sábado, 1 de octubre de 2016

El Pitcher de los Marlins, José Fernández fallece en un Accidente de Lancha.

Lizette Alvarez. y Niraj Chokshi. 25-09-2016. Aunque era muy joven, José Fernández, estaba en camino del Salón de la Fama, con 2.58 de efectividad en su carrera y 589 ponches en solo 471.1 innings. Miami.- Major League Baseball perdió a uno de sus mejores pitchers este fin de semana cuando una lancha que transportaba a José Fernández se estrelló contra una pila de rocas y se destrozó, causándole la muerte a él y otros dos hombres a bordo. Una comisión de la guardia costera descubrió la colisión temprano en la mañana dominical. Fernández de 24 años de edad, y los otros murieron instantáneamente, dijeron las autoridades. “La organización de los Marlins de Miami está devastada”, dijo el equipo en una declaración el domingo en la mañana, y agregó, “Nuestros sentimientos y oraciones están con la familia de José Fernández en este momento tan difícil”. Un relicario apareció en las afueras del estadio de los Marlins mientras los aficionados se detenían a dejar flores, tarjetas y señales del número que usaba Fernández, 16. Ese número también estaba pintado en el montículo de pitcheo del estadio, donde fue colocada una gorra de los Marlins. Fernández estaba con dos amigos en una lancha de 32 pies que se estrelló contra el rompeolas que delinea el canal de aguas profundas en la sección norte de Miami, dijo el official Lorenzo Veloz, un vocero de la Florida Fish and Wildlife Conservation Commission. El canal, llamado Government Cut, es utilizado por cruceros y cargueros para entrar y salir del oceano Atlántico. Se ubica en el extremo sur de South Breach, un concurrido destino turístico de Miami Beach. El oficial Veloz dijo que no se pudo determinar si el alcohol o drogas habían estado involucrados en el accidente debido a que la lancha estaba muy deteriorada. Dijo que se realizarán pruebas toxicológicas. Ninguno de los hombres usaba chaleco salvavidas. Fernández venció grandes obstáculos para alcanzar el nivel profesional. De adolescente fue encarcelado por intentar desertar de Cuba. Tuvo éxito en su cuarto intento, a los 15 años de edad, y salvó a su madre de ahogarse en la travesía. Él surgió como estrella de beisbol en la Braulio Alonso High School de Tampa, Fla., y fue escogido por los Marlins en el draft de 2011. Llegó a las mayores en 2013, cuando fue nombrado Novato del Año de la Liga Nacional. En cada una de sus cuatro temporadas de Grandes Ligas, Fernández tuvo efectividad por debajo de 3.00. “Él fue una de las grandes jovenes estrellas de nuestro juego quien tuvo un gran impacto dentro y fuera del terreno desde su debut en 2013”, dijo el comisionado de Major League Baseball, Rob Manfred, en una declaración. “Nuestros pensamientos y oraciones están con su familia, la organización de los Marlins de Miami y todas las personas que conoció en su vida”. Los dos hombres quienes fallecieron con Fernández no han sido identificados pero el oficial Veloz dijo que no eran deportistas. También dijo que los tres hombres estaban en un rango de edad entre 24 y 27 años. Fernández no era el dueño de la lancha, una Sea Vee, pero su familia dijo a los oficiales que él disfrutaba pasear en lancha. La guardia costera encontró la lancha alrededor de las 3:30 am durante un patrullaje desde su base cercana. Los oficiales de la guardia costera notaron las luces de la lancha titilando sobre las rocas y se detuvieron para investigar, dijo el oficial Veloz. “El bote está en muy mala condición”, dijo él. “Parece que la embarcación fue directo hacia las rocas”. Despues que la guardia costera reportó la collision, buzos y patrulla marina del Miami-Dade County Fire Rescue empezaron a buscar los cuerpos, dijo el oficial Veloz. La lancha golpeó tan fuerte las rocas que miles de fragmentos rodeaban la zona. Conducir una lancha de noche puede ser peligroso y dificil, particularmente para usuarios inexpertos. No hay luces, y es dificil estimar las distancias. Hasta el reflejo de un teléfono celular o un GPS puede debilitar la vision. Los hombres se dirigían hacia el sur, presumiblemente a casa o a una marina cercana. El clima no fue un factor, dijo el official Veloz. No había tormentas, y el agua no estaba picada. El oficial Veloz dijo que los oficiales no habían determinado si los hombres estaban regresando de una noche de pesca o de una excursión. “Es totalmente diferente que manejar de día”, dijo él. “En el oceano no hay postes de luz. No hay vision real de las areas alrededor”. Florida tiene el número más grande de conductors de lanchas de Estados Unidos y de lejos la lista más grande de accidentes de lancha, lesiones y muertes, de acuerdo a los registros del estado desde 2012. Las normas para conducir lanchas en el estado son relativamente permisivas, y la actividad es controlada por una combinación de agencias federales, estadales y locales. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Varios Mr. Octubre Élite

Reggie Jackson. The Players’ Tribune. 27-10.2015. En la gran época del beisbol de Henry Aaron, Willie Mays, Roberto Clemente, Mickey Mantle y muchos otros grandes bateadores, el más temido era Willie McCovey. No hay discusión sobre eso. En 1969, yo jugaba con los Atléticos de Oakland, pero seguía siendo fanático de los Gigantes, y como estaba en Oakland, podía escuchar los juegos de los Gigantes por radio. Y recuerdo oir que Willie McCovey era caminado intencionalmente en Houston con las bases llenas. Entonces eso no volvió a ocurrir más. Me ocurrió a mi en Seattle y recuerdo que le ocurrió a Barry Bonds más de una vez, pero así era de temido Willie McCovey en esa época. Preferían dar una carrera que dejar batear a McCovey. Pero McCovey solo jugó dos veces en postemporada, así que no tuvimos muchas oportunidades de ver su increíble habilidad en octubre. Si lo hubiéramos hecho, el tendría su parte de momentos de Mr. Octubre. Entonces ves a un tipo como Daniel Murphy. Pienso que nadie pudo haber vaticinado que Daniel Murphy sería la estrella de la postemporada de 2015, que batearía siete jonrones y se convertiría en el primer pelotero en batear un jonrón en seis juegos seguidos de postemporada. No hay explicación para lo que ha hecho Daniel Murphy. No hay análisis. No hay precedente. Pienso que una de las grandes interrogantes del deporte ocurre cuando se tiene a un pelotero como Daniel Murphy quien básicamente viene de la nada y tiene esa clase de actuación por cinco, seis, siete juegos seguidos en la postemporada, pero pareciera que eso ocurre más en el beisbol. Al Weis y Donn Clendenon con los Mets del ’69. Los tres juegos cuando Mickey Lolich dominó a los Cardenales en 1968. Don Larsen lanzando un juego perfecto en la Serie Mundial del ’56. Êro hay algunos tipos quienes están cercanos o en el nivel de McCovey quienes han actuado en el escenario más grande del juego tantas veces que no solo podíamos predecir que ellos responderían en los momentos clave de la postemporada, llegamos a esperarlo. Así fue como me gané el apodo de Mr. Octubre. Pienso que hablamos de “Mr. Octubre” algo relajadamente por estos días. Siempre habrá tipos que salgan de la nada como Daniel Murphy y tengan un gran juego, o una gran serie, o una gran postemporada. Pero para ser de verdad un Mr. Octubre, hay que hacerlo año tras año, como lo hicieron los tipos de esta lista. Con eso en mente, empezaremos con tres bateadores de mi época y pasaremos a tres de la época moderna, miremos a los tipos que yo considero, los más temidos, los bateadores de postemporada más oportunos que yo haya visto. George Brett George Brett podía hacer lo que quisiera en el plato. Era un bateador increíble, el mejor bateador oportuno que yo haya visto. Cuando jugábamos ante los Reales, nuestro enfoque era simple: George era zurdo, así que le lanzábamos para permitirle sencillos hacia el jardín izquierdo, porque sabíamos que si halaba la pelota, la sacaba del parque. Eso era todo. Ese era el reporte de escauteo sobre George. Limitarlo a que bateara sencillos y evitar el batazo largo. Nunca se hablaba de cómo ibas a detenerlo. Se trataba de cómo ibas a minimizar el daño. Así de bueno era como bateador. Este es un tipo que bateó .390 durante una temporada completa en 1980 y bateó .373 en sus dos apariciones en Serie Mundial. Él bateó un gran jonrón al final del quinto juego de la serie de campeonato de la Liga Americana de 1976 para empatar el juego, y en la serie de campeonato de la Liga Americana de 1978, contra mis Yanquis, él bateó tres jonrones en un juego. Terminamos ganando esa serie 3-1, pero no porque George no consiguiera sus grandes batazos. Él era el bateador más peligroso de aquella alineación de los Reales, y el resto del equipo no hizo lo suficiente para capitalizar los grandes batazos de George. Nos volvimos a encontrar con George y los Reales en la serie de campeonato de la Liga Americana de 1980, y esa vez, ellos nos vencieron. Estábamos al borde de la eliminación en el tercer juego y teníamos ventaja de 2-1 en la apertura del séptimo inning cuando George largó un jonrón de tres carreras para darle la delantera a los Reales 4-2. Eso resultó ser la diferencia en el juego que les dio el pase a la Serie Mundial. Ellos perdieron la Serie Mundial, pero George finalmente logró su anillo en 1985, cuando también ganó el premio al jugador más valioso de la serie de campeonato de la Liga Americana, después de batear tres jonrones en esa serie también. George era un tipo al que nunca querías ver con un bate en la mano en un gran momento, especialmente en octubre. En cuanto a bateadores oportunos se refiere, él es el mejor que yo he visto. Frank Robinson Frank Robinson no tenía miedo, y todos lo sabían. Pienso que él es uno de los peloteros más subestimados de la historia. Él no era el tipo de jugador defensivo que fueron Willie Mays y Hank Aaron, pero tenía cada seña del gran bateador. Pero cuando hablas de Frank Robinson y ser oportuno, no tienes que mirar mas allá de la Serie Mundial de 1966. Ese fue el año anterior de mi debut en las ligas mayores, pero aun recuerdo ver batear a Frank. Los Orioles vencieron a los Dodgers en cuatro juegos seguidos en esa serie, fue una de esas ocasiones cuando sabías que los Dodgers estaban en problemas desde el principio. En la apertura del primer inning del primer juego, Frank Robinson bateó un jonrón de dos carreras ante Don Drysdale, quien, junto a Bob Gibson y Juan Marichal, era uno de los