martes, 13 de junio de 2017

Cincuentenario del primer juego sin hits ni carreras de Don Wilson.

Astros de Houston 2, versus Bravos de Atlanta 0. No Hitters. Rich Westcott and Allen Lewis. McFarland & Company, Inc. Publishers Jefferson, North Carolina and London. 2000. 418 p. Durante la mayor parte de su carrera, Donald Edward Wilson, tuvo la mala fortuna de lanzar para equipos de los Astros de Houston con marcas negativas que terminaban bien abajo en la tabla de posiciones de la Liga Nacional. Con un equipo mejor el espigado lanzador de poder pudo haber conseguido números muy buenos. Sin embargo, aún con los Astros, sus estadísticas fueron muy respetables. Wilson tuvo números de doble dígito en la columna de juegos ganados durante sus ocho temporadas completas antes de su inesperado deceso en 1975. Fue solo el tercer pitchers de Houston en ganar al menos 16 juegos en una temporada. Nació el 12 de febrero de 1945, en Monroe, Louisiana. Wilson insurgió con el Cocoa en la Florida Rookie League en 1964. Llegó a las ligas mayores al final de la temporada de 1966. Wilson falleció el 5 de enero de 1975, un suicidio, por intoxicación con monóxido de carbono en el garaje de su casa. Totales de grandes ligas: 9 años (1966-1974). 266 juegos. 104 ganados. 92 perdidos. Antes de la temporada de 1967, Don Wilson solo había lanzado un juego en las mayores. Para el momento cuando enfrentó a los Bravos de Atlanta que marchaban en la sexta posición, el domingo 18 de junio de 1967 en el Astrodomo, ya había dado muestras de que era un lanzador a ser tomado en cuenta. El novato de 22 años había ponchado a 13 Gigantes de San Francisco en su salida anterior. Ahora, lanzaría con tres días de descanso, Wilson tenía marca de 3-3 para unos Astros que ocupaban el noveno lugar de la Liga Nacional, ese día enfrentarían al nudillista Joe Niekro ante una multitud de 19.199 personas. Wilson estuvo brillante. Con una recta poderosa, se convirtió en el undécimo novato que lanzaba sin permitir imparables ni carreras, mientras silenciaba a Atlanta con una obra maestra de quince ponches. Wilson caminó a tres mientras enfrentaba solo a treinta bateadores. El rey del jonrón, Hank Aaron, se ponchó tres veces. Wilson lanzó escon de ponches una vez y ponchó dos bateadores en un inning cuatro veces. Ningún Bravo le llegó a segunda base. Wilson retiró los primeros 14 bateadores que enfrentó, empezando en el primer inning cuando dominó a Felipe Alou con roletazo por segunda base, a Tito Francona con elevado al campocorto, y a Aaron con ponche. El lanzallamas de los Astros abanicó a Bob Uecker y a Niekro en el tercer inning, y a Francona y Aaron en el cuarto. En el quinto concedió boleto a Dennis Menke luego de dos outs, pero no pasó de primera base porque Uecker entregó el tercer out con elevado a la izquierda. Para entonces, Houston había sacado ventaja de 2-0 ante Niekro, quien lanzaría un juego sin imparables ni carreras seis años después. Los Astros anotaron en el cuarto inning sin outs, cuando Sonny Jackson sencilleó y anotó con doblete de Jim Wynn. Luego que un sencillo de Rusty Staub lo llevara a tercera base, Wynn anotó con un roletazo de Eddie Mathews que forzó a Staub en la intermedia. Lo más cerca que los Bravos estuvieron de conseguir un imparable fue en el sexto inning cuando, luego de dos outs, Alou bateó un roletazo candente a la izquierda del tercera base Bob Aspromonte. El antesalista de los Astros se lanzó de cabeza y atrapó la pelota, se levantó de un salto y disparó un strike al mascotín de Matthews para completar el out en primera base. Esa fue la única jugada defensiva difícil de los Astros. Wilson concedió boleto a Aaron con un out en el séptimo, pero entonces ponchó a Mack Jones y obligó a Mike de la Hoz a elevar al centro. Menke volvió a negociar boleto para abrir el octavo, pero Wilson apretó el brazo y ponchó los siguientes tres bateadores- quienes fueron los emergentes Rico Carty, Charley Lau y Clete Boyer. Eso llevó a Wilson al noveno inning, a terminar la tarea. Alou abrió el episodio y levantó un elevado detrás el plato ante el cual el cátcher Dave Adlesh giró hacia el lado equivocado y se perdió, pero Aspromonte adelantó desde la antesala y atrapó la pelota a último momento. De seguidas, Francona se ponchó con tres envíos. Entonces vino a batear el peligroso Aaron. El gran toletero se fajó con Wilson hasta la cuenta de 3 y 2, entonces conectó una larga línea en foul por la raya del jardín izquierdo. Con el próximo envío, Aaron abanicó para entregar el out final. Luego el dueño de Houston disolvió el contrato y le dio un aumento de 1000$. Wilson terminó la temporada con marca de 10-9. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 6 de junio de 2017

Jimmy Piersall, cuya enfermedad mental fue retratada en ‘Fear Strikes Out’ fallece a los 87 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 04-06-2017. Jimmy Piersall, el a menudo excéntrico jardinero y comentarista cuya dificultad emocional mientras era novato de los Medias Rojas de Boston fue retratada en la película de 1957 “Fear Strikes Out”, una rara mirada, para la época, a la enfermedad mental de un atleta, falleció este sábado 3 de junio en Wheaton, Ill. Su muerte fue anunciada por los Medias Rojas. Piersall fue un jardinero central sobresaliente, sólido bateador y dos veces integrante del equipo Todos Estrellas, jugó 17 temporadas en las ligas mayores. Pero su carrera casi terminó cuando estaba en pleno apogeo. Considerado el sucesor del jardinero central estrella de los Medias Rojas, Dom DiMaggio, Piersall payaseaba en el terreno en su temporada de novato, 1952, peleaba o simplemente trataba de manera brusca a sus compañeros de equipo y contrincantes; y arengaba a los árbitros. “Yo fui un tipo divertido, un payaso del beisbol, y donde iban los Medias Rojas, los aficionados se agolpaban para verme”, dijo Piersall en su libro de 1955, “Fear Strikes Out”, escrito con Al Hirshberg. El libro fue la base para la película, en la cual Piersall fue interpretado por Anthony Perkins. “Casi todos excepto los Medias Rojas y los árbitros, pensaban que yo era un extravagante”, escribió