miércoles, 24 de febrero de 2016
Jim Davenport, un Gigante de San Francisco original, fallece a los 82 años.
Daniel E. Slotnik. 20-02-2016. The New York Times.
Jim Davenport, un infielder quien jugó tercera base la mayor parte de su carrera con los Gigantes de San Francisco y batalló ante los Yanquis de Nueva York en la Serie Mundial de 1962, la primera vez que los Gigantes jugaban una desde que salieron de Nueva York, falleció este jueves 18 de febrero en Redwood City, Calif.
La causa fue una falla cardíaca, anunciaron los Gigantes.
Davenport fue Gigante por más de cinco décadas, como jugador, coach y manager, comenzando en 1958, la primera temporada del equipo en California.
Un bateador derecho quien a menudo era abridor de la alineación, él tomo el primer turno al bate por los Gigantes en la costa oeste, de acuerdo a The San Jose Mercury News, y jugó junto a estrellas como Willie Mays, Willie McCovey y Orlando Cepeda.
Davenport tuvo 10 hits ganadores de juego en 1969 y se retiró después de la temporada de 1970 con un promedio de bateo vitalicio de .258.
En 1962, Davenport ganó el guante de oro. Los Gigantes perdieron la Serie Mundial ese año aunque tuvieron un promedio de bateo acumulado más alto y una efectividad más baja que los Yanquis en la Serie, y batearon más jonrones, triples y dobles. El decisivo séptimo juego terminó cuando una línea de McCovey fue atrapada por Bobby Richardson.
“Yo era los suficientemente listo para hacer las pequeñas cosas, bateo y corrido, tocar y atrapar la pelota, y hacer de mi un pelotero decente”, le dijo Davenport a SFGiants.com.
Luego de sus días de jugador activo, él siguió trabajando con el equipo por temporadas. En 1985, él tuvo un breve período como manager del equipo luego que Danny Ozark estuvo un año en el puesto. Davenport fue reemplazado por Roger Craig luego de compilar marca de 56-88.
James Houston Davenport nació el 17 de agosto de 1933, en Siluria, Ala. Asistió a la University of Southern Mississippi.
Él también fue coach brevemente de los Padres de San Diego, Filis de Filadelfia y Tigres de Detroit antes de regresar a los Gigantes a principios de los años ’90.
Sus sobrevivientes incluyen a su esposa, Betty; cuatro hijos, Randy, Ken, Don y Gary; y una hija, Cathy.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Buscando niños perdidos, estadio por estadio
Antiguo pitcher de ligas menores permanece cerca del juego por una buena causa.
Benjamin Hill. MiLB.com
05-02-3016.
Luego que una sucesión de lesiones en el hombro terminaron su carrera como lanzador, Dennis Bair ha dedicado su vida a una causa de más peso. Hay peloteros paralelos que pueden entender.
“Buscar a un niño perdido es un juego de números”, dijo él. “Cualquier jugador de ligas menores ha oído ese término antes, incluido yo”.
Bair, de 41 años, es el fundador de BairFind, una organización dedicada a localizar niños perdidos, y él cree que el beisbol de Ligas Menores es el “vehículo perfecto” para su misión.
“Al trabajar con Minor League Baseball, ganamos el juego de los números, debido al simple hecho de que ellos pueden conseguir esos perfiles frente a decenas de millones de personas cada verano”, dijo él. “Si esto trata de encontrar una aguja en un pajar, entonces cada persona que no reconoce al niño ha tomado una pieza de paja del pajar. Este es el método ensayado y verdadero para encontrar niños perdidos”.
Por tanto, la meta de Bair es colocar un anuncio de “BairFind” a lo largo de todos los 159 estadios de Ligas Menores. Al trabajar en conexión con el National Center for Missing and Exploited Children, cada anuncio mostrará a un niño específico de la región del equipo. BairFind ha hecho grandes avances hacia esta meta en años recientes. En 2015, fueron mostrados anuncios a lo largo de todos los equipos de las ligas, Southern, Florida State y New York-Penn. Los anuncios son producidos por AMI Graphics, el suplidor de anuncios oficial de Minor League Baseball, el cual los hace por un costo.
“Nuestra habilidad para producir anuncios se incrementó dramáticamente una vez que AMI entró al proyecto. Eso fue gracias a un sorprendente encuentro con (el gerente general de AMI) Ed Miles en las reuniones invernales (de beisbol en 2014)”, dijo Bair. “Ed ha estado trabajando desde entonces para incrementar la distribución de nuestros anuncios”.
El momentum continuó en las reuniones invernales de este año en Nashville, cuando el presidente de New York-Penn League, Ben Hayes y el presidente de South Atlantic League, Eric Krupa pusieron a Bair en contacto con los ejecutivos de Minor League Baseball para que les planteara la idea de convertir a BairFind en una industria de iniciativa amplia.
“Ha sido un largo viaje y tomó varios años llegar a este punto, pero nunca me rendí porque siempre supe que esto tendría éxito”, dijo Bair. “Una vez que empecé a hablar con los presidentes de las ligas sabía que estaba en el camino correcto, porque estaba hablando con personas quienes estaban en posición de ver como esto podría funcionar a mayor escala.
“Podría parecer fuera de contexto, pero esto parece como cuando alguien quien pasa muchos años en las ligas menores y finalmente recibe su llamado”.
* * *
El viaje de Bair hacia la realización de sus sueños ha sido largo e improbable. Él dijo que tuvo la idea de BairFind hace dos décadas, mientras cambiaba canales una noche después de la temporada.
“Estaba viendo un documental de unos padres cuya hija se había perdido”, dijo él. “Se mostraba las dificultades por las que pasaron, gastaron todo su dinero en volantes, estando en la calle para entregar los volantes, y entonces pasaron una toma de un contenedor de basura cercano repleto de volantes. Yo era un pitcher que iba al estadio todas las noches, y pensé que si el perfil de la hija estuviera en el estadio, ellos no tendrían que haber gastado todo ese dinero para hacer que miles de personas la vieran. Es se haría sin costo para ellos. Solo fue una idea que llegó a mi cerebro”.
La primera promoción de BairFind ocurrió en 2001 cuando Bair pitcheaba para los Crocodiles de Canton en la Frontier League independiente. Él se retiró dos años después, regresó a la escuela y se convirtió en profesor de secundaria en su ciudad de origen Pittsburgh. A pesar de tener poco dinero y ningún conocimiento relacionado a como establecer una fundación sin fines de lucro, continuó haciendo promociones BairFind equipo por equipo. Como fue detallado en un artículo de MiLB.com de 2009, su estrategia para ese momento era colocar una foto de un niño perdido entre las fotos del equipo.
“Las promociones de los afiches fueron grandiosas, pero solo nos ponían en el estadio un juego del año”, dijo Bair. “Nos cambiamos al concurso de señales de madera, lo cual le dio a los niños perdidos una presencia cada noche del año”.
Bair ahora esta ubicado en Jacksonville, Florida, donde entrena beisbolistas jóvenes junto al amigo de la niñez (y antiguo grandeliga) Scott Seabol. Hasta el momento, la organización ha mostrado a 278 niños extraviados en estadios de ligas menores, 65 de los cuales han sido localizados sanos y salvos. Cuando eso ocurre, un arte de “Encontrado” se aplica sobre el perfil del niño hasta que una nueva foto es aplicada a la señal.
¿Cuántos, si hay alguno, de estas 65 historias exitosas pueden ser atribuídas a BairFind?
“No sabemos eso debido a las leyes de privacidad. En cada perfil tenemos el número de línea caliente para el National Center for Missing and Exploited Children”, dijo Bair. “Esas llamadas llegan confidencialmente, así que nunca tenemos acceso a esa información. Así que vamos por lo obvio, que mientras hay más ojos mirando, la oportunidad de que alguien reconozca al niño es más grande y se llega al punto del anonimato.
