viernes, 29 de noviembre de 2013

Isaías “Látigo” Chávez debutó hace 50 años en LVBP

Apertura del noveno episodio, La Guaira 9 carreras. Orientales 7. La señora Carmen, probó el guiso de las caraotas y bajó el fuego de la hornilla. Se acercó a la sala y llegó hasta el rincón al lado del sofá. Subió el volumen del radio hasta que el señor Sebastián asomó el rostro en la puerta del dormitorio. “¿Qué pasa Carmen? ¡Mira que ya pasan de las diez y media de la noche!” Desde muy temprano en la mañana había conversado con Isaías. Quería saber cuando lanzaría su primer juego. “Mamá, eso sólo lo sabe el manager. El señor Genovese me dijo que estuviera preparado, que mantenga el tono de los ejercicios, porque en cualquier momento me llama al montículo”. La señora Carmen pasó una mano por el brazo derecho de Isaías. “Se que lo vas a hacer muy bien, hijo de mi corazón”. Isaías sonrió y le dio un beso en la mejilla. En el estadio pocos se detenían a conversar con aquel larguirucho que corría en los jardines y avanzaba hacia el bull pen sin quitar la mira del abridor de aquella noche del 03 de diciembre de 1963, Eli Grba quién venía de lanzar en la Liga de la Costa del Pacífico con los Islanders de Hawaii (9-7, 4.60, 129 innings) y en la Liga Americana con los Angelinos de Los Ángeles (1-2, 4.67, 17.1 innings). Su hermano Valerio le había aconsejado que observara como los pitchers de experiencia soltaban la pelota, como caían al terminar cada lanzamiento “es muy importante que quedes en buena posición para atacar cualquier batazo que salga por el montículo”. Isaías se plantó un rato a ver la sesión y en cuanto tuvo la primera oportunidad se comunicó con Grba mediante señas y algún inglés rudimentario. George Genovese hizo una seña al bull pen. Isaías levantó la visera de la gorra y empezó a trotar hacia el montículo. Habría unas cuatro mil personas en la tribuna central. Al subir el montículo sintió varios calambres en las piernas. El primer envío de calentamiento se enterró en el plato. El receptor Luis Rivas se levantó y corrió hacia el montículo. “Tranquilo Isaías. Esto es como el amateur, sólo que hay más técnica”. En el círculo de prevenidos estaba Elio Chacón. El Látigo bajó del montículo y se quitó la gorra. Se persignó. “Elio Chacón, el mismo que jugó la Serie Mundial de 1961 con los Rojos de Cincinnati y después fue short stop del primer equipo de los Mets de Nueva York en 1962”. Apretó la pelota en su mano derecha hasta que dejó de temblar. El primer lanzamiento fue bola. Luego Chacón bateó un roletazo a segunda base que manejó Mike White e hizo el out en primera base. Carmen levantó la mano derecha y empezó a caminar hacia el rincón del radio. Sebastián se atravesó en su camino. “¡Ese es mi hijo caramba! ¡Hizo out al peligroso Elio Chacón! Ya vas a ver como va a terminar de sacar el cero”. Le reclamó porque no la dejaba pasar. Sebastián hizo señas, señaló hacia el rincón e hizo una pantalla con las manos en sus orejas. “¡Vamos a ver que dice el narrador! ¡Acuérdate que es el primer juego de Isáias, seguro está nervioso! Hay que ver como enfrenta a Dave Roberts. Ese es un pelotero de mucho cuidado también. Viene de batear 16 jonrones y empujar 86 carreras con el Oklahoma City de la Liga de la Costa del Pacífico”. Carmen se sentó en el sofá. Sus ojos se tornaron líquidos cuando el narrador anunció. Y es la cuarta bola. Roberts llega a primera base. La inquietud llevó a Carmen hasta la cocina. Un olor a quemado la hizo precipitarse sobre la olla. A duras penas despegó la capa de caraotas a punto de carbonizar en el fondo. Apagó la hornilla y removió las caraotas hasta que tomaron un mejor aspecto. Estiró el cuello hacia la puerta. Sólo escuchaba la pachanga de los grillos y el rumor del radio. En el patio vio una de las franelas preferidas de Isaías. Tenía dos líneas horizontales a la altura del pecho. Apretó el pasó hacia la sala. “¡Cuéntame Sebastián! ¿Qué ha pasado?” El hombre casi adhiere su oreja derecha a la corneta del radio. Levantó una mano. “¡Espérate, espérate! Isaías dominó a Graciano Ravelo y ahora viene José Herrera. Es un novato, pero de altos pergaminos. Le puede dar un batazo al más pintao”. Carmen arrimó uno de los sillones movió la mesa a un lado. La mano giró la llave. En medio de la oscuridad sopló una brisa cálida. Varios empujones hicieron rebotar al muchacho en medio de la sala. Isaías levantó la voz. “¿Qué es esto?” Un coro encerró el momento hacia el pasillo. Valerio y Miguel lo abrazaron y felicitaron. “¡Tenemos un pitcher profesional en la casa! Sebastían carraspeó a un costado.”Me preocupó un momento que ese muchacho José Herrera te pudiera echar una broma, porque será novato también pero riega líneas por todos lados”. Carmen besó a Isaías en las mejillas. “Yo sabía que mi muchacho iba a sacar a Herrera para el último out del inning. No importa que se perdiera el juego, pero usted hizo su trabajo, hijo de mi corazón”. Valerio y Miguel acompañaron a Isaías hasta la habitación y le preguntaban que tipo de lanzamientos había usado para dominar a Elio Chacón. Isaías sonrió y dijo que quería dormir. Alfonso L. Tusa C.