Piersall. “Mi esposa sabía que yo estaba enfermo, pero no pudo detener mi alocada carrera hacia el colapso mental”. Los Medias Rojas enviaron a Piersall a las ligas menores en junio de 1952, esperando que recuperara el control de sus emociones, pero sus bufonadas continuaron, y debió ingresar a un hospital mental de Massachusetts un mes después. Permaneció hospitalizado por seis semanas, bajo tratamiento para dificultades nerviosas. Piersall regresó a los Medias Rojas en 1953 y pareció haber superado sus demonios emocionales. Pero a menudo regresaba a sus andanzas conductuales en los veranos siguientes, principalmente en junio de 1963, cuando jugando para los Mets, luego de batear el centésimo jonrón de su carrera, recorrió las bases en sentido normal pero de espaldas. Cuando terminaron sus días como jugador activo, tuvo problemas con sus jefes por sus comentarios imprudentes como comentarista e instructor. Al no resistir la conmoción, Piersall le buscó un lado positivo. “Probablemente la mejor cosa que me ocurrió fue volverme loco”, escribió él, con Richard Whittingham, en el inicio de su memoria de 1985 “The Truth Hurts”. “Eso llevó a las personas al estadio para verme”. James Anthony Piersall nació el 14 de noviembre de 1929, en Waterbury, Conn. Su padre, John, un pintor de casas, lo animó para que practicara deportes, pero tenía un temperamento volátil, a menudo era brusco y exigente, recordó Piersall. Su madre, cuyo nombre de soltera era Mary Williams, tuvo estadías intermitentes en hospitales mentales. Luego de destacar en beisbol y baloncesto en la escuela secundaria, Piersall firmó con la organización de los Medias Rojas en 1948. Durante tres temporadas en las menores, a menudo estaba agitado, temía fallar. Jugó brevemente con los Medias Rojas al final de la temporada de 1950, luego regresó a las menores. Para el momento cuando llegó al entrenamiento primaveral de 1952, sus miedos habían empeorado, y se había convencido de que los Medias Rojas esperaban que él fallara cuando lo cambiaron al campocorto desde los jardines. Jugó bien el campocorto, y entretuvo a los aficionados con sus arrancadas, incluyendo su acoso al legendario pitcher, Satchel Paige, entonces con los Carmelitas de San Luis, mediante gestos alocados en las bases. Pero virtualmente tenía antagonismos con todos al confrontar a sus compañeros de equipo con sus bufonadas, sus lenguaradas contra los árbitros y su imitación del modo de desplazarse de DiMaggio, el cual Piersall describió en “Fear Strikes Out” como “de pies arrastrados, con las piernas casi rígidas desde las rodillas hacia abajo”, mientras “movía sus brazos como aleteando en cada paso”. Peleó con Billy Martin de los Yanquis y con el pitcher de los Medias Rojas, Mickey McDermott, y lloraba en el dugout cuando el manager Lou Boudreau no lo ponía en la alineación abridora. Cuando la conducta disruptiva de Piersall continuó luego que fuera enviado al equipo granja de Birmingham, fue persuadido por los Medias Rojas y su esposa, Mary, para que se sometiera a tratamiento psiquiátrico. A principios de 1955, Piersall colaboró con Mr. Hirshberg en un artículo de dos partes para The Saturday Evening Post, titulado “They Called Me Crazy, And I Was!” (“Me llamaban el loco, ¡y lo era!”) el antecedente de su memoria “Fear Strikes Out”. “La valiente descripción de Mr. Piersall de sus dificultades con la depresión maníaca, ahora llamada desorden bipolar, ayudó a sacar de las sombras a la enfermedad y su tratamiento”, escribió el Dr. Barron H. Lerner, profesor de medicina y salud poblacional en el New York University Langone Medical Center, en The New York Times en 2015. “Eso fue realmente un acontecimiento hace 60 años”. La batalla de Piersall con el desorden bipolar, la cual se caracteriza por cambios extremos que incluyen altibajos emocionales, por lo cual él fue tratado con litio, fue dramatizada en televisión en 1955 cuando Tab Hunter lo interpretó como parte de la serie de CBS “¡Climax!” y en una película de Hollywood dos años después. Karl Malden personificó a su padre en la película. En un artículo que escribió para The New York Times, Bosley Crowther calificó a la película “Fear Strikes Out” como “una gran película psicológica” al describir la relación de Piersall con un padre obsesionado con que su hijo se convirtiese en pelotero de grandes ligas. “Odié la película”, escribió Piersall en su memoria de 1985. Perkins, dijo él, hizo una buena actuación pero pareció torpe tratando de jugar beisbol. Piersall reiteró que la película incluyó eventos que nunca ocurrieron, y que él nunca culpó a su padre por sus dificultades. Piersall tuvo un promedio de bateo vitalicio de .272 con 104 jonrones, al jugar para los Medias Rojas, Indios de Cleveland, Senadores de Washington, Mets y los Angelinos de Los Angeles y California. Participó en el juego de estrellas en 1954 y 1956 y ganó el guante de oro en 1958 y 1961. Los momentos tumultuosos continuaron cuando Piersall se convirtió en comentarista de los Medias Blancas de Chicago, compartiendo con Harry Caray. Golpeó a un periodista deportivo de un diario de los suburbios de Chicago, insultó a la esposa de Bill Veeck cuando este era dueño del equipo, y no dudó en criticar a los peloteros de los Medias Blancas. Luego fue instructor de jardineros en ligas menores con la organización de los Cachorros de Chicago, pero fue despedido en 1999 luego de hacer comentarios que parecieron criticar a la gerencia del equipo. Los sobrevivientes de Piersall incluyen a su esposa, cuyo nombre de soltera fue Janet Weber Jones; nueve hijos de su matrimonio con la primera esposa, Mary Teevan, el cual terminó en divorcio, y muchos nietos y bisnietos. Más de medio siglo después de su falla, Piersall aún trabajaba en un programa deportivo radial en Chicago. “Soy el albatros que caminaba hacia el banco”, le dijo a The Plain Dealer de Cleveland en 2001. “Me va mejor que a la mayoría de esos tipo quienes dijeron que estaba loco”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 30 de mayo de 2017

La visita de los Dodgers le recuerda al periodista su campo de los sueños.

