lunes, 28 de marzo de 2016

Esquina de las Barajitas: 1974 Topps: La trágica pérdida de Ken Brett.

5 de diciembre de 2014. Bruce Markusen. The Hard Ball Times. Los Piratas eran el cuarto equipo de Ken Brett en sus primeras siete temporadas de Grandes Ligas. A primera vista, hay claramente algo raro con la barajita de Ken Brett de Topps 1974. Si, la gorra de los Piratas ha sido pintada por uno de los fotógrafos de Topps. Pero no hay nada inusual en eso; la compañía pintó cientos de barajitas durante los años ’70. Este ejemplo de pintura no solo luce crudo en su rudo acabado; también contiene un error obvio. Al cubrir los colores rojizos del equipo de Brett en 1973, los Filis, el artista coloreó la gorra completa de los Piratas con el dorado característico del equipo. Aparentemente, el artista de Topps no estaba completamente familiarizado con el esquema de colores de los Piratas a principios de los años ’70. Las gorras de los Piratas de esa era tenían dos tonos de color. Solo la corona de la gorra era dorada; la visera era negra, el otro color primario del equipo. Más allá de eso, notamos que Brett muestra asomos de una sonrisa en su barajita. Eso es una característica consistente en todas las barajitas de Brett. Era imposible verlo triste o mal encarado, o serio, en cualquiera de sus barajitas. La eterna sonrisa nos dice mucho. Brett era un tipo popular y llevadero, conocido por su sentido del humor y disposición a reir. Eso solo hizo que su temprana muerte de cáncer fuese más dificil de aceptar, especialmente para alguien quien llegó a saber de él mediante sus repetidas conexiones con el norte de Nueva York. Para 1974, Brett se había establecido como uno de los pitchers situacionales consumados del juego. Los Piratas representaban su cuarto equipo en las primeras siete temporadas de su carrera. Para los aficionados que recordaban a Brett ser drafteado y firmado por los Medias Rojas en 1966, este desarrollo debió parecerles impactante. Cuando los Medias Rojas lo seleccionaron en la cuarta escogencia del draft amateur de 1966, los scouts elogiaban su talento y potencial. Era el más celebrado de los cuatro hermanos Brett, incluyendo al hermano más joven, George. Ken Brett no solo era reconocido exclusivamente como pitcher en ese momento. No, los scouts a lo largo del país, también veían a Brett como uno de los mejores jardineros jóvenes. Un scout consideraba a Brett el mejor pelotero amateur que hubiese visto en persona. “Él era el mejor prospecto que nunca vi”, dijo el veterano scout de los Medias Rojas Joe Stephenson, “una combinación de George Brett, Fred Lynn y Roger Maris”. Dadas tales comparaciones, no sorprende que la mayoría de los equipos en posición de draftear a Brett en 1966 habían enfocado sus talentos para jugar en los jardines y batear. Con su poderoso y suave swing zurdo y un cañón por brazo de lanzar, Brett tenía las herramientas de un jardinero central Todos-Estrellas. Sin embargo, la oficina principal de los Medias Rojas, veía a Brett un poco diferente. Los Medias Rojas necesitaban desesperadamente brazos jóvenes, así que decidieron encauzar a Brett hacia el pitcheo. Luego de firmarlo con un bono de 85.000 $, y asignarlo a los Red Sox de Oneonta de la NY-Penn League, los Medias Rojas esperaban que Brett iniciara una rápida escalada en su escalera organizacional. Ubicada a 22 millas de Cooperstown, Oneonta, no es una ciudad grande, pero Brett de alguna manera se las ingenió para perderse en su primer intento de llegar al estadio. La oficina principal del Oneonta se preocupó tanto que puso una denuncia en la policía para que rastrearan a Brett. Finalmente, Brett apareció, y se registró en un hotel cercano. Entonces caminó tres cuadras desde el hotel hasta Damaschke Field. Su llegada ocasionó otra agitación, cuando el cuerpo técnico del Oneonta notó los pies de él; por alguna razón, Brett estaba descalzo. Extrañamente, Brett tampoco llevaba zapatos con él. “Me estaban doliendo los pies”, explicó Brett a The Sporting News. “Había pasado la mayor parte del verano en la playa y no estaba acostumbrado a usar zapatos”. Además, para empezar, a Brett no le gustaba usar zapatos. Una vez que Brett se reportó a salvo, procedió a tener dificultades con su pitcheo en la NY-Penn League. A pesar de su difícil debut al norte de Nueva York, los Medias Rojas lo movieron a una clasificación superior en 1967. Primero, fue a Winston-Salem de la Carolina League. Y entonces, a media temporada, los Medias Rojas lo mandaron al Pittsfield AA. De manera impresionante, Brett pitcheaba mejor mientras subía de clasificación. Lanzó tan bien en Pittsfield, con una efectividad de 1.80 en 25 aperturas, que los Medias Rojas lo compensaron con un llamado de fin de temporada a Boston. Mientras los Medias Rojas batallaban con varios equipos en una frenética carrera por el banderín de la Liga Americana, Brett hizo una aparición en relevo, terminó un juego que perdieron ante Cleveland el 27 de septiembre. Aunque Brett todavía era un adolescente, su personalidad lo convirtió en un éxito inmediato en el clubhouse de los Medias Rojas. “Él era muy maduro para su edad y muy bien-querido”, le dijo el campocorto de los Medias Rojas al Boston Globe años después. “Encajó perfectamente en el clubhouse. Todos éramos jóvenes y todos tomábamos las cosas con ligereza”. Brett lanzó en un solo juego de la temporada regular para los Medias Rojas, pero el manager Dick Williams se enamoró inmediatamente de su brazo. Williams también tenía alta estima por el nivel de coraje de Brett, lo acreditó por tener “las agallas de un ladrón”. Cuando Sparky Lyle dejó el equipo por una lesión que terminó su temporada, los Medias Rojas solicitaron a la oficina del comisionado permitir a Brett ser su reemplazo en la postemporada. Spike Eckert dio su aprobación; con algo de duda. Williams incluyó a Brett en el roster de los Medias Rojas para la Serie Mundial. Brett hizo dos apariciones en la Serie Mundial, no permitió carreras en un inning y un tercio contra los Cardenales y se convirtió en el jugador más joven en la historia del clásico de otoño. Aunque los Medias Rojas perdieron la serie en siete juegos, Brett de 19 años de edad, había pasado su primera prueba. A pesar de su impresionante demostración de octubre, Brett claramente no estaba listo para un trabajo a tiempo completo en Grandes Ligas. Los Medias Rojas lo veían como abridor a tiempo completo, no como un pelotero accesorio del bull pen. Aún de 19 años, regresó a las ligas menores, esta vez al Louisville AAA de la International League, pero los problemas en el brazo lo limitaron a solo nueve apariciones. Retrasado por la lesión, Brett regresó a Louisville en 1969, hizo 19 aperturas, y entonces fue a la liga instruccional para trabajar con su curva y su cambio. En 1970, Brett se ganó otro llamado a Boston, esta vez para bien. Al necesitar pitcheo abridor, los Medias Rojas pusieron a Brett en la rotación, pero fue muy bateado en ocho aperturas, tuvo efectividad de 5.26. El manager de los Medias Rojas, Eddie Kasko, trató con Brett como relevo en 1970 y mostró mejoría, poncho 155 bateadores en 139 innings, pero su efectividad permaneció por encima de 4.00. Entonces vino una desastrosa temporada de 1971, en la cual Brett lanzó casi exclusivamente en relevo, su efectividad llegó hasta 5.34. Frustrados por la falta de mejoría de Brett, los Medias Rojas decidieron seguir adelante. Mientras negociaban un cambio monstruoso con los Cerveceros ese octubre, los patirrojos decidieron incluir a Brett en la transacción. El cambio de diez peloteros envió a Brett, al pitcher derecho Jim Lonborg, el toletgero George Scott y los jardineros Billy Conigliaro y Hoe Lahoud a Milwaukee por Tommy Harper y dos lanzadores, Lew Krausse y Marty Pattin. La carrera de Brett en Boston había terminado aparentemente antes de haber empezado. Como una franquicia relativamente nueva, que había entrado a la liga como Pilotos de Seattle en 1969, los Cerveceros estaban emocionados por tener a un talentoso pitcher