* * *
“Se necesita una villa”, dijo Bair, en referencia al crecimiento de su organización. Aunque BairFind no tiene empleados asalariados, un pequeño grupo de individuos experimentados ha sido añadido a la organización en años recientes. Ellen Sullivan, una ejecutiva de cuidado de salud con experiencia en el mundo sin fines de lucro, sirve como CEO. Ella ha apoyado a Bair con iniciativas importantes tales como conseguir que BairFind aparezca listada en la base de datos de organizaciones sin fines de lucro GuideStar para que potenciales patrocinantes puedan ver el nivel de transparencia con el cual opera la organización. (BairFind tiene una medición de estrella dorada, la más alta). Jay Triplett y Nate Fincher, profesores de escuela secundaria en Port Orange, Florida, manejan responsabilidades de diseño gráfico; Jonathan Wayne, un diseñador de página web establecido en Pittsburgh, diseñó la página web de la organización. Los esfuerzos de redes sociales se expandirán para la temporada de 2016, para permitir a los equipos publicitar a los niños perdidos mostrados en sus estadios y suministrar actualizaciones de la situación.
El sistema de apoyo a BairFind también se extiende a las familias de los niños perdidos. Gina DeJesus, quien pasó 10 años en cautiverio antes de escapar de su secuestrador, fue uno de los primeros niños mostrados en un afiche de BairFind.
“Nancy DeJesus, la madre de Gina, consiguió mi número, me llamó y dijo gracias”, dijo Bair. “Ella parecía una superpersona en el teléfono”.
Bair hizo los arreglos para que la familia DeJesus asistiera a los juegos en Williamsport, Pennsylvania (donde él lanzó una vez) y Akron, Ohio, con Nancy lanzando el primer pitcheo.
“Cada vez que ellos hacían un primer pitcheo en un estadio de ligas menores, los periódicos locales hacían una reseña. Eso le dio a la familia DeJesus la oportunidad de decir, ‘No nos vamos a rendir’”, dijo Bair, quien también se ha hecho amigo de la familia del niño extraviado de Jacksonville, Mark Degner. “Gina nos veía en las noticias. Eso le daba la fuerza y la voluntad para decir, ‘Voy a sobrevivir para ver a mi familia otra vez, porque me están buscando. No me voy a rendir’”.
Bair ahora es parte de una red de familias quienes están enlazadas por el trauma de haber tenido un niño perdido. Esto lleva a la pregunta: Al no haber tenido tal experiencia, ¿por qué él ha estado tan motivado por esta causa? ¿Por qué ha dedicado su vida a eso?
“Soy judío y leo mucho, tratando de descifrar eso”, dijo él. “Miles de miles de peloteros han pasado a través de Minor League Baseball en los últimos 100 años, así que ¿por qué fui yo el que tuvo esta idea? Leí un artículo de un rabí quien dijo que cuando estás haciendo una buena acción, actúas como un agente. Eso describió lo que hago, actuando como un agente para cualquier padre que tiene un hijo perdido. Tomo pasos para encontrar ese niño”.
“Estos son nuestros niños. Somos estadounidenses y estos son nuestros niños”.
Benjamin Hill es un reportero de MiLB.com y escribe Ben’s Biz Blog
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 15 de febrero de 2016
Carson Smith podría ser el arma secreta del bullpen de los Medias Rojas.
Jueves, 11-02-2016. John Tomase. Weei.com.
Carson Smith viene del mismo pueblo de Texas que el antíguo relevista de los Medias Rojas, Mike Timlin. Ambos derechos espigados crecieron en Midland, pero Smith es un poco dócil para admitir que no sabe mucho de su predecesor.
“¿Mike Timlin?” preguntó él en una entrevista telefónica reciente. “Nunca lo conocí, de seguro. No podría decir que lo conozco. El nombre suena familiar pero no podría decirle mucho acerca de él”.
Es muestra cuan rápidamente puede pasar una generación en el beisbol que Smith solo recuerda de manera nublada a su coterráneo tejano, y tiene sentido. Cuando Timlin ganó la Srie Mundial con los Medias Rojas en 2004, Smith apenas había cumplido 15 años hacía una semana.
Ahora de 26, él tiene mucho tiempo para aprender la historia de los Medias Rojas. De lo que realmente está interesado, y la razón por la cual lo adquirieron los Medias Rojas, es de lo que él puede significar para el presente y futuro de la franquicia.
De todos los movimientos que los Medias Rojas hicieron este invierno, adquirir a Smith para fortalecer su bullpen probablemente califica como el de más por debajo del radar.
En su primera temporada completa, Smith emergió como uno de los mejores setup del juego, manejando una slider viciosa hacia una efectividad de 2.31 en 70 apariciones. Cuando Fernando Rodney tuvo dificultades, Smith hasta tuvo un período como cerrador, logró 13 salvados.
Al promediar más de 11 ponches por cada nueve innings, se convirtió en un objetivo del gerente general Dave Dombrowski, quien tomó el poco ortodoxo paso de ofrecer a un abridor de 200 innings (Wade Miley) para adquirir al setup.
Resultó ser el tiempo perfecto para los Medias Rojas, quienes adquirieron a Smith en las reuniones invernales de Nashville un día después que los Dodgers alcanzaran un acuerdo de tres años con el derecho de los Marineros, Hisashi Iwakuma. Esa negociación se caería un par de semanas después debido al examen físico de Iwakuma, antes que él firmara un contrato de un año para regresar a Seattle, pero entretanto, los Marineros se encontraron en necesidad de apoyo para la rotación.
“Me parece que Seattle estaba buscando un abridor”, dijo Smith. “Después de la firma de Iwakuma, me dijeron que necesitaban otro abridor confiable, y eso fue lo qu buscaron. Boston necesitaba mejorar su relevo, esa es la forma como ocurrió todo y estoy emocionado de estar en Boston”.
Smith le da un nuevo semblante al bullpen de Boston. Debido a su alto número de ponches, 92 en 70 innings el año pasado, es natural asumir que es un lanzallamas. En realidad, sin embargo, el poncha a los bateadores con un envío de tres cuartos de brazo y una slider brutal. Su recta promedió las 93 mph el año pasado de acuerdo a Brooks Baseball. Eso ciertamente es respetable, pero no superpoderoso.
“Siempre he valorado la ubicación sobre la velocidad”, dijo Smith. “Y muchas veces, valoro el movimiento sobre ambas. Dependo especialmente del movimiento, y después de la ubicación. La velocidad, es lo que es. Algunos días la tienes, algunos días no.
“Es duro salir allí afuera a lanzar cada cuatro de cinco días. Por eso es que tu velocidad siempre puede variar, pero mientras mantengo mi precisión y movimiento consistentes, soy muy positivo acerca de mis oportunidades. Si estoy apenas por encima de las 90, soy muy feliz. Si estoy por debajo de 90, podría estar pasando algo”.
Parecía como si podría estar pasando algo en agosto, cuando la recta de Smith cayó desde un tope de 97 en mayo a un promedio de 92. Sus resultados desmejoraron un poco, también, y Tom Wilhelmsen lo reemplazó como cerrador.
Pero Smith recuperó su forma en septiembre, al lanzar 12.2 innings en blanco con 20 ponches, conociendo algo acerca de él durante el proceso.
“Yo estaba siendo usado muy a menudo en julio y agosto, y pienso que mi brazo se resintió por un momento”, dijo él. “Pero regresé al camino exitoso, aunque mi velocidad nunca volvió. No me preocupé mucho por eso, y mis números siguieron mejorando después de agosto”.
“Por eso es que no le doy mucha importancia a la pistola de radar. Si sales allá afuera confiando en ti y tu habilidad, sabiendo que puedes hacer los outs y aprendes de tus experiencias y errores, y tratas de convertirlos en éxitos después, eso es lo que hice. Soy joven en este juego y aprendo todos los días. Hacia el final del año pasado, empecé a imaginar como usar mis pitcheos cuando no tengan la mejor fuerza”.
