viernes, 27 de mayo de 2016
Esquina de las Barajitas: 1972 Topps: Bobby Tolan.
The Hard Ball Times. 29-06-2012. Bruce Markusen.
Solo por una vez me gustaría ver a un bateador de Grandes Ligas pararse en el plato usando un sweater. Supongo que habría un pitcher o dos quienes han bateado usando una chaqueta, pero no puedo recordar haber visto eso en 40 años de ver beisbol de Grandes Ligas Cierto, el bateador quien entrara a la caja de bateo usando un sweater sentirá restringidos los movimientos de sus brazos, pero luciría bien, ¿no?
Al posar para su barajita Topps de 1972, Bobby Tolan no solo nos da la apariencia del sweater, sino que también provee una visión de su particular estilo de bateo. Tolan siempre colocaba sus manos tan ridículamente por encima de su cabeza que te hacía preguntar como podía poner el bate en posición de conectar lo suficientemente rápido para impactar una recta de Grandes Ligas. Puedo recordar otros dos peloteros quienes bateaban en una posición similar, ellos son el inquilino del Salón de la Fama Carl Yastrzemski y el eterno pero ahora retirado infielder utility, Craig Counsell, pero pienso que Tolan se gana el premio por mantener sus manos más arriba que cualquiera.
Otro elemento sobresale en la barajita de Tolan. Nótese que Topps lo nombra como “Bob” Tolan. De hecho, hasta su última barajita Topps en 1980, la compañía continuó identificándolo como Bob. No puedo recordar muchas instancias donde haya oído que lo llamaran así. Desde que llegó a mi consciencia durante la Serie Mundial de 1972, ha sido “Bobby” Tolan, como Bobby Bonds, o Bobby Murcer, o Bobby Bonilla.
Cualesquiera sean mis recuerdos de su nombre o estilo de bateo, no hay duda de que Tolan fue un buen bateador en su apogeo. Firmó originalmente con los Piratas en 1963, pero como primera base, no como jardinero. Conocidos por su voluntad para firmar y promover peloteros afroamericanos, los Piratas apreciaban el supremo atleticismo de Tolan, su velocidad como corredor, un cuerpo ideal para el beisbol. Pero los Piratas lo perdieron luego de solo una temporada de ligas menores; fue seleccionado en el ahora extinto draft de primer año por la astuta organización de los Cardenales, la cual también reconocía el gran potencial de talentos que Tolan poseía.
Sabiamente, los Cardenales sacaron ventaja de la velocidad de Tolan al moverlo desde primera base a los jardines. Tolan avanzó rápidamente en el sistema de los cardenales. En 1964 y 1965 bateó por encima de .290, robó más de 30 bases, y mostró poder ocasional. Al final de la temporada de 1965, los Cardenales decidieron darle su primera dosis de pitcheo de Grandes Ligas, pero claramente no estaba listo. Solo tenía 19 años, la misma edad que tiene Bryce Harper hoy, pero no tan desarrollado en sus destrezas. Tolan bateó un pálido .188 en algunos juegos al final de la temporada y regresó a AAA al comienzo de la temporada de 1966.
Un buen comienzo en la nueva temporada llevó a Tolan de vuelta a San Luis en mayo de 1966. Aún seguían con dificultades en el plato, necesitó otro boleto de retorno al Tulsa AAA. No sería hasta 1967 que Tolan ganaría alguna estabilidad en San Luis.
Con los veteranos Lou Brock, Curt Flood y Roger Maris sólidamente establecidos como regulares, el manager Red Schoendienst ubicó a Tolan como su cuarto jardinero. Al jugar como respaldo de Flood en el centro y Maris en la derecha, y también proveer descanso ocasional a Orlando Cepeda en primera base, Tolan se convirtió en un decente colaborador en el papel de respaldo, le daba a los pájaros rojos una dosis de velocidad y un soplo de poder. Jugó lo suficientemente bien para permanecer en el roster todo el verano, y en la Serie Mundial contra los Medias Rojas. Tolan no jugó mucho en la serie, pero se ganó un anillo cuando los Cardenales se apoderaron del campeonato.
Tolan siguió como respaldo con los cardenales de 1968, pero su producción disminuyó, porque siguió mostrando una alarmante falta de paciencia en el plato (solo negoció 13 boletos en casi 300 apariciones en la caja de bateo). Aún así, Tolan se ganó otro puesto en un roster de Serie Mundial, mientras los Cardenales perdían la serie en siete juegos ante los Tigres.
Para ese momento, los Cardenales se habían frustrado con las fallas de Tolan para mejorar su bateo y corrido de bases, esto último se hacía evidente en su mediocre número de bases robadas. Aunque solo tenía 22 años, los Cardenales se preguntaban si alguna vez se desarrollaría como jardinero a tiempo completo. Así que pocos días después de la Serie Mundial, los Cardenales cambiaron el potencial de la juventud por la cantidad conocida de un veterano probado. Enviaron a Tolan y al relevista del lado del brazo Wayne Granger a los Rojos por Vada Pinson, una estrella que venía de su peor temporada en las mayores como regular. Coincidencialmente, Pinson era uno de los peloteros que Tolan había admirado desde joven.
Algunas veces un cambio de escenario puede ser el mejor remedio para un pelotero en dificultades, y ese fue el caso de Tolan y los Rojos. Al jugar en el jardín derecho y el central, Tolan se estableció en la alineación diaria de los Rojos, a menudo bateaba segundo detrás de Pete Rose y delante de un joven Alex Johnson. El juego de Tolan explotó, al descargar 21 jonrones, robar 26 bases, y registrar un OPS de .821. El único lunar en el juego de Tolan era su contínua tendencia a hacerle swing a pelotas malas; negoció boleto solo 27 veces en 152 juegos.
Tolan corrigió ese defecto en 1970. Consiguió más del doble de los boletos del año anterior, elevó su total hasta 62. Lideró la Liga Nacional con 57 robos y bateó un reluciente .316, lo suficientemente bueno para recibir unos votos para el premio al jugador más valioso. Continuó su buen juego en la postemporada, al batear un jonrón en el segundo juego de los playoffs y empujar la carrera ganadora en el tercer juego. Tolan también agregó un jonrón durante la derrota de los Rojos ante los Orioles en la Serie Mundial. A la edad de 24, Bobby Tolan se había convertido en una estrella legítima.
Los Rojos creían tener al verdadero sucesor de Pinson en el jardín central. Mientras Tolan no tenía tanto poder como Pinson en sus mejores años, si tenía más velocidad, más alcance, y un mejor swing. Todo estaba bien en el jardín central en Cincinnati.