mejores pitchers derechos del juego en ese momento. Entonces, en el cuarto juego, Frank bateó un segundo jonrón ante Drysdale. Ese jonrón fue la única carrera del juego, los Orioles ganaron 1-0 y terminaron la barrida para ganar la Serie Mundial. Frank tuvo una de las grandes temporadas ofensivas en la historia del juego en 1966. Ganó la triple corona (.316/49/122); el premio al jugador más valioso de la Liga Americana, el más valioso de la Serie Mundial, y por supuesto la Serie Mundial. En 1966 no había series divisionales o series de campeonato de liga, era solo el mejor equipo de una liga contra el mejor de la otra enfrentándose en la Serie Mundial, así que era un poco más difícil ser Mr. Octubre en aquellos días. Pero de la manera como Frank estaba bateando esa temporada, fue probablemente mejor que fueran directo a ese punto de la Serie Mundial. Nadie lo iba a parar. Pero de alguna manera, cuando se conversa de los grandes bateadores de todos los tiempos, especialmente de los bateadores oportunos en postemporada, su nombre parece quedar fuera. Eso no debería ser. Thurman Munson Cuando hablo de bateadores oportunos, tengo que incluir a Thurman Munson. No solo era un tremendo bateador, él bateaba delante de mi en la alineación de los Yanquis, así que yo hablaba con él durante los grandes juegos que cualquier otra persona. Antes de los turnos al bate, hablábamos en el círculo de prevenidos acerca de quien estaba pitcheando y que íbamos a hacer para empujar las carreras. Hubo un juego ante los Dodgers en la Serie Mundial de 1977 en Yankee Stadium donde un pitcher derecho estaba en el montículo, y como Thurman bateaba a la derecha y yo a la zurda, él me dijo, “¿Cómo le batearías a un pitcher zurdo que te viniera a lanzar?” “Le batearía bien”. “Está bien, entonces voy a adelantar al corredor para que lo remolques”. Y entonces en otra ocasión, los Medias Rojas tenían a un tipo llamado Andy Hassler, quién de verdad era muy incómodo para mí, en el montículo, y Thurman dijo, “¿Cómo le bateas a este tipo?” “No le bateo muy bien…” “Está bien, entonces voy a tratar de batear un imparable para empujar la carrera”. Y así lo hizo. Thurman era un tipo que hacía cualquier cosa que quisiera en el plato. Él puede no haber conectado batazos largos tan a menudo como lo hacía yo, pero consiguió tantas conexiones oportunas como yo cuando jugamos juntos, tal vez más. Recuerdo el tercer juego de la serie de campeonato de la Liga Americana de 1978 contra un tipo llamado Doug Bird de los Reales. Tuvimos una de esas conversaciones en el círculo de prevenidos. Thurman no le bateaba muy bien a Bird, pero yo si. Había corredor en primera base, así que Thurman iba a tratar de avanzarlo para que yo lo remolcara. Él tenía la habilidad para batear la pelota hacia el jardín derecho y conseguir un imparable, y si fallaba el imparable, avanzaba al corredor. Estábamos abajo por una carrera, y todo lo que él quería era hacer contacto. Bateó un jonrón entre el jardín izquierdo y el central por encima del rótulo de 430 pies en Yankee Stadium para darnos una ventaja de una carrera. Este es un tipo quien bateó .357 en postemporada de por vida y bateó imparable importante tras imparable importante, yo fui muy afortunado de tener un asiento de primera fila. No hay muchos tipos quienes fuesen tan oportunos como Thurman Munson. *** Lo interesante de los tipos de mi época es que llegué a conocerlos y me hice amigo de muchos de ellos. Más recientemente, también he tenido la oportunidad de conocer algunos de los mejores bateadores del juego, pero más que cualquier cosa, me dispuse a ser un aficionado. Veo lo juegos por televisión, y disfruto cuando un Daniel Murphy u otro candidato a Mr. Octubre se convierte en ese tipo oportuno durante una carrera de postemporada, ese tipo al que todo equipo le teme cuando se para en la caja de bateo. Y cuando hablas de tipos de años recientes quienes encajan en ese molde, solo hay un lugar por donde empezar. Derek Jeter En la historia de la postemporada, Derek Jeter lidera en imparables (200), dobles (32), está igualado en triples (5) y es tercero en jonrones (20). También es líder de todos los tiempos en juegos de postemporada jugados y apariciones al plato, lo cual ayuda a las otras estadísticas, puedes darle todas las oportunidades del mundo a un tipo en la postemporada, y la mayoría de ellos no estarán a la altura de la ocasión. Derek Jeter siempre estuvo a la altura. Dereck no era un jonronero, pero bateó 260 cuadrangulares en sus 20 años de carrera, y muchos de esos jonrones ocurrieron en grandes momentos, o contra los Medias Rojas o en juegos de playoff. Él tenía una habilidad para batear jonrones en momentos cumbres. No tenía mucho poder, pero siempre parecía encontrar ese pequeño extra cuando más importaba. El jonrón que viene a mi mente, por supuesto, es el que bateó en el cuarto juego de la Serie Mundial de 2001. El beisbol de Grandes Ligas tuvo una semana sin actividad esa temporada después de los sucesos del 11 de septiembre, lo cual retrasó el calendario de la postemporada. El cuarto juego se efectuó el 31 de octubre y fue a extra innings , así que cuando Derek fue a batear en el cierre del décimo episodio, el reloj había indicado la medianoche, develando oficialmente el primero de noviembre, era la primera vez que se daba un juego de Grandes Ligas en noviembre. Y él bateó el jonrón para ganar el juego y empatar la serie que le ganó el apodo de “Mr. Noviembre”. Es algo divertido. No se diría que Derek tenía gran poder, velocidad o brazo, ciertamente no era el tipo más rápido. Pero era un líder ganador, lo cual elevaba todo lo demás de él y hacia que el total de sus habilidades fuese más que la suma de sus atributos. Por esa razón, él es reconocido como uno de los grandes peloteros de su época. Algunos lo llaman el más grande. Cuando llegaba la postemporada y él lograba gran batazo tras gran batazo en el momento oportuno, eso reforzaba su grandeza. Si hay un “gen de la oportunidad”, Derek Jeter, y todos esos tipos que menciono aquí, lo tienen. Manny Ramirez Manny Ramírez fue un tremendo ejecutante en el momento oportuno. Él era principalmente increíble. Era tan relajado en el plato que casi parecía que dormía entre lanzamientos. Nada de angustia. Sea que se hable del jonrón ganador del quinto juego de la serie divisional de la Liga Americana de 2003, el jonrón para terminar el segundo juego de la serie divisional de la Liga Americana de 2007, o la Serie Mundial de 2004 donde él ganó el premio al jugador más valioso, todo lo que Manny hizo fue conseguir los grandes batazos cuando más se necesitaban, especialmente en la postemporada. Él es el líder jonronero de todos lo tiempos en postemporada con 29 vuelacercas. Eso es parcialmente, porque, como Derek Jeter, el jugó en la era moderna de los playoffs expandidos, un lujo que los tipos de mi época no tuvieron, pero él es otro tipo quién aprovechó la mayoría de sus oportunidades para conseguir grandes batazos en momentos oportunos de postemporada. Él hizo mucho de eso en Boston, pero muchas personas olvidan que cuando se fue de Boston en 2008, fue directo a Los Angeles y allí retomó su rendimiento de postemporada. En ocho juegos de postemporada ese año, él bateó cuatro jonrones y empujó 11 carreras. Bateó .520 en esas dos series combinadas. Aquí está el ejemplo perfecto del tipo de bateador que era Manny: En esa serie ante los cachorros en esa postemporada de 2008, él fue burlado completamente por un pitcheo y perdió el balance de su pie delantero. Pero algo característico de él era que siempre mantenía su cuerpo en el area de bateo por largo tiempo, sus manos permanecían atrás y su cuerpo en posición de batear. Y debido a que siempre estaba en posición de batear y a que era tan poderoso, aunque fue burlado con ese pitcheo particular, aún fue capaz de batear la pelota hacia las gradas entre el jardín central y el izquierdo. La ejecución de ese jonrón fue una exhibición de bateo tan contundente que nunca la olvidaré. Si mi equipo está en una situación decisiva, el tipo que quiero en el plato es el que pueda ser burlado completamente con un lanzamiento, pero de alguna manera puede reaccionar para alcanzarlo y sacarlo fuera del parque. Manny Ramírez es ese tipo David Ortiz Si hay una lista de grandes bateadores oportunos, pienso que hay que incluir a David Ortiz, y la razón es muy simple. Si miras a los otros tipos, los George Brett y los Derek Jeter, ellos siempre representaron la imagen de la humildad. Confiaban tremendamente en su habilidad, pero eran caballeros, y la presentación a veces puede engañarte al subestimarlos. Ortíz tiene una intensidad natural en él, una presencia, y se debe parcialmente a su tamaño. Es un tipo corpulento, pero si lo ves de cerca, se ve más grande, y él lo aprovecha. Tiene una gran actitud, Cuando él entra en la caja de bateo en una situación decisiva, se siente diferente. Él sabe que es una amenaza, y los demás también. Su éxito habla por si solo. Él fue el jugador más valioso de la serie de campeonato de la Liga Americana cuando los Medias Rojas vinieron de atrás de una desventaja de 0-3 para vencer a los Yanquis en siete juegos, y él bateó el jonrón para terminar el cuarto juego que empezó la remontada. Él terminó esa serie con tres jonrones y 11 carreras empujadas, y con 17 jonrones vitalicios en postemporada y 60 carreras empujadas vitalicias en postemporada, él es un tipo quien puede dar el batazo largo en cualquier momento y marcar carreras en la pizarra, y lo hace cuan do la espalda de su equipo está contra la pared. Eso, junto con su presencia, lo hace uno de los bateadores más temidos de enfrentar en postemporada de siempre. No quedan muchos de esos tipos en esta postemporada. No he visto uno. Los tipos de esta lista no eran maravillas de un imparable. Ha habido algunas actuaciones tremendas este año, pero ninguno de esos tipos se acerca aún al territorio de Mr. Octubre. Hace falta más de una postemporada de oportunismo para alcanzar ese nivel. Pienso que a todos nos gusta ver tipos destacar en los momentos grandes, sin importar quien sea. Todavía queda mucho beisbol por jugar en esta Serie Mundial, y veremos quien puede aparecer y ser ese tipo oportuno cuando se presente la ocasión. Quien quiera que vaya a ser, lo estaremos observando. Reggie Jackson, Mr. Octubre. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Pisar el Montículo desde la Adolescencia hasta la Mediana Edad.

