jueves, 11 de febrero de 2016
Esquina de las Barajitas: Jerry Grote, el gran trabajador.
Bruce Markusen. Octubre 2015.
Con los Mets de Nueva York de vuelta en la Serie Mundial por primera vez desde el año 2000, inevitablemente me encontré pensando acerca de la primera vez que los Mets se aventuraron en el territorio de la gloria de otoño. Aquellos Mets de 1969 ejecutaron uno de los cinco mejores batacazos en la historia de la Serie Mundial, al vencer al equipo de los Orioles de Baltimore que tenía el impresionante talento de una dinastía.
Al pensar en aquellos Mets del ’69, los esfuerzos épicos de los inquilinos del Salón de la Fama, Tom Seaver y Nolan Ryan en la postemporada vienen a la mente, asi como los jonrones heroícos de la adquisición de mediados de temporada Donn Clendenon y la atrapada salvadora de la Serie Mundial de un atípico acróbata Ron Swoboda. Todo esto fue hermosamente orquestado por el estricto Gil Hodges, un manager quien fue amado y respetado, quizás en cantidades iguales, por sus peloteros.
Sin embargo, hay una tendencia a olvidar las contribuciones de algunos de los Mets de 1969, algunos de los cuales eran peloteros circunstanciales y algunos quienes permanecen en la oscuridad. Quizás en el tope de la primera lista está un cátcher de la vieja escuela llamado Jerry Grote, quien nunca será confundido con Gary Carter, Mike Piazza, o hasta Todd Hundley cuando se trata de batear una pelota de beisbol. Pero en las más sutiles areas de la defensa y el corrido de bases, el endurecido Grote fue tan responsable como los Mets más famosos por hacer campeones mundiales a unos recién llegados.
De todas las barajitas de beisbol que Topps ha producido, ninguna epitomiza más al jugador mostrado en ella que la barajita de Jerry Grote de 1971. Ese fue el primer año que Topps usó acciones del juego en curso en sus barajitas, y ninguna de las tomas de acción es mejor que la imagen de Grote. Lo vemos actuar en un juego, casi con certeza durante la temporada de 1970, en Shea Stadium. Grote y los Mets enfrentan a los Cardenales de San Luis, como es evidenciado por la presencia del personal de los pájaros rojos en el dugout de tercera base. (Específicamente el coach veterano Dick Sisler, el hijo del inquilino del Salón de la Fama, George Sisler, usando el número 5).
Momentos después de hacer contacto con un lanzamiento de un pitcher desconocido de los Cardenales, vemos a Grote salir desde el cajón de los bateadores derechos. Su cabeza gacha, sus brazos agitados con furia, Grote corre como si fuese el séptimo juego de la Serie Mundial, no un juego de mediados de verano perdido en el tiempo y la memoria.
Grote no creía en arrojar el bate, o agitar los puños, o trotar hacia primera base cuando bateaba un rodado al montículo. Para un jugador como Grote, la manera como lo vemos corriendo en esta barajita Topps era su manera preferida de correr al batear, fuese roletazo imparable, elevado al cuadro, o elevado largo a la zona de seguridad. En la mente de Grote, esa no era solo la manera correcta de jugar el juego; era la única manera de hacerlo.
Grote podría no haber encajado con el juego de hoy, el cual está lleno con más vedetismo que la era que precedió a la libre agencia. Así como a Jerry Grote no le gustaba posar en la caja de bateo, a él tampoco le gustaba fraternizar con los contrarios. A él no le agradaba hablar con los medios, antes o después del juego. Solo quería jugar el juego de ese día, jugarlo duro, y ganar tan a menudo como fuese posible. Esos eran atributos que ayudarían a los Mets, nada más que en 1969, y de nuevo en 1973, cuando ellos sorprendieron al beisbol al ganar el banderín de la Liga Nacional.
Tendemos a pensar que Grote fue un miembro de toda la vida en los Mets, pero eso no es verdad. Es fácil olvidar que él empezó su carrera en la organización de los Colt .45s de Houston. Grote hizo su debut en Grandes Ligas con Houston en septiembre de 1963, cuando entró a un juego en los innings finales como reemplazo defensivo del receptor titular John Bateman. El 27 de septiembre, Grote fue parte de un evento inusual, los Colt .45s hicieron la primera alineación de puros novatos en la historia de las ligas mayores. Esa alineación tenía tres futuras estrellas en Rusty Staub, Joe Morgan y Jimmy Wynn.
En contraste con esos tres jóvenes talentos, Grote tendría dificultades con los Colt .45s. No porque careciera de compromiso o esfuerzo. De hecho, Grote construyó su propia jaula de bateo en la casa de sus padres en San Antonio. La hizo con tela metálica y alfombras viejas, y pasaba horas durante el invierno tomando práctica de bateo contra una máquina de pitcheo “Iron Mike”.
Por más que trabajaba en su bateo, Grote continuaba fallando ante el pitcheo en vivo, bateó .181 con .240 de porcentaje de embasado y poco poder con Houston (para ese momento renombrado Astros). Para finales de la temporada de 1965, los Astros se cansaron de esperar por el bateo de Grote y lo cambiaron a los Mets por un pitcher llamado Tom Parsons.
El cambio fue uno de los mejores que el inquilino del Salón de la Fama George Weiss, realizó como gerente general de los Mets. Con sabiduría, Weiss escuchó el consejo de uno de sus principales scouts, Red Murff, quien había firmado originalmente a Grote mientras trabajaba para la franquicia de Houston.
Con Grote como catcher titular para la temporada de 1966, los Mets evitaron la marca de 1as 100 derrotas por primera vez en la historia de su joven franquicia. La competitividad de Grote impresionó a sus compañeros de equipo, algunos de los cuales empezaron a jugar el juego con más determinación. Dada su dureza y defensa estelar detrás del plato, a los Mets no les importó que Grote solo bateara .237 con apenas tres jonrones.
Grote a veces llevaba esa competitividad a los extremos. Para muestra un ejemplo, él desarrolló un hábito interesante detrás del plato. Cuando un pitcher de los Mets registraba el tercer out del inning con un ponche, Grote lanzaba la pelota al lado del montículo opuesto al dugout del otro equipo. Él hacía eso para obligar al pitcher enemigo a caminar un poco más antes de doblarse para tomar la pelota. Eso podría haber parecido insignificante, pero en la mente de Grote, valía la pena hacer que el pitcher contrario ejerciera más esfuerzo.
Grote no solo sentía poco cariño por los contrincantes, él podía ser rudo con sus compañeros. Esa actitud se trasladaba a sus relaciones con los medios. Él no tenía mucha paciencia para las preguntas de los periodistas; los veía como extraños que se entrometían en la santidad del clubhouse. Y luego estaba su antagónica relación con los árbitros, la cual alcanzó un punto bajo durante la temporada de 1967. El manager de los Mets, Wes Westrum enfrentó un déficit de peloteros, solo 21 cuerpos sanos, para un juego de mediados de temporada contra los Dodgers de Los Angeles. Luego de entrar al juego como corredor emergente en la parte de arriba del séptimo inning, Grote tomó su lugar detrás del plato. Casi inmediatamente, Grote empezó a quejarse acerca de la zona de strike del árbitro del plato, Bill Jackowski. Al final del inning, Grote prolongó su diatriba, gritando a Jackowski desde el dugout y luego lanzó una toalla al terreno.
Jackowski no tuvo otra opción que expulsar a Grote. Eso creó un problema mayor para Westrum, quien ahora no tenía receptores sanos. En su desesperación, Westrum presionó al jardinero Tommie Reynolds para que sirviera como su cátcher de emergencia.
No solo Westrum multó a Grote por sus acciones, sino que el gerente general Bing Devine buscó a Grote después del juego y le reclamó por su indiscreción. Grote aprendió une valiosa lección: Tenía que controlar su temperamento por el bien del equipo.