Dodger Stadium era el cielo para el reportero de beisbol del Times, Larry Stone, cuando era adolescente en el sur de California. Fue fánatico de los Dodgers de niño, aupaba a Sandy Koufax, Willie Davis y el resto de sus héroes. Larry Stone. The Seattle Times. 09-06-2012. Tengo un amigo de la infancia con quien compartí los vientos llenos de smog de Los Ángeles (para robar una frase de Frank Zappa), quien me envía mensajes de texto o correos electrónicos periódicos con seis simples palabras. “Estoy de vuelta en el cielo”. Esa es nuestra palabra código para Dodger Stadium, cielo. Para ambos, el estadio de Chavez Ravine, con las resplandescientes montañas de San Gabriel al fondo (en un día claro), todavía tiene un poder mítico y místico. Cada vez que regreso, me transporto a mi niñez en Whittier, Calif., en la década de 1960, cuando mi vida giraba alrededor del beisbol de los Dodgers, cuando estaba pendiente de cada pitcheo de Sandy Koufax, cada turno al bate de Wes Parker, cada robo de Maury Wills, cada atrapada en movimiento de Willie Davis. Con los Dodgers en Seattle para una de sus intermitentes visitas, puedo decir con honestidad que cada vestigio de interés por aupar a los Dodgers se disipó hace mucho tiempo, víctima del paso del tiempo, mi reubicación y 30 años en un trabajo que machaca la necesidad de ser imparcial. Este es el último sacrilegio para alguien quien sangró azul Dodger en sus años formativos, en realidad tengo más afinidad por los odiados Gigantes, por haber pasado 10 años cubriendo ese equipo desde mediados de los ’80 hasta mediados de los ’90. Mis mayores disculpas a John Roseboro, que descanse en paz. (La sanción por el batazo que recibió de Juan Marichal fue muy suave, ¡¡¡la suspensión fue solo de ocho días!!!, pero eso es otra historia). Lo que no ha desaparecido, y nunca lo hará, es la profunda conexión emocional que tengo con los Dodgers de esa época. Matt Kemp y Clayton Kershaw no significan nada para mí, excepto que son la personificación de lo mejor que ofrece el beisbol moderno. Ah, pero Billy Grabarkewitz (el corajudo pequeño Billy G.), Sweet Lou Johnson, Willie Crawford (cuya voz alta y estridente hacia un contraste divertido con la grave y profunda de Davis) esos nombres, y todos los otros, aun resuenan con honda significación, conjurando agradables imágenes mentales hasta este día. Mi experiencia con los Dodgers se extiende desde 1963, cuando aún con seis años de edad quedé emocionado con la barrida a los poderosos Yanquis en la Serie Mundial, hasta la banda de Garvey-Lopes-Russell-Cey a mediados de los años ’70. Entonces fui a la universidad, Cal-Berkeley, profundo en el país de los Gigantes, y todo fue cuesta abajo desde allí, la vida me llevó cada vez más lejos de mis días maravillosos con los Dodgers. Los episodios subsecuentes de la historia de los Dodgers, los últimos días de la era Tommy Lasorda, la Fernandomanía, el jonrón de Kirk Gibson, la explosión de Eric Gagne, la resurrección de Don Mattingly, los he visto con creciente desapasionamiento, para frustración de algunos de mis amigos de aquellos días. En algún momento, no puedo precisar cuando, los Dodgers se convirtieron en un equipo más para mí. Eso ocurre, particularmente a los niños que se convierten en periodistas deportivos. Pero las memorias de la niñez son cosas poderosas, difíciles de borrar. Cuando empecé a cubrir a los Gigantes y Ron Fairly era uno de sus comentaristas, no perdí la preciosa oportunidad de que me contara las historias de Sandy, Don Drysdale y Tommy Davis. Y Ron, cuyos años formativos como pelotero ocurrieron en aquellos equipos de los Dodgers, estuvo feliz de complacerme, un hábito que continuó cuando nos mudamos a Seattle. Llamé a Ron esta semana para tratar de buscar una explicación de porqué aquellos Dodgers eran tan especiales, más allá de que yo era un niño impresionable. No estoy diciendo que esta sea una historia única, ha ocurrido a lo largo del país, a través de las generaciones, desde Fenway Park hasta Wrigley Field hasta Camden Yards. Ahora en Safeco Field, los niños viven los momentos de los Marineros que se convertirán en la nostalgia de 2035. Es parte de la belleza del beisbol. Pero creo que había cierto romance con aquellos Dodgers, trasplantados desde Brooklyn hasta el pleno Hollywood en su manifestación más glamorosa. Fairly recuerda que era un lugar común ver a Frank Sinatra, Dean Martin, Jackie Gleason y otras innumerables celebridades en Dodger Stadium cuando fue inaugurado en 1962. “Si estabas con los Dodgers en aquellos primeros días, a cada lugar donde ibas, las personas sabían quien eras”, dijo él. “Era una época muy excitante. Yo estaba emocionado por compartir con los Duke Snider, Gil Hodges, Carl Furillo, Pee Wee Reese. Entonces nos mudamos a Dodger Stadium y tienes a Cary Grant en las tribunas”. Una vez, Clint Eastwood participó en el juego anual de softbol “Hollywood Stars”. No tenía guante, así que consiguió un prestado con Fairly, otro zurdo. Hace unos diez años, estaban juntos en un torneo de golf. Fairly fue a saludarlo. “Todavía tengo tu guante”, dijo Eastwood. Le pedí a Fairly que me contara su mejor anécdota de Koufax. Me contó una acerca de Pete Richert, un relevista largo de los Dodgers, quien solía parrandear la noche anterior a una apertura de Koufax. Despues de todo, ¿quien iba a necesitar un relevo largo con Koufax en el montículo? Así que un día muy caluroso, eso ocurre, Koufax tuvo dificultades al comienzo del juego. El manager de los Dodgers, Walter Alston, llama al bullpen, que Richert empiece a calentar. Koufax sale del lío, pero en el inning siguiente vuelve a tener problemas. Vuelven a poner a calentar a Richert. Mientras tanto Alston va al montículo, donde se reúne con Koufax y el primera base Fairly. “¿Cómo te sientes, Sandy?” pregunta Alston. Fairly: “Sandy dice, ‘Mejor que el tipo que tienes calentando’. Walt giró y empezó a caminar, y ganamos el juego para Sandy”. Está bien, lo admitiré, disfruto mucho esos cuentos. Todavía recuerdo la vez cuando Fairly me dijo que en ciertos juegos, con ciertos pitcheos, con pocas personas en las tribunas, él podía oir, desde su posición en primera base, como la pelota sonaba en los dedos de Koufax cuando la soltaba, era una especie de soplido. Le pregunté una vez más para escuchar la historia otra vez. “Eso solo ocurrió tres o cuatro veces”, dijo Fairly. “Recuerdo un día en Wrigley Field, solo había como 7,000 personas en las tribunas, oyendo ese pequeño sonido, casi como un pequeño mordisco con el extremo de sus dedos. Estaba parado ahí y me dije, ‘Dios mío, ¿quien puede batear eso? Nunca le oi eso a nadie más”. ¿Mencioné como disfrutaba eso? Ron y yo estuvimos de acuerdo en que el legado de los Dodgers había sido degradado por el desastroso régimen de Frank McCourt, y eso nos entristece. “Todavía hay muchos fanáticos de los Dodgers, pero no es como antes”, dijo él. No lo es, excepto por un nexo glorioso de mi pasado Dodger (y cada aficionado de los Dodgers de varias generaciones pasadas) con el presente de los Dodgers, el maravilloso narrador Vin Scully, quien no viajó a Seattle pero todavía permanece fuerte en su temporada 63 detrás del micrófono. Recuerdo ir a los juegos de los Dodgers en mi juventud y escuchar la voz de Scully reverberar alrededor del estadio. Cada quien llevaba su radio transistor para oir a Scully narrar el juego que veian, el mejor homenaje para un narrador. “Yo también lo escuchaba desde el círculo de prevenidos al bate”, rió Fairly. “Hasta donde sé, si hicieran un concurso para escoger el mejor narrador de todos los tiempos, Vin terminaría de primero, segundo y tercero”. Escuchar a Scully hoy, lo cual es muy fácil debido a la radio satelital y a las facilidades de internet, es lo más cercano que puedo estar de regresar a aquellos días de la juventud. A veces, de verdad creo que Vinny seguirá narrando los juegos de los Dodgers por siempre. Eso es el cielo. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 29 de mayo de 2017

Jim Bunning, Pitcher del Sálon de la Fama y Senador de grandes características oratorias, Fallece a los 85 años de edad.