zurdo como Brett. El manager de los Cerveceros, Dave Bristol, incluyó a Brett en su rotación de abridores, pero ni Bristol ni Brett terminaron la temporada en sus respectivos puestos. Bristol terminó despedido en mayo, mientras Brett tuvo dificultades en 22 aperturas antes de ser sacado de la rotación. En total, fue una temporada de disgustos para los Cerveceros, quienes terminaron últimos, y Brett, quien solo ganó siete juegos y tuvo una efectividad de 4.53. Los Cerveceros estaban tan disgustados con la actuación de Brett que perdieron las esperanzas en él después de un verano y lo incluyeron en otro cambio grande al final de la temporada. Esta vez fue una negociación de ocho peloteros entre los Cerveceros y los Filis. El cambió envió a Brett, Lonborg, y al as relevista Ken Sanders a Filadelfia por el tercera base Don Money, el infielder utility John Vucovich, y el pitcher derecho Billy Champion. El cambio de escenario, junto al cambio de liga, le sentó bien a Brett. Se convirtió en miembro regular de la rotación abridora de Danny Ozark, surgió como un sólido abridor número 3 detrás de Steve Carlton y Wayne Twitchell. Brett bajó su efectividad a 3.44, ganó 13 juegos, y acumuló 211 innings. Por primera vez en su carrera, Brett lanzaba como el prospecto que los Medias Rojas y otros equipos habían visualizado alguna vez. Como bono adicional, Brett bateó jonrones en cuatro apariciones seguidas, para recordar la explosión de poder que una vez había sido la envidia de los scouts a mediados de los años ’60. La primera temporada positiva de Brett en Filadelfia debería haberle suministrado un hogar permanente, pero en realidad tuvo el efecto opuesto. Al subir su valor de cambio, Brett se convirtió en el señuelo para resolver el problema de vieja data de los Filis con la segunda base. A los Filis les gustaba Dave Cash de los Piratas, un jugador que no solo podía jugar en la mitad del infield sino que podía ser abridor de la alineación. A su vez, los Piratas necesitaban algo de pitcheo, especialmente brazos zurdos. Así que los dos equipos hicieron un cambio a la antigua de uno por uno, al canjear a Cash por Brett. Brett le dio a los Piratas exactamente lo que ellos querían. De hecho, reprodujo casi idénticamente los números que había logrado en Filadelfia. De nuevo tuvo marca de 13-9, agenció una efectividad de 3.30, y lanzó 191 innings. Lanzó tan bien en la primera mitad de la temporada que fue seleccionado para el Juego de Estrellas y procedió a apuntarse la victoria para las estrellas de la Liga Nacional. Luego de Jim Rooker y Dock Ellis, Brett se estableció como el tercer mejor abridor más efectivo del roster de los Piratas. El único punto oscuro fue un dolor en el codo que desarrolló después del receso del Juego de Estrellas. Afortunadamente, los Piratas rompieron el patrón de cambiar a Brett luego de una temporada, en vez de eso, lo mantuvieron en su roster de 1975. Brett continuó su racha de efectividad, aun cuando los Piratas cambiaron un poco sus funciones porque había aumentado la profundidad de su rotación. Esta vez Brett hizo 16 aperturas y siete apariciones como relevo, lo hizo bien como una especie de pitcher utility para el manager Danny Murtaugh. Brett lanzó en una variedad de funciones sin quejarse, pero los Piratas empezaron a preocuparse por la creciente fragilidad de su brazo izquierdo, específicamente por el codo artrítico, el cual le había llevado a pasar un tiempo en la lista de incapacitados por dos temporadas. Además, los Piratas vieron la oportunidad de hacer un cambio intrigante con los Yanquis ese invierno. Al querer desesperadamente a Doc Medich, el talentoso joven derecho a quien consideraban una estrella en formación, los Piratas entregaron a Dock Ellis, el prospecto de segunda base Willie Randolph, y Brett. El cambio incluía una clausula interesante: Si el codo izquierdo de Brett volvía a resentirse, los yanquis tenían hasta el 31 de mayo para regresarlo a los Piratas. Algunos observadores especulaban que el codo artrítico podría forzar a Brett a dejar de lanzar y concentrarse en batear, uno de sus otros talentos. Con 10 jonrones y .262 de promedio de bateo vitalicio, Brett se clasificaba como el principal pitcher bateador del juego. Si se mantenía sano, un pitcher zurdo, joven y bueno como Brett debería haber encontrado una larga estadía en Yankee Stadium. Pero él entendía que los yanquis lo habían adquirido sobre una base condicional. “Es agradable ser buscado”, dijo Brett sarcásticamente en una entrevista del entrenamiento primaveral con Phil Pepe del New York Daily News. El brazo de Brett pasó todas las pruebas esa primavera, pero él pronto supo que tan rápido cambian los planes en el Bronx. Los Yanquis tenían tanto pitcheo abridor que lo relegaron al bullpen. Mientras tenían un pitcheo superpoblado, necesitaban algo de ayuda en la ofensiva. Al ver una oportunidad para adquirir el veterano bateador designado Carlos May de los Medias Blancas, los Yanquis empacaron a Brett y el veloz jardinero Rich Coggins en un cambio de 2 por 1. Al unirse a su sexto equipo en seis años, Brett usaría los colores antíguos del uniforme de la banda de rebeldes de Bill Veeck. El manager de los Medias Blancas, Paul Richards, inmediatamente instaló a Brett en su rotación de abridores y lo vio alcanzar una efectividad que lideró al equipo, 3.32 en 26 inicios. En un equipo que tenía a relevistas como Terry Forster y Rich Gossage como abridores, Brett emergió como el as de la rotación. Nadie podía culpar a Brett porque los Medias Blancas habían ganado solo 64 juegos y terminaron últimos en el oeste de la Liga Americana. Aunque los frecuentes viajes de Brett le dieron la apariencia de un obrero envejecido, él solo tenía 28 años de edad. Los Medias Blancas estaban tan complacidos con su pitcheo que lo convirtieron en su pitcher abridor de juego inaugural de 1977. Pero Brett no lució bien, permitió cinco carreras a los Azulejos de la expansión, quienes lo sacaron después de tres innings de trabajo. Ese comienzo resultó ser el presagio de un verano malo, y de un codo adolorido que afectó su pitcheo. Brett hizo 13 aperturas para los Medias Blancas, tuvo dificultades en la mayoría de ellas, y su efectividad subió hasta 5.01. Al no ser más el pitcher que había sido en 1976 y mucho menos el as de la rotación, Brett se hizo negociable de nuevo. Así que los Medias Blancas lo cambiaron a los Angelinos por un paquete encabezado por dos jóvenes pitchers derechos, John Verhoeven y Don Kirkwood. Brett siguió siendo abridor para California, pero no lanzaba particularmente bien. La temporada siguiente, fue bateado tan duro que perdió su lugar en la rotación. Los aficionados de los Angelinos toman nota, recuerdan que Brett había firmado un lucrativo contrato de tres años el verano anterior. Brett odiaba el hecho de que hacía muy poco para justificar su contrato. “He pensado en enviar mis cheques por correo al banco en vez de ir personalmente”, le explicó Brett a United Press International. “Veo a mis amigos en la playa donde vivo, y ellos me miran y no sé que decir. Bien, no me gusta eso. Sé que no me siento cómodo por el hecho de que estoy haciendo buen dinero y no produzco de la manera que debe ser”. Tan difícil como fue para Brett empezar esa temporada, todo se tornó trágico en septiembre, cuando el compañero de los Angelinos, Lyman Bostock fue tiroteado y asesinado en Gary Indiana. La muerte de Bostock, de 27 años de edad, fue una tragedia horrible que parecía más terrible porque ocurrió en medio de la temporada, su primera con California luego de firmar un celebrado contrato de agente libre. Muy respetado por sus compañeros de equipo, a Brett le solicitaron pronunciar la elegía en el funeral de Bostock. Brett lo hizo con tal elocuencia, que impresionó a la viuda de Bostock, entre otros, con sus profundas palabras acerca del querido compañero abatido en sus mejores años. Dada la posición de Brett como uno de los líderes del clubhouse de los Angelinos, los eventos que ocurrirían al final del