Para 1968, Grote había revisado su actitud hacia los árbitros. “Reflexioné y me dije que no iba a discutir, sin importar de que se tratara”, le dijo a Dick Young de New York Daily News. “Ellos no son tipos malos”.
Un pelotero más sabio luego de las observaciones de Devine y Westrum, Grote aún quería mejorar su perfíl como bateador. Bateó sobre .300 en la primera mitad de 1968, lo cual le valió ser seleccionado como el cátcher abridor en el Juego de Estrellas. Se convirtió solo en el segundo Met en la historia que ganaba un puesto como abridor en el equipo de la Liga Nacional para el Juego de Estrellas, uniéndose al segunda base Ron Hunt en un grupo selecto. Grote terminaría la temporada con un sólido .282, pero en vez de aceptar el reconocimiento por el avance, él acreditó al nuevo manager Hodges por ayudarlo a recortar su paso y a hacer más rápido el swing.
Mientras Grote elogiaba a su manager, Hodges reconocía la dureza de Grote. Un ejemplo clásico ocurrió en septiembre de 1969, Grote actuó en ambos juegos de una doble cartelera contra el equipo de expansión Expos de Montreal. Totalizó 21 innings en los dos juegos, una cantidad inusual de trabajo dadas las exigencias extremas de la posición.
Hodges sentía que era importante para Grote quetchearle al talentoso y joven cuerpo de lanzadores de los Mets tan a menudo como fuera posible. Aunque el promedio ofensivo de Grote cayó 30 puntos en 1969, él mejoró su manejo del cuerpo de lanzadores y eso impresionó enormemente a Hodges. Su juego defensivo también alcanzó el tope en su carrera. Incurrió en solo cuatro passed balls e hizo out a 40 de 71 corredores que le salieron a robar, lo cual representa una impresionante tasa de éxito del 56 porciento. En un deporte donde los mejores robadores de bases tienen éxito 80 porciento del tiempo, los números de Grote desafían la lógica.
Con Grote sacando lo mejor de un joven cuerpo de lanzadores, los Mets remontaron para alcanzar a los Cachorros de Chicago y ganar el este de la Liga Nacional. Grote despachó imparables clave en el segundo y cuarto juego de la Serie Mundial, ambos impactos apoyaron rallies importantes. Grote jugó un papel sutil en el campeonato mundial inesperado de los Mets.
Grote siguió siendo el cátcher titular de los Mets por las próximas dos temporadas: la campaña de 1971 tuvo su punto más brillante cuando él apareció en la portada de Sports Illustrated. Ese mismo año, el inquilino del Salón de la Fama, Lou Brock, de los Cardenales de San Luis le dio a Grote el mayor de los cumplidos, se refirió a él en el Sporting News como el “cátcher de la liga más difícil para robarle una base”.
Entonces vino la tragedia que afectó a todos los Mets en 1972; La muerte inesperada de el querido Hodges durante el entrenamiento primaveral. Poco después que Yogi Berra asumiera como manager, pasó a Grote a la reserva y convirtió a Duffy Dyer en su cátcher No. 1. Algunos observadores de los Mets especularon que Berra prefirió a Dyer porque tenía más poder al bate que Grote, pero el nuevo manager en verdad estaba protegiendo a su cátcher veterano. Grote tenía problemas con varios fragmentos de hueso en su codo de lanzar, una condición que requeriría cirugía en septiembre.
La siguiente primavera, Grote regresó a su papel como catcher titular, pero una recta descontrolada del relevista de Pittsburgh Ramón Hernández le rompió un hueso del antebrazo derecho y lo incapacitó por dos meses. Una vez más, Grote tuvo que trabajar para regresar, eventualmente subió su promedio desde los .170s hasta los .250s. Grote y los Mets regresaron a la postemporada y la Serie Mundial, antes de perder con los poderosos Atléticos de Oakland en siete juegos. Como lo hizo en 1969, Grote recibió cada inning de la postemporada en 1973.
En 1974, Grote logró su segunda selección al Juego de Estrellas, pero continuó sufriendo lesiones ese verano y terminó compartiendo la posición con Dyer. Como los Mets estaban cada vez más preocupados por el desgaste del cuerpo de Grote, llevaron seis cátchers al entrenamiento primaveral de 1975. Ahora Dyer estaba fuera de la ecuación, había sido cambiado a Pittsburgh, pero el veterano Jerry Moses y el impresionante novato John Stearns habían llegado para superpoblar la situación de la receptoría.
Justo cuando Grote parecía estar perdiendo su habilidad como receptor, él regresó para ganar la competición. Los Mets vendieron a Moses a los Padres, para asegurar un puesto para Grote en la rotación de cátchers. Jugando con dolencias en la espalda, Grote bateó .295, lideró a los cátchers de la Liga Nacional en porcentaje de fildeo, y sorprendió a seis corredores en las bases.
No fue sino hasta 1977 que Grote cayó a un papel menor. El manager Joe Frazier hizo de Stearns su cátcher titular y empezó a usar a Grote en tercera base. Esa situación terminó a finales de mayo, cuando llegó Joe Torre como manager-jugador. Torre decidió mover a Lenny Randle desde segunda base a tercera base y reinstalar a Grote como su cátcher de reserva detrás del prometedor Stearns.
La temporada de 1977 representó un año de movimientos masivos para la franquicia de los Mets. Para la fecha tope de cambios del 15 de junio, los Mets empezaron a desmantelar el equipo al cambiar a Seaver y Dave Kingman en un par de negociaciones. La liquidación continuó a finales de agosto, cuando los Mets enviaron a Grote, de 35 años a los Dodgers de Los Angeles. Grote se convirtió en respaldo de Steve Yeager por el resto de 1977 y todo el ’78.
Luego de esa última temporada, Grote se convirtió en agente libre. Él recibió una llamada sorpresiva del presidente de los Yanquis de Nueva York, Al Rosen, quien le ofreció a Grote un contrato de dos años. Rosen le explicó a Grote que jugaría máximo 40 juegos por temporada como respaldo del cátcher Todos-Estrellas, Thurman Munson. Grote consideró la oferta, pero también tenía dificultades familiares en ese momento. Como la familia tenía prioridad sobre el beisbol, él decidió retirarse.
El retiro duró solo dos temporadas. Grote decidió regresar a la acción en 1981, esta vez con los Reales de Kansas City (lo cual le da una conexión con el oponente de los Mets en la Serie Mundial de 2015). Más maduro que en sus días de alta intensidad con los Mets, Grote aceptó un papel como tercer cátcher detrás de John Wathan y Jamie Quirk. Disfrutó un último gran momento el 3 de julio, cuando fijó un record para los Reales con siete carreras empujadas en un juego contra los Marineros de Seattle. Grote eventualmente subió su promedio en la temporada a .304, per sorpresivamente fue despedido el 1 de septiembre. Siete días después, firmó con los Dodgers, participó en dos juegos para terminar la temporada, y entonces decidió retirarse ese invierno.
Con sus cualidades de jugador activo fuera de circulación, era natural que Grote buscara ser manager. En 1985, Grote se desempeñaba como manager de los Barons de Birmingham, el afiliado de los Tigres de Detroit en la Southern League AA, cuando de pronto se quedó sin cátchers sanos en medio de una doble cartelera. Entre los juegos, Grote telefoneó a su gerente general y le pidió permiso para ser activado para el juego de la noche. El gerente general le dijo que si, así que Grote, de 42 años, se puso la pechera, las rodilleras, y la máscara, y le dio un último intento a la receptoría. Grote jugó sin errores y ejecutó con destreza un toque de sacrificio, para dejar impresionados a sus jóvenes “compañeros de equipo”.
Aún en sus cuarentas, algunos cuatro años después de sus últimos días como grandeliga, Grote había retenido la misma determinación que mostró en su barajita Topps de 1971. Para un practicante de la vieja escuela como Grote, cuando se trata de ser profesional y jugar el juego, nada ha cambiado.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 10 de febrero de 2016
El actor Dwier Brown aún está impactado por su papel icónico en El Campo de los Sueños (Field of Dreams)
24-01-21016. The Baseball Historian.