Richard Sandomir. The New York Times. 27 de mayo de 2017. "...lanzar un juego sin hit ni carrera es como manejar un carro a toda velocidad en una bajada, maniobras el volante, mueves la palanca de los cambios de velocidad, pisas el pedal del freno hasta el fondo, cuando el olor de liga de freno impregna la cabina y piensas en lo inevitable, el carro se detiene como por arte de magia a centímetros de la pared de ladrillos". Jim Bunning. Jim Bunning, el pitcher del Salón de la Fama quien lanzara un juego perfecto y luego forjara una segunda carrera como congresista y senador conservador de Kentucky, falleció este viernes 26 de mayo en el area de Fort Thomas, Ky. Su muerte fue confirmada por el Muehlenkamp-Erschell Funeral Home de Fort Thomas. Había tenido un infarto en octubre pasado. Pitcheó por 17 temporadas, principalmente con los Tigres de Detroit y los Filis de Filadelfia, Mr. Bunning dominaba a los bateadores con sus envíos por el lado de su brazo derecho. Fue el segundo pitcher, después de Cy Young, en ganar al menos 100 juegos, lograr al menos 1000 ponches y lanzar dos juegos sin hits, uno en la Liga Americana y otro en la Nacional. Cuando se retiró, luego de la temporada de 1971, sus 2.855 ponches eran segundos solo de los 3.509 de Walter Johnson. Mr. Bunning lanzaba rectas, curvas y sliders desde una contextura espigada, buscaba intimidar a los bateadores con una intensidad que sería su carta de presentación en su estadía en el congreso. Larry Bowa, el campocorto por mucho tiempo de los Filis, recordó una vez un juego que Mr. Bunning lanzó en Montreal a principios de la década de 1970 cuando “los Expos tenía a Ron Hunt, un tipo a quien le gustaba agarrar pelotazos”. “Bien, Bunning le lanzó una curva por el lado del brazo, Hunt nunca se movió y resultó golpeado”, le dijo Bowa a The Philadelphia Enquirer. “La pelota rebotó hacia el montículo y Bunning la tomó. Miró fijo a Hunt y dijo: ‘Ron ¿quieres ser golpeado? Te golpearé la próxima vez’. Y la próxima vez, bam. Una recta se incrustó en sus costillas, ‘Bien, ahora puedes ir a primera base’”- Mr. Bunning lanzó un juego sin hits ni carreras contra los Medias Rojas de Boston en Fenway Park el 20 de julio de 1958, al retirar a Ted Williams para el out final. Su juego perfecto fue el primero de la Liga Nacional en 84 años y el primero en las grandes ligas desde que Don Larsen de los Yanquis, lanzara uno contra los Dodgers de Brooklyn en la Serie Mundial de 1956. Mr. Bunning retiró los 27 bateadores de los Mets en Shea Stadium, el 21 de junio de 1964, en el primer juego de una doble cartelera del Día del Padre, ponchó al emergente John Stephenson para alcanzar el out final. El único pelotero del Salón de la Fama que ha trabajado en el congreso, Mr. Bunning fue ingresado a Cooperstown por el Comité de Veteranos en 1996. Luego de servir como líder en el senado del estado de Kentucky, Mr. Bunning fue electo a la House of Representatives en 1986. Sirvió seis períodos en esa institución, entonces fue electo al Senado en 1998 y reelecto en 2004. Hablaba de gastos e impuestos y mostraba gestos contrariados en el Senado mientras recibía atención nacional por algunas declaraciones extrañas. Mientras competía por un segundo período en el Senado, Mr. Bunning dijo que su oponente demócrata, Daniel Mongiardo, se parecía a un hijo de Saddam Hussein. Mr. Bunning también dijo que él y su esposa habían sido asediados por seguidores de Mr. Mongiardo en un evento político, y lo llamaron “pequeño doctor verde tocando mi espalda”. Aunque el presidente George W. Bush ganó fácilmente la elección presidencial de 2004 en Kentucky, Mr. Bunning apenas sobrevivió el reto demócrata a su escaño. Mientras discutía la necesidad de jueces conservadores en una cena en Kentucky, en febrero de 2009, Mr. Bunning notó que Justice Ruth Bader Ginsburg, una miembro del ala liberal de la Corte Suprema, se había sometido a cirugía por un cáncer de páncreas pocos días antes. “Aún cuando fue operada, usualmente los que sufren esa enfermedad lo máximo que viven son nueve meses”, dijo él. Él se disculpó por sus declaraciones acerca del Dr. Mongiardo y Justice Ginsburg. Crítico de las políticas de la Federal Reserve Board, Mr. Bunning fue el único miembro del Senado en votar contra la confirmación de Ben S. Bernanke como director de la Fed en 2006. Fue un acérrimo oponente de la legislación de salud del Presidente Barack Obama, pero fue él único senador en faltar a la reunión final de ese tema, el cual fue aprobado por 60-39, en una votación dividida. Un vocero dijo que el senador tenía compromisos familiares. Mr. Bunning presentó objeciones de procedimiento a un asunto relacionado con los beneficios de los desempleados a principios de 2010 mientras demandaba que eso fuese financiado con el programa de estímulo económico, y su único voto retrasó la aprobación. Durante el debate, él se quejó acerca de perderse un juego de baloncesto entre Kentucky y Carolina del Sur. Su colega republicano de Kentucky, Mitch McConnell, entonces el líder de la minoría del Senado, declinó apoyarlo para un tercer período, en medio de la preocupación de algunos colegas republicanos acerca de su habilidad para recaudar fondos y la caída de su popularidad en casa. Cuando The New York Times le preguntó en marzo de 2009 si se sentía traicionado por algunos colegas republicanos, Mr. Bunning replicó: “Cuando has lidiado con Ted Williams y Mickey Mantle y Yogi Berra y Stan Musial, las personas con quienes trato están por debajo del nivel”. Mr. Bunning había planeado lanzarse otra vez a las elecciones en 2010, pero en lugar de eso se retiró. James Paul David Bunning Jr. nació el 23 de octubre de 1931, en Southgate, Ky., hijo de un hombre de negocios, y creció en Fort Thomas, un suburbio de Cincinnati. Pitcheó para Xavier University en Cincinnati, luego firmó