O así parecía. Durante el invierno, Tolan decidió jugar algo de baloncesto, violando una clausula del contrato con los Rojos. Como Jim Lonborg (accidente de ski) antes de él y Aaron Boone (baloncesto) después de él, la actividad de postemporada le costó mucho a Tolan. Mientras jugaba un juego de exhibición a beneficio, Tolan se dobló completamente el tendón de Aquiles, una lesión severa para cualquier pelotero pero particularmente devastadora para un jardinero quien basaba su juego en la velocidad. Antes que empezara la temporada de 1971, la campaña de Tolan había terminado. Tolan había puesto su carrera en peligro.
Así que para el momento cuando su barajita Topps de 1972 estaba siendo distribuída, los Rojos ya sabían que no recibirían nada de Tolan esa temporada. Los Rojos no estaban complacidos. Como la organización más conservadora del juego, la gerencia de los Rojos, liderada por Bob Howsam, estaba furiosa porque Tolan había violado una clausula específica de su contrato que le prohibía jugar baloncesto en el invierno.
Con Tolan fuera de la temporada, los Rojos optaron por el Plan B, el cual implicaba mover al joven de 22 años George Foster al jardín central. Foster tenía poder con el madero, pero sus destrezas defensivas estaban mejor adaptadas para jugar en el jardín izquierdo, y fue claramente sobre exigido en el centro. Las opciones de respaldo eran aun menos apropiadas: los jardineros Buddy Bradford y Ty Cline. Con un gran hueco en el jardín central, y poca producción procedente del bateo ligero de sus infielders centrales, los Rojos terminaron cuartos en el oeste de la Liga Nacional. La gerencia de los Rojos descargó mucha de la culpa por la mala temporada en los pies del lesionado Tolan.
Aunque Tolan tenía poco como defenderse por el pobre juicio que había mostrado al jugar baloncesto en invierno, empezó a trabajar en un esfuerzo por recuperarse de una lesión que esencialmente había terminado la carrera de otros peloteros. Para su crédito, Tolan puso todo su empeño en la rehabilitación, trabajó para fortalecer su talón lesionado y piernas. Anonadó a los escépticos, se recuperó lo suficiente para regresar a tiempo con los Rojos para la inauguración, la cual había sido retrasada por la huelga de peloteros.
Tolan participó en 142 juegos en 1972, destacable para un pelotero que regresaba de una torcedura del tendón de Aquiles. Pero hizo algo más que jugar, recuperó una buena parte de su antigua producción. Bateó un respetable .288, impulsó un tope en su carrera de 88 rayitas, y lo más increíble, robó 42 bases. Tolan jugó tan bien que ganó el premio al Regreso del Año de la Liga Nacional y también estuvo nominado al Hutch Award, dado al pelotero quien mejor ejemplifique el espíritu de lucha del antíguo manager de Grandes Ligas Fred Hutchinson.
Tolan jugó su cuarta Serie Mundial ese otoño, cuando los Rojos enfrentaron a los insurgentes Atléticos de Oakland. Robó cinco bases contra Oakland, pero hizo un error clave en el séptimo juego, lo que llevó a una carrera crítica y una eventual derrota ante los Atléticos en un memorable clásico de siete juegos.
Nadie lo pudo haber sabido en ese momento, pero la temporada de 1972 representaría el último gran momento de Tolan con el uniforme de los Rojos. Aunque todavía tenía 26 años, y había recuperado buena parte de su velocidad luego de la lesión del tendón de Aquiles, su carreras empezaría a caer en baches.
La temporada de 1973 se convirtió en un desastre épico para Tolan. Tuvo la peor temporada ofensiva de su carrera, su promedio de bateó declinó hasta casi .200. Perdió su trabajo en el jardín central para hacerle espacio a César Gerónimo. Su actuación afectó su actitud, lo cual resultó en varios altercados con la gerencia de los Rojos, la cual aún estaba enojada por haberse lesionado el tendón de Aquiles.
Específicamente, Tolan tenía una espalda adolorida que precipitó muchos de los problemas. El director de personal de peloteros, de los Rojos Sheldon “Chief” Bender, ordenó a Tolan reportarse temprano en la mañana para una cita médica. Tolan se quejó con Bender por lo temprano de la cita, lo cual encendió un asalto de gritos en el cluhouse, entre los dos hombres. Tolan no asistió a la cita programada.
Los Rojos lo multaron con 200 $ por insubordinación y lenguaje abusivo, y 100 $ por perder la cita. También trataron de ponerlo en la lista de incapacitados, pero el presidente de la Liga Nacional, Chub Feeney determinó que Tolan no estaba lo suficientemente lesionado. Tolan permaneció en el roster activo, pero se encontró ocupando el banco, había su posición en el jardín derecho aon el joven Ken Griffey. Tolan respondió introduciendo una demanda contra los Rojos a través de la Asociación de Peloteros. (En retrospectiva, Tolan había reclamado que estaba legítimamente lesionado, pero que los Rojos no le creyeron y lo forzaron a seguir jugando esa temporada estando lesionado. El dolor de espalda se pudo haber manifestado en el mal juego de Tolan).
El descontento general de Tolan se mostró también con los rivales. Mientras los Rojos se preparaban para un juego en Dodger Stadium, Tolan gritó al veterano Willie Crawford. Habían sido amigos desde que jugaban pelota en la escuela secundaria, y Crawford simplemente estaba tratando de ofrecer su ayuda en un momento difícil, pero Tolan lo retó a pelear.
Más tarde en agosto, Tolan abandonó el equipo sin permiso por dos días. Cuando regresó, tenía barba, lo cual violaba la política estricta de los Rojos contra el vello facial . Sparky Anderson le recordó a Tolan las reglas, y el jardinero respondió afeitándose la barba. Pero varias semanas después, empezó a dejarse la barba de nuevo.
Tolan también empezó a negarse a participar en las prácticas de fildeo y bateo, Además de enfrentarse a la gerencia, ahora era un paria entre sus compañeros de equipo. Hacia finales de septiembre los Rojos se hastiaron; el 27 de septiembre la gerencia lo suspendió por el resto de la temporada, incluyendo la serie de playoff contra los Mets.
Tolan nunca jugaría otra vez con los Rojos. Ese invierno, Cincinnati lo cambió a los Padres por el joven pitcher derecho Clay Kirby. Mientras estaba con los Padres a principios de 1974, Tolan supo que había ganado su demanda contra los Rojos. Un árbitro demandó que los Rojos le devolvieran los 300 $ con que lo habían multado. Pero esas no fueron suficientes buenas noticias para Tolan. El demandó que los Rojos se disculparan públicamente por haberlo agraviado, pero la gerencia de Cincinnati rechazó cumplir ese deseo.
