face en 1959 llegó el 22 de abril contra los Rojos. Luego que los Piratas habían anotado siete carreras para igualar el juego en el séptimo inning, Face vino en el octavo y permitió una carrera. Estaba a punto de perder el juego, pero los Piratas anotaron dos carreras en el cierre del noveno para convertirlo en ganador. En un sentido, esta fue una típica salida para Face. No fue una actuación dominante, pero sus compañeros se fajaron y le facilitaron la victoria. Como Face reconoció, “El equipo tuvo cinco o seis triunfos viniendo de atrás que me dieron victorias en vez de reveses. Pude fácilmente haber tenido un balance de 12-7”. Su efectividad en la temporada fue un respetable 2.70, pero uno no se esperaría una temporada de 18-1 como resultado de ese número. La última victoria de Face, el 19 de septiembre, también fue ante Cincinnati en Forbes Field. De nuevo, vino en un juego empatado (2-2). Se encargó del montículo en la primera parte del noveno inning, él lanzó cuatro innings, permitió una carrera en el duodécimo. De nuevo, estuvo a punto de perder, pero gracias a un triple de Mazeroski que empujó dos carreras en el cierre de ese inning, Face se apuntó la victoria. La única derrota de Face, por cierto, había ocurrido ocho días antes en el primero de un doble juego nocturno de viernes en el Coliseo de Los Angeles. Face, simplemente no estaba en su noche. Los Piratas ganaban 4-3 cuando Face vino a relevar a Bob Friend con un out en el octavo. Maury Wills abrió el cierre del noveno con sencillo. Ron Fairly lo llevó a la intermedia con toque de sacrificio. Jim Gilliam siguió con triple que trajo la carrera del empate en los ganchos de Wills. Charley Neal destapó sencillo a la izquierda y Gilliam llegó al plato con la carrera de dejar en el terreno a los Piratas. Y esa fue la única vez en 1959 cuando Face salió con las tablas en la cabeza. Sus compañeros no pudieron rescatarlo, no tenían más turnos al bate. El hecho de que la temporada de 1959 haya sido tan impresionante para Face, no significa que haya sido una casualidad. Hay que estar claros en que fue el año de una carrera, pero se debe reconocer que la carrera entera de Face fue resaltante. Él fue factor determinante en el bull pen de los Piratas hasta 1968, cuando los Tigres de Detroit lo adquirieron para su remate por el banderín. Los Tigres lo dejaron libre antes del día inaugural de 1969, y él firmó con los Expos de Montreal el 27 de abril de 1969, justo después que habían empezado su temporada inaugural. Fue despedido el 15 de agosto de ese año a los 41 años. Irónicamente, 1969 fue el año en que el juego salvado se convirtió en una estadística oficial. A excepción de ocho apariciones con los Islanders de Hawaii AAA la siguiente temporada, ese fue el final de su carrera como pelotero. Sus totales de ligas mayores en 16 temporadas fueron 104-95 con 3.48 de efectividad, 193 salvados, y 574 juegos terminados. Esa temporada de 1959 fue fácilmente la de sus mejores victorias, pero hubo otras temporadas sobresalientes. Él lideró la liga en apariciones con 68 en 1956 y 1960. Es interesante notar que no comandó la liga en juegos terminados en 1959, pero lo hizo en 1958 (40), 1960 (61), 1961 (47), y 1962 (57). Aunque no lo sabía en ese momento, lideró la liga en salvados en 1958 (20), 1961 (17), y 1962 (28). Face pensaba que su mejor temporada no era la de 1959 sino la de 1960. Terminó 61 jugos (tope personal), dejó marca de 10-8 con 2.90 de efectividad y 24 salvados en 114.2 innings. Bateó para .412 (de 17-7). Comprensivamente, él pudo estar parcializado por esa temporada porque sus esfuerzos ayudaron a los Piratas a ganar el banderín. Face estaba en el punto medio de la evolución del relevista como miembro clave del cuerpo de lanzadores. En el siglo 19, las sustituciones no eran permitidas, y un pitcher que no estaba en su día debía cambiar de posición con otro jugador. Después que las sustituciones fueron permitidas, la mayoría de los relevistas conseguían un poco de trabajo entre aperturas. En las primeras dos décadas del siglo 20, el bull pen fue ampliamente la provincia de los pitchers sin trabajo definido. Entonces llegó Firpo Marberry, quién debutó con los Senadores en 1923, y a menudo es reconocido como el primer relevista prominente. A lo largo del tiempo, los relevistas prominentes (Jim Konstanty, Clem Labine, Johnny Murphy, Hoyt Wilhelm) hicieron obvio el que un pitcher de calidad en el bull pen era un miembro clave en un equipo ganador. La carrea de Face mostró más evidencia sobre eso, pero esto fue mucho antes de la era actual de la especialización (relevistas intermedios, preparadores, relevistas largos, cerradores, zurdos situacionales). De acuerdo a los patrones de hoy, él no era técnicamente un cerrador, pero una vez que se estableció en el bull pen, nunca iba a lanzar antes de los últimos innings. Hoy un pitcher de la calidad de Face nunca necesitaría un trabajo al terminar la temporada. Eso no era así en los días de Face, por lo que se afilió al sindicato de carpinteros y practicaba su oficio, a menudo trabajaba en proyectos de remodelación de sus compañeros de equipo. Pero no se debe pensar que los Piratas no recompensaron financieramente a Face por su temporada de 1959. DE hecho le dieron un aumento de 10000 $ para la temporada de 1960, y el estuvo contento con eso. Mirando hacia las últimas seis décadas, esta anécdota financiera dice más de cómo los tiempos han cambiado que un análisis especializado del papel del pitcher de relevo. Frank Jackson escribe de beisbol, cine e historia, algunas veces de todo eso a la vez. Él ha visitado 47 estadios de Grandes Ligas, muchos de ellos todavía existentes. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 15 de mayo de 2015

El silencio del dugout cuando un pitcher lanza sin hits ni carreras.