con la organización de los Tigres en 1950. Mientras estaba en las menores, recibió un grado de licenciatura en administración de empresas de Xavier. Mr. Bunning pitcheó para los Tigres desde 1955 hasta 1963, cuando fue cambiado a los Filis. Lanzó su juego perfecto en 1964, la temporada conocida por el colapso de los Filis en la semana final, cuando los Cardenales de San Luis los rebasaron para ganar el banderín de la Liga Nacional. Esa fue la vez cuando Mr. Bunning estuvo más cerca de ir a la Serie Mundial. Participó en la aparición del sindicato de peloteros en los años ’60, al unirse a Robin Roberts y Harvey Kuenn para reclutar a Marvin Miller, el economista de los trabajadores del acero, como director ejecutivo del sindicato. Mr. Bunning fue cambiado a los Piratas de Pittsburgh en 1967, luego lanzó para los Dodgers de los Angeles, entonces regresó a los Filis en 1969. Solo tuvo una temporada de 20 triunfos, cuando dejó marca de 20-8 con los Tigres en 1957, pero tuvo cuatro temporadas de 19 victorias y fue siete veces al juego de estrellas. Tuvo una marca vitalicia de 224-184 con efectividad de 3.27. Dirigió en el sistema de ligas menores de los Filis y trabajó como corredor de bolsa antes de llegar a la escena política nacional. Mr. Bunning y su esposa, Mary, quien le sobrevive, tuvieron cinco hijas, cuatro hijos y muchos nietos y bisnietos. Una lista de sobrevivientes no estuvo a la mano de inmediato. En su discurso de despedida del Senado en diciembre de 2010, Mr. Bunning defendió su estilo abierto de hablar. Parado frente al escritorio una vez ocupado por Henry Clay de Kentucky, uno de los grandes nombres en la historia del Senado, Mr. Bunning citó otro ambiente para ilustrar su punto. “He sido abucheado por 60.000 fanáticos en Yankee Stadium parado en el montículo de lanzar, así que nunca me ha preocupado pararme solo aquí en el congreso porque siempre lo hice por mis convicciones y valores”, dijo él. “También pienso que ser capaz de lanzar una curva no es algo de lo que deba avergonzarse un político”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 23 de mayo de 2017

Steve Palermo, el árbitro cuya carrera terminó a causa de una bala, fallece a los 67 años de edad.

Richard Sandomir. The New York Times. 15-05-2017. Steve Palermo, cuya carrera como árbitro de beisbol en las grandes ligas finalizó cuando recibió un disparó que le paralizó parcialmente en 1991 luego de intervenir para auxiliar a la víctimas de un atraco en las afueras de un restaurant en Texas, falleció este domingo 14 de mayo en Overland Park, Kan. Su esposa, Debbie, dijo que la causa fueron complicaciones de cáncer de pulmón. Mr. Palermo estaba en su décimo quinta temporada como árbitro de la Liga Americana, con la reputación de ser uno de los mejores sentenciando bolas y strikes. El 6 de julio, luego de arbitrar en tercera base durante un juego entre los Angelinos de California y los Rangers de Texas en Arlington, Tex., él fue a cenar al Campisi’s Egyptian Restaurant de Dallas. Cuando el empleado del bar notó que dos meseras eran golpeadas y robadas por atracadores en el estacionamiento, Mr. Palermo y otros cinco hombres salieron a detenerlos. Dos asaltantes escaparon con un chofer, mientras Mr. Palermo y un amigo perseguían a un cuarto hombre. Luego que el hombre fue sometido, sus cómplices regresaron en su carro, y uno disparó hacia el grupo con una pistola calibre .32. La bala que impactó a Mr. Palermo “me dio por encima de la correa y atravesó mi cuerpo”, le dijo al programa “Only a Game” de NPR este año. “E instantáneamente quedé paralizado. Estaba como fundido sobre el pavimento. Supe de inmediato, que aquello era serio”. Despues de la cirugía, su médico le dijo que era poco probable que volviera a caminar. Él rechazo el diagnóstico, con la esperanza de que volvería a arbitrar. Despues de tres meses de rehabilitación, él usó muletas y soportes en las piernas, para caminar sobre el terreno del Hubert H. Humphrey Metrodome de Minneapolis, donde hizo el primer lanzamiento antes del juego inicial de la Serie Mundial. “Que yo quisiera irme del beisbol, es una cosa”, dijo él ese día, y agregó, “Pero que alguien me lo quite de esta manera, no es justo”. Y, le dijo a The St. Paul Pioneer Press, “Espero ser abucheado otra vez”. Nunca arbitró otra vez, pero caminaría con bastón. “Tuvo dolor crónico por 26 años, pero lo disimulaba bien”, dijo su esposa, quien se casó con él cinco meses antes del tiroteo, en una entrevista. Fue contratado en 1994 por Major League Baseball como asistente especial de Bud Selig, director del consejo ejecutivo de las ligas mayores (su título antes de ser elegido comisionado), para estudiar la longitud de los juegos, todavía un problema del beisbol. También trabajó a medio tiempo como analista de MSG Network para los juegos de los Yanquis, desde 1995 hasta 1997. En 2000, MLB lo contrató como supervisor de árbitros, una posición que mantuvo hasta la muerte. Stephen Michael Palermo nació en Worcester, Mass., el 9 de octubre de 1949. Su padre, Vincent, fue director de escuela primaria, y su madre, quien de soltera respondía al nombre de Angela Gentile, era ama de casa. Ganaba algun dinero arbitrando juegos locales mientras asistía a la escuela secundaria. Un día, mientras oficiaba un juego de estrellas de pequeñas ligas cuando tenía como 19 o 20 años, fue descubierto por Barney Deary, administrador del programa de desarrollo de árbitros de MLB. Su entrada a la escuela de arbitraje de Florida a los 21 años de edad, terminó una carrera universitaria durante la cual había estudiado educación en tres instituciones. Avanzó rápidamente a través de las ligas menores y fue contratado a tiempo completo por la Liga Americana en 1977. “Fue un árbitro muy bueno, de mentalidad muy seria”, dijo Ted Hendry, quien trabajó con él en la Liga Americana. “Era