entrenamiento primaveral de 1979 no le agradaron a sus compañeros de equipo. Justo antes del día inaugural, los Angelinos dejaron en libertad al veterano zurdo, citando su pobre actuación de pitcheo en 1978 y sus continuas fallas esa primavera. Brett permaneció desempleado el mes siguiente, hasta que los necesitados de pitcheo Mellizos solicitaron sus servicios. Al fallar en demostrar alguna competencia con los Mellizos, Brett fue despedido luego de solo nueve apariciones. Una semana después, los plagados de lesiones los Dodgers lo agregaron a su bullpen. Quizás energizado por el ambiente favorable a los pitchers de Dodger Stadium, Brett pitcheo con méritos en 30 apariciones. Los esfuerzos de Brett en la segunda mitad bien podrían haber valido para regresar en 1980, pero perdió su trabajo cuando los Dodgers entregaron el puesto de relevista zurdo a un joven Steve Howe. Así que los Dodgers lo dejaron libre cerca del final del entrenamiento primaveral, para marcar su segundo despido seguido en primavera. Entonces Brett firmó con los Reales, su décima parada en las ligas mayores, donde lanzó esporádicamente en las siguientes dos temporadas. Brett no pitcheó particularmente bien para los Reales, pero la experiencia le dio la oportunidad de jugar con su hermano, George. En noviembre de 1981, Brett le pidió a los Reales que lo dejaran libre. Entonces negoció una invitación al entrenamiento primaveral de los Piratas, quienes lo llevaron a su campamento de Bradenton en febrero. Brett compitió como especialista de relevo zurdo, pero falló en hacer el equipo. A los 32 años, Brett había llegado al final, su una vez celebrada carrera de ligas mayores había terminado. Luego que terminó su carrera como jugador activo, Brett empezó a trabajar en una compañía de impresión, pero recibió un gran impulso cuando Miller Lite le solicitó filmar un comercial para su cerveza. Como parte del guión, el bien viajado Brett se paraba en un bar, tratando de recordar el nombre de la ciudad donde está en ese momento. Barajea los nombres de numerosas ciudades de liga mayores y menores donde había jugado, antes de terminar su lista diciendo, “¿Utica?” Un natural frente a las cámaras, Brett se ganó varios elogios a nivel nacional por su fina y graciosa actuación. Pero la reacción en el centro de Nueva York fue diferente. Algunos residentes de piel delgada del area de Utica interpretaron el comercial como un insulto, lo que motivó que el alcalde de Utica, Louis LaPolla invitara a Brett a la ciudad como su invitado especial. El alcalde ofreció un almuerzo especial para Brett, le dio un recorrido por el area, y le entregó las llaves de la ciudad. Brett disfrutó el tratamiento especial que recibió. Mientras tanto, el uso de Utica como la palabra clave del comercial prendió una idea en la mente del dueño de los Blue Sox de Utica, Bob Fowler, un antiguo periodista deportivo quien había comprado la franquicia a comienzos de los años ochenta. Más que tomar el comercial como un insulto a su ciudad, Fowler le ofreció a Brett un trabajo como manager del equipo. Saltando ante la oportunidad de abandonar el negocio de la impresión para regresar al beisbol, Brett aceptó la oferta en marzo de 1985. Brett dirigió a los Blue Sox por solo una temporada, pero dejó una impresión vibrante en la comunidad de Utica. Mientras Brett guiaba a su equipo en los ejercicios previos al juego, él bromeaba rutinariamente con sus jugadores, desplegaba el sentido del humor que lo hizo tan popular con sus compañeros de equipo en las ligas mayores. También desarrolló algunas peculiaridades, como ofrecer sus conferencias de prensa postjuego mientras solo usaba zapatos y medias, y nada más. Comn Brett, era más que solo un acto. Cuando él tenía la oportunidad, se tomaba el tiempo para hablar con los aficionados en las tribunas, encantándolos con su gracia y estilo hogareño. La personalidad de Brett se ganó a la ciudad, lo cual llevó a que subiera la asistencia en el Murnane Field de Utica. Oi por primera vez acerca de las ocurrencias de Brett como manager a finales de los años ’80, cuando yo trabajaba en Utica en la estación de radio que transmitía algunos juegos de los Blue Sox. Varios años después, Brett regresó a mi consciencia cuando estaba viendo una transmisión de FOX de su Juego de la Semana sabatino. Por alguna razón, el mercado del norte de Nueva York no estaba transmitiendo el juego que comentaban los narradores principales, Joe Buck y Tim McCarver. En vez de eso, había un juego secundario comentado por dos narradores de reserva. El analista inmediatamente me llamó la atención, con su habilidad para analizar situaciones rápida y convincentemente, junto con un estilo agradable y fluidez para contar historias. Pronto me percaté que el narrador en cuestión era Ken Brett. El trabajo de Brett como narrador me impresionó grandemente ese día, como lo hizo otro sábado, cuando de nuevo narraba uno de los juegos de respaldo. Pensé para mis adentros, “Brett es muy bueno para esto. Debería estar narrando el juego principal de FOX”. Para entonces, él había narrado juegos a nivel local para los Marineros y Angelinos, pero su talento natural en la cabina parecía tenerlo destinado a aparecer en la escena nacional. Pocos años después, tuve la oportunidad de conocer a Brett en persona. Era enero de 1999, el día después que su hermano George había sido elegido oficialmente al Salón de la Fama. Como parte de mis deberes en el Salón, asistí a la conferencia de prensa en el Waldorf Astoria de la ciudad de Nueva York, donde entrevistamos a George y algunos de los otros dignatarios quienes estaban ahí. Una de las personas que entrevistamos fue Ken Brett. No me sorprendió que fuera tan sociable y divertido. Yo estaba impresionado por cuan genuinamente impactado estaba por la elección de su hermano. Me había preguntado si Ken podría haber resentido el éxito de su hermano, en contraste con el relativo disgusto de su carrera de beisbolista, la cual nunca llegó a destacar. Ken rápidamente puso tales pensamientos a un lado; estaba completamente emocionado, y orgulloso, de que su hermano hubiese alcanzado el pináculo del éxito individual del juego. Cinco años después, oi la desagradable noticia que nos golpeó muy duro en Coopertstown. Ken se había ido, había perdido una batalla con el cáncer cerebral a los 55 años. Algunos notaron que Brett se había convertido en el tercer miembro de los Reales de 1981, junto al as del relevo Dan Quisenberry y el manager Dick Howser, que moría debido al cáncer cerebral. Ese número ha llamado la tención de las personas del beisbol y la medicina, quienes se preguntan por tan alta incidencia del cáncer cerebral en tan pequeño grupo de peloteros, coaches, y managers. De verdad no sé que hacer con todas la muertes relacionadas al cáncer que rodean a esos equipos de los Reales, pero yo sabía que Brett había batallado con el cáncer por los últimos seis años de su vida. Eso significaba que Brett había sido diagnosticado para el tiempo cuando lo conocí, en 1999, en la ciudad de Nueva York. Ken Brett, o “Kemer” como era conocido por sus amigos y compañeros de equipo, ciertamente no lucía enfermo aquel día en el Waldorf Astoria. Por el contrario, parecía fuerte y joven, la viva imagen de su hermano George. Para más detalles, Ken no dio ninguna muestra de que estaba peleando contra una enfermedad mortal. No había tristeza ni rabia, ni un ápice de sentimiento negativo. Todo en lo que Ken Brett parecía enfocado ese día era su hermano, George. Eso, pienso, dice mucho acerca del tipo de carácter que Ken Brett tenía. Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 14 de marzo de 2016

Cooperstown Confidencial: Dick Allen

Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 18-12-2009. La “Estufa Caliente” (The “Hot Stove”) y otros programas manejados por analistas reciben la mayoría de la publicidad, pero “Studio 42” con Bob Costas ha surgido como uno de los mejores programas del canal MLB. Cuando se trata de entrevistar figuras históricas del beisbol, pocos están mejor preparados que Costas. A diferencia de otros narradores, él no toma la ruta floja y le pregunta a los peloteros de antaño lo que piensan del juego de hoy. Él se ocupa de la historia real, personal y a través de las ligas, mientras trata de poner esa historia en contexto con el beisbol contemporáneo. En la última versión de “Studio 42” el martes, Costas entrevistó a Dick Allen. Las preguntas de Costas permitieron reflexiones en la mente de Allen, una de las figuras más controversiales del juego en los últimos 50 años y el niño del afiche para el debate del Salón de la Fama. (La declaración de Allen de que Robin Roberts merece ser llamado el “verdadero rostro” de la franquicia de los Filis más que Mike Schmidt seguramente dejó a algunos televidentes listos para debatir). Dejaré la discusión del Salón de la Fama para otros como Craig Wright y Bill James, quienes han discutido a profundidad el caso a favor y en contra de Allen en Cooperstown. Para mi, el color y la controversia de Allen ocupan la escena central. Cuando estaba motivado apropiadamente, Allen bateaba lanzamientos con tanta ferocidad como sus contemporáneos del Salón de la Fama como Hanl Aaron y Frank Robinson y corría las bases con la precisión y la pasión de Roberto Clemente y Willie Mays. Aunque había otras veces Allen se encontraba distraído, encerrado en la última de una serie de disputas infinitas que desviaron su camino al Salón de la Fama. Algunos de los problemas de Allen fueron autoinfligidos, otros fueron creados por una cultura estadounidense de los años ’60 que aun estaba plagada de profundo racismo y segregación. Luego de firmar con los Filis, el joven Richie Allen se reportó al equipo afiliado de ligas menores en Little Rock. Un grupo de fanáticos lo saludó marchando en un desfile de protesta, furiosos porque él estaba a punto de convertirse en el primer pelotero negro en la historia de la ciudad de ligas menores. Durante la entrevista con Costas, Allen reveló que después de un juego el regresó a su carro y encontró que los vándalos habían pintado las palabras “Nigger go home” (“Negro vete a tu casa”) en el vehículo. Aunque fue tratado por muchos ciudadanos de Little Rock como un vago (o menos), él comandó la liga en bases totales y se ganó una rápida promoción al equipo grande de los Filis. Aunque tenía mucho talento como bateador y corredor, Allen irritaba a la gerencia de los Filis con su tardanza crónica. Él casi siempre llegaba a tiempo para el juego pero a menudo perdía la práctica de bateo y otros ejercicios antes del juego. El manager Gene Mauch estimaba que el multó a Allen por varios miles de dólares en una temporada por sus repetidas llegadas tardías al estadio. Allen algunas veces chocaba con compañeros de equipo, aunque su celebrada pelea de 1965 con el toletero Frank Thomas parece haber sido justificada. Después que Thomas llamó repetidamente a su compañero afroamericano Johnny Brigss “boy” y comparó a Allen con “Muhammad Clay” (una referencia cortante a Muhammad Ali). Allen intercambió palabras ácidas con el toletero veterano. Por esto, Allen merece un aplauso, no el ridículo. Más tarde, mientras los Filis tomaban práctica de bateo, Allen y Thomas se tropezaron cerca de la jaula de bateo, y Thomas golpeó a Allen con su bate en el hombro. Aunque su hombro lo molestaba de vez en cuando esa temporada, Allen escapó de una lesión seria. Los conflictos de Allen con compañeros de equipo, la gerencia y los medios de Filadelfia unidos al periódico juego defensivo indiferente en el campo y, casi por seguro, el color de su piel, lo hicieron impopular con los fanáticos de los Filis. Los espectadores del Connie Mack Stadium a menudo lo abucheaban cuando ocupaba su posición en primera base. Hacia el final de su período con los Filis, él respondía rastrillando la tierra del infield con sus spikes, dibujaba la palabra BOO. A veces, escribía más palabras y frases vitriólicas. Las “cartas en la tierra” de Allen, como las describió el director de investigaciones del Salón de la Fama, Tim Wiles, solo incrementaron los duros sentimientos de los filadelfianos hacia el talentoso pero impredecible toletero.Algunos fanáticos empezaron a lanzarle objetos, incluyendo baterías, frutas y varios tipos de basura, lo cual llevó a Allen a usar un casco de bateo mientras jugaba al campo. El nuevo aditamento en su cabeza promovió que fuese llamado “Crash Helmet” (“Casco de Impacto”), o “Crash”. Para 1968, la infelicidad de Allen en Filadelfia alcanzó un punto de ebullición. Empezó a violar reglas menores del equipo intencionalmente como una manera no sutil de tratar de persuadir a la gerencia de cambiarlo. La temporada siguiente, él hizo la transición y empezó a violar reglas mayores del equipo. En mayo de 1969, no llegó al estadio hasta después que un juego había empezado. La llegada tardía ocasionó una multa de 1.000 $ del manager Bob Skinner, una cifra astronómica para la época. Allen solo complicó el problema más adelante en la temporada cuando olvidó que la hora de inicio de un doblejuego contra los Mets había sido cambiada. Al escuchar el radio del carro, supo que el juego había empezado y se enteró que Skinner lo había suspendido por 28 juegos. Este último acto de irresponsabilidad, junto con al aumento de su bebida, selló su destino en Filadelfia. Amenazó con retirarse si los Filis no lo cambiaban. Los Filis sin otra opción, lo enviaron a San Luis como parte del famoso cambio que involucró al jardinero estrella y pionero en asuntos laborales Curt Flood. Allen pasó temporadas únicas con los cardenales y Dodgers antes de encontrar un hogar más confortable en la Liga Americana. Luego de la temporada de 1971, los Medias Blancas adquirieron a Allen de los Dodgers por Tommy John. Otros cambios ocurrieron durante su paso de un equipo a otro. Luego de uno de los cambios, él anunció que ya no quería que siguieran llamándolo “Richie”, él sentía que ese era un nombre de niño. Le dijo a los reporteros que quería ser llamado “Dick”. La mayoría de los reporteros lo aceptaron, pero unos pocos siguieron llamándolo por el nombre viejo, quizás como una forma de irritar al hombre que sentían era un rebelde sin causa. Para el momento cuando Allen llegó a Chicago, se había convertido en un especie de prima donna. Como superestrella residente del equipo, él esperaba un trato especial y hacía demandas inusuales a la gerencia. El agradable Chuck Tanner, el propio manager de los peloteros, lo complacía cada vez que era posible. Allen también expresó dudas de jugar con los Medias Blancas. Inseguro de si quería continuar su carrera, no se reportó al campo de entrenamientos primaverales de los Medias Blancas en Sarasota. Contemplaba el retiro, solo para cambiar su mentalidad. Aún así, su talento como jugador era mucho mayor que los problemas creados por su ego. En sus mejores momentos, jugaba como un talento superlativo. El llevó a un equipo mediocre de los Medias Blancas a competir en 1972, ganó el premio al jugador más valioso de la Liga Americana a pesar de que el equipo terminó en segundo lugar. Esa temporada representaría el punto más alto de su carrera en las Grandes Ligas. Aún en su apogeo, Allen siguió siendo una figura controversial en Chicago. Una fotografía de una famosa portada de de Sports Illustrated lo mostraba haciendo malabares con tres pelotas en el dugout de los Medias Blancas, todo mientras fumaba un cigarrillo. En la superficie, la fotografía capturaba perfectamente a un rebelde del beisbol. En realidad, su entrenador de la escuela secundaria l había enseñado a hacer malabares con las pelotas muchos años antes. “Teníamos que hacer eso en la secundaria; eso era lo que teníamos que aprender en secundaria”, dice el hermano mayor de Allen, Hank, a quien conocí hace unos años en una cena en homenaje al antiguo manager de Grandes Ligas Danny Murtaugh. “Eso es bueno para la agilidad y la destreza manual, y todos nosotros, teníamos que aprender como hacer eso…” “¡Ahora el cigarrillo era el toque propio