David Laurila. Fangraphs. 29-04-2015. Cuando un pitcher está lanzando un juego sin hits ni carreras típicamente recibe el tratamiento silencioso una vez que llegan los innings finales. Sus compañeros empiezan a darle más espacio, lo dejan solo con sus pensamientos. Nadie quiere ser quien arruine un sin hits ni carreras por hacer o decir la cosa equivocada, lo cual incluye invadir la soledad del pitcher. ¿Qué piensan los pitchers de esa supersticiosa convención?¿Les gusta ser evitados entre innings, o preferirían que todo fuese tan normal como fuera posible? Le pregunté a varios pitchers, algunos de los cuales han lanzado un sin hits ni carreras. Aquí están sus respuestas: Clay Buchholz, Medias Rojas: “En el sexto inning del mío, estaba sentado en el dugout. Nadie me hablaba. Estaba ahí en el de Jon Lester y fue la misma cosa. Cuando Josh Becket lanzó el suyo, estuvo caminando alrededor y hablaba con los muchachos. Él trató el suyo un poco diferente, pero por lo general, todos te dejan solo. Pero no me molestaría si alguien me hablara”. R.A. Dickey, Azulejos: “Es parte de la tradición. Ves al pitcher sentado al final de la banca. Cuando Johan Santana lanzó el suyo, yo estaba en un sitio diferente cada vez, a partir del sexto inning. Todos quieren sentir que tuvieron que ver con eso, psicológicamente. Eso es lo que transmite cada superstición. Te pones la media derecha antes que la izquierda y sientes que eso es parte de lo que te hace tener éxito”. Dennis Eckersley, comentarista de los Medias Rojas: “Los muchachos me evitaban, en cada juego tenía mi lugar exclusivo para sentarme. Pero todos sabían lo que significaba estar lanzando un sin hits ni carreras. A medida que el juego avanzaba, no se me acercaban. Era muy joven entonces, tenía 22 años, y mirando en retrospectiva, no me percataba de la diferencia”. Doug Fister, Nacionales: “No me gusta que las cosas cambien. Quiero que todo sea normal. Aún si es uno de mis compañeros, no quiero que empiecen a actuar raro o hagan algo fuera de lo ordinario. Solo haz la misma cosa que harías si yo hubiera permitido 3 o 10 imparables. Quiero que todo sea consistente”. Kevin Gausman, Orioles: “Es un tipo de regla no escrita. Tratas de no ser la razón por la que el pitcher diga, ‘Él nunca me habla, pero vino y me habló y después me dieron un hit’. Pero honestamente, de cualquier manera, la mayoría de los peloteros no le hablan al pitcher el día que este lanza. Algunos pitchers son muy sociables los días que ellos lanzan, pero usualmente yo solo le hablo a un par de personas”. Ubaldo Jimenez, Orioles: Me gustaría que las cosas fuesen normales. De esa manera no habría que pensar en como estás haciendo algo diferente. Me gustaría ser normal, hablar con los muchachos como si todo fuese igual que siempre. Cuando lancé el mío, algunas personas me evitaron, pero hable con un par de tipos. Ellos vinieron a mi y yo fui a ellos”. Daniel Norris, Azulejos: “El otro día, Hutch (Drew Hutchison) tuvo cinco o seis innings sin hit ni carreras y estábamos tratando de ignorarlo. Alrededor de ese momento es cuando se empieza a notar. Estábamos casi normales, pero definitivamente sabíamos lo que pasaba”. Henry Owens, prospecto de los Medias Rojas: “Me abstengo de decir nada si alguien está lanzando uno. Pregúntale a Brian Johnson de mi primera apertura este año. Él dijo algo justo antes que yo permitiera un hit (en el sexto inning). Pero en lo que se refiere a las supersticiones, no creo en ellas. Todos decían, ‘Brian, discúlpate’, pero le dije que no importaba”. Jordan Zimmerman; Nacionales: “Solo es algo que se ha hecho a través de los años, y a mi no me afecta. Algunos pitchers no quieren que los molesten, pero yo prefiero que sea igual a cuando me batean tres, cuatro o cinco imparables. No me gusta estar sentado sin tener a nadie con quién hablar. Te das cuentas que hay un juego sin hits ni carreras en progreso si hay personas que te hablan a o no”. David Laurila creció en Michigan’s Upper Peninsula y ahora escribe sobre beisbol desde su hogar en Cambridge, Massachusetts. Él escribió la serie de Q&A para Baseball Prospectus desde febrero de 2006 hasta marzo de 2011 y es colaborador regular en varias publicaciones. Su primer libro, Interviews from Red Sox Nation, fue publicado por Maple Street Press en 2006. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 12 de mayo de 2015

¿Tienen los catchers efectividad (promedio de carreras limpias permitidas por cada nueve innings)?