El cambio a San Diego marcó el inicio de la etapa vagabunda de la carrera de Tolan. A pesar de que él se había establecido como una estrella con los Rojos, no pasó de ser más que un jugador promedio con los Padres. Fue incapaz de recuperar la forma de su regreso en 1972, y se quedó corto respecto a los niveles de jugador de juego de estrellas que había establecido en 1969 y 1970. Despues de dos temporadas mediocres en el sur de California, los Padres le dieron su libertad incondicional. Desempleado por primera vez desde su debut profesional en 1963, Tolan firmó un contrato de bajo presupuesto como agente libre con los Filis.
Tolan bateó .261 como jardinero a medio tiempo con los Filis, quienes avanzaron a la serie de campeonato de la Liga Nacional antes de perder con el antiguo equipo de Tolan, Cincinnati. Un comienzo terrible en la temporada de 1977, significó su despido. Tolan firmó con los Piratas, pero continuó con dificultades con un promedio de bateo por debajo de .200, por lo cual volvió a ser agente libre al final de la temporada.
Por segunda vez en su carrera, Tolan se encontraba en una encrucijada. Cuando ningún equipo de Grandes Ligas mostró interés en él, optó por irse al lejano oriente, donde firmó con los Hawks de Nankai. Luego de una pobre temporada en Japón, y sin otra opción que escoger, Tolan firmó para jugar en la Liga Interamericana. Cuando la liga desapareció 3 meses después, Tolan quedó desempleado. Sorpresivamente recibió un llamado de los Padres a finales del verano, lo agregaron como jardinero de reserva. Pero solo bateó .190 en 25 apariciones y quedó en libertad a mediados de octubre.
Aunque solo tenía 33 años, la carrera de Tolan como jugador activo había terminado. Así como había empezado su carrera a la temprana edad de 19, sus días en Grandes Ligas terminaron muy prematuramente.
Afortunadamente, Tolan le gustaba a los Padres. Cuando emplearon a Jerry Coleman como manager para la temporada de 1980, le ofrecieron un puesto a Tolan en su cuerpo técnico, en el cual se mantuvo hasta 1983. Durante la huelga de 1981, los Padres reasignaron a Tolan para trabajar con sus bateadores jóvenes en el equipo filial Clase A de Walla Walla. Fue allí donde Tolan se convirtió en el primer coach de bateo de un joven jardinero llamado Tony Gwynn.
Tolan está retirado del beisbol organizado. Aunque aún entrena a un equipo perennemente exitoso de una liga de verano colegial en Houston. Aún lejos de la escena de las ligas mayores, él ha estado ligado a la controversia, aunque no estuvo involucrado directamente en el incidente original. A finales de 2008, su hijo Robbie de 23 años de edad, jugador de ligas menores para ese momento, recibió un disparo de un policía en su propia calle de Bellaire, Tex. La bala perforó el pulmón del joven Tolan, antes de alojarse en el hígado. Las lesiones causadas por la bala terminaron su carrera profesional.
El oficial, quien es blanco, había confundido a Robbie Tolan con un ladrón de carros. Robbie estuvo desarmado a través del incidente y no violó la ley. Los Tolan reclamaron que Robbie había sido una víctima de un perfil racial y llevaron al departamento de policía a la corte, pero un jurado decidió que el disparo fue justificado. Luego un juez invalidó la demanda civil de los Tolan contra el oficial.
He oído a Tolan discutir el incidente con los entrevistadores. Bien hablado y razonable en sus argumentos, Tolan me ha persuadido de que su hijo fue una víctima inocente, y hubiera salido ileso si hubiese sido blanco. No estuve allí, pero el recuento de Tolan del incidente es convincente.
Desafortunadamente, como en sus dificultades con los Rojos, la situación con el hijo de Tolan terminó desfavorablemente. Debió haber terminado mejor, asi como sigo pensando que una carrera plagada por las lesiones y las controversias debió haber terminado mejor también.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 20 de mayo de 2016
Dick McAuliffe, factor importante de los Tigres de 1968, fallece a los 76 años.
Richard Goldstein. The New York Times. 17-05-2016.
Dick McAuliffe, el infielder fajador del Juego de Estrellas quien jugara 14 temporadas con los Tigres de Detroit y los ayudara a ganar la Serie Mundial de 1968, falleció este viernes 13 de mayo en Connecticut.
Su deceso fue anunciado por los Tigres, quienes dijeron que él tenía el mal de Alzheimer. Vivía en Farmington, Conn.
Un pelotero endurecido por las batallas, era conocido por sus compañeros de equipo como Mad Dog (Perro Loco), McAuliffe tenía un bate explosivo, bateaba a la zuda con un estilo de bateo poco ortodoxo “abierto” con el bate bien arriba y las caderas dirigidas hacia el pitcher. En 1968, lideró la Liga Americana en carreras anotadas con 95, tuvo 50 extrabases y nunca bateó para dobleplay.
Terminó séptimo en la votación por el jugador más valioso de 1968. Su compañero de equipo Denny McLain, quien ganó 31 juegos a la cabeza de un formidable cuerpo de lanzadores que también incluía a Mickey Lolich, fue nombrado MVP:
McAuliffe, quién fue el segunda base de los Tigres en 1968 pero quien también jugó en el campocorto y a veces en tercera base durante su carrera, estuvo en el Juegos de Estrellas cada año desde 1965 hasta 1967.
En 1968, “él era el tipo que nos hacía funcionar”, dijo Gates Brown, un jardinero y bateador emergente extraordinario de aquellos Tigres, como fue citado por Tim Wendel en su libro “Summer of ‘68” (2012). (Brown falleció en 2013).
“Dick McAuliffe era el tipo de jugador con el que siempre se podía contar, y se sabe que él siempre lo entregaría todo por su equipo”, añadió él. “Es difícil hablar de ese equipo del ’68 sin él”.
Los Tigres vencieron a los Cardenales de San Luis en una Serie Mundial de siete juegos, enfrentando a un equipo plagado de estrellas que incluía al pitcher Bob Gibson, el primera base Orlando Cepeda y el jardinero Lou Brock.
Jim Price, un cátcher de reserva detrás de Bill Freehan, para los Tigres de 1968 y ahora comentarista radial del equipo, habló con The Detroit Free Press acerca de la muerte de McAuliffe: “Tuvimos muchas peleas en aquellos días y Mad Dog siempre estaba ahí. No era cruel para nada. Pero si le hacían algo equivocado desde el otro equipo, ellos tenían que pagar el precio”.
McAuliffe era recordado especialmente por un juego de finales de agosto de 1968 cuando el lanzador zurdo de los Medias Blancas Tommy John hizo varios envíos cercanos a él antes de concederle la base por bolas con envío sobre su cabeza. Mientras McAuliffe se dirigía a primera base, tuvo unas palabras con John y entonces se le encimó. John salió con los ligamentos del hombro de lanzar lastimados de la pelea y no jugó más en esa temporada.