La película Field of Dreams toca todas las notas artísticas, emocionales y de entretenimiento. No es solo una película de beisbol, también trata de la redención, perseguir sueños y las complicadas relaciones entre padres e hijos. Un personaje significativo determinante en la fluidez de toda la historia fue interpretado por el actor Dwier Brown, quien 30 años después, todavía está profundamente impactado por su icónico papel y el juego de lanzarse la pelota que ejecutó con Kevin Costner.
Para los dos o tres de ustedes quienes aún no hayan visto la película, Field of Dreams trata del granjero Ray Kinsella, un agricultor de maíz de Iowa con una joven familia y una significativa cantidad de lamentos. Él ama el beisbol y conversar de Shoeless Joe Jackson, el exiliado y desgraciado antiguo jardinero, quién era el protagonista de las historias que le contaba su padre. Sin embargo mientras crecía, Ray se alejó de su padre y le infligió una herida profunda al rechazar jugar a lanzarse la pelota con él antes de irse a hacer su vida. Nunca volvieron a hablarse, y su padre falleció poco después. Años después, Ray descubre que su maizal no solo tiene el atributo mágico de reconectarlo con el beisbol sino que también puede ayudar a facilitar la redención de maneras sorprendentes.
Estrenada en 1989, Field of Dreams está basada en el libro de W.P. Kinsella, Shoeless Joe. Protagonizada por Costner y James Earl Jones, uno podría pensar que la película es dominada por sus estrellas, pero estaría equivocado. La película entera es un maravilloso esfuerzo de equipo, y Brown, quien solo aparece en los cinco minutos finales como John Kinsella, el padre de Ray, se roba el show con una escena emocional que puede sacar lágrimas al más rudo de los individuos.
Cuando se filmó la película él aún no llegaba a los 30 años de edad, Brown ya era un actor veterano, había trabajado en proyectos notables como The Thorn Bird y The Twilight Zone. Su experiencia fue puesta en buen uso para convertir un papel con un tiempo tan pequeño de pantalla en otro que será recordado por siempre. Haciendo dueto con Costner, él se faja con el legendario actor palmo a palmo y el resultado es una escena emotiva, poderosa y sorprendente.
Brown sigue actuando, en televisión y películas. También ha publicado un libro titulado If You Build It…: A book about Fathers, Fate, and Field of Dreams (Si lo construyes…: Un libro acerca de Padres, Destino y Campo de los Sueños). Es una memoria de su vida, su trabajo en la película y como eso terminó impactándolo de manera poderosa e inesperada.
Siga leyendo para saber más acerca de Dwier Brown y su papel cinematográfico de una vez en la vida, y como conectarse con él en línea y a través de las redes sociales.
Entrevista de Dwier Brown.
¿Cuál fue su experiencia con el beisbol al crecer?
Mi padre me enseñó a quetchear con su guante de dedos separados de los años ’30. Participé en las pequeñas ligas desde niño y jugué a lanzar la pelota infinitamente con mi hermano mayor y otros niños de granjas vecinas de Ohio, donde crecí. Era bueno con el guante pero tuve problemas con el bate por mucho tiempo. Estuve muy triste cuando no pasé el corte del equipo de beisbol en mi primer año. Pero algunas veces le digo a mis amigos que fueron estrellas de ese equipo de beisbol que yo reí de último, fue mi fotografía que terminó en el Salón de la Fama del Beisbol (por la película).
¿Cómo se interesó en actuar?
Al crecer en una granja, mi hermano, mi hermana y yo siempre estábamos buscando cosas divertidas que hacer que no implicaran trabajar. Mi hermana empezó a actuar en obras de la escuela, entonces mi hermano creó un pequeño grupo de teatro comunitario y empecé a participar en sus producciones. Yo disfrutaba al pretender ser alguien más y hacer reir a la gente. Mi hermana y mi hermano dejaron de actuar, y yo seguí actuando en la universidad y entonces me mudé a Chicago para involucrarme en obras y teatro de improvisación.
Por favor, explique como logró el papel de John Kinsella en Field of Dreams.
La audición fue como cualquier otra programada para mi por mi agente. Ya había leído el libro Shoeless Joe, en el cual se basó la película, y me gustó mucho, así que trabajé muy duro en la audición (la cual se remitía a las últimas cinco páginas del guión). Traté de crear tanta magia como pude en la pequeña sala de pruebas, pero sabía que iban a probar a muchos actores para ese papel (tal vez 200-300 tipos). Les tomó mucho tiempo en dirigirse a mí, asi que había perdido toda esperanza cuando finalmente me dijeron que ¡yo iba para Iowa!
¿Cuál es su memoria favorita de la filmación?
Como había disfrutado mucho el libro Shoeless Joe , una de mis mejores memorias de la filmación era manejar por la prolongada carretera de la granja Lansing por primera vez y ver ese perfecto diamante de beisbol en el medio de los maizales como los que me habían rodeado cuando crecía. ¡Me sentía como en el cielo! Ahí estaba, mezclando mi niñez en una granja con mi sueño imposible de convertirme en actor, al filmar esta película mágica en esta hermosa granja. (Conocer a James Earl Jones fue muy sorprendente, también, pero eso se puede leer en el libro).
¿Cuantas tomas (y cuanto jugó a atrapar la pelota con Kevin Costner) para los momentos finales de la película?
Debido a que el director Phil Robinson y el cineasta John Lindley decidieron filmar la escena final en la “hora mágica” (esos quince minutos de luz dorada después de la puesta del sol), filmábamos un pedazo de esa escena casi cada noche por dos semanas. Filmábamos todo lo que podíamos hasta que oscurecía, entonces hacíamos un ángulo diferente el día siguiente. Uno de los grandes retos de la escena para mi fue tratar de recrear el delicado estado emocional de ese momento final, día tras día de manera que pareciera una acción contínua. Para la filmación de la secuencia final, entre el helicóptero, la luz solar desvanecida y los 3000 extras en sus carros, pensamos que tendríamos solo una toma. Había mucha tensión. La primera toma no pareció buena, hicimos otra. Aún no parecía buena. Phil hizo un pequeño ajuste y lo intentamos una tercera vez. Para ese momento estaba muy oscuro para tratar otra. Afortunadamente la tercera toma funcionó, porque cuando ellos tuvieron la película del laboratorio, las primeras dos tomas estaban negras. Jugar a lanzar la pelota fue la parte más fácil. Pero tengo que admitirlo, nunca estuve más nervioso por dejar caer la pelota…
¿Cuándo notó por primera vez que usted tenía algo especial con esta película?
Para la mayoría de los involucrados en la película, pienso que eso ocurrió en las pruebas y en las entrevistas del elenco una semana antes del estreno. Había pasado casi un año desde que habíamos filmado en Iowa y la mayoría de nosotros había trabajado en otros proyectos en ese tiempo. Desde el comienzo, se podía decir que la película había salido bien, hermosa cinematografía, buena edición, gran anotación y actuaciones maravillosas. Los miembros del elenco tienden a ser un poco necios en estos eventos, ríen de momentos embarazosos que recuerdan de la filmación y se gastan bromas con chistes “íntimos”. Pero cuando se acerca el final, una extraordinaria quietud cae sobre nosotros mientras nos perdemos en la historia. A pesar del hecho de que trabajamos en la película y sabíamos exactamente lo que iba a pasar, pienso que no había un solo ojo seco en la casa.
¿Cuál es la pregunta más común que recibe de los fanáticos?
¿Cómo es Kevin Costner?
Esa escena final se convirtió en un ícono para padres e hijos. ¿Cómo le ha impactado eso?