Fran Jackson. The HardBall Times. 27-07-2016. Si tu meta es tener una carrera longeva, una clasificación de trabajo a evitar es la de pitcher de ligas mayores. Debido al desgaste de sus brazos, las barbas grises en el montículo inspiran admiración y curiosidad. Son especialmente raros los pitchers quienes llegan a las mayores como adolescentes y todavía están ahí lanzando cuando llegan a los 40 años, en otras palabras, más de 20 en ese trabajo. En la historia de las ligas mayores, hay solo tres pitchers quienes ganaron un juego antes de los 20 años y permanecieron en el trabajo el tiempo suficiente para conseguir una victoria a los 40 años o después. Este es un material ideal para una pregunta de trivia. De los tres hombres quienes entran en la categoría mencionada arriba, dos están en el Salón de la Fama. Herb Pennock fue el primero en ser inducido.
Nació el 10 de febrero de 1984 en Kennet Square, Pa., de padres cuáqueros cuyos ancestros llegaban hasta los días de William Penn, Pennock fue una estrella de la escuela preparatoria quien llamó la atención de Connie Mack en la cercana Filadelfia. Luego de firmar con los A’s en mayo de 1912, hizo su primera aparición con el equipo a la edad de 18 años el 14 de mayo de 1912, en una derrota 7-0 ante los Medias Blancas. Terminó la temporada de 1912 con marca de 1-2 y 4.50 de efectividad en 50 innings. Esa no fue una temporada de novato estelar, pero para alguien recién llegado de la escuela secundaria, era ciertamente adecuada. Pennock fue afortunado al jugar para tres dinastías: el Infield de 100,000 dólares de los A’s de Connie Mack, los Medias Rojas de la era de Babe Ruth, y los Yanquis de la era de Babe Ruth. Un zurdo espigado, Pennock fue bateador ambidextro con promedio de bateo vitalicio de .191, muy respetable para un pitcher. Tuvo marca de 11-4 y 2.79 de efectividad en 151.2 innings para los A`s de Connie Mack ganadores del banderín en 1914 y lanzó tres inníngs en blanco en la Serie Mundial. Desafortunadamente, Mack desmanteló el equipo después que los A`s perdieron la Serie Mundial ante los milagrosos Bravos. Pennock se preparó para la temporada de 1915 y empezó con un blanqueo de un imparable contra los Medias Rojas. Desde ahí su temporada fue en descenso y rápidamente perdió la confianza de Mack, quien lo puso en waivers el 6 de junio. Los Medias Rojas estuvieron muy felices de tomarlo. Como resultó, Pennock aun tenía 19 temporadas por delante y Mack lamentaría su decisión. Inicialmente, Pennock fue utilizado de manera complementaria por unos Medias Rojas ricos en pitcheo y osciló entre ellos y las ligas menores, pero en 1917 (el todavía tenía 23 años de edad) subió, lanzó 100.2 innings y tuvo marca de 5-5 con efectividad de 3.31. Despues de un año fuera por la primera guerra mundial, Pennock jugó con los Medias Rojas desde 1919 hasta 1922, dándoles más de 200 innings cada temporada. Los resultados, sin embargo, fueron poco impresionantes (59-52). Despues de 1922, su peor temporada en ese período, los Medias Rojas lo cambiaron a los Yanquis por tres peloteros desconocidos y 50.000 dólares. Como los A’s en 1914, los Medias Rojas de la era post-Ruth estaban vendiendo peloteros a diestra y siniestra. Pennock fue una de un número de peloteros quienes fueron cambiados o vendidos a los Yanquis, pero él no hizo la transición hasta después de la temporada de 1922 cuando los Medias Rojas terminaron últimos. Cuando Pennock llegó a los Yanquis en 1923 tenía 29 años de edad. Sus mejores años estaban por llegar. Llegó a tiempo para la apertura de Yankee Stadium y el primer título de Serie Mundial de la franquicia, lideró la Liga Americana en porcentaje de victorias (.760) con marca de 19-6. Desde 1923 hasta 1928, fue miembro clave del equipo, al ganar 115 juegos y perder solo 51. Su marca de Serie Mundial fue también destacada: ganó los cinco juegos que abrió (dos en 1923, dos en 1926, y uno en 1927) y lanzó cuatro innings en relevo en 1932, permitiendo solo una carrera limpia. Su efectividad combinada de Serie Mundial es 1.95 en 55.1 innings. La edad empezó a pasarle factura en 1929, cuando Pennock tenía 35 años. Desde ese momento sus innings lanzados disminuyeron (hasta 65 en 1933) mientras su efectividad creció (4.28 fue su mejor muestra) desde 1929 hasta 1933. Los Yanquis lo despidieron, y regresó a los Medias Rojas. Su año final con los Medias Rojas fue limitado (62 innings) pero como tuvo marca de 2-0 con efectividad de 3.05, eso no fue una desgracia para él. Como los Medias Rojas eran un equipo intermedio que terminaba cuarto a 24 juegos de los Tigres ganadores del banderín, la actuación de Pennock se ajustaba a la de su equipo. Su victoria final llegó el 1 de junio de 1934, cuando lanzó un blanqueo de nueve imparables contra los Senadores en Griffith Stadium. La aparición final de Pennock, a los 40 años, fue contra los Indios el 27 de agosto de 1934 en Fenway Park. Aunque su primer y último juegos dejaron algo que desear, casi todo lo que ocurrió entre ellos fue notable, como lo refleja su marca vitalicia de 240-162. Luego de retirarse como pelotero activo, Pennock fue coach de los Medias Rojas por tres temporadas antes de pasar a la oficina principal para involucrarse en las operaciones de ligas menores. En 1944 pasó a los Filis, para quienes sirvió como gerente general. El 30 de enero de 1948, falleció de hemorragia cerebral luego de pasar por una puerta giratoria en el Waldorf-Astoria Hotel y colapsar en los brazos de Bob Carpenter, el dueño de los Filis. En buena medida, los Whiz Kids (apodo del equipo de los Filis que ganó el banderín) de 1950 fueron el resultado de sus esfuerzos, pero Pennock nunca saboreó los frutos de su trabajo. Su muerte llegó con un año de retraso para prevenir a su reputación de ser cuestionada. Supuestamente, él llamó a Branch Rickey en 1947 y le dijo que los Filis boicotearían el juego si Rickey llevaba a Jackie Robinson a Filadelfia. Fue una conducta errada, la única mancha de su legado. El segundo miembro del triunvirato adolescencia hasta mediana edad es Rik Aalbert Blijleven mejor conocido como Bert Blyleven, nacido en Zeist, Holanda el 6 de abril de 1951.