Richard John McAuliffe nació el 29 de noviembre de 1939, en Hartford y creció en el cercano Farmington, Conn., ahí jugó beisbol de escuela secundaria. Fue firmado por los Tigres en 1957.
McAuliffe jugó con los Tigres desde 1960 hasta 1973, entonces pasó dos temporadas con los Medias Rojas de Boston.
Adoptó su estilo de bateo poco ortodoxo mientras jugaba en las categorías bajas de las ligas menores.
“Yo tenía un estilo cerrado”, le dijo a The Hartford Courant en 2010. “El manager me preguntó como había bateado la temporada anterior. Dije, ‘No muy bien’. Estaba bateando todo hacia el jardín izquierdo. Él dijo ‘Abre tus caderas y serás capaz de batear hacia cualquier parte que quieras’”.
El promedio de bateo vitalicio de McAuliffe fue solo .247, pero tuvo 1530 imparables y 197 jonrones.
Luego de retirarse del beisbol, él tuvo una compañía de repuestos para lavadoras y secadoras operadas con monedas .
Los sobrevivientes incluyen a su esposa, Joanne; un hijo, Michael; y una hija, Mary.
“Siempre jugué duro y fui muy determinado, algo que aprendí de mi entrenador de la escuela secundaria”, dijo McAuliffe a la página web detroitathletic.com en 2009”,
“De niño fui fanático de los Yanquis por mi padre y Phil Rizzuto era mi ídolo, un jugador pequeño y muy bueno. Lo que me mantuvo a lo largo de mi carrera fue ter determinación y deseo”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Sammy Ellis, abridor del Juego de Estrellas quien luego convirtiera a Dave Righetti en relevista, fallece a los 75 años.
Richard Goldstein. The New York Times. 16-05-2016.
Sammy Ellis, un pitcher de Juego de Estrellas con los Rojos de Cincinnati quien hiciera una segunda carrera como coach de pitcheo y fuese determinante en convertir al joven pitcher abridor zurdo Dave Righetti en relevista, un papel que cumplió con brillantez, falleció este viernes 13 de mayo en Temple Terrace, Fla.
La esposa de Ellis, Lynn, dijo que la causa fue el cáncer.
En 1965, su tercera temporada de Grandes Ligas, Ellis tuvo marca de 22-10 con 15 juegos completos para los Rojos, quienes ocuparon el cuarto lugar y fue nombrado para el equipo de la Liga Nacional en el Juego de Estrellas. Él se unió a Jim Maloney, quien dejó marca de 20-9 esa temporada, como los últimos lanzadores derechos de los Rojos en ganar al menos juegos en una temporada hasta que Johnny Cueto tuvo marca de 20-9 en 2014.
Ellis desarrolló dolores en el brazo en 1966 y nunca tuvo otra temporada ganadora.
Décadas después, se convirtió en coach de pitcheo de cinco equipos de Grandes Ligas, comenzando con varias estadías en los Yanquis entre 1982 y 1986, cuando managers y coaches entraban y salían de la puerta giratoria de dueño principal George Steinbrenner.
Righetti había lanzado un juego sin hits ni carreras el 4 de julio de 1983, y era una gran promesa como abridor. Pero en el entrenamiento primaveral de 1984, al ver un futuro brillante para él como relevista, y al faltar un as de relevo con la partida de Goose Gossage como agente libre hacia los Padres de San Diego, Ellis, el coach Jeff Torborg y el manager de los Yanquis Yogi Berra le pidieron a Righetti que se mudara al bullpen.
“El fue mi primera opción desde el primer día”, dijo Ellis en ese momento. “Estoy preocupado por su longevidad como abridor debido al problema que ha tenido en su hombro. Relevar es más fácil para el hombro que abrir si no se abusa, y Yogi no abusará de él”.
Pero con los Tanquis teniendo dificultades en junio de 1984, Righetti fue privado de la guía de Ellis, al menos por un tiempo, cuando Ellis fue reemplazado por Mark Connor, entonces un coach de pitcheo en el sistema de ligas menores de los Yanquis.
“Espero que ellos no piensen que es su falta”, dijo Ellis de su cuerpo de lanzadores. “Ellos no son la razón principal de que estemos a 19 juegos del primer lugar”.
Como era costumbre de los Yanquis de Steinbrenner en esa época, Ellis regresó después, fue depuesto de nuevo, entonces reapareció con el uniforme a rayas. Despues de sus años con los Yanquis, fue coach de pitcheo de los Medias Blancas de Chicago, Marineros de Seattle, Medias Rojas de Boston y Orioles de Baltimore, así como instructor itinerante de pitcheo con los Rojos.
Samuel Joseph Ellis nació el 11 de febrero de 1941, en Youngstown, Ohio. Luego de lanzar para Mississippi State University, hizo su debut en Grandes Ligas con Cincinnati en 1962. Lanzó cinco temporadas con los Rojos, entonces concluyó su carrera con los Angelinos de California y los Medias Blancas, dejó marca de 63-58 en siete temporadas.
Además de su esposa, Ellis, quien vivía en Dade City, Fla., y falleció en un hospicio, es sobrevivido por una hija, Tammy Parker, un hijo Boe; sus hermanas, Joyce Williams y Genevieve Harris; diez nietos; y un bisnieto.
Lols Yanquis no olvidaron a Ellis. Antes de su juego con los Medias Blancas el domingo en Yankee Stadium, mostraron su imagen en la pantalla de video y le pidieron a los aficionados u minuto de silencio.
Righetti, quien salvó 252 juegos, la mayoría de ellos como Yanqui, está ahora en su décimo séptima temporada como coach de pitcheo de los Gigantes de San Francisco, siguiendo el camino de la segunda carrera de su mentor.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 16 de mayo de 2016
Esquina de la barajitas: El Chocador Original
Bruce Markusen
Los integrantes del equipo e trabajo del Salón de la Fama también son fanáticos del beisbol y les gusta compartir sus historias. Aquí está la perspectiva de un fanático desde Cooperstown.
Como alguien quien creció en los años ’70, siempre me han gustado las casas que incluyen partes de madera en su construcción. Aprecio mucho la madera contraenchapada barata que delineaba los sótanos de muchas casas del noreste durante los años setenta. Debido a tal afecto por la madera, no es sorprendente que la colección de Topps 1987 con bordes de madera sea una de mis colecciones favoritas de los años ’80.
La entrega de la Topps 1987 no fue el primer intento de la compañía con bordes de madera. Veinticinco años antes, en la primavera de 1962, Topps sacó su primera colección con bordes de madera. Las barajitas tenían bordes finos de madera en todo alrededor, pero Topps dejó un espacio en la esquina inferior derecha, permitiendo más espacio para el entorno de madera y un lugar para insertar el nombre del jugador y su equipo. Las barajitas de 1962, con su apariencia distintiva, se convirtió en un éxito con los coleccionistas.