de Dick!” El primer año de Allen en Chicago transcurrió tranquilamente, culminó con su selección como jugador más valioso. En solo dos años, sin embrago, llegó a ser tan infeliz que anunció su retiro antes que terminara la temporada de 1974. En vez de seguir la tendencia de la mayoría de los peloteros y esperar hasta el invierno, él lo informó a mediados de septiembre. Durante la entrevista con Costas, Allen reiteró el clamor de que estaba jugando con un tobillo roto, lo cual influyó en su decisión de salir del equipo. Otra fuente de sus problemas en Chicago fue un enfrentamiento con el nuevo compañero de equipo Ron Santo, quien terminaba su larga carrera al jugar una temporada final con los Medias Blancas. (A menudo me he preguntado lo que pasaría si Allen y Santo entraran al Salón de la Fama el mismo año). Luegom de la temporada de 1974, los Medias Blancas, quienes aun tenían los derechos del contrato de Allen, lo cambiaron a los Bravos. Allen no quiso reportarse a Atlanta hasta prefería jugar en Filadelfia antes que en un equipo asentado en cualquier ciudad sureña. Así que el 7 de mayo de 1975, los Bravos lo enviaron de vuelta a Filadelfia. Terminó su carrera en las mayores en 1977 con los Atléticos, un equipo cuyo dueño era el igualmente inconforme Charlie Finley. Animado por Finley, Allen usó las letras W A M P U M en la espalda de su uniforme, en lugar del tradicional apellido. Wampun tenía un significado especial para Allen, ese era el nombre del pueblo de Pennsylvania en el cual él había nacido. Por más que a Finley le gustara tener peloteros de grandes nombres como Allen, el matrimonio entre Oakland y el muy viajante toletero no duró mucho. Cuando los Atléticos trataron de convertir a Allen en bateador designado, él se disgustó ante la idea de terminar como un pelotero unidimensional. Los Atléticos lo dejaron en libertad, lo cual ocasionó su retiro, esta vez fue real, del juego en el cual él había labrado un nicho tan inusual. Excepto por un breve período como instructor de entrenamiento primaveral con los Rangers, Allen ha trabajado fuera del beisbol organizado desde su retiro en 1977. Para un tipo quien ha sido un rebelde, inconforme, esa es probablemente una mejor opción. Pero cada cierto tiempo, él regresa a la escena del beisbol, como lo hizo rn la cena de Murtaugh hace unos años. Aunque Allen no estaba programado para hablar esa tarde, el se ofreció a decir unas palabras, y habló brillantemente de Murtaugh como hombre que dio lo mejor para mejorar las relaciones raciales durante los tumultuosos años ’60. Allen fue reflexivo, humilde y de tono suave ese día, de la misma manera que con Costas la otra noche. Una vez más, Dick Allen nos recordó que cuando él habla, vale la pena escucharlo. Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 29 de febrero de 2016

Tributo a la derrota

El resultado de la jornada de reflexión (Febrero 2016) de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), en mi opinión, solventó solo una parte de las incongruencias del formato adoptado para la temporada 2015-16, el sistema de puntos y dos vueltas que permitió la clasificación de dos equipos con balance negativo en detrimento de otro con marca positiva. La parcialidad a la que me refiero se refiere al acceso de los mejores perdedores a un juego de comodín que supuestamente limpia la condición de equipo descalificado al ganador de esa instancia. El objetivo esencial de la competencia deportiva siempre fue la victoria: esa misma que apretó Filipides contra su desfallecimiento cuando corrió desde Maratón hasta Atenas para buscar refuerzos para las tropas griegas. Son victorias las que determinan en Major League Baseball (MLB) los dos contrincantes que dilucidan en un juego el comodín de la Liga Americana y la Liga Nacional. La competencia desfallece cuando la derrota deja de ser acicate de superación para convertirse en oportunidad de competidores descalificados. Cuando se justifica la presencia de un equipo perdedor junto a tres que ganaron sus respectivas series, resulta evidente la incongruencia, la burla a los tres ganadores y a la afición, que puede asumir la derrota de ver perder a su equipo ante el mejor, pero algo le parecerá injusto si su equipo pierde ante otro que debió salir de competencia. ¿Habría que esperar entonces que un equipo descalificado por perder una de las series iniciales, derrote en la final a su vencedor del primer play off para considerar el pase del mejor perdedor como una injusticia en próximas reflexiones? Siempre me pareció más justo el formato del todos contra todos, porque permitía que todo se decidiera entre todos los clasificados, y había más oportunidad de recuperarse de una mala arrancada. Sin embargo las series directas también son válidas, mi propuesta sería que los tres ganadores de esas series sean clasificados de acuerdo a su desempeño en la temporada regular. El de mejor marca pasa directo a la final, los otros dos juegan una serie a tres juegos para dos y el ganador es el otro finalista, me parece una opción más justa que seguir premiando a los perdedores. Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Jim Davenport, un Gigante de San Francisco original, fallece a los 82 años.

Daniel E. Slotnik. 20-02-2016. The New York Times. Jim Davenport, un infielder quien jugó tercera base la mayor parte de su carrera con los Gigantes de San Francisco y batalló ante los Yanquis de Nueva York en la Serie Mundial de 1962, la primera vez que los Gigantes jugaban una desde que salieron de Nueva York, falleció este jueves 18 de febrero en Redwood City, Calif. La causa fue una falla cardíaca, anunciaron los Gigantes. Davenport fue Gigante por más de cinco décadas, como jugador, coach y manager, comenzando en 1958, la primera temporada del equipo en California. Un bateador derecho quien a menudo era abridor de la alineación, él tomo el primer turno al bate por los Gigantes en la costa oeste, de acuerdo a The San Jose Mercury News, y jugó junto a estrellas como Willie Mays, Willie McCovey y Orlando Cepeda. Davenport tuvo 10 hits ganadores de juego en 1969 y se retiró después de la temporada de 1970 con un promedio de bateo vitalicio de .258. En 1962, Davenport ganó el guante de oro. Los Gigantes perdieron la Serie Mundial ese año aunque tuvieron un promedio de bateo acumulado más alto y una efectividad más baja que los Yanquis en la Serie, y batearon más jonrones, triples y dobles. El decisivo séptimo juego terminó cuando una línea de McCovey fue atrapada por Bobby Richardson. “Yo era los suficientemente listo para hacer las pequeñas cosas, bateo y corrido, tocar y atrapar la pelota, y hacer de mi un pelotero decente”, le dijo Davenport a SFGiants.com. Luego de sus días de jugador activo, él siguió trabajando con el equipo por temporadas. En 1985, él tuvo un breve período como manager del equipo luego que Danny Ozark estuvo un año en el puesto. Davenport fue reemplazado por Roger Craig luego de compilar marca de 56-88. James Houston Davenport nació el 17 de agosto de 1933, en Siluria, Ala. Asistió a la University of Southern Mississippi. Él también fue coach brevemente de los Padres de San Diego, Filis de Filadelfia y Tigres de Detroit antes de regresar a los Gigantes a principios de los años ’90. Sus sobrevivientes incluyen a su esposa, Betty; cuatro hijos, Randy, Ken, Don y Gary; y una hija, Cathy. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Buscando niños perdidos, estadio por estadio