El mejor pitcheo de Smith es una slider eléctrica que domina a los derechos, quienes solo batearon .189 contra él la temporada pasada (los zurdos le conectaron para .227). Él la suelta desde un ángulo que podría ser único de él, porque le cuesta nombrar otro pitcher en el cual se haya inspirado.
“Nunca nadie ha dicho que yo lanzo como alguien más, no he tenido un ídolo o una imagen que replicar”, admitió él.
Su slider ha tenido tremendos resultados contra algunos de los mejores bateadores del juego. Mike Trout y Albert Pujols de Anaheim, solo le baten de 15-1 combinados con siete ponches y cero carreras empujadas. El campeón de bateo de los Astros, José Altuve le batea de 7-0 con cuatro ponches. Adrián Beltré, Josh Donaldson y Prince fielder también permaneces sin imparables ante él.
“Todos ellos forjaron sus reputaciones para ser algunos de los mejores bateadores del juego”, dijo Smith. “Siempre es divertido saber que puedes competir con esos tipos y hacerlos out. Tal vez me motivo más ante los grandes bateadores de la alineación, no sé. Muchos de esos tipos, como dijiste, son derechos, y definitivamente confío en esas sliders en los momentos grandes”.
Él tendrá su oportunidad de brillar en muchos momentos grandes en Boston, donde se proyecta que él comparta el séptimo inning con Junichi Tazawa, frente al antíguo cerrador Koji Uehara en el octavo y el dominante Craig Kimbrel en el noveno.
“Es raro que un equipo tenga dos cerradores establecidos, uno sin discusión el mejor del juego”, dijo Smith. “Va a ser divertido seguirles el paso y aprender lo más que pueda”.
Smith pasó el invierno ejercitándose en Houston con, entre otros, el antiguo relevista de los Medias Rojas, Mark Melancon, cuyo período difícil en Boston precedió su aparición como cerrador estrella en Pittsburgh. Melancon le dio algunos consejos para manejar la transición desde un mercado pequeño hasta Fenway.
“Él mencionó que los aficionados están metidos en el juego”, dijo Smith. “A diferencia de la mayoría de los aficionados del beisbol, ellos están ahí para ver el juego y lo hacen pitcheo a pitcheo. Él dijo que estuviera pendiente de eso. Disfrútalo, pero tenlo presente. Ellos están ahí para apoyarte. Si tienes un mal momento, no puedes decepcionarte de ti por eso. Voy a dar lo mejor que pueda por no dejar que eso ocurra”.
Él podría querer considerar hacerle una llamada a Timlin, quien disfrutó seis temporadas llenas de presión en Boston y ganó dos Series Mundiales antes de retirarse en 2008. Después de todo, si el muchacho nuevo de Midland puede pitchear como lo hizo el viejo, los Medias Rojas no tendrán lamentos.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Ellos estuvieron ahí: Lefty O’Doul.
“Sé que Lefty estaría tan orgulloso y feliz de ver a todos los grandes peloteros japoneses en las mayores ahora…Espero que las personas recuerden lo que Lefty hizo por ese país y su beisbol. Creo que ese es su legado”.
Francis Joseph “Lefty” O’Doul (Marzo 4, 1897 – Deciembre 7, 1969) fue un beisbolista de Grandes Ligas quien se convirtió en un manager excepcionalmente exitoso en las ligas menores, y también fue una figura importante en el nacimiento del beisbol profesional en Japón.
Nativo de San Francisco, O’Doul comenzó su carrera profesional como pitcher zurdo con el equipo de ligas menores Seals de San Francisco de la Pacific Coast League. Luego de algún éxito en las ligas mayores con los Yanquis de Nueva York y los Mdias Rojas de Boston desde 1919 hasta 1923, él emepzó a tener dolores en el brazo lo cual lo relegó a trabajos de relevo. De regreso a la PCL, se convirtió en un jardinero de poder al bate. Los Gigantes de Nueva York lo llevaron de vuelta a las mayores en 1928, donde bateó para .319 como jugador de medio tiempo.
O’Doul fue cambiado a los Filis de Filadelfia en 1929 y, haciendo yunta con Chuck Klein, tuvo uno de los mejores años ofensivos en la historia del beisbol, lideró la Liga Nacional en bateo con .398 y 254 imparables, 32 jonrones, 122 carreras impulsadas y 152 anotadas. Siguió jugando bien para Filadelfia pero fue cambiado a los Dodgers de Brooklyn en 1932, donde bateó .368 para ganar otro título de bateo de la Liga Nacional antes de terminar su carrera de vuelta en Nueva York en 1934.
Al regresar a la PCL, O’Doul se convirtió en manager de los Seals desde 1937 hasta 1951 y luego dirigió a otros equipos en el circuito para convertirse en el manager más exitoso de la historia de PCL. Uno de sus logros resaltantes mientras dirigía a los Seals fue desarrollar al joven Joe DioMaggio, quien tuvo una carrera de Salón de la Fama con los yanquis de Nueva York. O’Doul rechazaba reclamar crédito por el éxito de DiMaggio, decía “Fui lo suficientemente inteligente para dejarlo por su cuenta”.
O’Doul fue clave en difundir la popularidad del beisbol en Japón, al servir como embajador deportivo de buena voluntad antes y después de la segunda guerra mundial. Los Giants de Tokyo, varias veces considerado “El equipo de beisbol de Japón”, fueron nombrados por él en 1935 en honor a su relación de mucho tiempo con los Giants de Nueva York.
O’Doul fue inducido al San Francisco Bay Area Sports Hall of Fame en 1981 y al Salón de la Fama del beisbol japonés en 2002.
La fama y popularidad de O’Doul vive en su ciudad natal de San Francisco. El popular bar-restaurant que él fundó todavía funciona como Lefty O’Doul’s Restaurant and Cocktail Lounge on Geary Boulevard, y aún sirve su receta original de Bloody Mary (aunque modificada en secreto en los años ’60 por el barman de O’Doul’s, Chuck Davis, quien permanece en el bar desde 2009). Un puente sobre McCovey Cove, cerca del estadio de los Gigantes AT&T Park, lleva el nombre Lefty O’Doul Bridge en su honor.
En marzo de 2010 se cumplieron 113 años del nacimiento de O’Doul, era el momento de hacer un brindis en nombre de Lefty, porque en algún lugar del cielo el está bateando bien por encima de .300 y tiene un gran momento.
Me senté en el restaurante O’Doul’s, ordené un O’Doul’s y me dipuse a entrevistar a Tom O’Doul, el primo de Lefty. ¿Es eso un triple dejà vu o qué?
Como le fue contado a Ed Atanasio, This Great Game.
Sobre los beneficios de ser un primo famoso: “No sabía quien era Lefty O’Doul hasta que empecé a jugar en las pequeñas ligas. Hasta entonces, él era solo mi primo. Cuando empecé a jugar pelota, él empezó a acercarse más. Una historia que me gusta contar es que Lefty siempre venía a los días inaugurales cuando yo jugaba en las pequeñas ligas. En 1954, cuando se acercaba el día inaugural mi papá me dijo, “El primo Frank viene para tu juego inaugural”. Pensé, eso está bien. Era una oportunidad para caminar con él y estar orgulloso de mi primo, un antiguo grandeliga. Así que él vino en un Cadillac con Joe Dimaggio. Nunca olvidaré el momento, porque todos se quedaron con la boca abierta. Había un zumbido en el aire. Pero cinco minutos después ya se habían ido. Seguí viviendo ese momento por los próximos cinco años, por lo menos”.