Desde el estreno de la película en 1989, he sido reconocido por docenas de fanáticos quienes me han contado sentidas historias acerca de sus relaciones con sus padres y como esa película cambio sus vidas. En muchos casos, ellos me cuentan historias de culpa, o lamento, o alegría, con lágrimas en los ojos, todo mientras estamos parados en un aeropuerto o una tienda de comestibles. Algunas veces me siento como un cura quién atiende el confesionario en la calle. Desde que mi padre murió inesperadamente un mes antes de que filmáramos la película, he llegado a pensar que esta es la forma de mi padre de permanecer presente en mi vida. Es mi propio pequeño viaje al maizal, donde las personas tienen una segunda oportunidad con sus padres.
¿En cuales proyectos trabaja en la actualidad?
Desde que publiqué mi libro, If You Build It… A book about Fathers, Fate and Field of Dreams, me han pedido que haga presentaciones y charlas en salones y estadios a lo largo del país. He compartido con aficionados y lanzado primeros pitcheos en Fenway y Kauffman, conocí docenas de inquilinos del Salón de la Fama y Todos Estrellas, y hablé con cientos de aficionados acerca de sus padres, hijos e hijas. Continúo recibiendo ofertas del cine y la televisión y en la actualidad trabajo en una película llamada, The Rain (La Lluvia).
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Bruce Hurst, el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial que no fue.
Dan Shaugnessy. The Boston Globe. 01-12-2015.
Todos esos peloteros de los Medias Rojas que llegaron cerca pero nunca ganaron un campeonato…usted conoce la lista… Ted Williams, Johnny Pesky, Carl Yastrzemski, Carlton Fisk, Luis Tiant . . .
Bruce Hurst está ahí con ellos. Y él llegó más cerca que cualquiera de ellos.
El próximo octubre se cumplirán 30 años.
¿Quizás usted ha visto el video? ¿Rolincito al primera base Bill Buckner? Vin Scully exclamando, “¡Detrás de la almohadilla y los Mets ganan!”
Ese ni siquiera era el séptimo juego de la Serie Mundial. Era el sexto juego. Y antes de que ocurriera esa jugada, Bruce Hurst había sido elegido el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial de 1986.
Eso es correcto, muchachos y muchachas. Hurst , el zurdo de finos modales de St. George, Utah, iba a ser el Jugador Más Valioso de la primera victoria de los Medias Rojas en Serie Mundial en 68 años. La maldición del Bambino estaba a punto de terminar, y Hurst sería el MVP.
Él había vencido a los Mets 1-0 en el primer juego y 4-2 en un crítico quinto juego. Hurst mantuvo a los Mets en dos carreras en sus primeros 22 innings de Serie Mundial. Él fue nombrado prematuramente MVP antes que ocurriera la debacle en el cierre del décimo inning del sexto juego en Shea Stadium. Yo hablé con él por teléfono la semana pasada mientras el viajaba con su familia en Seattle, y Hurst dijo, “Tal vez solo soy un idiota, pero no puedo pensar en nuestro equipo del ’86 como no campeones mundiales”.
Esta bien. Hay un triple negativo ahí. Pero tiene sentido. Y eso dice que clase de evento tuerce mentes fue la Serie Mundial de 1986 para todos los involucrados. “No puedes llegar tan lejos y perder”, dijo Hurst. “Así que es difícil para mi decir que de alguna manera no lo hicimos. Si eso tiene algún sentido”.
“No cerramos el trato. Esos muchachos fueron campeones para mi. ¿Que tan diferente las personas habrían visto a tipos como Jimmy Rice y Dewey Evans si hubiésemos ganado?”
Hurst estará de vuelta en Boston esta semana como parte de The Tradition, la celebración anual deportiva de Boston que se efectuará la noche del miércoles en el Garden. Hurst estará ahí para presentar a su amigo de mucho tiempo, Danny Ainge, uno de cinco homenajeados en The Tradition.
Los otros homenajeados son Roger Clemens (presentado por Joe Castiglione), Gerry Cheevers (Harry Sinden), Joan Benoit Samuelson ( Bill Rodgers), Richard Seymour (Ty Law), y Don Rodman (Rob Gronkowski).
Hurst no viaja a Boston muy a menudo. Él lanzó para los Medias Rojas por nueve temporadas antes de terminar su contrato y firmar con los Padres de San Diego luego de tener marca de 18-6 en 1988. Lanzó en las mayores hasta 1994, ha vivido en Arizona por los últimos 16 años. Bruce y Holly Hurst tienen cuatro hijos y dos nietos.
“La vida es buena”, dijo él. “Realmente ha sido una gran vida”.
Hurst trabajó en el departamento internacional de la oficina principal de los Dodgers la temporada pasada, pero perdió su trabajo junto a otras 40 personas como parte de una reestructuración masiva de las operaciones de beisbol en agosto. Los Dodgers como muchos otros equipos de beisbol en 2015, están enfocados en títulos universitarios y analíticos.
“Pienso que terminé con el beisbol”, dijo Hurst. “Estoy molesto con eso. Es un mundo diferente a lo que solía ser. Me parece que ya no soy más una buena opción”.
Él espera reunirse con su antiguo compañero de equipo Clemens esta semana. Clemens y Hurst le dieron a los Medias Rojas un dominante duo derecho-zurdo desde 1986 hasta 1988, y los dos eran cercanos, dentro y fuera del campo. Fue en defensa de Hurst en 1988 que Clemens se metió en aguas calientes en una lamentable entrevista televisiva en la cual habló de peloteros teniendo que “cargar nuestras propias valijas”. El comentario fue el primero de muchos que enterraron a Clemens ante los ojos de muchos aficionados de los Medias Rojas.
Como el resto de los seguidores del beisbol en Estados Unidos, Hurst se removió en su silla cuando el nombre de Clemens apareció en el reporte de Mitchell y cuando el Cohete fue a un largo juicio versus su antiguo masajista.
“Fue difícil para mi ver eso”, dijo Hurst. “Para mi, Roger fue el compañero más grande de siempre. A nivel humano. Él conocía a todos los niños. Conocía a cada esposa, padres, hermanos. Cuando las cosas se ponían duras, había una palmada en la espalda, o decía algo, o dejaba un regalo en tu silla. Esas son cosas de las que el público no sabe.
“Si él hizo eso (esteroides), lo cual pienso que no hizo, ese no es el Roger que conocí. Tendría un momento muy duro asimilándolo, porque vi todas las cosas que él hacía para prepararse. Buen tipo. Buen muchacho”.
Hurst era aún más cercano con Ainge. Sus familias eran unidas. Ellos eran vecinos en Arizona cuando Ainge estaba con los Suns de Phoenix, y su amistad se remonta a los años ’80 caundo Ainge (un antiguo infielder de Grandes Ligas) era un alero regular de los Celtics y Hurst era un pitcher abridor de los Medias Rojas. No era inusual para Hurst salir de Fenway e ir a la práctica de los Celtics en Hellenic College de Brookline.
“Eso fueron grandes momentos”, dijo Hurst. “Ellos me dejaban lanzar con el grupo antes de la práctica. Larry. Kevin. Scott Wedman, Chief, DJ, todos ellos. Era por Danny. Siempre lo he considerado mi mejor amigo”.
¿Desea Hurst que no hubiese dejado nunca los Medias Rojas?
“Absolutamente”, contestó él. “Mis años en San Diego fueron buenos, pero profesionalmente, no hay nada como Boston. Es el lugar para jugar beisbol. Fenway Park es la meca. Estimaba mucho a los muchachos con quienes jugué allí. De verdad. Los extrañé cuando me fui. Estoy alegre de haber tenido unos pocos momentos allí”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 28 de enero de 2016
El pedazo de cielo de Ron Darling
Steven Kurutz. 02-06-2015. The New York Times.
Una mirada más cercana al apartamento de Ron Darling.
Edad 54
Ocupación: Analista de juegos de los Mets para SNY; antiguo jugador de Grandes Ligas.
Ubicación: Upper East Side. (Lado Superior Oriental).
Su habitación favorita: Una oficina que Mr. Darling llama “la versión de Nueva York de la cueva de un hombre”, en las alturas que él comparte con su esposa, Joanna, una diseñadora de interiores. Alejada en una esquina, esta es pequeña y tranquila, un espacio apacible de colores mudos y muebles básicos. Marie Kondo sería feliz aquí.