Sean Smith. 25-03-2015. The HardBall Times. Nota del editor: Este artículo ha sido reeditado del Hardball Times Baseball Annual 2011. ¿Cuánto puede un cátcher ayudar la actuación de su pitcher mediante su llamado del juego, mascoteo y bloqueo de lanzamientos? La sabiduría convencional sabermetrica, al menos desde que Keith Woolner publicara “Field General or Backstop” en Baseball Prospectus en 1999, ha establecido que los cátchers no tienen efecto en la actuación del pitcher, o por lo menos este es tan pequeño que es imposible de medir. Hay muchos quienes tienen una opinión opuesta, como Craig Wright (cuyo artículo en este libro de hace dos años resaltó el impacto de Mike Piazza en la efectividad de los pitchers, lo cual llamaremos “efectividad del cátcher”). Los equipos japoneses de beisbol, según Wright, también creen que la efectividad del cátcher es una estadística importante. Los managers de beisbol obviamente creen que el llamado del juego del cátcher es importante. Considérese a Mike Scioscia, quien pone a jugar a Jeff Mathis y su difícil bateo tan a menudo como utiliza a Mike Napoli, quien tiene un OPS vitalicio de .840. A menos que se crea que los cátchers tienen un impacto sobre la efectividad, no hay razón para poner a jugar a Mathis tan a menudo como lo hace Napoli. Regresaré sobre esa combinación en pocos minutos. He suscrito las conclusiones de Woolner durante aproximadamente los últimos 10 años, pero ya no lo puedo hacer. Creo que sus tamaños de muestra fueron muy pequeños, pienso que he encontrado la manera de dar la vuelta y medir lo inmedible. Ante de entrar en detalles, aquí están los sumarios de la investigación anterior de la destreza de llamar el juego del cátcher: En The Diamond Appraised, Wright introdujo la efectividad (ERA) del cátcher (CERA). Craig observó los innings confrontados, si Mathis recibió a Ervin Santana por 150 innings, y Napoli hizo lo propio en 35, los innings de Mathis serían prorrateados a 35. Esto fue hecho para cada pitcher del equipo, siempre usando el número menor de innings recibidos. Él analizó los pares de pitchers/cátchers, y mostró cuantas carreras salvó cada cátcher en comparación a otros cátchers del equipo. Vale la pena leer el capítulo, porque a diferencia de mí Craig (para la época empleado por los Rangers de Texas, tenía acceso a los peloteros) investiga que hacían los cátchers que ayudaba o desfavorecía a sus pitchers. Mascotear un lanzamiento es algo que pueden hacer los cátchers. Con suficiente destreza, ellos pueden recibir un lanzamiento fuera de la zona de strike unas pulgadas de manera de hacer pensar a los árbitros que este es strike. Esto no es fácil, porque si esto se hace evidente el árbitro podría desarrollar algún prejuicio sobre determinado cátcher. La clave es recibir de manera tan natural que el árbitro no piense que se está tratando de de convertir una bola en strike, él simplemente piensa que es strike, si el cátcher no se mueve entonces el lanzamiento iba donde estaba supuesto. En los lanzamientos bajos, los cátchers tratan de atrapar la pelota sin voltear la mascota hacia abajo. Según Wright, mantener la mascota cerca del cuerpo puede ayudar al cátcher, el árbitro tiene menos posibilidad de ver la mascota, pero si el cátcher puede recibir la pelota sin moverse mucho es muy probable que se cante el strike. Un mal hábito es bajar la mascota, dar una señal, mover la mascota hacia abajo, y subirla al recibir el envío. Esto tiene dos efectos negativos, el pitcher pierde su referencia y el árbitro ve mucho movimiento. La pregunta que Craig no responde es cuanta de la diferencia observada entre un cátcher y otro es debida a la destreza y cuanta es solo casualidad. Si Santana lanza ocho inning en blanco en una apertura, y la próxima vez permite siete carreras en cuatro innings, ¿cuanto de eso se le puede atribuir con propiedad al cátcher? Si no hubiese ninguna diferencia entre los cátchers, los pitchers tendrías aperturas buenas y malas por igual. Los métodos estadísticos nos pueden ayudar a estimar cuanto podemos confiar en la data observada. Un punto con la efectividad del cátcher es que esta es una contribución estadística total. Yadier Molina puede ayudar su CERA de muchas formas: (1) Llamar el lanzamiento apropiado para determinado bateador; (2) Recibir un lanzamiento en cuenta de 3-2 de tal manera que le parezca strike al árbitro, para sacar al pitcher de ese inning en vez de llenar las bases para Joey Votto; (3) Sacar out a los ladrones de bases y bloquear pitcheos contra el piso. Este último aspecto de la defensa del cátcher es fácil de medir. De hecho, un buen indicador de quienes son los mejores catchers en bloquear pelotas y controlar el tráfico en las bases. Lo que queremos demostrar es en cuanto el cátcher, en su relación con el pitcher, puede influenciar en el resultado del enfrentamiento pitcher-bateador. Para hacer esto, Woolner revisó no la efectividad del cátcher, sino el OPS del bateador con y sin el cátcher, para cada pitcher. Él computó n juegos, o desviaciones standard, para ver si las diferencias observadas en el OPS para distintos duetos catcher/pitcher eran diferentes de lo que se esperaría. Él encontró que la data parece casi idéntica a una curva de campana; en otras palabras, las diferencias observadas entre catchers parecen ser aleatorias. Mi método En vez de considerar el OPS del bateador, voy a enfocarme en las estadísticas que puede controlar el pitcher. Ponches, boletos y jonrones son las bases de Defense Independent Pitching (DIPS), y agregaré elevados y líneas, como los clasifican la asociación de anotadores de Grandes Ligas (MLBAM) y están disponibles en los archivos de Retrosheet. Con estas estadísticas puedo crear un estimado de carreras permitidas que puede diferir de las carreras permitidas reales, pero es menos dependiente del apoyo del resto de la defensa. Para estimar las carreras permitidas por el pitcher: Primero, encuentre cuantos turnos al bate no resultan en ponches, jonrones, líneas o elevados. Llame a este número AB1. Segundo, aplique la siguiente fórmula para determinar las carreras: AB1*.05 + HR*1.4 + LD*.38 + BB*.33 + HBP*.345 – SO*.105 – Pop*.096 Ahora, utilice determinados innings para ver como cada pitcher actuó con y sin cada cátcher, y prorratee las estadísticas de “con” y “sin” al total de apariciones al plato más bajo. De regreso a nuestro ejemplo, digamos que Santana lanza 200 innings y permite 80 carreras, y Jeff Mathis es su cátcher en 150 de esos innings, permitiendo 51 carreras. Sin Mathis, Santana por lo tanto permite 29 carreras en 50 innings. Lo que obtenemos es que al prorratear a 50 innings, con Mathis se permiten 17 carreras, las cuales al compararse con las 29 carreras permitidas en los 50 innings sin Mathis, indican que Mathis le evitóa Santa 12 carreras. Haga esto para cada pitcher para quién el cátcher está detrás del plato, y totalice las carreras salvadas. Haga esto por un período multianual, dividiendo los resultados en años pares (2004. 