lunes, 9 de diciembre de 2013

Los ojos de un tercera base.

Billy Cox, tercera base de los Dodgers de Brooklyn en los años 50. Se decía que fue tan bueno o mejor defensivamente que Brooks Robinson. Roger Kahn lo fue a visitar a un bar de Newport donde trabajaba, a fin de recopilar información para su libro “The boys of summer”. Le preguntó cual era su contacto en ese momento con el béisbol. “Voy a ver los niños jugar tercera base. Hacen buenas jugadas”. Cuando Dámaso Blanco custodiaba la esquina caliente de los Navegantes del Magallanes, me quedaba dormido y muchas veces me despertaba con el escándalo del locutor, “¡espectacular jugada de Dámaso Blanco, se zambulló sobre la raya de cal para decapitar un linietazo que parecía extrabases!” Ahora cuando comenta los juegos también me quedo dormido. De pronto aparecen dos diamantes frente a mis ojos. Las voces que más escucho son las del campo donde un señor se acerca a la almohadilla de tercera ante los gritos de los chipilines. Habían bateado un roletazo que se durmió en la arena. “Tienes que atacar la pelota. Cuando el bateador puede dar cualquier tipo de batazo, hay que jugar a medio camino hasta que descubres su intención. Entonces te vienes adelante o retrocedes hasta la almohadilla sin quitar la vista de la pelota”. Uno de los niños se le quedó mirando a los ojos. “Sr. Dámaso ¿Y como hacía usted cuando sale un linietazo durísimo y jugaba casi sobre el plato?” Dámaso se pasó la mano por la nuca y sonrió. Era una respuesta complicada porque tenía muchísimo que ver con reflejos, pero también con disciplina y concentración. Había mucho de línce y de gato en las intervenciones que hacía Brooks Robinson sobre la raya o saltando sobre los toques. También cuando las líneas salían imperceptible y sólo en el último instante levantaba el guante para atrapar la pelota como un mosquito o una bala de colt 45. Dámaso apretó la mano del niño. Le dijo que jugara adelantado y bateó una línea suave. El niño reclamó que así no practicaría para un linietazo de candela. “Poco a poco hijo. Esto es un proceso para saltar los pozos grandes, primero debes brincar las charcas”. Otro muchacho cubría paralelo a la almohadilla. Veía hacia atrás y hundía la mirada sobre la raya de cal. Parecía revisar con precisión microscópica cada centímetro adyacente a la cinta blanca. ¿Cómo hace un tercera base para saltar hacia atrás y agarrar la pelota en el aire cuando batean un lineazo o un roletazo caliente que parece humear rumbo a la pared del jardín izquierdo? ¿Eso se aprende o es puro reflejo? Dámaso sonrió. Agarró un guante y se dobló hacia delante en la punta de los pies. Hizo ademanes para venir adelante a buscar un toque a escasos centímetros del plato. Luego se impulsó hacia atrás y cual acróbata se lanzó a todo lo largo de la humanidad hasta precipitarse sobre la raya de cal. Hay que estar preparado para cualquier batazo. La práctica y la experiencia te dicen como debes jugar ante tal o cual bateador. Y otra cosa es que debes jugar relajado, disfrutar al máximo. Casi al final de la clínica saltó un muchachito de gorra anaranjada. Corría agachado con el guante a la altura de las rodillas. “Señor Dámaso, cuénteme del cuipley. Mi papá siempre me cuenta de una jugada que usted hizo en una Serie del Caribe contra Puerto Rico. ¿Cómo hizo usted para que le diera tiempo de agarrar la pelota y lanzar al catcher, si el corredor salió con la jugada?” Dámaso respiró profundo. “¡Tu papá te está contando historias de terror! En la jugada de squeeze play hay que estar más que nunca atento al juego, las señas de los contrarios, acercarte al pitcher y alertarlo, también al catcher. Es una disciplina contínua, porque pueden cambiar la seña. Lo esencial es observar todo lo que ocurre y sobre la marcha actuar. Si presientes el squeeze play debes estar preparado para atacar la pelota y soltarla lo antes posible hacia el catcher”. Alfonso L. Tusa C. “Aún en las Grandes Ligas, la tercera base comienza con las verdades duras y mudas que mi padre y yo exploramos hace treinta años. Tienes que ver la pelota. Tienes que procurar que la pelota entre en tu guante. Pero mientras lo haces, tu cara esta expuesta a cualquier rebote inesperado, y mientras bajas tu guante, de la manera debida, dejas descubierto el tronco y la cintura”. “Es igual en las Grandes Ligas. Los terrenos son mejores, los rebotes son más regulares, pero los bateadores son más fuertes. La balanza oscila y algunas veces hay sobresalto por un tercera base, pero no por Billy Cox. Con Billy agachado, inmóvil, al acecho del bateador, la pelota, no él, será la víctima”. Roger Kahn. The Boys of Summer.

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