¿Qué amas de esta habitación?
Sé de muchas personas que viven en townhouses o un lugar en Village o algo por el estilo, pero me gusta vivir en lo alto. Estamos 37 pisos arriba. Se puede ver hacia Jersey. Citi Field en un día claro. Es muy hermoso y tranquilo aquí. Para una persona que se gana la vida hablando. Soy una persona muy tranquila por naturaleza.
Veo que estás viendo un juego de beisbol.
Es un Baltimore versus Boston, así que no se trata de los equipos que sigo. Pero si lo veo, me nutro de algunos cosas de los narradores. Si no lo estoy viendo al detalle, siento que consigo algo por ósmosis.
¿Donde están tus recuerdos de beisbol? ¿No es típìco de los exatletas tener una habitación de trofeos?
Pienso que 99 porciento de los tipos con quienes jugué tiene una habitación con todas sus cosas ahí. Yo no tengo eso. La mayoría de mis cosas está en casa de mis padres. Recuerdo cuando fui a la casa de TomSeaver en Greenwich cuando yo tenía 22 años de edad. Yo estaba en su oficina, y había dos gavetas abiertas llenas de pelotas de beisbol. Así que le pregunté por ellas durante la cena. Él dice, ‘Esas son los blanqueos’. Yo estaba, como, Ah ya entiendo. Yo nunca llenaré un escritorio de pelotas.
¿Le dejas a Joanna las decisiones de diseño, como digamos, amueblar esta habitación?
Se lo dejo a ella completamente. Una de las grandes cosas acerca de envejecer es que no tienes problemas en delegar. Yo estaba de gira. Y luego vine y esto lucía así.
Llévame a tu primer apartamento en Nueva York cuando eras un Novato de los Mets.
El primer apartamento que fue mio fue un quinto piso en East 53rd Street. Esa es una de las salidas de F.D.R., así que es una de las calles más concurridas, lo cual pensé era agradable. Hasta que vives ahí y no es tan agradable.
El dormitorio miraba hacia el Metropolitan Café. Recuerdo que ellos tenían sillas en la acera, y el maravilloso olor de la comida permeaba todo el apartamento. Tenía sueños despìertos de que algún día iba a tener suficiente dinero para comer en el Metropolitan Café. Era inspirador con sus aromas.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
martes, 26 de enero de 2016
Esquina de las Barajitas: 1975 Topps: La identidad errada de Steve Busby
Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 07-12-2015.
En 1975, Steve Busby era un nombre hecho en los círculos de beisbol. Había lanzado dos juegos sin hits ni carreras y era reconocido como el as de los Reales de Kansas City, un equipo emergente que estaba por ganar 91 juegos y de pronto se convirtió en contendor en el oeste de la Liga Americana. Él era una joven estrella de pitcheo, parecía un futuro ganador del premio Cy Young, y la mayoría de los entendidos del juego sabía como lucía Busby, desde su apariencia facial hasta su distintivo estilo de pitcheo.
En medio de este entorno, podría ser una sorpresa que el hombre retratado en esta barajita de Topps 1975, no es Busby. Para nada. En realidad, el jugador de la foto es el cátcher Fran Healy, quién luego sería mejor conocido por su trabajo como analista con los Yanquis y los Mets.
Esta no es la primera vez, ni será la última, que una compañía de barajitas ha equivocado la identidad de un pelotero en una barajita de beisbol. La barajita de 1966 de Dick Ellsworth muestra a su antíguo compañero en los Cachorros de Chicago, Ken Hubbs. (Esta barajita es especialmente asustante dado que Hubbs había fallecido dos años antes en una accidente de aviación). En 1969, en lo que sin discusión es el error de barajita más famoso de todos los tiempos, Topps publicó una barajita del tercera base de los Angelinos de California, Aurelio Rodríguez, que en realidad mostraba la fotografía del recogebates del equipo, Leonard García. Cuatro años después, Topps se apareció con una barajita de Joe Rudi, pero ninguno de los tres peloteros de los Atléticos de Oakland fotografiados en la barajita resultó ser él. En su lugar estaban sus compañeros de equipo Gene Tenace, Marty Martínez y Bill Voss.
En otro error del juego de barajitas de Topps 1975, la barajita que pretende mostrar al cátcher de los Atléticos Larry Haney en realidad muestra un lance de otro cátcher, dave Duncan. Entonces está la barajita de Gary Pettis de Topps 1985, la cual muestra una fotografía de su hermano menor, Lynn Pettis, quien nunca jugó en las Grandes Ligas. La barajita de John Smoltz de Donruss 1990 despliega al amigo inquilino del Salón de la Fama, Tom Glavine.
Algunos de estos errores de identificación son completamente entendibles, pero este cae en una categoría más mística. La Topps no tuvo dificultad para identificar a Busby en una de sus otras barajitas de 1975, una barajita especial de “highlights” que hacía mención a los sin hits ni carreras lanzados por Busby, Dick Bosman y Nolan Ryan el verano anterior. Más pertinente, Healy y Busby no se parecían. A excepción de que ambos son blancos, sus rasgos faciales eran completamente diferentes.
Sus actuaciones en el campo también eran completamente diferentes. Healy venía de una temporada de 1974 en la cual bateó .252 con nueve jonrones como cátcher titular no reconocido quien bateaba usualmente en el último tercio del orden de bateo de los Reales. Mientras, el lanzador de poder Busby había cumplido una e las mejores temporadas de su corta carrera, al ganar un tope personal de 22 juegos con una sólida efectividad de 3.39. El pico de la temporada de Busby llegó el 14 de junio, cuando dejó sin hits ni carreras a los Cerveceros de Milwaukee y quedó a un boleto (concedido a George Scott) de lanzar un juego perfecto. Ese fue su segundo sin hits ni carreras, a la edad de 24 años.
Así que ¿como ocurrió este error de identidad? No tengo una respuesta clara, más que especular que el fotógrafo de Topps puede no haber tenido conocimiento acerca de beisbol. O quizás él estaba tan preocupado con tomar tantas fotografías de muchos peloteros durante ese día en el entrenamiento primaveral que simplemente una se le confundió. (Hey, los periodistas también cometemos errores. A medida que aumenta el volumen de palabras, también lo hace la oportunidad de errores).
Supongo que el error pudo haber sido mucho más grande. El fotógrafo pudo haber confundido a Busby con un pelotero afroamericano como Vada Pinson, o alguien como Tony Solaita, el corpulento primera base de la Samoa estadounidense, o un pelotero latino como Fernando González. Ahora eso hubiera sido divertido, aunque es casi cierto que alguien de Topps haya cometido tal error de proporciones obvias.
En retrospectiva, la confusión relacionada a la identidad de Busby podría parecer más comprensible dado que su nombre se ha desaparecido de la conciencia pública. Él es un pelotero raramente recordado hoy debido a la naturaleza meteórica de su carrera. Pero la realidad es esta: en el momento cuando Topps produjo esta barajita de Busby (o Healy, para ser más técnicamente precisos), él era un joven derecho quien parecía destinado a la grandeza del Salón de la Fama.
Así que ¿Quién era Steve Busby? Como pitcher de secundaria, él mostró un talento enorme, pero también afectado por las lesiones. Los Gigantes de San Francisco (quienes coincidencialmente se convirtieron en uno de los equipos de Fran Healy) lo seleccionaron en la cuarta ronda del draft amateur de 1967, pero bajaron su oferta luego que Busby tuvo una lesión en la rodilla. En vez de aceptar la oferta desmejorada, Busby se inscribió en University of Southern California y llevó a los Trojans al título de la Serie Mundial universitaria en 1971.
Ese mismo año, los Reales draftearon a Busby en la segunda ronda. Él firmó relativamente rápido y se reportó a San José de la California League, donde dominó la competencia. Busby hizo siete aperturas, ganó cuatro de ellas, y limitó a los oponentes con una efectividad de 0.68. Con 50 ponches en 40 innings, Busby estuvo claramente por encima del nivel de la competencia de la pelota Clase-A.