2006, 2008) y años impares (2003, 2005, 2007, 2009). Si buscamos una destreza, entonces los cátchers quienes son buenos en años pares deben ser buenos en años impares. Usar muchos años agrupados de esta manera aumenta el tamaño de nuestra muestra, y nos permite observar una correlación que era muy difícil detectar cuando se observaba años sencillos consecutivos. Los resultados Al mirar a los cátchers quienes por lo menos habían tenido 2000 apariciones contrastadas en años pares e impares, tengo 70 catchers, y encuentro una correlación de 0.21. Este grupo tiene un promedio de 4343 apariciones al plato en cada categoría anual, lo cual implica que se tendría una correlación de 0.50 (donde la mitad de la diferencia observada es destreza y la mitad suerte) cuando se tienen 16300 apariciones contrastadas, en alrededor de tres años de catchear a tiempo completo. Para estimar la destreza del cátcher para llamar el juego, hay que agregar una actuación promedio de 16300 a sus innings contrastados. Esto es lo que he realizado en los resultados de abajo. Un cátcher verá alrededor de 5000 apariciones al plato en una temporada típica de 130 juegos recibidos, por lo que presentaré los resultados para 5000 apariciones al plato. Los mejores cátchers para llamar el juego, entre 2003 y 2009 Catcher PA Regressed Runs/5000 PA Pratt, Todd 5,588 14.3 Snyder, Chris 9,375 13.2 Burke, Jamie 4,078 13 Castro, Ramon 8,829 13 Molina, Jose 13,241 12.9 Saltalamacchia, Jarrod 6,009 12.9 Lopez, Javier 6,525 12.8 Paulino, Ronny 6,695 12.1 Laker, Tim 3,158 10.9 Mirabelli, Doug 4,431 9.4 Estos catchers fueron los peores: Catcher PA Regressed Runs/5000 PA Navarro, Dioner 10,509 -9.3 Montero, Miguel 5,074 -10.5 Schneider, Brian 13,773 -11.5 Wilson, Vance 7,199 -11.7 Greene, Todd 5,516 -12.4 Johjima, Kenji 7,177 -12.4 Hall, Toby 9,652 -14 Lieberthal, Mike 7,107 -14.8 Posada, Jorge 11,961 -14.8 Martinez, Victor 11,294 -15 Una lista de otros catchers notables: Catcher PA Regressed Runs/5000 PA Piazza, Mike 7,956 7.4 Rodriguez, Ivan 14,859 7.1 Kendall, Jason 10,226 4.8 Ausmus, Brad 7,788 4.3 Mathis, Jeff 6,921 4.1 Pierzynski, A.J. 11,154 2.4 Mauer, Joe 11,063 -0.9 Molina, Yadier 10,360 -1.3 Varitek, Jason 9,102 -2.1 McCann, Brian 8,061 -3.1 Napoli, Mike 9,030 -5.9 Molina, Bengie 13,633 -7.6 Napoli o Mathis? Hablemos de Nuevo de Mike Napoli y Jeff Mathis. Cuando Bengie Molina se fue de los Angelinos después de la temporada de 2005, le entregaron a Mathis el puesto de receptor regular. Luego de 12 juegos en los que bateó para .103, Mathis fue enviado de vuelta a las ligas menores y fue reemplazado por Napoli. Napolli jonroneó ante Justin Verlander en su primer turno al bate en Grandes Ligas, empezando una tórrida ofensiva de dos meses. Terminó el año en un slump, bateó para .228 en la temporada y se ponchó en la tercera parte de sus turnos, pero Napoli mostró que podía proveer valor ofensivo con su paciencia y poder. Desde entonces Napoli solo ha jugado un poco más de la mitad del tiempo detrás del plato, con Mathis reclamando parte del trabajo a pesar de una línea ofensiva vitalicia de: .200/.277/.320 hasta 2009, y aún números peores en 2010. Mathis hasta comienza juegos de playoffs, seis de 16 entre 2007 y 2009, aunque no me puedo quejar de su bateo de 12-7, en dos juegos ante los Yanquis el otoño pasado. En sus carreras, Mathis está en 30 carreras empujadas por debajo del promedio en 500 apariciones al plato, y Napoli en 13 carreras por encima del promedio. En los fácilmente medibles aspectos de la defensa de un cátcher (bases robadas y bloqueo de lanzamientos descontrolados), Mathis está dos carreras por debajo del promedio por 1200 innings recibidos, y Napoli esté ocho carreras por debajo del promedio. Virtualmente tienen registros idénticos para las bases robadas, pero Mathis hace un mejor trabajo para prevenir lanzamientos desviados, y también sorprende a mas corredores en las bases que cualquier otro no llamado Yadier Molina. Al sumar ofensiva y defensiva, Napoli es 37 carreras mejor que Mathis por cada 130 juegos recibidos. Esas son muchas carreras que Mathis tendría que salvar a través de su llamado del juego para justificar jugar antes que Napoli. Al mirar las carreras evitadas por temporada, Mathis es 10 carreras mejor que Napoli. Si se mira al total de carreras no evitadas y se le da a Mathis cada beneficio de la duda (lo cual es tan sabio como asumir que un novato que nunca antes se ha visto llega y batea .330 por dos semanas, es un verdadero bateador de .330, el próximo Wade Boggs) se tiene a Mathis con +13.9 y a Napoli con -16.6. Ahí están las 30 carreras, y llegan cerca de recuperar la diferencia de la carreras por bateo/fildeo, pero aún se quedan un poco cortas. Eso representa, sin embargo un pequeño doble conteo, porque Mathis y Napoli representan mucho de cada cual sin los números que dicen que Mathis ha sido 13.9 carreras mejor que los otros cátchers de los Angelinos, en otras palabras 13.9 carreras mejor que Napoli. Casi no hay forma de presentar un punto razonable para que Mathis continúe obteniendo el tiempo de juego que ha recibido. Es entendible que, dada una defensa por debajo del promedio (probablemente 15 carreras por debajo del promedio), se quiera un mejor cátcher defensivo que Napoli, pero Mathis cuesta muchas carreras con el bate para justificar se defensa superior. Él tendría que ser el mejor cátcher defensivo del planeta para sobreponerse a su bate. En general (contando llamado del juego, bloqueo y brazo), Mathis está apenas por encima del promedio defensivo. 