Con un nuevo borde de madera suministrando un marco ideal, la barajita de Mike Easler se clasifica cerca del tope de la lista de 1987. Tomada una tarde nublada en Yankee Stadium en algún momento durante la temporada de 1986, la fotografía de Easler es brillante y clara. La barajita, Nº 135 de la colección, nos da una vista del memorable estilo de bateo de Easler. A diferencia de la mayoría de los bateadores de poder, Easler bateaba muy agachado, una pose preferida usualmente por bateadores de sencillos y dobles.
Luego de atacar el envío del pitcher con un corte superior, Easler terminaba cada swing con su movimiento característica, una exagerada rotación del bate, el equivalente del movimiento del helicóptero. Como estudiantes universitarios de los años ’80, solíamos imitar el “helicóptero” de Easler durante las reuniones con los amigos fanáticos del beisbol. Nadie de la época de Easler terminaba el swing de esa manera, y nadie desde entonces ha igualado ese movimiento del bate de Easler.
Además de su distintivo estilo de bateo, Easler también tenía un apodo descriptivo. Aunque la mayoría de los aficionados de los Yanquis de Nueva York recuerdan a Don Mattingly como “The Hit Man”, en realidad no fue el primero en adquirir ese apodo. Fue Easler quien precedió a Mattingly como el Hit Man original, un testamento a su estilo agresivo en el plato y a su habilidad para desperdigar líneas desde un callejón a otro en los jardines. A diferencia de la mayoría de los bateadores zurdos de poder, Easler tenía una fortaleza particularmente efectiva hacia la banda contraria, lo cual prefería antes que halar la pelota hacia el jardín derecho. Easler estaba usualmente en lo mejor de su bateo al dirigir la pelota entre left-center, una habilidad que perfeccionó durante sus años con los Medias Rojas- Easler se convirtió particular en adepto de golpear “La Pared” de Fenway Park.
Desafortunadamente, Easler perdería esa ventaja durante sus dos paradas con los Yanquis. El jardín izquierdo del viejo Yankee Stadium no mostraba un blanco alcanzable para la mayoría de los bateadores zurdos. Las dimensiones de “El Valle de la Muerte”, como solía ser llamado, hizo la vida difícil para Easler, quien tuvo dificultades para calzar los zapatos del jugador por quien fue cambiado, Don Baylor.
Aún así, Easler fue razonablemente productivo en su primera estadía con el uniforme de los Yanquis. Jugó bien como bateador designado a medio tiempo y jardinero izquierdo, un papel que había cumplido con los Medias Rojas. Antes de eso, Easler había forjado un nicho como jugador de medio tiempo altamente exitoso con los Piratas de Pittsburgh, lo cual incluyó una actuación durante la temporada de campeonato mundial del equipo en 1979.
Que Easler haya tenido una duradera carrera en grandes ligas a través de los años ’80 es consecuencia de su perseverancia. La mayor parte de los años ’70, Easler estuvo en las ligas menores. Easler pasó la mayor parte de los años ’70 en las ligas menores. Desde 1969 hasta 1977, dividió su tiempo con las organizaciones de los Astros de Houston, Angelinos de California, Cardenales de San Luis, y Piratas. En ese transcurso, ganó dos títulos de bateo en ligas menores. A los scouts de Grandes Ligas no les gustaba Easler; veían en él a solo un jugador de medio tiempo, incapaz de batearle a los zurdos, y lo consideraban un carnicero en los jardines. No sentían que él bateara con suficiente poder o tuviera suficiente velocidad. Aunque Easler castigaba el pitcheo de AA y AAA, los scouts lo despreciaban como nada más que un jugador de ligas menores.
Easler tuvo tres tazas de café con los Astros y una con los Angelinos, nunca consumió más de 54 turnos al bate en ninguna de esas oportunidades. No bateó bien en esas pasantías abreviadas, así convalidaba su reputación como jugador de ligas menores. Para abril de 1977, había sido cambiado tres veces.
La mayoría de los jugadores habría sido excusados por llevarse sus números de ligas menores a la liga mexicana a al lejano oriente, pero Easler siguió obstinado acerca de tener una carrera en las mayores. La persistencia de Easler empezó a rendir dividendos en septiembre de 1977, cuando los Piratas lo subieron como parte de su roster expandido. Easler dio una buena impresión en 10 juegos, bateó para .444 con un jonrón en 18 turnos al bate.
La actuación de Easler en septiembre abrió algunos ojos, pero los Piratas tenían tantos jardineros buenos en esa época que no tenían espacio para él en 1978. Así que regresó al Columbus AAA y bateó .330 con 18 jonrones. Estaba claro que Easler había dominado el pitcheo de ligas menores y no tenía nada que probar a nivel de AAA. Como diría Easler más tarde, estos eran “tiempos oscuros”. Se referiría a sus últimos años en las ligas menores como “los años más duros de mi vida”.
La paciencia de Easler finalmente tendría su recompensa en 1979. Al convertirse en uno de los jugadores de reserva del equipo, bateó un respetable .278 en funciones limitadas y se ganó un puesto en el roster de postemporada del equipo. Al aparecer brevemente en los playoffs y la Serie Mundial, Easler se ganó un anillo de campeonato cuando los Piratas lograron su primer título desde 1971.
En 1980, Easler asumió un papel más grande. Con el tiempo de juego de Willie Stargell afectado por las lesiones y John Milner mostrando un declive significativo en el plato, Easler se convirtió en jardinero izquierdo a medio tiempo de los Piratas. Al alternarse con el veterano Bill Robinson, Easler se dio festín contra el pitcheo de la Liga Nacional, bateó .338 con 21 jonrones y 43 boletos. También mejoró mucho su defensiva en el jardín izquierdo, hasta el punto donde los Piratas dejaron de sacarlo de los juegos por razones defensivas. Finalmente, luego de una larga escalada que había empezado en 1969, Easler había convencido a los Piratas de que él era un grandeliga.
Easler seguiría siendo un jugador productivo para los Piratas en las próximas tres temporadas, hasta ganó una selección al Juego de Estrellas durante la temporada recortada por la huelga de 1981. Easler también ayudó a su causa al hacerse popular en el clubhouse de los Piratas. Los compañeros de equipo lo querían, así como los medios. Easler siempre contestaba las preguntas de la prensa después de los juegos, sin importar si los Piratas ganaban o perdían, sin importar si Easler se iba de 4-4 o de 4-0. Su voluntad para hablar se hizo especialmente importante cuando llegó a los Medias Rojas más a delante en los años ’80. Para ese momento, los Medias Rojas tenían fama de tener un clubhouse difícil, donde algunos jugadores no les gustaba reunirse con los medios, especialmente después de derrotas dolorosas. Hasta el reportero más inexperto de los Medias Rojas podía encontrar solaz en el casillero de Easler. Amigable y accesible en extremo, Easler siempre hablaba, sin importar lo que ocurriese.