El siguiente verano, los Reales promovieron a Busby al Omaha AA, donde forjó una marca engañosa de 12-14. Él fue mucho mejor que lo que el record indicaba, al dejar una efectividad de3.19 y ponchar 221 bateadores en 217 innings. A no ser por una racha de descontrol, la cual llegó hasta 13 wild pitches, la actuación de Busby convenció a los Reales de que él estaba listo para las Grandes Ligas. Cuando los Reales expandieron su roster en primero de septiembre, incluyeron a Busby entre los llamados y lo agregaron a su rotación. Él hizo cinco aperturas, permitió solo 28 imparables en 40 innings, y lanzó para una efectividad de 1.58. La audición de final de temporada convenció a los Reales de que Busby sería parte de su rotación regular en 1973.
No pasó mucho tiempo para que Busby dejara una impresión distinta en los periodistas y narradores que seguían a los Reales. Un periodista describió a Busby como “un hombre analítico y altamente verbal” cuyos diversos intereses iban desde la ciencia de computación hasta la ciencia ficción. De hecho, mientras estaba en USC, Busby había escrito varias historias de ciencia ficción en un estilo que recordaba al de Rod Serling. Rapidamente se convirtió en un sujeto favorito de entrevista, tanto por su personalidad y apertura como por su gran talento como lanzador.
En el campo, Busby se unió a una rotación que incluía jóvenes veteranos como el zurdo Paul Splittorff, quien era el as establecido del cuerpo de lanzadores, y los derechos dick Drago y Al Fitzmorris. Busby emergió como un caballo de batalla, lanzó 238 innings, los cuales fueron segundos solo de Splittorf entre los abridores de Kansas City. Con sus lanzamientos poderosos, encabezados por una recta devastadora y una slider, él ponchó a 174 bateadores y ganó 16 juegos, pero su efectividad subió a 4.23. ¿El motivo? Fue el descontrol de Busby. Caminó a 105 bateadores y lanzó nueve wild pitches. La falta de control permaneció como el obstáculo entre Busby y el dominio de la Liga Americana.
En 1974, Busby mejoró su control, bajó su total de boletos a 92 mientras subía sus innings lanzados a 292. Hizo 38 aperturas, completó 20 de ellas, y lanzó tan bien que ganó la selección al juego de Estrellas y recibió algunos votos para jugador más valioso al final de la temporada.
Mientras él se acercaba a la marca de 20 victorias en la temporada, un reportero le preguntó a Busby sobre la posibilidad de alcanzar esa marca. Su respuesta ofreció una pista sobre su inclinación sin fin por el éxito. “Ganar 20 no me daría una satisfacción completa si no ganamos. Francamente, espero estar nunca satisfecho porque la gente satisfecha es complaciente”, le dijo Busby al periodista deportivo Sid Bordman. “Tal vez estoy buscando algo que no puedo encontrar. Siempre trato de mejorar. Me parece que soy un perfeccionista”.
Busby mejoraría en 1975. Mantuvo su racha competitiva, lanzó más eficientemente en 1975, aunque con una carga de trabajo menor causada por problemas en el brazo. En 260 innings, agenció la mejor efectividad de su carrera 3.08. Él también ganó 18 juegos para un equipo de los Reales que terminó segundo en la división oeste. Al hacer su segundo equipo seguido de Todos Estrellas, Busby dejó claro que se había consagrado como pitcher estrella.
En junio, sin embargo, Busby sintió algo malo en el hombro. Inicialmente fue diagnosticado como tendinitis. Él siguió lanzando, pero el dolor empeoró, lo llevó a la lista de incapacitados antes del final de la temporada. Un examen médico reveló una torcedura en el manguito rotador en su hombro, una lesión que previamente había sido el final para la carrera de muchos pitchers. La cirugía del manguito rotador apenas empezaba a realizarse; se decidió que Busby se operaría, convirtiéndose en el primer pitcher de Grandes Ligas en hacerlo.
Luego del procedimiento del manguito rotador, el doctor recomendó que Busby fuese usado con un estricto conteo de lanzamientos. Algunos han especulado que esta fue la primera vez en la historia que un pitcher ha sido usado con un límite de pitcheos por su equipo, pero Busby ha disputado esa afirmación, al decir que otros pitchers de su era habían sido puestos a lanzar con límite de lanzamientos luego de sufrir lesiones.
En contraste al la cirugía pionera Tommy John, la cual resultó ser un éxito para el pitcher el mismo nombre, la primera cirugía de manguito rotador falló en alcanzar el mismo nivel de gloria. Busby regresaría a un montículo de Grandes Ligas, pero no llegaría a recuperar de cerca la efectividad de sus mejores días. Él hizo un retorno abreviado en 1978, luego de un período en las ligas menores, pero solo hizo siete aperturas y vio su efectividad ascender hasta 7.59. Lanzó mejor en 1979, compartiendo el tiempo entre las aperturas y el relevo, pero su recta de poder había desaparecido, su velocidad se redujo al máximo al oscilar por debajo de las 90 millas. Empezó la temporada de 1980 en AAA e hizo 11 apariciones para los Reales, pero era obvio que la fuerza de su brazo lo había abandonado por completo.
Con una efectividad de 6.17 y solo 12 ponches en 42 innings, Busby sospechaba que el final estaba cerca. Los Reales pensaron igual, despidieron a Busby cerca de un mes antes del término de la temporada y le negaron la oportunidad en la serie Mundial de ese otoño. Pero Busby decidió tratar una vez más, firmó un contrato con los Cardenales de San Luis. Se reportó al entrenamiento primaveral como invitado fuera del roster, pero falló en hacer el equipo y finalmente renunció.
El declive había llegado muy rápido para Busby. A dos años de la publicación de su barajita Topps de 1975, él había lesionado su brazo de la manera más seria.Nuncaría ganaría más de seis juegos en una temporada después de 1975, y ahora se encontró fuera del beisbol solo cinco años después. De muchas maneras, su carrera reflejaba la del meteórico surgimiento y rápida caída de Mark Fidrych, pero sin el colorido ni el lado divertido de la historia del hombre conocido como “El Pájaro”.
Nadie podía haber sabido eso 35 años después que la notoriedad de Busby en el juego sería igualada por Fran Healy. Aunque el sirvió la mayoría de sus días como jugador activo como cátcher de respaldo con los Gigantes, Reales y Yanquis, la presencia de Healy como narrador de mucho tiempo con Nueva York lo hizo tan bien conocido como a Busby.
Coincidencialmente, Busby también se convirtió en narrador, nada sorpresivo debido a su facilidad de palabra, pero en el de lejos pequeño mercado de los Rangers de Texas. Busby aun trabaja para los Rangers, haciendo el jugada a jugada en una cabina de dos hombres con Tom Grieve. Él lo ha hecho bien en lo que puede ser una industria difícil, logrando éxito a largo plazo a nivel local. Y también es bien recordado en Kansas City, donde narró brevemente y se ganó un lugar en el Salón de la Fama de los Reales.
Pero a nivel nacional, Steve Busby se ha convertido en una especie de figura oscura. Parece que la generación actual de aficionados conoce poco acerca de él, y cuan destacado pudo ser un pitcher en aquellas pocas espléndidas temporadas de los años ’70. En su pico, Busby fue el pitcher más talentoso de los Reales hayan tenido, mejor que Brett Saberhagen, o Dennis Leonard o Yordano Ventura. Para aquellos que como yo recuerdan a Busby en su tope, parece algo injusto como se ha convertido en alguien desestimado.
De manera extraña, la barajita de Busby de Topps 1975, y su caso clásico de identidad errada fueron indicadores de las cosas por venir, una señal de cuan fácil alguien se puede volver anónimo en el vasto, a veces cruel mundo del beisbol.