2010 Data Hubo seis situaciones en 2010 en las cuales un equipo compartió su posición de receptor entre un cátcher quién estaba bien clasificado en esta métrica y otro quién tenía números pobres. En el caso de los cátchers de los Medias Rojas, Varitek no tiene buenos números, pero está sustancialmente por encima de Martínez. Lanzaré esto solo para ver como se mantienen las clasificaciones fuera de los años que usé para probar. Tomé seis pares de cátchers basado en como se clasificaban de acuerdo a su métrica, antes de mirar a cualquiera de sus estadísticas de 2010. De los seis pares, en cinco casos el preidentificado como cátcher superior tenía la efectividad de cátcher más baja que su compañero de equipo. Esperaré has después de la temporada para hacer una comparación completa, controlando los pitchers cotejados y usando estadísticas defensivas independientes, pero este es un indicativo de que los patrones identificados persisten en 2010. Team Good Catcher CERA Bad Catcher CERA Angels Mathis 4.04 Napoli 5.07 Blue Jays J. Molina 3.16 Buck 4.42 Yankees Cervelli 3.72 Posada 4.05 Red Sox Varitek 4.01 Martinez 4.29 Reds Hanigan 3.27 Hernandez 4.70 Diamondbacks Snyder 5.39 Montero 4.53 Catchers novatos: ¿Son una desventaja? De seguidas, miré parejas de cátcher/pitcher para el año del debut del cátcher, y comparé los resultados con lo que hicieron esas parejas (cátcher/pitcher) en años posteriores. Había 416 pares cátcher/pitcher, con más de 30000 apariciones al plato, entre 2003 y 2009. En su año de debut, los cátchers permitieron 4.54 carreras por juego. En años posteriores, permitieron 4.53, por lo que aparentemente no hay desventaja en tener un cátcher novato. Esto contradice lo encontrado por Tom Hanrahan y publicado por SABR en By the Numbers, en noviembre de 2004, aunque eso parece ser el resultado de diferentes aproximaciones al estudio. Traté otra aproximación y encontré algo que apoya su estudio: Agrupé los cátchers por edad, los dividí en tercios aproximados. El primer grupo nació antes de 1974, y eran una carrera mejor que el promedio por temporada. Los cátchers nacidos entre 1974 y 1979 estaban alrededor del promedio, y los cátchers nacidos después de 1979 estaban 2.2 carreras por debajo del promedio por cada 5000 apariciones al plato. Llamar el juego parece ser una destreza aprendida; los cátchers mejoran con la experiencia. El estudio de Tom fue diferente al mío. Él observó a los pitchers quienes lanzaron por lo menos 100 innings durante la primera temporada de un cátcher, y como esos mismos pitchers se comportaron si lanzaban 100 innings en años posteriores con ese catcher como el cátcher titular. Desde lo que puedo decir, el tomó en cuenta la efectividad del pitcher en la temporada, no la efectividad con ese cátcher específico. Su muestra incluyó 26 catchers y 90 pares pitcher/cátcher. Hanrahan hallo que los pitchers actuaron major cuando ese catcher era un veteran que cuando era un Novato. Su estudio es interesante, lo que me gustaría ver es si se repite con dos cambios: Primero, tomar en cuenta a todos los cátchers novatos, no una pequeña muestra ( los 26 eran de entre 1946 y 2003) y segundo, observar a como estos pitchers actuaron específicamente con ese catcher. Otras aproximaciones Dan Turkenkopf usó en abril de 2008 la data PITCHf/x para ver cuan a menudo un lanzamiento ubicado en cierto lugar era cantado strike y cuantos strikes extra agregó un catcher. El efecto fue grande, y él encontró una fuerte correlación entre la actuación en la primera y segunda parte de la temporada. El estudio utilizó data de la temporada 2007. Bill Letson agregó una investigación similar en 2010. Él usó la PITCHf/x ubicación de lanzamiento, altura del bateador y la mano a la que batea, y la identidad del árbitro para crear un modelo que predice la posibilidad de que un lanzamiento sea strike. Luego comparó el registro real de strikes de un cátcher con el total pronosticado. Como Turkenkopf, él encontró un efecto grande, aunque dejó abierta la posibilidad de que algo de esto esté relacionado al pitcher. Estudios como estos son apropiados para aislar una parte de la contribución del catcher: ubicar los lanzamientos y ganar sentencias de strike mediante habilidades de recepción. Aunque ellos no dicen la historia completa. ¿Está el catcher pidiendo el lanzamiento correcto en la situación correcta? ¿Está aprovechando las debilidades del bateador? ¿Está usando las fortalezas del pitcher? Un estudio basado en resultados como el que he presentado expresará un sentido general de cuan bien el catcher hace todo esto, pero no puede dar detalles que expliquen que hace bien o mal un cátcher. Advertencia. Pienso que este studio muestra que hay diferencias repetibles en como se comportan los cuerpos de lanzadores con catchers diferentes. Existe una destreza involucrada con la técnica apropiada de recibir o con llamar el juego que se refleja en el marcador. Sin embargo esto no es algo a lo que se le pueda asociar una cifra que tenga confiabilidad para compararla a la contribución ofensiva del bateador. Esto es solo un simple estimado que requiere algo de sentido común. En un mundo ideal para un analista, cada catcher de la liga tendría que trabajar con cada pitcher de la liga por unos miles de innings. Partiendo de allí sería muy fácil determinar cuales catchers serían los mejores. En realidad no estamos comparando a un cátcher con el promedio de la liga, solo con los otros catchers de su equipo. Si un cátcher tiene varios especialistas defensivos como sustitutos, y otro es respaldado por toleteros que solo se ponen la máscara, el primer cátcher va a lucir peor que el segundo aún si de hecho son iguales. Se requiere una dosis de sentido común para interpretar el registro defensivo de un cátcher. Otro punto es que por la razón que sea, un buen cátcher en general podría no ser la mejor opción para trabajar con un pitcher específico. Las muestras de innings cotejados para duetos específicos pitcher/cátcher no son lo suficientemente grandes para confiar en ellas, por eso es que Woolnes no fue capaz de detectar la destgreza. Un manager tendría que usar su discreción para tomar su decisión. Conclusión. Los catchers tienen un impacto significativo en la actuación de los pitchers a quienes reciben. Se necesita de varios años de data para tener una medida confiable de este efecto. En el futuro, estudios como el mío probablemente serán obsoletos así como la data de PUTCHf/x será más precisa. Cualquiera sea el origen de la data utilizada, es importante que se reconozca el valor que pueden aportar los cátchers sobresalientes para llamar el juego, y que se entienda que el talento de las destrezas de los cátchers está disperso, para que pueda haber decisiones balanceadas entre las habilidades defensiva y ofensivas de un cátcher. Referencias: • Keith Woolner, “Field General or Backstop” • Craig Wright, The Diamond Appraised • Tom Hanrahan, “Catcher ERA – Once More With Feeling” • Dan Turkenkopf, “Framing The Debate” • Bill Letson, “A First Pass at a Catcher Framing Metric” • Retrosheet.org • Baseball-Reference.com Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 11 de mayo de 2015

Estos Medias Rojas son jóvenes, pero el recordado equipo de 1975 era todavía mas joven.