Sobre por qué Lefty quería tanto el beisbol japonés: “Probablemente debido a la forma como ellos jugaban el juego. Pienso que a él le gustaba la pureza de eso. Él apreciaba su dedicación al juego. Ellos son personas muy humildes; son muy amables y creo que él respetaba eso. Él fue maestro y un gran entrenador por encima de todo, y los japoneses necesitaban entrenamiento y conocimiento acerca de cómo jugar el juego. Él trajo entrenadores japoneses aquí a los Estados Unidos para enseñarles. Y ellos estuvieron extremadamente agradecidos por aprender del “Gran Americano”. Lefty fue quien llevó a Babe Ruth a Japón. Ellos se morían por ver a Babe y él se los llevó en 1934. Él hizo tres viajes a Japón en total, en el 31’, ’34 y ’49. Él ha influenciado al beisbol japonés de muchas formas. De hecho, los Giants de Tokyo son llamados Giants debido a su conexión con mi primo, quien por supuesto jugó con los Giants de Nueva York. En 2002, Lefty fu escogido para estar en el Salón de la Fama japonés. Fue elegido por un comité especial. Sé que Lefty estaría muy orgulloso y feliz de ver a todos esos grandes peloteros japoneses en las mayores ahora, como Ichiro y los otros. Lefty visualizaba un juego internacional. Espero que las personas recuerden lo que Lefty hizo por ese país y su beisbol. Creo que ese es su legado”.
Sobre los primeros días de Lefty: “Él llegó hasta séptimo grado y siempre me presionaba para que terminara la escuela, el decía. ‘Por lo menos gradúate en la escuela secundaria’. Él tuvo que dejar la escuela para ir a trabajar como carnicero. Su padre, su abuelo y sus tíos, todos fueron carniceros. Si él no hubiese sido beisbolista, habría sido carnicero toda su vida. Las personas podían notar de lejos que Lefty tenía talento para el beisbol. Tenía la coordinación de manos, la gran visión y los instintos que se necesitan para ser un buen jugador. Él podía jugar cualquier posición. En el ’37, fue el jugador más valioso de la Pacific Coast League como pitcher. Dijeron que él se había lastimado el brazo luego de ese año por lanzar muy duro, pero yo creo que él se lesionó por levantar muchas cervezas. No había nada que él no pudiera hacer en el juego.
Sobre las relaciones de Lefty con otros grandes peloteros: “O’Doul se llevaba bien con todos, incluyendo a Ty Cobb, quien no era muy fácil, por lo que escuché. Él estimaba mucho a Babe Ruth, pasaban mucho tiempo juntos. Ambos tenían un gran sentido del humor, esa es probablemente la razón de que se llevaran tan bien. Él era uno de esos tipos que no tenía muchos enemigos. No estaba enamorado de la mayoría de los árbitros y no tenía problema en reclamarles si pensaba que se habían equivocado en una sentencia. Fue expulsado de unos cuantos juegos. Pero entonces ellos se enfrentaban más a los árbitros de lo que lo hacen hoy”.
Acerca de la mundialmente famosa Bloody Mary de Lefty O’Doul: “Eso viene de una receta original de la familia O’Doul y la han servido desde el primer día. Somos una familia bebedora, siempre hemos sido una sarta de bebedores. La escogencia de los O’Doul como droga fue el alcohol. Lefty bebía Borbón y agua y cerveza. Recuerdo que nos sentábamos en el patio con mi padre y mi tío y él estaba bebiendo cerveza. Pero le gustaba Borbón, recuredo eso. Bebió cerveza Acme en los años ’50. Era una cerveza de San Francisco y le gustaba. A mi tío le gustaba ir a bares y hablar con las personas en los bares, así que abrir su propio bar-restaurant en su ciudad fue una progresión lógica.
Traducción: Alfonso L.Tusa C.
Conversación acerca de Tony Conigliaro
Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 17-02-2012.
Ha habido pocas tragedias como la de Tony Conigliaro. A la edad de 22 años, él ya había bateado 104 jonrones y parecía en camino de convertirse en uno de los grandes toleteros de todos los tiempos. Pero el 18 de agosto de 1967, no pudo eludir una recta alta y adentro de Jack Hamilton. La pelota golpeó a Conigliaro de lleno en la cara, lesionó seriamente su ojo izquierdo y lo forzó a perder la parte final de la temporada de 1967 y la de 1968.
Algunos escépticos pensaron que él nunca volvería a jugar, pero él los confundió con temporadas productivas en 1969 y 1970. Entonces los Medias Rojas lo cambiaron a los Angelinos, donde tuvo dificultades, quizás afectado por un equipo lleno de miseria y discordia. Al ser incapaz de ver por su ojo izquierdo, Conigliaro se retiró.
Cuatro años después, intentó regresar con los Medias Rojas, pero su cuerpo lo traicionó, una vez más lo forzó a renunciar.
En 1980, luego de una entrevista para un trabajo de narrador en TV, Conigliaro sufrió un ataque cardíaco y cayó en coma. Ante la discapacidad de recuperarse y llevar una vida normal, Conigliaro fue puesto al cuidado de su familia. Falleció ocho años después, a la edad de 45.
Las angustias y tragedias de Tony Conigliaro son dramática diestramente contadas en el libro nuevo, The Tony Conigliaro Story, escrito por Bruce Fitzpatrick. Guionista y autor, Fitzpatrick traza la vida de Conigliaro con especial énfasis en su niñez y sus dificultades luego del incidente del pelotazo. A principios de esta semana, hablé con Fitzpatrick acerca de Tony C.
Markusen: Bruce, he disfrutado leyendo su libro. No está escrito como la mayoría de las historias de beisbol, está presentado más como una novela, con muchos diálogos. Usted incluye largas conversaciones como si hubiese estado ahí escuchándolas. ¿Fue capaz de recrear esas conversaciones mediante entrevistas con la familia, o se tomó algunas libertades e hizo cálculos educados de lo que se dijo?
Fitzpatrick: Como lo indican los reconocimientos del libro, realicé largas entrevistas con cada una de las personas nombradas ahí. Todo fue o filmado o grabado en audio. Al hacer eso, obtuve una visión íntima de Tony, su vida personal y familiar, de donde venía, el ambiente donde fue criado, y su vida como beisbolista profesional. No me tomé libertades ni licencia poética. Todo lo que está ahí fue registrado como ocurrió o tan cercano como lo pude conseguir, usando un formato dramático.
Markusen: Luego que Conigliaro rompió con su novia Julie, ella empezó a salir con Hawk Harrelson. ¿Hubo tensión entre Tony y Harrelson debido a esto?
Fitzpatrick: No hubo tensión directa entre Tony y Hawk porque ellos nunca jugaron en el mismo equipo. A Tony le dolió verlo con Julie, quien creo fue el amor de su vida, y él de ella, y quien también había heredado su trabajo con el equipo. Ni Tony ni Julie se casaron, y como amigo cercano de ella puedo decir que aún ahora ella todavía es la novia de Tony. Visitamos juntos las tumbas de Tony y sus padres.
Esa fue una experiencia muy fuerte. Ella todavía tiene mas de 200 cartas que él le escribió, junto como mucha memorabilia personal y profesional de su vida juntos y sus días de beisbolista profesional. Me siento seguro al decir que ellos fueron de verdad compañeros de alma.
Markusen: El pelotazo de Jack Hamilton es quizás la primera cosa que viene a la mente cuando se recuerda la historia de Conigliaro. ¿Piensa usted que el resultado pudo ser otro si Conigliaro hubiese usado un casco con orejera?
Fitzpatrick: Tony usaba un casco la noche cuando fue golpeado. Pero al mirar la repetición desde una cámara superior ubicada en la cabina de transmisión, esta muestra claramente que el casco de Tony estaba en la zona de strike sobre el plato cuando fue golpeado. Parte del juego de Tony como bateador de poder consistía en invadir el plato y forzar a los lanzadores a pitchearle, o caminarlo. Cualquier otro pelotero con un estilo de bateo normal habría dado uno o dos pasos detrás del plato, y no habría sido golpeado por el mismo pitcheo.
Dos semanas antes del incidente, Ted Williams le había advertido acerca de su estilo de bateo, pero Tony escogió mantener su posición normal de bateo. Sin embargo, la adición de una orejera a los cascos de bateo fue un resultado directo de ese pelotazo y de la campaña personal de él para agregar la orejera.