Luego de dos temporada productivas con los Medias Rojas, Easler se mudó a Nueva York en el cambio por Baylor. Cuando le preguntaron por la controversia que parecía acompañar a los Yanquis para ese momento, Easler supo mantenerse al margen. “Soy un tipo agradable”, dijo Easler al Albany Times en la primavera de 1986. “Todo lo que me importa es que tengo puesto este uniforme y voy a salir a hacer mi trabajo. Voy a ver la pelota y a golpearla. ¡Whack!”
El Hit Man hizo justamente eso para los Yanquis, bateó para .302 con 14 jonrones como un productivo bateador designado zurdo. Pero la necesidad de pitcheo del equipo resultó en un cambio impopular durante el receso entre temporadas hacia los Filis de Filadelfia, esta vez por el pitcher derecho Charles Hudson. Y entonces a solo pocos meses de su estadía en la City of Brotherly Love, los Yanquis decidieron que lo querían de vuelta. El 10 de junio de 1987, los Yanquis readquirieron a Easler por dos prospectos de ligas menores, lo que le permitió terminar la temporada, y su carrera de Grandes Ligas, en el Bronx. Desde allí, Easler llevó su bate dinámico hasta las ligas japonesas, donde bateó bien por las próximas dos temporadas mientras hacía un grupo nuevo de amigos.
Easler no jugó mucho con los Yanquis, menos de dos temporadas completas, pero se las arregló para hacerse popular con sus compañeros de equipo y fanáticos de Nueva York. Dada su sociabilidad, su dinámico estilo de bateo, y su incansable determinación por llegar a las mayores, es fácil ver porqué Easler se convirtió en un favorito durante los años ’80. Su barajita Topps de 1987 podría no valer mucho, es una barajita común de una época en la cual se producian muchas barajitas, pero es agradable tenerla.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 13 de mayo de 2016
Antíguo jugador estrella Ralph Garr dejó un legado innegable.
A menudo subestimado, el campeón de bateo de 1974 de la Liga Nacional, tuvo una carrera destacada.
Ralph Garr es inducido en el National College Baseball Hall of Fame en la noche de campeones de Lubbock, Texas.
Terence Moore. MLB.com. 19-02-2016.
Aun si nos estuviéramos en el mes de la historia negra (Black History Month), hay muchas razones de porqué los aficionados del beisbol deberían conocer la carrera de Ralph Garr.
¿Nunca oyeron de él?
Bien, empecemos con esto: ¿Quién tiene la marca de Grandes Ligas de más imparables antes del receso del Juego de las Estrellas? ¿Es Lou Gehrig, Ty Cobb, Joe DiMaggio, Ted Williams, Pete Rose, Rod Carew, Tony Gwynn, Ichiro Suzuki? o … si, es Garr, entre los peloteros afroamericanos olvidados del pasado, y él rió en el teléfono desde su casa en las afuera de Houston al recordar su logro de 1974.
“Pienso que nadie me superará en eso, y muchos de ellos han tenido oportunidad e hacerlo”, dijo Garr, 70, quien consiguiera tantos imparables durante la mitad de su estadía de ocho años con los Bravos, su primer equipo en Grandes Ligas.
Garr fue un jugador estrella de la Liga Nacional y ganó el título de bateo de la Liga Nacional ese año. También estuvo a punto de ganar el título de bateo de la Liga Nacional en 1971 y ’72, pero terminó segundo en ambas temporadas.
¿Mencioné que Garr terminó su carrera de 13 años en las mayores con un promedio de bateo de .306? Eso es más alto que el de George Brett, un bateador zurdo quien terminó sus 21 temporadas con .305.
Lo sé, lo sé. Brett está en el Salón de la Fama. Garr no.
Mientras Brett descargaba 317 jonrones, Garr tuvo 75. Brett también fue lo suficientemente sólido a la defensiva en tercera base para ganar un guante de oro en la Liga Americana, y Garr tuvo tantas dificultades defensivas como segunda base en las ligas menores con los Bravos que fue convertido en jardinero. Garr seguía teniendo dificultades defensivas en su nueva posición, y sus desplantes con el guante y el brazo se mantuvieron a través de su carrera, la cual incluyó paradas con los Medias Blancas y los Angelinos.
El hombre concoido como “Road Runner” (“Correcaminos”) también tenía otros atributos. Todos empezaban y terminaban con sus piernas. Garr era tan rápido en las bases que los Bravos hicieron un trato con Warner Bros. Para usar las imágenes de la caricatura Road Runner de la compañía en la pantalla de video del viejo Atlanta-Fulton County Stadium cada vez que Garr entraba a la caja de bateo. Los Bravos también hacían sonar el pegajoso “beep, beep” del Road Runner cada vez que Garr llegaba a primera base. Eso porque él siempre amenazaba con robarse la segunda base.
¿Qué tan rápido era Garr?
“Nunca fui cronometrado en las 60 yardas o las 40 yardas, pero si desde home a primera base”, dijo Garr. “Ponía 3.85 segundos o 3.9, y era consistente alrededor de ese tiempo. Pero Mickey Mantle ponía 3.2 o 3.3, y tenía las piernas malas, todas vendadas. Él corría tan rápido que no podías verlo. Era irreal. Y había algunos tipos cuando yo jugaba quienes eran rápidos de verdad, Mickey Rivers, Bake McBride, Lou Brock. Había unos pocos tipos que vi con velocidad, y también fue igual cuando estaba en Grambling. Había tres o cuatro tipos entonces quienes eran más rápidos que yo, en el mismo equipo”.
Tal vez, pero ninguno de esos velocistas de Grambling podían batear como Garr. En 1967, el nativo de Monroe, La., lideró a los Tigers de Grambling y la National Association of Intercollegiate Athletics con un ridículo promedio de bateo de .585. Apareció en Sports Illustrated por ese hecho. Entonces, ese verano, Garr se convirtió en escogencia de la tercera ronda del draft de un equipo de los Bravos que eventualmente lo tuvo por años bateando delante de un ícono del beisbol.
Garr aún se emociona al hablar de Hank Aaron.
“Hank no era conversador, pero nunca he visto un tipo que se haya educado a si mismo a través de los años como lo hizo Henry”, dijo Garr. “Aunque él no fue a la universidad, podías pensar que lo había hecho a medida que lo conocías. Ahora habla como si tuviera una maestría o hasta un doctorado. Él es muy, muy, muy inteligente”.