Brian MacPherson. Providence Journal. 06-05-2015. Boston.- Como el jardinero central detrás de él, el campocorto era notoriamente joven cuando llegó a las ligas mayores con los Medias Rojas, particularmente en una posición de tanta importancia. No siempre tenía un desenvolvimiento fluido. Él resistía las altas y bajas de ser un pelotero joven en las Grandes Ligas, particularmente en el plato. Mirando de nuevo hacia ese momento, Rick Burleson sabe que lo preparó para las altas y bajas de las ligas mayores. “The Rooster” le da crédito a su habilidad para manejar el juego en su nivel más alto, a los más de 500 juegos donde había participado y a las más de 2000 apariciones al plato que había acumulado en las ligas menores. Fue aprendiendo de las dificultades en las menores lo que le permitió triunfar en las mayores. “El juego trata de cómo se enfrentan los errores”, dijo él. “Es muy fácil autoflagelarse y no ser capaz de salir de los momentos difíciles del juego. Yo tuve muchos de ellos en las ligas menores. Tuve algunas dudas de si iba o no a ser tan bueno como quería ser. Esos errores me ayudaron porque me hicieron perseverar. Me mantenía en buen nivel siendo tenaz y jugando duro todo el tiempo”. Burleson fue uno de más dos docenas de miembros del equipo de Boston que jugó la Serie Mundial de 1975, quienes se reunieron en Fenway Park el martes 5 de mayo para celebrar los 40 años de aquella gesta. Lo más impresionante del grupo era cuan jóvenes son todavía. Cuatro décadas después, muchos de los contribuyentes más memorables de ese equipo todavía no cumplen 65 años, una reflexión de cuan jóvenes eran en aquella temporada mágica. Jim Rice tenía 22 años. Dwight Evans 23. Fred Lynn 23. Burleson tenía 24. Todos jugaron papeles muy importantes esa temporada, con Burleson y Lynn jugando las posiciones claves de campocorto y jardinero central, respectivamente. Lynn, Rice y Burleson recibieron votos para el premio al jugador más valioso de la Liga Americana. “No se esperaba mucho de nosotros”, dijo Lynn. “En una era cuando los tipos jóvenes raramente eran parte de los equipos, ellos no empezaban los juegos muy a menudo, nosotros teníamos jóvenes en todos lados”. Cuatro décadas después, los Medias Rojas han patinado temprano con un roster que tiene jóvenes de 22 años en el campocorto y jardín central en Xander Bogaerts y Mookie Betts, así como un recién llamado de 23 años en Blake Swihart, a quien le entregaron los deberes de receptor a tiempo completo debido a la lesión de Ryan Hanigan. En el transcurso de un mes, Betts y Bogaerts han mostrado potencial de grandeza y brillo. Swihart también ha mostrado promesa pero aún es un trabajo en proceso. “Llegar a las Grandes Ligas es difícil”, dijo Evans, ahora consultor en el desarrollo de peloteros quien trabaja con los peloteros de ligas menores durante el entrenamiento primaveral. “Todavía más difícil es mantenerse. Bogaerts y Betts están entendiendo eso. Están en el proceso de llegar aquí. Ahora es el momento de lograr algo”. Burleson y Lynn le dieron crédito a los veteranos que estaban alrededor de ellos y a sus años de experiencia en las ligas menores por permitirles adaptarse a la intensidad de la carrera una vez que llegaron a las Grandes Ligas. Una escogencia del draft de enero de 1970, Burleson acumuló más de 500 turnos al bate en AA en 1972 y AAA en 1973, jugó en McCoy Stadium ambos años, antes que los Medias Rojas lo llamaran temprano en 1974. Lynn pasó como un cohete por las ligas menores pero estuvo tres años con Rob Dedeaux en Southern California y pasantías con el equipo de beisbol de Estados Unidos en los veranos, incluyendo una medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Colombia en 1971. “Cuando llegué aquí, tenía mucha experiencia bajo el cinturón”, dijo Lynn. “Yo había jugado contra algunos de los mejores jugadores del planeta, no solo en los Estados Unidos. No estaba acostumbrado a fallar, pero sabía como ganar. Sabía lo que tomaba hacer eso”. Burleson dijo, “Jugué cientos de cientos de encuentros antes de tener la oportunidad de subir”. Bogaerts jugó casi 400 juegos en las ligas menores antes que los Medias Rojas lo llamasen a finales de la temporada de 2013, pero la menor parte de esos jugos fueron en AA y AAA. Betts actuó a un nivel tan alto la temporada pasada que solo jugó 99 juegos combinados en AA y AAA, todo en una temporada, antes de atorarse con los Mdias Rojas por su bien. Lo que Bogaerts y Betts tienen a su alrededor es una estirpe de veteranos como aquella del equipo de la Serie Mundial de 1975. Carl Yastrzemski ya era un ícono de los Medias Rojas para entonces, pero ambos también nombraron al tercera base Rico Petrocelli y al utility Denny Doyle como influencias importantes. (Petrocelli y Yastrzemski fueron los únicos bateadores de más de 30 años en ir al plato más de 350 veces para aquel equipo de los Medias Rojas). No cuesta mucho establecer paralelismos con David Ortiz y Dustin Pedroia, dos íconos quienes ahora fijan el tono de los Medias Rojas. Betts tiene un casillero al lado de Pedroia en Fenway Park y le ha dado crédito a la influencia de Pedroia más de una vez por ayudarle a mantenerse optimista a través de un abril incómodo. “Ellos tienen alrededor grandes personajes en Ortíz y Pedroia”, dijo Evans, “y van a aprender de esos tipos. Es como estar alrededor de tipos como Petrocelli, como Yaz. Ellos todavía están trabajando en conseguir el sentimiento. Una vez que lo consigan, van a despegar”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 8 de mayo de 2015

Hablando de pelota con el autor de Gil Hodges: Una Vida de Salón de la Fama