Fuentes y Referencias
• National Baseball Hall of Fame Library
• The Sporting News
Acerca de Bruce Markusen
Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Luis Arroyo, el mejor relevista del beisbol en 1961, fallece a los 88 años de edad.
Bruce Weber. The New York Times. 14-01-2016.
Luis Arroyo, un zurdo de amplia contextura con una gran screwball quien fue Todos Estrellas en cada liga mayor, lanzó en dos Series Mundiales y como relevista ayudó a Whitey Ford a conseguir su mejor temporada con los Yanquis, falleció el miércoles 13 de enero en Guayanilla, P.R.
Su hija, Milagros, dijo que la causa fue cáncer.
Por todo, Arroyo tuvo una carrera promedio, pasó toda o partes de ocho temporadas en las ligas mayores con cuatro equipos diferentes. Pero en 1961 fue el mejor relevista del juego, un prototipo del especialista del último inning ahora conocido como cerrador.
Los Yanquis fueron un equipo poderoso, esa fue la temporada cuando Roger Maris sobrepasó el record de Babe Ruth de 60 jonrones y Mickey Mantle agregó 54, y Arroyo, quien se había unido al equipo el año anterior, fue algo como un arma sorpresiva. De hecho él tenía un arma sorpresa.
Algunos reportes de la carrera de Arroyo dicen que el desarrolló su screwball con los Yanquis, aunque hay evidencia de que ese lanzamiento formaba parte de su repertorio desde mucho antes. El envío, una curva que rompe en reverso, es difícil de lanzar y controlar y afecta el codo, por lo cual pocos pitchers lo usan. La mayoría que lo hace son zurdos, entre los famosos lanzadores de screwball están Carl Hubbell, Mike Cuellar y Fernando Valenzuela, debido a que el envío es especialmente efectivo para ellos contra bateadores derechos. En cualquier caso, la screwball de Arroyo fue especialmente temible en 1961.
Arroyo apareció en 65 juegos esa temporada y terminó 54, lanzó 119 innings con efectividad de 2.19. Su marca fue una lustrosa 15-5, y él ha sido acreditado 29 salvados. (El término estaba en uso para la época, y The Sporting News había empezado a tabular salvados de acuerdo a una fórmula que ha sido modificada, pero el salvado no se convirtió en estadística oficial hasta 1969).
Muchos de los juegos que él terminó habían sido iniciados por Ford, quien completó solo11 de 39 aperturas y cuyas 25 victorias (perdió solo cuatro) fueron el tope de su carrera de Salón de la Fama.
“Cerveza para todos por mi cuenta”, dijo Ford en el camerino después de su vigésima victoria. “Y dos para mi muchacho, Luis”.
Luis Enrique Arroyo Lugo nació en Peñuelas, P.R., el 18 de febrero de 1927; de acuerdo a un artículo biográfico de Baseball-Reference.com, él era el tercero de cinco hijos de Felipe Arroyo González, un trabajador de una plantación de caña de azúcar, y Modesta Lugo de Arrazose. El artículo dice que él abandonó la escuela secundaria para jugar beisbol profesional en la cercana ciudad de Ponce en 1947, aunque el tendría 19 o 20 años en ese momento.
El inicio de su carrera profesional lo realizó en la liga invernal de Puerto Rico así como en las ligas menores estadounidenses, y llegó a las Grandes Ligas como pitcher abridor con los Cardenales de San Luis en 1955 a la relativamente avanzada edad de 28 años.
Fue una auspiciosa temporada de novato. Ganó sus primeras seis decisiones y con marca de 10-3 en julio fue nombrado para el equipo de la Liga Nacional en el Juego de Estrellas. Él no jugó; recordó después que se estaba preparando para calentar en el bullpen cuando Stan Musial jonroneó en el cierre del décimosegundo inning para terminar el juego. (Él tampoco lanzó para su otro equipo Todos Estrellas, la escuadra de la Liga Americana en 1961).
En el resto de 1955 fue menos exitoso, su marca final fue 11-8, y por las próximas temporadas él rebotó alrededor, jugó para los Piratas de Pittsburgh y los Rojos de Cincinnati. Fue con los Piratas que empezó a hacer su transición de abridor a relevista.
Estaba jugando para el equipo afiliado de los Rojos en La Habana en 1959, el año cuando ocurrió la revolución cubana; los Rojos mudaron el equipo a Jersey City.Ahí fue donde los Yanquis lo vieron, y él empezó a jugar en el Bronx la próxima temporada. Lanzó en dos Series Mundiales para los yanquis: en 1960, contra su antíguo equipo los Piratas (los Yanquis perdieron en siete juegos), y 1961, contra otro antíguo equipo, los Rojos. Ese año él fue el pitcher ganador del tercer juego del triunfo de campeonato de los Yanquis de cinco juegos.
Arroyo se casó por lo menos dos veces. Además de su hija, le sobreviven tres hijos, Paicky, Luis y Harold; 11 nietos; y una bisnieta.
Luego de dos temporadas inefectivas y problemas en el brazo, Arroyo despedido por los Yanquis en 1963 con un registro acumulado de 40-32, 45 salvados. El jugó algo más en Puerto Rico, y después sus días como jugador activo terminaron, él fue manager en Puerto Rico y scout de los Yanquis.
Años después el recordó que después de la temporada de 1961, los Yanquis le pagaron para que no lanzara en Puerto Rico durante el invierno, como lo hizo la mayor parte de su carrera, algo que luego vio como un error. Él ganó peso, dijo, aunque de contextura pequeña y con 100 kilogramos en su mejor momento, nunca fue esbelto.
“Ellos dicen que él no parece un pitcher”, dijo de él su primer manager, Casey Stengel. “Entonces de nuevo ellos dicen que Yogi Berra no se parece mucho a un beisbolista”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
sábado, 16 de enero de 2016
Monte Irvin, jardinero estrella quien perdiera sus mejores años por el racismo, fallece a los 96 años de edad.
Richard Goldstein. The New York Times. 12-01-2016.
Monte Irvin, el jardinero de los Gigantes de Nueva York quien fuese uno de los primeros peloteros negros destacados en las Grandes Ligas y un inquilino del Salón de la Fama por su brillantez en las Ligas Negras, donde pasó la mayoría de sus mejores años antes que la barrera del color del beisbol fuese derrumbada, falleció la noche de este lunes 11 de enero en su hogar de Houston.
El Salon de la Fama Nacional de Beisbol de Cooperstown, N-Y., anunció su muerte. Irvin fue elegido para ingresar al Salón en 1973 luego que este fuese abierto par las estrellas de las Ligas Negras.
Irvin también se convirtió en el primer ejecutivo negro de la jerarquía de Major League Baseball, asignado para promover un juego que una vez lo había excluído debido a su raza y lo había dejado a él y sus seguidores preguntándose, ¿Qué hubiese ocurrido si…?
Desde el tiempo cuando él crecía en New Jersey, donde había llegado desde Alabama, Irvin podía hacer cualquier cosa. En la escuela secundaria él fue atleta estadal en beisbol, baloncesto, futbol y atletismo, desarrolló su fuerza al ayudar a su padre a entregar la leche en caballo y carreta.
En el terreno de beisbol él podía batear para promedio y poder, así como robar bases y retirar a un corredor desde los jardines con su portentoso brazo.
Para el tiempo cuando él participó en su primer juego con los Gigantes, en 1949, luego de años de ser estrella para los Eagles de Newark en la Liga Nacional Negra, habiendo resistido largos viajes en autobús, hoteles de mala muerte y los precarios salarios del beisbol negro, ya tenía 30 años, dos años mayor que Jackie Robinson cuando este rompió la línea de color con los Dodgers de Brooklyn en 1947.
Irvin sabía que sus mejores años habían quedado atrás.
“Entonces ya había pasado mi pico”, dijo él después. “Mi único lamento es que nunca tuve la oportunidad a los 19 años, cuando era un pelotero de verdad”.