Aaron también era muy, muy, muy eficiente para batear jonrones. Así que a pesar de la velocidad de Garr, él terminó con solo 172 bases robadas vitalicias, y nunca robó másde 35 en una temporada.
Si preguntas porqué, vamos de vuelta a Aaron y sus jonrones.
“Cuando juegas en un equipo con Henry Aaron, y bateas delante de él, no era necesario que yo robara muchas bases, porque él podía impulsarte desde primera base como podía hacerlo desde segunda”, dijo Garr.
“Luego del primer año o algo así, yo robaría algunas bases, pero nuestro equipo estaba centrado alrededor de uno de los peloteros más grandes del beisbol. Nadie tenía problemas con eso, porque él era tan buen jugador de equipo que siempre tenía el favor de Dios. Me refiero a que para lo grande que era, él nunca se quejó de nada”.
Ahí está por ejemplo abril de 1974. En las sombras, lejos de las cámaras de una audiencia nacional televisiva, Aaron le dijo a Garr y a otros en el dugout de los Bravos en el Atlanta Fulton-County Stadium que era tiempo de terminar su legendaria persecución de la marca de jonrones de todos los tiempos de Babe Ruth. Aaron pensaba que esa cosa era una distracción para sus compañeros. Tenía 755 jonrones cuando se retiró, pero el más famoso ocurrió esa noche después que accionó sus rápidas muñecas para hacer los 714 de Ruth segundos de los 715 de Aaron.
Hank el Martillo pasa al Babe.
Hank Aaron, a los 39 años, bateó 40 jonrones en 1973, terminó a solo uno de los 714 de Babe Ruth y sirvió un invierno de anticipación y esta noche mágica.
Garr observaba desde el dugout.
“Yo estaba en el primer escalón, o algo así, y le decía a las personas a mi alrededor, ‘Hombre, aquí va a pasar algo, ¿sabes a lo que me refiero?’” dijo Garr. “Y entonces el bateó, y yo salté. Hank fue un gran compañero de equipo. Es un honor hablar de él. Ha habido pocas personas como él que he conocido en el beisbol. He sido bendecido, señor”.
Garr ha sido así de bendecido: En 1984, cuatro años despues de su retiro, él quería un trabajo en el beisbol, y fue contratado como scout itinerante por el entonces director de desarrollo de peloteros de los Bravos, Hank Aaron.
Treinta y dos años después, Garr tiene el mismo trabajo.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 29 de abril de 2016
Cooperstown Confidencial: La inauguración de un libro nuevo sobre Thurman Munson.
Bruce Markusen. The Hard Ball Times. 31-07-2009.
Usualmente rechazo hacer revisiones de libros, porque soy autor y considero el proceso un potencial conflicto de intereses. Pero cuando un libro es bueno, no dudaré en recomendarlo. Ese es el caso de Munson de Marty Appel, publicado este verano por Doubleday.
Una biografía a profundidad que examina al pelotero y al hombre de familia, Munson detalla las dolorosas experiencias infantiles, la a menudo carrera controversial con los Yanquis, y la trágica y prematura muerte a la edad de 32.
El 2 de agosto marcará el trigésimo aniversario de la muerte del capitán y catcher yanqui, Thurman Munson. Pocos días antes del aniversario, Appel contestó algunas preguntas acerca del libro y el personaje influyente que Munson llegó a ser.
Markusen: Marty, entiendo tu decisión de escribir una biografía detallada de Thurman Munson, dado que él no fue tan directo como hubieses querido cuando escribiste el primer libro. ¿Qué determinó la decisión de publicar el libro ahora? ¿Se debió estrictamente a que este es el aniversario 30 de su deceso, o hubo otros factores que influyeron?
Appel: El otro factor que influyó fue la miniserie de ESPN, “The Bronx is Burning”, al revivir el interés en Thurman. La interpretación del actor Erik Jensen fue magistral, y una nueva generación pareció decir, “Este es un personaje interesante”. Eso hizo que Doubleday se interesara en el libro.
Markusen: Los pasajes que escribes acerca del padre de Munson, especialmente del abuso físico que él le infligió a Thurman junto al constante desprecio por las habilidades de su hijo, son muy crudos. Dado lo traumático de la niñez de Munson ¿Te sorprende que Thurman llegara a ser tan exitoso como fue, como pelotero y hombre de familia?
Appel: Esa es una parte muy positiva de la historia, como Thurman pudo romper ese ciclo (el cual por lo menos duraba dos generaciones) y a través de una firme determinación, crear una hermosa familia propia. Ese fue su logro más grande. Por supuesto, ese hogar problemático también le sirvió para prepararlo, de alguna manera, para estar en el clubhouse durante los años del Zoológico del Bronx (‘Bronx Zoo’).
Markusen: La durabilidad y rudeza de Munson le permitieron recibir de 130 a 140 juegos por año, lo cual dejaba poco tiempo de juego a sus muchos catchers de respaldo a través de los años. ¿Estuvieron algunos de esos respaldos resentidos con Munson por la manera como el monopolizó (a falta de una mejor palabra) del tiempo de juego detrás del plato?
Appel: Bien, si. Pero era difícil resentir de Thurman como persona, todos lo quería y admiraban, Pero cuando tuvo su lesión en la mano por dos años que lo privaba de hacer out a los corredores con mucha frecuencia, eso le dio oportunidades a Rick Dempsey, quién tenía un rifle en el brazo. Pero los pitchers querían que les recibiera Thurman; era un maestro en el conocimiento de los bateadores y llamando los juegos.
Markusen: Thurman tenía una personalidad fuerte, igual que Billy Martin. ¿Fue sorpresivo para ti que ellos llegaran a ser tan cercanos como lo fueron?
Appel: Billy tenía una personalidad que rondaba la simpatía cuando tenía necesidad, pero aún así demandaba respeto como genio de beisbol en los confines del dugout. Thurman respetaba a ese genio, y Billy sabía que Thurman era un jugador a la antígua, un tipo quien podía haber sido una estrella en cualquier época del juego.
Markusen: La difícil relación de Munson con Reggie Jackson está bien documentada en tu libro. ¿Hubo algunos otros yanquis con los que Munson no se llevara bien?
Appel: Ni uno. Él era un jugador de los jugadores.
Markusen: Recuerda claramente lo que yo estaba haciendo cuando oi en las noticias que Thurman había muerto. Yo estaba cenando mientras veía un episodio de “La Isla de Gilligan”, cuando John Roland irrumpió con un boletín de noticias en Metromedia Channel Five. ¿Qué estabas haciendo cuando oiste la noticia y que pasó por tu mente en ese momento?
Appel: Sorprendentemente, mis reacciones fueron algo como, oh Dios, que tragedia…un yanqui…un capitán…campeón mundial…mi amigo…¡su familia!...tan duro…y muy abajo en la lista, recordé que había hecho su libro con él. Estaba sorprendido de no haber pensado en eso antes en el proceso.