Markusen: ¿Por qué piensa usted que el manager de los Medias Rojas, Dick Williams, decidió no visitar a Conigliaro en el hospital después del pelotazo?
Fitzpatrick: Eso nunca estuvo claro. Ellos tenían una pequeña hostilidad entre sí, en parte como un conflicto de personalidades, y en parte como resultado de un incidente de pelotazos mutuo durante el año de novato de Tony cuando él y Williams intercambiaron pelotazos. Williams falló; Tony no, y tumbó a Williams. Pienso que un elemento de resentimiento pudo haber existido.
Markusen: Dada la seriedad de las lesiones que sufrió Conigliaro debido al pelotazo, ¿Es sorpresivo para usted que él regresara y disfrutara el tipo de temporada que tuvo con los Medias Rojas en 1970?
Fitzpatrick: En realidad, él regresó en 1969 y ganó el premio Regreso del Año. Lo que la mayoría de las personas no sabe es que él regresó con visión dispareja. La visión de su ojo lesionado nunca regresó completamente. Él tenía que mirar levemente a la izquierda del pitcher para ver la pelota luego que fuese lanzada. Todo un logro.
Markusen: A través de los años, hemos oido mucho acerca de la división que había en el clubhouse de los Medias Rojas, con Tony y su hermano Billy de un lado y carl Yastrzemski y Reggie Smith del otro lado. ¿Qué tan profunda era esa grieta, era irreparable?
Fitzpatrick: Hice algo de investigación sobre la muy publicitada fricción entre ellos, y mi conclusión es que eso era más publicidad que realidad. Eso se hizo aparente cuando hice mi entrevista de una hora con Carl Yastrzemski. Él de inmediato reconoció la competitividad de ese equipo, y también reconoció que sin ella, ellos no habrían llegado a la Serie Mundial de 1967 al final del año del Sueño Imposible.
Él también declaró enfáticamente que si Tony hubiera sido capaz de jugar en esa Serie Mundial ellos habrían descorchado las botellas de champaña en el clubhouse de los Medias Rojas y no San Luis. Cuando le pregunté que le diría a Tony si él viniera a la habitación por 60 segundos, él hizo una pausa para ganar control sobre sus emociones, y entonces procedió a dar uno de los grandes testimonios que le haya oído a un competidor. Carl es un tipo con clase, y lamenta con sinceridad lo que le ocurrió a Tony.
Markusen: En 197, Tony formó parte de una situación de pesadilla con los Angelinos, un equipo que estaba afectado por la situación de Alex Johnson. ¿Cuánto afectó a Conigliaro esa atmósfera envenenada?
Fitzpatrick: En realidad, el ambiente del equipo de los Angelinos tuvo poco que ver con la decisión de Tony. Simplemente, él extrañaba jugar frente a los aficionados de su ciudad en Fenway Park. En esencia, eso apagó el fuego. Lo que pocos saben, sin embargo, es que su pasión por el beisbol, y tal vez una reserva acerca de si estaba acabado o no, quedó demostrada cuando Al Ruddy le pidió que audicionara para un papel de una película que ellos tenían en mente para él.
Él declinó graciosamente, dijo que su corazón aún estaba en el beisbol. Así que Ruddy se fue y consiguió a otro italiano para el trabajo. ¿De quién hablas? Que tal de Al Pacino para el papel de Michael en El Padrino. Historia real. Por su parte, Tony abrió un club nocturno para seguir una carrera como cantante.
Markusen: ¿Por qué piensa usted que Conigliaro trató de regresar con los Medias Rojas en 1975?
Fitzpatrick: Como lo declaró, Tony nunca abandonó su noción de volver a jugar. Cuando los Angelinos le dieron su libertad, los Medias Rojas le dieron su oportunidad. Para entonces, la Liga Americana había adoptado la nueva posición de bateador designado. Tony compitió por ella y ganó el puesto. ¿A quién venció por la posición? Alguien que se acababa de unir al equipo, un novato llamado Jim Rice.
Markusen: Hubo muchos disgustos y dificultades para Conigliaro. ¿Qué tan grande fue el disgusto para él perderse el banderín de la Liga Americana de 1975 y esa histórica Serie Mundial que vino después?
Fitzpatrick: A mediados de la temporada de 1975 el cuerpo de Tony había empezado a tener dificultades con su acostumbrado régimen de entrenamiento. Al sentir que no tenía lo que necesitaba (o quería), dejó el equipo y el beisbol profesional en julio de 1975 ¿Qué pudo haber pasado si hubiera jugado una carrera de 12-14 años? Además de convertirse en miembro del Salón de la Fama, habría sido una amenaza para la marca de jonrones de todos los tiempos. Él alcanzó la marca de los 100 jonrones seis años antes que Babe Ruth, cinco antes que Hank Aaron, y siete antes que Carl Yastrzemski.
Lo que la mayoría de las personas no sabe es que él promediaba 25-30 juegos al año en la banca con lesiones debidas a su agresivo estilo de juego en el campo, chocaba contra las cercas mientras perseguía elevados, etc.
Markusen: La historia de cómo Conigliaro sufrió un ataque cardíaco mientras iba a una entrevista de trabajo es muy trágica. Si él no hubiese sufrido el ataque cardíaco, si hubiese conseguido el trabajo, ¿Cómo piensa usted que él podía haber ejecutado como narrador en Boston?
Fitzpatrick: Pienso que Tony habría hecho un gran trabajo. Además de sus conocimientos como pelotero, él había tenido experiencias de locución en Rhode Island y San Francisco. Añádele a eso la pasión que él tenía por el juego…
En cuanto a su ataque cardíaco, en realidad ocurrió después que él había sido escogido para el trabajo por Joe Dimono, gerente general de la estación WSBK, la estación matriz del circuito de transmisiones de los Medias rojas. El ataque cardíaco de Tony ocurrió camino al aeropuerto cuando él se disponía a salir de la ciudad para completar un viaje de negocios, y cerrar sus asuntos en la costa oeste.
Markusen: ¿Qué tanto es recordado Conigliaro en Boston en la actualidad?
Fitzpatrick: Tony es un ícono en Boston, Nueva Inglaterra y puntos del sur y occidente donde las personas lo conocen. Y de esos hay muchos. A excepción de Babe Ruth, él fue, creo, el pelotero más carismático que se puso el uniforme de los Medias Rojas. Él fue, y aún lo es, un héroe de la ciudad. El querido “Tony C” será recordado y mencionado alrededor de Boston por tanto tiempo como haya beisbol en Boston. Y eso, esperamos, será por un largo, largo tiempo…
Published by CreateSpace, The Tony Conigliaro Story can be obtained at http://www.createspace.com/3738481. It is highly recommended, particularly for members of Red Sox Nation.
Acerca de Bruce Markusen
Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 11 de febrero de 2016
Esquina de las Barajitas: Jerry Grote, el gran trabajador.
Bruce Markusen. Octubre 2015.
Con los Mets de Nueva York de vuelta en la Serie Mundial por primera vez desde el año 2000, inevitablemente me encontré pensando acerca de la primera vez que los Mets se aventuraron en el territorio de la gloria de otoño. Aquellos Mets de 1969 ejecutaron uno de los cinco mejores batacazos en la historia de la Serie Mundial, al vencer al equipo de los Orioles de Baltimore que tenía el impresionante talento de una dinastía.
Al pensar en aquellos Mets del ’69, los esfuerzos épicos de los inquilinos del Salón de la Fama, Tom Seaver y Nolan Ryan en la postemporada vienen a la mente, asi como los jonrones heroícos de la adquisición de mediados de temporada Donn Clendenon y la atrapada salvadora de la Serie Mundial de un atípico acróbata Ron Swoboda. Todo esto fue hermosamente orquestado por el estricto Gil Hodges, un manager quien fue amado y respetado, quizás en cantidades iguales, por sus peloteros.