justo, y sabía estar a la altura de las circunstancias cuando un manager se enojaba”. Mr. Palermo fue el árbitro de tercera base en el Fenway Park de Boston, el 2 de octubre de 1978, en el juego de playoff entre los Yanquis y los Medias Rojas. Cuando Bucky Dent de los Yanquis bateó un jonrón de tres carreras sobre el monstruo verde en el séptimo inning, para adelantar a su equipo, Mr. Palermo indicó que la pelota estaba en zona buena. Después del juego, su padre, fanático de los Medias Rojas, le reclamó. “¿Por qué no sentenciaste foul esa pelota? Preguntó su padre, de acuerdo a un artículo de Joe Posnanski en MLB.com. “Esa pelota fue buena como por seis metros”, dijo Steve Palermo. “¿Y?” dijo su padre. Mr. Palermo también fue parte del cuerpo arbitral de la Serie Mundial de 1983, cuatro series de campeonato de la Liga Americana, el juego de estrellas de 1986, y el juego sin hits ni carreras de Dave Righetti con los Yanquis el 4 de julio de 1983. Además de su esposa, cuyo nombre de soltera fue Debbie Aaron, a Mr. Palermo, quien vivía en Leawood, Kan., le sobreviven su madre; sus hermanas Anne Palermo y Linda Palermo LaFleche; y sus hermanos Jim, John y Michael. Un matrimonio anterior terminó en divorcio. Mr. Palermo dijo que no lamentaba la acción que terminó su carrera de arbitraje, y que esperaba que otros hubiesen hecho lo mismo si su esposa estuviera siendo atacada. Si él tuviese que decir que no lo haría otra vez, declaró a MLB.com, “Eso significaría que cometí un error. No puedo admitir que eso fue un error”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 5 de mayo de 2017

Rindiendo Homenaje a un Amigo Aficionado, en los Baños de cada Estadio de Beisbol.

Corey Kilgannon. The New York Times. 01 de mayo de 2017. Los Mets de Nueva York derrotaban 2-1 a los Filis de Filadelfia, despues de dos innings cuando Tom McDonald se levantó de su asiento en el palco superior de Citi Field. Era el llamado de la naturaleza, y también de la promesa a su amigo de la niñez y seguidor de los Mets, Roy Riegel, cuya muerte hace nueve años dejó a Mr. McDonald, 56, con el compromiso de rendir honor a sus lazos beisboleros de una manera poco convencional: dispersando las cenizas de Mr. Riegel en todos los estadios del país. Mas inusual es su método: desecharlas en las pocetas de los baños en los estadios durante los entre-innings. “El juego tiene que estar en proceso, esa es mi regla”, dijo Mr. McDonald una noche de semana reciente antes de entrar a un baño del Citi Field, sosteniendo un botellita de plástico con una muestra de los restos cremados de Mr. Riegel. Él se paró en el compartimiento del baño y esparció las cenizas en la poceta con tanto decoro como lo permitió el lugar. Un par activaciones de flujo de agua más tarde, los restos de Mr. Riegel estuvieron viajando a través de las cañerías de Citi Field. “Me hice cargo de Roy, y tuve que utilizar las facilidades”, dijo Mr. McDonald, al salir del compartimiento con el envase vacío. “Así que, maté dos pájaros de un tiro”. “Siempre aplico varios flujos de agua”, añadió él. “Esa es otra de mis reglas”. La clave es que Mr. Riegel era plomero, por lo cual, que mejor honor que bombear sus cenizas por la plomería, dijo Mr. McDonald, y agregó que él había hecho fluir las cenizas de Mr. Riegel en 16 estadios hasta el momento y lleva un registro de esos viajes. “Sé que las personas podrían pensar que esto es loco, y si fuesen las cenizas de alguien más, estaría de acuerdo”, dijo él. “Pero tratándose de Roy, este es el homenaje perfecto para un plomero, un aficionado al beisbol y un tipo brillante y locuaz”. Mr. McDonald, quien también responde al apodo de Porky, es un trabajador recién jubilado de la oficina de New York City Transit Authority quien ha escrito alrededor de 3000 poemas, la mayoría de ellos sobre beisbol, a menudo viaja a los estadios a través del país para inspirarse. Sin educación universitaria o instrucción formal como escritor, él ha cultivado un estilo accesible de aficionado que le debe mucho a su niñez en Astoria Queens, cerca de donde juegan los Mets, lo cual queda en Flushing. Mr. McDonald y Mr. Riegel crecieron a una cuadra de distancia y asistieron juntos a incontables juegos en Shea Stadium, el cual cerró en 2008. Como adolescentes, corrieron jubilosos sobre el terreno cuando los Mets vencieron a los Rojos de Cincinnati en el quinto juego de la serie de campeonato para ganar el banderín de la Liga Nacional en 1973. También sufrieron a través de muchas temporadas perdedoras. Mr. McDonald no pudo contener las lágrimas cuando le pidió a la familia de Mr. Riegel una porción de sus cenizas poco después de su muerte en 2008. Originalmente había planeado solo dispersarlas en los estadios y otros lugares impactantes. Él frotó las cenizas suavemente en el asfalto del patio de la Public School 70 de Astoria, donde los dos jugaron caimaneras de beisbol, futbol americano y hockey con patinetas. Las esparció orgullosamente en un lugar marcado de Lower Broadway donde la ciudad conmemora el desfile de los Mets luego de su victoria en la Serie Mundial de 1969. También las espolvoreó sobre la ubicación original del home plate de Shea Stadium, la cual está indicada por un marcador en el estacionamiento de Citi Field. Pero dispensar las cenizas en algunos estadios trajo problemas. El primer intento de Mr. McDonald, en un juego de los Piratas de Pittsburg en 2009 en PNC Park, se encontró con una ráfaga de viento, recordó Adam Boneker, 46, un amigo quien ha acompañado a Mr. McDonald en muchos de sus viajes a los estadios para lanzar las cenizas. “Eso fue feo”, recordó Mr. Boneker, y agregó que resolvieron tratar en un juego de los Mellizos de Minnesota en el Metrodomo de Minneapolis, pero, una vez ahí, se dieron cuenta que un estadio cerrado no era el lugar apropiado. Despues, en una taberna