Willie Mays, el gran jardinero central de los Gigantes, quien se unió al equipo en 1951, cuando tenía 20 años de edad, reconoció a Irvin como su mentor. En una declaración del martes 12 de enero, dijo, “Perdí alguien que me importaba y admiraba mucho, mucho, alguien quien fue como un segundo padre para mí”.
Cuando los Gigantes dieron cuenta de los Dodgers en la histórica carrera por el banderín de la Liga Nacional en 1951, Irvin, jugando su primera temporada completa de Grandes Ligas, dio una idea de lo que pudo haber hecho ante el pitcheo de las mayores durante todos los años de espera.. Bateó para .312 con 24 jonrones y lideró la liga con 121 carreras empujadas durante la temporada regular, y bateó .458 y robó el plato en la derrota de Serie Mundial de los Gigantes ante los Yanquis.
“La mayoría de los peloteros negros pensaban que Monte Irvin debió haber sido el primer negro en las mayores”, Cool Papa Bell, una estrella de las Ligas Negras e inquilino del Salón de la Fama, fue citado diciendo en el libro “Baseball for the Love of It” (1982), de Anthony J. Connor. “Monte fue nuestro mejor jugador joven de ese tiempo. Él podía batear largo; tenía un gran brazo; podía fildear; podía correr. Si, podía hacerlo todo”.
Pero en 1945, cuando Branch Rickey firmó a Robinson para la organización de los Dodgers, Irvin regresaba del servicio militar. Él no llegó a las mayores hasta el 8 de julio de 1949, cuando él y Hank Thompson se convirtieron en los primeros peloteros negros de los Gigantes.
Irvin jugó para dos ganadores de banderín con los gigantes: el equipo de 1951, recordado por el jonrón de playoff de Bobby Thomson ante Ralph Branca, y el equipo de 1954, el cual barrió a los Indios de Cleveland en la Serie Mundial.
Un bateador derecho de cuerpo ancho, Irvin tuvo un promedio vitalicio de .293 con 99 jonrones en siete temporadas con los Gigantes y una con los Cachorros de Chicago, a pesar de su retrasada llegada a las Grandes Ligas y a una severa fractura de tobillo que sufrió en 1952.
Él se convirtió en el primer ejecutivo negro del beisbol en 1968, cuando fue nombrado para manejar la promoción y las relaciones públicas por el Comisionado William D. Eckert. Permaneció en la oficina del comisionado, como asistente del sucesor de Eckert, Bowie Kuhn, hasta 1984.
En 1971, Irvin fue señalado por un comité creado para abrir el Salón de la Fama a las estrellas de las Ligas Negras. Él fue elegido al Salón por ese cuerpo dos años después, siguió a Satchel Paige, Josh Gibson y Buck Leonard a Coperstown.
Irvin había sido el segundo miembro viviente más viejo del Salón de la fama detrás de Bobby Doerr, el segunda base de los Medias Rojas de Boston, quien tiene 97 años. En segundo lugar está ahora Red Schoendienst quien tiene 92 años, mejor conocido por sus años con los Cardenales de San Luis.
Monford Merrill Irving nació el 25 de febrero de 1919, en Haleburg, Ala., uno de 11 hijos levantados por Cupid Alexander Irvin, un cosechador, y su esposa, Mary Eliza. Cuando tenía 8 años, él y su familia se mudaron a Bloomfield, N.J., y se establecieron en Orange, N.J., dos años después. Él pronto desarrolló un fuerte físico, fortaleció sus piernas al subir y bajar de un caballo ajustado a una carreta que su padre y sus hermanos usaban para llevar la leche a una empresa láctea.
Irvin logró renombre a mediados de los años ’30 como atleta en Orange High School, y asistió a la históricamente negra Lincoln University de Pennsylvania, donde estudió historia, planeaba ser maestro. Pero también jugaba a medio tiempo para los Eagles de Newark, usando el nombre de un amigo y apareciendo solo en juegos de gira, donde no pudiera ser reconocido, para retener su elegibilidad en los deportes colegiales. Se fue de Lincoln en su segundo año para jugar a tiempo completo con los Eagles.
Irvin jugaba en los jardines y el cuadro para Newark. Apareció en el Juego de Estrellas de las Ligas Negras, Este-Oeste, en 1941, jugó en México por la mayor parte de la temporada siguiente y entonces, luego de servir en la armada en la segunda guerra mundial, regresó a los Eagles y fue un Todos Estrellas desde 1946 hasta 1948. El fue compañero de Larry Doby en los Eagles, otro futuro inquilino del Salón de la Fama, quien se convirtió en el primer pelotero negro de la Liga Americana cuando se unió a los Indios de Cleveland en 1947.
A finales de 1948, Rickey firmó a Irvin para un equipo de las granjas de los Dodgers, evidentemente creyendo que él era agente libre debido a que estaban vendiendo al equipo de Newark. Pero cuando los Eagles reclamaron que Irvin todavía estaba bajo contrato, Rickey renunció a sus derechos. Los Eagles entonces vendieron sus derechos a los Gigantes por 5.000 $ en enero de 1949.
Irvin dividió el tiempo entre los Gigantes y su equipo granja de Jersey City en 1949 y 1950 antes de mudarse al Polo Grounds para quedarse.
Él tuvo un comienzo lento en el plato en 1951 mientras jugaba primera base, donde no se sentía cómodo. Pero luego que el manager Leo Durocher lo mudara a los jardines temprano en la temporada, lo alternaba con Whitey Lockman, el bateo de Irvin mejoró, y él fue una figura clave en la carrera por el banderín que fue conocida como el Milagro de Coogan Bluff.
Irvin recordaba como Durocher y sus compañeros, incluyendo los sureños, le dieron la bienvenida. “En aquellos días, el asunto racial aun era un gran problema en el beisbol”, dijo él en una entrevista para el libro de Thomas Kiernan, “The Miracle at Coogan’s Bluff”. “Y aún así nunca hubo sentimiento ‘anti’ en el equipo. Todos se apoyaban, sin importar el color”.
La carrera de Irvin sufrió un descarrilamiento el 2 de abril de 1952, cuando se fracturó el tobillo derecho al deslizarse en tercera base en un juego de exhibición contra los Indios en Denver. Fue sacado del campo en camilla y estuvo fuera de acción hasta el 27 de julio. Él favorecía su pierna mala cuando regresó lo cual le hacia inclinar la espalda fuera de su alineación natural. Aunque bateó .329 en 1953, sus problemas con la espalda le afectaron por el resto de su carrera.
Él se retiró en 1957 luego de jugar cuatro encuentros para el equipo de ligas menores Los Angeles Angels.
Los Gigantes retiraron el número 20 de Irvin en San Francisco, en junio de 2010, aunque el nunca jugó ahí para la franquicia, la cual abandonó Nueva York en 1958. Cuando los Gigantes inauguraron la Serie Mundial contra los Rangers de Texas en octubre de 2010, Irvin lanzó la primera pelota.
Los Gigantes hicieron los arreglos para que Irvin asistiera a la recepción de junio de 2015 que el Presidente Obama brindó en la Casa Blanca para el equipo campeón de la Serie Mundial de 2014, cuando supieron que él no conocía a Obama, e Irvin se sentó al lado de Mays en la ceremonia.
“Estoy particularmente honrado por tener dos grandes inquilinos del Salón de la Fama aquí”, dijo el presidente.
Los sobrevivientes de Irvin incluyen a sus hijas Pamela Irvin y Patricia Irvin Gordon. Su esposa, Dorinda, conocida como Dee, falleció en 2008.
Cuando Irvin fue inducido al Salón de la Fama, él reflexionó no solo en sus logros sino también en las oportunidades perdidas.
“Perdí mis mejores años en las Ligas Negras”, dijo él.
Pero agregó: “Soy filosófico acerca de eso. No tiene sentido amargarse. No estas feliz con la manera como ocurren las cosas, pero ¿para qué enfermarte por dentro? Hubo muchos tipos quienes podían jugar muy bien y nunca tuvieron una oportunidad”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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