Blyleven se mudó a Canadá con su familia cuando tenía 2 años de edad y después al Orange County, Calif. Los Mellizos lo seleccionaron de la escuela secundaria en el draft de 1969.Debutó en Grandes Ligas a la edad de 19 años con la experiencia de solo 21 aperturas en las ligas menores. Blyleven fue llamado para tomar el lugar del lesionado Luis Tiant en la rotación de pitcheo de los Mellizos y debutó el 5 de junio de 1970 en el RFK Stadium de Washington. A pesar de permitirle un jonrón a Lee Maye, el primer bateador que enfrentó, lanzó siete innings y no permitió más carreras, logrando la victoria 2-1 con salvado para Ron Perranowski. Desde ahí en adelante, Blyleven no volvió la vista atrás. Los Mellizos habían ganado el año anterior (y lo harían de nuevo en 1970) , por lo que no habían desperdiciado un puesto en la rotación con un pitcher joven tratando de encontrarse. Blyleven aterrizó corriendo y se mantuvo avanzando. Aunque perdió el primer tercio de la temporada de 1970, terminó su año de novato con marca de 10-9 en 164 innings. The Sporting News lo nombró pitcher novato del año pero el pitcher derecho del todos estrellas de Topps fue Carl Morton de los Expos, quien tuvo una tempranera marca de 18-11 pero se retiró a los 32 años de edad con una marca de 87-92. Blyleven fue más duradero que Morton de varias formas, Morton falleció de un ataque cardíaco mientras trotaba en 1983, Blyleven permaneció activo hasta la temporada de 1992. Aunque solo tuvo una temporada de 20 triunfos (1973), Blyleven tuvo registros de doble figura 10 años seguidos desde 1970 hasta 1979, mientras lanzaba para los Mellizos, Rangers y Piratas. En 1984 tuvo una de sus mejores temporadas, al dejar marca de 19-7 (2.87 de efectividad), con los Indios a la edad de 33 años. Blyleven tuvo una segunda estadía con los Mellizos, luego se mudó a los Angelinos para las tres últimas temporadas de su carrera (1989-1992, estuvo inactivo toda la temporada de 1991 debido a dificultades con el manguito rotador). Fue al entrenamiento primaveral con los Mellizos en 1993 pero no le ofrecieron un puesto en el roster. Cuando se retiró, a punto de cumplir 42 años de edad, su total de 3.701 ponches lo ubicó como tercero en la lista de todos los tiempos (actualmente es quinto, al ser pasado por Randy Johnson y Roger Clemens). Sus 60 blanqueos vitalicios lo ubican noveno en la historia de las ligas mayores, solo uno detrás de Nolan Ryan y Tom Seaver. Blyleven tenía 287 victorias cuando se retiró. Si se hubiese mantenido lo suficiente para alcanzar las 300 victorias, no hubiese tenido que esperar hasta 2011 (su primer año de elegibilidad fue 1998) para ingresar al Salón de la Fama. Dados los totales de triunfos de los pitchers abridores de la actualidad, un total de 287 victorias asegura un viaje más rápido hacia Cooperstown. Al justificar porqué había jugado tanto tiempo, Blyleven explicó, “Yo quería mantenerme jugando por más tiempo que los pitchers quienes estaban en la palestra cuando llegué a las Grandes Ligas. No quería que cuando me retirase todos esos tipos viejos, Tom Seaver, Steve Carlton, Nolan Ryan y Don Sutton, aún estuviesen lanzando. Me había hecho cargo de Jim Palmer, ahora quería durar más que el resto de ellos”. Y así lo hizo. Su victoria final llegó el 6 de septiembre de 1992, cuando los Angelinos vencieron a los Orioles 5-2 en Anaheim. Esa fue su victoria 287, y aunque tendría cinco aperturas más antes del fin de la temporada, no habría otras victorias. Tuvo marca de 8-7 luego de su victoria ante los Orioles, pero terminó su carrera con un seguidilla de cinco derrotas. Su aparición final coincidió con el juego final de la temporada de 1992 en Anaheim. Estuvo lejos de su mejor exhibición, al permitir 12 imparables y seis carreras limpias en 4.2 innings. Como Pennock, Blyleven permaneció en el juego después de su retiro como pelotero, no como ejecutivo pero si como comentarista de los Mellizos, quienes retiraron su número (28) cuándo él finalmente llegó a Cooperstown. Aunque ha sido un comentarista pintoresco para los Mellizos por 20 años, eso todavía es tres años menos que su carrera como pelotero. El tercer miembro del trío de la adolescencia hasta la mediana edad es el más desconocido de los tres. Él no está en el Salón de la Fama y nunca estará. De hecho, ni siquiera fue un pitcher de .500 en ganados y perdidos. Es uno de 29 peloteros en aparecer en las Grandes Ligas en cuatro décadas (desde finales de los años ’70 hasta comienzos del siglo 21), pero es mejor conocido por una vez tener la marca de ligas mayores de haber jugado con más equipos (12). Esa marca fue igualada después por Ron Villone y Matt Stairs, y superada (13) por Octavio Dotel. Pero cuando Mike Morgan se retiró despues de la temporada de 2002, él era el propietario absoluto de la marca.
Morgan fue una selección de primera ronda del draft de los Atléticos de Oakland el 6 de junio de 1978- Cinco días después debutó en Grandes Ligas. Podría parecer imprudente forzar a un pitcher a tan tierna edad a lanzar en las mayores, pero los Atléticos estaban pasando por su hibernación post-dinastía. El dueño Charlie Finley pudo haber usado el debut de Morgan para hacer ruido y atraer una gran multitud, dado lo que había hecho David Clyde a los 18 años en Texas el 27 de junio de 1973, cuando la franquicia registró su primera venta de todos los boletos. Resultó ser, que el debut de Morgan una tarde dominical atrajo 17157 aficionados, muy lejos de ser un estadio repleto, pero fue la mejor asistencia de la serie. El éxodo post-1975 de los mejores peloteros de Finley había disminuido la asistencia a los juegos de los Atléticos, que nunca había sido masiva ni siquiera en los años de la dinastía del equipo, había caído en más del 50 por ciento, desde 1.075.518 aficionados en 1975 hasta 495.599 en 1977. Curiosamente, Morgan no fue el único joven de 18 años de edad en pisar el montículo por los Atléticos esa temporada. Tim Conroy, otra escogencia de primera ronda, debutó el 23 de junio contra los Reales, Eso no funcionó y Conroy fue enviado a las ligas menores, no regresó hasta 1982. Al enfrentar a Scott McGregor y los Orioles de Baltimore en su debut, Morgan cubrió la distancia luego de un primer inning tambaleante, permitió 10 imparables y tres carreras (dos limpias). Desafortunadamente para él, McGregor lanzó un blanqueo de seis imparables. Luego de una arrancada de 19-5, los Atléticos habían empezado a vivir las expectativas de pretemporada, y para el momento cuando Morgan debutó estaban en medio de una seguidilla de reveses que los dejaría con marca de 32-33. Las próximas aperturas de Morgan fueron menos esperanzadoras y era obvio que necesitaba algo de preparación, así que lo enviaron al Vancouver AAA. Luego de una arrancada de 19-5, los Atléticos tuvieron marca de 50-88 el resto del camino, para terminar quintos en el oeste de la Liga Americana. Las estadísticas de Morgan en Vancouver no fueron esperanzadoras (5-6, 5.58) pero al considerar que él venía de la escuela secundaria, no eran tan malas. La próxima temporada mejoró a 5-5 y 3.48 con el Ogden AAA, pero solo tuvo 2-10 y 5.94 con los Atléticos. Aún así, él había conseguido su primera victoria en Grandes Ligas a los 19 años de edad. Los Atléticos se cansaron de esperar por Morgan después de la temporada de 1980, y fue cambiado a los Yanquis por Fred Stanley, quien bateó .193 en 1981 y 1982 con los Atléticos antes de retirarse. Obviamente los Atléticos tiraron la toalla muy rápido con Morgan, pero eso le dio la oportunidad de comenzar temprano la larga odisea de Grandes Ligas que lo llevaría desde los Atléticos a los Yanquis, Azulejos, Marineros, Orioles, Dodgers, Cachorros, Cardenales, Rojos, Mellizos, de vuelta a los Cachorros, Rangers y Cascabeles. Uno puede imaginarlo fácilmente en un hotel tratando de recordar para cual equipo estaba lanzando. Mientras Morgan no pertenece a la misma liga de Pennock y Blyleven, en un sentido está en su propia liga: el hombre de los trabajos simples en apariencia. En realidad, hay algo de misterio en el porque sus servicios siempre estaban en demanda. Haber sido pitcher zurdo (siempre escasos) pudo haberlo explicado. Pero con tantos derechos disponibles, y otros nuevos que aparecían cada temporada ¿Cómo hizo Morgan para mantenerse tanto tiempo? El registro vitalicio de Morgan fue 141-186 con 4.23 de efectividad. Tuvo doble figura en triunfos siete veces; doble figura en derrotas 11 veces. Su mejor año fue 1992 cuando tuvo marca de 16-8 con los Cachorros y efectividad de 2.55. Su año más inusual fue 1999, cuando de alguna manera se las arregló para tener marca de 13-10 con los Rangers a pesar de tener 6.24 de efectividad. La mayor parte del tiempo, Morgan trabajó en la oscuridad, dado que no accedió a la postemporada hasta la edad de 38 años en 1998 cuando apareció en la serie divisional de la Liga Nacional con los Cachorros, quienes lo habían readquirido hacia l final de la temporada. Tres años después, él no tuvo decisión en tres apariciones con los Cascabeles en la Serie Mundial de 2001. A la edad de 42 años finalmente tenía un anillo. Probablemente nadie en el dugout de los Cascabeles se sentía más feliz cuando Luis González soltó aquel sencillo ante Mariano Rivera en el cierre del noveno inning para ganar el séptimo juego. Ese parecía ser un buen momento para el retiro, pero Morgan regresó en 2002 para una temporada más. Con marca de 1-1 y efectividad de 5.29 en 34 innings, eso fue poco más que un anticlímax. Su última aparición fue como parte de una cadena de relevistas en una paliza 19-1 a manos de los Dodgers el 2 de septiembre de 2002. Los Cascabeles regresaron a la postemporada en 2002 pero decidieron dejar a Morgan fuera del roster. Al tomar la seña, finalmente se retiró. Nada de Salón de la Fama para Morgan, pero es miembro de una muy pequeña fraternidad de pitchers quienes llegaron temprano y se fueron tarde. Con esa distinción, más es el status de hombre viajero, ciertamente tuvo una carrera notable sino superlativa. ¿Recibirá el grupo de Pennock, Blyleven & Morgan otro integrante? Es difícil de decir, porque no hay muchos pitchers adolescentes en los montículos de Grandes Ligas. Edwin Jackson falló por poco, porque debutó el día de su cumpleaños número 20 en septiembre de 2003. Clayton Kershaw habría sido un candidato sólido, pero debutó dos meses después de cumplir 20 años. Así que convertir el mencionado trío en cuarteto es poco probable, al menos en el futuro cercano. Mientras tanto, si usted ve a un adolescente subir al montículo en un juego de Grandes Ligas, revise su fecha de nacimiento y vea si puede programar su servicio de correo electrónico para que le envíe un recordatorio el cumpleaños 40 de ese pitcher. Nunca se sabe…puede ser que aún ambos estén por ahí a 20 años desde ahora. Frank Jackson escribe de beisbol, películas e historia, algunas veces al mismo tiempo. Él ha visitado 47 estadios de Grandes Ligas, muchos de los cuales aún existen. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Esquina de las Barajitas: Larry Sorensen rie de nuevo.