irlandesa cercana, un frustrado Mr. McDonald pidió permiso para usar el baño. Regresó sonriente y declaró triunfal, “Cumplí con Roy”, recordó Mr. Boneker. Mr. McDonald había hecho fluir las cenizas en el baño. “Allí me sentí afectado”, dijo Mr. McDonald. “Despues de eso, me tomó una vida salir de ahí”. En los años siguientes, él, a menudo acompañado de Mr. Boneker, hizo fluir las cenizas en los estadios de Arizona, Atlanta, St. Louis, Kansas City, Mo., Toronto, Detroit, Cincinnati, Baltimore. En Cleveland, las cenizas de Mr. Riegel fueron drenadas en Progressive Field y el Rock & Roll Hall of Fame, porque Mr. Riegel era un rockero devoto. En Chicago, Mr. McDonald las hizo fluir en un juego de los Medias Blancas pero no en uno de los Cachorros, los viejos adversarios de los Mets en la Liga Nacional. “Es divertido, no a título de chiste, sino divertido que fuese exactamente como Roy lo hubiera querido”, dijo Mr. McDonald. A través de los años, un amplio círculo de amigos de Mr. McDonald se ha mantenido al día con las últimas descargas. “Eso se convirtió en una especie de chiste íntimo: ¿Cuál es el mejor lugar para las cenizas de Roy?” dijo Mr. McDonald, cuya amistad con Mr. Riegel abarcó desde el Pack 65 de los boys scouts hasta la adultez cuando la diversión se mudó a los bares locales. Mr. Riegel fue un “gran rumbero”, dijo Mr. McDonald, y “caminó por la cuerda floja del genio y lo insano”. La vida agitada le pasó factura, y falleció a los 48 años el 8 de abril de 2008, el día del juego inaugural de los Mets en la temporada final de Shea Stadium. Mr. McDonald asistió al juego sin Mr. Riegel y regresó a casa para encontrarse con que su amigo había fallecido. Se sentó y escribió “Una inauguración final, de hecho”, un poema acerca de como el comienzo de cada temporada de beisbol renovaba su amistad de la niñez. “Cada abril, eramos una vez más, muchachos en constante conexión especial”, escribió Mr. McDonald, quien leerá sus poemas el próximo mes en un simposio del National Baseball Hall of Fame de Cooperstown, NY. En el apartamento tipo estudio de Mr. McDonald en Astoria, lleno de pelotas de beisbol y otras memorabilias, el conserva las cenizas restantes de Mr. Riegel en un pote de maní Planters, cercana a un grupo de videos de Series Mundiales y la colección de Mr. McDonald de 149 pelotas autografiadas por inquilinos del Salón de la Fama. Para cada viaje, Mr. McDonald trasvasa cucharadas de cenizas a un frasco vacío de Advil desde el pote, cuyo exterior está forrado con boletos viejos de juegos de los Mets. Dijo que le quedaba suficiente para un homenaje más, el cual planea hacer en Durham Athletic Park, el antiguo estadio de ligas menores de Carolina del Norte donde fue filmada la película de 1988, “Bull Durham”. El hermano menor de Mr. Riegel, Hank Riegel, de Waterloo, NY, llamó al método de Mr. McDonald de dispersar cenizas, apropiado, dada la visión poco convencional de la vida de su hermano. “Él hubiera dicho, ‘Está bien hazlo’”, dijo Hank Riegel. “Definitivamente lo hubiera aprobado. Roy no seguía las reglas”. Por años, Mr. McDonald se consoló de que al menos Mr. Riegel no tuvo que ver la demolición de su querido She Stadium. Solo recientemente decidió que Citi Field merecía las cenizas de Mr. Riegel. Y así fue que con una sonrisa punzante él lanzó la botella de Advil en la papelera del baño de Citi Field la otra noche y regresó a su asiento del palco superior. “Sé que él está disfrutando todo esto”, dijo Mr. McDonald. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 20 de abril de 2017

Por qué entrevistar a Sandy Koufax hizo que este periodista se sintiera más nervioso que nunca antes.

Ed Sherman y Jewishbaseballmuseum.com. 18 de mayo de 2016. El periodista deportivo Jeff Passan pasó hace rato la etapa de su carrera cuando se sentía ansioso ante la inminencia de entrevistar a un atleta famoso. Pero Sandy Koufax era diferente. Fue un momento especial para Passan, el periodista de beisbol principal de Yahoo Sports. Una parte de él sintió que estaba de vuelta en la escuela hebrea, impresionado por la noción de conversar con la leyenda deportiva judía. “Estaba más nervioso por esa entrevista de lo que había estado antes”, dijo Passan. “No quería echarla a perder”. La entrevista es parte del excelente nuevo libro de Passan, “The Arm: Inside the Billion-Dollar Mystery of the Most Valuable Commodity in Sports”. Esta es la revision que hice para Chicago Tribune. Altamente recomendada. El libro trata de una epidemia del beisbol, todos esos pitchers que se someten al bisturí de la cirugía Tommy John. Desafortunadamente, esta operación no existía en los días de Koufax. De haber existido podría haber evitado que él se retirara en el apogeo de su carrera, a la edad de 30 años. En el libro, Passan detalla todo lo que experimentaba Koufax para subir al montículo. Solo con leerlo uno se asombra. Passan escribe: “El día antes, el propio día, y el día después de sus aperturas, Koufax se tomaba una cápsula blanca y anaranjada de butazolidina, un tipo de fenilbutazona, un antiinflamatorio originalmente indicado para caballos y considerado totalmente contraindicado para consumo humano. Él amortiguaba el dolor con una aspirina que contenía codeína”. “Luego, antes que Koufax saliera a pitchear, el cuerpo de fisioterapistas de los Dodgers se ponía guantes de látex, dispensaba una generosa cantidad de Caposlin, un bálsamo traslúcido, y la aplicaba en el hombro y la espalda de Koufax. Caposlin era más una declaración de guerra que un alivio, consistía de 3 por ciento de capsicina pura, el ingrediente activo del ají picante, junto con turpentina, aceite de alcanfor y otros elementos que castigaban el cuerpo con calor…Koufax lo necesitaba para manejar su miseria. Hay más, incluyendo como Koufax a menudo hacía 160 o más envíos en un juego, y trabajaba