Bruce Markusen. 15-04-2015 Uno de los mejores libros de beisbol nuevos de esta primavera es la biografía de Gil Hodges por Mort Zachter, sin discusión la mejor narrativa publicada sobre el antíguo primera base de los Dodgers de Brooklyn. Como dijo Jim Burns de Library Journal en su revisión de Gil Hodges: Una Vida de Salón de la Fama, “Zachter presenta un exhaustivo recuento de la vida de Hodges, profusamente documentado pero altamente leible…Los aficionados quienes recuerdan a los vagos de Brooklyn y a los milagrosos Mets harán de este libro una lectura obligada”. Si eres un seguidor del trabajo de Hodges con los Dodgers o de su estadía de cuatro años como manager de los Mets de Nueva York, encontrarás mucho material que revisar en la biografía de Zachter. Profusamente detallado y altamente recomendado, el libro explora a Hodges desde muchos ángulos, incluyendo un examen de los factores que desembocaron en su muerte prematura la primavera de 1972. A finales de marzo, entrevisté a Zachter en referencia al libro, cubrimos tópicos desde la segunda guerra mundial hasta los esfuerzos del autor por entrevistar a la viuda de Hodges, Joan. Markusen: Gil Hodges perdió dos temporadas completas sirviendo en la marina durante la segunda guerra mundial. ¿Piensas que habría pasado esas dos temporadas en Brooklyn, o habría regresado a las ligas menores? Zachter: Él probablemente habría ido a las ligas menores. Si, pienso que habría estado en las menores. Si la guerra no hubiese ocurrido y no hubiese existido la regla de los tres años (una vez que habían pasado tres años desde el momento cuando un veterano militar había sido puesto en el roster por primera vez, no podía ser regresado a las ligas menores sin pasar por waivers), entonces probablemente él habría ido de vuelta a las menores. Con la regla de los tres años para los jugadores en servicio militar, ellos solo podían mantenerlo en las menores por otra temporada después de la guerra. La regla de los tres año era un instrumento para proteger a los jugadores quienes habían jugado en las mayores antes de la guerra. Si los Dodgers hubieran tenido un cátcher de confianza en 1944 (lo tenían en Mickey Owen), no habrían mantenido a Hodges en la banca. LO hubieran querido desarrollándose en las ligas menores. Él era muy valioso como bateador de poder para permanecer sentado en la banca como tercer cátcher y no jugar. Tenía un swing muy rápido y podía atacar cualquier pelota en la esquina de adentro. Él sacrificó su promedio de bateo para cumplir la tarea que los Dodgers le asignaron, halar la pelota y empujar carreras con poder. Sin esa situación, la guerra y la regla de los tres años, Hodges habría ido a las menores, probablemente por otra temporada. Si no hubiera una guerra, él probablemente habría tenido dos temporadas adicionales en las Grandes Ligas, 1945 y 1946. Por supuesto, todo es una conjetura. Markusen: ¿Cuan difícil piensas que fue para Hodges hacer la transición desde cátcher hacia primera base? Zachter: Debido a que estaba motivado a estar en las Grandes Ligas, y él era un atleta increíble, un baloncetista, esto fue retador, pero no era algo que no pudiera hacer. En una era más moderna, en el caso de Mike Piazza (a quien le pidieron moverse a primera base), el fue un cátcher toda su carrera, y no estoy seguro que él fuese el atleta completo que era Hodges. Hodges fue un atleta multideportivo. Jugó baloncesto y también fue estrella de pista y campo; hizo lanzamiento de bala. Algunos dicen que era el mejor atleta de los Dodgers, quizás mejor que Jackie Robinson. Hodges era muy rápido de pies. Podía anticipar los toques por primera base. También era increíblemente adepto a los aspectos mentales del juego. Era inteligente para el beisbol. Markusen: Uno de los pocos peloteros quien criticó a Hodges fue su compañero de equipo Dick Williams, quién se quejaba de que Hodges y otros veteranos de los Dodgers se aislaban de los novatos en Brooklyn. ¿Cómo reconcilias esa visión con la percepción de Hodges como uno de los líderes de los Dodgers? Zachter: Pienso en el caso de Dick Williams, él estaba en el roster de Grandes Ligas debido a una regla similar a la de los tres años que afectó la carrera de Hodges. Williams tenía que estar en el equipo debido a una regla similar luego de la guerra de Corea. Los jugadores de los Dodgers sabían eso. Sabían que una temporada se podía reducir a una jugada o un juego. Pienso que había resentimiento hacia personas como Williams, quienes estaban en el equipo y no deberían haber estado. Sandy Koufax, quién era un novato con bono, dijo que lo afectó algo similar, como le ocurrió a Williams. Para otros peloteros jóvenes como Don Drysdale y Bob Aspromonte, quienes merecían indiscutiblemente estar en el equipo, Hodges fue muy receptivo con ellos. Hodges era grande en la apreciación de todos los 25 puestos del roster y se aseguraba de utilizar a todos esos peloteros. Eso se convertiría en una de sus filosofías como manager. Pero aún como pelotero, el valoraba cada puesto del roster. Y si el pensaba que no pertenecías, podría existir algún resentimiento. Basicamente, Williams no era para nada el tipo de pelotero que le gustaba a Hodges. Algunas personas gustan de otras personas, y algunas no. Había un choque. Markusen: Como manager, Hodges parecía haber encaminado a los Senadores de Washington en la dirección correcta como franquicia. ¿Te sorprende que lo hayan dejado ir, aun cuando recibieron alguna compensación? Zachter: Por lo que leí e investigué, esa fue una situación relacionada a los 100000 $ que pendían sobre ellos. Los Senadores no era un equipo bien financiado, y enecesitaban el dinero. Hodges tenía una buena relación con el gerente general George Selkirk. Le agradaba a Selkirk, pero este sabía que Hodges quería regresar a Nueva York con su familia. Inicialmente, Hodges quería completar el contrato. Era un profesional y veía el progreso que había logrado en Washington. Profesionalmente sabía lo que había hecho en Washington, y no sabía lo que ocurriría en Nueva York. Pero llegó la oportunidad. Selkirk dijo que había varios equipos interesados en Hodges. Era reconocido como uno de los mejores managers del beisbol. Varios peloteros, incluyendo a Dave Baldwin, dijeron que el hombre que suplantó a Hodges, Jim Lemon, era un manager terrible. Los peloteros notaron que extrañaban a Hodges, quién era particularmente bueno con los pitchers. Era el manager perfecto para un equipo joven como los Senadores. Si un pelotero joven estaba dispuesto a trabajar duro, Hodges le dedicaba el tiempo para trabajar con él para mejorar. Se necesita de mucho