Antiguo pitcher de ligas menores permanece cerca del juego por una buena causa. Benjamin Hill. MiLB.com 05-02-3016. Luego que una sucesión de lesiones en el hombro terminaron su carrera como lanzador, Dennis Bair ha dedicado su vida a una causa de más peso. Hay peloteros paralelos que pueden entender. “Buscar a un niño perdido es un juego de números”, dijo él. “Cualquier jugador de ligas menores ha oído ese término antes, incluido yo”. Bair, de 41 años, es el fundador de BairFind, una organización dedicada a localizar niños perdidos, y él cree que el beisbol de Ligas Menores es el “vehículo perfecto” para su misión. “Al trabajar con Minor League Baseball, ganamos el juego de los números, debido al simple hecho de que ellos pueden conseguir esos perfiles frente a decenas de millones de personas cada verano”, dijo él. “Si esto trata de encontrar una aguja en un pajar, entonces cada persona que no reconoce al niño ha tomado una pieza de paja del pajar. Este es el método ensayado y verdadero para encontrar niños perdidos”. Por tanto, la meta de Bair es colocar un anuncio de “BairFind” a lo largo de todos los 159 estadios de Ligas Menores. Al trabajar en conexión con el National Center for Missing and Exploited Children, cada anuncio mostrará a un niño específico de la región del equipo. BairFind ha hecho grandes avances hacia esta meta en años recientes. En 2015, fueron mostrados anuncios a lo largo de todos los equipos de las ligas, Southern, Florida State y New York-Penn. Los anuncios son producidos por AMI Graphics, el suplidor de anuncios oficial de Minor League Baseball, el cual los hace por un costo. “Nuestra habilidad para producir anuncios se incrementó dramáticamente una vez que AMI entró al proyecto. Eso fue gracias a un sorprendente encuentro con (el gerente general de AMI) Ed Miles en las reuniones invernales (de beisbol en 2014)”, dijo Bair. “Ed ha estado trabajando desde entonces para incrementar la distribución de nuestros anuncios”. El momentum continuó en las reuniones invernales de este año en Nashville, cuando el presidente de New York-Penn League, Ben Hayes y el presidente de South Atlantic League, Eric Krupa pusieron a Bair en contacto con los ejecutivos de Minor League Baseball para que les planteara la idea de convertir a BairFind en una industria de iniciativa amplia. “Ha sido un largo viaje y tomó varios años llegar a este punto, pero nunca me rendí porque siempre supe que esto tendría éxito”, dijo Bair. “Una vez que empecé a hablar con los presidentes de las ligas sabía que estaba en el camino correcto, porque estaba hablando con personas quienes estaban en posición de ver como esto podría funcionar a mayor escala. “Podría parecer fuera de contexto, pero esto parece como cuando alguien quien pasa muchos años en las ligas menores y finalmente recibe su llamado”. * * * El viaje de Bair hacia la realización de sus sueños ha sido largo e improbable. Él dijo que tuvo la idea de BairFind hace dos décadas, mientras cambiaba canales una noche después de la temporada. “Estaba viendo un documental de unos padres cuya hija se había perdido”, dijo él. “Se mostraba las dificultades por las que pasaron, gastaron todo su dinero en volantes, estando en la calle para entregar los volantes, y entonces pasaron una toma de un contenedor de basura cercano repleto de volantes. Yo era un pitcher que iba al estadio todas las noches, y pensé que si el perfil de la hija estuviera en el estadio, ellos no tendrían que haber gastado todo ese dinero para hacer que miles de personas la vieran. Es se haría sin costo para ellos. Solo fue una idea que llegó a mi cerebro”. La primera promoción de BairFind ocurrió en 2001 cuando Bair pitcheaba para los Crocodiles de Canton en la Frontier League independiente. Él se retiró dos años después, regresó a la escuela y se convirtió en profesor de secundaria en su ciudad de origen Pittsburgh. A pesar de tener poco dinero y ningún conocimiento relacionado a como establecer una fundación sin fines de lucro, continuó haciendo promociones BairFind equipo por equipo. Como fue detallado en un artículo de MiLB.com de 2009, su estrategia para ese momento era colocar una foto de un niño perdido entre las fotos del equipo. “Las promociones de los afiches fueron grandiosas, pero solo nos ponían en el estadio un juego del año”, dijo Bair. “Nos cambiamos al concurso de señales de madera, lo cual le dio a los niños perdidos una presencia cada noche del año”. Bair ahora esta ubicado en Jacksonville, Florida, donde entrena beisbolistas jóvenes junto al amigo de la niñez (y antiguo grandeliga) Scott Seabol. Hasta el momento, la organización ha mostrado a 278 niños extraviados en estadios de ligas menores, 65 de los cuales han sido localizados sanos y salvos. Cuando eso ocurre, un arte de “Encontrado” se aplica sobre el perfil del niño hasta que una nueva foto es aplicada a la señal. ¿Cuántos, si hay alguno, de estas 65 historias exitosas pueden ser atribuídas a BairFind? “No sabemos eso debido a las leyes de privacidad. En cada perfil tenemos el número de línea caliente para el National Center for Missing and Exploited Children”, dijo Bair. “Esas llamadas llegan confidencialmente, así que nunca tenemos acceso a esa información. Así que vamos por lo obvio, que mientras hay más ojos mirando, la oportunidad de que alguien reconozca al niño es más grande y se llega al punto del anonimato. * * * “Se necesita una villa”, dijo Bair, en referencia al crecimiento de su organización. Aunque BairFind no tiene empleados asalariados, un pequeño grupo de individuos experimentados ha sido añadido a la organización en años recientes. Ellen Sullivan, una ejecutiva de cuidado de salud con experiencia en el mundo sin fines de lucro, sirve como CEO. Ella ha apoyado a Bair con iniciativas importantes tales como conseguir que BairFind aparezca listada en la base de datos de organizaciones sin fines de lucro GuideStar para que potenciales patrocinantes puedan ver el nivel de transparencia con el cual opera la organización. (BairFind tiene una medición de estrella dorada, la más alta). Jay Triplett y Nate Fincher, profesores de escuela secundaria en Port Orange, Florida, manejan responsabilidades de diseño gráfico; Jonathan Wayne, un diseñador de página web establecido en Pittsburgh, diseñó la página web de la organización. Los esfuerzos de redes sociales se expandirán para la temporada de 2016, para permitir a los equipos publicitar a los niños perdidos mostrados en sus estadios y suministrar actualizaciones de la situación. El sistema de apoyo a BairFind también se extiende a las familias de los niños perdidos. Gina DeJesus, quien pasó 10 años en cautiverio antes de escapar de su secuestrador, fue uno de los primeros niños mostrados en un afiche de BairFind. “Nancy DeJesus, la madre de Gina, consiguió mi número, me llamó y dijo gracias”, dijo Bair. “Ella parecía una superpersona en el teléfono”. Bair hizo los arreglos para que la familia DeJesus asistiera a los juegos en Williamsport, Pennsylvania (donde él lanzó una vez) y Akron, Ohio, con Nancy lanzando el primer pitcheo. “Cada vez que ellos hacían un primer pitcheo en un estadio de ligas menores, los periódicos locales hacían una reseña. Eso le dio a la familia DeJesus la oportunidad de decir, ‘No nos vamos a rendir’”, dijo Bair, quien también se ha hecho amigo de la familia del niño extraviado de Jacksonville, Mark Degner. “Gina nos veía en las noticias. Eso le daba la fuerza y la voluntad para decir, ‘Voy a sobrevivir para ver a mi familia otra vez, porque me están buscando. No me voy a rendir’”. Bair ahora es parte de una red de familias quienes están enlazadas por el trauma de haber tenido un niño perdido. Esto lleva a la pregunta: Al no haber tenido tal experiencia, ¿por qué él ha estado tan motivado por esta causa? ¿Por qué ha dedicado su vida a eso? “Soy judío y leo mucho, tratando de descifrar eso”, dijo él. “Miles de miles de peloteros han pasado a través de Minor League Baseball en los últimos 100 años, así que ¿por qué fui yo el que tuvo esta idea? Leí un artículo de un rabí quien dijo que cuando estás haciendo una buena acción, actúas como un agente. Eso describió lo que hago, actuando como un agente para cualquier padre que tiene un hijo perdido. Tomo pasos para encontrar ese niño”. “Estos son nuestros niños. Somos estadounidenses y estos son nuestros niños”. Benjamin Hill es un reportero de MiLB.com y escribe Ben’s Biz Blog Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 15 de febrero de 2016

Carson Smith podría ser el arma secreta del bullpen de los Medias Rojas.