con pocos días de descanso. Pocos se preguntan porque finalmente él se cansó de eso. Koufax rara vez da entrevistas. Así que conseguir algun tiempo con la reclusiva leyenda requirió algun trabajo de parte de Passan. Se probó que valió la pena el esfuerzo. ¿Como fue el proceso de conseguir una entrevista con Sandy Koufax? Passan: Desde el comienzo, él era el tipo con quien más quería hablar. No se puede escribir un libro sobre el brazo de pitchear sin hablar con Sandy Koufax. Además de su excelencia, él es el rostro de los pitchers previos a la operación Tommy John. Lo primero que hice fue hablar con los Dodgers. ¿Hay alguna manera de que esto pudiera ocurrir? La respuesta no fue no, sino casi seguro que no. Entonces fui donde Jane Leavy (la autora de la biografía de Koufax éxito de ventas). Me dijo que escribiera a un número de buzón postal de Vero Beach. Estuve una semana escribiendo a mano esa carta. Quería escribir la carta perfecta. Envié una carta de dos páginas. Cinco días despues, la carta fue devuelta. Eso es todo. Asumí que tendría que escribir el libro sin hablar con él. Entonces apareció de la nada Steve Brener (antíguo hombre de relaciones públicas de los Dodgers quien ahora administra Brener Zwikel & Associates en Los Angeles), llamó y dijo, “¿Te gustaría hablar con Sandy?” Dije, “Déjame pensar en eso. ¡SÍ!” Hice la reservación de un vuelo para encontrarnos el día siguiente en el lugar de entrenamiento primaveral de los Dodgers en Arizona. ¿Cómo se sintió antes de la entrevista? Para esa entrevista estuve más nervioso de lo que había estado en cualquier otra. No quería metar la pata. La única vez que estuve nervioso fue cuando entrevisté a Michael Jordan. Pero Koufax era diferente. Se trata de Sandy Koufax y yo soy judío. Cuando estás en cuarto grado y vas a la escuela hebrea, y tienes que escribir la reseña de un libro, escribes acerca de Sandy Koufax. De los simbólicos momentos del siglo 20 que involucran a judíos famosos, la decisión de Sandy Koufax de no pitchear el día de Yom Kippur está muy arriba en la lista. Eso era tener fe, tener convicción. Algo que todos entendíamos. Hay un cierto orgullo en ser judío, y el personificaba eso. Describa el momento cuando lo conoció. Llegué al campo de entrenamiento primaveral de los Dodgers. Steve Brener me llevó a una zona escondida. Ahí estaba Sandy Koufax sentado en una silla. Era casi como si el sol brillara sobre él. Tal vez exagero, pero parecía como si hubiera una luz que viniera del cielo. Nos estrechamos la mano. Podías imaginar como él lanzaba esa curva. Estaba en gran forma. Lucía glorioso. ¿Cómo se desarrolló la entrevista? Él estuvo grandioso. Yo estuve mal. Me sentí como Chris Farley hacienda “The Chris Farley Show” en “Saturday Night Live”. ¿Como le va Mr. Koufax…? Él tiene todo lo que buscas en una gran entrevista. Tiene la reputación que le endilgan porque no habla mucho. Pero una vez que lo hace, puede ser expansivo, interesante y reflexivo. Él de verdad quería hablar acerca de Frank Jobe. Tiene un enorme respeto por él. No trabajó con él cuando fue pelotero, pero después del beisbol, el Dr. Jobe fue su objetivo. Él quería hablar con el Dr. Jobe de su contribución al juego. Su libro documenta gráficamente el extraordinario dolor que Koufax resistió durante las etapas finales de su carrera. ¿Cómo logró él eso? Hay que recordar que era la revolución pre-ortopédica. No existía la cirugía Tommy John. No existía la resonancia magnética. Lo que ellos sabían del codo venía de las investigaciones con cadáveres. Pero se sabe lo que es la inflamación. Se sabe que es estar lastimado. Él tenía importantes cantidades de ambas cosas. El hecho de que lanzara tan a menudo como lo hizo, con tantos pitcheos como los que hizo, es asombroso. Usted escribió que en 1966 Koufax lanzó 168 envíos en una victoria de juego completo contra los Mets. El manager de los Dodgers Walter Alston sabía que su pitcher estrella estaba lastimado, y aún así lo dejó porque no quería desgastar su bullpen. ¿En que estaba pensando? Ahora se ha pasado al otro extremo donde se cuida demasiado a los pitchers. Pienso que ciertos tipos pueden dar más. Pero dejar a alguien en el montículo de la manera que los Dodgers hicieron con Sandy, sabiendo en retrospectiva lo que sabemos ahora, es algo muy triste. Me entristece que un brazo como el de él haya sido sometido a ese desgaste por ignorancia. Fue una ignorancia comprensible debido a que la tecnología no existía para reconocer lo que le hacían a los pitchers en esa época. Desearías que él pudiera haber pitcheado 10 años más. ¿Se hubiese beneficiado Koufax de la cirugía Tommy John? Koufax no pensaba que tenía partido el ligamento cruzado del codo. El Dr. Jobe pensaba que si. Jobe dijo que si él hubiera pensado en esa idea 10 años antes, la cirugía se llamaría Sandy Koufax, no Tommy John. “Era cualquier tipo de cirugía una opción para Koufax? Koufax no quería operarse. En aquel entonces se pensaba que eso aceleraría la artirtis. Pasarías el resto de tu vida incapacitado para levantar el brazo. Koufax quería una vida después del beisbol. Yo respeto su decisión (retirarse a los 30 años de edad) así como cualquier otra que tomara. Si su carrera hubiese continuado ¿Qué clase de pitcher hubiera sido cuando tuviera casi cuarenta años? El no era solo un pitcher de rectas. Disponía de destacados envíos lentos. También era un lanzador muy inteligente. Si hubiera perdido velocidad en su recta, se hubiera adaptado. Puedo verlo convertirse en un zurdo de recursos, dominando bateadores hasta pisar los cuarenta años. Sí él hubiera lanzado por más tiempo habría sido el mejor pitcher de todos los tiempos. Artículo cortesía de Jewishbaseballmuseum.com, un sitio nuevo de judíos y beisbol. Ed Sherman es el editor gerente de Jewishbaseballmuseum.com. Traducción: Alfonso L. Tusa C.