Sin embargo, hay una tendencia a olvidar las contribuciones de algunos de los Mets de 1969, algunos de los cuales eran peloteros circunstanciales y algunos quienes permanecen en la oscuridad. Quizás en el tope de la primera lista está un cátcher de la vieja escuela llamado Jerry Grote, quien nunca será confundido con Gary Carter, Mike Piazza, o hasta Todd Hundley cuando se trata de batear una pelota de beisbol. Pero en las más sutiles areas de la defensa y el corrido de bases, el endurecido Grote fue tan responsable como los Mets más famosos por hacer campeones mundiales a unos recién llegados.
De todas las barajitas de beisbol que Topps ha producido, ninguna epitomiza más al jugador mostrado en ella que la barajita de Jerry Grote de 1971. Ese fue el primer año que Topps usó acciones del juego en curso en sus barajitas, y ninguna de las tomas de acción es mejor que la imagen de Grote. Lo vemos actuar en un juego, casi con certeza durante la temporada de 1970, en Shea Stadium. Grote y los Mets enfrentan a los Cardenales de San Luis, como es evidenciado por la presencia del personal de los pájaros rojos en el dugout de tercera base. (Específicamente el coach veterano Dick Sisler, el hijo del inquilino del Salón de la Fama, George Sisler, usando el número 5).
Momentos después de hacer contacto con un lanzamiento de un pitcher desconocido de los Cardenales, vemos a Grote salir desde el cajón de los bateadores derechos. Su cabeza gacha, sus brazos agitados con furia, Grote corre como si fuese el séptimo juego de la Serie Mundial, no un juego de mediados de verano perdido en el tiempo y la memoria.
Grote no creía en arrojar el bate, o agitar los puños, o trotar hacia primera base cuando bateaba un rodado al montículo. Para un jugador como Grote, la manera como lo vemos corriendo en esta barajita Topps era su manera preferida de correr al batear, fuese roletazo imparable, elevado al cuadro, o elevado largo a la zona de seguridad. En la mente de Grote, esa no era solo la manera correcta de jugar el juego; era la única manera de hacerlo.
Grote podría no haber encajado con el juego de hoy, el cual está lleno con más vedetismo que la era que precedió a la libre agencia. Así como a Jerry Grote no le gustaba posar en la caja de bateo, a él tampoco le gustaba fraternizar con los contrarios. A él no le agradaba hablar con los medios, antes o después del juego. Solo quería jugar el juego de ese día, jugarlo duro, y ganar tan a menudo como fuese posible. Esos eran atributos que ayudarían a los Mets, nada más que en 1969, y de nuevo en 1973, cuando ellos sorprendieron al beisbol al ganar el banderín de la Liga Nacional.
Tendemos a pensar que Grote fue un miembro de toda la vida en los Mets, pero eso no es verdad. Es fácil olvidar que él empezó su carrera en la organización de los Colt .45s de Houston. Grote hizo su debut en Grandes Ligas con Houston en septiembre de 1963, cuando entró a un juego en los innings finales como reemplazo defensivo del receptor titular John Bateman. El 27 de septiembre, Grote fue parte de un evento inusual, los Colt .45s hicieron la primera alineación de puros novatos en la historia de las ligas mayores. Esa alineación tenía tres futuras estrellas en Rusty Staub, Joe Morgan y Jimmy Wynn.
En contraste con esos tres jóvenes talentos, Grote tendría dificultades con los Colt .45s. No porque careciera de compromiso o esfuerzo. De hecho, Grote construyó su propia jaula de bateo en la casa de sus padres en San Antonio. La hizo con tela metálica y alfombras viejas, y pasaba horas durante el invierno tomando práctica de bateo contra una máquina de pitcheo “Iron Mike”.
Por más que trabajaba en su bateo, Grote continuaba fallando ante el pitcheo en vivo, bateó .181 con .240 de porcentaje de embasado y poco poder con Houston (para ese momento renombrado Astros). Para finales de la temporada de 1965, los Astros se cansaron de esperar por el bateo de Grote y lo cambiaron a los Mets por un pitcher llamado Tom Parsons.
El cambio fue uno de los mejores que el inquilino del Salón de la Fama George Weiss, realizó como gerente general de los Mets. Con sabiduría, Weiss escuchó el consejo de uno de sus principales scouts, Red Murff, quien había firmado originalmente a Grote mientras trabajaba para la franquicia de Houston.
Con Grote como catcher titular para la temporada de 1966, los Mets evitaron la marca de 1as 100 derrotas por primera vez en la historia de su joven franquicia. La competitividad de Grote impresionó a sus compañeros de equipo, algunos de los cuales empezaron a jugar el juego con más determinación. Dada su dureza y defensa estelar detrás del plato, a los Mets no les importó que Grote solo bateara .237 con apenas tres jonrones.
Grote a veces llevaba esa competitividad a los extremos. Para muestra un ejemplo, él desarrolló un hábito interesante detrás del plato. Cuando un pitcher de los Mets registraba el tercer out del inning con un ponche, Grote lanzaba la pelota al lado del montículo opuesto al dugout del otro equipo. Él hacía eso para obligar al pitcher enemigo a caminar un poco más antes de doblarse para tomar la pelota. Eso podría haber parecido insignificante, pero en la mente de Grote, valía la pena hacer que el pitcher contrario ejerciera más esfuerzo.
Grote no solo sentía poco cariño por los contrincantes, él podía ser rudo con sus compañeros. Esa actitud se trasladaba a sus relaciones con los medios. Él no tenía mucha paciencia para las preguntas de los periodistas; los veía como extraños que se entrometían en la santidad del clubhouse. Y luego estaba su antagónica relación con los árbitros, la cual alcanzó un punto bajo durante la temporada de 1967. El manager de los Mets, Wes Westrum enfrentó un déficit de peloteros, solo 21 cuerpos sanos, para un juego de mediados de temporada contra los Dodgers de Los Angeles. Luego de entrar al juego como corredor emergente en la parte de arriba del séptimo inning, Grote tomó su lugar detrás del plato. Casi inmediatamente, Grote empezó a quejarse acerca de la zona de strike del árbitro del plato, Bill Jackowski. Al final del inning, Grote prolongó su diatriba, gritando a Jackowski desde el dugout y luego lanzó una toalla al terreno.
Jackowski no tuvo otra opción que expulsar a Grote. Eso creó un problema mayor para Westrum, quien ahora no tenía receptores sanos. En su desesperación, Westrum presionó al jardinero Tommie Reynolds para que sirviera como su cátcher de emergencia.
No solo Westrum multó a Grote por sus acciones, sino que el gerente general Bing Devine buscó a Grote después del juego y le reclamó por su indiscreción. Grote aprendió une valiosa lección: Tenía que controlar su temperamento por el bien del equipo.
Para 1968, Grote había revisado su actitud hacia los árbitros. “Reflexioné y me dije que no iba a discutir, sin importar de que se tratara”, le dijo a Dick Young de New York Daily News. “Ellos no son tipos malos”.
Un pelotero más sabio luego de las observaciones de Devine y Westrum, Grote aún quería mejorar su perfíl como bateador. Bateó sobre .300 en la primera mitad de 1968, lo cual le valió ser seleccionado como el cátcher abridor en el Juego de Estrellas. Se convirtió solo en el segundo Met en la historia que ganaba un puesto como abridor en el equipo de la Liga Nacional para el Juego de Estrellas, uniéndose al segunda base Ron Hunt en un grupo selecto. Grote terminaría la temporada con un sólido .282, pero en vez de aceptar el reconocimiento por el avance, él acreditó al nuevo manager Hodges por ayudarlo a recortar su paso y a hacer más rápido el swing.
Mientras Grote elogiaba a su manager, Hodges reconocía la dureza de Grote. Un ejemplo clásico ocurrió en septiembre de 1969, Grote actuó en ambos juegos de una doble cartelera contra el equipo de expansión Expos de Montreal. Totalizó 21 innings en los dos juegos, una cantidad inusual de trabajo dadas las exigencias extremas de la posición.