para ser el manager. Frank Howard quizás dio lo mejor. Cuando diriges un equipo difícil, es cuando de verdad tienes que dirigir. Hodges trabajaba duro en Washington. Maximizó los resultados de aquellos equipos inferiores de los Senadores. Markusen: Acerca del famoso incidente del 30 de julio de 1969, cuando Hodges se fue hacia el jardín izquierdo y sacó a Cleon James del juego por no fajarse. Jones siempre ha dicho que estaba jugando con un tobillo adolorido. ¿Quién crees que estaba en lo correcto? Zachter. La palabra “correcto” puede tener significados diferentes. En un sentido, ambos estaban equivocados. Si Jones estaba lesionado, debió haberlo dicho y salirse del juego desde el comienzo. Luego de tomar la pelota, hasta el tiro que hizo al infield fue descrito como un globo. Él no hizo el esfuerzo que Hodges esperaba. Eso causó que Hodges rompiera una de las leyes cardinales de la dirección de un equipo. No se debe avergonzar o dejar en evidencia a los peloteros. Cuando él criticaba a los peloteros, lo hacía en la privacidad de su oficina. Hasta con una mirada, él podía reprimir al pelotero. Ambos cometieron falta. Jones no hizo el esfuerzo al 100%. Pienso que Hosges pudo haber manejado la situación sin salir al campo. Esa fue realmente una excepción respecto a la forma como usualmente él se comportaba. No se pudo contener. Markusen: ¿Cómo catalogarías la actuación de Hodges como manager en 1969? ¿Es justo decir que esa fue la demostración más grande de cómo dirigir un equipo en la historia moderna? Zachter: Diría que ese tiene que ser uno de los grandes logros en la dirección de un equipo de beisbol. Hodges fue el maestro de lo psicológico y lo pragmático. Era un maestro para conocer el momento preciso para dar una charla motivacional a los jugadores. Las personas piensan que el incidente de Jones fue el punto de partida, pero tuvieron marca de 7-8 en sus próximos 15 juegos. El verdadero punto de partida llegó después. Era 13 de agosto, los Mets estaban listos para tomar un largo viaje desde Houston, donde habían perdido tres juegos seguidos. Hodges cerró la puerta del clubhouse y les dejó saber a los peloteros todo lo que sentía. Los fustigó. De acuerdo a Don Clendenon, fue una real “patada en el trasero”. El equipo respondió ganando nueve de sus próximos 10 juegos (y 12 de 13) Más adelante en su carrera, Jon Matlack dijo que Hodges fue el mejor manager de los últimos tres innings a quién vio dirigir. Era muy buena en la dirección del juego. Una de las mejores entrevistas que hice fue con Claude Osteen, quién jugara para Hodges con los Senadores. En 1970, Osteen estaba con los Dodgers. En el Juego de las Estrellas de 1970, Hodges pudo haber elegido a Hoy Wilhelm. Pero sabía que Osteen lo podía hacer, lo había entrenado, y confiaba en él. Hodges lo llamó y Osteen pitcheó tres innings en blanco para terminar el juego. Markusen: No quiero que esto suene incómodo, pero ¿piensas que Hodges y los Mets debieron prevenir el ataque cardíaco de 1972, dada su historia de fumador y su ataque cardíaco previo? En retrospectiva, ¿debieron ellos haber hecho algo diferente, en términos de la manera como manejaron su salud? Zachter. Ellos hicieron ciertas concesiones por su salud luego de su primer ataque cardíaco en 1968. Si terminaban una serie con un juego nocturno, no viajaban esa noche; esperaban hasta el próximo día de manera que Hodges pudiera descansar. Ellos, tampoco le permitían lanzar práctica de bateo. Entrevisté al que fue su doctor desde 1968; él falleció este pasado invierno. Me dijo que en aquel entonces no había mucho que pudieran hacer. En tiempos más modernos, una cirugía de corazón o un stent habrían sido una opción. Nadie de la gerencia iba a decirle que se lo tomara con calma; él era muy independiente. Nadie le habría dicho que hacer. No sé que más podrían haber hecho. Markusen: Estoy fascinado por la relación de Hodges con Tom Seaver. Ellos solo tuvieron una pocas conversaciones largas, pero Seaver siempre ha declarado que Hodges fue el mejor manager que tuvo. Zachter: A grandes rasgos, Hodges de alguna manera dirigía a través del miedo que inspiraba en sus peloteros. Era físicamente intimidante, un tipo alto y fuerte, que cuando se molestaba, lo hacía con mucha intensidad. Parte de la manera como dirigía estaba relacionada con mantenerse poco amigable con los peloteros. Estoy seguro de que eso era intencional. Él había sido entrenado por los militares; quería mantener distancia, porque sabía que en cualquier momento tendría que prescindir de un pelotero o cambiarlo. En el caso de Seaver, ellos solo hablaron de beisbol una media docena de veces . Aquí está otro ejemplo. Ralph Kiner, quién empezó a narrar juegos de los Mets en 1962, conocía a Hodges desde que eran peloteros activos. Y él todavía narraba juegos en 1968 cuando Hodges regresó a Nueva York. Kiner nunca salió a cenar con Hodges. Gil también mantenía su distancia con los narradores. El tenía un círculo de allegados cerrado, sus coaches, incluyendo a Joe Pignatano y Rube Walker. Como lo dijera Dave Baldwin, si le oías algo a Walker, era como si lo oyeras del propio Hodges. Por una parte, Hodges era un tipo muy agradable, muy bueno con los niños y los aficionados, amable con los reporteros. Pero por otro lado, era muy reservado. No era un gran conversador. El propio tipo tranquilo. Markusen: Pregunta final para Mort Zachter. La viuda de Hodges, Joan, prefirió no hablar con usted para este proyecto de libro. ¿Tiene usted alguna idea de porqué ella le negaría una entrevista? Zachter: Mi parecer es que cuando conseguí el contrato en 2006 y la contacté por primera vez, nunca había publicado un libro. Ella probablemente sintió que yo no era el escritor que mereciera escribir sobre Gil. Esa es mi sospecha. Dos o tres años después, ella acordó trabajar con dos tipos veteranos, Danny Peary y Tom Clavin. Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning en el Salón de la Fama del beisbol. Él ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A’s, el cual fue premiado con la Medalla Seymour de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.