Tom Schott Para 1981, la compañía Topps ya no era la única productora de barajitas de peloteros de ligas mayores. Donruss entró al mercado y Fleer Corporation regresó, para darle a Topps su primera competencia desde que Fleer se fue del negocio de las barajitas en 1963. Sin que pasara desapercibida, luego de producir una colección tradicional de 726 barajitas, Topps sacó una serie de 132 barajitas “Traded” durante la temporada, para resaltar aquellos peloteros quienes habían cambiado de equipo así como a los novatos que debutaban en Grandes Ligas. Aunque Topps había producido un par de colecciones traded a mediados de los años ’70, la serie Traded de 1981 fue la primera de su tipo, producida exclusivamente como una colección completa. Una de esa barajitas 1981 Topps Traded era la de Larry Sorensen, quien ayudaría a los Cardenales de San Luis y los Cerveceros de Milwaukee a llegar a la Serie Mundial de 1982, sin jugar para ninguno de esos equipos en esa temporada. Expliquemos. El pitcher derecho fue involucrado en dos cambios que llevaron peloteros clave a ambas organizaciones. Primero, en diciembre de 1980, durante la reunión invernal record que involucró a más de 70 peloteros, Sorensen fue negociado desde Milwaukee hacia San Luis en una transacción de siete peloteros que envió a los pitchers derechos, Rollie Fingers y Pete Vuckovich y al receptor veterano Ted Simmons a los Cerveceros. Ese trío fue esencial para que los Cerveceros ganaran el banderín de la Liga Americana en 1982. Entonces, luego de pasar la temporada de 1981 en San Luis, Sorensen fue enviado a los Indios de Cleveland en un cambio de tres vías que llevó al jardinero Lonnie Smith a los Cardenales. Smith fue el catalizador de la escuadra de San Luis orientada hacia la velocidad que ganó el banderín de la Liga Nacional en 1982 y luego venció a los Cerveceros en una Serie Mundial memorable de siete juegos. Sorensen a menudo ha comentado que sintió que él merecía algo de reconocimiento por los logros de postemporada de ambos equipos. En la colección Topps básica de 1981, Sorensen aparece en la barajita Nro. 379, lanzando como miembro de los Cerveceros. En la serie Traded, él es el Nro. 831, y se muestra como un Cardenal en una fotografía tipo carnet mientras enseña su sonrisa característica. Sorensen debutó en las Grandes Ligas con los Cerveceros en 1977. El año siguiente, participó en el Juegos de Estrellas con la Liga Americana y lanzó tres innings n blanco en el clásico de verano, solo permitió un infield-hit antes de retirar nueve bateadores en fila, incluyendo luminarias como Pete Rose, George Foster y Steve Garvey. Sorensen ganó un tope para su carrera de 18 juegos y tuvo la efectividad más baja de su carrera, 3.21, con los Cerveceros en 1978. Clasificó quinto en la liga en juegos completos en 1978 (17) y 1979 (16). Mientras tanto, Milwaukee pasaba de ser un equipo de relleno a otro contendor en la difícil división este de la Liga Americana. En su única temporada en San Luis en 1981, Sorensen tuvo efectividad de 3.27 y permitió solo 3 jonrones en poco más de 140 innings lanzados. Los Cardenales tuvieron el mejor balance general de la Liga Nacional con 59-43, pero terminaron en segundo lugar en ambas mitades de la temporada dividida como resultado de la huelga de 50 días de los peloteros desde el 12 de junio hasta el 31 de julio, y no accedieron a la postemporada. En ambas mitades, San Luis realizó menos juegos que el campeón (Filadelfia en la primera mitad y Montreal en la segunda) y de haber tenido la oportunidad de hacer el mismo número de juegos pudo haber alcanzado o rebasado al ganador. Sorensen lanzó para los Indios en 1982 y 1983 y entonces tuvo pasantías con los Atléticos de Oakland (1984), Cachorros de Chicago (1985), Expos de Montreal (1987) y Gigantes de San Francisco (1988). Las estadísticas de su carrera incluyen una marca de 93-103 y efectividad de 4.15 con 69 juegos completos y 10 blanqueos en 346 juegos (235 aperturas), acumulando 1736,1 innings lanzados. Conocido por su control, Sorensen promedió solo 2,084 boletos por cada nueve innings. A la vez, Topps siguió produciendo la serie Traded de 132 barajitas, la cual se convirtió en un suceso anual de la compañía; Sorensen está incluido en la colecciones Traded de 1982 y 1984. A lo largo de su carrera, la personalidad comprometida de Sorensen lo hizo popular entre los aficionados. Era bien hablado, al haber estudiado comunicación social en la University of Michigan, y siempre daba buenas declaraciones a los medios. También fue generoso con su tiempo en la comunidad. A pesar de su cariñosa disposición y su gran corazón, Sorensen batallaba con demonios que eran generalmente ocultados a los medios. Sorensen tuvo problemas de uso del alcohol y drogas varias veces. (En 1986, fue uno de 10 peloteros grandeligas en recibir una suspensión por admitir consumir cocaína en los juicios de droga en Pittsburgh). Sus problemas de bebida persistieron después de sus días de pelotero, cuando hizo la transición a comentarista de radio y televisión. Él narró la College World Series y el beisbol de Grandes Ligas por ESPN desde 1990 hasta 1994, y entonces se mudó a los Tigres de Detroit, para transmitir los juegos por WJR Radio desde 1995 hasta 1998. El alcoholismo le costó a Sorensen su carrera como comentarista, su matrimonio, y su dignidad. Tocó fondo en 2008. Sorensen manejaba en Roseville, Mich., cuando perdió el control de su carro y terminó encunetado. Poco después, fue encontrado detrás del volante, completamente inconsciente y con un nivel de alcohol sanguíneo de .48. En dos sentidos fue afortunado se estar vivo, no solo porque había sobrevivido el choque, sino también por el elevado nivel de alcohol en su organismo. Cualquier cosa por encima de .31 puede ser letal, pero Sorensen de alguna manera sobrevivió. Despues de ser tratado en un hospital, Sorensen fue a prisión, al haber sido arrestado por séptima vez por manejar bajo la influencia del alcohol. Para Sorensen, fue su tercera pasantía detrás de las barras. En 2003, había pasado 3º días en la cárcel. Y luego en 2004, empezó una pasantía de 23 meses en prisión, de nuevo por manejar borracho. La tercera salida de Sorensen de la cárcel llegó en 2009, pero en realidad él no empezó a cambiar su vida hasta 2011.Entonces fue cuando se mudó desde su casa de Michigan hacia Winston-Salem, N.C., donde su hermana, Lynn Sutton, vivía. Lynn le ofreció un tipo de sistema de apoyo que le había faltado en Michigan. Sorensen también conoció a su segunda esposa, Elaine, quien era miembro del coro de la iglesia en Calvary Baptist Church- Además de su relación con Elaine, Sorensen disfrutaba la música y los sermones que oía en Calvary Baptist Church. Gracias a las nuevas amistades con miembros de la iglesia, junto a amistades mejoradas de su pasado, Sorensen hizo contactos para conseguir un trabajo de comentarista con Wake Forrest University. A partir de ahí encontró trabajo como narrador de los Dash de Winston-Salem, el equipo afiliado de los Medias Blancas de Chicago en Clase A. Gracias a su ética de trabajo y a su voluntad de prepararse para cada transmisión, creo que Sorensen se ha convertido en uno de los mejores narradores de ligas menores en la actualidad. Lo más importante, es que Sorensen ha estado sobrio por casi dos años. Al haber celebrado su cumpleaños 60 el 4 de octubre de 2015, él está feliz de su vida posbeisbol y regularmente muestra la misma sonrisa de su barajita Topps Traded 1981. Tom Schott es un historiador y coleccionista de beisbol. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Esquina de las Barajitas: El camino equivocado Wally.