Hodges sentía que era importante para Grote quetchearle al talentoso y joven cuerpo de lanzadores de los Mets tan a menudo como fuera posible. Aunque el promedio ofensivo de Grote cayó 30 puntos en 1969, él mejoró su manejo del cuerpo de lanzadores y eso impresionó enormemente a Hodges. Su juego defensivo también alcanzó el tope en su carrera. Incurrió en solo cuatro passed balls e hizo out a 40 de 71 corredores que le salieron a robar, lo cual representa una impresionante tasa de éxito del 56 porciento. En un deporte donde los mejores robadores de bases tienen éxito 80 porciento del tiempo, los números de Grote desafían la lógica.
Con Grote sacando lo mejor de un joven cuerpo de lanzadores, los Mets remontaron para alcanzar a los Cachorros de Chicago y ganar el este de la Liga Nacional. Grote despachó imparables clave en el segundo y cuarto juego de la Serie Mundial, ambos impactos apoyaron rallies importantes. Grote jugó un papel sutil en el campeonato mundial inesperado de los Mets.
Grote siguió siendo el cátcher titular de los Mets por las próximas dos temporadas: la campaña de 1971 tuvo su punto más brillante cuando él apareció en la portada de Sports Illustrated. Ese mismo año, el inquilino del Salón de la Fama, Lou Brock, de los Cardenales de San Luis le dio a Grote el mayor de los cumplidos, se refirió a él en el Sporting News como el “cátcher de la liga más difícil para robarle una base”.
Entonces vino la tragedia que afectó a todos los Mets en 1972; La muerte inesperada de el querido Hodges durante el entrenamiento primaveral. Poco después que Yogi Berra asumiera como manager, pasó a Grote a la reserva y convirtió a Duffy Dyer en su cátcher No. 1. Algunos observadores de los Mets especularon que Berra prefirió a Dyer porque tenía más poder al bate que Grote, pero el nuevo manager en verdad estaba protegiendo a su cátcher veterano. Grote tenía problemas con varios fragmentos de hueso en su codo de lanzar, una condición que requeriría cirugía en septiembre.
La siguiente primavera, Grote regresó a su papel como catcher titular, pero una recta descontrolada del relevista de Pittsburgh Ramón Hernández le rompió un hueso del antebrazo derecho y lo incapacitó por dos meses. Una vez más, Grote tuvo que trabajar para regresar, eventualmente subió su promedio desde los .170s hasta los .250s. Grote y los Mets regresaron a la postemporada y la Serie Mundial, antes de perder con los poderosos Atléticos de Oakland en siete juegos. Como lo hizo en 1969, Grote recibió cada inning de la postemporada en 1973.
En 1974, Grote logró su segunda selección al Juego de Estrellas, pero continuó sufriendo lesiones ese verano y terminó compartiendo la posición con Dyer. Como los Mets estaban cada vez más preocupados por el desgaste del cuerpo de Grote, llevaron seis cátchers al entrenamiento primaveral de 1975. Ahora Dyer estaba fuera de la ecuación, había sido cambiado a Pittsburgh, pero el veterano Jerry Moses y el impresionante novato John Stearns habían llegado para superpoblar la situación de la receptoría.
Justo cuando Grote parecía estar perdiendo su habilidad como receptor, él regresó para ganar la competición. Los Mets vendieron a Moses a los Padres, para asegurar un puesto para Grote en la rotación de cátchers. Jugando con dolencias en la espalda, Grote bateó .295, lideró a los cátchers de la Liga Nacional en porcentaje de fildeo, y sorprendió a seis corredores en las bases.
No fue sino hasta 1977 que Grote cayó a un papel menor. El manager Joe Frazier hizo de Stearns su cátcher titular y empezó a usar a Grote en tercera base. Esa situación terminó a finales de mayo, cuando llegó Joe Torre como manager-jugador. Torre decidió mover a Lenny Randle desde segunda base a tercera base y reinstalar a Grote como su cátcher de reserva detrás del prometedor Stearns.
La temporada de 1977 representó un año de movimientos masivos para la franquicia de los Mets. Para la fecha tope de cambios del 15 de junio, los Mets empezaron a desmantelar el equipo al cambiar a Seaver y Dave Kingman en un par de negociaciones. La liquidación continuó a finales de agosto, cuando los Mets enviaron a Grote, de 35 años a los Dodgers de Los Angeles. Grote se convirtió en respaldo de Steve Yeager por el resto de 1977 y todo el ’78.
Luego de esa última temporada, Grote se convirtió en agente libre. Él recibió una llamada sorpresiva del presidente de los Yanquis de Nueva York, Al Rosen, quien le ofreció a Grote un contrato de dos años. Rosen le explicó a Grote que jugaría máximo 40 juegos por temporada como respaldo del cátcher Todos-Estrellas, Thurman Munson. Grote consideró la oferta, pero también tenía dificultades familiares en ese momento. Como la familia tenía prioridad sobre el beisbol, él decidió retirarse.
El retiro duró solo dos temporadas. Grote decidió regresar a la acción en 1981, esta vez con los Reales de Kansas City (lo cual le da una conexión con el oponente de los Mets en la Serie Mundial de 2015). Más maduro que en sus días de alta intensidad con los Mets, Grote aceptó un papel como tercer cátcher detrás de John Wathan y Jamie Quirk. Disfrutó un último gran momento el 3 de julio, cuando fijó un record para los Reales con siete carreras empujadas en un juego contra los Marineros de Seattle. Grote eventualmente subió su promedio en la temporada a .304, per sorpresivamente fue despedido el 1 de septiembre. Siete días después, firmó con los Dodgers, participó en dos juegos para terminar la temporada, y entonces decidió retirarse ese invierno.
Con sus cualidades de jugador activo fuera de circulación, era natural que Grote buscara ser manager. En 1985, Grote se desempeñaba como manager de los Barons de Birmingham, el afiliado de los Tigres de Detroit en la Southern League AA, cuando de pronto se quedó sin cátchers sanos en medio de una doble cartelera. Entre los juegos, Grote telefoneó a su gerente general y le pidió permiso para ser activado para el juego de la noche. El gerente general le dijo que si, así que Grote, de 42 años, se puso la pechera, las rodilleras, y la máscara, y le dio un último intento a la receptoría. Grote jugó sin errores y ejecutó con destreza un toque de sacrificio, para dejar impresionados a sus jóvenes “compañeros de equipo”.
Aún en sus cuarentas, algunos cuatro años después de sus últimos días como grandeliga, Grote había retenido la misma determinación que mostró en su barajita Topps de 1971. Para un practicante de la vieja escuela como Grote, cuando se trata de ser profesional y jugar el juego, nada ha cambiado.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 10 de febrero de 2016
El actor Dwier Brown aún está impactado por su papel icónico en El Campo de los Sueños (Field of Dreams)
24-01-21016. The Baseball Historian.
La película Field of Dreams toca todas las notas artísticas, emocionales y de entretenimiento. No es solo una película de beisbol, también trata de la redención, perseguir sueños y las complicadas relaciones entre padres e hijos. Un personaje significativo determinante en la fluidez de toda la historia fue interpretado por el actor Dwier Brown, quien 30 años después, todavía está profundamente impactado por su icónico papel y el juego de lanzarse la pelota que ejecutó con Kevin Costner.
Para los dos o tres de ustedes quienes aún no hayan visto la película, Field of Dreams trata del granjero Ray Kinsella, un agricultor de maíz de Iowa con una joven familia y una significativa cantidad de lamentos. Él ama el beisbol y conversar de Shoeless Joe Jackson, el exiliado y desgraciado antiguo jardinero, quién era el protagonista de las historias que le contaba su padre. Sin embargo mientras crecía, Ray se alejó de su padre y le infligió una herida profunda al rechazar jugar a lanzarse la pelota con él antes de irse a hacer su vida. Nunca volvieron a hablarse, y su padre falleció poco después. Años después, Ray descubre que su maizal no solo tiene el atributo mágico de reconectarlo con el beisbol sino que también puede ayudar a facilitar la redención de maneras sorprendentes.