Markusen: La mayoría de los observadores de los Yanquis creen que, áun si hubiese sobrevivido el accidente aéreo, los días de Thurman como receptor habían pasado. ¿Qué posición piensas que él habría jugado, y cuanto hubiera sido capaz de colaborar a la ofensiva?
Appel: Habría sido bateador designado, y primera base-jardinero ocasional, pero él no tenía suficiente poder para ser un primera base o jardinero de las esquinas. Sin embargo, hubiera sido un bateador designado terrífico.
Markusen: Munson no necesariamente hubiera ganado el favor de los sabermétricos de hoy porque él no negociaba muchos boletos y no bateaba muchos jonrones. ¿Es justo decir que Thurman era el tipo de pelotero que tenía que ser visto para ser apreciado completamente?
Appel: Si, sus destrezas era más apreciadas en el dugout que en las gradas, pero los aficionados veían su juego agresivo, su liderazgo de hacerse cargo y su juego oportuno. Las cosas más sutiles, como llamar los pitcheos, hasta provocar a los oponentes, eran más dificiles de apreciar. Él era más un pelotero del lado interno del beisbol.
Markusen: Treinta años después de su fallecimiento, ¿Qué tan importante es Munson para el legado de la franquicia de los Yanquis? ¿Por qué los aficionados jóvenes deberían saber de él?
Appel: Él jugaba el juego duro y de verdad cada día… pasaba la temporada queriendo tener marca de 162-0, no aceptaba que todos los equipos perdieran 60 juegos. Aun en los años cuando los Yanquis no eran contendores, jugaba para ganar cada juego. Por eso es que él y George Steinbrenner se llevaban bien. Tenían la misma actitud.
Acerca de Bruce Markusen
Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 28 de abril de 2016
‘No quieres creer que eso ocurrió’.
Hace casi 24 años, mientras estaba en Chicago para jugar ante los Medias Blancas, Lyman Bostock de los Angelinos de California recibió un disparo y fue asesinado en un carro en Gary, Ind.
Chicago Tribune. K.C. Johnson. 23-06-2002.
Los días han pasado, los juegos han continuado y casi 24 años han caido en el calendario.
Thomas Turner no puede creerlo, y aun tiene el dolor fresco en su mente.
Si alguien entiende por lo que está pasando la familia de Darryl Kile, ese es Turner, un trabajador retirado de la industria acerera de Gary, Ind.
Turner es el tío de Lyman Bostock, el jardinero de los Angelinos de California quien fue asesinado mientras paseaba en un carro manejado por Turner luego de participar en un juego en el viejo Comiskey Park, el 23 de septiembre de 1978.
Turner y los compañeros de equipo de Bostock en los Angelinos, entre los cuales estaba el manager de los Cachorros Don Baylor, saben lo que es salir de un juego de beisbol y ver que el orden del mundo deportivo es destruido por la desordenada realidad de la vida.
Ellos saben lo que es regresar al diamante, como lo harán los compañeros de equipo de Kile el domingo, y tratar de jugar o ver un juego, aun con sus mentes oscilando en una ausencia fuera de las líneas de cal.
“Amo el beisbol, pero verlo todavía es muy difícil, especialmente en el mes de septiembre”, dijo Turner desde su hogar de Gary el sábado en la noche. “Cuando veo a los Angelinos, espero verlo en el campo”.
Bostock fue el último out en la derrota 5-4 de los Angelinos ante los Medias Blancas esa tarde sabatina antes de salir hacia Gary con Turner.
Más tarde esa noche, Bostock de 27 años, paseaba en un carro con Turner y dos mujeres en el centro de Gary cuando el furioso esposo de una de las mujeres se acercó al carro con una pistola e hizo un disparo a través de la ventanilla trasera. Bostock recibió el impacto en el lado derecho del cráneo, falleció poco después de medianoche el 24 de septiembre.
Horas después, la policía de Gary arrestó a Leonard Smith por cargos de asesinato. Smith eventualmente fue declarado inocente por razones de insanidad.
Los Angelinos y los Medias Blancas, efectuaron un juego de beisbol, en las horas siguientes.
Se guardó un minuto de silencio antes del juego. Las banderas estaban a media asta. Pero la victoria de los Angelinos 7-3 no significó nada comparada a la pérdida de Bostock, el hijo de una estrella de las Ligas Negras.
Baylor, quien jonroneó en el juego, ha tenido malas memorias de Chicago por mucho tiempo debido al incidente.
“Cada vez que entro al viejo Comiskey Park, pienso en Lyman principalmente”, escribió Baylor en "Nothing But the Truth: A Baseball Life", su autobiografía. “En retrospectiva, deseo haberle dicho aquel último consejo antes que saliera del clubhouse para siempre”.
Turner conoce ese sentimiento.
“Cuando supe lo de Kile, Lyman fue la primera persona que me vino a la mente”, dijo Turner. “Es devastador. No quieres creer que eso ocurrió. No puedes enfrentar la realidad. Pasará mucho tiempo antes que dejes de lastimarte”.
¿Qué tipo de pelotero era Bostock?
En 526 juegos en cuatro temporadas de Grandes Ligas, bateó para .311. En 1977, Bostock terminó segundo de su compañero en los Mellizos, Rod Carew, por la corona del título de bateo de la Liga Americana con promedio de .336.
¿Qué clase de persona era Bostock?
Haber llegado segundo en la carrera por el título de bateo le permitió firmar un contrato como agente de cinco años por 2.25 millones de dólares con los Angelinos, para entonces uno de los más grandes del beisbol. Cuando Bostock tuvo un lento comienzo en la temporada de 1978, al batear solo .150, él ofreció devolver su salario de abril al equipo.
Como el equipo no lo aceptara, él lo donó a la caridad.
Hubo otros ejemplos de tal generosidad de espíritu.
Poco después de firmar su gran contrato como agente libre, Bostock donó 10.000 $ para pagar la reparación de la escuela Sunday en una iglesia de su nativa Birmingham, Ala. También hizo trabajo voluntario con niños de escasos recursos en el area de Los Angeles.
“Él creía en ayudar”, dijo Turner. “Siempre hablábamos, y el tenía grandes ideas, especialmente con niños”.
Baylor, uno de los amigos más cercanos de Bostock, sabía que el hombre fuera del campo estaba por encima del pelotero, por eso se tomó la tragedia tan a pecho. El día siguiente, a Baylor le pidieron una entrevista para la TV.
Baylor no respondió. Empezó a llorar.
A Turner le preguntaron si tenía algún consejo para la familia de Kile.
“Ellos tienen que creer y confiar en el Señor y seguir adelante”, dijo.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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