Bruce Markusen. Los empleados del Salón de la Fama también son aficionados al beisbol y les gusta compartir sus memorias. Aquí está la perspectiva de un aficionado desde Cooperstown. ¿Qué tan prominentes eran las cejas de Wally Moon? Tan prominentes que a la distancia parecía que estaba usando anteojos enterizos. En realidad, las cejas de Moon se confundían en una sola línea. No había separación entre ellas. La ceja no solo era contínua, sino totalmente oscura y tupida. Era una característica distintiva, que fue capturada en muchas de las barajitas Topps de Moon, pero en ninguna mejor que en su barajita de 1963. Dejando a un lado el asunto de las cejas, Moon era un pelotero bien parecido. Tenía rasgos destacados, un rostro fino, y mantenía corto y arreglado su cabello. Al usar el digno uniforme de anfitriones de los Dodgers de Los Angeles, junto con esa siempre majestuosa gorra azul, Moon parece el muchacho del afiche de un pelotero de comienzos de los años ’60. La colección de 1963 también fue una de las mejores que Topps produjo. La mayoría de las barajitas de los peloteros mostraban dos fotografías en la cara frontal: la foto grande a color que ocupaba las cuatro quintas partes superiores de la barajita y una pequeña en blanco y negro contenida dentro de un círculo coloreado de azul, naranja, rojo o amarillo (como en el caso de Moon). El nombre del pelotero, posición y equipo están impresos contra un fondo de olor contrastante (verde, dorado, amarillo, azul o rojo, como en la barajita de Moon), para completar una barajita multicolor, de tres planos. Esta fue una colección clásica, una que sigue siendo muy popular entre los coleccionistas quienes valoran su barajitas antiguas. Wally Moon puede haber recibido algunas bromas de sus compañeros de equipo acerca de su barajita de 1963 y sus cejas ese verano, pero nadie le gastó bromas por su bateo. Eso fue algo que siempre hizo bien, desde el día de 1950 cuando los Cardenales de San Luis lo firmaron como agente libre amateur. Cuatro años después, apareció en el campo de entrenamiento primaveral de los Cardenales. Moon había decidido que si no entraba al roster inaugural de los pájaros rojos, regresaría a su nativa Arkansas y aceptaría un trabajo como profesor que le habían ofrecido. Graduado en Texas A & M, el bien estudiado Moon ya había obtenido su maestría en enseñanza. Estaba listo para ejercer su segunda carrera. Esa segunda carrera tendría que esperar. Moon no solo hizo el equipo en la primavera del ’54, sino que jugó tan bien en Florida que los Cardenales cambiaron al inquilino del Salón de la Fama, Enos Slaughter a los Yanquis de Nueva York y nombraron a Moon su jardinero central regular. Para Moon, ese fue un desenlace agridulce. “Firmé con (los Cardenales en primer lugar)”, le explicó Moon en su hablar pausado al St Louis Post-Dispatch, “porque era mi equipo favorito y Slaughter mi pelotero favorito. Admiraba la manera como él se fajaba y lo duro que jugaba”. También lo fue para los aficionados de los Cardenales. No reaccionaron bien a ese cambio; idolatraban a Slaughter y resentían de Moon por haber tomado su puesto. Completamente injusto, ellos abuchearon a Moon durante el desfile del equipo el día inaugural en Sportsman’s Park. Mientras Moon avanzaba hacia el plato para tomar su primer turno al bate en Grandes Ligas ese día, los fanáticos coreaban “We Want Enos”. Moon de inmediato silenció el coro al descargar un jonrón sobre el pabellón del jardín derecho. Aunque el nivel del poder de Moon decayó durante la temporada, terminó con un modesto total de 12 jonrones, por otro lado surgió como una amenaza a la ofensiva. Bateó .304, negoció 71 boletos, y registró un OPS de .806. Tales números le ayudaron a ganar el premio de Novato del Año de la Liga Nacional. Moon solo mejoraría en cada una de las tres temporadas siguientes. En 1957, empezó a resolver como batearle a los pitchers zurdos, subió su OPS hasta .875, y se ganó su primera selección al Juego de Estrellas. También alcanzó el tope de su carrera con 24 jonrones. Todo indicaba que Moon sería parte importante de los jardines de los Cardenales por muchos años. Entonces vino el descarrilamiento de 1958. En mayo, Moon chocó con Joe Cunningham (quien estaba jugando fuera de posición en el jardín izquierdo) mientras perseguían un elevado bateado por Orlando Cepeda. Moon sacó la peor parte, al salir con el codo lastimado. Perdió algun tiempo, y cuando regresó a la alineación, la lesión del codo le afectó su estilo de bateo. Moon terminó la temporada con números raquíticos: siete jonrones y .238 en promedio de bateo. La oficina principal de los Cardenales culpó a Moon y al toletero Del Ennis, quien estaba cerca del final de su carrera, por la mala temporada. Ese invierno, los Cardenales hicieron un cambio, enviaron a Moon a los Dodgers por el jardinero Gino Cimoli. El cambio afectó a Moon, a quien le gustaba mucho vivir en el area de San Luis con su esposa e hijos. También se sintió insultado de que los Cardenales hubiesen incluido otro pelotero en la transacción, lo que implicaba que ellos no lo consideraban de igual valor que Cimoli, Así como Moon se sentía rechazado, los Dodgers valoraban su nueva adquisición, lo elogiaban por el esfuerzo máximo con el que jugaba. Dejando de lado sus dificultades de 1958, los Dodgers convirtieron a Moon en su jardinero izquierdo regular en 1959. Moon tenía ahora que lidiar con el reto de jugar sus juegos como anfitrión en el Coliseo de Los Angeles, el hogar de los Dodgers desde su reciente mudanza desde Brooklyn. Con el callejón entre el jardín central y el derecho a 440 pies de distancia, Moon se preguntaba como podría batear jonrones en aquel parque. Siempre reflexivo como pelotero, Moon discutió la situación con Stan Musial, su antiguo compañero de equipo en San Luis. Musial sugirió que Moon alterara su estilo de bateo y tratara de empujar los pitcheos hacia el jardín izquierdo del Coliseo, el cual tenía una pantalla de 42 pies de altura, pero la distancia hasta el poste de foul era solo de 251 pies. Moon empezó a usar un swing de adentro hacia afuera nada convencional y comenzó a dirigir la pelota hacia el jardín izquierdo. El Sporting News se refería a él como “Wrong Way Wally” (“Camino Equivocado Wally”) debido a su inusual disposición para enviar la pelota hacia la banda opuesta. Algunos periodistas describían sus jonrones como “screenos” debido a la forma extraña como pasaban por encima de la enorme pantalla del jardín izquierdo. El término “screenos” nunca gano receptividad. Los jonrones de Moon por la banda opuesta pronto fueron conocidos como “moon shots” (“rayos de luna”). Moon recuerda a un legendario narrador como fuente del nuevo término beisbolero. “Nuestro narrador, Vin Scully, fue quien en realidad empezó eso”, recordó Moon en una entrevista con el Akron Beacon Journal. “Recuerdo que entonces todos estaban muy interesados en los lanzamientos espaciales (la carrera por conquistar el espacio), y cuando Scully empezó a llamar mis jonrones por la banda opuesta ‘moon shots’, eso pegó de verdad”. Los rayos de luna no eran batazos largos pero tenían suficiente altura. Por esa razón, Moon bateó 19 jonrones, 14 de ellos en el Coliseo. También coleccionó 11 triples para liderar la liga, bateó para -302, y terminó cuarto en la carrera por el premio del jugador más valioso. Adicionalmente, él ayudó a los Dodgers a ganar su primera Serie Mundial en Los Angeles. Pocos días después que los Dodgers ganaron el título en seis juegos ante los Medias Blancas, Moon coincidió con el Vice Presidente de Estados Unidos durante una escala en el aeropuerto de Dallas. Nixon, un gran aficionado del juego, entró al salón de celebridades del aeropuerto, felicitó a Moon por el campeonato mundial, y habló de beisbol con la estrella de los Dodgers por varios minutos. Moon siguió siendo productivo el siguiente par de temporadas, que fueron las últimas de los Dodgers en el Coliseo. Tuvo su mejor temporada en 1961, cuando bateó .328 y lideró la liga con un porcentaje de embasado de .434. El Coliseo ayudó a Moon, sin duda, pero él nunca se sintió completamente cómodo jugando en ese lugar. “El Coliseo fue bueno para mi”, le dijo Moon al periodista deportivo Melvin Durslag, “pero nunca me sentí normal ahí. Esto es comprensible, porque todo lo que hice en ese lugar fue anormal. Cambié mi estilo de bateo y mis hábitos de fildeo y nunca jugué de la manera como fui entrenado para jugar”. Moon hizo esos comentarios en marzo de 1962. Cuando la franquicia se mudó al nuevo estadio, amigable para los pitchers, Dodger Stadium en el transcurso de esa temporada, Moon tuvo dificultades. Al aparecer en 95 juegos, él solo bateó cuatro jonrones y bateó un magro .242. Moon jugó más en 1963, el año cuando salió esta barajita Topps, pero entonces tenía 33 años de edad y siguió teniendo dificultades en la caja de bateo. Jugaría dos temporadas más como jardinero de reserva, un papel que cumplió hasta la Serie Mundial de 1965. Los Dodgers ganaron esa serie ante los Mellizos en siete juegos, pero Moon solo tomó dos turnos al bate, lo cual lo llegó a la insatisfacción con su trabajo secundario. Despues de la serie, él pidió a los Dodgers que lo cambiaran. No encontraron quien estuviera interesado en él. Moon optó por retirarse. Aún después de su carrera como pelotero, Moon permaneció activo, dentro y fuera del juego. En 1969, el equipo de expansión, Padres de San Diego, lo empleó como parte del cuerpo técnico inaugural del manager Preston Gómez. Moon dejó el trabajo después de un año, para regresar a su antígua ocupación como director atlético en John Brown University. Lejos del beisbol, Moon también se involucró en la política. Como miembro del Arkansas Democratic Party, ayudó a realizar exitosas campañas por el senador John McClelland y el gobernador Dale Bumpers. Moon también sirvió en un comité de enmienda enfocado en repotenciar el gobierno del condado. Mediante varios intentos, Moon consiguió suficientes recursos económicos para hacerse propietario del equipo de ligas menores Dodgers de San Antonio, filial de Los Angeles en la Texas League. Él operó la franquicia por tres temporadas antes de vender el equipo. Claramente, la inteligencia de Moon y su pupila para los negocios le han reportado éxitos desde que se retiró como pelotero activo. Ahora que disfruta su retiro en Bryan, Texas, solo tiene que trabajar muy poco en su vestimenta y apariencia. Solo bromeaba, Wally. Acerca de Bruce Markusen Bruce Markusen es el gerente de Digital and Outreach Learning at the National Baseball Hall of Fame. Ha escrito siete libros de beisbol, incluyendo biografías de Roberto Clemente, Orlando Cepeda y Ted Williams, y A Baseball Dynasty: Charlie Finley’s Swingin’ A`s, el cual fue premiado con la Seymour Medal de SABR. Traducción: Alfonso L. Tusa C. Nota del Traductor: Wally Moon jugó con el Pastora en la temporada 1953-54 de LVBP. Estas fueron sus estadísticas: 70 J, 276 VB, 58 CA (marca de LVBP hasta que Antonio Armas la batió con 62 carreras anotadas en la temporada 1977-78), 89 H, 10 2H, 6 3H, 10 HR, 54 CI, 11 BR, .322 AVG.