Estrenada en 1989, Field of Dreams está basada en el libro de W.P. Kinsella, Shoeless Joe. Protagonizada por Costner y James Earl Jones, uno podría pensar que la película es dominada por sus estrellas, pero estaría equivocado. La película entera es un maravilloso esfuerzo de equipo, y Brown, quien solo aparece en los cinco minutos finales como John Kinsella, el padre de Ray, se roba el show con una escena emocional que puede sacar lágrimas al más rudo de los individuos.
Cuando se filmó la película él aún no llegaba a los 30 años de edad, Brown ya era un actor veterano, había trabajado en proyectos notables como The Thorn Bird y The Twilight Zone. Su experiencia fue puesta en buen uso para convertir un papel con un tiempo tan pequeño de pantalla en otro que será recordado por siempre. Haciendo dueto con Costner, él se faja con el legendario actor palmo a palmo y el resultado es una escena emotiva, poderosa y sorprendente.
Brown sigue actuando, en televisión y películas. También ha publicado un libro titulado If You Build It…: A book about Fathers, Fate, and Field of Dreams (Si lo construyes…: Un libro acerca de Padres, Destino y Campo de los Sueños). Es una memoria de su vida, su trabajo en la película y como eso terminó impactándolo de manera poderosa e inesperada.
Siga leyendo para saber más acerca de Dwier Brown y su papel cinematográfico de una vez en la vida, y como conectarse con él en línea y a través de las redes sociales.
Entrevista de Dwier Brown.
¿Cuál fue su experiencia con el beisbol al crecer?
Mi padre me enseñó a quetchear con su guante de dedos separados de los años ’30. Participé en las pequeñas ligas desde niño y jugué a lanzar la pelota infinitamente con mi hermano mayor y otros niños de granjas vecinas de Ohio, donde crecí. Era bueno con el guante pero tuve problemas con el bate por mucho tiempo. Estuve muy triste cuando no pasé el corte del equipo de beisbol en mi primer año. Pero algunas veces le digo a mis amigos que fueron estrellas de ese equipo de beisbol que yo reí de último, fue mi fotografía que terminó en el Salón de la Fama del Beisbol (por la película).
¿Cómo se interesó en actuar?
Al crecer en una granja, mi hermano, mi hermana y yo siempre estábamos buscando cosas divertidas que hacer que no implicaran trabajar. Mi hermana empezó a actuar en obras de la escuela, entonces mi hermano creó un pequeño grupo de teatro comunitario y empecé a participar en sus producciones. Yo disfrutaba al pretender ser alguien más y hacer reir a la gente. Mi hermana y mi hermano dejaron de actuar, y yo seguí actuando en la universidad y entonces me mudé a Chicago para involucrarme en obras y teatro de improvisación.
Por favor, explique como logró el papel de John Kinsella en Field of Dreams.
La audición fue como cualquier otra programada para mi por mi agente. Ya había leído el libro Shoeless Joe, en el cual se basó la película, y me gustó mucho, así que trabajé muy duro en la audición (la cual se remitía a las últimas cinco páginas del guión). Traté de crear tanta magia como pude en la pequeña sala de pruebas, pero sabía que iban a probar a muchos actores para ese papel (tal vez 200-300 tipos). Les tomó mucho tiempo en dirigirse a mí, asi que había perdido toda esperanza cuando finalmente me dijeron que ¡yo iba para Iowa!
¿Cuál es su memoria favorita de la filmación?
Como había disfrutado mucho el libro Shoeless Joe , una de mis mejores memorias de la filmación era manejar por la prolongada carretera de la granja Lansing por primera vez y ver ese perfecto diamante de beisbol en el medio de los maizales como los que me habían rodeado cuando crecía. ¡Me sentía como en el cielo! Ahí estaba, mezclando mi niñez en una granja con mi sueño imposible de convertirme en actor, al filmar esta película mágica en esta hermosa granja. (Conocer a James Earl Jones fue muy sorprendente, también, pero eso se puede leer en el libro).
¿Cuantas tomas (y cuanto jugó a atrapar la pelota con Kevin Costner) para los momentos finales de la película?
Debido a que el director Phil Robinson y el cineasta John Lindley decidieron filmar la escena final en la “hora mágica” (esos quince minutos de luz dorada después de la puesta del sol), filmábamos un pedazo de esa escena casi cada noche por dos semanas. Filmábamos todo lo que podíamos hasta que oscurecía, entonces hacíamos un ángulo diferente el día siguiente. Uno de los grandes retos de la escena para mi fue tratar de recrear el delicado estado emocional de ese momento final, día tras día de manera que pareciera una acción contínua. Para la filmación de la secuencia final, entre el helicóptero, la luz solar desvanecida y los 3000 extras en sus carros, pensamos que tendríamos solo una toma. Había mucha tensión. La primera toma no pareció buena, hicimos otra. Aún no parecía buena. Phil hizo un pequeño ajuste y lo intentamos una tercera vez. Para ese momento estaba muy oscuro para tratar otra. Afortunadamente la tercera toma funcionó, porque cuando ellos tuvieron la película del laboratorio, las primeras dos tomas estaban negras. Jugar a lanzar la pelota fue la parte más fácil. Pero tengo que admitirlo, nunca estuve más nervioso por dejar caer la pelota…
¿Cuándo notó por primera vez que usted tenía algo especial con esta película?
Para la mayoría de los involucrados en la película, pienso que eso ocurrió en las pruebas y en las entrevistas del elenco una semana antes del estreno. Había pasado casi un año desde que habíamos filmado en Iowa y la mayoría de nosotros había trabajado en otros proyectos en ese tiempo. Desde el comienzo, se podía decir que la película había salido bien, hermosa cinematografía, buena edición, gran anotación y actuaciones maravillosas. Los miembros del elenco tienden a ser un poco necios en estos eventos, ríen de momentos embarazosos que recuerdan de la filmación y se gastan bromas con chistes “íntimos”. Pero cuando se acerca el final, una extraordinaria quietud cae sobre nosotros mientras nos perdemos en la historia. A pesar del hecho de que trabajamos en la película y sabíamos exactamente lo que iba a pasar, pienso que no había un solo ojo seco en la casa.
¿Cuál es la pregunta más común que recibe de los fanáticos?
¿Cómo es Kevin Costner?
Esa escena final se convirtió en un ícono para padres e hijos. ¿Cómo le ha impactado eso?
Desde el estreno de la película en 1989, he sido reconocido por docenas de fanáticos quienes me han contado sentidas historias acerca de sus relaciones con sus padres y como esa película cambio sus vidas. En muchos casos, ellos me cuentan historias de culpa, o lamento, o alegría, con lágrimas en los ojos, todo mientras estamos parados en un aeropuerto o una tienda de comestibles. Algunas veces me siento como un cura quién atiende el confesionario en la calle. Desde que mi padre murió inesperadamente un mes antes de que filmáramos la película, he llegado a pensar que esta es la forma de mi padre de permanecer presente en mi vida. Es mi propio pequeño viaje al maizal, donde las personas tienen una segunda oportunidad con sus padres.
¿En cuales proyectos trabaja en la actualidad?
Desde que publiqué mi libro, If You Build It… A book about Fathers, Fate and Field of Dreams, me han pedido que haga presentaciones y charlas en salones y estadios a lo largo del país. He compartido con aficionados y lanzado primeros pitcheos en Fenway y Kauffman, conocí docenas de inquilinos del Salón de la Fama y Todos Estrellas, y hablé con cientos de aficionados acerca de sus padres, hijos e hijas. Continúo recibiendo ofertas del cine y la televisión y en la actualidad trabajo en una película llamada, The Rain (La Lluvia).
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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