Jueves, 11-02-2016. John Tomase. Weei.com. Carson Smith viene del mismo pueblo de Texas que el antíguo relevista de los Medias Rojas, Mike Timlin. Ambos derechos espigados crecieron en Midland, pero Smith es un poco dócil para admitir que no sabe mucho de su predecesor. “¿Mike Timlin?” preguntó él en una entrevista telefónica reciente. “Nunca lo conocí, de seguro. No podría decir que lo conozco. El nombre suena familiar pero no podría decirle mucho acerca de él”. Es muestra cuan rápidamente puede pasar una generación en el beisbol que Smith solo recuerda de manera nublada a su coterráneo tejano, y tiene sentido. Cuando Timlin ganó la Srie Mundial con los Medias Rojas en 2004, Smith apenas había cumplido 15 años hacía una semana. Ahora de 26, él tiene mucho tiempo para aprender la historia de los Medias Rojas. De lo que realmente está interesado, y la razón por la cual lo adquirieron los Medias Rojas, es de lo que él puede significar para el presente y futuro de la franquicia. De todos los movimientos que los Medias Rojas hicieron este invierno, adquirir a Smith para fortalecer su bullpen probablemente califica como el de más por debajo del radar. En su primera temporada completa, Smith emergió como uno de los mejores setup del juego, manejando una slider viciosa hacia una efectividad de 2.31 en 70 apariciones. Cuando Fernando Rodney tuvo dificultades, Smith hasta tuvo un período como cerrador, logró 13 salvados. Al promediar más de 11 ponches por cada nueve innings, se convirtió en un objetivo del gerente general Dave Dombrowski, quien tomó el poco ortodoxo paso de ofrecer a un abridor de 200 innings (Wade Miley) para adquirir al setup. Resultó ser el tiempo perfecto para los Medias Rojas, quienes adquirieron a Smith en las reuniones invernales de Nashville un día después que los Dodgers alcanzaran un acuerdo de tres años con el derecho de los Marineros, Hisashi Iwakuma. Esa negociación se caería un par de semanas después debido al examen físico de Iwakuma, antes que él firmara un contrato de un año para regresar a Seattle, pero entretanto, los Marineros se encontraron en necesidad de apoyo para la rotación. “Me parece que Seattle estaba buscando un abridor”, dijo Smith. “Después de la firma de Iwakuma, me dijeron que necesitaban otro abridor confiable, y eso fue lo qu buscaron. Boston necesitaba mejorar su relevo, esa es la forma como ocurrió todo y estoy emocionado de estar en Boston”. Smith le da un nuevo semblante al bullpen de Boston. Debido a su alto número de ponches, 92 en 70 innings el año pasado, es natural asumir que es un lanzallamas. En realidad, sin embargo, el poncha a los bateadores con un envío de tres cuartos de brazo y una slider brutal. Su recta promedió las 93 mph el año pasado de acuerdo a Brooks Baseball. Eso ciertamente es respetable, pero no superpoderoso. “Siempre he valorado la ubicación sobre la velocidad”, dijo Smith. “Y muchas veces, valoro el movimiento sobre ambas. Dependo especialmente del movimiento, y después de la ubicación. La velocidad, es lo que es. Algunos días la tienes, algunos días no. “Es duro salir allí afuera a lanzar cada cuatro de cinco días. Por eso es que tu velocidad siempre puede variar, pero mientras mantengo mi precisión y movimiento consistentes, soy muy positivo acerca de mis oportunidades. Si estoy apenas por encima de las 90, soy muy feliz. Si estoy por debajo de 90, podría estar pasando algo”. Parecía como si podría estar pasando algo en agosto, cuando la recta de Smith cayó desde un tope de 97 en mayo a un promedio de 92. Sus resultados desmejoraron un poco, también, y Tom Wilhelmsen lo reemplazó como cerrador. Pero Smith recuperó su forma en septiembre, al lanzar 12.2 innings en blanco con 20 ponches, conociendo algo acerca de él durante el proceso. “Yo estaba siendo usado muy a menudo en julio y agosto, y pienso que mi brazo se resintió por un momento”, dijo él. “Pero regresé al camino exitoso, aunque mi velocidad nunca volvió. No me preocupé mucho por eso, y mis números siguieron mejorando después de agosto”. “Por eso es que no le doy mucha importancia a la pistola de radar. Si sales allá afuera confiando en ti y tu habilidad, sabiendo que puedes hacer los outs y aprendes de tus experiencias y errores, y tratas de convertirlos en éxitos después, eso es lo que hice. Soy joven en este juego y aprendo todos los días. Hacia el final del año pasado, empecé a imaginar como usar mis pitcheos cuando no tengan la mejor fuerza”. El mejor pitcheo de Smith es una slider eléctrica que domina a los derechos, quienes solo batearon .189 contra él la temporada pasada (los zurdos le conectaron para .227). Él la suelta desde un ángulo que podría ser único de él, porque le cuesta nombrar otro pitcher en el cual se haya inspirado. “Nunca nadie ha dicho que yo lanzo como alguien más, no he tenido un ídolo o una imagen que replicar”, admitió él. Su slider ha tenido tremendos resultados contra algunos de los mejores bateadores del juego. Mike Trout y Albert Pujols de Anaheim, solo le baten de 15-1 combinados con siete ponches y cero carreras empujadas. El campeón de bateo de los Astros, José Altuve le batea de 7-0 con cuatro ponches. Adrián Beltré, Josh Donaldson y Prince fielder también permaneces sin imparables ante él. “Todos ellos forjaron sus reputaciones para ser algunos de los mejores bateadores del juego”, dijo Smith. “Siempre es divertido saber que puedes competir con esos tipos y hacerlos out. Tal vez me motivo más ante los grandes bateadores de la alineación, no sé. Muchos de esos tipos, como dijiste, son derechos, y definitivamente confío en esas sliders en los momentos grandes”. Él tendrá su oportunidad de brillar en muchos momentos grandes en Boston, donde se proyecta que él comparta el séptimo inning con Junichi Tazawa, frente al antíguo cerrador Koji Uehara en el octavo y el dominante Craig Kimbrel en el noveno. “Es raro que un equipo tenga dos cerradores establecidos, uno sin discusión el mejor del juego”, dijo Smith. “Va a ser divertido seguirles el paso y aprender lo más que pueda”. Smith pasó el invierno ejercitándose en Houston con, entre otros, el antiguo relevista de los Medias Rojas, Mark Melancon, cuyo período difícil en Boston precedió su aparición como cerrador estrella en Pittsburgh. Melancon le dio algunos consejos para manejar la transición desde un mercado pequeño hasta Fenway. “Él mencionó que los aficionados están metidos en el juego”, dijo Smith. “A diferencia de la mayoría de los aficionados del beisbol, ellos están ahí para ver el juego y lo hacen pitcheo a pitcheo. Él dijo que estuviera pendiente de eso. Disfrútalo, pero tenlo presente. Ellos están ahí para apoyarte. Si tienes un mal momento, no puedes decepcionarte de ti por eso. Voy a dar lo mejor que pueda por no dejar que eso ocurra”. Él podría querer considerar hacerle una llamada a Timlin, quien disfrutó seis temporadas llenas de presión en Boston y ganó dos Series Mundiales antes de retirarse en 2008. Después de todo, si el muchacho nuevo de Midland puede pitchear como lo hizo el viejo, los Medias Rojas no tendrán lamentos. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Ellos estuvieron ahí: Lefty O’Doul.