lunes, 29 de agosto de 2016

Esquina de la Barajitas: La barajita Donruss 1987 de Mike Krukow.

Tom Schott. 1986. Mike Krukow tuvo su mejor temporada cuando los Gigantes de San Francisco más lo necesitaban. Era 1986, hace 30 años, y los Gigantes venían de su segunda temporada seguida de haber terminado últimos en la división oeste de la Liga Nacional y de la única temporada de 100 derrotas en la historia rica en tradición de la franquicia. El dueño Bob Lurie le había dado un “mandato de cambio” al nuevo gerente general Al Rosen y al nuevo manager de campo Roger Craig, lo cual llevó a que el roster fuese repotenciado por completo luego de la temporada de 1985. Krukow fue uno de los pocos peloteros que los Gigantes conservaron, un pitcher derecho quien estaba en su cuarta temporada con San Francisco. Durante el entrenamiento primaveral en Scottsdale, Ariz., el feroz competidor declaró que él quería ganar 20 juegos. Eso fue precisamente lo que hizo. Krukow obtuvo una marca de 20-9 con efectividad de 3.05, para ubicarse entre los líderes de la Liga Nacional en triunfos (segundo), efectividad (octavo), juegos completos (10-- cuarto), blanqueos (2-- empatado en el quinto), innings lanzados (245—sexto) y ponches (178—noveno). Terminó tercero en la votación del premio Cy Young, detrás de Mike Scott de los Astros de Houston y Fernando Valenzuela de los Dodgers de Los Angeles. A lo largo del trayecto, Krukow fue seleccionado para el equipo todos estrellas de la Liga Nacional. También fue incluido en una colección de barajitas de jugadores todos estrellas de Donruss, creada por Leaf, Inc. Y lanzada el año siguiente. Desde 1983 hasta 1989, Leaf produjo una variedad de colecciones de barajitas Donruss todos estrellas, adicionales a sus colecciones anuales. La colección de 1987 consistía de 60 barajitas (incluyendo la lista de revisión) de los todos estrellas de 1986, cada barajita media 3.5 por 5 pulgadas, más grande que las dimensiones tradicionales de 2.5 por 3.5 pulgadas. Krukow aparece en la barajita nro. 58, aunque su fotografía, marcada por su característico estilo de pitcheo, no es del juego de estrellas de 1986, el cual fue efectuado en el Astródomo de Houston. Krukow usa el uniforme gris de visitador de los Gigantes; las estrellas de la Liga Nacional usaron su indumentaria de home club porque en esa época los Astros eran miembros del viejo circuito. Otros aspectos de la barajita, sin embargo, resaltan el Juego de Estrellas. La parte frontal tiene el logotipo de la Liga Nacional. La parte trasera muestra las estadísticas de Krukow en el juego (en el cual él lanzó un inning en blanco) y el logotipo del clásico de mitad de verano, junto con información biográfica, puntos resaltantes de su carrera y el emblema de los Gigantes. Krukow, cuyo repertorio incluía una curva por encima del brazo que a menudo desarmaba a los bateadores y los congelaba en el plato, se convirtió en el primer ganador de 20 juegos de los Gigantes desde que el zurdo Ron Bryant tuvo marca de 24-12 en 1973. Krukow también se convirtió en el pitcher derecho más ganador de la franquicia en una temporada desde que el inquilino del Salón de la Fama, Gaylord Perry compiló marca de 23-13 en 1970. Krukow alcanzó la victoria número 20 el día final de la temporada, una decisión 11-2 sobre el acérrimo rival, Dodgers de Los Angeles en Dodger Stadium. Colaboró con su causa al empujar las dos primeras carreras de los Gigantes. Hubo otros dos puntos altos esa temporada: • Krukow alcanzó la centésima victoria de su carrera en una decisión de juego completo, 5-1 (y 12 ponches que igualaron su tope en un juego) contra los Dodgers en Candlestick Park el 15 de agosto. • Igualó la mejor actuación de su carrera con un blanqueo 1-0 de dos imparables ante los Expos de Montreal en Olympic Stadium el 7 de septiembre en ruta a ganar los honores de Jugador de la Semana y Pitcher del Mes en la Liga Nacional. Mientras tanto, los Gigantes terminaron con marca de 83-79, para producir la recuperación más grande de la historia de San Francisco en un año. Después de liderar o compartir el primer lugar de la división oeste por 47 dias, los sorprendentes Gigantes terminarían terceros, 13 juegos detrás de Houston. Un nativo de Long Beach, Calif., Krukow empezó su carrera con los Cachorros de Chicago. Lanzó para ellos desde 1976 hasta 1981 y para los Filis de Filadelfia en 1982 antes de ser cambiado a los Gigantes el 14 de diciembre de 1982. La negociación envió a Krukow, el pitcher zurdo Mike Davis, y el jardinero de ligas menores Charles Penigar a San Francisco a cambio del futuro inquilino del Salón de la Fama, el segunda base Joe Morgan y el pitcher zurdo Al Holland. Despues de su año de carrera en 1986, Krukow tuvo solo una marca de 5-6 con 4.80 de efectividad durante la temporada de 1987, pero fue el autor de un juego completo, la victoria 4-2 en el cuarto juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional contra los Cardenales de San Luis. Esparció nueve sencillos (cuatro de ellos consecutivos en el segundo episodio, cuando los Cardenales anotaron sus dos carreras) y un boleto, mientras ponchaba tres bateadores. Krukow siguió lanzando para los Gigantes hasta la temporada de 1989, cuando ganaron el banderín. En siete temporadas con San Francisco, Krukow compiló una marca de 66-56 con 3.84 de efectividad en 186 juegos. Sus estadísticas totales incluyen una marca de 124-117 con 3.90 de efectividad en 369 juegos. Conocido por su fuerte presencia en el clubhouse, Krukow fue ganador en años seguidos del premio “Willie Mac” de los Gigantes en 1985 y 1986. El galardón es entregado anualmente al pelotero quien ejemplifique mejor el espíritu y liderazgo desplegado por el inquilino del Salón de la Fama, Willie McCovey a través de su carrera. En 1999, Krukow fue seleccionado por los medios del area de la bahía como el pitcher abridor derecho del equipo de los Gigantes de los años ’80. En 2008, se convirtió en miembro inaugural del muro de la fama de los Gigantes, un tributo de la organización a sus peloteros más grandes. Con un carisma que lo hizo favorito de los aficionados, Krukow se mudó desde el montículo hacia la cabina de transmisión, donde ha servido como analista de los juegos de los Gigantes por televisión desde 1991 y por radio desde 1995. Él hace equipo con Duane Kuiper, el antiguo segunda base de los Gigantes, para formar uno de los duetos de transmisión más entretenidos, reconocido por su conocimiento beisbolero y sentido del humor. Ganador ocho veces del premio Emmy, Krukow fue nombrado comentarista deportivo de California del año 2015 por la National Sportscasters and Sportswriters Association. La hoja de anotación de Krukow del juego sin hits ni carreras de Tim Lincecum ante los Padres de San Diego en 2014, es parte de la colección del Museo y Salón de la Fama Nacional de Béisbol. En 2006, Krukow fue diagnosticado con miositis de inclusión corporal, una enfermedad degenerativa muscular. Aunque se trata de un mal que no amenaza la vida, si la altera. Krukow, quien no hizo pública su condición hasta 2014, usa soportes en ambas piernas y se apoya en un bastón para caminar y una patineta motorizada para desplazarse. El 20 de septiembre de 2015, Krukow se dirigió a la multitud de AT&T Park en San Francisco antes del juego contra los Diamondbacks de Arizona para solicitar consciencia y dinero para la Myositis Association. Krukow, de 64 años de edad, ha manejado su reto físico con el mismo carácter y espíritu que ha definido su carrera como pelotero y comentarista de radio y televisión. Tom Schott es historiador y coleccionista del beisbol. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 22 de agosto de 2016

Ellos estuvieron ahí: Jerry Reuss.