“Sé que Lefty estaría tan orgulloso y feliz de ver a todos los grandes peloteros japoneses en las mayores ahora…Espero que las personas recuerden lo que Lefty hizo por ese país y su beisbol. Creo que ese es su legado”. Francis Joseph “Lefty” O’Doul (Marzo 4, 1897 – Deciembre 7, 1969) fue un beisbolista de Grandes Ligas quien se convirtió en un manager excepcionalmente exitoso en las ligas menores, y también fue una figura importante en el nacimiento del beisbol profesional en Japón. Nativo de San Francisco, O’Doul comenzó su carrera profesional como pitcher zurdo con el equipo de ligas menores Seals de San Francisco de la Pacific Coast League. Luego de algún éxito en las ligas mayores con los Yanquis de Nueva York y los Mdias Rojas de Boston desde 1919 hasta 1923, él emepzó a tener dolores en el brazo lo cual lo relegó a trabajos de relevo. De regreso a la PCL, se convirtió en un jardinero de poder al bate. Los Gigantes de Nueva York lo llevaron de vuelta a las mayores en 1928, donde bateó para .319 como jugador de medio tiempo. O’Doul fue cambiado a los Filis de Filadelfia en 1929 y, haciendo yunta con Chuck Klein, tuvo uno de los mejores años ofensivos en la historia del beisbol, lideró la Liga Nacional en bateo con .398 y 254 imparables, 32 jonrones, 122 carreras impulsadas y 152 anotadas. Siguió jugando bien para Filadelfia pero fue cambiado a los Dodgers de Brooklyn en 1932, donde bateó .368 para ganar otro título de bateo de la Liga Nacional antes de terminar su carrera de vuelta en Nueva York en 1934. Al regresar a la PCL, O’Doul se convirtió en manager de los Seals desde 1937 hasta 1951 y luego dirigió a otros equipos en el circuito para convertirse en el manager más exitoso de la historia de PCL. Uno de sus logros resaltantes mientras dirigía a los Seals fue desarrollar al joven Joe DioMaggio, quien tuvo una carrera de Salón de la Fama con los yanquis de Nueva York. O’Doul rechazaba reclamar crédito por el éxito de DiMaggio, decía “Fui lo suficientemente inteligente para dejarlo por su cuenta”. O’Doul fue clave en difundir la popularidad del beisbol en Japón, al servir como embajador deportivo de buena voluntad antes y después de la segunda guerra mundial. Los Giants de Tokyo, varias veces considerado “El equipo de beisbol de Japón”, fueron nombrados por él en 1935 en honor a su relación de mucho tiempo con los Giants de Nueva York. O’Doul fue inducido al San Francisco Bay Area Sports Hall of Fame en 1981 y al Salón de la Fama del beisbol japonés en 2002. La fama y popularidad de O’Doul vive en su ciudad natal de San Francisco. El popular bar-restaurant que él fundó todavía funciona como Lefty O’Doul’s Restaurant and Cocktail Lounge on Geary Boulevard, y aún sirve su receta original de Bloody Mary (aunque modificada en secreto en los años ’60 por el barman de O’Doul’s, Chuck Davis, quien permanece en el bar desde 2009). Un puente sobre McCovey Cove, cerca del estadio de los Gigantes AT&T Park, lleva el nombre Lefty O’Doul Bridge en su honor. En marzo de 2010 se cumplieron 113 años del nacimiento de O’Doul, era el momento de hacer un brindis en nombre de Lefty, porque en algún lugar del cielo el está bateando bien por encima de .300 y tiene un gran momento. Me senté en el restaurante O’Doul’s, ordené un O’Doul’s y me dipuse a entrevistar a Tom O’Doul, el primo de Lefty. ¿Es eso un triple dejà vu o qué? Como le fue contado a Ed Atanasio, This Great Game. Sobre los beneficios de ser un primo famoso: “No sabía quien era Lefty O’Doul hasta que empecé a jugar en las pequeñas ligas. Hasta entonces, él era solo mi primo. Cuando empecé a jugar pelota, él empezó a acercarse más. Una historia que me gusta contar es que Lefty siempre venía a los días inaugurales cuando yo jugaba en las pequeñas ligas. En 1954, cuando se acercaba el día inaugural mi papá me dijo, “El primo Frank viene para tu juego inaugural”. Pensé, eso está bien. Era una oportunidad para caminar con él y estar orgulloso de mi primo, un antiguo grandeliga. Así que él vino en un Cadillac con Joe Dimaggio. Nunca olvidaré el momento, porque todos se quedaron con la boca abierta. Había un zumbido en el aire. Pero cinco minutos después ya se habían ido. Seguí viviendo ese momento por los próximos cinco años, por lo menos”. Sobre por qué Lefty quería tanto el beisbol japonés: “Probablemente debido a la forma como ellos jugaban el juego. Pienso que a él le gustaba la pureza de eso. Él apreciaba su dedicación al juego. Ellos son personas muy humildes; son muy amables y creo que él respetaba eso. Él fue maestro y un gran entrenador por encima de todo, y los japoneses necesitaban entrenamiento y conocimiento acerca de cómo jugar el juego. Él trajo entrenadores japoneses aquí a los Estados Unidos para enseñarles. Y ellos estuvieron extremadamente agradecidos por aprender del “Gran Americano”. Lefty fue quien llevó a Babe Ruth a Japón. Ellos se morían por ver a Babe y él se los llevó en 1934. Él hizo tres viajes a Japón en total, en el 31’, ’34 y ’49. Él ha influenciado al beisbol japonés de muchas formas. De hecho, los Giants de Tokyo son llamados Giants debido a su conexión con mi primo, quien por supuesto jugó con los Giants de Nueva York. En 2002, Lefty fu escogido para estar en el Salón de la Fama japonés. Fue elegido por un comité especial. Sé que Lefty estaría muy orgulloso y feliz de ver a todos esos grandes peloteros japoneses en las mayores ahora, como Ichiro y los otros. Lefty visualizaba un juego internacional. Espero que las personas recuerden lo que Lefty hizo por ese país y su beisbol. Creo que ese es su legado”. Sobre los primeros días de Lefty: “Él llegó hasta séptimo grado y siempre me presionaba para que terminara la escuela, el decía. ‘Por lo menos gradúate en la escuela secundaria’. Él tuvo que dejar la escuela para ir a trabajar como carnicero. Su padre, su abuelo y sus tíos, todos fueron carniceros. Si él no hubiese sido beisbolista, habría sido carnicero toda su vida. Las personas podían notar de lejos que Lefty tenía talento para el beisbol. Tenía la coordinación de manos, la gran visión y los instintos que se necesitan para ser un buen jugador. Él podía jugar cualquier posición. En el ’37, fue el jugador más valioso de la Pacific Coast League como pitcher. Dijeron que él se había lastimado el brazo luego de ese año por lanzar muy duro, pero yo creo que él se lesionó por levantar muchas cervezas. No había nada que él no pudiera hacer en el juego. Sobre las relaciones de Lefty con otros grandes peloteros: “O’Doul se llevaba bien con todos, incluyendo a Ty Cobb, quien no era muy fácil, por lo que escuché. Él estimaba mucho a Babe Ruth, pasaban mucho tiempo juntos. Ambos tenían un gran sentido del humor, esa es probablemente la razón de que se llevaran tan bien. Él era uno de esos tipos que no tenía muchos enemigos. No estaba enamorado de la mayoría de los árbitros y no tenía problema en reclamarles si pensaba que se habían equivocado en una sentencia. Fue expulsado de unos cuantos juegos. Pero entonces ellos se enfrentaban más a los árbitros de lo que lo hacen hoy”. Acerca de la mundialmente famosa Bloody Mary de Lefty O’Doul: “Eso viene de una receta original de la familia O’Doul y la han servido desde el primer día. Somos una familia bebedora, siempre hemos sido una sarta de bebedores. La escogencia de los O’Doul como droga fue el alcohol. Lefty bebía Borbón y agua y cerveza. Recuerdo que nos sentábamos en el patio con mi padre y mi tío y él estaba bebiendo cerveza. Pero le gustaba Borbón, recuredo eso. Bebió cerveza Acme en los años ’50. Era una cerveza de San Francisco y le gustaba. A mi tío le gustaba ir a bares y hablar con las personas en los bares, así que abrir su propio bar-restaurant en su ciudad fue una progresión lógica. Traducción: Alfonso L.Tusa C.