“Cuando estuve con los Cardenales y los Piratas, saliámos a cenar juntos regularmente. Pero en ese equipo de los Dodgers, algunas veces ellos se aparecían en el mismo restaurant por alguna razón, pero no se sentaban juntos y se ignoraban como si fuesen perfectos extraños. Eso era nuevo para mí”. Jerry Reuss fue pitcher de ligas mayores por 22 años, jugó para Cardenales de San Luis, Astros de Houston, Piratas de Pittsburgh, Dodgers de Los Angeles, Rojos de Cincinnati, Angelinos de California, Medias Blancas de Chicago, Cerveceros de Milwaukee y terminó de vuelta con los Piratas. Ganó 220 juegos, lanzó un sin hits ni carreras, participó en dos juegos de estrellas y lanzó en la Serie Mundial para los Dodgers. Desde su retiro como jugador activo en 1981, Reuss ha estado trabajando como comentarista para varias corporaciones televisivas incluyendo ESPN, recientemente escribió su autobiografía, Bring in the Right Hander. (Llamen al derecho). Como le fue contado a Ed Attanasio, para This Great Game. Sobre el momento cuando él se dio cuenta que podía jugar en las mayores: “Eso ocurrió varias veces definitivamente. No fue como que pensé que podía jugar a un nivel mayor, pero hubo varios momentos cuando pensé en el hecho de que podría tener algo aquí. Yo sabía que tenía alguna habilidad que posiblemente era mayor que la del pelotero promedio o aun mejor que el mejor de los tipos contra los que estaba jugando en cada nivel. Siempre me estaba comparando con c lo que fuese que ocurriera en el momento. Cuando llegué a la liga de novatos, eché un vistazo y estaba impresionado, porque había muchos buenos peloteros allí. Algunos de ellos tenían una curva tan buena o mejor que la mía y estaban los bateadores quienes podían golpear la pelota por encima de la cerca en la práctica de bateo. Me dije, ¡guao, estos tipos pueden jugar! Espero haber tomado la mejor decisión al firmar un contrato profesional en vez de ir a la universidad, pensé que esto podía ser duro. La vida en general eliminó a muchos de esos tipos de la competencia y me di cuanta de eso rápidamente. Muchos de ellos perdieron interés en el juego por varias razones; se lesionaban, sentían nostalgia. Algunos de ellos se daban cuenta de que esa no era la vida que querían y muchos de ellos no podían manejar el calendario de jugar todos los días, cualquier número de razones. No era que fueron dejados libres o desechados, se eliminaban ellos mismos y eso no tenía nada que ver con talento. Pero, yo permanecía allí y muchos de mis compañeros de equipo también. Yo pasé por Clase A y vi salir a muchos tipos, aunque ellos aún estaban en sus primeros o medianos veinte años de edad. En cada nivel, los peloteros se iban por muchas razones diferentes. En AA, la situación se tornó interesante, porque había una mezcla de antiguos grandeligas tratando de regresar, fajados con un grupo de jóvenes prospectos hambrientos como yo. Al estar ahí, los peloteros viejos le enseñaban a los prospectos como jugar, era una dinámica inusual, pero en mi caso funcionó bien. La parte más fácil del viaje es llegar a las mayores, pero lo más difícil es mantenerse allí. En las pequeñas ligas, yo soñaba con ser un grandeliga, pero esos eran simplemente los sueños de un niño de ocho años de edad. En la escuela secundaria, había momentos cuando dominaba y creía que el futuro era mío. Pero siempre me preguntaba, ¿Cómo lo haría contra peloteros de otro estado en una liga diferente? Nunca sabías donde estaba, así que tenías que seguir fajándote para probar quien eras y donde merecías estar en el juego. Yo jugué partes de 22 temporadas en el beisbol, y cada vez que me ponía ese uniforme, me decía cuan afortunado era de jugar en Grandes Ligas”. Sobre su primer juego: “El primer juego de MLB al cual asistí fue en el viejo Bush Stadium cuando yo tenía siete años. Miré alrededor y vi que eso era lo que quería hacer. En el carro de vuelta a casa le dije a todos que yo iba a ser un pelotero de Grandes Ligas. Mi hermano (emitió los primeros comentarios porque él era el mayor) se rió de mi y dijo, ‘Todos queremos ser grandeligas, pero ¿no sabes que la oportunidad tal vez sea de una en un millón?’ Hice una pausa y en un raro momento de claridad dije, ‘Tiene que haber alguien quien lo haga, ¿Por qué no habría de ser yo?’ En ese momento hice un compromiso conmigo y como resultado mi vida cambió, porque ahora tenía una dirección y sabía lo que quería hacer. Ahora yo podía escribir mi futuro”. Sobre ser cambiado por llevar bigote: “Algunas personas no lo creen, pero si, fui cambiado desde los Cardenales hacia los Astros debido a mi bigote y eso es un hecho. El dueño del equipo, Mr. Busch, dijo que no le gustaban los bigotes y quería que me lo afeitara. Busch era conocido por molestarse con los peloteros y luego se ponía de acuerdo con ellos, pero tenía esta cosa acerca de los bigotes y me parece que eso se convirtió en un asunto de honor. Las personas pensaban que eso pasaría, pero no fue así y el gerente general del equipo, Bing Devine fue forzado a cambiarme a los Astros. Yo estaba desolado por el cambio, debido a que crecí en San Luis y ese era mi equipo”. Sobre pitchear en el Astródomo de Houston: “Era un estadio grande de beisbol y la pelota no se movía mucho bajo ese domo, especialmente si era bateada entre el jardín izquierdo y el central o entre el jardín derecho y el central. Y siempre parecía oscuro en el Astródomo, por alguna razón. A medida que el tiempo pasó, la grama artificial se hizo incómoda. Sé porque construyeron estadios cerrados y fueron populares entonces, pero me gustan los estadios nuevos de hoy, porque lucen como estadios de beisbol”. Sobre ser el caballito de batalla de Houston en 1973: “Abrí 40 juegos, lo cual todavía es una marca para los Astros y pienso que nunca será superada. Nuestro manager, Leo Durocher decidió tener una rotación de cuatro lanzadores, así que yo lancé casi 300 innings esa temporada. No sé porque, tal vez eso se remontaba a sus días como manager de los Dodgers y Gigantes, cuando él tenía cuatro abridores bien dotados quienes podían darle de 200-250 innings cada año y yo era el único pitcher de ese grupo de los Astros que podía manejar ese tipo de carga. Empecé a sentir el cansancio hacia el final de la temporada, pero Leo aun me hacía lanzar la práctica de bateo entre mis apertura de todas formas, como lo hacían en los años ’40. Los coaches no estaban contentos con eso y llegó el momento cuando no me permitieron más práctica de bateo, para cuidar mi brazo. Entonces no había el conteo de 100 pitcheos, de hecho no recuerdo a nadie contando los pitcheos, aunque estoy seguro de que probablemente lo hacían”. Sobre Leo Durocher: “Los Astros se deshicieron de Harry Walker porque decían que no podía comunicarse con los peloteros. Pero entonces lo reemplazaron con leo, quien empeoró las cosas en el equipo. Durocher utilizaba a algunos peloteros de la manera equivocada y yo era uno de ellos. Él hacía cosas como jugar poker con los mismos 3,4 peloteros y jugaban por dinero, algunas veces mucho dinero. A esos peloteros les encantaba jugar cartas, pero no eran rivales para Leo, no eran tan buenos como él. Él les quitaba el dinero y yo pensaba, guao eso no es justo. Eso no cuadraba conmigo”. Sobre ser cambiado a los Dodgers: “Yo estaba feliz en Pittsburgh, pero cuando me dijeron que los Dodgers me querían, lo pensé por alrededor de un minuto antes de decidir. El sur de California tiene un gran clima todo el año; ellos juegan en grama natural; los Dodgers son ganadores perennes, ¡Me gusta todo de ellos! Cada vez que iba a un equipo nuevo me pagaban un poco más, pero desarraigarme y mudarme cada vez no era divertido. Te sientes conectado a una ciudad y un equipo cuando has estado ahí por cualquier espacio de tiempo, asi que ser cambiado funcionó bien para mi en términos financieros, pero fue duro en cada ocasión por las razones que mencioné”. Sobre Tommy Lasorda y la atmósfera de equipo en Los Angeles: “Tommy bromeaba con todos los peloteros y retozaba en el dugout, ese era su estilo y funcionaba para él. Era cordial, pero el equipo no. Cuando yo estuve con los Cardenales y los Piratas, salíamos a cenar juntos con regularidad. Pero en ese equipo de los Dodgers, algunas veces ellos se aparecían en el mismo restaurant por alguna razón, pero no se sentaban juntos y se ignoraban como si fuesen perfectos extraños. Eso era nuevo para mí , pero debió haber funcionado porque esos equipos de los Dodgers fueron todos ganadores y muy profesionales en el terreno”. Sobre sus fotografías de los estadios: “Siempre tuve interés en la fotografía. De hecho, cada vez que aparecía un fotógrafo de Topps durante el entrenamiento primaveral o si veía uno durante la temporada, siempre trataba de conversar con él y le preguntaba acerca de la cámara, como enfocar la toma, cuales fotos podían ser más comerciales, las más interesantes y como acercarse a la persona o el objeto que estás fotografiando. Nunca hice nada con eso, hasta un día entre las temporadas de 1988 y 1989 cuando me percaté que mi carrera en el beisbol estaba por terminar. De hecho, no sabía si iba a jugar en el ’89. Pensé que eso podía haber sido todo. Sabía que tenía una tonelada de memorias, pero no tenía nada a mano para recordar algunos de los lugares que había visitado. Noté que no podía hacer nada acerca de todo lo que había ocurrido, pero podía hacer algo en ese momento. Así que decidí que si iba a jugar ese año, iba a llevar una cámara conmigo. Empecé a llegar muy temprano para tomar fotos de esos estadios, porque la historia me decía que ellos no iban a estar ahí por siempre. Así que, por eso es que la mayoría de mis fotos son de 1988. También tomé algunas en 1989, principalmente de los estadios que no fotografié el año anterior. Durante el breve período que estuve en las mayores en 1990, tomé aún más. Me di cuenta de que tenía acceso a partes de esos estadios por el solo hecho de usar un uniforme. Una vez que seguridad me veía uniformado, me dejaban ir donde yo quisiera. Me dejaban mover la jaula de bateo para conseguir mejores tomas y asentían a peticiones como esa. Llegué desarrollar relaciones a través de las fotos, con personas interesadas en determinados lugares de esos estadios. Me gustan algunas de las fotos que tomé durante ese tiempo, pero no estoy loco por todas ellas. Mejoraba mis técnicas constantemente y trataba de lograr mejores y mejores fotos. Estoy orgulloso de algunas de ellas, incluyendo las que tome de Exhibition Stadium en Toronto. Por alguna razón, esas se han hecho populares en línea y ganaron mucha atención. A través de los años, he recibido unos cuantos correos electrónicos de personas agradeciéndome por tomar esas fotos, lo cual es muy satisfactorio. Las personas comparten sus historias conmigo, acerca de cómo sus padres los llevaron a tal o cual estadio y es divertido leerlos. Eso sigue y sigue. Mirando en retrospectiva, me doy cuenta de que este proyecto fue un éxito monumental y ahora sé que eso será parte de mi legado. Todo lo que las personas deben hacer es conectarse en la red y mirarlas y perderse por un par de horas, lo cual es grandioso. Traducción: Alfonso L. Tusa C.